Josefina recordaba el calor y el hacinamiento dentro del Renault 12 como si el viaje hubiera sucedido apenas unos días atrás y no cuando ella tenía seis años, pocos días después de Navidad, bajo el asfixiante sol de enero. Su padre manejaba, casi sin hablar; su madre iba en el asiento de adelante y en el de atrás Josefina había quedado atrapada entre su hermana y su abuela Rita, que pelaba mandarinas e inundaba el auto con el olor de la fruta recalentada. Iban de vacaciones a Corrientes, a visitar a los tíos maternos, pero eso era solo una parte del gran motivo del viaje, que Josefina no podía adivinar. Recordaba que ninguno hablaba mucho; su abuela y su madre llevaban anteojos oscuros y solo abrían la boca para alertar sobre algún camión que pasaba demasiado cerca del auto, o para pedirle a su padre que disminuyera la velocidad, tensas y alertas a la espera de un accidente.
ARTE Y CULTURA
De arte, cultura y su gente
Valdivia, la civilización y sus ruinas: por una historia material de la memoria
por Juan García Brun
De niño conocí, en los 70, dos formas radicalmente diferentes de destrucción. Una provenía del movimiento ciego de la naturaleza, el terremoto de Valdivia de 1960; la otra, de hombres organizados, instituciones, clases sociales, armas, intereses materiales y voluntad política en 1973. Tal vez por eso la ruina nunca me ha parecido simplemente una cosa vieja. Es, antes que nada, una pregunta. La pregunta podría formularse de esta manera: ¿en qué momento un montón de piedras deja de ser basura y comienza a ser cultura? La diferencia no reside estrictamente en el objeto. Una pared derrumbada puede ser retirada por una retroexcavadora como escombro o puede ser rodeada por una verja, iluminada, estudiada, fotografiada y declarada patrimonio de la humanidad. Entre ambas posibilidades media una operación social. La ruina no existe plenamente en el instante de la destrucción: aparece cuando una comunidad decide que algo de aquello que ha dejado de servir debe, precisamente por haber dejado de servir, permanecer. Alain Schnapp ha mostrado que incluso la palabra griega asociada a la ruina, ereipia, remitía originalmente al acto de derribar y hacer caer; para los grandes trágicos, Troya incendiada era todavía fundamentalmente devastación. La nostalgia cultural por las ruinas adquirirá mucha mayor densidad posteriormente, particularmente en la literatura latina. Georg Simmel llevaría siglos después esta intuición hacia una definición estética: la ruina aparece allí donde la obra arrancada por el hombre a la naturaleza comienza a ser recuperada por ella. La vegetación invade el muro, la humedad come la piedra, la gravedad termina lo que el constructor había combatido. Pero esa dialéctica entre naturaleza y trabajo humano no basta: es necesaria una mirada capaz de reconocer en aquella derrota material una forma.
Poema de Francesco Petrarca: Fragmento del Canzoniero CXXVIII, conocido como «Italia mía, aunque hablar sea en vano»
Italia mía, aunque el hablar sea vano
a las llagas mortales
que veo en tu bello cuerpo dolorido,
quiero al menos que sean mis quejas tales
cual pide Arno toscano,
y Tibre y Po, donde hoy lloroso anido,
Señor cortés, te pido
que la piedad que te condujo a tierra
te vuelva aquí a tu amado y almo suelo;
verás, Rector del cielo,
por qué liviana causa hay cruda guerra.
Los pechos que arde y cierra
fiero y soberbio Marte,
ábralos tu Piedad, Señor, y apague;
y en ellos, aun sin arte,
haz que mi lengua tu Verdad propague.
Anthony Perkins ante el tribunal: Joseph K., Norman Bates y la vida como una celda
por Artidoro Sotomayor
Hay algo perturbadoramente exacto en la elección de Anthony Perkins para interpretar a Joseph K. en El proceso, la adaptación que Orson Welles realizó en 1962 de la novela de Kafka. Perkins venía de hacer Psicosis apenas dos años antes. El mundo entero acababa de aprender a desconfiar de su sonrisa. Hitchcock había descubierto en su cuerpo alto, tímido, ligeramente encorvado, en su voz vacilante y en aquellos movimientos que parecían pedir disculpas por ocupar espacio, una materia actoral nueva: el hombre que parece culpable sin saber de qué. Welles hizo algo más radical. Comprendió que aquella fragilidad no tenía por qué conducir necesariamente al asesino. También podía encarnar a la víctima. Joseph K. es así el reverso político de Norman Bates: otro hombre encerrado, otro hombre observado, otro hombre que intenta desesperadamente demostrar que es normal frente a un poder que ya ha decidido algo acerca de él.
¿Por qué La Odisea de Nolan fascina al mundo? La poesía de Homero ante la crisis del capitalismo norteamericano
por Juan García Brun
La extraordinaria recepción de La Odisea de Christopher Nolan difícilmente pueda explicarse por la suma de sus atributos cinematográficos. La escala de la producción, el prestigio del director, la utilización del formato IMAX, la reconstrucción material de barcos, ciudades y batallas, la presencia de Matt Damon y la eficacia industrial de una campaña construida alrededor de la idea de «acontecimiento cinematográfico» explican condiciones del éxito, pero no su razón histórica. El problema verdaderamente interesante comienza precisamente allí donde suele detenerse la crítica: ¿por qué una sociedad situada en el tercer decenio del siglo XXI encuentra nuevamente en la historia de un guerrero que regresa de una guerra victoriosa una representación reconocible de sí misma? ¿Por qué el gran mito del retorno adquiere esta actualidad justamente cuando el orden internacional constituido después de la Segunda Guerra Mundial manifiesta síntomas crecientes de agotamiento y la intelectualidad occidental parece haber perdido toda confianza en el futuro que alguna vez proclamó como propio?
En defensa de la educación con Gabriela Mistral
por Aniceto Hevia
«Me preparo para un grito
en el precipicio de la verdad,
como lo hace el volcán
para su erupción».
Mahmoud Darwish.
