Llegar a casa es terrible,
ya sea que los perros te laman la cara o no;
ya sea que tengas esposa
o solo una soledad con forma de esposa esperándote.
Llegar a casa es terriblemente solitario,
tanto que piensas
en la opresiva presión barométrica
de donde acabas de venir
con cariño,
porque todo es peor
una vez que estás en casa.
Poesía
Poema de Zbigniew Herbert: «Los padres de una estrella»
Los relojes funcionaban regularmente así que solo esperaban
al efecto avalancha y si después pasaría
por la curva que habían trazado en un folio del éter
estaban tranquilos seguros desde la torre de sus cálculos
entre volcanes benignos bajo la custodia del plomo
cubiertos por un cristal y por el silencio y un cielo ya sin secretos
los relojes funcionaban regularmente así que la explosión se produjo
Traducción del Canto XIII de Ezra Pound
por Aniceto Hevia
En memoria de Baruj Spinoza.
Introducción para los lectores.
Si bien los Cantos de Pound son una aventura intelectual exigente en erudición éste Canto parece claro, directo, amable al lector. No es este el caso, nunca es el caso en el poeta, al leerlo hay que aguzar el intelecto y entender que su poesía no es de apariencias; sino como el decía es logopea. Poesía del logos, del verbo significativo, no de la imagen placentera, una palabra que crea un mito que trasciende el tiempo y las culturas. Este caso resulta curioso, no se ve que en la historia de la literatura moderna haya tanto afán de sentido y referencia, que Pound las hace brotar con tanto dinamismo, en su mundo intemporal. Él lo dijo: “they don´t catch the irony”, es decir, “no entienden la ironía”, asunto gravitante en este poema que se puede considerar una obra maestra al respecto. Para comprenderlo se debe tener en cuenta que el lugar no es allá sino aquí, el tiempo no es el ayer es el ahora. El poema no le habla al hombre de hoy, no es la reconstrucción estetizante, ornamental, de un pasado preterido con la forma de un poema narrativo. Y, cabe agregar, en su favor que utiliza el mismo dispositivo semiológico que Bertolt Brecht, el extrañamiento (Entfremdung). Ambos ubicados en las antípodas en cuanto a las ideas, quedaron unidos para siempre por un procedimiento del linaje de la ironía romántica. Un fascista y un comunista de acuerdo, quién lo pensaría. Parece que se les olvidó algo a K. Marx y G. Lukács,entre la representación y lo representado la dialéctica juega alegremente sus astucias. Finalmente, no hay errores de puntuación, las transgresiones ortográficas cumplen la labor de proteger el verso escultórico de Pound que transgrede todas las normas y reglas.
Poema de Giordano Bruno: «Mi solitario viaje a aquellos sitios»
Mi solitario viaje a aquellos sitios
a los que ya volviste tu alta mente,
se eleva al infinito, pues preciso
es que el objeto iguale industrias y artes.
Poema de Bertolt Brecht: «Nuestras derrotas no demuestran nada»
Cuando los que luchan contra la injusticia
muestran sus caras ensangrentadas,
la incomodidad de los que están a salvo es grande.
Poema de Dylan Thomas: «Un cambio en los climas del corazón»
Un cambio en los climas del corazón
vuelve seco lo húmedo, la bala de oro estalla
sobre la tumba helada.
Un clima en la comarca de las venas
cambia la noche en día; la sangre entre sus soles
ilumina al viviente gusano.
Poema de Jorge Teillier: «Señales»
Atardece. Se disuelven
las lejanas humaredas de los cerros.
Los gorriones picotean cerezas pasadas.
El tren de carga pasa
dejando una estela de carbón y mugidos.
Lanzamiento del libro «Maw kurruf duguy werken»: la palabra indócil de Rafael Pichún Collonao
por Gustavo Burgos
En la fría celda de una cárcel del Estado chileno, entre abril y octubre del año 2024, Rafael Pichún —preso político mapuche— escribió con trazos de carbón un libro que no se somete. Maw kurruf duguy werken (El mensajero que cabalga bajo una fina llovizna) no es solo una pieza literaria de alto vuelo, es un gesto de insurrección cultural, un acto de memoria activa que se inscribe en la más honda tradición de la literatura de resistencia.
Poema de Aniceto Hevia: «Hui Neng el Séptimo Patriarca o el Sutra de la Desolación»
Miles, and miles, and miles of desolation.
