Orientación electoral y lucha de clases

por Raúl Román

A poco menos de un mes y tras la somnolencia festiva y el apaciguamiento socio-económico del retiro del 10%, la población comienza a despertar lentamente a la realidad política distorsionada por la pandemia, el confinamiento, el discurso errático y confuso del gobierno y el resurgimiento de una eventualidad cierta de la cesantía, entre otros efectos, que la envuelven en la incertidumbre.

Este despertar que arrastra, como un mal sueño, los efectos de la cesantía y la acumulación de las deudas, que fueron asumidas por el retiro del 10% de las afp, se les presenta con rémora actitud de no querer asumir. Lentamente la población comienza a escuchar sobre el plebiscito y las perspectivas posibles. Los medios de comunicación mientras tanto, se esfuerzan en centran su desarrollo y canalización posterior en la institucionalidad vigente, tratando de dar por hecho que la crisis surgida hace un año, está cerrada, y la movilización social se ha desvanecido.

¿Por qué la burguesía utiliza los medios de comunicación y no al gobierno para esto?

Porque la burguesía está convencida de que Piñera y el gobierno siguen siendo el principal obstáculo para poder cerrar esta crisis política del régimen, por lo tanto, debe disponer de sus medios directos para llegar a la población con el discurso apaciguador e institucional. Esto se volvió a demostrar porfiadamente, con la salida de Piñera a la calle, después de meses, a reinaugurar la estación del Metro, donde fue “funado” por trabajadores del sindicato.

Sin embargo, las horas que dedican los medios a sostener al ejecutivo y al parlamento en la parrilla televisiva, no avanza un ápice, en convencer a la población. El descrédito general hace imposible que se logre revertir la situación. Y aún más, la burguesía calibró la profundidad de la crisis política, en la fracasada campaña “Vamos Chilenos”, donde su principal rostro (Don Francisco) se desmoronó, como toda la ideología de la “caridad” sostenida por décadas.

Este fracaso de baja credibilidad en los medios de comunicación de masas (tv, radio y diarios) no ha podido ser reemplazado por la instalación ideológica en las redes sociales, ámbito hostil para ideas oficialistas, sobre todo cuando sobrepasan los márgenes estrechos de un grupo de clase determinado.

Por esto, la burguesía sigue preocupada. Ya no le sirve el gobierno para darle la “tranquilidad” a sus inversiones: ya que el ejecutivo ha recurrido a los capitales que le dan liquidez, como son las afp, para apaciguar los posibles efectos económicos y políticos de la crisis; se demora en cumplir sus exigencias de desconfinar a la población y así reactivar la economía, más de lo tolerable; no sólo mantiene la expectativa de un nuevo estallido social, que encarecería el crédito externo y bajaría la inversión extranjera, sino que también de un nuevo confinamiento, que conllevaría un nuevo frenazo económico; no pueden recurrir a los capitales de la exportación de cobre, porque el gobierno esta obligado por la presión social y económica a destinarlos a la ayuda social; ante la presión burguesa, el gobierno debe buscar forma que deslindan en lo fraudulento, para redestinar capitales (ejemplo, Espacio Riesco) o sobre dotar de elementos represivos a las fuerzas policiales para tranquilizar a sus patrones; etc.

Es por ello, que la burguesía sabe que tiene un margen de tolerancia muy acotado. Esto se demuestra en el parlamento, especialmente. Sin la más mínima manifestación social, los congresistas buscan formas en que puedan mitigar el carácter antidemocrático que tendrá una posible convención constituyente en la generación de una nueva constitución, ya que esta opción se da por descontado que vencerá en el plebiscito.

¿Será la crisis económica el ingrediente que falta en la “sopa caliente” que quemará a Piñera?

A la clase trabajadora, estos meses de confinamiento y restricciones, le ha ayudado a entender con mayor profundidad, que significa un gobierno pro empresarial. El desapego a sus necesidades y la desprotección de la clase trabajadora, caracterizaron al gobierno que se preocupó de satisfacer las necesidades de la empresa y la burguesía. Para ello, no trepidó en abandonar a la cesantía y a la incertidumbre a millones de trabajadores, pobladores y estudiantes. Escrutó las diferentes maniobras que el gobierno activó para ir en ayuda de la clase burguesa, entregando el pago de la crisis a los trabajadores, que suspendidos y/o despedidos veían que la empresa seguía trabajando, explotando a otros trabajadores. Incluso la pequeña burguesía volvió a conocer la verdadera cara de la burguesía ante una crisis económica. La “letra chica” o requisitos desconocidos los dejó sin la ayuda necesaria, para mantener su sueño de convertirse en burgueses en el paraíso neoliberal.

