¿Y ahora qué viene tras el Plebiscito?

por Pablo Torres

¿Qué expresó el Plebiscito?

El masivo ánimo para botar al basurero de la historia la constitución de Pinochet expresó que detrás del intento del desvío de la rebelión popular -pandemia incluida- las aspiraciones sociales y democráticas siguen vivas. Pensiones y salarios dignos, trabajo, salud, siguen incumplidas y así lo sienten las grandes mayorías.

“No son 30 pesos son 30 años” expresaba el anhelo por terminar no solo con una constitución, sino lo había detrás de ella, la maldita herencia de la dictadura que mantiene en una enorme precarización a las grandes mayorías trabajadoras y populares, condiciones que se agudizan con la crisis económica mientras se enriquece aún más a una minoría de explotadores concentrados en las únicas “3 comunas” donde ganó el rechazo (Las Condes, Vitacura y Lo Barnechea, donde viven los «cuicos»).

En las comunas abandonadas y “zonas de sacrificio” del modelo chileno (comunas obreras destruidas ambientalmente) como Freirina, María Elena, Mejillones, Tocopilla, Petorca, el triunfo del apruebo y convención constitucional fue sobre el 90%. Algunas de ellas habían vivido rebeliones violentas durante la década pasada. En las grandes comunas populares de la región metropolitana, barrios de trabajadores formales e informales, precarios y estigmatizados, rozo el 90%: Puente Alto, La Pintana, Conchalí, Maipú, etc. En las comunas de clases medias “altas” como Providencia, el apruebo ganó sobre el 60%.

El gobierno y la derecha fueron los principales perdedores, divididos, no esperaban una derrota tan humillante. El resultado sorprendió a “los mercados”, la bolsa chilena cayó, se debatió si el modelo va a cambiar o no y si viene un escenario de “incertidumbre” (más convulsiones) o una posibilidad de encausar la crisis que vive el país. Es lo que está en cuestión.

El pueblo vivió una fiesta en las calles, poblaciones, plazas. Lo vivió como un triunfo propio, con enormes ilusiones pero a la vez expectativas altas con creciente auto-confianza en las fuerzas, que es lo que más preocupa a la clase dominante, y que eso se traduzca en acción. La “cocina” del Acuerdo por La Paz que trazó este proceso no fue un «triunfo» como muchos intentan introducir tratando de llevar todo al “camino institucional” y a la “fiesta de la democracia”.

El plebiscito y el nuevo momento político que se ha abierto fue un subproducto de la rebelión popular en las calles, como trampa de un gobierno y régimen jaqueados para desactivar la posibilidad de su caída revolucionaria por la acción directa de masas, otorgándole “tiempo”. Ese acuerdo nació tras la huelga general del 12N del 2019, que amenazó con la caída de Piñera si se extendía y profundizaba. Hasta las auto-reformas del régimen (o sea el “poder constituido” intentando modelar el “poder constituyente”) son subproducto de la lucha de clases. Los reformistas esconden esto, pues sus “lecciones” van en la dirección contraria a profundizar los métodos de lucha revolucionaria de la clase trabajadora.

El momento electoral y “constituyente” que se abre y la intervención de los revolucionarios

En la coyuntura se abrirá un escenario político electoral hacia el 11 de abril: elecciones de convención constitucional y las municipales. El régimen se juega con todo esto, y a un calendario plagado de elecciones el 2021 (convencionales, municipales, gobernadores, parlamentarias, presidenciales, etc.). La burguesía de conjunto buscará poner al centro todos los mecanismos de desvío institucional que gatilló el Acuerdo.

La derecha buscará ganar “un tercio” (52 diputados de 155) pues la regla de los “dos tercios” le entrega poder de veto a la minoría para presionar a “acuerdos” (no solo con los pinochetistas, sino los falsos amigos de la Concertación impulsores y beneficiados del “modelo”). Chile Vamos hasta ahora iba unido a esa elección, está por verse, pero la regla electoral que regirá para la elección de “convencionales” le entrega sobre-representación (además de la mayoría de las franjas televisivas, dinero estatal, etc.).