Charles Swinburne.
Hoy día parece que volví a vivir, aun resisto las rondas de la muerte. Se prende ese pequeño farol de mediodía en las calles sin nombre donde brillan torcidos adoquines. La noche cenital ya me envolverá entre brumas y muelles de sueño. Cruz del Sur.
La primera ancianidad de Enrique Lihn
por Roberto Merino
Hablé por primera vez con Enrique Lihn un anochecer de verano en el Parque Forestal. Habíamos llegado ahí vagamente atraídos por unos conciertos al aire libre que solían organizarse por entonces en la parte posterior del Museo de Bellas Artes. Para un presunto poeta de 17 años, el acercamiento personal a un poeta mayor y admirado tiene la mayor relevancia biográfica. Por eso mantengo nítidos en la memoria los detalles de ese remoto encuentro casual. Conversamos sobre Rodrigo Lira, al que Lihn acababa de otorgar su voto en un concurso de poesía de la revista La Bicicleta, pero sobre todo, recuerdo, gastamos el tiempo observando al maestro Víctor Tevah, que en ese momento dirigía la orquesta filarmónica de Santiago en el escenario. Lihn decía que cuando estaba en el colegio, solían llevarlo obligado a los conciertos de Tevah y que su apariencia era exactamente la misma: en cuarenta años no manifestaba signos visibles de envejecimiento. Aparecía, por tanto, a sus ojos, como una suerte de Dorian Gray; constatación hilarante, a despecho de la respetabilidad del músico.
Poema de Juan García Brun: «El juicio»
He visto cosas increíbles, cosas que la lluvia se lleva, cosas que el olvido arroja al espacio como llamaradas de un ejército perdido. He visto las piedras ordenadas, conformando bóvedas, puentes y caminos en un mundo bajo cuyo Sol fijo, transita Dios. Un mundo pequeño habitado por el creador, un espacio rígido decorado por vegetación reseca y lentas aves grises. Allí donde duerme —un túnel carente de propósito— sueña con un fuego que agita, con armas, mieles traslúcidas y racimos y sueños cargados de ansiedad, cuya estructura domina el deseo de un juicio final.
Composición y recomposición del lugar en la poesía de Omar Lara
por Niall Bins
Cuando en el año 1964 llegó Omar Lara, desde su pueblo de Nueva Imperial, a la hermosa ciudad universitaria de Valdivia, no era un momento fácil para iniciarse como poeta en Chile. El que Marcelino Menéndez y Pelayo bautizara, en el cuarto centenario del Descubrimiento, como un “país de historiadores” inoculado contra todo atisbo de poesía, se había metamorfoseado en pocas décadas en el “país de poetas” por excelencia. Gabriela Mistral era, en ese entonces, el único Nobel hispanoamericano; Huidobro había sido el gran pionero de las vanguardias hispanas; Pablo de Rokha seguía siendo una vociferante y a veces imponente presencia; y Pablo Neruda era el Poeta por antonomasia de la lengua, el más contagioso de los poetas de amor del siglo veinte, uno de los más desgarradores de la vanguardia, el más influyente de los poetas políticos, el gran vate de la epopeya americana y, últimamente, una especie de antipoeta melancólico que estaba entrando en el otoño de su vida. Nicanor Parra dijo en esos años, y lo dijo bien, que si la obra de Neruda era una “obra irregular”, también lo era la cordillera de los Andes, pero en 1964, cuando Neruda publicó una ambiciosa autobiografía en verso, Memorial de Isla Negra, debe de haberse dado cuenta de que ya no importaba tanto ni impresionaba tanto ni obligaba a los poetas jóvenes como antes. Éstos preferían, en sus lecturas, a tres estupendos poetas que se habían librado de la sombra nerudiana –y la sombra de todos sus predecesores– y estaban luchando por reorientar el canon chileno. Preferían a Parra, cuya antipoesía era un sabotaje directo al “Olimpo” de sus maestros y cuyos irreverentes Versos de salón habían aparecido en 1962; a Enrique Lihn, que había publicado en 1963 el tercero de sus libros y su primera obra maestra, La pieza oscura; y a Jorge Teillier, que aún no cumplía treinta años, pero cuya poesía “lárica” –Poemas para un país de nunca jamás, de 1963, era su cuarto libro– se había hecho precozmente imprescindible.