Dice así, nuestra Mistral, nuestra pequeño burguesa nortina, ilustrada, lírica, sabia: “Si no realizamos la igualdad y la cultura dentro de la escuela, ¿dónde podrán exigirse estas cosas?” (sic). Cita que viene bien cuando nuestros intelectuales orgánicos inflan los carrillos y con impostada grandilocuencia afirman tautológicamente, apodícticamente, que hay una crisis en la educación. Mientras la poeta, que demasiados consideran pretérita, nadaba contra la corriente hace ya mucho tiempo. Ya dejaba en su epigrama la respuesta a una pregunta fundante, ¿educación para qué? Respondió, educación para libertad objetiva y subjetiva, igualdad y cultura. Demasiados años han pasado, los estamentos técnicos y científicos, la burocracia ministerial parecen dormidos en sus escritorios soñando estadísticas, constatando resultados que calcen como un guante en sus objetivos generales y específicos. La maquinaria educacional baja su cabeza ante competencias y conductas, el alumno estará en condiciones de…, estará capacitado para explicar brevemente…, siempre brevemente. El neopositivismo se desliza como una sierpe entre reuniones, pasillos y cálculos de presupuesto. El rey está desnudo, el desplome de la educación nacional ha generado la actual ola de ignorancia masiva, de culto a lo tonto, a lo superficial. El devenir nos ha traído todo tipo de teorías, focus groups, olas de expertos que no conocen la realidad nacional; sino por bibliografía adecuada que emana de think tanks coloniales, donde se adoctrina en la alienación de la reflexión, en la ausencia de crítica, en la domeñación de la conciencia, en el horror de la historia. Nada de ello ha funcionado, al contrario, se ha agravado la ignorancia y la brutalidad obscena ya presente en todos los medios de comunicación. La mierda subjetiva chorrea hasta los más altos ideales de ayer. Nada ha funcionado en educación y la solución a ese problema no corresponde a expertos, corresponde a una sociedad que contempla como las defensas construídas ante la barbarie moderna caen. No se ha leído a Gabriela Mistral, no se ha comprendido a Bello. Lo decisivo es determinar cuáles son los objetivos reales de la educación, los que competen a toda la nación. Responder a la pregunta por la educación es lo que determina los objetivos, respuesta que no puede ser sino ideológica. ¿Para qué la educación? ¿Educación para el individuo o educar la sociedad? El individuo no puede determinar la educación, sus necesidades de educarse particulares son un resultado de exigencias que no sostienen todo el complejo entramado de la sociedad.
Palomita Blanca: la perfección de la paradoja fílmica chilena
por Artidoro Sotomayor
Palomita Blanca parecía condenada al éxito. Enrique Lafourcade había publicado una novela de enorme circulación, construida sobre materiales inmediatamente reconocibles para el público chileno: juventud, diferencias de clase, sexualidad, religiosidad, consumo, rebeldía y ese extraño tránsito entre mundos sociales que caracterizó los años inmediatamente anteriores al golpe de Estado. Convertirla en película parecía una operación casi natural. Más aún cuando el cine chileno de comienzos de los setenta había hecho del país mismo su principal materia cinematográfica. Miguel Littin, Aldo Francia, Helvio Soto, Patricio Kaulen y Silvio Caiozzi, desde perspectivas diferentes, observaban una sociedad que parecía haberse vuelto súbitamente consciente de sí misma. Chile era escenario, personaje y objeto de investigación.
Entrevista histórica: Cortázar y Cardenal defienden la revolución latinoamericana
por Artidoro Sotomayor
La entrevista que Julio Cortázar y Ernesto Cardenal concedieron a la televisión española el 24 de noviembre de 1983 constituye hoy un documento político de extraordinario valor. No sólo porque reúne a dos de las figuras mayores de la literatura latinoamericana del siglo XX, sino porque conserva, casi intacto, el clima ideológico de una época marcada por la irrupción de la Revolución Nicaragüense, el ascenso de las luchas revolucionarias en Centroamérica y, simultáneamente, por las enormes ilusiones que amplios sectores de la izquierda comenzaban a depositar en las posibilidades de la democracia burguesa. RTVE presenta aquella emisión de Buenas noches con Mercedes Milá como conductora y con Cortázar, Cardenal y Ricardo Utrilla —entonces presidente de la agencia EFE— entre sus invitados. Cortázar moriría apenas dos meses y medio después, el 12 de febrero de 1984.
Narración de Juan García Brun: «1968»
Dejo marcas en el lugar, aunque la oscuridad me impide verificar si serán visibles más tarde.
Reseña del libro “Juan Demarchi; la tempestuosa vida de un anarquista”
En la legendaria entrevista que Régis Debray hizo a Salvador Allende en 1971, el entoncesPresidente de Chile señaló que debía al agitador anarquista italiano Juan Demarchi sus primeras lecturas teóricas de izquierda, en especial las obras de Bakunin. Fue este carpintero radicado en Valparaíso quien le enseñó, sostuvo Allende, a entender losprofundos contrastes sociales que observaba al recorrer los cerros y plazas del puerto de su adolescencia.
W. B. Yeats: «El polvo ha cerrado los ojos de Helena»
I
Recientemente he estado en un pequeño grupo de casas, no las suficientes como para llamarlo una aldea, en la baronía de Kiltartan, del Condado de Galway, cuyo nombre, Ballylee, es conocido en todo el oeste de Irlanda. Ahí se encuentra el viejo castillo cuadrado, Ballylee, habitado por un granjero y su esposa, y una cabaña en la que viven su hija y su yerno, y un pequeño molino con un viejo molinero, y unos viejos fresnos que arrojan unas sombras verdes sobre un riachuelo y unos grandes escalones. El año pasado fui ahí en dos o tres ocasiones para hablar con el molinero sobre Biddy Early, una sabia mujer que vivió en Clare hace algunos años, y sobre su dicho, «Entre las dos ruedas del molino de Ballylee, hay un remedio para todo mal», y para averiguar, a través de él o de otra persona, si se refería al musgo que hay entre las aguas que corren o a alguna otra hierba. He estado ahí este verano y volveré antes del otoño, porque Mary Hynes, una hermosa mujer cuyo nombre todavía es un prodigio junto a las luchas territoriales, murió ahí hace sesenta años; pues nuestros pies querrían demorarse ahí donde la belleza ha vivido su vida de tristezas para hacernos comprender que no es de este mundo. Un anciano me llevó a poca distancia del molino y el castillo, y bajamos por un sendero largo y estrecho que casi se perdía entre las zarzas y los endrinos, y dijo: «Estos son los viejos cimientos de la casa, pero se han llevado la mayor parte para construir muros, y las cabras han comido hasta cansarse los arbustos que crecen sobre ellos, y ya no crecen más. Dicen que era la muchacha más hermosa de Irlanda, su piel era como la nieve fundida — quizá quiso decir la nieve caída— y tenía las mejillas sonrosadas. Tenía cinco hermanos apuestos, ¡pero ya no queda ninguno de ellos!». Le hablé de un poema en irlandés que Raftery, un famoso poeta, había escrito sobre ella, y de que decía que «hay una sólida bodega en Ballylee». Él me dijo que la sólida bodega era el gran agujero en el que el río se volvía subterráneo, y me condujo hasta un pozo profundo, donde una nutria corrió a esconderse bajo un adoquín gris, y me dijo que muchos peces salían de las oscuras aguas al amanecer «para probar el agua fresca que baja de las colinas».
