Narración de Lisa Fittko: «La historia del Viejo Benjamin»

El 26 de septiembre de 1940 Walter Benjamin se suicidó por sobredosis de morfina en una pensión de Port Bou. Un evidente suicidio inducido. Por eso cabe preguntar: ¿Quién mató a Walter Benjamin? Pro memoria, y por si así es posible saber qué ocurrió con el manuscrito que portaba, cuya salvación le parecía más importante que la de su propia vida. Los testimonios de Lisa Fittko y Henny Gurland permiten reconstruir aquel brutal episodio de la colaboración entre nazis y franquistas. Un episodio del que se han borrado las huellas: en el hermoso cementerio marino de Port Bou la tumba de Benjamin se ha esfumado y en el pueblo nadie recuerda nada, sin que falten algunas frustradas tentativas de la tradicional picaresca española. Un aura de misterio sigue rodeando la muerte de Benjamin en Port Bou, pero puede y debe esclarecerse.

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Poema de Camilo Godoy: «Atención volvieron los camisas negras»

Atención volvieron los camisas negras al territorio chileno continental pero esta vez no marcharán sobre Roma pidiendo que ascienda el Duce sino que aumentarán los decibeles en los medios masivos de comunicación donde primero el matinal muestra la historia de la pobre señora juanita a quien se le inundó su casa y luego se viene el festín culinario agárrate que son quince son veinte son treinta cuarenta cincuenta sesenta no importa los años que tienes es el tiempo el que no se detiene.

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«Sobre la noche el cielo y al final el mar»: El archivo desmembrado de Raúl Zurita

por Nicolás López Pérez

Con el título de este libro, pienso en ese volumen de ensayos Sobre el amor, el sufrimiento y el nuevo milenio (2000) y en esas flores de la portada que solo se nos muestran como luces a lo lejos. En ese texto, Raúl Zurita (Santiago de Chile, 1950) zurce unas páginas indelebles a la humanización de las prácticas literarias.

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John Reed: «Los derechos de las naciones pequeñas»


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Había ido a que me visaran el pasaporte en el consulado búlgaro de Bucarest, cuando entró Frank para el mismo asunto. Enseguida me percaté de que era norteamericano. Las mareas de la inmigración habían lavado su sangre, los hermanos Leyendecker influyeron en el corte de su nariz y su quijada, y tanto su aspecto como su caminar eran naturales y sencillos. Era rubio, joven, “irreprochable”. Bajo la ropa inglesa de imitación de paño de lana que cortan los sastres rumanos, su cuerpo era el de un velocista universitario que todavía no se ha vuelto fofo, construido tan económicamente como el de un animal salvaje.

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Vive Gómez Rojas

por Juan García Brun

El 2007, luego de la rebelión pingüina, se cambió el nombre de la plaza que enfrenta a la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile por el del Papa Juan Pablo II. Se tomó el nombre de este célebre anticomunista para borrar el nombre del primer mártir del movimiento estudiantil chileno, el compañero y poeta José Domingo Gómez Rojas. 

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«Malmkrog»: una experiencia de clase

por Mariona Borrull

No se confundan: las tres horas y media del último entrecot cinematográfico de Cristi Puiu no son un paseo. Sin embargo, a los que aguanten les espera una de las experiencias cinematográficas más estimulantes del año. Para ello, Puiu adapta una de las grandes obras del filósofo ruso Vladímir Soloviov (1853-1900), Los tres diálogos y el relato del Anticristo. Una fuente lejana para el director, que hasta el momento había puesto su lupa en entornos inmediatamente contemporáneos. A la vez, nada mejor para una cinta como Malmkrog, una apuesta que, por su condición cerebral y su frenética relación de palabras habladas por minuto, empalaga, juega con el espectador mientras se sumerge progresivamente en un diálogo consigo misma. A la hora de hacerle frente, hay multitud de ejes temáticos por tomar, pero no es intención de este texto abarcarlos todos (tampoco podríamos, al no conocer el material original en profundidad), ni la crítica es el formato idóneo para encararlo. En todo caso, sí procede ofrecer puntos de partida que estimo interesantes para leer una obra tan opaca como la presente.

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Foucault y los orígenes del término biopolítica

por Vicente Serrano

Hasta donde me consta, el término biopolítica aparece en Foucault por primera vez en el año 1974, en una conferencia pronunciada en Río de Janeiro. Allí afirma: “con el capitalismo no se pasó de una medicina colectiva a una medicina privada, sino que ocurrió precisamente lo contrario, el capitalismo se desarrolló a finales del siglo xviii y comienzos del siglo xix, socializó un primer objeto, que fue el cuerpo, en función de la fuerza productiva, de la fuerza de trabajo. El control de la sociedad sobre los individuos no se operó simplemente a través de la conciencia o de la ideología, sino que se ejerció en el cuerpo y, con el cuerpo. Para la sociedad capitalista lo más importante era lo biopolítico, lo somático, lo corporal. El cuerpo es una realidad biopolítica; la medicina es una estrategia biopolítica” (1999b, 363-366). El contexto es bastante claro y presenta cierta continuidad con sus trabajos anteriores, pues guarda una relación directa con la consideración de la medicina como discurso. Por lo demás, el uso del término biopolítica no es tan sorprendente si establecemos su parentesco con el término bioética,[1] ya implantado en la década de los 70. Lo que le interesa a Foucault en este momento es señalar cómo hay toda una política que tiene que ver con los cuerpos y que esa política es precisamente propia del capitalismo, en cuyo seno la medicina, como un saber característico, pasa a ocupar una función de poder a la que denomina en ese momento biopolítica. Ha descubierto, además, que ese saber sobre los cuerpos se va a convertir en una herramienta esencial de gobierno, noción que en esta conferencia contrapone ya a la ideología, y que será central cuando la biopolítica se convierta en breve en una alternativa a las teorías del poder modernas.