Rayando la cesantía real en un 30% entre ex trabajadores dependientes y “trabajadores por cuenta propia”, eufemismo hipócrita de un modelo explotador, es el marco en el que se desarrolla este despertar de las festividades. Ollas comunes que cayeron en letargo luego del retiro del 10%, están condenadas a reabrir, cuando los dulces fondos, sólo sean un recuerdo. Aunque algunos extenderán sus beneficios durante octubre, para otros ya no queda nada de lo que se retiró. Ejemplo de ello, es el desesperado poblamiento de las calles en las grandes ciudades, estando o no en cuarentena, especialmente del comercio ambulante o el incremento de pobladores en tomas de terrenos. Mientras unos se esfuerzan en sobrevivir al día, los otros utilizaron su 10%, en construir un hogar en donde el dinero del arriendo sea destinado integramente al consumo de alimentos, ya que ha caído a la cesantía.

Por tanto, todo indica que la cesantía, la falta de ayuda efectiva, la desprotección ante la pandemia, los engañosos préstamos a la pequeña burguesía, etc., sólo viene ha conformar una coyuntura política frágil y muy explosiva. Especialmente, el desatino de la burguesía y la solidaridad de clase del gobierno ante estos hechos. De ejemplo un botón; los intentos de Wallmart de reducir los salarios a sus trabajadores, siendo que dicha actividad ha sido la que más ha obtenido ganancias en esta coyuntura pandémica; los despidos en el ferrocarril subterráneo metropolitano (Metro) de Santiago; el despido en el colegio particular Mckay de 50 funcionarios, etc. Sólo demuestra que la entelequia “Chile”, como un ser unido e indivisible, que entra y sale de la pandemia “unido”, sólo sirve para aplacar el enojo de los más ingenuos.

¿Hoy se clarifica el panorama político pasando del engañoso “De esta salimos todos juntos” al porfiado y realista “Clase contra Clase”.

El gobierno y, por su intermedio la burguesía, ha tratado de convencer a toda la población que de esta coyuntura “salimos todos juntos”. Como hemos visto más arriba todos sus esfuerzos han tendido a convencer que el “país” está haciendo “todo lo posible”, por intermedio del “gobierno”, para ir en ayuda de “quienes lo necesitan”.

Sin embargo, sus esfuerzos ideológicos, han chocado con el despertar de una población que desde el año pasado ya no se deja engañar con facilidad. Con una crítica simple, espontanea e instintiva, la clase trabajadora, no le ha permitido ni al gobierno, ni a la burguesía, ni menos a los medios de comunicación instalar un infantilismo ideológico como el del “bien común”, que siempre ha sido para bien de la burguesía.

A la incredulidad del gobierno como cara visible de un régimen político de dominación, estos últimos años ha quedado en evidencia para toda la población, exponiendo que no sólo el ejecutivo, ha sido fuente de resguardo para los intereses de clase, sino que las diferentes instituciones de la democracia burguesa han protegido la explotación y corrupción del régimen; fraudes en las FF.AA. y carabineros; coerción en los parlamentarios; degeneración, corrupción y pedofilia en la iglesia; nepotismo y fraude en los partidos políticos, etc.

Esta clarificación que tuvo la mayoría de la población sólo se ha profundizado con el confinamiento y la desprotección en que la abandonó el gobierno de Piñera, por lo que para la clase trabajadora, los pobladores y los estudiantes, quedó grabado a fuego que, de lo que se trata la coyuntura actual es de “Clase contra Clase”. La clase burguesa sobrecargó los hombros de la clase trabajadora con todos los costos de la crisis del covid19, como también de la crisis económica. La condenó a morir (la mayoría absoluta de los fallecidos son trabajadores) y la abandonó a la pobreza y la incertidumbre (millones de trabajadores cesantes y suspendidos), para que sobreviviera el modelo explotador neoliberal.