Cuento de Haruki Murakami: «El pueblo de los gatos»
En la estación de Koenji, Tengo subió a un tren rápido de la línea Chuo con dirección al centro de la ciudad. El vagón estaba vacío. No tenía nada planeado para ese día. Adonde fuera y lo que hiciera (o dejara de hacer) dependía enteramente de él. Eran las diez de una mañana de verano sin viento y el sol caía a plomo. El tren pasó por Shinjuku, Yotsuya y Ochanomizu, y llegó a la estación Central de Tokyo, el final de la línea. Todos bajaron y Tengo hizo lo mismo. Luego se sentó en un banco y pensó un poco adónde ir. «Puedo ir adonde quiera», se dijo. «Parece que hará calor. Podría ir a la costa». Levantó la cabeza y estudió el panel de los andenes.
El sonido de la derrota: trap, mercancía y juventud popular en el Chile neoliberal
por Artidoro Sotomayor
El reguetón, el trap y aquello que la industria ha reunido bajo la denominación imprecisa de “música urbana” constituyen probablemente el fenómeno más significativo de la cultura popular juvenil chilena de las últimas décadas. Su importancia no puede medirse únicamente por la calidad musical de sus obras, por sus cifras de reproducción o por la mayor o menor vulgaridad de sus letras. Tampoco puede despacharse el problema mediante la condena moral, habitual en ciertos ambientes conservadores y también en sectores de una izquierda culturalmente aristocratizante, que ven en esta música solamente degradación, consumismo, violencia, sexismo o pobreza estética.
Marciano y las zonas incómodas de la transición chilena
por Agustina Larrea
«En este recorrido de tramas diversas que fluyen al unísono, no sé dónde situar el comienzo. La historia me desborda, no es solo mía. Lo que cuente va a estar incompleto. Mi inicio será tramposo, como son todos los inicios y como, probablemente, son todas las historias». Así comienza Marciano (Random House, 2026), la nueva novela de la escritora chilena Nona Fernández, una de las autoras más reconocidas de la narrativa latinoamericana contemporánea.
Poema de Omar Cid: «Veterano del 86»
El veterano del 86
no fue doblegado por el liceo intervenido,
ni por los años de empleo mínimo,
ni por las sesiones del Cuartel Borgoño.
Cuento de Bertolt Brecht: «La madre y la muerte»
Era una lúgubre y despiadada noche de diciembre. La tormenta pasaba rugiendo sobre los tejados de la ciudad, se aferraba a las chimeneas, descendía por ellas con gran estrépito y arremolinaba los grandes copos de nieve blanca que, desde el mediodía, habían caído ininterrumpidamente del cielo gris de diciembre.
El silencioso duelo de un músico: «A todo el mundo le gusta Bill Evans» de Grant Gee
por Ignacio Navarro
En este contexto se centra la película de Grant Gee, de título homónimo a aquel álbum (aunque aquí con un sentido también irónico) y presentada hace unos meses en la Berlinale, donde Gee se hizo con el premio a mejor director. Estamos ante el primer largometraje de ficción de un cineasta cuya trayectoria hasta ahora había sido en el mundo del documental, aunque casi siempre sobre temas musicales, incluso siguiendo el tour de algún conocido grupo como Radiohead. Ello le da experiencia suficiente en la materia y, para sortear el traslado de esta historia a la ficción, toma la decisión acertada de imbuirla de un estilo, tanto estético como narrativo, coherente con el género musical que antes hemos descrito sucintamente. No estamos, pues, ante un biopic convencional de Bill Evans, que recorra a grandes rasgos todas las etapas de su vida, sino ante el recuento de algunos de sus momentos donde, estética y narrativamente, se advierte también una tendencia a la libertad o la improvisación, o al menos a no cerrarse bajo patrones cinematográficos al uso.
La Odisea de Nolan: del héroe homérico al antihéroe posmoderno
por Andrés Águila
Este análisis no pretende juzgar los aspectos técnicos de una película que posee indudables virtudes formales. Aunque no es una película perfecta, la fotografía, la puesta en escena y la música —como suele ocurrir en la filmografía de Christopher Nolan— alcanzan un nivel notable y confirman el dominio del director sobre el lenguaje cinematográfico. Esto, sumado al presupuesto abultado, deja poco espacio para errores en ese sentido.
Cuento de Ernest Hemingway: «Gato bajo la lluvia»
Solo dos norteamericanos paraban en el hotel. No conocían a ninguna de las personas que subían y bajaban por las escaleras hacia y desde sus habitaciones. La suya estaba en el segundo piso, frente al mar y al monumento de la guerra, en el jardín público de grandes palmeras y verdes bancos.
Análisis de «Las meninas» de Velázquez por Michel Foucault
I
El pintor está ligeramente alejado del cuadro. Lanza una mirada sobre el modelo; quizá se trata de añadir un último toque, pero también puede ser que no se haya dado aún la primera pincelada. El brazo que sostiene el pincel está replegado sobre la izquierda, en dirección de la paleta; está, por un momento, inmóvil entre la tela y los colores. Esta mano hábil depende de la vista; y la vista, a su vez, descansa sobre el gesto suspendido. Entre la fina punta del pincel y el acero de la mirada, el espectáculo va a desplegar su volumen.