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El último combate de un profeta desarmado

por Francisco Fernández Buey

A pesar de lo mucho que se ha escrito sobre Las Casas en todo el mundo, la obra de sus últimos años es poco conocida todavía. Y, sin embargo, constituye uno de los capítulos más apasionantes de la historia de la ideas del siglo XVI. Varios factores han contribuido a este desconocimiento. El primero de ellos es, desde luego, el cambio de clima cultural que se produjo en España a partir de 1559, después de la detención del arzobispo Carranza y del regreso de Felipe II a Valladolid. La censura de libros impuesta entonces por Fernando Valdés impidió a Las Casas seguir publicando. De hecho, ninguno de los escritos lascasianos del período 1559-1565 fue conocido en su época, salvo por los destinatarios de los mismos (en el caso de las cartas o memoriales) o por un número muy limitado de amigos y correligionarios. Varios de estos escritos han ido apareciendo, mucho tiempo después, en bibliotecas francesas o alemanas. En general, el desfase entre la magnitud de la obra escrita por Las Casas a lo largo de su vida y el número de lectores que la misma debió de tener en la España de la década de 1550 ya era enorme. La circunstancia en que se publicaron hizo que incluso los Tratados de 1552 se hayan leído entonces mucho más en América (en México, Guatemala, Nicaragua o Perú) que en España. El desfase entre la actividad pública del procurador de los indios entre 1559 y 1565, una actividad que siguió siendo notabilísima, y el pequeñísimo número de lectores que tuvo a partir del momento en que la censura inquisitorial le prohibió publicar, hace de Las Casas un caso bien insólito en los comienzos de la Europa moderna. Y seguramente es por ahí, en este contraste, por donde debe buscarse el origen y persistencia de la “leyenda” que desde el siglo XVII ha ido unida a su nombre.

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Cuento de Edgar Allan Poe: «El barril de amontillado»

Lo mejor que pude había soportado las mil injurias de Fortunato. Pero cuando llegó el insulto, juré vengarme. Ustedes, que conocen tan bien la naturaleza de mi carácter, no llegarán a suponer, no obstante, que pronunciara la menor palabra con respecto a mi propósito. A la larga, yo sería vengado. Este era ya un punto establecido definitivamente. Pero la misma decisión con que lo había resuelto excluía toda idea de peligro por mi parte. No solamente tenía que castigar, sino castigar impunemente. Una injuria queda sin reparar cuando su justo castigo perjudica al vengador. Igualmente queda sin reparación cuando ésta deja de dar a entender a quien le ha agraviado que es él quien se venga.

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«Maixabel», la víctima frente al verdugo

por José Martín León

Si por algo se ha caracterizado el cine de Icíar Bollaín ha sido por dar voz a quien, muchas veces, no la han tenido. Con una carrera de más de 25 años como realizadora –como actriz había debutado en una de las obras maestras de nuestro celuloide, El sur(Víctor Erice, 1984), a la tierna edad de dieciséis años, y, desde entonces se habían sucedido notables trabajos en obras como Tierra y libertad (Ken Loach, 1995), Leo (José Luis Borau, 2000) o Nos miran (Norberto López Amado, 2002)– que comenzó brillantemente con la fresquísima Hola, ¿estás sola? (1995), Bollaín ha demostrado una gran sensibilidad a la hora de tratar temas “incómodos” en sus películas, de esos por los que muchos espectadores preferirían mirar hacia otro lado para no querer ver unas realidades que, lamentablemente, están presentes en cada esquina de nuestra sociedad.

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Diderot, el ateísmo apacible

por Pascal Charbonnat

Como todos los materialistas del siglo XVIII, Diderot hace una crítica de la religión que apunta a establecer la falsedad de todos los cultos. Al igual que Du Marsais, en sus años de juventud pasa por un deísmo del que extrae sus primeros argumentos contra el oscurantismo. Llega al ateísmo cuando examina los fundamentos del conocimiento. Esta posición se vuelve definitiva tras sus primeras representaciones del mundo y de la materia. El ateísmo de Diderot no es más que una consecuencia, no un motor, de concepciones más amplias.

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Cuento de Juan Rulfo: «No oyes ladrar a los perros»

 —Tú que vas allá arriba, Ignacio, dime si no oyes alguna señal de algo o si ves alguna luz en alguna parte.
        —No se ve nada.
        —Ya debemos estar cerca.
        —Sí, pero no se oye nada.
        —Mira bien.
        —No se ve nada.
        —Pobre de ti, Ignacio.

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Los esponsales de Hannibal

por Juan García Brun

Esta es la escena fundacional de una tragedia amorosa de magnitudes insondables. Lécter le dice a Clarice, luego de una cena de elegancia infernal y de haberse salvado ambos de la muerte: «He atravesado el mundo sólo para verte correr. ¿Cuándo me vas a pedir que pare?, ¿Si me amas, para?». Ella responde: «Jamás» y llora. Después del beso unilateral -pero no forzado- ella lo esposa, en minutos llega la policía, él se corta la mano y antes le dice: «esto va a doler». La bella, la bestia, reflejadas contra un río nocturno en el que Hannibal se pierde. 

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Despedimos a Patricio Manns: la voz de la resistencia, una voz de la revolución

por Gustavo Burgos

Ayer en la mañana Lucho Aguirre Smith me lo informó: «Murió Pato Manns». Quedé helado aunque era algo sobradamente anunciado. Suelo comunicar la muerte de personas famosas a mi amigo Adolfo Mena, rubricado con la expresión «decora el oriente eterno» una referencia masónica, con la que liberamos la tensión que provoca la muerte de muchos que han conformado nuestro Olimpo intelectual, político e histórico. Pero con Pato Manns no pude hacer esa broma, porque aunque nunca escuché su música, ni leí sus textos con la dedicación que se merecen, Manns es una figura paradigmáticamente venerable, de aquellas que hacen sentir orgullo por haber sido su coetáneo y cuya presencia prevalecerá.

