Lanzamiento del libro «Maw kurruf duguy werken»: la palabra indócil de Rafael Pichún Collonao


por Gustavo Burgos

En la fría celda de una cárcel del Estado chileno, entre abril y octubre del año 2024, Rafael Pichún —preso político mapuche— escribió con trazos de carbón un libro que no se somete. Maw kurruf duguy werken (El mensajero que cabalga bajo una fina llovizna) no es solo una pieza literaria de alto vuelo, es un gesto de insurrección cultural, un acto de memoria activa que se inscribe en la más honda tradición de la literatura de resistencia.

Pichún escribe desde el cautiverio, pero no desde la derrota. Su palabra, susurrada al oído del lector con la calidez de un epew al atardecer, viaja en tres registros que se funden sin fisuras: la revelación íntima de la infancia, el testimonio épico del guerrero contemporáneo y la visión profética de quien no pide permiso para imaginar el futuro. La cárcel no logra quebrar al werken, y en cada página, el lector palpa no el encierro sino la vastedad del lof, el rumor de los árboles, el fuego que no se apaga.

En un castellano contaminado de mapuzungun, o tal vez al revés, la prosa de Pichún fluye con una oralidad persistente que recuerda la potencia testimonial de Pascual Coña y el filo melancólico de Claudio Bertoni. Hay en sus relatos un humor fino, casi imperceptible, como el destello en la mirada de quien sabe que la historia no ha terminado. Escribe como si estuviera conversando al borde de un fogón, rodeado de hermanos, sabiendo que la palabra compartida es más fuerte que el cerco.

“Maw kurruf duguy werken” es también un libro dibujado. Las ilustraciones —que parecen trazadas con carbón sobre la húmeda pared de la celda— rubrican el tono subversivo del texto: son rostros, montes, animales, símbolos, grafías del alma mapuche que se niega a ser borrada. El dibujo, como la escritura, es aquí un acto político: Pichún no solo cuenta, sino que deja huella.

En un tiempo de simulacros y fetiches identitarios, este libro se levanta como una afirmación radical de existencia. No hay aquí lugar para el folclorismo ni para la conmiseración. La literatura de Pichún es política porque nace del dolor y de la esperanza, del pasado y del porvenir. Es la voz de una nación que resiste no solo en la lucha abierta, sino en cada palabra que no se deja domesticar.

En su encierro, Rafael Pichún se vuelve autor de una obra que respira libertad. Y desde su cárcel, nos recuerda que la palabra, cuando es verdadera, siempre encuentra el modo de cabalgar con el viento.

(Las imágenes que acompañan esta nota corresponden al lanzamiento del libro el día de ayer en la Casa de la Memoria de General Mackenna 602, Cerro Yungay, Valparaíso. La obra, editada por la Editorial Petu Muley Newen, forma parte de un esfuerzo por difundir tanto la obra de quien fuera vocero de la CAM encarcelado, como de contribuir al financiamiento de su defensa. Expusieron el hijo de Rafael, Antu Pichún, el escritor y sociólogo Tito Tricot y quien suscribe esta nota)