Ghost in the Machine: luces rojas sobre la oscuridad de Thatcher
por Artidoro Sotomayor
No es necesariamente el disco más influyente de The Police. Ese lugar podría corresponder a Reggatta de Blanc, donde la banda terminó de construir su inconfundible síntesis de punk, pop, reggae y virtuosismo instrumental; o a Synchronicity, que transformó aquella fórmula en un fenómeno planetario. Pero Ghost in the Machine, publicado el 2 de octubre de 1981, es probablemente el álbum que mejor representa el instante preciso en que el rock dejó atrás la materialidad sonora de los años setenta y dio el salto definitivo hacia los ochenta.
Cuento de H.P. Lovecraft: «El morador de las tinieblas»
(Dedicado a Robert Bloch)
Yo he visto abrirse el tenebroso universo
Donde giran sin rumbo los negros planetas,
Donde giran en su horror ignorado
Sin orden, sin brillo y sin nombre.
Némesis
Las personas prudentes dudarán antes de poner en tela de juicio la extendida opinión de que a Robert Blake lo mató un rayo, o un shock nervioso producido por una descarga eléctrica. Es cierto que la ventana ante la cual se encontraba permanecía intacta, pero la naturaleza se ha manifestado a menudo capaz de hazañas aún más caprichosas. Es muy posible que la expresión de su rostro haya sido ocasionada por contracciones musculares sin relación alguna con lo que tuviera ante sus ojos; en cuanto a las anotaciones de su diario, no cabe duda de que son producto de una imaginación fantástica, excitada por ciertas supersticiones locales y ciertos descubrimientos llevados a cabo por él. En lo que respecta a las extrañas circunstancias que concurrían en la abandonada iglesia de Federal Hill, el investigador sagaz no tardará en atribuirlas al charlatanismo consciente o inconsciente de Blake, quien estuvo relacionado secretamente con determinados círculos esotéricos.
Cuento de Osamu Dazai: «Corre, Melos»
Melos se enfureció. Decidió que, costara lo que costara, debía acabar con aquel rey de astucia perversa y violenta tiranía. Melos no entendía de política. Melos era pastor de una aldea. Había vivido tocando la flauta y jugando con las ovejas. Pero, ante la maldad, era más sensible que nadie. Aquella madrugada, Melos había salido de su aldea y, tras cruzar campos y montañas, había llegado a la ciudad de Siracusa, a diez leguas de distancia. Melos no tenía padre ni madre. Tampoco esposa. Vivía solo con su hermana menor, una muchacha tímida de dieciséis años. La muchacha estaba próxima a recibir como esposo a un pastor honrado de la aldea. La boda era inminente. Por eso Melos había venido desde tan lejos a la ciudad: para comprar el vestido de novia y los manjares del banquete. Primero reunió todo lo necesario y luego se puso a pasear sin prisa por la avenida principal. Melos tenía un amigo de la infancia. Se llamaba Selinuntius. Ahora vivía en la ciudad de Siracusa y trabajaba como cantero. Melos pensaba visitarlo. Hacía mucho que no se veían, y le alegraba la idea de ir a buscarlo.
«Evil Dead: En llamas»: Lo monstruoso en el núcleo familiar
por Camila Gordillo Varas
Evil Dead: En llamas (Evil Dead Burn, 2026) es la sexta película de la franquicia creada por Sam Raimi, cuya primera entrega, The Evil Dead, se estrenó en 1981 y se convirtió rápidamente en un objeto de culto para los fanáticos del horror. Desde entonces, la saga ha dado lugar a una amplia variedad de obras en distintos medios: cómics, novelas gráficas, videojuegos e incluso una serie de televisión.
Narración de Juan García Brun: «Job»
Llovía y los pasillos estaban tan oscuros como vacíos. Era de noche y mis pasos resonaban tranquilos mientras esparcía el combustible en cada una de las salas de clase. El acuario, los bancos de madera con tintero, las pizarras y las perchas al fondo. Los mapas. Humedecí los dinteles para reforzar el impacto del fuego en la estructura. Me detuve en la biblioteca, ahí tuve que reforzar utilizando el aspersor mecánico. Hice los mismo con los diarios murales y las imágenes religiosas. En el gimnasio me concentré en la zona de los caballetes y colchonetas. También subí al escenario. Llovía ahora con más fuerza y viento. Algunas ventanas mal cerradas se agitaron dejando entrar un viento a mis espaldas.
Cuento de Edgar Allan Poe: «El corazón delator»
¡Es cierto! Siempre he sido nervioso, muy nervioso, terriblemente nervioso. ¿Pero por qué afirman ustedes que estoy loco? La enfermedad había agudizado mis sentidos, en vez de destruirlos o embotarlos. Y mi oído era el más agudo de todos. Oía todo lo que puede oírse en la tierra y en el cielo. Muchas cosas oí en el infierno. ¿Cómo puedo estar loco, entonces? Escuchen… y observen con cuánta cordura, con cuánta tranquilidad les cuento mi historia.
Sergio Grez Toso: ¿Teatro ácrata o teatro obrero? Chile, 1895-1927
Resumen: este artículo está consagrado a evaluar la magnitud de la dramaturgia anarquista en Chile hacia fines del siglo XIX y durante el primer cuarto del siglo XX. Para cumplir con este objetivo, Sergio Grez se basa en el conocimiento historiográfico acumulado sobre la corriente ácrata de este país, en fuentes primarias y en los estudios de varios autores sobre el teatro chileno en general y anarquista en particular. Las afirmaciones de estos ensayistas son sometidas a crítica en contrapunto con las evidencias recogidas en las fuentes de época, incluyendo las citadas en las obras consultadas, a fin de despejar la incógnita planteada en el título de este texto. La principal conclusión del recorrido realizado por algunas obras teatrales producidas desde y para el movimiento obrero en Chile entre 1897 y 1927, es la existencia de un corpus teatral más bien libertario u obrero (en un sentido amplio) que anarquista propiamente tal, siendo la producción específica de esta última vertiente muy escasa. No obstante lo anterior, estima Sergio Grez, existió durante esos años una actividad teatral ácrata puesto que ella incluía la representación de numerosas obras de autores que sin ser anarquistas tenían contenidos y mensajes compartidos por demócratas, socialistas y ácratas.
Alejandro Montenegro, Rufino (1949-2026)
por Jorge Monetealegre Iturrra
Preocupados -principalmente con Hervi y Pía- por la falta de noticias de Rufino, decidimos ir a su casa. Con Hernán Venegas, como lo habíamos hecho en otra oportunidad, lo vistamos a su domicilio en Cerrillos, ayer, 20 de junio. Nos encontramos con la sorpresa de que había fallecido en el mes de abril. No nos enteramos en su momento, como la mayoría de quienes lo admirábamos y le teníamos afecto. Lamentamos compartir la triste noticia.
