León Trotsky: «Bonapartismo, fascismo y guerra»

En su muy pretencioso, confuso y estúpido artículo [«Defensa Nacional: el caso del socialismo», Partisan Review, julio-agosto de 1940], Dwight Macdonald trata de atribuirnos la opinión de que el fascismo es, simplemente, una repetición del bonapartismo. Hubiera resultado difícil inventar mayor disparate. Hemos analizado al fascismo en su desarrollo, a través de sus distintas etapas, y pusimos en primer plano uno u otro de sus aspectos. Hay un elemento de bonapartismo en el fascismo. Sin este elemento, a saber, sin la elevación del poder estatal por encima de la sociedad debido a una extrema agudización de la lucha de clases, el fascismo habría sido imposible. Pero señalamos desde el comienzo mismo que se trataba fundamentalmente del bonapartismo de la época de la declinación imperialista, que es cualitativamente diferente del de la época de auge de la burguesía. Luego diferenciamos al bonapartismo puro como prólogo de un régimen fascista. Porque en el caso del bonapartismo puro el gobierno del monarca se aproxima […]

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Antonio Gramsci: «Saber, comprender, sentir»

El paso del saber al comprender, al sentir y viceversa, del sentir al comprender, al saber. 

El elemento popular «siente», pero no siempre comprende o sabe. El elemento intelectual «sabe» pero no comprende o, particularmente, «siente». Los dos extremos son, por lo tanto, la pedantería y el filisteísmo por una parte, y la pasión ciega y el sectarismo por la otra. No se trata de que el pedante no pueda ser apasionado; al contrario, la pedantería apasionada es tan ridícula y peligrosa como el sectarismo y la demagogia más desenfrenados.

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Trotsky, el comunismo y la autodeterminación de las minorías

por Danièle Obono y Patrick Silberstein

[Políticos y periodistas de postín no han cesado estas últimas semanas de cubrir de injurias a la gente antirracista en general y a la Unión Nacional de Estudiantes de Francia (UNEF) en particular, acusándolas de “racialismo”, en una sorprendente voltereta que lleva a censurar a las víctimas del racismo y a quienes luchan codo a codo con ellas. ¿Por qué? Porque el movimiento antirracista y una parte de la izquierda organizan reuniones no mixtas, opción elegida por quienes sufren la opresión racial, para poder hablar de sus vivencias, discutir sobre los modos de organizarse y de luchar, etc. 

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La pasión de José Carlos Mariátegui

por Iosu Perales

El marxismo llega a América Latina en los primeros años del siglo XX, con los inmigrantes italianos y españoles que, desde un sustrato de clase importante, forman los sindicatos urbanos y los sindicatos mineros. Socialismo y comunismo no adquieren en un principio la distinción que, por el contrario, los caracteriza y enfrenta en Europa, donde son tajantes las líneas divisorias existentes entre la socialdemocracia y el marxismo-leninismo en ciernes. Los rasgos que predominan en el socialismo-comunismo latinoamericano tienen, en la época que nos ocupa, un fuerte predominio del marxismo-leninismo, con notables elementos anarquistas y anarcosindicalistas. De modo que, para ambas filiaciones ideológicas, la dinámica social se explica por la lucha de clases, la oposición de la clase obrera al desarrollo capitalista y la penetración imperialista, que hace que la lucha sea contra ambos al mismo tiempo. [1]

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Guillermo Lora: «La revolución boliviana del 9 de abril de 1952»

Hemos dedicado un libro al análisis de la revolución del 9 de abril de 1952 y ahora no nos interesa relatar detalladamente el desarrollo de ese importante acontecimiento y sí sólo fijar algunos conceptos políticos que pueden ayudarnos a la comprensión de la actividad de los trabajadores organizados y de las masas en general, en las etapas posteriores.

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Herbert Marcuse y las revueltas estudiantiles de 1968: una conferencia inédita

El filósofo alemán Herbert Marcuse fue una de las principales fuentes de inspiración de la Nueva Izquierda en Europa y Estados Unidos durante la década de 1960. En esta conferencia de mayo de 1968, nunca antes publicada en su totalidad, analiza las revueltas estudiantiles en París y Berlín ante una audiencia en San Diego, EEUU.

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León Trotsky: «Lecciones de la Comuna de París»

El siguiente ensayo de León Trotsky fue publicado por primera vez en francés como prefacio al libro de C. Talès, La Commune de 1871. Fue escrito en la ciudad de Zlatoust, el 4 de febrero de 1921, en la antesala del 50º aniversario de la Comuna de París. En el momento de escribirlo, Trotsky era el jefe del Ejército Rojo en la Unión Soviética, que había sido creada por la Revolución de Octubre de 1917. Repasa las similitudes y diferencias entre las revoluciones de 1871 y 1917. La traducción al inglés que se reproduce a continuación se publicó por primera vez en The New International, marzo de 1935.

* * *

Cada vez que volvemos a estudiar la historia de la Comuna descubrimos un nuevo matiz gracias a la experiencia que nos han proporcionado las luchas revolucionarias ulteriores, tanto la revolución rusa como la alemana y la húngara. La guerra franco-alemana fue una explosión sangrienta que presagiaba una inmensa carnicería mundial, la Comuna de París fue como un relámpago, el anuncio de una revolución proletaria mundial.

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Benjamin y Trotsky: «El ángel de la historia»

por Terry Eagleton

El año de la muerte de Benjamin, otro intelectual judío exiliado encontró su destino a manos de la reacción política. Víctimas, respectivamente, del fascismo y del stalinismo, y signo conjunto de su letal complicidad, Walter Benjamin y León Trotsky muestran una serie de paralelismos que deben aún estudiarse seriamente.

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Arthur Rosenberg: democracia, marxismo y revolución sin dogmas

La unificación de Alemania de 1871, de la que en enero se cumplieron 150 años, nos vale de excusa para ofrecer la traducción del primer capítulo del libro de Arthur Rosenberg “Entstehung der deutschen republik, 1871-1918”, (Origen de la república alemana, 1871-1918). El capítulo comprende el período que transcurre desde la unificación de Alemania en 1871 hasta casi la dimisión de Bismarck como canciller del Reich bajo el káiser Guillermo II en 1890.

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Friedrich Engels: Alemania en vísperas de la revolución

En estos mismos días de marzo que tenía lugar la Commune francesa de la que ahora se conmemora el 150 aniversario, empezaba la Märtzrevolution (Revolución de marzo) en Alemania, aunque 23 años antes, dentro del proceso revolucionario en Europa y a partir de la revolución francesa de 1848. Engels escribió una serie de artículos para el New York Daily Tribune de 1851 a 1852 bajo el título “Revolución y contrarrevolución en Alemania” en los que explicaba el proceso revolucionario que dio comienzo en marzo en Alemania. Los artículos los firmaba Marx, que era el colaborador oficial del Tribune y de los cuales no podía encargarse al estar enfrascado en otras investigaciones, dejando a su amigo Engels la redacción de los mismos. Hasta 1913, con motivo de la publicación de la correspondencia entre Marx y Engels, no se descubrió que dicha serie de artículos habían sido obra de Engels. A continuación, reproducimos el primero de los artículos, escrito a modo de introducción.