Pero en la realidad, frente a los ojos de la burguesía, explotó la construcción ideológica del “bien común”, del “que todos somos iguales” o “De esta salimos todos juntos”, dando paso a las contradicciones de clases. Porque mientras la burguesía se enclaustró en sus mansiones y/o barrios lujosos; a los trabajadores los dejó hacinados en sus poblaciones, apretujados en el metro y los buses, confinados en barrios marginados de servicios básicos y sin conexión digital decente; con un teletrabajo esclavizante y bajo una legislación explotadora; con clases ha distancia y horarios irregulares, en ambientes familiares dañados y disfuncionales, etc.

Esto no es un avance idílico de una sociedad unida y cohesionada que busca el bien común y una vida digna y feliz para todos, es el funcionamiento de una sociedad burguesa explotadora, despótica, egoísta y represiva.

¿Cómo responde la izquierda a esta realidad?

A este contexto social debemos recordar la caracterización política que realizamos en el documento anterior. Lo trataremos de hacer de la forma más sintética. Chile es un estado capitalista, por lo que la clase dominante es la burguesía. Con una economía extractiva y exportadora, por lo que es dependiente del mercado mundial y el imperialismo. Su régimen político actual es democrático burgués, que es un eufemismo para disfrazar la dictadura de la clase burguesa. A esta caracterización debemos añadirle la cualidad denominada bonapartista, que entró en crisis y que se ha expresado desde mediados de la década del ‘90, en un “presidencialismo exacerbado”.

No obstante, debemos explicar dos situaciones;

a.- Llamamos “dictadura burguesa” porque esta clase es propietaria de todo. Concentra la riqueza y la propiedad de bastas extensiones de tierra, mar y ríos; de medios de comunicación; de las FFAA y carabineros que actúan como sus cancerberos; estructura un sistema legal de protección de sus bienes y riqueza mediante la constitución y la leyes; aunque realice elecciones y votaciones periódicamente, estás son para ratificar cual de los sectores burgueses debe dominar o que sector pequeño burgués será quién proteja sus dominios. En el caso de la menor intención que un sector pretenda ampliar el rango democrático, desde las elecciones formales, a la redistribución democrática de la propiedad y derechos, sus cancerberos derrocan al gobierno.

b.- No obstante, la burguesía y su régimen en la actualidad estar en crisis, todavía tienen el “PODER”,seguimos viviendo bajo un formación económica y social dominada por la burguesía, por lo que la clase trabajadora, aún siendo la inmensa mayoría, actúa en terreno hostil, dominado por la ideología burguesa expresada en la constitución, los medios de comunicación, las escuelas, el mal llamado “sentido común”, el patrioterismo, el nacionalismo exacerbado, etc.

Con esto tenemos dos de tres partes para poder construir la política a desarrollar en una situación dada. La tercera parte, es el origen de clase de quién realiza el análisis y lleva a cabo la política.

La importancia del origen de clase y su expresión política.

Todos los militantes políticos, miembros de una organización o independiente, tienen un origen de clase que se expresa en su actuar. Por esto no será lo mismo un trabajador con o sin conciencia de clase, que un pequeño burgués con o sin conciencia de clase. Más aún, cuando en el interior de las clases sociales existen renegados, cooptados u honestos miembros que se dedican a promover sus intereses. Mientras los renegados son los que habiendo surgido en la clase trabajadora, se vuelven en contra de ella, como forma de negar sus orígenes. De estos hay muchos, que gracias al esfuerzo de sus familias, logran estudiar y terminan rechazando la pobreza o las carencias, adoptando la ideología de donde se educo. Los cooptados son casi siempre los que se destacan por sus cualidades personales y son contratados para traicionar o ser instrumento de explotación de su propia clase.

Es por ello, que no es fácil identificar quien o quienes están realizando una labor de provocador y simplemente empujan a la masa a la debacle porque sus intereses particulares son primero. Aunque existe una salvedad, las inmensa mayoría de las veces, actúan de forma colectiva, y como la organización adopta la posición del expresivo y convincente miembro, se puede descubrir con cierta facilidad.

Entendiendo lo importante que es, saber el origen de clase de quién se erige como pretendida dirección o mesías salvador de la clase trabajadora, debemos identificar cómo se expresa esta falsa posición de clase. Se caracterizan por un voluntarismo a toda prueba, un formalismo exacerbado, un principismo oportunista y un centrismo endémico, todo esto cargado por un idealismo infantil.