Cuento de Ryunosuke Akutagawa: «En el bosque»
Declaración del leñador ante el oficial de justicia
—Sí, señor. Fui yo quien encontró el cadáver, no hay duda. Esta mañana, como de costumbre, había ido a la parte trasera de la montaña a cortar cedros. Entonces vi el cuerpo, allí, en la espesura de la ladera. ¿El lugar exacto? Estaría a unos quinientos metros del camino de Yamashina. Es un sitio solitario, entre bambúes y cedros delgados.
Poema de Jaime Rayo: «La hora apartada»
Es una planta o una rama decapitada de improviso:
Su jugo capilar se asoma luego y petrifica.
Con elástico asombro contempla los segados dominios, Una silueta que vibra veloz,
Poema de Anne Sexton: «De su especie»
He salido, bruja poseída,
a rondar por el aire negro, más valiente por la noche;
soñando con el mal, cumplí con mi labor
Poema de Giordano Bruno: «Mi solitario viaje a aquellos sitios»
Mi solitario viaje a aquellos sitios
a los que ya volviste tu alta mente,
se eleva al infinito, pues preciso
es que el objeto iguale industrias y artes.
Enrique Symns despide al Indio Solari
Esta crónica de Enrique Symns es un valioso testimonio sobre el universo de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota porque fue escrita por alguien que no observó el fenómeno desde afuera: Symns fue parte constitutiva de aquella experiencia. Monologuista de los primeros recitales, aliado cultural de la banda y protagonista del under porteño de la dictadura y la transición democrática, ofrece aquí una mirada que combina admiración, resentimiento, nostalgia y crítica feroz.
Para Symns, Los Redonditos —como para nosotros— no fueron simplemente una banda de rock. Representaron una tentativa de construir una contracultura autónoma frente a la dictadura, la industria cultural y el espectáculo comercial. Los describe como una comunidad artística nómade, heredera de las vanguardias, que buscaba transformar cada recital en una «misa pagana», una experiencia colectiva donde el rock se mezclaba con el teatro, la poesía, la provocación y la búsqueda de nuevas formas de vida. En su relato, los Redondos aparecen como parte de una generación que pretendía «no abandonar nunca la calle» y que concebía la cultura como una intervención directa sobre la realidad social.
“¿Cruzo alguna vez por tu mente?”: el último disco de McCartney como magnífica confesión de un hombre que escribe contra sí mismo
por Juan García Brun
El primer tema del último disco de McCartney, «The boys of Dungeon Lane«, «As you lie there«(Mientras yaces ahí) —acreditada McCartney-Watt—no describe una relación amorosa. Describe una fijación. La letra parece escrita desde el punto de vista de alguien que ya no vive el deseo como conquista, sino como espectro. Eso es lo verdaderamente perturbador del texto: no hay reciprocidad, no hay historia amorosa, ni siquiera una relación. Como en Dante y Beatriz pero sin trascender a Dios, hay apenas una aparición. “Although we only met one time”. Todo el edificio emocional de la canción nace de un único encuentro y se transforma inmediatamente en obsesión, vigilancia y proyección imaginaria. En un compositor joven esto podría leerse como romanticismo adolescente. En un Paul McCartney octogenario adquiere una textura mucho más extraña y oscura: parece la confesión de alguien que sabe que ya vive más en el recuerdo y la fantasía que en el presente real.
El lenguaje como cárcel y Saussure en el país de las maravillas
por Artidoro Sotomayor
Hubo un momento en el siglo XX en que los académicos más brillantes de Europa decidieron que el problema no era lo que los textos decían, sino lo que los textos eran. Y con esa decisión, sin quererlo del todo, hicieron estallar la literatura desde adentro. París. Años sesenta. La ciudad que ya había parido el existencialismo y el surrealismo estaba incubando algo diferente. Algo frío. Casi matemático. Un grupo de pensadores empezó a hacerse una pregunta que parecía sencilla y resultó ser un abismo: ¿Qué es, exactamente, lo que hace que un texto signifique algo?
Burroughs y el disparo que inauguró la Beat Generation
por Liz Navarro
Antes de convertirse en uno de los escritores más influyentes del siglo XX, William S. Burroughs ya era conocido dentro de ciertos círculos literarios por un episodio ocurrido en la Ciudad de México en 1951: la muerte de Joan Vollmer, su esposa y una de las figuras más importantes en la formación temprana de la Beat Generation. Décadas después, el propio Burroughs escribiría que aquel acontecimiento marcó el origen de su necesidad de escribir.
Miles Davis, un siglo del gran alquimista del jazz
por Yahvé de la Cavada
Toda la historia del jazz moderno, desde el bebop hasta finales del pasado siglo, puede contarse a través de su obra, algo que no puede decirse de ningún otro músico. Muchos provocaron y protagonizaron alguna revolución musical en diferentes periodos, pero nadie como Miles Davis lo hizo tantas veces, y en todas ellas de forma rotunda y enormemente influyente. Estilos como bebop, cool jazz, hard-bop, third stream, jazz modal, post-bop o jazz-rock, además de diferentes fusiones con géneros como funk, pop o hip-hop, no se pueden entender sin el legado de Davis. Hoy, en el centenario de su nacimiento, su importancia no ha decrecido ni un ápice, y la gran mayoría de su obra, siempre en el epicentro de los terremotos musicales que fueron empujando la frenética evolución del jazz, mantiene la misma frescura que cuando se creó.
Poema de Ezra Pound: «Canto I»
Y entonces descendimos a la nave,
Enfilamos quilla a la rompiente, a la mar divina, y
Erguimos el mástil e izamos la vela en la nave prieta,
Embarcamos ovejas y nuestros propios cuerpos
Agobiados de llanto, y los vientos en popa
Nos impulsaban con velas panzudas,
Cuento de Alberto Chimal: «Álbum»
La cara de su madre. La muñeca que arrojó por la ventana. El libro que quemó. La pecera que vació en la sala. La muñeca a la que arrancó las piernas. Su primer psiquiatra. El tazón con el que golpeó a su madre. Su niñera poco antes de marcharse. Su abuela materna poco antes de marcharse. Su padre poco antes de marcharse. La cara de su madre. El gato al que metió en el horno. Su segundo psiquiatra. Su primer kínder.
