Cuento de Juan García Brun: «27 de noviembre, noche»

Llevo 37 años encarcelado. Hace diez años tuve que ser llevado al tribunal lo que me permitió oír la ciudad y ver —mientras era conducido engrillado— unos edificios que parecían hundirse en el río. El edificio era hermoso y muy moderno, con unas ventanas enormes. La concurrencia al juzgado me resultó incomprensible, pero fue una experiencia vivificante. La gente era hermosa, amable, las habitaciones limpias y salvo los otros reclusos, me pareció un ambiente palaciego.

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Pier Paolo Pasolini: «Gabriel García Márquez, un escritor indigno»

Parece ser un lugar común considerar «Cien Años de Soledad» de Gabriel García Márquez (libro recientemente editado), como una obra maestra. Este hecho me parece absolutamente ridículo. Se trata de la novela de un guionista o de un costumbrista, escrita con gran vitalidad y derroche de tradicional manierismo barroco latinoamericano, casi para el uso de una gran empresa cinematográfica norteamericana (si es que todavía existen). Los personajes son todos mecanismos inventados- a veces con espléndida maestría- por un guionista: tienen todos los «tics» demagógicos destinados al éxito espectacular.

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Cuento de Antón Chéjov: «La obra de arte»

Sasha Smirnov, hijo único, entró con mustio semblante en la consulta del doctor Kochelkov. Debajo del brazo llevaba un paquete envuelto en el número 223 de Las Noticias de la Bolsa.
       —¡Hola, jovencito! ¿Qué tal nos encontramos? ¿Qué se cuenta de bueno? —le preguntó afectuosamente, el médico.
       Sasha empezó a parpadear y, llevándose la mano al corazón, dijo con voz temblorosa y agitada.
       —Mi madre, Iván Nikoláievich, me rogó le saludara en su nombre y le diera las gracias… Yo soy su único hijo, y usted me salvó la vida…, me curó de una enfermedad peligrosa…, y ninguno de los dos sabemos cómo agradecérselo.

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El cuadro y el río. Apólogo kafkiano


                                                                                                                                                                 por Aniceto Hevia

Desciendo del Cerro Monjitas para buscar encontrarme en el terminal de buses con un compañero viejo, hombre curtido en todas las batallas del pueblo. Vestido humildemente, pero su rostro trasuntaba la humildad noble de los verdaderos revolucionarios de ayer, un aura de razonada rebeldía. Vagamos, bebimos unos cortados, terminamos en el molo 500 en un diálogo entre botes, gaviotas y buques anclados. Su rostro se oscureció, ya no sonreía, su mirada se perdió en el horizonte transparente, algo le ocurría que yo podía percibir. 

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Poema de Enrique Lihn: «Estación terminal»

Esta será ya lo veo tu última imagen:
nuestra despedida en el poema en la estación terminal.
No sé por dónde empezarla para que no se me escape nada,
y las gentes las cosas apelotonadas aquí tienen algo de
agobiadoramente comparable a los restos que se enfrían
frases enteras o adjetivos de una pequeña obra maestra
sobre la cual pesara, hasta perderla, esta impaciencia,
nuestro cansancio mi inarticulación la ferocidad del egoísmo
por el cual cuando me empiezan a doler los pies
prefiero la cama a cualquier otra cosa incluyendo
a la poesía que voy a decirlo todo esta noche eres tú,
y, entretanto, no insistas en que un gordinflón de cuarenta años
duerma apoyado en tu hombro, para retenerlo otro poco.

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Cine: «Argentina 1985» – Cómo tergiversar la historia

por Luis Cuello

Argentina 1985 se ha convertido  en un éxito de taquilla con más de un millón de entradas vendidas, y seguramente también tendrá un éxito importante en las plataformas. Justo es decir que ha generado un debate, sobre todo en sectores militantes de derechos humanos  e intelectuales y quizás también, aunque más dudoso, en el denominado “gran público”. Si bien todo hecho artístico expresa razones ideológicas, inevitablemente, como Argentina 1985 aborda hechos históricos recientes desde determinadas miradas políticas, merece no solo una crítica estética, sino una clara delimitación de estas miradas.

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Cuento de Franz Kafka: «Un artista del hambre»

En los últimos decenios, el interés por los ayunadores ha disminuido muchísimo. Antes era un buen negocio organizar grandes exhibiciones de este género como espectáculo independiente, cosa que hoy, en cambio, es imposible del todo. Eran otros los tiempos. Entonces, toda la ciudad se ocupaba del ayunador; aumentaba su interés a cada día de ayuno; todos querían verlo siquiera una vez al día; en los últimos del ayuno no faltaba quien se estuviera días enteros sentado ante la pequeña jaula del ayunador; había, además, exhibiciones nocturnas, cuyo efecto era realzado por medio de antorchas; en los días buenos, se sacaba la jaula al aire libre, y era entonces cuando les mostraban el ayunador a los niños. Para los adultos aquello solía no ser más que una broma, en la que tomaban parte medio por moda; pero los niños, cogidos de las manos por prudencia, miraban asombrados y boquiabiertos a aquel hombre pálido, con camiseta oscura, de costillas salientes, que, desdeñando un asiento, permanecía tendido en la paja esparcida por el suelo, y saludaba, a veces, cortésmente o respondía con forzada sonrisa a las preguntas que se le dirigían o sacaba, quizá, un brazo por entre los hierros para hacer notar su delgadez, y volvía después a sumirse en su propio interior, sin preocuparse de nadie ni de nada, ni siquiera de la marcha del reloj, para él tan importante, única pieza de mobiliario que se veía en su jaula. Entonces se quedaba mirando al vacío, delante de sí, con ojos semicerrados, y sólo de cuando en cuando bebía en un diminuto vaso un sorbito de agua para humedecerse los labios.