La “oposición” que va desde la Concertación pasando por el Frente Amplio y el PC, ahora ve más posibilidades de unificarse y buscarán usurpar el triunfo del Apruebo para llevar todo al camino «institucional». Buscarán que sea una nueva «alegría ya viene». El FA buscar ser el pequeño Bonaparte de la “oposición” corriendo para unir a la Concertación con el PC e ir con una lista única de candidatos a la convención. Varios alcaldes de peso de la oposición (Jadue y Sharp entre ellos) firmaron ayer el pacto «Unidos por la constituyente» para presionar en ese sentido. Los partidos del régimen, representantes directos de los grandes empresarios como Chile Vamos y la Concertación, buscan llevar todas las expectativas en el camino del Acuerdo por la Paz, pues saben que en ese terreno lleno de trampas tienen las de ganar. Están con todo jugado a los “contenidos” y las candidaturas de todo el ciclo abierto.

El PC y el FA siembra ilusiones escondiendo las trampas y desmovilizando en momentos donde más se necesita. Si no fuera por la energía de enormes sectores, por ellos sería un proceso lo más ordenado y “republicano” posible, y a lo más, calles para “presionar”.

En las grandes mayorías priman muchas ilusiones en este proceso. Muchos creen que la redactarán independientes, porque hay enorme descrédito de los partidos. Pero lo más probable es que las elecciones estén dominadas por los viejos partidos y buscarán un intento de cooptación a “independientes” para integrarlos al camino de la auto-reforma.

Desde el PTR, como una de las principales organizaciones a la izquierda del PC y FA y la única que tiene legalidad nacional y que entregó las firmas de extensión en las regiones Metropolitana, Valparaíso y Arica (sumando a Antofagasta, Temuco, Valdivia, Puerto Montt), hemos propuesto a organizaciones y sectores de trabajadores, comités y asambleas formados al calor de la rebelión y con las cuales impulsamos el Comando por Asamblea Constituyente Libre y Soberana, organizaciones que se reclaman anticapitalistas, impulsar en común un Frente de trabajadores y la izquierda anticapitalista, independiente de los empresarios y partidos del “progresismo”. Un frente que intervenga en la lucha política e impulse una campaña nacional por candidaturas de trabajadores en comunas y distritos, levantando comités de base, charlas, asambleas y reuniones para que sean miles quienes nos organicemos para dar esa pelea en los lugares de trabajo, estudio y en las calles.

En los momentos que se abren, esta perspectiva hay que profundizarla, tras un programa que retome las demandas de la rebelión, por salud, trabajo, pan, pensiones y salarios dignos, fin a la represión y la impunidad, por la libertad de los presos, por Fuera Piñera y AC libre y soberana, en la perspectiva de un gobierno de trabajadores de ruptura con el capitalismo.

Una etapa marcada por la inestabilidad política, el intento de desvío institucional y la lucha de clases

El triunfo del Apruebo y la convención constitucional no es cheque en blanco a la centro izquierda o el progresismo. Las calles estarán presentes en la escena política y la vanguardia claramente no esperará pasiva. Como decíamos en una nota anterior, estamos transitando una situación de intento de desvío burgués en el marco de una etapa pre revolucionaria de tiempos largos, que tendrá momentos “constitucionales” y parlamentarios combinados con calles, con lucha de clases, crisis política.

La convención será impotente de poner fin a las herencias de la dictadura, y operará en una situación con crisis económica y social que plantea menos capacidad de concesiones profundas y más ataques de los capitalistas.