Los Beatles: una lectura marxista de la creación musical colectiva
por Artidoro Sotomayor
La interminable discusión acerca de cuál de los Beatles fue “el verdadero genio” —Lennon o McCartney, Harrison o incluso Ringo Starr— revela menos sobre la música del grupo que sobre la forma burguesa de comprender la historia y el arte. La obsesión por identificar al individuo decisivo, al héroe creador oculto detrás de toda obra colectiva, reproduce exactamente la misma lógica ideológica que busca explicar las revoluciones sociales a partir de “grandes hombres”, minimizando el papel de las fuerzas históricas, las relaciones sociales y los procesos colectivos de producción.
Shakespeare: un revolucionario en Literatura
por Alan Woods
Shakespeare transformó la literatura inglesa, elevándola a alturas inauditas, y que no han sido alcanzadas posteriormente. Como un flameante meteorito a través del firmamento, arrojó una luz asombrosa sobre todo un período de nuestra historia. Su impacto en la literatura universal fue, sin duda, mayor que el de cualquier otro escritor. Sus obras han sido traducidas a todos los idiomas. Lejos de apagarse, su estrella brilla tanto como el primer día desde hace siglos.
«Él no era de una época, sino de todos los tiempos» (Ben Jonson sobre Shakespeare)
En Literatura y Revolución (1924), Trotsky escribió lo siguiente: «Una nueva clase no empieza a crear toda la cultura desde el principio, sino que se apodera de la antigua, la clasifica, la reorganiza y construye sobre ella». Si bien Aristóteles y Goethe representaban para Trotsky la cúspide del alcance humano, Edipo Rey, de Sófocles, le pareció una obra que «expresa la conciencia de todo un pueblo”. Lo mismo podría decirse de William Shakespeare, el más célebre escritor de habla inglesa.
Carta de K. Krüpskaia y V. I. Lenin a la madre de Lenin, M. Alexándrovna Blank (Ulianova)
La publicación de esta carta intercambiada entre Nadezhda Krúpskaya, Vladímir Lenin y María Aleksándrovna Blank (Uliánova), madre de Lenin, posee un valor que va mucho más allá de la simple curiosidad histórica. En tiempos donde la política suele aparecer degradada a la mera gestión tecnocrática, estas líneas permiten asomarse a una dimensión frecuentemente olvidada del movimiento revolucionario: la profundidad humana, afectiva y familiar que acompañó a quienes dedicaron su vida a la revolución social.
Cuento de Aldous Huxley: «El retrato»
—Cuadros —dijo Mr. Biggers—, usted quiere ver unos cuadros. En este momento tenemos aquí una exposición muy interesante de cosas modernas de contraste admirable: cosas inglesas y cosas francesas…
El comprador alzó una mano y sacudió la cabeza:
—No, no; nada de cosas modernas —dijo con agradable acento del Norte—. Quiero cuadros de verdad, cuadros antiguos. De Rembrandt, de Reynolds… Cosas así.
Del hombre a la mercancía: cómo Antoine Fuqua borró a Michael para filmar a Jackson
por Mario Peña
En el primer borrador del guion de Michael, el plano que daba comienzo a la cinta era uno en el que Michael Jackson miraba entristecido la ventana de una de las habitaciones de Neverland, rancho de más de mil hectáreas donde habitaba, mientras llegaba la policía después de ser acusado de abuso sexual a menores en ese mismo lugar. En el corte proyectado en salas, la película arranca con un plano de Michael llegando al escenario en uno de sus más icónicos conciertos en 1988, el Bad Tour en Wembley. Poco más hay que añadir frente a lo esclarecedor de este hecho respecto a la concepción original y reescrituras posteriores del libreto una vez la familia Jackson ejercieron como productores ejecutivos.
Cuento de Miguel de Unamuno: «El desquite»
Después de cavilar muy poco he rechazado el uso que emplea la voz galicana revancha, y me atengo al abuso, quiero decir, al purismo que nos manda decir desquite. Que nadie me lo tenga en cuenta.
Esto del desquite es de una actualidad feroz, ahora que todos estamos picados de internacionalismo belicoso.
Poema de Pablo Neruda: «Oda al niño de la liebre»
A la luz del otoño
en el camino
el niño
levantaba en sus manos
no una flor
ni una lámpara
sino una liebre muerta.
Hacer cantar en español a Shakespeare
por Sebastián Duarte
La reedición de dos traducciones de Shakespeare, llevadas a cabo por Idea Vilariño y Raúl Zurita, es motivo de celebración y una oportunidad para pensar en la importancia que traducir al dramaturgo inglés ha tenido para tantos poetas hispanoamericanos. Solo para quedarnos en el caso de Chile, aquí tenemos aquella icónica traducción y, en algún sentido, apropiación —pese a ser sorprendentemente “fiel” a la obra, dejando de lado por un momento lo problemático de aquel concepto—: Lear, rey & mendigo, de Nicanor Parra, quien intentó además traducir Hamlet, un proyecto que por desgracia quedó inconcluso; también vale la pena recordar la traducción de Pablo Neruda de Romeo y Julieta, y otras dos adaptaciones más recientes en las tablas nacionales: La tempestad, reescrita por el gran dramaturgo Juan Radrigán, y El sueño de una noche de verano, en décimas que lograron capturar su sentido del humor, de los payadores Luis Villalobos y Manuel Sánchez.
Tiburón y el fin de la inocencia imperial
por Juan García Brun
La irrupción de Tiburón (Jaws) en 1975 no puede comprenderse como un simple hito del cine de suspenso, sino como una condensación estética de una mutación histórica más profunda: el pasaje de una sociedad que se pensaba invulnerable a otra que comienza a intuir su propia fragilidad. En ese sentido, la obra de Steven Spielberg procesa, bajo la forma de entretenimiento popular, el trauma político de la derrota en Vietnam, del mismo modo en que Moby-Dick de Herman Melville había elaborado, un siglo antes, las tensiones de un mundo sacudido por el agotamiento del proyecto absolutista. En ambos casos, el monstruo —ballena o tiburón— no es un objeto, sino una mediación simbólica: lo desconocido que irrumpe para desmentir la ilusión de dominio.