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Bolaño con «B» de Borges

por Maximiliano Castillo

Es indudable que uno de los escritores que tuvo mayor influencia dentro de la narrativa bolañesca fue Jorge Luis Borges. Para Roberto Bolaño: “Borges es y debería ser el centro de nuestro canon”. En esta oportunidad intentaremos realizar un diálogo entre los dos autores, repasando sus temáticas literarias y sus formas de comprender la literatura.

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Cuento de Juan García Brun: «El nombre del bosque»

Corría 1951 y llovía de forma ininterrumpida desde hace a lo menos tres meses. Me tocaba ir desde La Unión a la ciudad. Stolzenbach y Graff se habían reportado enfermos y no tuve más alternativa que hacerme cargo del operativo sin ningún apoyo. La camioneta que me asignaron —una Ford del 40— parecía un cenicero, en el suelo un par de botellas, calzoncillos y tierra. 

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Manuel Rojas, masón:  primeras entradas de lectura

por Pablo Concha

En 1951 Manuel Rojas lanzaba Hijo de ladrón entre la aprobación de la crítica y de sus pares, consagrándose como el principal narrador chileno del medio siglo. También en 1951 José Santos González Vera publicó en la revista Babel un artículo llamado “Manuel Rojas”, suerte de semblanza de su amigo en la que, además de abordar aspectos biográficos y estéticos, esbozaba la lógica de su actuar político-social: 

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«Rifkin’s Festival»: Las últimas nostalgias de Woody Allen

por Horacio Ramírez

El más reciente estreno en cartelera del histórico realizador estadounidense, lo trae de regreso a las costas españolas —luego de su recordada «Vicky Cristina Barcelona», de 2008— y a tópicos dramáticos tan caros a su filmografía en general, como son el miedo al rechazo, la tentación, la culpa y el enigma ineludible de la muerte física. Tenemos varias formas de clasificar al cine. Una de las más concurridas es la de las categorías de cine de autor versus el cine de evasión. Y mientras el cine de autor nos remite a un espacio intelectual acotado, el de evasión nos libera de las ataduras de lo real.

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Poema de Robert Graves: «Los Bardos»

Sus mejillas están manchadas por pena, sus ágiles versos
Tropiezan, los borrachos que cenan les arrojan huesos
Si no se apresuran:
Hay algo temeroso en su canción que
Los fastidia, un dolor desconocido, como un campesino
Que vulgarmente viste la piel de una vaca
Irrumpe sin dar aviso, cacareando y tosiendo,
Agitando un palo de acebo aún sin pelar en su mano,
Entra en la sala cubierta de escudos, cortinas de seda
Y con brillo de joyas, donde doce reyes juegan sentados al ajedrez
Sobre piezas de pálido bronce y de oro,
Y, con hechizo grosero,
Tira abajo las vigas y deja afuera a las reinas—
Las de pecho salvaje de cisne, de rosadas y rojas mejillas,
hijas con cabello de cuervo, a las que admiran—
Para que puedan revolver de sus negras ollas y descansar en la paja.

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Narración de Juan García Brun: «La dinastía del tiempo»

Recibí en la madrugada la fotografía de un confesionario. Un confesionario de madera oscuro e iluminado por el irritante látigo de un flash. La imagen algo desenfocada iba acompañada de una reflexión íntima que hacía referencia a una relación amorosa clandestina al otro lado del océano. Visto desde el frente, la bóveda del confesionario encerraba una pulcra superficie negra semejando el monitor de un equipo computacional capaz de simular la velocidad de la luz en un espacio acotado. 

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El sonido del tren

por Juan García Brun

Había un humorista que imitaba un tren en el Festival, Lucho Navarro. Su imitación era buenísima y ocasionaba admiración que no es algo que se espera de los humoristas pero tampoco puede despreciarse.

Navarro tenía —además— un cierto parecido al olvidado dirigente comunista Orlando Millas, no solo físico sino que en esta impropiedad evocativa que aludimos.

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«Giri/Haji: Deber/Deshonor»: la ecuación audiovisual perfecta

por Horacio Ramírez

Decir «extraordinaria» no debe llamarnos a error. No decimos que esta miniserie británica, filmada en Inglaterra y Japón en el 2019 y que llegó a Netflix, sea una especie de milagro artístico, sino que estamos hablando de una obra de arte totalmente ajena a los caminos que transitan las películas y seriales policiales «noir» que estamos acostumbrados a ver… muchas veces como mero entretenimiento bien narrado y filmado.

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Ideas, ideales e ideologías

por Horacio Ramírez

A poco de venirme a vivir a Reta -al sur de Buenos Aires, junto al mar- ocurrió un eclipse total de luna, algo relativamente común pero con una característica muy especial: la luna saldría por el horizonte ya eclipsada. Y efectivamente: la luna salió con su tono rojizo a la hora prevista. Lo llamativo es que así como la luna estaba sobre el horizonte, el sol también lo estaba al mismo tiempo.