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150 aniversario de la Comuna de París

por Alex Lantier

Hace ciento cincuenta años, el 18 de marzo de 1871, los distritos de la clase obrera parisina se alzaron para prevenir que el ejército francés se robara los cañones de la Guardia Nacional de París. Esta insurrección, que llevaría una semana luego a la formación de la Comuna de París, tuvo una importancia histórico-mundial. Fue la primera vez en la historia en que la clase obrera tomaba el poder y establecía un Estado obrero.

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Lenin: «En memoria de la Comuna»

Han pasado cuarenta años desde la proclamación de la Comuna de París. Según la costumbre establecida, el proletariado francés honró con mítines y manifestaciones la memoria de los hombres de la revolución del 18 de marzo de 1871. A finales de mayo volverá a llevar coronas de flores a las tumbas de los communards fusilados, víctimas de la terrible “Semana de Mayo”, y ante ellas volverá a jurar que luchará sin descanso hasta el total triunfo de sus ideas, hasta dar cabal cumplimiento a la obra que ellos le legaron.

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Marx y la Comuna: el tiempo del reloj y el tiempo de las cerezas

por Miguel Romero

A la memoria de Ramón Fernández Durán, recordando los buenos ratos compartidos en nuestros “tiempos de las cerezas”. 

J’aimerai toujours le temps des cerises Et le souvenir que je garde au cœur ! (…) Mais il est bien court le temps des cerises” 

(Siempre amaré el tiempo de las cerezas Y el recuerdo que guardo en mi corazón (…) Pero es muy corto el tiempo de las cerezas). Letra de Jean-Baptiste Clément. Música de Antoine Renard (1866)1/

“Lo que tenemos que hacer ahora es la crítica despiadada de todo el orden establecido, despiadada en el sentido de que la crítica no teme ni a sus propias conclusiones, ni al conflicto con los poderes existentes” (Marx, 1843).

Venerada en discursos y conmemoraciones pero ignorada en la práctica de todas las revoluciones del siglo XX, desde la revolución rusa a la revolución cubana, La guerra civil en Francia es una obra fundamental del marxismo. Si puede hablarse de una “política marxista”, su base teórica está en la “trilogía francesa” que forma junto con Las luchas de clases en Francia El 18 brumario de Luis Bonaparte, y de la que constituye la conclusión: para Marx, el proyecto revolucionario para la “emancipación del Trabajo” se encarna en la Comuna de París.

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Comuna de París: repensar la revolución tras la derrota

por Pablo Romero

Revolución es un concepto que lleva enmarcada la promesa de la emancipación humana desde 1789, a pesar de las diversas derrotas y retrocesos que los oprimidos han sufrido a lo largo de la historia. Pero esto no significa que su contenido no haya variado desde la toma de la Bastilla hasta nuestros días; todo lo contrario, se ha transformado y esto se ha producido por diferentes motivos como la clase social que dirigía el proceso (de la burguesía revolucionaria al proletariado) y por la evolución del programa político y de los símbolos que lo acompañaban.

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Eric Hobsbawm: Marx y la historia

Estamos aquí para discutir temas y problemas de la concepción marxista de la historia, cien años después de la muerte de Marx. Éste no es un ritual de celebración de su centenario, pero sí es importante que comencemos por recordar el papel único de Marx dentro de la historiografía. Lo haré sencillamente por medio de tres ilustraciones. La primera es autobiográfica. Cuando yo era estudiante en Cambridge en los años treinta, muchos de los hombres y mujeres más aptos se afiliaron al Partido Comunista. Pero como ésta era una época muy brillante en la historia de una universidad muy distinguida, muchos de ellos estaban profundamente influidos por los grandes nombres a cuyos pies nos sentábamos. Allí, entre los jóvenes comunistas, solíamos decir en broma que los filósofos comunistas eran wittgensteinianos, los economistas comunistas eran keynesianos, los estudiantes comunistas de la literatura eran discípulos de F .R. Leavis. ¿Y los historiadores? Eran marxistas, porque no había ningún historiador que conociéramos en Cambridge .ni en ninguna otra parte ―y conocíamos a algunos grandes, como Marc Bloch― que pudiera competir con Marx como maestro y como inspiración. Mi segundo ejemplo es similar. Treinta años después, en 1969, Sir John Hicks, ganador del premio Nobel, publicó su Teoría de la Historia Económica. Escribió: “La mayoría de aquellos [que deseen otorgar un lugar al curso general de la historia] usarían las categorías marxianas, o alguna versión modificada de ellas, ya que no hay muchas versiones alternativas disponibles. Sin embargo, sigue siendo extraordinario que cien años después de Das Kapital […] no haya surgido mucho más”[2] Mi tercera ilustración proviene del espléndido libro de Fernand Braudel El capitalismo y la vida material, un libro cuyo título mismo indica un vínculo con Marx. En ese ilustre trabajo se alude a Marx más que a ningún otro autor, más aún que a cualquier otro autor francés. Un tributo de esta naturaleza de un país no muy dado a subestimar a sus pensadores nacionales, es en sí impresionante.

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Rosa de Luxemburgo: «El voto femenino y la lucha de clases»

«¿Por qué no hay organizaciones de mujeres trabajadoras en Alemania? ¿Por qué se sabe tan poco del movimiento de mujeres obreras?». Con estas palabras Emma Ihrer, una de las fundadoras del movimiento de mujeres proletarias en Alemania, introducía en 1898 su obra Mujeres obreras en la lucha de clases. Apenas han transcurrido catorce años desde entonces, y el movimiento de mujeres proletarias ha conocido una gran expansión. Más de ciento cincuenta mil trabajadoras sindicadas constituyen el núcleo más activo en la lucha económica del proletariado. Muchos miles de mujeres políticamente organizadas se han alineado tras la bandera de la socialdemocracia: el órgano de las mujeres socialdemócratas [Die Gleichheit, editado por Clara Zetkin] tiene más de cien mil suscriptoras; el voto femenino es uno de los puntos vitales del programa de la social democracia.

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Marx y la abolición del trabajo asalariado

Fernando Hugo Azcurra

por Fernando Hugo Azcurra

1.- La relación económica específica entre trabajadores y capitalistas

La teoría de Marx enseña que la condición estructural de la relación productiva entre el trabajador “libre” (libre de coacción y sumisión personal) y la posición del propietario de los medios de producción bajo la forma productiva y social específicamente capitalista es una relación de producción resultado de toda una larga etapa histórica de luchas, robos, confiscaciones, estafas, deudas, etc. (acumulación originaria) para subordinar los trabajadores al capital, que se va gestando en el seno de la sociedad feudal. El capital, primero se monta formalmente en los modos existentes de trabajo y producción en la Europa occidental y las va socavando; luego, poco a poco, se vuelve realmente dominante con su propia técnica quedando el proceso de producción/reproducción social bajo el comando directo del capitalista. Se constituye así el modo específicamente capitalista de producción.