Poema de Juan García Brun: «El hechizo»
El príncipe mueve las manos en círculos, en la oscuridad. No duerme, no se viste y grita dando lugar a la lluvia que antecede a la nieve. Estentóreas, las olas le responden sacudiendo los arrecifes y la que fue su nave se pierde entre la espuma, despedazada. Ni las estrellas ni la luna presencian ese naufragio final. Terco, al hablar pone las manos sobre los hombros y bajo sus nobles párpados se representa el abismo que oculta ese mar en que sus capitanes han entregado las almas. De rodillas ruega, suplica. Sabe que aún la tempestad le permite ser oído.
Poema de Antonio Machado: «Otro clima»
¡Oh cámaras del tiempo y galerías
del alma, tan desnudas!
dijo el poeta. De los claros días
pasan las sombras mudas.
Poema de Jacques Prevert: «Intento de descripción de una cena con máscaras en Paris, Francia»
Los que piadosamente…
Los que copiosamente…
Los que patrioterizan…
Los que inauguran
Los que creen
Los que creen creer
Poema de Leopoldo María Panero: «Himno a Satán»
«Ten piedad de mi larga miseria»
Le fleurs du mal
Charles Baudelaire
Tú que eres tan sólo
una herida en la pared
y un rasguño en la frente
Los mejores poemas no se escriben en papel
por Emilio Santiago
“Poesía, vida futura en el interior del hombre que ha ganado en calidad” René Char
Hubo un tiempo en que se entendió, y hasta se dio por asumido (pienso en la Internacional Situacionista y su influencia en el 68 francés), que categorías como arte o literatura eran expresiones culturales históricas. Esto es, realidades que no conformaban un universal antropológico, algo presente en cualquier sociedad imaginable, sino que estaban circunscritas a una época concreta, la modernidad capitalista. Más aún, para estos discursos el arte y la literatura en tanto que formassociales, independientemente de que sus contenidos fueran ideológicamente progresistas o reaccionarios, encarnaban muchos rasgos alienantes y opresivos del capitalismo moderno y ayudaban a reproducirlo. A su vez, como todas las realidades históricas, el arte o la literatura debían pensarse como fenómenos transitorios. Y por tanto susceptibles de ser transformados mediante la lucha y el conflicto hacia nuevas formas de organizar la creatividad y el juego simbólico que fueran más liberadoras. El argumento no dejaba de ser una aplicación de la noción de historicidad que nos enseñó a pensar el marxismo a otras facetas de la vida social, más allá de la economía o la política. Del mismo modo que las relaciones mercantiles, la propiedad privada o el Estado eran susceptibles de desaparecer dando lugar a una sociedad nueva y superior, la misma esperanza utópica podía ampliarse a los esquemas perceptivos, a la sensibilidad o las diversas formas culturales de conjugar la belleza.
Poema de Lawrence Ferlinghetti: «Un gallo gritaba durante mi sueño»
Un gallo gritaba durante mi sueño
en algún lugar de América Central
para despertar a las mentes neutras
de Estados Unidos
Poema de Gregory Corso: «Matrimonio»
¿Debería casarme? ¿Debería ser bueno?
¿Dejar sorprendida a la vecina con mi traje de terciopelo y mi gorro fastuoso?
No invitarla a ver películas pero sí a cementerios
contarle todo acerca de las tinas licántropas y los clarinetes curvados
luego desearla y besarla y todos los preliminares
y ella sin querer llegar más lejos y yo al entender bien por qué
sin enojarme decirle ¡Tienes que sentir! ¡Es hermoso sentir!
Salmo 44(I-II): «Las nupcias del Rey»
Me brota del corazón un poema bello,
recito mis versos a un rey;
mi lengua es ágil pluma de escribano.
Eres el más bello de los hombres,
en tus labios se derrama la gracia,
el Señor te bendice eternamente.
Poema de Juan García Brun: «El Halcón Rojo»
Aprovechando las celebraciones tomé ese velero y me interné en el mar. Lo hice hacia el oriente, por los desfiladeros. La mañana era aplastada por una luminosidad impasible y nubosa, mientras una bandada de pelícanos se dejaba caer caótica en la huella de la nave. Caían cerca, salpicándome. Parecían magnetizados: sus ojos vacíos y negros emergían de las aguas una y otra vez, sin alimento. Desde las alturas podían oírse alaridos, unos alaridos bestiales que se replicaban mientras la marejada sacudía un horizonte que se abría azul. Desde esas alturas mi embarcación era una minúscula y temblorosa marca blanca.