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 Cine: «El extraño», los sinsabores del verdadero policía

por Cristián Uribe Moreno

El filme del realizador australiano Thomas M. Wright —disponible para su visionado en la plataforma de streaming Netflix—, se encuentra protagonizado por los actores Joel Edgerton y Sean Harris, y su argumento se inspira en un hecho criminal que tuvo amplias resonancias mediáticas en Oceanía (el secuestro y asesinato de un niño de 13 años, en 2003, por parte de un pederasta serial).

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Violencia épica e historia literaria

por Italo Nocetti

A Walter Benjamin. In memoriam.

Se puede conjeturar que a partir de Homero se solidifican las características del género épico occidental, todas ellas guardan relación con una imagen del mundo arcaica, teocéntrica; donde los dioses son la autorrepresentación de los señores y sus pasiones, voluntad de poder, avasallamiento, arbitrariedad, codicia, violencia. Estas entidades divinas recibieron de los aristócratas helenos el derecho a transgresión que ellos mismos practicaban, proyectando en el cielo lo que interiormente eran, una casta miserable que se tenía como el único ideal normativo y estético posible.

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Terry Eagleton: «Cultura y socialismo»

Todos los seres humanos nacen prematuramente, indefensos y dependientes, incapaces de cuidar de sí mismos. Esto es aplicable no solamente a los profesores de Oxford y Cambridge, sino al conjunto de la especie humana. Más adelante, si todo va bien, alcanzamos un cierto grado de autonomía, pero solamente sobre la base de una continua dependencia, esta vez de la cultura más que de la naturaleza. Solamente por medio de esta forma de dependencia de los demás que llamamos cultura podemos llegar a ser autosuficientes, que es sin duda una de las razones de que la palabra “monstruo” en la Antigüedad clásica significase, entre otras cosas, uno que se considera a sí mismo autodependiente y que, en este sentido, está en conflicto con su propia naturaleza de criatura. El Edipo de Sófocles es un buen ejemplo de ello –este astuto empresario de sí mismo cuyo padre suprimido vuelve para destruirle.

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El curioso caso del retrato de Stalin hecho por Picasso

por Carlos de Riego

Imagen: Portada de la revista literaria francesa de tendencia comunista con la que se quiso homenajear a Stalin y en la que se publicó el polémico retrato.

Unos días después de la muerte de Josif Stalin (marzo, 1953), la revista de tendencia comunista Las Letras Francesas colocó en su portada un retrato del dictador soviético firmado por Picasso; lo que parecía un excelso homenaje se convirtió en un calvario…

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Cine argentino: «1985 y la sobria farsa del Nunca Más»

por Juan García Brun

Al terminar de ver «1985» el último clásico del cine argentino —dirigida por Santiago Mitre y que ha golpeado nuevamente la conciencia política del Cono Sur— nos queda la sensación de que toda la narración es una excusa para contar el horror vivido por Adriana Calvo al parir a su hija Teresa Laborde: una mujer torturada mientras daba a luz a su hija en el piso de un Ford Falcon de los servicios de seguridad transandinos. La historia que cuesta narrar y que solo he insinuado por la intensidad de su barbarie, parece instalarse de forma ominosa sobre la narración, transformando la pequeñez del ángulo de observación del hecho histórico —la gris perspectiva de un Fiscal (Strassera) de la Dictadura que guardó silencio y despierta por pura voluntad burocrática— en un acto trágico y trascendente.

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Edgar Allan Poe: «La carta robada» (traducida por Borges)

Nil sapientiae odiosius acumine nimio.
SENECA

En un desapacible anochecer del otoño de 18… me hallaba en París, gozando de la doble fruición de la meditación taciturna y del nebuloso tabaco, en compañía la de mi amigo C. Auguste Dupin, en su biblioteca, au troisiéme, Nº 33 Rue Dunôt, Faubourg St. Germain. Hacía lo menos una hora que no pronunciábamos una palabra: parecíamos lánguidamente ocupados en los remolinos de humo que empañaban el aire. Yo, sin embargo, estaba recordando ciertos problemas que habíamos discutido esa tarde; hablo del doble asesinato de la Rue Morgue y de la desaparición de Marie Rogêt. Por eso me pareció una coincidencia que apareciera, en la puerta de la biblioteca, Monsieur G., Prefecto de la policía de París.

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Díaz Eterovic: “Esa interminable novela negra llamada Chile”.

En algún libro se cuenta que en el transcurso de una noche un extraño se acercó a la mesa de bar que ocupaba un escritor, y sin siquiera saludar le dejó sobre la cubierta un ajado cuaderno colegial. Era la historia de una ciudad triste que el extraño supuestamente inició cuando trabajaba de cuidador en un motel, y que luego, meses más tarde, terminó mientras esperaba en su oficina la llegada de sus primeros clientes. El hombre, el extraño, dijo ser un detective privado, aunque con el tiempo habló de sí mismo como el hombre que hacía preguntas e instaló en la puerta de su oficina una placa que hasta hoy dice: se hacen preguntas y nos interesan los asuntos del prójimo. De ese encuentro han pasado algo más de treinta años. Mis recuerdos son brumosos y tengo algunas dudas respecto a su veracidad. De lo que puedo dar fe es que el detective no ha dejado de llegar a mi casa, de sentarse a mi lado, pispear lo que escribo, y decirme, lentamente, mordiendo suavemente el filtro del cigarrillo que cuelga entre sus labios: deja esa tontería que estás escribiendo y escucha el caso que esta noche tengo para ti. Y suelo acatar la orden. Me aparto del computador, lleno dos copas y me dispongo a escuchar.