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Pórtland y lágrimas, 50 años de Construção, de Chico Buarque

por Guilherme de Alencar Pinto

A partir de mediados de la década del 60, la canción popular tendió a volverse seria. Fue un fenómeno global, y quizá la manifestación más notoria haya sido la constitución de ese campo de acción nuevo al que solemos llamar rock, es decir, el momento en que la música beat juvenil se impregnó de la noción de arte y de estética en cuanto actitud autoconsciente, sujeta a la crítica y a la noción de evolución histórica. Es difícil decir si el rock tuvo una influencia tan fuerte que también condicionó terrenos alejados de él, o si hubo algún fenómeno más general del cual puede verse como una parte. El hecho es que, en ese momento, también estaban José Afonso en Portugal, Daniel Viglietti en Uruguay, Fela Kuti en Nigeria: todos asumiendo actitudes que volvían totalmente obsoleto el calificativo de música ligera con el que algunos habían intentado definir la música popular por oposición a la música erudita, a la que se consideraba la única seria.

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La piedra lunar y la India británica (1857, 1868 y 1876)

por Philip V. Allingham

La acción principal de la novela La piedra lunar se desarrolla en los años 1848-49, en la época de la segunda guerra británica en la India, que estableció el control británico sobre ese país mediante la anexión de vastas zonas del Punjab. El prólogo, descrito como «Asalto a Seringapatam» y fechado en 1799, subraya la importancia de la historia en el relato. Una importante victoria inglesa en lo que fue la Cuarta Guerra Anglo-Mysore de 1789-99 marcó el inicio del gobierno de Arthur Wellesley como Gobernador General, quien se caracterizó por una diplomacia despiadada que extendía lo que Wellesley denominaba «el imperio» de la Compañía de las Indias Orientales. De hecho, la victoria en Seringapatam, como sabía Collins, representó el establecimiento de Inglaterra como la principal potencia en el subcontinente, confirmando al mismo tiempo la expansión y la explotación como práctica habitual de la compañía.

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El lado oscuro de Neruda: estalinista y como consecuencia de ello, un contrarrevolucionario

por Juan García Brun

En la fotografía, Neruda —junto a Borges, el más grande poeta de la lengua castellana de los últimos doscientos años— firma la primera edición del Canto General, ilustrada por Diego Rivera (al centro) y David Alfaro Siqueiros (a la izquierda), el otro muralista que quiso ejercer de pistolero matando a Trotsky y a quien la cobardía y la borrachera le impidieron cobrar la pieza.

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Narración de Felipe Navarro: «Modelo»

La narración que presentamos, tomado de nuestros amigos argentinos de Borrador Definitivo, está íntimamente ligada a la pintura que sirve de portada a esta entrada. Hace algún tiempo Juan García Brun —de nuestra revista— analizó la casa junto a la línea de tren, también de Hopper, una casa cuya imagen usa Hitchcock en Psicosis como fondo de la psiquis de Norman Bates. Brun dice que esa línea de tren «no se sabe si viene o se va». Aquél texto también está salido de los márgenes, un ferrocarril de realidad entra en la inquietante atmósfera del pintor norteamericano y completa ese espíritu extraterrestre que subyace a toda experiencia humana relevante.

Volviendo a la pintura, la misma es hermana de otra en la que el bombero parece trabajar sobre la máquina expendedora y el fondo de tal acción es amenazado por un bosque oscuro, recortado contra un cielo aún celeste que se apaga. Tal imagen es el tapiz del computador en el que se escriben estas líneas. En esta otra, digamos la de Navarro, el hombre descansa ausente y una mujer —de ojos tenebrosamente ausentes— a sus espaldas se asoma desde una ventana de la estación de servicio. Puede ser que lo haga para gritarle.

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Crítica de «The Card Counter», de Paul Schrader: Dios habla bajito, el Diablo filma en ojo de pez

por Mariona Borrul

Como un gigantesco astro a punto de extinguirse, Paul Schrader se ha encomendado a su propia inmolación. Pareciera que su ritual de autodestrucción hubiera podido completarse allá en 2017, cuando arrojó a Ethan Hawke, literalmente flotando por entre la inmensidad del universo, en una de las secuencias más kitsch e insólitamente desoladoras de la historia del cine reciente. Schrader entonces dinamitaba su propio mecanismo dramático a base de un desasosiego sin filtros, que de tanto malestar devenía absurdo, exponiéndonos a un mundo sin salvación, por lo menos no más allá del suicidio colectivo. Al final, el bombazo resultaba mudo pero ensordecedor, tanto dentro como fuera de la pantalla. ¿Y luego qué? Después vendría, claro, más de lo mismo. Repite Schrader su trabajo infatigable sobre bases bressonianas, versiona una vez más el arquetipo que él mismo reconocía en El estilo trascendental del cine: aquel «hombre que se sienta a solas en una habitación», aquel tipo que lleva una máscara que no es más que su oficio. Hoy, el hombre tratará de sanar un presente mancillado por los escombros de otra gran explosión, desgranando con paciencia aquello que aún puede ser salvado de aquel que no. Tan simple y profundamente cerebral como un verso bíblico, su viaje de redención aún nos queda grande.

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Arthur Schopenhauer: «Pensar por sí mismo»

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La biblioteca más grande, pero desordenada, nunca será tan útil como una pequeña pero bien arreglada. Puedes acumular una vasta cantidad de conocimiento, empero será de un valor mucho menor para ti que una cantidad más pequeña si no la has ponderado por ti mismo; ya que únicamente desde el ordenamiento de lo que sabes, mediante el contraste de una verdad con otra, podrás cobrar total posesión de tu conocimiento y meterte dentro de tu poder. Podrías pensar únicamente sobre lo que sabes, y entonces has de aprender algo; o, en cambio, podrías únicamente saber sobre lo que has pensado.