Pero desarrollemos estos puntos para mayor clarificación.

a.- Voluntarismo: Cualidad de quienes centran sus expectativas políticas, no en el conocimiento acabado de la realidad, siempre cambiante, en que y cómo vive la clase trabajadora, sino en construcciones a priori que le sirven para justificar sus pretensiones. Fundando y confundiendo en y las actividades como fuente “por si” de conciencia de clase. Esta actitud la podemos graficar en la máxima tan repetida del sentido común “el querer es poder”, cuestión que la clase trabajadora sabe que puede que sirva para iniciar el camino, pero no para lograr la meta.

b.- Formalismo exacerbado: Esta cualidad esta muy hipertrofiada. La forma por sobre el fondo. La presentación por sobre los argumentos que tan de moda está, en toda la ideología capitalista neoliberal. Donde las formas (del lenguaje, la gráfica, etc.) sustituyen el conocimiento, los argumentos y/o el contenido. Lo que en política podemos sintetizar en la “consigna” por sobre la “línea política” a desarrollar. Quizá donde más se ha notado en estos últimos años esta situación, es en la expresión que señala que el “lenguaje construye realidad”, máxima expresión del idealismo filosófico vulgarizado. El lenguaje no construye realidad, si no que constata la apropiación por medio del aprendizaje de la realidad circundante. Caso típico del concepto “clase media” no por ser repetido por cerca de 30 o más años, el trabajador no logró un sueldo suficiente para poder vivir con holgura entre las necesidades familiares y el sueldo adjudicado.

c.- Principismo oportunista: Esta cualidad entre los militantes con mayor facilidad de aprendizaje, lectura y memorización de citas, les sirve para poder repetir y opacar a sus adversarios. Pero esto no implica que haya podido asirse del conocimiento y lo vinculará a la realidad circundante que afecta a la clase, colocando a prueba su aprendizaje. Esto lo devela como superficial y truculento porque evita sociabilizar el pensamiento revolucionario entre los iniciados, ya que estos pueden darse cuenta que su discurso está vacío de contenido social real, pero por sobre todo, pretende por si y ante si, convertirse en la dirección como si hubiese sido tocado por un halo divino.

d.- Centrismo endémico: Jalonado por las pretensiones auto impuestas, se esfuerza por tener una línea política altisonante y seductora, pero, como hemos dicho, lleno de formalismos, sin contenido, por el alejamiento real de la clase trabajadora. Esto lo hace disfrazar sus carencias con terminología y conceptos políticos vacuos, lleno de idealismo que raya en lo religioso. Se esfuerza por utilizar los conceptos más amplios, porque en la realidad no busca acompañar a la clase trabajadora a su objetivo histórico, el socialismo, él no cree en esto, sino que pretende usar dichos objetivo para lograr desarrollar los intereses organizativos (electorales, orgánicos, militantes, etc.). El centrismo en política siempre ha sido propio de quienes han sido cooptados por la clase adversaria y pretende utilizar a la clase trabajadora como moneda de cambio.

e.- Idealismo infantil: El pensamiento político de la clase trabajadora tiene que ver con el grado de desarrollo o acercamiento a los objetivos históricos que desea alcanzar. Y la clase trabajadora mientras siga ganándose el sustento con grandes dificultades y explotación, seguirá siendo concreta y pragmática. El idealismo es para quienes están por sobre esta situación, por su origen de clase o por la cooptación mercenaria. Por tanto, la clase trabajadora tendrá que estar convencida en base a un programa concreto, real y útil, no por las palabras como libertad, soberanía, dignidad o felicidad, para poder introducirse en la lucha política abierta. No hay que confundirse, porque se le ve comprando un Kino o un Loto a un trabajador, se le puede caracterizar de idealista, iluso o ingenuo. Esto no tiene nada que ver con un idealismo ingenuo, sino que es fruto de la frustración de una sociedad burguesa que lo explota, tanto física como ideológicamente.

Las diversas posiciones responden a diferentes objetivos de clases ante la Constituyente burguesa.

Sentadas las bases del análisis pasamos a revisar como la izquierda, de forma general, entiende la crisis y el plebiscito, que sin miedo a ser redundante, se desarrollará en el contexto de un régimen democrático burgués, donde la burguesía sigue teniendo el poder. Por tanto, la Convención Constituyente o en la eventualidad de una Asamblea Constituyente, más participativa y más soberana, seguirá siendo burguesa.