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Poema de Italo Nocetti: «Huáng jīn zhī luàn. La rebelión de los turbantes amarillos»

                                                      ¡Eh! ¡Eh! ¡Bomba! ¡Heu! ¡Heu!
                                                      ¡Canga, bano te!
                                                      ¡Canga, moune de le!
                                                      ¡Canga, do ki la!
                                                      ¡Canga, do ki la!
                                                      ¡Canga, li!
                                                             Juramos destruir a los blancos
                                                             y todas sus posesiones; mejor  
                                                            morir que faltar a este juramento.
                                                            -Canto vudú.   

Cargaron en la noche eclipsada
Desbocados sus caballos
Los turbantes amarillos
Lanzas en ristre,
Flechas de sombra y fuego
Volaron silbando hacia la nada negra,
Gritos de agonía del enemigo
Lanzas que traspasan las armaduras y la seda
Sangre de ira negra en la nada negra

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El destino de los infrarrealistas que Roberto Bolaño retrató en «Los detectives salvajes»

por Alejandro Santos Cid

La mayoría no había cumplido 20 años y quería volarle la tapa de los sesos a la cultura oficial. Eran jóvenes acelerados, casi adolescentes, que se movían por el Distrito Federal de la década convulsa de 1970 intentando ganarse la vida con artículos y colaboraciones en los suplementos culturales de los periódicos; tratando de juntar unos cuantos pesos que les granjearan unas horas de conversación al calor de un café con leche en el Café La Habana. Sobre todo, eran poetas: pensaban, respiraban, vivían por y para la poesía; creían en ella como en un arma cargada de futuro, con una feroz oposición al establishment, a Octavio Paz y los autores que se acomodaron en las instituciones. Representaban la contracultura de la contracultura, una suerte de punks antes de los punks que escupían versos sobre política, amor, sexo y muerte. Se llamaron a sí mismos los infrarrealistas y durante décadas fueron marginados de los círculos culturales, olvidados por la crítica y rechazados por las editoriales. Hasta que muchos años después uno de ellos, un autor chileno que se exilió de la dictadura de Augusto Pinochet, recaló en México y acabó en Barcelona, los inmortalizó en un libro que fue considerado por algunos críticos como la última gran novela latinoamericana. El escritor se llamaba Roberto Bolaño, la obra, Los detectives salvajes.

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Cuento de Jorge Luis Borges: «El impostor inverosímil Tom Castro»

Ese nombre le doy porque bajo ese nombre lo conocieron por calles y por casas de Talcahuano, de Santiago de Chile y de Valparaíso, hacia 1850, y es justo que lo asuma otra vez, ahora que retorna a estas tierras —siquiera en calidad de mero fantasma y de pasatiempo del sábado (1). El registro de nacimiento de Wapping lo llama Arthur Orton y lo inscribe en la fecha 7 de junio de 1834. Sabemos que era hijo de un carnicero, que su infancia conoció la miseria insípida de los barrios bajos de Londres y que sintió el llamado del mar. El hecho no es insólito. Run away to sea, huir al mar, es la rotura inglesa tradicional de la autoridad de los padres, la iniciación heroica. La geografía la recomienda y aun la Escritura (Salmos, 107): Los que bajan en barcas a la mar, los que comercian en las grandes aguas; ésos ven las obras de Dios y sus maravillas en el abismo. Orton huyó de su deplorable suburbio color rosa tiznado y bajó en un barco a la mar y contempló con el habitual desengaño la Cruz del Sur, y desertó en el puerto de Valparaíso. Era persona de una sosegada idiotez. Lógicamente, hubiera podido (y debido) morirse de hambre, pero su confusa jovialidad, su permanente sonrisa y su mansedumbre infinita le conciliaron el favor de cierta familia de Castro, cuyo nombre adoptó. De ese episodio sudamericano no quedan huellas, pero su gratitud no decayó, puesto que en 1861 reaparece en Australia, siempre con ese nombre: Tom Castro. En Sydney conoció a un tal Bogle, un negro sirviente. Bogle, sin ser hermoso, tenía ese aire reposado y monumental, esa solidez como de obra de ingeniería que tiene el hombre negro entrado en años, en carnes y en autoridad. Tenía una segunda condición, que determinados manuales de etnografía han negado a su raza: la ocurrencia genial. Ya veremos luego la prueba. Era un varón morigerado y decente, con los antiguos apetitos africanos muy corregidos por el uso y abuso del calvinismo. Fuera de las visitas del dios (que describiremos después) era absolutamente normal, sin otra irregularidad que un pudoroso y largo temor que lo demoraba en las bocacalles, recelando del Este, del Oeste, del Sur y del Norte, del violento vehículo que daría fin a sus días.

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A 90 años del natalicio de Víctor Jara: «Yo no canto por cantar»

por Gonzalo León

La singular trascendencia de su música, que enhebró con maestría con sus convicciones políticas, fue resultado de una intensa actividad de investigación artística también en otros campos, como el teatro, en el que Víctor Jara fue una referencia incluso antes que con sus canciones. Parte de esa historia se recorre en el texto que sigue, que lo rescata como el verdadero artista integral que fue.