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Cómo los músicos del mundo cantaron al Chile post Golpe

por Roberto Hofer

Bob Dylan fue uno de los organizadores del recital The Friends of Chile Benefit Concert en el Madison Square Garden, a beneficio de los exiliados chilenos. Así como la historia da para todo, muchas veces circunstancias trágicas marcan el sino de algunos países. Chile no ha sido la excepción, con aquella sangrienta jornada del 11 de septiembre de 1973 y su oscura secuela que dejó al país con una herida difícil de cerrar.

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Cuento de León Tolstoi: «Las tres preguntas»

Cierto emperador pensó un día que si conociera la respuesta a las siguientes tres preguntas, nunca fallaría en ninguna cuestión. Las tres preguntas eran:

¿Cuál es el momento más oportuno para hacer cada cosa?

¿Cuál es la gente más importante con la que trabajar?

¿Cuál es la cosa más importante para hacer en todo momento?

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Los mejores poemas no se escriben en papel

por Emilio Santiago

“Poesía, vida futura en el interior del hombre que ha ganado en calidad” René Char

Hubo un tiempo en que se entendió, y hasta se dio por asumido (pienso en la Internacional Situacionista y su influencia en el 68 francés), que categorías como arte o literatura eran expresiones culturales históricas. Esto es, realidades que no conformaban un universal antropológico, algo presente en cualquier sociedad imaginable, sino que estaban circunscritas a una época concreta, la modernidad capitalista. Más aún, para estos discursos el arte y la literatura en tanto que formassociales, independientemente de que sus contenidos fueran ideológicamente progresistas o reaccionarios, encarnaban muchos rasgos alienantes y opresivos del capitalismo moderno y ayudaban a reproducirlo. A su vez, como todas las realidades históricas, el arte o la literatura debían pensarse como fenómenos transitorios. Y por tanto susceptibles de ser transformados mediante la lucha y el conflicto hacia nuevas formas de organizar la creatividad y el juego simbólico que fueran más liberadoras. El argumento no dejaba de ser una aplicación de la noción de historicidad que nos enseñó a pensar el marxismo a otras facetas de la vida social, más allá de la economía o la política. Del mismo modo que las relaciones mercantiles, la propiedad privada o el Estado eran susceptibles de desaparecer dando lugar a una sociedad nueva y superior, la misma esperanza utópica podía ampliarse a los esquemas perceptivos, a la sensibilidad o las diversas formas culturales de conjugar la belleza.

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Poema de Gregory Corso: «Matrimonio»

¿Debería casarme? ¿Debería ser bueno?

¿Dejar sorprendida a la vecina con mi traje de terciopelo y mi gorro fastuoso?

No invitarla a ver películas pero sí a cementerios

contarle todo acerca de las tinas licántropas y los clarinetes curvados

luego desearla y besarla y todos los preliminares

y ella sin querer llegar más lejos y yo al entender bien por qué

sin enojarme decirle ¡Tienes que sentir! ¡Es hermoso sentir!

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La soledad perpetua de Nina Simone

por Helena Celdrán

La expresión de Nina Simone sentada frente al piano era de seriedad intimidatoria. Su belleza física escapaba de las proporciones áureas: tenía nariz ancha, ojos tristes, boca grande… La voz, de madera noble, sigue resonando profunda y felina, rodeada de un halo religioso, entre el desengaño y la fe. Mezclaba su estricta educación clásica con composiciones agridulces, un registro grave bien utilizado y un carácter que le dio fama de altiva. El Cotilleando a… de esta semana es para Nina Simone, conocidad a su pesar (porque no quería etiquetas) como la Máxima Sacerdotisa del Soul.

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Sobre Barricadas A Go-Go. Apuntes sobre la escena musical japonesa de 1968 a 1977, de Julio Cortés

por Moro Maxwell

Cuando leí Barricadas A Go-Go, de Julio Cortes, quedé fascinado por el texto, por varias razones. En primer lugar, y lo más evidente, es que contiene una avalancha de información que nos deja perplejos, acerca de un movimiento y de una realidad “lejana” y desconocida; información que se presenta de manera orgánica, reflexiva y crítica. Aprendí mucho leyéndolo, y lo disfruté. Luego uno comienza a digerirlo, a interpretar y a plantearse las inevitables preguntas. Aparece como ineludible la consabida y problemática relación entre la Historia y las formas artísticas, mediada siempre por la política. ¡Esa tríada! Es estimulante el modo en que Julio va ilustrando las tesis de correspondencia entre estas tres dimensiones de la realidad. Urdiendo una trama en la búsqueda del momento en que el límite entre arte y política se supera o se difumina.

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«Pornotopía»: el Estado administrativo de la excitación

por Martín Parra

El ensayo de Paul B. Preciado es una caja de herramientas que sirve como punto de partida para ingresar a otros espacios contemporáneos, donde no solamente la arquitectura juega un rol fundamental, sino que el deseo, el sexo, los cuerpos y por supuesto el capitalismo, el cual ha instalado una teología económica y política de gobierno.

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In memoriam: Charlie Watts

por Emilio de Gorgot

Permitan que les hable de Victor Wooten. Muchos de ustedes ya sabrán quién es, pero para aquellos que no, lo presento: Victor Wooten es uno de los mejores bajistas del mundo. Un virtuoso, un genio. Procede de una familia donde cada miembro dominaba un instrumento, y lleva tocando desde que se andaba en pañales. Es capaz de hacer cualquier cosa concebible con ese instrumento, ya sea tocar cosas muy complicadas usando técnicas que lo dejan a uno boquiabierto, o tocar cosas sencillas con una sensibilidad exquisita. Domina el ritmo como se espera de un bajista de primera clase, pero eso no le impide dominar también las melodías y las armonías como si fuese un pianista.