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David Riázanov: «Los puntos de vistas de Marx y Engels sobre el matrimonio y la familia»

El programa del socialismo científico, en lo que concierne al matrimonio, está expuesto, por vez primera, en el Manifiesto Comunista. La concepción proletaria del mundo es opuesta a la concepción burguesa. Desde el punto de vista proletario, los fundamentos de la sociedad burguesa, comprendido matrimonio y familia, son criticados en este manifiesto. Marx y Engels cuentan con antecesores en esta crítica. No han sido los creadores de un nuevo sistema; no lo han sacado de la nada ni lo han encontrado en el fondo de su inteligencia, sino que se han apoyado en las ideas de los socialistas y comunistas, sus predecesores; en particular de los grandes utopistas, como Saint- Simon, Fourier, Owen, y en las de los comunistas materialistas franceses.

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¿Cómo será el socialismo?

por Ben Gliniecki

Hoy nos encontramos en medio de una de las más profundas crisis que el capitalismo ha enfrentado. Mientras que al 99% se le pide pagar por la crisis, el otro 1% están amasando riqueza a un ritmo cada vez más veloz. El nivel saturante de escándalo y corrupción en el establishment está alejando a millones de la política tradicional.

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La Revolución rusa y la crisis de 1921

por Jesús Jaén

«Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente que ya existen y les han sido legadas del pasado» Karl Marx, El 18 Brumario de Luis Bonaparte (1852)

Este artículo está divido en dos partes muy diferenciadas. En la primera he tratado de dar mi opinión sobre algunos problemas teóricos surgidos del proceso de degeneración de la revolución. En particular la crítica a la teoría del socialismo en un solo país. En la segunda parte, me he centrado en el desarrollo de los acontecimientos que tuvieron lugar en 1921 desde un punto de vista crítico. Por último, hay una breve reflexión sobre el papel de la Revolución de octubre y los revolucionarios.

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Lenin: «La democracia burguesa y la dictadura del proletariado»

1. El incremento del movimiento revolucionario del proletariado en todos los países suscita esfuerzos convulsivos en la burguesía y en los agentes a su servicio en el seno de las organizaciones obreras para descubrir argumentos filosófico-políticos que puedan servir como defensa de la dominación de los explotadores. Entre ellos figuran la condenación de la dictadura y la defensa de la democracia. La mentira y la hipocresía de semejante argumentación, repetida hasta la saciedad en la prensa capitalista y en la Conferencia de la Internacional Amarilla de Berna, en febrero de 1919, son evidentes para todos los que no intentan traicionar los principios fundamentales del socialismo.

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Bujarín y Preobrazhenski: «Nuestro programa»

1. ¿QUE ES UN PROGRAMA?

Todo partido se propone conseguir determinados fines. Lo mismo un partido de latifundistas o capitalistas que partido de obreros y campesinos. Es, pues, necesario que cada partido tenga objetivos precisos, porque, de lo contrario, pierde el carácter de partido. Si se trata de un partido que represente los intereses de los latifundistas, se propondrá la defensa de los latifundistas: buscando los medios de mantener la propiedad de la tierra, de sometre a los campesinos, de vender el grano a los precios más altos posibles, de elevar la renta y de procurarse obreros agricolas pagados con jornales infimos. Igualmente, un partido de capitalistas, de industriales, tendrá sus objetivos propios: obtener la mano de obra barata, ahogar toda protesta de los obreros industriales, buscar nuevos mercados en los que puedan vender las mercancías a precios elevados, obtener grandes ganancias, para lo cual aumentará las horas de trabajo y, sobre todo, tratará de crear una situación que quite a los trabajadores toda posibilidad de aspirar a un orden social nuevo; los obreros deben vivir con el convencimiento de que siempre ha habido patrones y que continuarán existiendo mientras exista el hombre. Estos son los objetivos de los industriales. No cabe duda que, naturalmente, los obreros y los campesinos tienen objetivos bien distintos, por ser distintos sus intereses. Un viejo proverbio ruso dice: «Lo que conviene al ruso es mortal para el alemán.» La siguiente variante sería muy apropiada: «Lo que al obrero conviene es mortal para el capititalista

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Pierre Broué: «Spartakismo, bolchevismo, izquierdismo frente a los problemas de la revolución proletaria en Alemania (1917-1923)»

Presentamos la traducción de la defensa de la tesis doctoral de Historia de Pierre Broué [1] que finalmente quedó plasmada en las más de 1.000 páginas de Revolución en Alemania (1917-1923), cuyo segundo tomo fue publicado por Ediciones IPS a fin del año pasado. En esta defensa Broué se sumerge en el estudio de los orígenes y de cómo influyeron en su evolución las diferentes corrientes que formaron el Partido Comunista alemán (de allí el título del trabajo), así como en la historia de los combates librados por los revolucionarios alemanes y la III Internacional en “Occidente”.

El trabajo que presento brevemente aquí ha estado en obra de forma más o menos continua durante casi quince años –lo que se explica porque durante este período siempre he asumido tareas docentes, pero nunca se me ha beneficiado con ninguna ayuda material–. No es un trabajo de un germanista y no fue abordado desde el punto de vista de la historia alemana, sino del de la historia del movimiento comunista internacional a la que el autor consagró una gran parte de su tiempo desde su adolescencia, por razones tan evidentes que se le permitirá no recordarlas aquí.

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La polémica Moreno-Santucho. La lucha armada y la ruptura del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT)

por Martín Mangiantini

Diversos procesos políticos acaecidos hacia finales de la década de 1960 tales como el Mayo Francés, la Primavera de Praga o la rebelión estudiantil mexicana, significaron un cambio de paradigma en las concepciones, tanto sobre las formas organizativas de las estructuras políticas revolucionarias como también, en los esquemas de movilizaciones imperantes hasta entonces. El resurgir de esta serie de levantamientos masivos de la población signados por la reaparición de la clase obrera, como actor social protagónico, y la participación de una juventud radicalizada que pugnaba por el cambio social, supuso en diversos espacios políticos un cuestionamiento del paradigma organizativo vigente hasta entonces. En este sentido, la concepción imperante, desde el triunfo de la Revolución Cubana que primaba la construcción de estructuras políticas armadas como métodoorganizativo más apto para el triunfo revolucionario, la primacía del campesinado como sujeto revolucionario, y la guerra de guerrillas como estrategia central a seguir para forjar el cambio social, se vieron puestas en debate desde diversos espacios. En el seno de la militancia de diversas organizaciones revolucionarias, se produjeron debates teóricos en torno a la caracterización sobre la lucha armada como estrategia, el tipo de organización política a construir o el sujeto social que protagonizaría la transformación revolucionaria de la sociedad.

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La base material de la nación

por Carlos Barros

Los epígonos de Marx trataron la “cuestión nacional” como un “problema”, y nada aportaron a los textos de los fundadores, teóricamente hablando, ni siquiera prestaron atención a sus numerosas y dispersas referencias en sus obras, tratando de explicar desde el punto de vista material los hechos nacionales y su evolución histórica. Poco que ver con la ulterior definición de nación de Stalin, puramente descriptiva, esquemática y dogmática. El concepto originariamente marxista de nación, móvil y abierto, es el antídoto que precisamos ahora para hacer frente a los imperantes enfoques hipersujetivistas, idealistas, primariamente políticos.