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«The Medium»: terror sobrenatural

por Elisenda Frisach

El mockumentary (o falso documental) es una técnica discursiva que viene empleándose de manera recurrente, y en general con resultados bastante eficaces, en el ámbito de las cintas de terror desde que en el año 1999 El proyecto de la bruja de Blair de Daniel Myrick y Eduardo Sánchez demostrara la potencialidad que dicho envoltorio formal atesoraba para crear un ambiente desasosegante con un gran efecto realista. Y ello lo lograba, además ―lo que a la postre resulta más revelador―, sin necesidad de emplear una amplia inversión económica, de forma que, desde entonces, esta narrativa pseudoverídica ha facilitado la incursión en el género de creadores jóvenes, primerizos o independientes, o bien de filmografías que, por su procedencia nacional, no suelen contar con grandes presupuestos de producción. Los ejemplos al respecto abundan, desde Paranormal Activity (2007) de Oren Peli y [REC] (2007) de Jaume Balagueró y Paco Plaza, hasta Monstruoso (2008) de Matt Reeves, pasando por Troll Hunter(2010) de André Øvredal o Chronicle (2012) de Josh Trank.

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«Alphaville»: El antiguo cine futurista de Jean-Luc Godard

por Horacio Ramírez

El filme del realizador fallecido hace solo unas semanas, construye una poética de la ciencia ficción casi sin echar mano a los efectos especiales, y solo valiéndose de su cámara, el guion, y las actuaciones dramáticas de Eddie Constantine y de Anna Karina, para conseguir una de las obras audiovisuales más logradas artísticamente del género, en la historia del cine.

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Cuento de Franz Kafka: «Ante la ley»

Ante la ley hay un guardián. Un campesino se presenta frente a este guardián, y solicita que le permita entrar en la Ley. Pero el guardián contesta que por ahora no puede dejarlo entrar. El hombre reflexiona y pregunta si más tarde lo dejarán entrar.

-Tal vez -dice el centinela- pero no por ahora.

La puerta que da a la Ley está abierta, como de costumbre; cuando el guardián se hace a un lado, el hombre se inclina para espiar. El guardián lo ve, se sonríe y le dice:

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«Rimbaud, el indeseable»: el mito eterno llevado al cómic

por Eduardo Suárez

El libro ilustrado de Xavier Coste ofrece un retrato franco de genial autor francés: manipulador, desvergonzado, a veces francamente grosero, siempre brillante y poseído de una vitalidad arrolladora, símbolo de la rebeldía juvenil en todo su esplendor. Alianza Editorial acaba de publicar Rimbaud, el indeseable, del ilustrador e historietista francés Xavier Coste.

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Presentación del libro: «Del pueblo en llamas a la democracia cartucha»

Presentación del libro del Historiador Pedro Rosas Aravena: «DEL PUEBLO EN LLAMAS A LA DEMOCRACIA CARTUCHA», Historia, subjetividad y proyecto político en el MAPU-Lautaro 1982-2004, LOM Ediciones, Santiago de Chile, 338 pp. Este nuevo libro del profesor Rosas fue presentado en la Sala Ricardo Donoso del Archivo Nacional el día martes 13 de septiembre, con la presencia de más de un centenar de personas que debieron sentarse en el piso al agotarse las sillas de la sala, escucharon con atención y emoción las palabras de las y los invitados a presentar el libro.

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Dante Alighieri: «Viaje al infierno»

Universalmente aclamada, pero poco leída en nuestros días, La Divina Comedia es una obra asombrosamente genial. Guiado por Virgilio, Dante visita el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso. Escrito en tercetos endecasílabos, el poema consta de 100 Cantos. Aquí reproducimos el Canto III de la visita al Infierno, pero para facilitar la lectura a los perezosos hemos modificado la estructura convirtiéndola en una especie de prosa, respetando escrupulosamente el texto.

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Aclaración sobre el término «escritor popular»

por Edmundo Moure

Todos los lenguajes humanos poseen una normativa, otorgada por sus propios y esclarecidos cultores como defensa ante el riesgo, siempre latente, de disgregación, deterioro o decadencia. Lo que no contradice el dinamismo esencial de los idiomas y la incorporación de nuevos vocablos y expresiones; asimismo, la sustitución de giros obsoletos o extemporáneos. Así, el lenguaje, sobre todo el literario, se enriquece con nuevos significados, ampliando el universo de sus significantes. Lo contrario es empobrecerlo, como viene ocurriendo, de manera acelerada, en nuestra sociedad cibernética e hiperespecializada.

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«Picnic en Hanging Rock»: la melancolía de lo sobrenatural

por Eduardo Suárez

La naturaleza de los acontecimientos narrados en la novela de la autora australiana Joan Lindsay ha dado lugar, desde que se publicó la obra en 1967, a múltiples interpretaciones, sin que llegase a quedar en claro si los extraordinarios sucesos acaecidos en ese lugar de la provincia de Victoria, llegaron a existir realmente.

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La palabra ausente, ideología, opresión y lenguaje: «Matar la palabra es matar hombres»

por Italo Nocetti

Ya Marcuse reflexionaba sobre el carácter opresivo del lenguaje cotidiano en las sociedades industriales avanzadas, describía el fenómeno como el cierre del universo del lenguaje. Fenómeno que permitía que el uso previamente regulado de la palabra por las instituciones, cumpliese la función cerrar las vías a su libre por medio de recursos aparentemente anodinos como la sintaxis. Captada la palabra en una túnica de Neso, convertida la forma opresiva del lenguaje en forma de expresión de uso corriente, cierra el diálogo, ahoga el sentido crítico, cubre con mera retórica aspectos problemáticos de la realidad. 