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Postales doradas del rock en Magallanes: la vital experiencia acumulada de un sobreviviente de los Encajes Blancos

por Roberto Hofer

Este músico de tomo y lomo, que formó parte desde el inicio de aquella institución musical fundada por los hermanos Castro, desempolva destacadas y amargas vivencias, como aquella fallida oferta que podría haber llevado al grupo hasta Madrid. Aun cuando el veterano bajista magallánico Héctor Rivera Alarcón me ha confesado que su apodo -el “Huaso”- no es de su agrado, he estado a punto de argumentarle que si el rock es su campo, no debiera molestarlo, así como tampoco afectó al itinerante Jimi Hendrix su mote de “gitano eléctrico”.

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Netflix: Los reyes sabios de «Otra ronda», de Thomas Vinterberg

por Mariona Borrul

Ay, la crisis de los cuarenta. La lucha para revivir al niño que una vez vivió en nuestro interior y que parece haber quedado enterrado bajo las capas de rutinas del actuar adulto. La criatura ya no juega y nos quedamos totalmente zombis, con las cejas arqueadas y los labios apretados, incapaces de reaccionar o movilizar la realidad que tenemos delante. Lo veíamos en la reciente Nomadland de Chloé Zhao: despertar pasa, muy a menudo, por un electroshock de juego. Juego con o sin chirimbolos por delante, juego conocido o inventado al momento, incluso juego disfrazado de algo más*. Es el caso de los protagonistas de Druk, que edifican una auténtica experiencia lúdica alrededor de unas pocas reglas esenciales, con el único objetivo de rescatar su vida de la miseria: pasarlo bien o, por lo menos, estar mejor que antes. Ellos lo llamarán experimento, pero será, en esencia, un gran y sencillísimo juego, un dispositivo a través del que los cuatro amigos van a cuestionar y moldear la realidad que los rodea. Propongo que analicemos, pues, la construcción formal y diegética de la película de Thomas Vinterberg desde la perspectiva lúdica que explora, en este caso, desde la experiencia de juego y su potencial imbricación disruptiva en lo cotidiano. Para ello, qué mejor que servirnos de los principios básicos del play según Miguel Sicart**, quizás el más atinado estudioso en los game studies contemporáneos de lo lúdico como fenómeno interseccional. 

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Martin Scorsese: «Fellini es más grande que el cine»

La cámara se fija en la espalda de un joven que camina decidido hacia el oeste por una calle abarrotada de Greenwich Village. Bajo un brazo lleva libros. En la otra mano, un número del Village Voice. Camina deprisa, dejando atrás hombres vestidos con gabardina y sombrero, mujeres con pañuelos en la cabeza que empujan carritos de la compra plegables, parejas cogidas de la mano, y poetas y chulos y músicos y borrachines, frente a farmacias, licorerías, restaurantes y bloques de apartamentos. Pero el joven solo se fija en una cosa: la marquesina del Art Theatre, que exhibe Shadows, de John Cassavetes y Los primos, de Claude Chabrol.

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Albert Camus: «Hiroshima»

El mundo es lo que es, es decir poca cosa. Lo sabe cada uno desde ayer gracias al fabuloso concierto que la radio, los diarios y las agencias de información acaban de desatar con respecto a la bomba atómica. Nos dicen, efectivamente, en medio de un montón de comentarios entusiastas que “cualquier ciudad de mediana importancia puede ser arrasada por una bomba del tamaño de una pelota de futbol”. Periódicos estadounidenses, ingleses y franceses se explayan en disertaciones elegantes sobre el futuro, el pasado, los inventores, el costo, la vocación pacífica y los efectos bélicos, las consecuencias políticas y hasta el carácter independiente de la bomba atómica. Vamos a resumirnos en una frase: la civilización mecánica acaba de alcanzar su último grado de salvajismo. Habrá que elegir, en un futuro más o menos cercano, entre el suicidio colectivo o la utilización inteligente de las conquistas científicas.

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Narración de Juan García Brun: «El himno de Spock en las calles de Chile»

En la imagen Spock, personificado por Leonard Nimoy, se dispone a rasguear un Mi Mayor y apoya su pulgar sobre la cuerda Mi de su guitarra española tradicional. Expresamos la nota Mi de esta manera como latinos seguidores de D’Arezzo. Mi como tono relativo, aunque muy probablemente Spock piensa en el absoluto E, de la nomenclatura anglosajona de Boecio. Como es sabido, la denominación latina a que aludimos es una contracción del verso sacro mira gestorum: de los milagros.

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Robots asesinos y nuestro futuro: Chris Pratt, alienígenas y drones

por Matthew Hoh

Chris Pratt, famoso por la serie de televisión Parks and Recreation y las películas Guardianes de la galaxia, ha sacado una nueva película. En La guerra del mañana, Pratt viaja en el tiempo para salvar la Tierra frente a hordas de voraces alienígenas. En última instancia, la película es una alegoría del cambio climático, así que enhorabuena a Pratt y toda la gente de Hollywood por una película que demuestra que el cambio climático tendrá consecuencias inauditas e inevitablemente mortíferas para todo el mundo.

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Cultura y sociedad del conjuro de las doce palabras redobladas en Chile

por Manuel Dannemann

El objetivo central de este trabajo consiste en demostrar el significado y el uso que hoy tiene en Chile el conjuro u oración de las doce palabras redobladas, que,si bien recibe indistintamente ambas denominaciones, por su forma, su finalidad, su interlocución y su ritualidad, es propiamente un conjuro y no una oración, según las nociones que de uno y otra me han proporcionado sus cultores, durante mi trabajo de campo sobre este tema en todas las áreas culturales del país y lo que propondré al respecto de la descripción, aproximación analítica y esbozo explicativo de dicho conjuro, proviene mi tarea etnográfica desde el año 1960 hasta ahora, la cual ha sido pródiga en informaciones, interpretaciones y ejemplificaciones, de quienes recurren a las doce palabras redobladas para contrarrestar el mal que los atemoriza.