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Entrevista a Michael Löwy: a 50 años de «La teoría de la revolución en el joven Marx»

por Cristián Olivarez, Fabián Cabaluz y Marco Alvarez

Han transcurrido cinco décadas desde la publicación de La teoría de la revolución en el joven Marx (1970) del sociólogo y filósofo marxista franco-brasileño Michael Löwy. Considerado una de las obras más influyentes en el campo del marxismo herético, este primogénito libro de Löwy, se ha constituido en un texto clave en la formación política de varias generaciones de pensadores críticos y/o militantes revolucionarios.

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Hegemonía, guerra de movimiento y de posiciones: ¿Qué queda de Gramsci en el «gramscismo»?

por Francesco Giliani

El 21 de enero de 2021 se conmemoró el centenario de la fundación del Partido Comunista de Italia. Para enmarcar este acontecimiento, publicamos la traducción de un artículo de  Francesco Giliani, que aborda los Cuadernos de la prisión de Antonio Gramsci y cómo se ha abusado del autor por parte de quienes reclaman hablar en su nombre. Puedes leer el original en italiano aquí.

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Andreu Nin: «La concepción marxista del poder y la revolución española»

Las ideas fundamentales de Marx sobre el poder, pueden resumirse en las conclusiones siguientes:

  1. El Estado es un instrumento de coerción puesto al servicio de la clase dominante, con el objeto de oprimir a las otras clases.
  2. Mientras existan clases, existirá el Estado y, por tanto, no se puede “acordar” ni “decretar” su abolición.
  3. El proletariado, si quiere defender sus intereses, ha de luchar por la conquista del poder, que utilizará para crear una nueva sociedad sin clases.
  4. Para quebrantar la resistencia de la burguesía —las clases explotadoras no han renunciado resignadamente a sus privilegios— y emprender la organización de la sociedad sobre bases socialistas, el proletariado, al tomar el poder, tiene necesidad de instaurar, transitoriamente, su dictadura de clase. Este período de transición entre el capitalismo y el comunismo es inevitable. Sin él, la emancipación de los trabajadores es imposible.
  5. La clase obrera no puede limitarse a tomar en sus manos la máquina del Estado y ponerla en marcha tal como es para sus propios fines” sino que debe destruirla creando sus propios órganos. (Ejemplo que puede servir de orientación: la “Commune” de París.)
  6. Desaparecidas las clases, el Estado propiamente dicho desaparece asimismo para ceder el sitio a instituciones puramente administrativas. “El gobierno de los hombres es sustituido por la administración de las cosas.”
  7. Es condición indispensable, para que el proletariado pueda cumplir su misión histórica, que se organice en partido de clase, independiente de los demás y con una política independiente de clase.

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Lenin: sobre la obligatoriedad de una lengua oficial del Estado

¿Es necesario un idioma oficial obligatorio?

Los liberales se diferencian de los reaccionarios en que reconocen el derecho a que la instrucción se lleve a cabo en el idioma nativo, al menos en las escuelas primarias. Pero están completamente de acuerdo con los reaccionarios en el punto de que es necesaria una lengua oficial obligatoria.

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El revisionismo en el trotskismo: la disolución del PRT-La Verdad (1972)

por Julio N. Magri

Hace pocas semanas, una organización que decía pertenecer a las filas del trotskismo resolvió disolverse, una vez más, en un agrupamiento centrista sobreviviente del viejo oportunismo socialdemócrata. Nos referimos al PRT (La Verdad) que, luego de fracasar en sus intentos con el Partido Socialista de Selser (integrante de La Hora del Pueblo) terminó disolviéndose en el de Coral. Si hasta ahora polemizábamos con militantes y con una organización que decía defender el programa del trotskismo y de la 4a. Internacional, hoy debemos hacerlo con tránsfugas declarados del trotskismo que renuncian, hasta de palabra, al bolchevismo, al programa de transición y a la revolución permanente.

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La dialéctica de la naturaleza de Engels en el antropoceno

por John Bellamy Foster

En “El papel del trabajo en el proceso de transformación del mono en hombre” de la Dialéctica de la naturaleza, Friedrich Engels afirma: “Cada cosa repercute en la otra, y a la inversa” (Engels, 1961: 149). Hoy, a 200 años de su nacimiento, podemos considerar a Engels como uno de los fundadores del pensamiento ecológico moderno. Si bien la teoría de la brecha metabólica de Marx tiene un lugar central en la corriente materialista histórica de la ecología, no es menos cierto que las contribuciones de Engels a nuestra comprensión del problema ecológico general son indispensables. Estas se basaron en sus propias investigaciones sobre el metabolismo universal de la naturaleza y contribuyeron a reforzar y ampliar el análisis de Marx. Como señala Paul Blackledge en un estudio reciente sobre el pensamiento de Engels: “La concepción de Engels de la dialéctica de la naturaleza abre un espacio desde el que se pueden entender las crisis ecológicas como derivadas del carácter alienado de las relaciones sociales capitalistas” (Blackledge, 2019: 16). Dada la gran aplicabilidad de su comprensión de la dialéctica de la naturaleza y la sociedad, la obra de Engels puede ayudarnos a entender los desafíos cruciales a los que se enfrenta la humanidad en la era del Antropoceno y de la actual crisis ecológica planetaria.

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Perry Anderson: ¿UKania perpetua? La crisis capitalista en el Reino Unido

Hace seis décadas –esto es, tres generaciones– esta revista presentó un conjunto de argumentos sobre la sociedad y el Estado británicos peculiares y controvertidos en aquel momento y que han seguido siéndolo desde entonces . ¿Qué relación tienen, en su caso, con la coyuntura actual, que suele calificarse como un punto de inflexión en la historia del país? Para hacernos una idea de la cuestión, puede ser útil resumir brevemente las tesis originales esbozadas en la nlr a principios de la década de 1960 y sus resultados. Su novedad radicaba tanto en sus afirmaciones sustantivas, sobre las que se ha centrado principalmente el debate, como en sus pre- ocupaciones formales, que las distinguió de las formas de pensar sobre el Reino Unido habituales entre la izquierda y en otros ámbitos en aque- llos años. Cuatro características del planteamiento de la revista sobre el país eran nuevas, ya que este apuntaba a una totalización (natural- mente, esquemática) de su objeto, es decir, a una caracterización de las principales estructuras y agentes en juego, más que a una exploración de elementos parciales del mismo; trataba de situar el presente en una perspectiva histórica mucho más amplia que la habitual en los análi- sis políticos al uso; optaba por un marco analítico decididamente teórico, basándose en recursos entonces poco conocidos del marxismo continental, principalmente gramsciano; y, finalmente, impugnaba los hábitos típicos del socialpatriotismo, de izquierda o de derecha, folclórico o historiográfico, característico de la época. 