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Narración de Juan García Brun: «Fotografía de un sacerdote levitando»

El catolicismo considera la levitación como un fenómeno no ordinario que consiste en que un cuerpo se levante sobre la tierra, manteniéndose en el aire sin apoyo natural. En la mística católica, recibe el nombre de éxtasis ascensional, y de marcha extática cuando el cuerpo parece desplazarse sin tocar el suelo.

La Iglesia explicó este fenómeno como una antelación del don de agilidad propia de los cuerpos gloriosos. Por regla general, la levitación mística se verifica mientras el paciente está en éxtasis y, si el cuerpo se eleva un poco, se llama éxtasis ascensional; si se eleva en gran altura, recibe el nombre de vuelo extático; y si empieza a caminar rápido a ras del suelo, pero sin tocarlo, se llama marcha extática.

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Muerte de parte de un infierno banal

por Mauricio Redolés

Me preguntas si lo ubico. Claro que lo ubico. Si el otro día conversando con no sé quién me acordé de él. O sea me acordé cuando los compañeros que dormitaban en el suelo de «La Pieza de Las Fotografías» de La Academia de Guerra Naval, me despertaron y me dijeron te vinieron a buscar aquí y como estabas dormido y nadie te conocía te fueron a buscar a la Pieza de las Banderas y ahora vienen para acá, y oí mi nombre y muerto de sueño y de miedo me puse de pie con mis temblorosos treinta y poco kilos distribuidos en un metro sesenta y cinco de estatura y veinte años de vida y caminé a la puerta y vi a un tipo bajo con aspecto simiesco muy malhumorado y reconocí al que me había secuestrado de la puerta de mi pensión.

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A 86 años, llanto por la muerte de Federico García Lorca

por Teresa Amiguet

El 1 de septiembre de 1936 La Vanguardia publica unas líneas que aluden a la muerte de Lorca. Dos semanas después del asesinato todo son meros rumores y desmentidos. El fusilamiento se intuye pero no es confirmado. Las ideas progresistas de Lorca y su condición de homosexual y hombre de letras hacían de él una víctima propiciatoria. En plena Guerra Civil nuestro poeta universal no era sino un rojo más.

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«Que no se lo lleve el viento», lanzamiento del libro de Valeria Varas 

por Guillermo Correa

Si olvido   /   mis hijos cargarán la ira   /   Si no olvido   /   le pongo nombre a la justicia / y a ellos   /   les nacerán alas                                                                                                                         (Poema “Futuro”, Valeria Varas)

El viernes 12 de agosto en la Sala de Lecturas de la Ex Cárcel de Valparaíso, hoy Parque Cultural, se efectuó el lanzamiento del libro “Que no se lo Lleve el Viento”, de la autora Valeria Varas. Esta actividad fue organizada por el Colectivo de Ex Presos Políticos de Valparaíso y participaron como panelistas Daniela Retamales Aguilar, Sicóloga y amante de la literatura, Alejandro Banda Pérez, Profesor, Investigador Independiente y Poeta, y la escritora Valeria Varas, de profesión Antropóloga. 

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Reflexiones sobre poética

por Horacio Ramírez

La nuestra es la única civilización que ha prescindido -desde el Renacimiento, por lo menos- del principio fundacional de lo Sagrado.

Es una civilización sin la Trascendencia como valor fundacional del pensamiento; puro presente con pretensiones de ser un demiurgo de su propio pasado y destino; un algo insustancial sin un futuro de novedades, como lo es un silogismo, donde en la premisa mayor ya está grabada a fuego la conclusión: si todos los Hombres son mortales, no necesito nada para saber que Sócrates también lo es. Una civilización sin buenas nuevas, sin evangelio: una civilización de puras noticias, simples datos de los que participamos pasivamente.

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Cuento de Fabio Morábito: «La caída del árbol»

Oyó a la madre de Alfonso caminar en la habitación de arriba y recordó que ni él ni Rubén ni Alejandro, a pesar de haber frecuentado esa casa durante tanto tiempo, habían subido alguna vez a la planta alta. Pensó que todavía podía huir. Aunque se había preparado mentalmente para saludar a una mujer entrada en años, nunca imaginó aquel estrago y se preguntó si ella, cuando le abrió, al verlo también a él tan cambiado, no habría sentido su misma zozobra. Tal vez si huyera en ese momento ella sería la primera en agradecérselo. Cuando le había dicho por teléfono, contestando a su invitación de dejarse ver una tarde de esas, que podría visitarla el martes siguiente, ya que tenía que ir a un laboratorio médico que se encontraba a dos cuadras de su casa, su tono cantarín había tenido una ligera caída, como si no hubiera esperado que la invitación fuera a ser tomada en serio.

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Lanzamiento del archivo audiovisual de Cine Fórum Valparaíso

por Guillermo Correa

El viernes 5 de agosto se realizó en el local de calle Salvador Donoso N° 1408, Sala 2, el lanzamiento oficial del sitio web donde se encuentra alojado el Archivo audiovisual del Cine Fórum de Valparaíso (www.cineforum.cl ). Esto es fruto de un proyecto que inicia sus primeros pasos para ordenar y poner a disposición de todas y todos quienes quieran acceder a esta plataforma una gran cantidad de material fílmico recibido a lo largo de los más de treinta años que lleva en funcionamiento el Colectivo Cine Fórum de Valparaíso, especialmente documentales y películas que han participado en los distintos festivales iniciados el año 2007, como son el Festival de  Cine Social y de Derechos Humanos “Cine Otro” y el Festival de Cine de los Pueblos Originarios y de las Naciones sin Estado “Cine Otro”.