«El infame Ramírez Hoffman»: una profanación estética
por Ana Arzoumanian
Tanto en la actuación de John Malkovich como en la prosa de Roberto Bolaño —para el montaje escénico y teatral presentado hace unos días tanto en Santiago de Chile como en la ciudad de Buenos Aires— hay una sensación de lo sin consuelo, una conciencia de que algo no termina de encajar. Sin embargo, ese desacople, mientras que en el actor estadounidense es un tejido que se encarna, en el escritor chileno corresponde a una fuerza que se fuga de sí con el fin de buscar el cuerpo del otro de una forma canibalesca (en este caso, del poeta Raúl Zurita).
García Lorca y sus verdugos: el crimen que España tardó medio siglo en nombrar
por Jordi Ruiz
La madrugada en que asesinaron a Federico García Lorca no murió únicamente un poeta. Con él murió también un proyecto de una forma de España. Una España que aspiraba a ser culta, moderna, republicana, laica, artística y socialmente avanzada. Durante décadas, sin embargo, el relato de aquella muerte fue envuelto en una niebla de silencios, ambigüedades y eufemismos. Se habló de “fusilamiento”, de “caos de guerra”, de “excesos inevitables”.
Cuento de Raymond Carver: «Catedral»
Un ciego, antiguo amigo de mi mujer, iba a venir a pasar la noche en casa. Su esposa había muerto. De modo que estaba visitando a los parientes de ella en Connecticut. Llamó a mi mujer desde casa de sus suegros. Se pusieron de acuerdo. Vendría en tren: tras cinco horas de viaje, mi mujer le recibiría en la estación. Ella no le había visto desde hacía diez años, después de un verano que trabajó para él en Seattle. Pero ella y el ciego habían estado en comunicación. Grababan cintas magnetofónicas y se las enviaban. Su visita no me entusiasmaba. Yo no le conocía. Y me inquietaba el hecho de que fuese ciego. La idea que yo tenía de la ceguera me venía de las películas. En el cine, los ciegos se mueven despacio y no sonríen jamás. A veces van guiados por perros. Un ciego en casa no era una cosa que yo esperase con ilusión.
Los Tres derrotan a la nostalgia con un crucifijo marca INRI
por Artidoro Sotomayor
El lanzamiento de XCLNT no viene a satisfacer la ansiedad de una generación que busca reencontrarse con su pasado, sino a desmentirla. Los Tres no regresan para recordar: regresan para disputar el presente. En una época en que la industria cultural ha convertido la memoria en mercancía —reuniones, aniversarios, giras de grandes éxitos— este disco irrumpe como un soplo vital. No hay aquí complacencia ni reciclaje. Hay, en cambio, una afirmación: el rock, entendido como forma viva de la música popular, todavía puede producir futuro.
Las entrevistas de Roberto Bolaño: explosivo, espontáneo, iconoclasta, generoso
por Patricio Pron
«Notas para una autobiografía» reúne muchas de las entrevistas concedidas por el escritor entre 1975 y 2003. Más que trazar un retrato íntimo, el libro ahonda en la confusión entre vida y obra que el chileno abordó en sus novelas. Dar una entrevista es como hacer cualquier otra cosa; por ejemplo, algo que no se parezca en nada a dar una entrevista, como gritarle a un desconocido al otro lado de la calle o jugar al tenis sin un oponente. De a ratos, es como el largo martirio de ser “pisoteado hasta la muerte por los gansos” del que habló Søren Kierkegaard. Una agonía insostenible en la que —a menudo— alguien que no sabe preguntar interroga a una persona que no puede responder y sólo piensa en la salida de emergencia. Y sin embargo, seguimos dando entrevistas, y haciéndolas, y Roberto Bolaño (Santiago de Chile, 1953-Barcelona, 2003) concedió muchas a lo largo de su vida; en especial, durante los algo menos de diez años que van de La literatura nazi en América (1996) hasta su muerte.
Reseña de «Una introducción a la teoría literaria» de Terry Eagleton: una lectura marxista
por Alejandro Valenzuela Torres
La obra de no es simplemente un manual de teoría literaria: es, en sentido estricto, una intervención política en el campo de la crítica. Leer a Terry Eagleton equivale a desmontar una ilusión profundamente arraigada en la cultura burguesa: la idea de que la literatura es un territorio neutral, autónomo, separado de las luchas sociales. Desde sus primeras páginas, Eagleton muestra que aquello que llamamos “literatura” no es una esencia eterna ni una categoría objetiva, sino una construcción histórica, atravesada por relaciones de poder, por jerarquías sociales y por la ideología dominante. Como él mismo sugiere, no existe una definición fija de literatura, sino formas históricas de leer y valorar los textos . Este gesto teórico, que podría parecer académico, es en realidad profundamente subversivo: desnaturaliza el canon, desarma la autoridad cultural de la burguesía y abre la posibilidad de una crítica radical.
Pinochet y un nazi en Chile: Philippe Sands, el escritor que imparte justicia sobre el convulso siglo XX
por Javier Lafuente
Philippe Sands había leído sobre Walther Rauff cuando era estudiante. En su libro En la Patagonia, la que Roberto Bolaño consideraba como un emblema del realismo mágico sudamericano, Bruce Chatwin escribía: “Va en coche a una planta industrial que huele a mar. Por todas partes lo rodean cangrejos de color escarlata que se arrastran, y después son hervidos. Oye cómo se quiebran los caparazones y se rompen las pinzas. Es un hombre eficiente, con alguna experiencia anterior en la línea de producción. ¿Recuerda aquel otro olor a quemado? ¿Y aquel otro sonido de voces que cantan por lo bajo? Se atribuye a Herman (Walther) Rauff la invención y aplicación del horno de gas móvil”.
Cuento de Hermann Hesse: «Acerca de los dos besos»
PIERO CONTÓ:
Esta noche hemos hablado de nuevo sobre el beso y hemos discutido acerca de qué clase de beso era el que nos procuraba más felicidad. Es propio de los jóvenes responder a eso; a nosotros, a la gente mayor, ya nos ha pasado la edad de tentativas y probaturas y, para esos importantes menesteres, sólo podemos recurrir a nuestra engañosa memoria. De mis humildes recuerdos, os quiero, pues, contar la historia de dos besos que fueron para mí a la vez los más dulces y los más amargos de mi vida.
