En una nueva entrega de nuestro programa de conversación política desde Valparaíso, abordamos uno de los temas más espinosos del presente chileno y latinoamericano: el fascismo, sus formas históricas, sus reemergencias actuales y la confusión que lo rodea en el discurso político. Para ello conversamos con el historiador Sergio Grez, acompañado de Sergio Rizenverg, en una jornada de aguda reflexión y confrontación teórica.
¿Qué es el fascismo?
Grez, en una intervención exhaustiva, parte delimitando el concepto. Rechaza las visiones reduccionistas que equiparan el fascismo a una simple reacción conservadora o a un totalitarismo genérico. Destaca que el fascismo no tiene un origen doctrinario claro, como sí la revolución francesa o el marxismo. Por el contrario, surge como un fenómeno empírico, pragmático, cuyo contenido se define por sus enemigos: el liberalismo, el marxismo, la democracia, los derechos individuales. Su forma de actuar es antiintelectualista, irracional, escenográfica y violenta.
El fascismo, señala Grez, se construye sobre el culto al jefe, al partido único, a la comunidad nacional homogénea y a la supresión de la diversidad. Y aunque puede tomar formas estatistas o populistas, no es anticapitalista: conserva la propiedad privada y busca suprimir la lucha de clases mediante una «colaboración» forzada entre obreros y empresarios, bajo tutela estatal.
¿Fascismo o dictadura tradicional?
Una de las claves del debate fue la distinción entre el fascismo y otras formas de autoritarismo burgués. Grez insiste en que no toda dictadura es fascista. Los regímenes militares del Cono Sur, incluido el de Pinochet, fueron reaccionarios, antipopulares, represivos, pero no fascistas. No pretendieron instaurar un nuevo orden social o cultural totalizante. Más aún, en Chile, los sectores más proclives a un proyecto fascista, como Patria y Libertad o el sector de Gustavo Leigh, fueron desplazados por la hegemonía neoliberal de los Chicago Boys.
Rizenverg complementa: lo particular del fascismo es que no solo domina desde el Estado, sino que logra apoyo de masas, sobre todo de la pequeña burguesía, sectores lumpenizados y parte del proletariado desorganizado, para liquidar cualquier amenaza revolucionaria. El nazismo y el fascismo fueron reacciones de las clases dominantes ante insurrecciones obreras reales o inminentes.
¿Es Milei un fascista?
Burgos introduce un punto polémico: el carácter protofascista del gobierno de Javier Milei en Argentina. Aunque Grez pone reparos a catalogarlo como fascismo pleno, reconoce que hay elementos preocupantes: autoritarismo, culto al líder, desprecio por la democracia liberal y una ofensiva brutal contra el movimiento obrero. Lo que falta, señala, es una base de masas orgánica y un discurso coherente que emule al fascismo clásico. El desafío teórico es cómo conciliar el neoliberalismo extremo con el modelo corporativista estatista del fascismo original.
Se plantea entonces la posibilidad de que existan formas postfascistas, que no se reivindican abiertamente del fascismo clásico pero que expresan una contrarrevolución cultural, una transformación profunda de las conciencias, un endurecimiento represivo que apunta a consolidar una nueva hegemonía burguesa.
Fascistización desde abajo
Más allá del debate académico, Grez alerta sobre un fenómeno menos visible pero igualmente grave: la fascistización de la sociedad. El avance de discursos de odio, la naturalización del racismo, la criminalización de la protesta y la exaltación de la fuerza como valor político se instalan por abajo, en el sentido común, en la cultura y en los medios.
En Chile, Burgos denuncia, vivimos bajo un régimen de terror: Llaitul preso por delitos de opinión, Mauricio Hernández Norambuena olvidado por el mismo Partido Comunista que otrora lo formó, y un estado de emergencia que no busca seguridad sino disciplinamiento. La izquierda institucional actúa como en la Europa de los años 30: se esconde en las polleras de la burguesía liberal, invocando el peligro del fascismo para justificar pactos con los sectores dominantes.
El Frente Popular como advertencia
El programa cierra con una reflexión histórica: el Frente Popular chileno, instaurado como política antifascista siguiendo la línea de Moscú, terminó siendo apoyado por los mismos nazistas criollos que fingía combatir. Esa contradicción, ejemplificada en el apoyo de los nacistas e ibañistas a Pedro Aguirre Cerda en 1938, revela el carácter profundamente instrumental y ambiguo de las alianzas antifascistas.
El mensaje de fondo: combatir el fascismo no es entregar el poder a la burguesía para que nos proteja, sino construir un poder popular independiente que confronte tanto a la reacción como a sus versiones progresistas.
📌 Algunos de los temas tratados:
- ¿Qué es realmente el fascismo y en qué se diferencia del socialismo?
- ¿Puede considerarse a Milei un líder fascista o es parte de una nueva forma de autoritarismo neoliberal?
- ¿Por qué la izquierda cae una y otra vez en la trampa del Frente Antifascista?
- ¿Estamos viviendo un proceso de fascistización cultural y social en América Latina?
🧠 Este programa invita a pensar críticamente, a dejar de lado los lugares comunes y a comprender el fascismo no como un insulto cualquiera, sino como una forma concreta de dominación política con raíces históricas profundas. Una conversación imprescindible para los tiempos que corren. — 📣 *Participa con tu opinión en los comentarios.* ✅ *Suscríbete al canal.* 🔔 *Activa la campanita para no perderte nuevos análisis.* \#Fascismo#AxelKaiser#MateAlRey#SergioGrez#GustavoBurgos#Ultraderecha#Nazismo#Socialismo#Milei#Chile#Argentina#Antifascismo#HistoriaPolítica