Ahora, ésta dependiendo de la participación de la clase trabajadora, los pobladores y estudiantes, será más democrática o más reaccionaria, pero seguirá siendo burguesa, hasta que los trabajadores no derroquen el sistema capitalista. Por lo que al no tener la fuerza necesaria, se debe seguir luchando para que este régimen político reaccionario y represivo sea más proclive al respeto de los derechos de la clase trabajadora.

Pero esto dependerá, de que se haga Convención o Asamblea y de quienes sean sus representantes ante la convención o asamblea que se realice. La presión de la clase trabajadora debe centrarse en la lucha por la representación directa de sus dirigentes gremiales o sociales y no de los políticos burgueses o pequeños burgueses que obstaculizarán sus pretensiones.

Por tanto, entremos a nuestra tarea, preguntándonos,

¿Quiénes serán nuestros representantes?

Por su puesto que el FA no puede ser. Un partido burgués, con dirección pequeño burguesa, donde la máxima crítica al modelo neoliberal fue, a quienes lo administraban, y no a la explotación desenfrenada que desarrolla, condenando a los trabajadores a la marginalidad y a la no participación, no puede ser representante de las aspiraciones de una clase explotada. Esta posición pequeño burguesa se expresa con claridad en las consignas que utiliza, sin la más mínima referencia de clase. Cuando en una organización sucede esto, es porque su objetivo es mantener el status quo. Revisemos como ejemplo, las siguientes; “¡Que Chile Decida!” y

“¡Vamos a cambiar la Constitución!”, consignas tan descriptivas como obvias, demostrando que su principal compromiso no es ir en representación de los trabajadores, sino que mostrar el FA puede ser un buen administrador para los bienes de la burguesía. Con estos personajes sólo se aspira a darle continuidad a la explotación de la clase trabajadora.

El PC, no es más que un partido pequeño burgués, institucional y burocratizado. De tarde en tarde se activa la pugna interna, entre el sector PyME y la base trabajadora, por el control de la organización, donde la burocracia sindical inclina la balanza hacia donde siempre lo ha hecho, hacia la burocracia. Ya no le queda nada más que su historia, para justificar su nombre y así todo es de carácter decorativo. Muy lejos quedaron los tiempo del stalinismo reformista, hasta cuando la burocracia lo reemplazó por la “humanización del capitalismo” que predicó Gladys Marín. Hoy es un partido burgués más que defiende el régimen político, a cambio de su integración a la institucionalidad como única forma de sobrevivencia. Esta evolución en la composición de clase en su interior, se expresa con extrema claridad en la construcción de los organismos satélites que viene levantando desde hace décadas, como el creado para el plebiscito “Apruebo. Chile Digno”. Vaguedad absoluta, sin sentido y tan amplio que el más liberal de la oligarquía hasta el más idealista de los renegados puede aceptar. Quién levanta conceptos altisonantes idealistas sólo proyecta la culpa y las cualidades que carece.

Por su parte, el MIR y su aliado eventual PC(AP) levantan floridas y alegóricas consignas como: “¡Para una vida digna para todos y todas!” y “¡Apruebo Popular y Masivo para refundar Chile!”. No pretendemos analizar cada concepto, pero según lo más arriba señalado, esto responde a grupos desconectados con la realidad de la clase trabajadora. El MIR y su desvarío idealista y “popular” pretende alcanzar una “vida digna para todos y todas”. ¿Qué significa esto?; control obrero de la producción, socialismo, dignificar el capitalismo, humanizar el neoliberalismo, etc., o pretenderán que se puede alcanzar dichos objetivos en el sistema capitalista. Mientras los stalinistas deseosos de diferenciarse utilizan el concepto de “refundar”, concepto vago, vacío y chovinista, alejado de los objetivos de clase, que desde hace un siglo es la República Federativa Socialista de América Latina.

El FPMR en su encapsulamiento guerrillerista autolegitimado no importando la situación política que exista en el país, se aleja del pueblo, vive en un eterno esperar que el pueblo alcance el nivel de conciencia que ellos desean. En su lógica de reemplazar al pueblo organizado, como sujeto político determinante de la insurrección, por el del “partido-ejército”, sólo necesita al pueblo de comparsa y ayudista, porque son ellos los llamados a hacer la revolución. Paternalismo y mesianismo pequeño burgués a toda prueba. Ejemplo tácito de lo peligroso de las desviaciones autolegitimadoras.

