El presente informe —de circulación apócrifa pero de gran densidad analítica— aborda el secuestro del presidente venezolano como algo radicalmente distinto a una simple demostración de superioridad militar estadounidense. Lejos de la épica tecnocrática, el documento propone leer la llamada Operación “Resolución Absoluta” como un caso de colapso sistémico del aparato de defensa, inteligencia y protección presidencial de Venezuela. A partir del examen detallado de fallos concatenados —inteligencia penetrada, mando paralizado, defensa antiaérea inactiva y protocolos de seguridad degradados— el texto sostiene que el éxito operativo de las fuerzas especiales de EE.UU. solo fue posible por una derrota previa, incubada desde dentro. La ausencia de reacción organizada frente a una incursión aérea masiva sobre Caracas, así como la precisión quirúrgica con que fue localizado el mandatario, constituyen para los autores indicios claros de traición interna y disolución del mando efectivo, más que de una proeza táctica irresistible.
En ese marco, el informe adquiere un carácter político-estratégico que trasciende lo militar: la captura de Nicolás Maduro es presentada como una advertencia imperial dirigida al conjunto de América Latina. El texto subraya que ninguna fortificación, tecnología o retórica soberanista puede sustituir la cohesión real del mando, la movilidad, la disciplina y la lealtad interna en contextos de guerra híbrida. La insistencia final en la necesidad de “prepararse para ganar” no es una consigna abstracta, sino una conclusión amarga: cuando no se despega, cuando no se dispara y cuando no se ordena, la derrota no proviene del enemigo sino del interior del propio aparato estatal. En esa clave, el informe se ofrece como advertencia, acusación y llamado urgente a recomponer —desde abajo y sin ilusiones— las condiciones materiales de la defensa frente a una ofensiva imperial que, lejos de agotarse en Venezuela, anuncia una fase superior de agresión regional.
EP
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