Dylan Thomas: «Manifiesto poético»
En el verano de 1951 un joven de veintiún años que estaba trabajando en una tesis sobre Dylan Thomas le formuló cinco preguntas, que el poeta le pidió le redactase por escrito para poder estudiarlas antes de contestarlas. Las preguntas eran las siguientes: 1) ¿Por qué empezó a escribir poesía? ¿Cómo empezó y qué poetas o poemas influyeron en usted? 2) Se ha dicho que tres influencias dominantes se destacan en su obra: Joyce, la Biblia y Freud. ¿Es cierto? 3) ¿Usa usted deliberadamente todos los recursos poéticos en sus trabajos? ¿O simplemente “surgen”? 4) ¿Usa usted las combinaciones de palabras a la manera surrealista? 5) ¿Cuál es su definición de la poesía? Esta fue su respuesta:
Poema de Nicanor Parra: «Se canta al mar»
Nada podrá apartar de mi memoria
La luz de aquella misteriosa lámpara,
Ni el resultado que en mis ojos tuvo
Ni la impresión que me dejó en el alma.
Raúl Zurita: «Soy un comunista en 2020: quiero una revolución y una sociedad sin clases»
por Lorena Maldonado
“Destrocé mi cara tremenda / frente al espejo / te amo -me dije- te amo / te amo a más que nada en el mundo”, escribe Raúl Zurita (Santiago de Chile, 1950) en Tu vida rompiéndose (Lumen). Una vez, en el 75, se quemó a sí mismo la mejilla con hierro encendido, de pura psicosis, de pura angustia vital, de puras ganas de empezar de nuevo como un bebé en el ancho mundo, y gritó y rabió y aún así se amaba.
«Batman en Chile», de Enrique Lihn: Un poeta en contra del imperialismo cultural
por Daniel Rojas Pachas
El humor en las tres novelas de Enrique Lihn se puede enmarcar dentro de lo que Macedonio Fernández desarrolló como humorismo conceptual en Una teoría de la humorística (1944). El humor conceptual pretende generar en el lector un contacto con la irrealidad, sumirlo en la ilogicidad y que se produzca una fisura en lo que fundamenta la razón, el habla del poder y el predominio de las ideologías.
Narración de Juan Navarrete: Hojas de manzano, mudanzas del tiempo
— EVOCACIÓN — [mayo]
Una señora conjura el frío con un amargo en el borderío. Su corte son los botes cargados con manzanas, chicha en chuicos, damajuanas. Le revolotean niños abrigados en lana –acaso sus nietos- que suben y bajan.
Mayo nos muerde otra vez los dedos; la anciana conjura el frío envuelta en luz de manzanas.
Efraín Barquero: adiós al poeta de la tierra telúrica
por Edmundo Moure
«Un hombre es desterrado a perpetuidad
y sale con un pedazo de su cuerpo
a vivir en la otra orilla del mundo
a donde solo llega la voz de sus muertos».
Efraín Barquero
Por distintos caminos y en diversos lugares he buscado al poeta de los lares, a Efraín Barquero, nuestro cantor campesino de Chile, hijo de la tierra y del pan temprano de Piedra Blanca.
Hacía 46 años que había partido, desde su casa rural en Lo Gallardo, con una raída maleta en la que llevaba sus libros más queridos y algunos sueños que le nacieron: «a través del humo y la niebla, cubriéndole la boca, palpándose el rostro, alisando los bordes del silencio enterrado”.
Poema de Constantino Kavafis: «Esperando a los bárbaros»
-¿Qué esperamos congregados en el foro?
Es a los bárbaros que hoy llegan.
-¿Por qué esta inacción en el Senado?
¿Por qué están ahí sentados sin legislar los Senadores?
Porque hoy llegarán los bárbaros.
¿Qué leyes van a hacer los senadores?
Ya legislarán, cuando lleguen, los bárbaros.
Claudio Bertoni: «El que huye de la muerte la persigue»
por Daniel Hopenhayn
Para enfrentar la pandemia, tienes la ventaja de que vivir aislado en tu casa es tu rutina hace décadas, pero la desventaja de ser un hipocondríaco. ¿Cuál de esos dos factores ha pesado más?
