Repudiamos el secuestro de Maduro: a ganar las calles contra el imperialismo en solidaridad con el pueblo venezolano

por El Porteño

La noticia del secuestro del presidente Nicolás Maduro —tal como ha sido denunciado por el propio Estado venezolano— debe ser leída como lo que es: una agresión imperialista abierta contra Venezuela y, por extensión, contra toda América Latina. Las imputaciones que pretenden justificar esta acción —presentadas bajo el ropaje de “legalidad internacional”, “seguridad hemisférica” o “restauración democrática”— no son más que vulgares infundios destinados a legitimar una operación de fuerza atroz, violatoria de la soberanía del pueblo venezolano. El precedente es inequívoco: cuando el imperialismo decide actuar, primero fabrica el relato; luego despliega las armas.

La reacción del régimen chileno confirma, una vez más, la degradación política de la institucionalidad local, lacaya ante el orden imperial. El apoyo explícito del José Antonio Kast al secuestro consuma una vergonzosa alineación sin matices con Estados Unidos anticipadora de su política de ataque a los trabajadores; pero no es menos grave la posición del progresismo gubernamental. Las declaraciones del presidente Gabriel Boric, que dicen “cuestionar los métodos”, expresar “preocupación y condena por acciones militares” y “llamar a una salida pacífica”, no rompen con el marco imperialista: lo administran. En nombre de una paz abstracta se termina avalando, en los hechos, la intervención concreta. La diferencia entre Kast y Boric en este grave momento no es estratégica sino retórica: ambos convergen en la aceptación del tutelaje imperial sobre los pueblos de la región.

Desde el punto de vista estrictamente militar, el hecho —de confirmarse en los términos denunciados— expresa también los límites históricos del nacionalismo chavista para ofrecer una resistencia efectiva frente a una potencia imperial. Sin embargo, la pervivencia del régimen venezolano, aun golpeado, anticipa que el objetivo político de Washington no puede realizarse sin una invasión a gran escala. Ese escenario abre un ciclo de inestabilidad regional inmediata, con epicentro en el Caribe, cuyos efectos políticos, económicos y militares se proyectan sobre todo el continente. No hay intervención “quirúrgica” ni “limitada” cuando se trata de imponer por la fuerza un cambio de régimen: hay guerra.

La defensa de la soberanía de Venezuela y de su derecho a vencer militarmente a la agresión no es una consigna retórica sino una necesidad histórica. El derecho internacional que invocan las potencias no es más que la cristalización jurídica de su fuerza material; frente a ello, el único derecho real para los pueblos oprimidos es el que nace de las armas y de su capacidad de resistir. No hay paz posible sin la derrota completa del imperialismo norteamericano.

Llamamos —en solidaridad activa con el pueblo venezolano— a una movilización general e inmediata contra la agresión imperialista, a poner en pie al activismo que se reclama de la clase trabajadora, de la independencia política y de la defensa de América Latina. No hay neutralidad posible cuando el imperialismo actúa por la fuerza: toda ambigüedad es complicidad. La agresión contra un país del continente —orquestada desde Estados Unidos— es un ataque contra todos los pueblos y una advertencia a cada organización obrera que pretenda sostener derechos, salarios, soberanía y autodeterminación. Cuando Venezuela está siendo atacada, Chile también está siendo atacado.

Finalmente, convocamos a sindicatos, federaciones, asambleas territoriales, organizaciones estudiantiles, colectivos feministas de clase, organismos de derechos humanos y expresiones culturales del movimiento popular a ganar las calles, a coordinar movilizaciones, concentraciones, marchas y actos en cada ciudad y lugar de trabajo. Que se escuche una sola consigna: Fuera el imperialismo de América Latina. Llamamos a levantar tribunas para denunciar la intervención, rechazar el alineamiento de los gobiernos sumisos y afirmar que la paz verdadera solo existe cuando cesa la dominación.

La defensa de la soberanía latinoamericana no es una abstracción diplomática: es una tarea práctica que se construye con organización, solidaridad activa y acción directa de las masas trabajadoras. Frente a la guerra imperial y a la descomposición del orden capitalista es impostergable oponer la unidad de clase y la movilización permanente por laderrota militar del intervencionismo. La historia no absuelve a quienes callan. Hoy, la calle es el terreno de la dignidad, la soberanía y el antiimperialismo. Viva el pueblo venezolano, muerte al imperialismo.