Solidaridad y amor con la Librería Crisis
por Guillermo Correa
Hay hechos, circunstancias o situaciones que, aunque nos parezcan distantes, provocan potentes emociones en uno, asumiéndolas como propias. Esto es precisamente lo que me sucedió y, creo, le sucedió a muchos porteños y porteñas, cuando supe que la Librería Crisis se había incendiado el pasado 24 de marzo y que la pérdida había sido prácticamente total.
Novela de Juan Rulfo: «Pedro Páramo»
Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera. Le apreté sus manos en señal de que lo haría, pues ella estaba por morirse y yo en un plan de prometerlo todo. «No dejes de ir a visitarlo -me recomendó. Se llama de este modo y de este otro. Estoy segura de que le dar gusto conocerte.» Entonces no pude hacer otra cosa sino decirle que así lo haría, y de tanto decírselo se lo seguí diciendo aun después de que a mis manos les costó trabajo zafarse de sus manos muertas.
Cuento de Mario Benedetti: «No tenía lunares»
La otra cabeza en la almohada. Rafael mira hacia arriba, rígido. Cuando despierte no sabrá donde se halla. Luego ella dirá: «Querido», y todo volverá a su cauce. Esta horrible posición le produce cansancio en los tobillos. Anoche dijo. Ni pensar en moverse. Ni pensar en nada que pueda despertarla. Entonces ella empezaría con sus empalagosos mimos matinales y se acabaría la sensación de reposo, esta especie de coherente aproximación a sí mismo. Anoche dijo: Nadie puede saberlo, nunca. Pasa un carro del mercado. Los únicos ruidos del mundo. Los ronquidos y el carro. ¿Nadie puede saberlo? Cuatro moscas recorren los párpados de Carlitos dormido. Vamos por partes. Ella no quiere que venga Francisco. Sin embargo.
Cuento de Philip K. Dick: «El informe de la minoría»
«Me estoy quedando calvo», pensó Anderton al ver al joven. «Calvo y gordo y viejo.» Pero no lo dijo en voz alta. En cambio, empujó la silla hacia atrás, se puso de pie y rodeó el escritorio con la mano derecha firmemente extendida. Sonriendo con forzada amabilidad, le estrechó la mano al joven.
—¿Witwer? —preguntó, ingeniándoselas para que el tono sonara cordial.
Cine: «Nüremberg» ¿Una reflexión de lo que puede ocurrir con Trump?
por Juan García Brun
La película Nüremberg, dirigida por James Vanderbilt y protagonizada por Russell Crowe en el papel de Hermann Göring, puede ser leída de forma mucho más fecunda si se la sitúa en el contexto histórico inmediato en el que aparece: el de la crisis del orden internacional nacido tras la Segunda Guerra Mundial. Ese orden, estructurado en torno a los acuerdos de Yalta y Potsdam, garantizó durante décadas la hegemonía estadounidense en el sistema mundial acentuada por la desaparición de laUnión Soviética durante la fase unipolar neoliberal consagrada por el llamado Consenso de Washington. La aparición de Nüremberg coincide precisamente con el agotamiento histórico de ese ciclo.
Cuento de Jean Paul Sartre: «Eróstrato»
A los hombres hay que mirarlos desde arriba. Yo apagaba la luz y me asomaba a la ventana: ni siquiera sospechaban que pudiera observarlos desde lo alto. Cuidan la fachada, a veces la parte de atrás, pero todos sus efectos están calculados para espectadores de un metro setenta. ¿Quién ha reflexionado alguna vez sobre la forma de un sombrero hongo visto desde un sexto piso? No se preocupan de defender sus hombros y sus cráneos con colores vivos y telas llamativas, no saben combatir ese gran enemigo de lo Humano: la perspectiva en picado. Yo me asomaba y me echaba a reír: ¿dónde estaba, pues, esa famosa «postura erguida» de la que están tan orgullosos? Se aplastaban contra la acera y dos largas piernas medio rastreras salían de debajo de sus hombros.
Cuento de Osamu Dazai: «Ubasute»
En ese momento, ella murmuró con voz extraña:
—Está bien. Yo me encargaré de todo. Desde el principio estaba resuelta a hacerlo. De veras, ya no hay más que decir.
— Eso no puede ser. Sé bien cuál es tu resolución. Piensas morir sola, o si no, abandonarte y hundirte sin importarte las consecuencias. Algo así, supongo. Tienes padres y un hermano menor. No puedo quedarme de brazos cruzados sabiendo lo que pretendes.
Aunque sus palabras sonaban sensatas, a Kashichi también le entraron de pronto ganas de morir.
Anthony Burgess: «Para entender a Virginia Woolf»
Hace cincuenta años, el 28 de marzo de 1941, la escritora inglesa Virginia Woolf moría ahogada en el río Ouse. Tenía. 59 años y se había convertido en una de las mentes más polémicas y profundas de la literatura inglesa contemporánea.
Allen Ginsberg en Chile: «A la busca del chamico»
por Antonio Díaz Oliva
En 1960 Allen Ginsberg estuvo en Chile invitado a un congreso de escritores. Ya es parte de la pequeña historia que se quedó más tiempo del presupuestado, que alojó donde Nicanor Parra, que hizo defensas públicas de la marihuana y que viajó por el sur mientras terminaba Kaddish, el famoso poema dedicado a la muerte de su madre. William Burroughs había visitado América Latina en 1953, en busca de drogas. Cuando Ginsberg le contó que lo habían invitado a Chile, y que usaría esa invitación como excusa para viajar y drogarse, Burroughs le hizo el siguiente comentario: «Si ves algo horrible, no te aferres. Si ves algo hermoso, tampoco te aferres».
Brecht y Benjamin juegan ajedrez en 1934
por Artidoro Sotomayor
En la fotografía vemos a dos figuras marxistas inclinadas sobre un tablero de ajedrez en los años treinta. A la izquierda, Bertolt Brecht conduce las piezas blancas; a la derecha, Walter Benjamin —con lentes y un modesto chaleco de lana sin mangas— responde con las negras. La escena, aparentemente trivial y quizá doméstica, encierra una tensión que excede el tablero: dos modos de intervención crítica enfrentados —y complementarios— en el momento más oscuro de la historia alemana moderna.
Poema de Pablo Neruda: «Tu risa»
Quítame el pan si quieres,
quítame el aire, pero
no me quites tu risa.