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El jazz supremo de John Coltrane

por Estefanía Camacho

Era el verano de 1965 cuando John Coltrane ofrecía un concierto a dueto con el saxofonista Archie Shepp en el festival de jazz Down Beat en Chicago. El público se dividió en dos: los que estaban fascinados por escuchar a los músicos alcanzar niveles impresionantes de improvisación musical y aquellos que los abucheaban y se marchaban por no escuchar el jazz modal que esperaban.

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Poema de Juan García Brun: «La antigua medicina del dolor»

En su Noticia Africana, Cornelio Severo, quien parece haber escuchado nuestra conversación aún estando muerto, nos dice: “Por estas razones, las provincias del significado y en particular sus municipios, predominan cercadas, en el fuego irreductible de esas miradas arbitrarias, en la escenificación de dulces cenas paganas, en el desplazamiento tenue del arena bajo nuestros pies, al bailar en el anochecer de una tibia y atlántica playa exterior”.

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Cuento de Roberto Bolaño: «El policía de las ratas»

para Robert Amutio 
y Chris Andrews 

Me llamo José, aunque la gente que me conoce me llama Pepe, y algunos, generalmente los que no me conocen bien o no tienen un trato familiar conmigo, me llaman Pepe el Tira. Pepe es un diminutivo cariñoso, afable, cordial, que no me disminuye ni me agiganta, un apelativo que denota, incluso, cierto respeto afectuoso, si se me permite la expresión, no un respeto distante. Luego viene el otro nombre, el alias, la cola o joroba que arrastro con buen ánimo, sin ofenderme, en cierta medida porque nunca o casi nunca lo utilizan en mi presencia. Pepe el Tira, que es como mezclar arbitrariamente el cariño y el miedo, el deseo y la ofensa en el mismo saco oscuro. ¿De dónde viene la palabra Tira? Viene de tirana, tirano, el que hace cualquier cosa sin tener que responder de sus actos ante nadie, el que goza, en una palabra, de impunidad. ¿Qué es un tira? Un tira es, para mi pueblo, un policía. Y a mí me llaman Pepe el Tira porque soy, precisamente, policía, un oficio como cualquier otro pero que pocos están dispuestos a ejercer. Si cuando entré en la policía hubiera sabido lo que hoy sé, yo tampoco estaría dispuesto a ejercerlo. ¿Qué fue lo que me impulsó a hacerme policía? Muchas veces, sobre todo últimamente, me lo he preguntado, y no hallo una respuesta convincente. 

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Walter Benjamin: «Destino y carácter»

Destino y carácter son concebidos comúnmente en relación causal, y el carácter es definido como una causa del destino. La idea que está en la base de tal concepción es la siguiente: si por un lado el carácter de un hombre, es decir también su modo específico de reaccionar, fuese conocido en todos sus detalles, y si por otro lado el acontecer cósmico fuese conocido en todos los campos en que entra en contacto con ese carácter, se podría decir con exactitud ya sea lo que le ocurriría a ese carácter o lo que ese carácter cumpliría. En otras palabras, el destino sería manifiesto.

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Texto de André Breton: «Frida Kahlo»

Donde se abre el corazón del mundo, liberado de la opresiva sensación de que la naturaleza, la misma en todas partes, carece de impetuosidad, de que pese a cualquier consideración de razas el ser humano, hecho en molde, está condenado a no realizar más que lo que le permiten realizar las grandes leyes económicas de las sociedades modernas; donde la creación se ha prodigado en accidentes del terreno, en esencias vegetales, se ha superado en gama de estaciones y en arquitectura de nubes; donde desde hace un siglo no deja de crepitar bajo un gigantesco fuelle de forja la palabra INDEPENDENCIA que como ningún otro lanza estrellas a lo lejos, fue allí donde esperé mucho para ir a probar la concepción que me he hecho del arte tal como debe ser en nuestra época: sacrificando deliberadamente el modelo exterior al modelo interior, dando resueltamente precedencia a la representación sobre la percepción.

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Postales doradas del rock en Magallanes: ilustres no reconocidos que forjaron el primer relevo en nuestra escena local

por Roberto Hofer

En aquellos años de Junta Militar, rock pesado y nuevas sonoridades, surgirían bandas como Espectros y Algo Más, Nube Rock, La Máquina y Escombros, algunas de ellas con nombres de clara reminiscencia argentina. Roberto Hofer OyanederA partir de la brecha abierta a inicios de los ’70 por la triada Los Rebeldes-Encajes Blancos-Eslabones de Darwin, y como efecto de ires y venires de carácter estudiantil, el rock magallánico también se fue nutriendo con una generación más inquieta y educada -igual en materia de escucha-, influenciada a la vez por el cruce de estilos que marcaría su expresión en aquellos tiempos difíciles en lo social, político y económico.

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«Los fantasmas de Pinochet»: un trabajo de desfiguración estética

por Martín Parra

La obra de Félix Vega y de Francisco Ortega es una atractiva novela gráfica, sobre todo desde la perspectiva del personaje, pues los autores han logrado un relato cargado de tensión, con una trama absorbente y una poderosa narrativa visual, por cuyas páginas no sólo transita la figura del desaparecido dictador. desfilan también los fantasmas de Salvador Allende, Carlos Prats, Víctor Jara y de Rodrigo Rojas, junto a otros seres que van conformando la pesadilla de Chile.

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Las “Cartas a un joven poeta” de Rilke: un manual para la vida

por Carlos González

Pocos escritos resultan tan íntimos como una epístola. La carta es un medio de comunicación que dos seres establecen en torno a una existencia compartida a través de un papel que lleva en sí experiencias, secretos, misterios, verdades. Escribir una carta es abandonarse a un ritual en el que la confianza y el afecto que se siente por el destinatario motivan la necesidad de dar a conocer lo que pensamos, lo que sentimos, lo que tememos.