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León Trotsky: «Combatir al imperialismo para combatir el fascismo»

En política, lo más importante y, en mi opinión, lo más difícil es definir por un lado las leyes generales que determinan la lucha a muerte que se libra en todos los países del mundo moderno, y por el otro descubrir la combinación especial de estas leyes para cada país. Toda la humanidad actual, desde los obreros británicos a los nómades etíopes, vive atada al yugo del imperialismo. No hay que olvidarlo ni un sólo minuto. Pero esto no significa que el imperialismo se manifiesta de la misma manera en todos los países. No. Algunos países son los conductores del imperialismo, otros sus víctimas. Esta es la línea divisoria fundamental de los estados y naciones modernos. Desde esta perspectiva y solamente desde ella, hay que considerar el problema tan complejo de fascismo y democracia.

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Lo «mejor» de Karl Kautsky no es suficientemente bueno

por Charlie Post

El resurgimiento del socialismo en los últimos años, tanto en Estados Unidos como en el mundo entero, tiene dos fuentes. Por un lado, está el resurgimiento de las luchas de masas, comenzando con la Primavera Árabe, los levantamientos de Wisconsin, Occupy, pasando por los diversos “movimientos de las plazas” en Europa. Estos movimientos, donde decenas de miles de trabajadores luchan contra empleadores y el Estado, han desafiado la aparente omnipotencia de nuestros dominadores, construyendo solidaridad entre la clase obrera y mostrando que hay una alternativa al neoliberalismo y al capitalismo.

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Karl Marx: el hombre, el pensador y el revolucionario

por Alan Woods

Los filósofos se han limitado a interpretar el mundo de diferentes maneras. De lo que se trata, sin embargo, es de transformarlo. (K. Marx, Tesis sobre Feuerbach)

Hace doscientos años, el 5 de mayo de 1818, en la ciudad alemana de Tréveris, nació una de las más grandes figuras de la historia de la humanidad. Doscientos años más tarde, a pesar de todos los furiosos ataques, las distorsiones maliciosas y los rencorosos intentos de socavar su imagen como hombre y pensador, Karl Marx ha consolidado su lugar en la historia como un destacado genio en el ámbito de la teoría.

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La «aristocracia obrera», una teoría sociológica para dividir a la clase obrera

de Revista Internacional

Hay quien dice que existe un antagonismo de clase dentro de la clase obrera misma, un antagonismo entre las capas «más explotadas» y las capas «privilegiadas»; que existe una «aristocracia obrera» que disfruta de buenos salarios, de mejores condiciones de trabajo, una fracción obrera que comparte con «su imperialismo» las migajas de las superganancias de la explotación colonial. Así pues, que existiría una parte de la clase obrera que en realidad no pertenecería a la clase obrera sino a la burguesía, una capa de «obreros-burgueses».

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Del socialismo científico al socialismo utópico (pero senil)

por Rolando Astarita

En la nota anterior (aquí) hice alusión a la diferencia entre el socialismo utópico y el socialismo científico. Dije que los socialistas utópicos oponían un ideal de sociedad justa y racional a la sociedad capitalista, y que el socialismo científico parte de las relaciones de producción y las condiciones materiales existentes en la sociedad actual. También sugerí que hoy muchos grupos que se reivindican marxistas combinan el socialismo vulgar (la atención está puesta en la distribución del ingreso), con un enfoque propio del socialismo utópico.

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Friedrich Engels y el comunismo primitivo

por Michael Löwy

En noviembre de 2020, las y los socialistas de todo el mundo celebran el bicentenario del nacimiento de Friedrich Engels. Es un error, repetido a menudo, considerar a Engels como un simple divulgador de las ideas de Marx. No solo contribuyó, con Marx en 1844-48, a la formación de una nueva cosmovisión, la filosofía de la praxis o el materialismo histórico, sino que desarrolló un análisis y una argumentación sobre temas que Marx no quería o no podía estudiar. Uno de ellos es el del comunismo primitivo, que no está ausente en Marx, especialmente en sus «Cahiers d’ethnographie» no publicados, pero está mucho más desarrollado en el libro de Engels “El origen de la familia, la propiedad privada y el estado».

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marxismo y sindicatos en la concepción de Trotsky

por Juan Dal Maso

La cuestión de los sindicatos y su rol es de gran importancia en la política argentina e internacional. En la tradición marxista ha sido un tema abordado en profundidad. Si bien en las últimas décadas se han dado una serie de cambios significativos que exceden ciertos aspectos del análisis clásico, los fundamentos marxistas de la cuestión sindical siguen siendo centrales para pensar el problema. En este artículo tomaremos especialmente algunos puntos del recorrido de Trotsky sobre el tema, por ser uno de los marxistas que siguió en mayor profundidad la evolución de los sindicatos y su relación con el Estado, desde un punto de vista tanto conceptual como estratégico.

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Clase, lucha de clases y determinismo histórico

por Michael Heinrich

Muchas corrientes del marxismo tradicional han entendido el análisis de Marx ante todo como un análisis de clase y de la lucha entre burguesía y proletariado. Para la mayoría de los conservadores y liberales de hoy, los conceptos de «clase» y en particular el de «lucha de clases» son «ideológicos», lo que significa simplemente que «no son científicos». Por regla general, estos conceptos se utilizan principalmente por la izquierda. Es importante recordar en primer lugar que el «discurso de clase» no es de ninguna manera específico de la contribución de Marx. Ya antes que él, los historiadores burgueses hablaban de clases y lucha de clases, y David Ricardo, el representante más importante de la economía política clásica, incluso había identificado que las tres clases principales de sociedades capitalistas (capitalistas, terratenientes y trabajadores) tenían intereses fundamentalmente opuestos.

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Engels y la ciudad del capital

por Román Munguía

La importancia del texto La situación de la clase obrera en Inglaterra (1) de Federico Engels (1820-1895) guarda, como todas las obras clásicas marxistas, una relevante consideración para la comprensión de la génesis y del desarrollo histórico del marxismo, entendido este tanto en un plano teórico como político, que son inseparables; además, el texto permite entender el nacimiento y consolidación del capitalismo y, principalmente, las consecuencias sociales a que da lugar la explotación de la clase obrera por la burguesía.

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Marxismo contra «Populismo»: la necesidad de una terminología científica y de clase

por David Rey

El “populismo” se ha situado en el centro del debate político mundial. En cada continente y país no faltan dedos acusadores y voces atronadoras, a derecha e izquierda, señalando a tal partido, dirigente o programa, como “populistas” ¿Qué tiene de particular el llamado “populismo” que genera tantas pasiones?  Sobre este tema hay diferentes opiniones en la izquierda. Algunas de las posiciones y corrientes caracterizadas como “populistas” son fácilmente asemejables a movimientos y grupos existentes en el pasado, otras tienen características novedosas que generan controversia y a las que es preciso someter a un análisis detallado.