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El cine soviético

por Carlos Márquez

La revolución rusa de 1917 es la más grande transformación que ha tenido la humanidad. Tuvo que lidiar con un colosal retraso cultural. Las masas vivían bajo enorme explotación y atraso cultural. El 80% de las personas entre 8 y 50 años eran analfabetas. En Asia central muchas lenguas ni siquiera tenían alfabeto gráfico. Al descomunal atraso cultural heredado había que sumar las profundas dificultades económicas de la revolución en sus primeros años.

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Cuento de Clarice Lispector: «Felicidad clandestina»

Ella era gorda, baja, pecosa y de pelo excesivamente crespo, medio pelirrojo. Tenía un busto enorme, mientras que todas nosotras todavía éramos planas. Como si no fuera suficiente, por encima del pecho se llenaba de caramelos los dos bolsillos de la blusa. Pero poseía lo que a cualquier niña devoradora de historias le habría gustado tener: un papá dueño de una librería.

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Roger Waters en concierto: el arte y la política en tiempos de crisis

por David Walsh

Roger Waters, el famoso músico, activista, cofundador de Pink Floyd y su principal fuerza creativa de 1968 a 1984, está realizando una gira para presentar su concierto y rendición multimedia This Is Not a Drill (No es un simulacro) en todo Norteamérica. Se espera que al menos un millón de personas asistan.

La gira, la cual se detuvo en Detroit el 23 de julio, utiliza el amplio catálogo artístico de la élite gobernante en EE.UU. y todo el mundo. Casi todas las canciones abordan problemáticas contemporáneas: la guerra imperialista, el fascismo, el veneno del nacionalismo, la situación crítica d ellos refugiados, las víctimas de la opresión estatal, la pobreza global, la desigualdad social, el ataque a los derechos democráticos y el peligro de la aniquilación nuclear.

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Darío y Martí

por Italo Nocetti

EL encuentro continental aun pasa desapercibido, en New York ahí donde el luchador iba predicando libertad, se encontraron una vez. EL poeta se acerca a su prójimo con los brazos abiertos, diciendo: “Mi hijo”, saludo inusual e inicial de una efímera relación personal; es que Rubén no era de profundizar amistades, pasaba por la vida con la fulgurante velocidad de lo moderno, siempre en movimiento, pasando de la potencia al acto sin esperas, se lo llevaba el impulso de las ciudades y la sensibilidad. Ese fue su destino, llevado por la fascinación de todo lo que era moderno. El predicador de la libertad, en cambio, era asceta como monje, dedicado a una causa que lo superó hasta en la muerte, tenía el destino marcado por la muerte en combate como todos los revolucionarios, se realice o no el oráculo. 

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La oscura paradoja del caso de Bruno Bettelheim

por Molly Finn

Cuando Bruno Bettelheim se suicidó en 1990, a los ochenta y seis años de edad, gozaba de un notable prestigio en diversos campos: como competente y sensible especialista en psiquiatría infantil, en cuya Escuela Ortogénica de la Universidad de Chicago cientos de niños con serias perturbaciones emocionales habían recuperado la normalidad; como experto en la crianza de niños en los kibbutzim israelíes; como sobreviviente de Buchenwald y Dachau, cuyas obras lo encumbraron al rango de autoridad sobre la vida en los campos de concentración, y como especialista en el tratamiento de niños autistas. Sin embargo, pocas semanas después de su muerte ese prestigio se vio seriamente amenazado. Antiguos alumnos denunciaron a través de la prensa que había creado una atmósfera de terror en su afamada escuela. Algunos académicos lo acusaron de plagio, y en varias esferas comenzó a hablarse de falsificación de antecedentes y pretendido rigor en sus investigaciones. El nacimiento y la decadencia de ese extraordinario prestigio es hoy objeto de dos importantes obras: The Creation of Dr. B: A Biography of Bruno Bettelheim, por Richard Pollak, y Bettelheim: A Life and a Legacy, por Nina Sutton. 

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Cuento de Juan García Brun: «Tarde granadina»

Nunca estuve en el sur de España, pero las esquinas de este lugar, la luz y en cierto modo el ambiente era parecido al de mi fabulación. Estrechas calles adoquinadas, jardines floridos que se derramaban tras enrejados y un mar de olas pequeñas, cuyas playas recuerdan los lagos de mi infancia. Era así todo.

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Novela corta de Eduard Limonov: «Soy yo, Edichka»

El Hotel Winslow y sus habitantes
Si pasas entre la una y las tres de la tarde por la avenida Madison, donde se cruza con la calle Cincuenta y cinco, no te hagas el remolón, inclina hacia atrás la cabeza y levanta la vista hacia las sucias ventanas del edificio negro del Hotel Winslow. Allí, en la última planta, la decimosexta, en el balcón del medio de los tres que tiene el hotel, estoy sentado yo, medio desnudo. Suelo comer schi[1] mientras el sol me abrasa, soy un gran amante del sol. El schi con col agria es mi sustento habitual, como una cazuela tras otra, cada día, apenas como nada más. La cuchara con la que como el schi es de madera, la traje de Rusia. Está decorada con flores doradas, rojas y negras.