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La literatura de Vera Sutcliffe

por Juan García Brun

Conocí a Vera Sutcliffe (Bradford, 1968) —nacida Vera Joyce Cunningham Sutcliffe—en Escocia, en una jornada para becarios de la Universidad de Aberdeen que se realizó en la  playa de Camusdarach, en septiembre de 2003. Fue una de las primeras lluvias intensas de ese año y la actividad se vio reducida por ese motivo. No pude conversar con ella y fue recién el 2005 que llegó a mis manos un estudio sobre su obra —editado por Cannongate Books— en el que se pasa revista a su poesía a la que se calificaba como feroz, primaria y épica. Prologada por Irvin Welsh, la obra de Sutcliffe es puesta en la línea de Alexander Trocchi y Edwin Morgan, el canon escocés contemporáneo. No hay mayores referencias críticas en el Reino Unido, ni en ningún lado, aún cuando su trabajo en Aromos y Hay una familia en el tercer piso son cuerpos poéticos autónomos dentro de la literatura escocesa contemporánea.

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Narración de Enrique Symns: «El dolor del tiempo»

Cerca de Ingeniero Ledesma, en una población de indios matacos, había un animal muy peculiar: un ganso al que los indios bautizaron con el nombre de Pancho. Pancho era el líder de la gansada, pero lo curioso es que Pancho no sabía que era un ganso. Se enfrentaba a los hombres como si fuera un hombre y charlaba con ellos en su incomprensible idioma. Cierta vez entró un puma, que atravesó el alambrado empujado por el hambre y con la intención de comerse dos o tres gansos. Pancho salió a enfrentarlo con toda la actitud de un puma. Durante unos segundos el puma estuvo casi convencido de que Pancho era un animal peligroso, hasta que finalmente lo mató.

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Judas, Jesús y revolución

por Edurne Larumbe


Volver a los acontecimientos que tuvieron lugar en Estados Unidos en los años sesenta y ochenta parece un tema recurrente entre los cineastas afrodescendientes del país, quizá buscando entender la opresión que su generación anterior sufrió. En Judas and the Black Messiah, Shaka King se adentra en la historia de William “Bill” O’Neal (Lakeith Stanfield), un hombre que, bajo las órdenes del FBI, se infiltró en los Panteras Negras de Illinois. Fue él quien, según la película y varios rumores no confirmados sobre los hechos, el 4 de diciembre de 1969 drogó a Fred Hampton (Daniel Kaluuya), el líder del Partido de la división de Ilinois, y proporcionó a la Policía de Chicago toda la información necesaria para que pudieran entrar en la casa y asesinarle mientras dormía. 

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Cuento de Juan García Brun: «Nájera»

Desde hace un tiempo que amanecía todo llovido. Un arco de nubes grises y un viento que acuchillaba, parecían fijados en la parte superior del paisaje. Por una enfermedad no diagnosticada empecé por quedarme en la casa en las mañanas, a medio vestir y luego empujado  simplemente por el frío, me quedaba acostado en un dormitorio sin ventanas que quedaba junto a las bodegas. 

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Glenn Gould y el retorno en las Variaciones Goldberg

por Anthony Wall

Examinaré en este artículo lo que significa, en música, «la puesta en escena de un retorno». Hablaré específicamente de dos grabaciones, realizadas por el excéntrico pianista canadiense Glenn Gould, del Aria mit verschiedenen Veraenderungen für Cembalo mit zwei Manualen de Johann Sebastian Bach, una obra también conocida como las Variaciones Goldberg. La primera grabación data de 1955 y la segunda de 1981. Lo que se observa en esta elaborada pieza de música barroca puede aplicarse, en general, no sólo a la música, sino también a la manera en que las «informaciones» culturales circulan en nuestra sociedad. En este sentido, las Variaciones Goldberg ilustran cómo «las mismas cosas» vuelven una y otra vez, casi de modo obsesivo, apareciendo, desapareciendo y reapareciendo de nuevo, bajo las mismas formas o adoptando otras nuevas.

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Turbulencias de «Mis Marx», de Susana Nicchiarell

por Júlia Gaitano

Las luchas por los derechos de la clase trabajadora, por la igualdad de género, por el derecho a una vida digna y llena independientemente de tus condiciones de nacimiento… no son luchas fáciles. Fueron, y siguen siendo, pedregosos caminos de aguante y contradicciones. Poniendo especial énfasis en el término “contradicción”, Miss Marx construye su discurso de fondo en base a esa tesis. La cineasta italiana Susanna Nicchiarelli realiza un acercamiento a la figura de Eleanor Marx, recuperando la vida y obra de la hija del pensador y militante comunista Karl Marx.

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Obdulio, por Soriano

por Juan García Brun

En el suplemento de cultura del diario “La opinión”, el 16 de julio de 1972 en la sección llamada “Historia de vida” sale publicado por Osvaldo Soriano este artículo. 

Según palabras del autor: “consistía en escuchar ante un grabador, durante cinco o seis horas (tal vez mas) a un hombre o una mujer que reconstruían los mejores (o lo más terribles) momentos de su existencia. Luego había que comprimir sin reducir, restituyendo a la vez el sabor del relato, el estilo narrativo del entrevistado”

Es imperdible por lo entrañable del personaje y también por la nitidez de Soriano para hacerlo relucir. Para aquellos que no lo conocían, ojala lo puedan disfrutar. Para los que si, que disfruten de la relectura que siempre también es gratificante.

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En memoria de Edmundo Morelli

por Juan García Brun

Edmundo Morelli murió hace menos de un mes en Valdivia. Dedicó su vida a hacer guardia en el pórtico de su casa de calle Baquedano, entre Pedro Montt y Aníbal Pinto. Hierático, dejaba pasar las estaciones, los años y las décadas. Al cubierto de la lluvia, del sol y refugiado de la gente, era posible verlo erguido, con las manos en los bolsillos de su chaqueta deportiva y con las piernas abiertas. Siempre en la misma posición. El pelo rojizo y la barba recortada prolijamente, acentuaban su imagen vigilante y determinada.