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La jerga de la postmodernidad

por Alex Callinicos

«Vivimos, lamento decirlo, en una época de superficies». Oscar Wilde

1.1. La Ilustración y todo eso»Postmodernidad» y revolución: el tema de este libro podría resumirse en estas dos palabras que, en apariencia, tienen poco en común. En realidad, ambas comparten al menos un rasgo: carecen de referente en el mundo social. Pero cada una lo hace de manera diferente. La revolución socialista es el resultado de procesos históricos operan- tes en el transcurso del presente siglo que han producido una serie de importantes convulsiones sociales y políticas y, en una ocasión —en Rusia, en octubre de 1917— el surgimiento real, si bien poco duradero, de un Estado de la clase obrera. La inexistencia de una revolución socialista exitosa es un hecho histórico contingente. La postmodernidad , por el contrario, es una construcción meramente teórica cuyo primordial interés reside en la circunstancia de ser un síntoma del talante actual de la intelectualidad occidental (de ahí las comillas en torno a la palabra «postmodernidad», que deben ser tratadas como si rodearan en forma invisible toda ocurrencia del término en este libro). Postmodernidad y revolución, no obstante, están relacionadas. La creencia en una época postmoderna no sólo se asocia, por lo general, con el rechazo a la revolución socialista, por irrealizable o indeseable, sino que el fracaso percibido de la revolución es lo que ha contribuido a la difundida aceptación de esta creencia.

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El marxismo y la burocracia del Estado

por Rolando Asatrita

Días atrás, en una charla para alumnos de la Universidad Nacional de La Pampa, hice referencia a una crítica de Marx al gasto fiscal, a fin de mostrar que los socialistas criticamos el gasto improductivo y, más en general, cuestionamos a la burocracia del Estado. En esta nota amplío el tema. Me mueve a hacerlo el hecho de que la mayoría de la izquierda ha abandonado esta crítica. Una posible razón de ello es la influencia de la ideología del nacionalismo burgués. Es que, según este, la contradicción central de la sociedad hoy está planteada en términos Estado y mercado, de manera que todo lo que engorde al Estado favorecería la lucha por “domar a los mercados”.

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Engels: a 200 años de su nacimiento

por Rob Sewell

Al celebrar el 200º aniversario de Federico Engels, cofundador de las ideas del socialismo científico, junto con Carlos Marx, debemos aprovechar esta oportunidad para hablar sobre la vida de este gran hombre y sus maravillosas contribuciones. Si bien el marxismo lleva el nombre de Marx, no debemos olvidar nunca la contribución vital de Engels y el vínculo orgánico entre la vida de estos dos hombres. Sin duda, Engels poseía una mente enciclopédica que englobaba un conocimiento de campos tan diversos como la filosofía, la economía, la historia, la física, la filología y las ciencias militares. Su conocimiento de esto último le dio el apodo de «El General».

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Un Engels desconocido

por Nicolás González

¿Cómo era Engels antes de asociarse con Marx? Aseguraba Borges, no sin razón, que el concepto de “texto definitivo” no corresponde sino a la superstición o al cansancio. Y esto es plenamente aplicable a los clásicos, muchos de los cuales nos han llegado o bien distorsionados o bien incompletos. Un caso paradigmático es el del propio Marx, hoy conocemos bien el tortuoso camino de publicación de sus escritos, una azarosa aventura política y literaria, a veces mortal, que todavía, para el lector en español, no ha concluido de manera feliz.

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Engels, pensador de la guerra, pensador de la revolución

por Gilbert Achcar

Este estudio se redactó para el coloquio organizado por Georges Labica en la Universidad de Nanterre en 1995, con motivo del centenario de la muerte de Friedrich Engels. Se publicó por primera vez en la obra resultante del coloquio, Friedrich Engels, savant et révolutionnaire, dirigida por Georges Labica y Mireille Delbraccio y aparecida en 1997 por Presses Universitaires de France.

“Parece que los grandes libros sobre la acción se los debemos a los hombres de acción que la fortuna ha privado de la suprema realización y que consiguen una sutil dosificación de compromiso y distanciamiento, todavía capaces de reconocer las ataduras y servidumbres del soldado o del político, capaces también de mirar desde fuera, no con indiferencia, sino con serenidad, la ironía de la suerte y del juego imprevisible de fuerzas que ninguna voluntad domina.”

Estas líneas de Raymond Aron en la gran obra que consagró a Clausewitz y su posteridad/1, y en la que se inspira el título de esta contribución, podrían haberse escrito, palabra por palabra, a propósito de Friedrich Engels.

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El «testamento» político de Friedrich Engels

por Michael R. Krätke

Cualquiera que haya sido puesto a prueba por su lealtad a la constitución en los años 70 y siguientes en la antigua República Federal y haya sido sospechoso de ser un «enemigo de la constitución» probablemente se acordará del «último Engels». Desear un orden económico y social diferente está permitido en la constitución; el derrocamiento violento del orden político no. Como joven de izquierda uno podía remitirse al «último Engels» para pasar como amigo de la constitución, aunque con opiniones radicales.

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Epílogo a la «Crítica al programa de Gotha» de Karl Marx

por Peter Linebaugh

A la memoria de Noel Ignatiev.

Dixi et salvavi animam meam. Con estas palabras en latín Karl Marx concluye su Crítica del programa de Gotha (1875): «He hablado y salvado mi alma». Uno no está acostumbrado a la utilización de expresiones religiosas por el gran comunista, a menos que sean sarcásticas, pero aquí la usa para concluir un análisis devastador del programa del partido obrero alemán. ¿Cual es el alma de Marx? ¿Cómo la salvó? ¿Y la nuestra? [1]

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León Trotsky: «El ABC de la dialéctica marxista»

Dialéctica marxista

La dialéctica no es una ficción ni una mística, sino una ciencia de las formas de nuestro pensamiento en la medida en que éste no se limita a los problemas cotidianos de la vida y trata de llegar a una comprensión de procesos más profundos y complicados. La dialéctica y la lógica formal mantienen entre sí una relación similar a la que existe entre las matemáticas inferiores y las superiores.

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Engels, el socialista que quería una vida gozosa para todo el mundo

por Tristram Hunt

Si bien la mayoría de los artistas radicales se han pasado los últimos años exigiendo que se derriben las estatuas de héroes imperiales, en Manchester han ido contra la corriente. En 2017, el cineasta Phil Collins transportó una estatua de Friedrich Engels en un camión desde el este de Ucrania, una antigua colonia del imperio soviético, hasta el corazón del centro neurálgico del norte. Fue un gesto genial y contraintuitivo: colocar al hombre que odiaba la Cottonopolis en el corazón de su nexo comercial. Porque con la excepción de una respetuosa placa azul en Primrose Hill, en el norte de Londres, y un letrero que una vez estuvo en la playa de Eastbourne (donde se esparcieron sus cenizas), la estatua es uno de los lamentablemente pocos recordatorios que tenemos de uno de los más grandes exiliados en Gran Bretaña.

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Trotsky sin «ismos»

por Andreu Coll

Decía Mark Twain que “un clásico es un libro que la gente elogia pero no lee; un libro, en suma, que todo el mundo quiere haber leído y nadie quiere leer”. En efecto, a menudo tanto seguidores como detractores opinamos con ligereza sobre algunas obras y autores que apenas conocemos. La idea de partida que querría compartir es que, en literatura como en arte, en ciencia como en pensamiento revolucionario, no es el autor o autora quienes hacen al clásico, sino la perennidad de algunas de las ideas, imágenes e intuiciones que nos legan determinados pasajes de su obra y su vida. Esto es, la capacidad de trascender épocas, países y coyunturas y de resultar útil y evocador para gentes de generaciones, culturas y géneros diversos.