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Cuento de Juan García Brun: «Aftermath»

Pedro Jara estaba de pie, silencioso y quieto en el centro del patio del establecimiento mirando una pileta vacía que en otro tiempo debió estar ocupada por peces tropicales. Visto desde el quinto piso —en donde me encontraba— su parecido con Solzhenitsyn era asombroso. El lugar era un hospital enorme, de la posguerra, de murallas gruesas, frío y de pequeñas ventanas. No tenía certeza de si el lugar estaba en funcionamiento como hospital, pero en muchas habitaciones podía verse convalecer a personas —principalmente hombres— que evidenciaban atroces laceraciones, cicatrices profundas, amputaciones. Otros mostraban deformidades, cuerpos inconclusos, cráneos alargados.

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Walter Benjamin: «Melancolía de izquierda»

Sobre el nuevo libro de poemas de Erich Kästner[1] (1931)

Hoy los poemas de Kästner están ya disponibles en tres imponentes volúmenes. Sin embargo, cualquiera que desee estudiar el carácter de estas estrofas debería atenerse a la forma en la que ellas originariamente aparecieron. En libros ellas están apiñadas y resultan un tanto sofocantes, pero en el periódico se mueven como pez en el agua. Si esta agua no es siempre de la más limpia y muchos desperdicios flotan en ella, tanto mejor para el autor, cuyos pececillos poéticos pueden engordar con ello.

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Cuerpo y alma (Testről és lélekről)

por Horacio Ramírez

“El amor se compone de una sola alma que habita en dos cuerpos”. – Aristóteles.

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Alguna vez escribí:


“…Cuando no esté, el pasto y las flores 

volverán a crecer en el camino… 

el agua del estanque reflejará sólo el cielo,

las estrellas volverán a no tener nombres

y habrá en la calle flamantes silencios baldíos…

Nada habrá de morir para que yo viva, 

cuando no esté…

Cuando yo no esté ¡Qué alegría!

¡Habrá vuelto a nacer el Paraíso!”

 
(“Cuando no esté” -Frag.-)

Es que la vida funciona así: para seguir siéndolo tiene que incluir la muerte en su ecuación. Tiene que haber una planta que hizo el milagro de producir su propio alimento a partir de la luz de una estrella, de los tantos billones y billones de estrellas que hay en el Universo. Pero también hay otras plantas -como los hongos- que no viven directamente de la luz sino de las plantas que sí lo hacen. Y hay animales -enormes muchos de ellos- que herirán y muchas veces terminarán matando a esas mismas plantas que viven del sol. Y habrá otros animales que matarán a los anteriores, desde dentro como parásitos o desde fuera como predadores. Y así, de muerte en muerte, la vida sigue existiendo: impiadosa, ciega al dolor, al sufrimiento y al miedo de los que van a morir, y ciega a su propio milagro de poder sacarle comida a un reactor de fusión nuclear que se formó espontáneamente en medio del espacio como lo es el sol… pero no es un contrasentido: en el balance final, la vida le gana a las tendencias degradativas del planeta: las montañas se derrumban, pero la vida crece. Los océanos carcomen continentes milenio tras milenio, pero la vida crece. Las tormentas lo derriban todo, pero la vida crece… y no hay “desastre” que no aprovechen a su favor… de hecho, nada es “desastroso” para la vida. Todo lo contrario: cualquier proceso es directa o indirectamente aprovechable para que la vida crezca sobre sí misma, yendo en contra de las mismas leyes de la Física (de la Termodinámica) que predicen la inevitable degradación de toda materia abandonada a sí misma, la materia viva sólo sabe crecer sobre sí misma cuando es abandonada a sí misma.

La vida abandonada a sí misma

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Adán y Eva: la continuidad de la vida

por Horacio Ramírez

Vemos al Hombre. Su sexualidad. Su complejidad o simplicidad psicológica. Su sistema de creencias. Su aparato epistemológico en tanto que creador de realidad. Su actuar. Su devenir. Su desaparición. Su nacimiento. Una red inacabable de instancias que se engranan con nuestra propia percepción y nuestras propias redes. Redes que se informan, que adquieren forma y contenidos. ¿Dónde empieza o termina un ser humano? ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Están sus límites en la piel? ¿En la sociedad que integra?

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Poema de Charles Bukowsky: «La superficie del sol»

Los toros son grandiosos
como la superficie del sol
y aunque los matan para las rancias multitudes,
es el toro quien atiza el fuego,
y aunque hay toros cobardes
tanto como toreros y hombres cobardes,
generalmente el toro se mantiene puro
y muere inmaculado
sin ser tocado por símbolos y élites o falsos amores,
y cuando lo sacan arrastrando
nada ha muerto
y el hedor final
es el mundo.

Wagner para izquierdistas

por Luis Pablo Francescutti

Convertida su música en estandarte del nacionalismo germano por los nazis, y su teatro de Bayreuth en icono de la distinción de la alta burguesía -por no hablar del gusto de Richard Wagner por codearse en su vejez con la aristocracia y la realeza-, el compositor y su obra parecen antitéticos a los valores de la izquierda. Sin embargo, en los últimos años se viene intentando rehabilitar su faceta de artista comprometido con la revolución, la lucha contra el clero y con la creación de un arte para el pueblo. ¿Tiene asidero esta interpretación?

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