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Cuerpos de lo histórico: «Dear Comrades!», de Andrei Konchalovsky

por Mariona Borrul

El primer acto de Dear Comrades! llega a su fin cuando una masa de trabajadores se apelotona ante el Ayuntamiento de un pequeño pueblo de provincias. Amenazan con entrar en el edificio, alentados por la gravedad de su protesta: han vuelto a subir los precios de los alimentos y sus representantes no están respondiendo a sus reclamaciones. La tensión crece y, al cabo de unos minutos, el caporal de la policía ordena a sus hombres disparar contra la multitud. La acción nos sitúa algo lejos, en un parque tranquilo, acompañando a cuatro funcionarios cansados, que han huido del lugar. Sí oímos los disparos, pero con la potencia de unas palomitas o unos petardos al chocar contra el suelo. Solo caeremos en la cuenta de la gravedad de la situación cuando Lyudmila (Julia Vysotskaya) eche a correr, espantada, hacia donde proceden los tiros: su hija se encuentra entre los manifestantes. Lo que sigue va a recordarnos otra masacre popular en territorio soviético. Son pequeños fogonazos de muerte, que abaten a ciudadanos de forma aleatoria, como sin querer, como si los disparos que hacia ellos se dirigen no tuvieran objetivo alguno, como si fueran en realidad balas perdidas. La gente va cayendo sin que veamos los rifles, ni tampoco las caras detrás del gatillo. Un vendedor ambulante con su puestecito, en la retaguarda, una peluquera que muere entre violentos espasmos. Finalmente nuestra protagonista entra en escena, ayudando a dos mujeres; una de ellas ha recibido un balazo en la pierna: le practican un torniquete, con dificultad, para ponerla a salvo… Hasta que otra bala perdida atraviesa el cristal y acaba con ella. La masacre de Novocherkassk (2 de junio de 1962) se nos relata con una meticulosidad violenta y específica. Son planos abiertos y largos, que tienen hasta un punto periodístico, pero que, por su gratuidad y carácter explosivo, nos acercan al reino de lo absurdo, al disparate y a la broma.

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Cine magnífico: «The dresser» de Richard Eyre

por Noelia Giacometto

Cuando la elegancia del cine y el teatro con su magia generan un encanto atemporal de fuerza y calidad artística. «The Dresser» es una película dramática para televisión producida por la BBC, dirigida por Richard Eyre. Adapta la obra de Broadway y el West End del mismo nombre escrita en 1980 por Ronald Hardwood.

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Cuento de Franz Kafka: «Ser infeliz»

Cuando ya eso se había vuelto insoportable -una vez al atardecer, en noviembre-, y yo me deslizaba sobre la estrecha alfombra de mi pieza como en una pista, estremecido por el aspecto de la calle iluminada me di vuelta otra vez, y en lo hondo de la pieza, en el fondo del espejo, encontré no obstante un nuevo objetivo, y grité, solamente por oír el grito al que nada responde y al que tampoco nada le sustrae la fuerza de grito, que por lo tanto sube sin contrapeso y no puede cesar aunque enmudezca; entonces desde la pared se abrió la puerta hacia afuera así de rápido porque la prisa era, ciertamente, necesaria, e incluso vi los caballos de los coches abajo, en el pavimento, se levantaron como potros que, habiendo expuesto los cuellos, se hubiesen enfurecido en la batalla.

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«Pena corporal», de Elvira Hernández: un habeas corpus por la palabra

por Nicolás López-Pérez

Retomar este volumen de la poeta chilena —publicado por la Fundación Neruda en 2018, luego de estar tres décadas guardado en forma inédita— importaría volver a leer las formas de disciplinas culturales y estéticas heredadas de la dictadura cívico y militar, las cuales más allá de un cambio jurídico, se evidencian en las maneras de hablar, de pensar, y de escribir.

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«En tiempos de luz menguante»: el último patriarca estalinista

por Eulàlia Iglesias

«En este siglo, ya no habrá más grandes ideas», sentencia Kurt, uno de los protagonistas de ‘En tiempos de luz menguante’, cuando su nuera le propone que escriba sus memorias. Kurt ha dedicado buena parte de su vida a recoger la historia de la República Democrática de Alemania. Firme creyente en el ideal de sociedad comunista, sin embargo siempre ha defendido un sistema de rostro humano, al contrario que su madre, Charlotte, y sobre todo el esposo de esta, Wilhelm, estalinista convencido. Nos encontramos en Berlín Este en 1989, pocas semanas antes de la caída del Muro, en el día del 90 cumpleaños del patriarca Wilhelm, este comunista irredento al que homenajean familia, camaradas y amigos. Solo falta su nieto Aleksander, Sasha, que ha aprovechado este mismo día en que el Partido Comunista otorgaba la orden del Mérito por la Patria a su abuelo para escapar al Berlín Occidental. Nadie se atreve a comunicárselo al anciano. Hace pocas horas, Wilhelm ha despreciado públicamente a un matrimonio vecino cuyo hijo también huyó a la Alemania capitalista. 

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51 años en las raíces de King Crimson: «In the wake of Poseidon»

por Sid Smith

El segundo álbum de King Crimson, In The Wake Of Poseidon, fue lanzado hoy hace 51 años. Grabado después de la implosión de la banda durante su gira por Estados Unidos en 1969, In The Wake Of Poseidon es el sonido de una idea que simplemente se negó a rendirse ante la adversidad extrema y las probabilidades aparentemente insuperables. Es comprensible que la salida conmocionada de la mitad del grupo haya minado la confianza que había caracterizado el comportamiento de Crimson durante gran parte de los 12 meses anteriores. Sin embargo, en una notable muestra de determinación personal y artística, Poseidon enfrenta el desafío de retener y desarrollar la feroz originalidad de las ideas que ayudaron a impulsar el álbum debut de Crimson.

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