Todos y cada uno de estas organizaciones políticas representan las aspiraciones frustradas de una capa social de la clase trabajadora ante el avance arrollador que tuvo el capitalismo y el fracaso del stalinismo. La diferencia está en saber en qué momento se vuelven “alternativos”, porque ya no se les puede denominar “reformistas”, debido a que ninguno levanta las banderas del socialismo, aunque sea como propaganda. Exceptuando los del PC (AP) que insisten en el sistema burocratizado stalinista, defendiendo a Corea del Norte, los demás levantan vaguedades políticas sin el mayor sustento doctrinario. Realizando política de reacción ante las andanadas de la burguesía y sus partidos, pero sin levantar las banderas del socialismo.

Pero es diferente; que un grupo político levante consignas “populistas”, caracterizadas por su vaguedad, su vacío doctrinario, buscando obtener réditos políticos electorales o institucionales; a que se asuma que la clase trabajadora con su nivel bajo de conciencia, debe ser dirigida y utilizada para sus fines político partidistas. La diferencia está en el objetivo de clase que pueda tener la organización, si el partido logra catalizar las aspiraciones de la clase trabajadora al interactuar con ella. Mientras la primera, es una organización con dirección pequeño burguesa y su objetivo siempre será el consolidar el capitalismo, la otra puede rectificar sus políticas, pero dependerá de la composición social de su militancia y el sector en que actúa.

Por otro lado, están los que dominados por un sentido de superioridad, ya no intelectual, sino social, se dirija al pueblo para constituir un sector electoral cautivo, que les ayude a obtener los objetivos políticos de clase, ¡de su clase!, como es el FA. No es la primera vez que sucede y no será la última. La DC ya lo había hecho en los años ‘30 y ‘40, para volver en gloria y majestad a ocupar el sitio de defensores del sistema, que sus “padres” políticos el Partido Conservador, les negaban. Hoy el FA son los resabios de un sector que puja por ser el reemplazo político natural de quienes por décadas han usufructuado del poder, utilizando las aspiraciones del pueblo explotado, pero sólo es para seguir haciendo lo de siempre. Ejemplo claro es el ex frenteamplista Jorge Scharp, alcalde de Valparaíso.

La izquierda revolucionaria trotskista.

Para el último dejamos a los grupos que se reivindican trotskistas. No obstante, la posición trotskista ha sido por décadas la heredera del bolshevismo-leninista, bajo la teoría de la revolución permanente, que centra las bases del socialismo mundial y la lucha a muerte contra el capitalismo explotador, el camino entre la teoría y la practica política, siempre ha sido complejo y problemático. Tanto, como es, el camino que separa a un entendido del principiante. Esto tiene dos causas fundamentales;

a.- El combatir la vulgarización del stalinismo. Que llevó a convertir a los partidos comunistas en agrupaciones familiares, sectarias, pacatas y conservadoras.
b.- El avance del stalinismo en la URSS y luego, posterior a la II Guerra Mundial, en el mundo. Con su carga contrarrevolucionaria.

Esto determinó que los grupos trotskistas fueran altamente “intelectualizados”, ya que para poder diferenciar la estrategia, la táctica y la política, se debía estudiar. Leer, discutir y polemizar siempre en minoría, se fue convirtiendo en verdaderos grupos selectos, de militantes entregados a la causa por el socialismo. No son pocos los que pagaron con su vida a manos de la represión burguesa y/o stalinista.

Pero también han sido pocos los que han logrado construir el puente entre su pensamiento y política y la clase trabajadora. Los que lo hicieron a base de esfuerzo y perseverancia se lograron convertir en sujetos referenciales para la clase trabajadora, aunque en el rango estrecho del sindicato, población, centro de estudios, etc.

Sin embargo, la gran mayoría debe combatir día a día contra la ideología que la burguesía instala para mantener su dictadura. Y no es extraño que los intereses de la pequeña burguesía ideológica y/o económica, permee también las huestes trotskistas. En su afán permanente de diferenciación individualista, sujetos de esta clase o capa de la clase trabajadora, tienden a caer en lo que hemos visto más arriba. La autolegitimación personal o el acomodamiento social, tanto como el mesianismo colectivo o el autosacrificio personal o colectivo, en el plano nacional o extranjero, son las conductas más comunes para dar riendas sueltas a sus aspiraciones. Ya que las experiencias juegan un fuerte rol de autoridad doctrinaria vigilante en el quehacer político. Pero esto, también nos lleva a los vínculos externos que se confirman en el criterio de autoridad, tan fuerte, cuando se invocan libros, citas o documentos.