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Educación: la naturaleza del capital impone las condiciones de existencia y a la vez las formas de lucha

por Walter Paoluzzi

Algunas premisas introductorias

La educación al ser un fenómeno social, se encuentra profundamente relacionado con el contexto socioeconómico. Rieznik dice que la educación es actividad humana y como tal es un aspecto del desarrollo de las fuerzas productivas y la división social del trabajo.
A partir de esa división social, la cual entre otras generó la diferenciación entre educador y educando, los distintos modos de producción en la historia se diferencian por las formas y modos de imponer y usurpar el tiempo de trabajo no pagado y acumulado en manos ajenas. De forma tal que llegamos a la especificidad del capitalismo, que se refiere al predominio del capital en cuanto trabajo pretérito acumulado por un tercero propietario de los medios de producción. Hasta aquí es plusvalía. Esta plusvalía se convierte en capital cuando vuelve a invertirse para generar mayor plusvalía.

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León Trotsky: ¿ Qué fue la Revolución Rusa?

Publicamos a continuación la conferencia pronunciada por León Trotsky el 27 de noviembre de 1932 en Copenhague con motivo del decimoquinto aniversario de la revolución de octubre. Invitado por la Asociación de Estudiantes Socialdemócratas, Trotsky pudo dirigirse a un auditorio de cerca de 2.500 personas. La conferencia fue todo un desafío en un momento de fuerte ofensiva del estalinismo contra él y la Oposición de Izquierdas Internacional.

Esta conferencia constituye uno de los análisis más brillantes de Trotsky sobre la Revolución Rusa y sus fuerzas motrices.

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La política de la división: marxismo contra la política de identidad

por Ylva Vinberg

Camaradas, echen un vistazo al mundo que les rodea. La violencia policial contra los negros en los Estados Unidos, controles fronterizos y disparos contra refugiados en el Mediterráneo, los asesinatos de mujeres, los feminicidios en México. Este es el sistema en el que vivimos. Un mundo donde la gente se enfrenta al acoso, la violencia, a ser visto como un ciudadano de segunda clase, debido a su género, sexualidad, el color de su piel, su etnia o su religión.

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Kartl Korsch: «La dialéctica de Marx»

La enorme importancia de la aportación teórica de Karl Marx a la práctica de la lucha de clases proletaria consiste en que por primera vez ha sintetizado todo el contenido de las ideas nuevas que, rebasando el horizonte burgués, surgen necesariamente, en virtud de la situación social del proletariado, en la conciencia de esta clase, y en haber logrado con ellas la unidad firme, la totalidad viva de un sistema científico.

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Ernest Mandel: «Spinoza, pensador de la libertad burguesa»

Heraldo de la libertad de religión y de culto 1/, ferviente defensor de la libertad de opinión, de expresión, de imprenta y de educación (Spinoza, 1951: vol. 1, 259), decidido defensor de la libertad de establecimiento y de comercio, así como defensor del armamento general del pueblo; sin duda Spinoza fue el precursor del liberalismo moderno en prácticamente todos los ámbitos de la vida social. De él se ha dicho incluso que fue el primer pensador político moderno que se declaró demócrata (Feuer, 1958: 101) 2/, y que expresó abiertamente su preferencia por la forma de Estado democrático.

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Walter Bejamin: «El autor como productor»

Ustedes recuerdan cómo Platón, en el proyecto de su Estado, procede con los poetas. En interés de la comunidad, les prohíbe que residan en él. Platón tenía un alto concepto del poderío de la poesía. Pero la tuvo por dañina, por superflua, bien entendido que en una comunidad perfecta. Desde entonces no se ha planteado a menudo con la misma insistencia la cuestión del derecho a la existencia del poeta; pero hoy sí que se plantea. Sólo que raras veces en esa forma. Pero a ustedes todos les resulta más o menos habitual en cuanto cuestión acerca de la autonomía del poeta: acerca de su libertad para escribir lo que quiera. No son ustedes proclives a aprobar esa autonomía. Creen que la actual situación social le obliga a decidir a servicio de quién ha de poner su actividad. El escritor burgués recreativo no reconoce tal alternativa. Ustedes le prueban que trabaja, aun sin admitirlo, en interés de determinados intereses de clase. Un tipo progresista de escritor reconoce la alternativa. Su decisión ocurre sobre la base de la lucha de clases, al ponerse del lado del proletariado. Se ha acabado entonces su autonomía. Orienta su actividad según lo que sea útil para el proletariado en la lucha de clases. Se acostumbra decir que persigue una tendencia.

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Ernest Mandel: Hay que soñar, la anticipación y la esperanza como categorías del materialismo histórico

[Este texto fue la contribución de Ernest Mandel a un coloquio celebrado en 1978 en homenaje al filósofo marxista Ernst Bloch (1885-1977) y se publicó por primera vez en 19801/. En este artículo, Mandel utiliza categorías desarrolladas por Bloch, como las de todavía no y realmente posible, para examinar la necesidad de incorporar las nociones de futuro en el pensamiento socialista.]

Desde el punto de vista marxista, el trabajo y la capacidad de comunicación avanzada son los dos aspectos más importantes del ser humano como ser social. El trabajo social es imposible sin una comunicación humana avanzada, interpersonal, que incluya la capacidad de utilizar herramientas lingüísticas estructuradas, de formar conceptos y de desarrollar la conciencia. Como materialistas, sabemos que la capacidad de comunicarnos de forma más que rudimentaria –la que también tienen los animales–, se basa en la necesidad de la producción social para ganarse la vida. La conexión inextricable entre el trabajo y la comunicación lleva, entre otras cosas, a que “simplemente no podemos eludir el hecho de que todo lo que hace actuar a los hombres debe encontrar su camino a través de sus cerebros, incluso comer y beber, que comienza como consecuencia de la sensación de hambre o sed transmitida por el cerebro, y termina como resultado de la sensación de saciedad igualmente transmitida por el cerebro”2/.

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En torno a la praxis: Marx y las Tesis sobre Feuerbach

por Carlos Lincopi

Apuntes preliminares

Leer, releer y repasar la Tesis sobre Feuerbach es cada vez más importante. En este breve documento de Karl Marx se encuentra el germen que permite la reconstrucción y renovación del marxismo en miras al siglo XXI. Lo curioso es que la renovación teórica del marxismo surja del propio Marx, en realidad, no es tan extraño si consideramos que el marxismo del siglo XX fue, en esencia, un marxismo con ausencia de Marx o, en el mejor de los casos, un marxismo con un Marx cercenado y leído fragmentariamente. Lo hemos dicho en otros documentos, junto con la construcción de un “marxismo” vulgar, dogmático, sin Marx, en el corazón de la Segunda Internacional y, luego con la Tercera Internacional en el puño de la Unión Soviética, subterráneamente se irá desarrollando otro marxismo posible, un marxismo entendido como filosofía de la praxis. La distancia es enorme e inclusive antagónica, para el materialismo vulgar –de tipo soviético– la revolución se encuentra determinada por las fatales “leyes de la historia”, para la filosofía de la praxis, la revolución es fundamentalmente el resultado de la actividad revolucionaria del ser humano y, en realidad, siguiendo a Walter Benjamin, lo que hace la praxis es destruir esas fatales leyes de la historia, esa tormenta que arrastra al ángel hacia ese futuro vacío que llamamos “progreso”.