Por otro lado, porque la convención no tendrá poder de legislar los problemas más acuciantes (su único poder es generar un nuevo texto constitucional, puede durar unos dos años) como pensiones, salarios, leyes laborales, salud, etc., y quedarán en manos del gobierno y el parlamento actuales, instituciones deslegitimadas y que no resolverán los grandes anhelos de las mayorías trabajadoras estando en manos de la derecha y vieja concertación. Está en duda si la clase dominante podrá ir “ordenando” la situación con el escenario electoral y la convención, pero es probable un escenario de nuevas crisis políticas, choques y entrampadas, que puedan ir alentando nuevo escenario de luchas por abajo.

Este escenario es parte y expresión a la vez de una nueva etapa en el conjunto de América Latina, como vimos con la derrota electoral de los golpistas en Bolivia. Como señala Claudia Cinnati «ya es un hecho que se ha abierto en nuestro continente una etapa de cambios bruscos, de oscilaciones a derecha y a izquierda en lo político y de retorno de la lucha de clases.»

El camino de la movilización y la lucha de clases o el camino institucional de «presión» a auto-reformas del régimen

Las ilusiones en el proceso se combinan con un ánimo relativamente extendido que «Esto no ha terminado»; «la lucha sigue»; «no hay que soltar las calles»; «no abandonamos a los presos».

Con la fuerza de millones y de ese ánimo hay que buscar llevarlo al único terreno donde podremos realmente vencer, el terreno de la lucha de clases. Imaginemos si hoy la fuerza de los y las trabajadoras que han enfrentado la Pandemia en la primera línea en hospitales, en minerías, en el transporte y en otros lugares de trabajo, pudiera desplegarse esa fuerza para pelear por liberar a los presos políticos de la revuelta, o para una gran campaña por el juicio y castigo a los represores, denunciando que los partidos de los 30 años, quieren con todo resguardar sus intereses, por pensiones y salarios dignos, por salud y educación pública y gratuita, para no tener que morir esperando listas de espera.

Nuestras reivindicaciones y aspiraciones podemos conquistarlas mediante la movilización de la clase trabajadora y el pueblo, único camino para poner fin a las herencias de la dictadura.

La crisis abierta plantea la necesidad de un programa de los trabajadores para que no paguemos la crisis. Recursos hay. Los banqueros, las grandes multinacionales mineras y las empresas forestales, las compañías españolas o italianas que saquean la luz, electricidad y agua. Los grandes retails en manos de las “grandes familias”. Ellos controlan los grades recursos estratégicas y riquezas del país. Ellos deben pagar la crisis, no nosotros. Hay que nacionalizar esos grandes recursos y empresas estratégicas, ponerlos bajo control de los trabajadores y en beneficio del conjunto del pueblo.

El FA y el PC están poniendo toda su fuerza en el “camino institucional”. La fuerza que tienen en las organizaciones de masas (CUT, Unidad Social) la ponen en función de alianzas con el viejo “progresismo” y de “presionar” para negociaciones estériles mientras llevan una tregua escandalosa.

A la vez que debemos participar en el proceso constitucional que se abre, desde una posición de independencia política de los trabajadores, debemos señalar claramente que constituye una trampa, y que para conseguir de forma íntegra nuestras demandas por salud, pan, trabajo, pensiones, salarios, debemos retomar el camino de la movilización de la clase trabajadora, en particular desarrollar la auto-organización de comités y asambleas en los lugares de trabajo que serán fundamentales en el momento abierto, preparar y desarrollar la auto-defensa frente a la violencia policial, con un plan de lucha en la perspectiva de la huelga general como mostro el 12N, el punto más alto que tuvo la rebelión poniendo en jaque al régimen. Para eso es central el rol de la clase trabajadora y sus organismos.

Intervenir en el proceso político y en la lucha de clases en la perspectiva de construir en este escenario dinámico, un Partido revolucionario de la clase trabajadora, que pelee consecuentemente por las demandas de la rebelión y para enfrentar la crisis y que ésta la paguen los grandes empresarios, en la perspectiva del gobierno de los trabajadores.

(Tomado de Izquierda Diario)

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