Sin duda, los trotskistas están expuestos a todo lo que ataca ideológica como socialmente a cualquier militante o trabajador en el mundo capitalista. Si a esto le añadimos que invierte una parte importante de su vida en auto-adoctrinarse, sin duda se notará su presencia en un sindicato, organización social o estudiantil o en la población. Pero, lo que ha leído, aprendido o realizado, no le servirá de nada si no escucha a la clase

trabajadora. Si es invadido y dominado por un impulso de mesianismo puro o un impresionismo exacerbado por experiencias extranjeras, alejadas de lo local, chocará con la realidad de forma brutal, aunque insista en que las masas son las culpables.

Entendido esto, pasemos a conocer las posiciones políticas de estas agrupaciones.

El PTR y el MST levantan consignas sin base concreta, propias del idealismo puro. El primero levanta la consigna, ¡Por una Asamblea Constituyente libre y soberana!. En un contexto político donde el poder lo ejerce la burguesía, ellos esperan que se realice una “Asamblea Constituyente libre y soberana”. Obviando que asamblea constituyente es una aspiración de deseo, lo de libre y soberana, hace entender que NO entienden nada. Porque de lo contrario, debemos pensar que están engañando ideológicamente al pueblo. Por tanto, debemos preguntarnos;

¿Cómo en la dictadura de la burguesía y su régimen, pretenden que la clase trabajadora sea soberana y libre?

Entonces no se necesitaría la revolución socialista. Para ellos, en el contexto de la sociedad capitalista bastaría luchar por la “Asamblea Constituyente libre y soberana” para que los explotados lograran emanciparse y construir el socialismo. ¡Absurdo!

Si a esto le añadimos el problema del fetiche de la Asamblea Constituyente (A.C.), tenemos otro problema doctrinario profundo. Esta A.C. es un instrumento político que tiene como objetivo realizar una constitución. Como instrumento, alguien lo debe usar. Es decir, una clase social debe imponer sus criterios a los otros sectores sociales. Porque si no, caemos en la creencia burguesa del “bien común”, que hoy nadie se traga. Como ya sabemos que las clases sociales que pugnan por el poder son la burguesía y los trabajadores, una de ellas debe imponerse por sobre la otra. Debido a que la burguesía pretende seguir imponiendo su explotación a los trabajadores y estos quieren emanciparse.

Pero esta A.C. no se hace en un espacio vacío, sino que, en el contexto del sistema capitalista, el modelo neoliberal y un régimen democrático burgués, dominado por la burguesía. Por lo que aspirar a que el fetiche se convierta en la emancipación social, es absurdo. Es sólo un avance, y este dependerá de la organización y movilización social de la clase trabajadora.

Si a esto le añadimos que en el plebiscito aprobarán (y hacen campaña para ello) y se abstendrá en el segundo voto, tenemos una confusión de características pequeño burguesa puritana. Primero llaman a votar apruebo como las masas, dejándolas en la confusión en el segundo voto, para terminar lanzando una consigna fetichista e idealista de “A.C. libre y soberana”, no es propio de revolucionarios.

Sin duda que sus aspiraciones subjetivas, están por sobre la realidad donde actúan, porque es claro que la vanguardia idealista, sentimental, heroica y monotemática es posible que la entienda en su pensamiento enrabiado y desconectado de las masas. Pero no la clase trabajadora que es concreta, realista, utilitaria y funcional en lo que necesita y aspira.

El MIT se diferencia de lo anterior, en el acompañamiento a las masas en el segundo voto, pero cae en las declamaciones vacías como las dos organizaciones anteriores, al levantar “Que la crisis la paguen los ricos”, tratando de acercarse a las masas. Cabe preguntarse quien hará pagar a los ricos la crisis si el régimen, el modelo y el sistema está dominado por la burguesía. Esto no pasa de ser una triste copia de política altisonantes de los trotskistas argentinos. Que se ubican como verdaderos cancerberos de algunos grupos con debilidades políticas endémicas.