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León Trotsky: «Los soviets y la Asamblea Constituyente»

Esperamos que no sea necesario plantear aquí el problema general de la democracia formal, es decir, de la democracia burguesa. Nuestra actitud con respecto a ella no tiene nada en común con la negación estéril del anarquismo. La consigna y las normas de la democracia se presentan bajo formas diversas para los diferentes países, según la etapa en que se encuentre la evolución de la sociedad burguesa. Las consignas democráticas contienen durante cierto tiempo ilusiones y engaños, pero encierran en su seno una fuerza política animadora: “Mientras la lucha de la clase obrera por todo el poder entero no esté a la orden del día, tenemos el deber de utilizar todas las formas de la democracia burguesa.” (Lenin, Obras, Vol. XX, 2a parte, pág. 297)

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Guillermo Lora: «La experiencia de la Asamblea Popular»

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LA ASAMBLEA POPULAR Y EL GOBIERNO DE TORRES

Las Bases de Constitución de la Asamblea Popular fueron presentadas al Comando Político, en forma de proyecto, por los delegados poristas y del PC-Moscú, aunque su redacción original corresponde al POR. Después de acalorados debates se aprobaron por unanimidad. Movimientistas y prinistas se limitaron a callar en la reunión pública, aunque en el seno de la comisión designada para estudiar el proyecto persistieron en su idea de transformar el Comando en Parlamento y en su tenaz oposición a que se declarase órgano de poder de la clase obrera y de las masas. La Asamblea nació en franca lucha contra el intento de estrangular el proceso revolucionario con ayuda del parlamentarismo burgués.

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Andreu Nin: los Soviets, su origen, desarrollo y funciones

A partir de esta publicación, desde El Porteño, iniciaremos la difusión de los textos pertinentes al debate marxista sobre la cuestión de los órganos de doble poder. Como explica Nin en esta trabajo, los soviets estaban muy lejos de ser organizaciones parasindicales, que agrupaban productivamente a los trabajadores. Muy por el contrario, pasaron de ser embriones a órganos de poder, en los que se sustentó fundamentalmente la Revolución Rusa. Tal problema requiere ser abordado precisamente para dar respuesta al intenso debate existente hoy en Chile, sobre la naturaleza de las asambleas populares, cabildos y su capacidad de servir de base a una Asamblea Constituyente, y a la misma, como un puente a un Gobierno de Trabajadores.

Sin más, dejamos con ustedes el estado de esta cuestión en 1932, en palabras del revolucionario catalán:

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Bajo el capitalismo no existe eso de un “jornal digno por un trabajo digno”

por Hadas Thier

[Extracto del libro titulado A People’s Guide to Capitalism: An Introduction to Marxist Economics (Haymarket Books, agosto de 2020).]

El capitalismo moderno se caracteriza por una enorme expansión de la riqueza. La economía de EE UU, cuando va bien, crece a razón de alrededor de un 4 % anual. La economía china, hasta hace poco, crecía nada menos que un 10 % cada año. Y la economía mundial en su conjunto se ha expandido al ritmo de más o menos un 3 % anual desde 1980, según los datos del Banco Mundial. De hecho, si el producto de un país deja de aumentar, entra en recesión. Si las economías de todo el mundo se contraen al mismo tiempo –como estamos viendo actualmente–, el resultado puede ser una depresión mundial.

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Clara Zetkin:sólo con la mujer proletaria triunfará el socialismo

Los estudios de Bachofen [1], Morgan [2] y otros parecen demostrar que la opresión social de la mujer coincide con la aparición de la propiedad privada. La contradicción, en el seno de la familia, entre el hombre en cuanto a poseedor y la mujer en cuanto a no-poseedora constituye la base de la dependencia económica y de la situación social de defraudación de los derechos del sexo femenino. Según Engels, en esta última situación radica una de las primeras y más antiguas formas de dominio clasista. Engels afirma que: «En la familia el marido es el burgués y la mujer representa el proletariado.» [3] Todavía no se podía hablar en aquel momento de cuestión femenina en el moderno sentido de la palabra. Solamente el modo de producción capitalista ha provocado los trastornos sociales que han dado vida a la cuestión femenina moderna; ha hecho pedazos la antigua economía familiar que en el período precapitalista garantizaba a las grandes masas del mundo femenino un medio de sustento y un sentido a su vida. Parecería insensato aplicar a la actividad desarrollada por las mujeres en la antigua economía doméstica aquellos conceptos negativos de miseria y de angustia que caracterizan la actividad de las mujeres de nuestros días. Mientras subsistió la antigua forma familiar, la mujer encontró en la misma su sentido en la actividad productiva que desarrollaba, y por ello no era consciente de que estaba privada de todos los derechos sociales, a pesar de que el desarrollo de su individualidad estaba fuertemente limitado.

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El marxismo y el movimiento de liberación homosexual: De la Socialdemocracia alemana a la Revolución Rusa

por Daniel Gaido y Cintia Frencia

La despenalización de la homosexualidad en las revoluciones burguesas

La despenalización de la homosexualidad nació con las revoluciones burguesas. En la Francia del antiguo régimen, la homosexualidad masculina, definida legalmente como “sodomía”, era penalizada con la hoguera, y aunque esta pena era raramente aplicada, en fecha tan tardía como el 6 de julio de 1750 dos homosexuales, llamados Bruno Lenoir y Jean Diot, fueron ahorcados y quemados en la Place de Grève de Paris por haber sido encontrados teniendo sexo consensual una noche de enero en las sombras de la rue Montorgueil. Como ambos eran obreros, sin conexiones con el gobierno o con las clases dominantes, las autoridades aprovecharon para ejecutarlos públicamente como una advertencia a otros homosexuales.1 Criticando este resto de barbarie medieval, algunos de los philosophes y líderes de la Revolución Francesa, tales como Montesquieu, Condorcet y Anacharsis Cloots, negaron que el estado tuviera derecho a castigar la sodomía, siempre que las relaciones sexuales homosexuales tuvieran lugar entre adultos con consentimiento mutuo y en privado.

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Los orígenes del Programa de Transición en la Internacional Comunista

por Daniel Gaido

En un artículo anterior señalamos que la táctica del frente único, plasmada en las en las “Tesis sobre la unidad del frente proletario” adoptadas por el Cuarto Congreso de la Internacional Comunista (AA.VV. 1973, pp. 191-200), se originó en una iniciativa del líder del KPD Paul Levi conocidos como la “Carta abierta” de la Zentrale del Partido Comunista Unificado de Alemania de 8 de enero 1921 (Gaido 2014). En este artículo mostraremos que el método de demandas transicionales se originó en el Partido Comunista de Alemania (Kommunistische Partei Deutschlands, KPD) en el período inmediatamente posterior a la expulsión de Paul Levi, después de su crítica al putsch conocido como la “Acción de marzo”de 1921 (ver Paul Levi, “Nuestro Camino: contra el putschismo”, en Fernbach 2011, pp. 119-165). 

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