La desventaja. Porque en términos de vivir cagado de susto, hace tiempo que las cosas han ido empeorando para mí. El escritor italiano Guido Ceronetti, en un libro absolutamente malvado que se llama El silencio del cuerpo, dice de repente: “Somos seres de una deslumbrante fragilidad y pequeñez”. Esa deslumbrante fragilidad a mí me corre por la sangre, pero ha recrudecido con el tiempo. Y la guinda de la torta ha sido esta cuestión del virus. La maldita paranoia que transmite la televisión, en la cabeza de un hipocondríaco como el que te habla, sube a unas alturas inconmensurables.
Poema de Pedro Alonso Retamal: ¿Quién te dijo a ti que te hicieras carabinero, Juan Antillanca?
¿Quién te dijo a ti
que te hicieras carabinero,
Juan Antillanca?
Poema de James Merrill: «Perdido en la traducción»
En la biblioteca, una mesa de juego
espera preparada el rompecabezas que nunca llega.
La luz del día brilla o desde la lámpara desciende
sobre el tenso oasis de fieltro verde.
La vida sigue, llena de insatisfacción,
espejismo surgido del goteo de la arena del tiempo
o cae poco a poco en el lugar correcto:
lección de alemán, picnic, columpio, caminata
con el collie que ‘hacía de todo menos hablar’—
amargas frutas caídas del huerto detrás de nosotros.
Un verano sin padres es el rompecabezas,
o debería serlo. Pero el chico, día tras día,
escribe en su diario Ningún rompecabezas.
Poema de Fernando Pessoa: «No basta abrir la ventana»
No basta abrir la ventana
para ver los campos y el río.
No es suficiente no ser ciego
para ver los árboles y las flores.
Poema de Julio Cortázar: «Policrítica en la hora de los chacales»
Explicación del título: hablando de los complejos problemas cubanos, una amiga francesa mezcló los términos crítica y política, inventando la palabra “policritique”. Al escucharla pensé (también en francés) que entre poli y tique se situaba la sílaba cri, es decir grito. Grito político, crítica política en la que el grito está ahí como un pulmón que respira; así he entendido siempre, así la seguiré sintiendo y diciendo. Hoy hay que gritar una política crítica, hay que criticar gritando cada vez que se lo cree justo: sólo así podremos acabar un día con los chacales y las hienas.
«Un mar de piedras», de Raúl Zurita: El tiempo de un libro
por Nicolás López-Pérez
¿Cuántas piedras tiene el mar de piedras? ¿Cuál es la extensión del mar? ¿Es decible, es imaginable, cabe en el margen de un par de páginas? ¿Cabe en más de trescientas entrevistas concedidas por Raúl Zurita entre 1979 y 2017 en prensa chilena e internacional? Adquirí el libro el día 23 de mayo de 2018 cuando se presentó en la sala América de la Biblioteca Nacional. Desde el ejemplar, ¿su autor?, me vaticinó con afecto: “todo el amor, toda la pasión, toda la verdad, toda la belleza.” Eso y más he visto en la lectura de Un mar de piedras. Algunos afectos y efectos de regreso:
Poema de Víctor Hugo: «Quien no ama no vive»
Quienquiera que fueres, óyeme:
si con ávidas miradas
nunca tú a la luz del véspero
has seguido las pisadas,
el andar suave y rítmico
de una celeste visión;
Poema de Stéphan Mallarmé: «Aparición»
La luna se entristecía. Serafines llorando
sueñan, el arquillo en los dedos, en la calma de las flores
vaporosas, sacaban de las lánguidas violas
blancos sollozos resbalando por el azul de las corolas,
Poema de Bertolt Brecht: «Preguntas de un obrero que lee»
¿Quién construyó Tebas,
la de las Siete Puertas?
En los libros figuran
sólo los nombres de reyes.
¿Acaso arrastraron ellos
bloques de piedra?
Poema de Tristan Tzara: "En el camino de las estrellas marinas"
Qué viento sopla en la soledad del mundo
Para que yo me acuerde de los seres queridos
Frágiles desolaciones aspiradas por la muerte
Más allá de las torpes persecuciones del tiempo
La tempestad se deleitaba ante su fin tan próximo
Que la arena no redondeaba ya su dura cadera
Pero en las montañas las bolsas de fuego
Vaciaban con seguridad su luz de presa
Pálida y corta como un amigo que se extingue
Del cual nadie puede decir ya su contorno con palabras
Y ninguna llamada en el horizonte tiene tiempo de socorrer
Su forma mensurable inicuamente a su desaparición
Poema de Rodrigo Lira: “Comunicado”
A la Gente Pobre se le comunica
Que hay Cebollas para Ella en la Municipalidad de Santiago.