Estas consignas son tan ridículas como si los bolcheviques, que para estos grupos deben ser caracterizados como populistas, al hacer seguidismo de las masas, en vez de levantar el histórico lema “Paz, Pan y Tierra”, hubiesen dicho “Que la guerra la pelee el Zar”.

Esto es el reemplazo de lo concreto en la política revolucionaria, por las manifestaciones propias del impresionismo cargado de un voluntarismo sentimental, propios de grupo permeados por las formas y métodos pequeño burgueses.

Por tanto, ¿Qué política se debe tener?

La línea política debe responder a las necesidades de la clase trabajadora en el momento actual y proyectarla, en el mejor de los casos, hacia su objetivo histórico, tomando en cuenta que en la correlación de fuerzas está en desmedro, ya que el poder lo tiene, sustenta y ejerce la burguesía.

No porque el gobierno de Piñera está debilitado; no tenga la iniciativa; la crisis política abierta el 18 de octubre del año pasado, no se ha cerrado; y existe un sentir mayoritario de la necesidad de una asamblea constituyente, se debe desconocer que el PODER lo tiene la burguesía. Sigue siendo sustentado por instituciones del régimen burgués, como el parlamento, los partidos políticos, las FFAA y carabineros, la iglesia, etc., y harán todo lo posible para evitar el avance de las aspiraciones democráticas de la clase trabajadora.

Como hemos expresado en documentos anteriores, la crisis está abierta, pero el cierre de esta, puede tener la canalización hacia una Revolución Democrática, donde las fuerzas populares logren imponer parte importante de sus aspiraciones, que pueden ser permitidas por la burguesía debido a la presión o hacia la Reacción Democrática donde la burguesía mantenga al gobierno de Piñera y la constitución se realice a base de mantener los pilares fundamentales del modelo neoliberal.

Cabe la posibilidad que la crisis se profundice a tal punto que la burguesía impulse un golpe militar, exponiéndose a situaciones impensadas por proteger sus intereses. El hacerlo no significa que se pueda mantener en el poder a priori.

Pero, ¿Qué tiene la clase trabajadora para avanzar?
La Movilización de Masas
. Todo lo anterior depende de la lucha, que determinará ¿donde? y ¿quiénes? definen el derrotero político.

Si las masas abandonan la calle convencidas que los instrumentos democráticos burgueses definirán “democráticamente”, como será la nueva constitución, esto significará que la reacción democrática ha triunfado y se nos vendría encima un reflujo, con todo el peso de la frustración de las masas.

En cambio, si las Masas continúan en la calle activas y empoderadas, motivos sobran, haciendo retroceder al gobierno, mimetizando el triunfo del apruebo con la salida de Piñera, el golpe al régimen sería contundente. A tal punto, que el voto por la convención constituyente sería transformado por la presión social en Asamblea Constituyente, donde no sólo los partidos institucionalizados estarían representados sino las fuerzas sociales con una mayoría substancial. Porque la movilización social obligaría a los parlamentarios a hacer una ley que modifique la elección de los constituyentes.

Esta situación, la burguesía la aquilata y está dispuesta a hacer caer a Piñera, ante la perspectiva de un segundo estallido social. Porque, como hemos dicho, esta clase hará todo lo posible para seguir manteniendo sus privilegios basados en la explotación de los trabajadores.

Es por ello, que la clase trabajadora, pobladores y estudiantes, deben exigir

PAN, SALUD Y TRABAJO
Pero no lo logrará, confiando en partidos burgueses ni grupúsculos idealistas, sino que en su propia fuerza y organización. Esa misma fuerza y organización, que movilizada tendrá que echar al gobierno, con el ¡FUERA PIÑERA!

Única forma en que la clase trabajadora, logrará avanzar hacia la toma de conciencia de su propia fuerza, es luchando por un;

Ingreso Familiar de Emergencia Permanente Atención gratuita ante la pandemia Trabajo

Logrando de esta manera aunar la fuerza necesarias para lograr;

1.- Terminar con las AFP.
2.- Imponer definitivamente el principio “A igual trabajo, igual salario”.
3.- Nacionalización de los recursos naturales (cobre, hierro, litio, el mar, etc.).
4.- Terminar con el código laboral, fortaleciendo la organización de los trabajadores.
5.- Nacionalización de los servicios básicos (luz, agua, gas, telefonía, internet, etc.) declarándolas como servicios estratégicos.
6.- Terminar con el lucro en la educación y la salud.

¡Por el Socialismo Siempre!

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