por Gustavo Burgos
La reunión del Foro Madrid en Santiago no puede ser comprendida como una extravagancia ideológica de José Antonio Kast ni como una mera importación de las obsesiones políticas de Vox. Su verdadero significado es más profundo. Estamos ante un esfuerzo deliberado de articulación internacional de una fracción de la burguesía que intenta proporcionar una forma política coherente a las necesidades actuales del capital: destrucción o reducción de derechos sociales, disciplina del trabajo, fortalecimiento de los aparatos represivos, ampliación de las prerrogativas del Ejecutivo y construcción de una legitimidad política fundada en el orden. Pero sería un grave error considerar que este proyecto surge en oposición absoluta al sistema político chileno existente. Por el contrario, encuentra buena parte de sus condiciones de posibilidad en una política que, bajo distintas administraciones, se ha desarrollado transversalmente durante años y que hoy comprende tanto al oficialismo como a la oposición parlamentaria.