Las Cebollas se ven asomadas a unas ventanas
Desde el patio de la I. Municipalidad de Santiago.
Tras las ventanas del tercer piso se divisan
Unas guaguas en sus cunas y por las que están un poco más abajo
Poema de Mauricio Redolés: «Ver de nuevo»
Ver de nuevo un militar a cargo de restituir un Estado Injusto que se desvanece, es mi derrota.
Vuelvo a ser encarcelado y torturado, es mi derrota.
Escuchar al militar matizar su rol de represor con un comentario sobre fútbol, es mi derrota.
Poema de San Agustín: «Tarde te amé»
Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé!
Tú estabas dentro de mí, y yo fuera, y por fuera te buscaba, y me lanzaba sobre las cosas hermosas creadas por Ti.
Poema de Vicente Huidobro: «Ella»
Ella daba dos pasos hacia adelante
Daba dos pasos hacia atrás
El primer paso decía buenos días señor
El segundo paso decía buenos días señora
Y los otros decían cómo está la familia
Hoy es un día hermoso como una paloma en el cielo
Poema de Gonzalo Millán: «La ciudad»
El río invierte el curso de su corriente
El agua de las cascadas sube
La gente empieza a caminar retrocediendo
Los caballos caminan hacia atrás
Los militares deshacen lo desfilado
Las balas salen de las carnes
Las balas entran en los cañones
Los oficiales enfundan sus pistolas
La corriente penetra por los enchufes
Los torturados dejan de agitarse
Los torturados cierran sus bocas
Los campos de concentración se vacían
Aparecen los desaparecidos
Los muertos salen de sus tumbas
Los aviones vuelan hacia atrás
Los Rockets suben hacia los aviones
Allende dispara
Las llamas se apagan
Se saca el casco
La Moneda se reconstituye íntegra
Su cráneo se recompone
Sale a un balcón
Allende retrocede hasta Tomás Moro
Los detenidos salen de espaldas de los estadios
11 de septiembre
Las fuerzas armadas respetan la Constitución
Los militares vuelven a sus cuarteles
Renace Neruda
Víctor Jara toca la guitarra, canta
Los obreros desfilan cantando “venceremos”
Documental «Zurita, verás no ver»: «Y llorarás…»
por Alejandra Boero Serra
«Y las mejillas de amor se transparentan/ subiendo y los ojos hechos polvo de toda la/ muerte arrojada, de todas las tumbas arrojadas, de/ todo el sueño y el mar y el amor arrojados».
Raúl Zurita
En un país donde la poesía se respira y se discute, en Chile, Raúl Zurita, poeta, performer, prestigioso, incómodo, sigue escribiendo, dibujando, reflejando, proyectando su voz. Dando su vos. Mostrando su voz/vos. Dejando alli, su cuerpo. Textual. Metafórico.
«Verás un mar de piedras». En los acantilados de Pisagua. Luz proyectada en 22 frases/mantras. Palabras que horadarán la piedra desde el mar. Hasta que anochezca. Y al amanecer… Una última frase.
Una acción poética que da cuenta de una vida. Un cuerpo que da vida a las palabras. Palabras que, cielo y tierra mediante, alumbran el cono de sombra del cuerpo poético, de la obra vivida, de la vida en acción de poesía permanente.
Poema de Omar Lara: «Diario de Viaje»
Yo vivía en un barco
en el rincón más dulce de ese barco
en cubierta crujían las sogas y los fierros
en el cuarto más dulce yo escuchaba
escuchaba a cubierto de lluvias y de vientos
adorando como un náufrago a la dueña del viaje
a la que doy
temblando
mi precario bagaje.
Poema de Jorge Teillier: «Bajo el cielo nacido tras la lluvia»
Bajo el cielo nacido tras la lluvia
escucho un leve deslizarse de remos en el agua,
mientras pienso que la felicidad
no es sino un leve deslizarse de remos en el agua.
O quizás no sea sino la luz de un pequeño barco,
esa luz que aparece y desaparece
en el oscuro oleaje de los años
lentos como una cena tras un entierro.
Poema de Yves Bonnefoy: «De nuevo las uvas de Zeuxis»
Zeuxis pintaba protegiéndose con el brazo izquierdo contra las aves hambrientas. Pero estas llegaban incluso bajo su pincel apremiado a arrancar jirones de tela.
Poema de Pedro Montealegre: «Mi padre»
Mi padre: negación y negación; contra-padre, ciudad, aceptación
–lejana– del lirio, su gónada
y recuerdos rajados: la nuez en la cabeza –de san Antonio de
Padua– la cabeza roída: yo rezaba, y de súbito
un pozo más y más fondo; y las palabras, un pozo; y los
hermanos, un pozo: todo un eco la salida,
todo un eco –política de gotas de ácido– la quemadura, la vereda,
no más barro, espesor significado en ti
o sobre ti. Ciudadano, nunca he dicho sujeto: tu corazón o mi
sílaba. Tu pericardio, el baptisterio,
los prestamistas, limpios: no pureza, no oxígeno –es lo albo su
mancha– el aceite en sus manos.
Poema de San Juan de la Cruz: «Noche oscura del alma»
En una noche oscura,
con ansias en amores inflamada
¡oh dichosa ventura!
salí sin ser notada,
estando ya mi casa sosegada.
«Cabro chico», de Claudio Bertoni: El oficio de la memoria
por Cristián Brito
Recuerdos que regresan desde un tiempo remoto. Un pasado que se diluye en el olvido pero que aún sigue presente. Cabro chico, de Claudio Bertoni (1946), es una suerte de diario de memorias del fotógrafo, artista visual y poeta chileno.
En el volumen el autor toma nota de sus recuerdos cuando niño. En un relato que no deja pausas se intercalan poemas, notas y textos sobre lo que el vate recuerda de su temprana infancia. Aquí podemos encontrar, por ejemplo, su despertar del deseo sexual. “La señorita Teresa fue el primer amor de mi vida (no sé cómo supe a esas alturas que ella tenía treinta años) / Rubia y yo de cinco (años) / Vivía en la azotea (encima del ropero la pistola de su pololo el bombero.», anota Bertoni.
Poema de Jaime Rayo: «Narciso»
Un soberbio mapa de sangre, el límite preciso,
Expía sus pecados y os deja siempre esperando el desenlace.
No busca días perfectos, la causa ni el sino de la espera.
Empapado en aguas de paraíso, los años le lamen
Sus simplezas de experto y esa aureola casual tan peligrosa.
Dante Alighieri: primer soneto (La Vida Nueva)
Transcurridos bastantes días para que se cumplieran nueve años tras la supradicha aparición de la gentilísima criatura, aconteció que la admirable mujer aparecióseme vestida con blanquísimo indumento, entre dos gentiles mujeres de mucha mayor edad. Y, al entrar en una calle, volvió los ojos hacia donde yo, temeroso, me encontraba, y con indecible amabilidad, que ya habrá recompensado el Cielo, me saludó tan expresivamente, que entonces creíame transportado a los últimos linderos de la felicidad.
Poema de Mijaíl Borisov: «He visto la batalla»
He visto la batalla.
Creedme: he visto combates que no habría podido imaginar, ni aiquiera en sueños;
mientras un proyectil tras otro velaba de humo el montón de cadaveres
y el metal mellado dibujaba nuestros destinos con su garra:
todo lo destrozaba,
dibujaba negras nuebes de seta en el cielo.
Creedme, he visto los combates, he sentido su frío
cuando la muerte marchaba a nuestro lado
y recordaré esos combates para siempre;
cuando cierra las manos en torno de mi garganta
y me despierto de noche, indefenso,
como un bote atrapado en un remolino, incapaz de liberarse de su giro.
Pero ya no siento miedo.
He sobrevivido en las puertas del infierno:
he visto la batalla.
Aldo Pellegrini: Se llama poesía todo aquello que cierra la puerta a los imbéciles
La poesía tiene una puerta herméticamente cerrada para los imbéciles, abierta de par en par para los inocentes. No es una puerta cerrada con llave o con cerrojo, pero su …
Poema de Derek Walcott: El amor después del amor
El tiempo vendrácuando, con gran alegría,tú saludarás al tú mismo que llegaa tu puerta, en tu espejo,y cada uno sonreirá a la bienvenida del otro,y dirá, siéntate aquí. Come.Seguirás amando …
Poema de E.E. Cummings: «Nadie, ni siquiera la lluvia»
En algún lugar al que nunca he viajado,
felizmente más allá de toda experiencia,
tus ojos tienen su silencio:
En tu gesto más frágil hay cosas que me encierran
o que no puedo tocar porque están demasiado cerca.
Poema de Raymond Carver: Tu perro se muere
Lo atropella una furgoneta.
lo encuentras a la orilla de la carretera
y lo entierras.
te sientes mal.
Poema de Pablo de Rokha: Canto del Macho Anciano
Sentado a la sombra inmortal de un sepulcro,
o enarbolando el gran anillo matrimonial herido a la manera de palomas
…………… que se deshojan como congojas,
escarbo los últimos atardeceres.
Como quien arroja un libro de botellas tristes a la Mar-Océano
o una enorme piedra de humo echando sin embargo espanto a los acantilados
…………… de la historia
o acaso un pájaro muerto que gotea llanto,
voy lanzando los peñascos inexorables del pretérito
contra la muralla negra.
Poema de Edgar Allan Poe: El cuervo
Una vez, al filo de una lúgubre media noche,
mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,
inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia,
cabeceando, casi dormido,
oyóse de súbito un leve golpe,
como si suavemente tocaran,
tocaran a la puerta de mi cuarto.
“Es —dije musitando— un visitante
tocando quedo a la puerta de mi cuarto.
Eso es todo, y nada más.”
Hermosas palabras de Nick Cave sobre la muerte de un ser amado
Los muertos no se van de este mundo, no al menos hasta que son olvidados. Su presencia, sutil y poderosa, ronda los espacios, hechiza los objetos y, algunas veces, se manifiesta en los sueños. Estas apariciones han inspirado algunas de las obras más grandes que ha visto la humanidad. Para muchas culturas, el sueño, además de implicar un estado de reposo, es también un momento de susceptibilidad que ofrenda la posibilidad de ver y sentir cosas que la vigilia esconde; los sueños podrían ser lugares donde comunicarnos con los otros, algunas veces con los que ya no están en este mundo.
Entrevista al Hombre de Piedra, Pablo de Rokha: «Alone es un figurín de filarmónica de siúticos»
Encontramos a Pablo de Rokha y a su esposa y compañera de labores, sumergidos entre una montaña de paquetes. Es la «Revista Multitud». El poeta nos habla de su labor actual, repartida entre esta revista que edita con gran entusiasmo, y algunos libros que prepara.
Poema de Johann Wolfgang von Goethe: La fuerza de la costumbre
¡Amé ya antes de ahora, mas ahora es cuando amo!
Antes era el esclavo; ahora el servidor soy.
De todos el esclavo en otro tiempo era;
a una beldad tan solo mi vasallaje doy;
que ella también me sirve, gustosa, a fuer de amante,
¿cómo con otra alguna a complacerme voy?
Poema de César Vallejo: Hoy me gusta la vida mucho menos…
Hoy me gusta la vida mucho menos,
pero siempre me gusta vivir: ya lo decía.
Casi toqué la parte de mi todo y me contuve
con un tiro en la lengua detrás de mi palabra.
Poema de J.L. Borges: El Golem
Si, (como el griego afirma en el Cratilo)
el nombre es arquetipo de la cosa,
en las letras de rosa está la rosa
y todo el Nilo en la palabra Nilo.
Robert Desnos: A la misteriosa
Tanto soñé contigo que pierdes tu realidad.
¿Habrá tiempo para alcanzar ese cuerpo vivo y besar sobre esa boca
el nacimiento de la voz que quiero?
Constantino Kavafis: El viejo
En una esquina del café sonoro de murmullos confusos
un anciano sentado se inclina sobre la mesa,
leyendo un periódico, sin compañía.
Bertolt Brecht: Elogio de la duda
Loada sea la duda! Os aconsejo que saludéis
Serenamente y con respeto
A aquel que pesa vuestra palabra como una moneda falsa.
Quisiera que fueseis avisados y no dierais
Vuestra palabra demasiado confiadamente.
Poema de Vicente Huidobro: Altazor (prefacio)
Nací a los treinta y tres años, el día de la muerte de Cristo; nací en el Equinoccio, bajo las hortensias y los aeroplanos del calor.
Tenía yo un profundo mirar de pichón, de túnel y de automóvil sentimental. Lanzaba suspiros de acróbata.