«La revolución socialista la defendemos con estos fusiles»: Cuba y los mártires de Playa Girón

por Jorge Martin

El 16 de abril de 1961, en el entierro de las víctimas mortales de un bombardeo imperialista y en víspera del intento de invasión contra-revolucionaria e imperialista de Playa Girón, Fidel Castro proclamó el carácter socialista de la revolución cubana.

«Porque lo que no pueden perdonarnos los imperialistas es que estemos aquí, lo que no pueden perdonarnos los imperialistas es la dignidad, la entereza, el valor, la firmeza ideológica, el espíritu de sacrificio y el espíritu revolucionario del pueblo de Cuba. Una enorme multitud armada respondía con vítores el discurso de Fidel. “¡Pa’lante y pa’lante, y al que no le guste que tome purgante!”

«Eso es lo que no pueden perdonarnos, que estemos ahí en sus narices ¡y que hayamos hecho una Revolución socialista en las propias narices de Estados Unidos! ¡Y que esa Revolución socialista la defendemos con esos fusiles!»

En realidad, ya el año anterior, 1960, la revolución cubana había llevado adelante amplias expropiaciones del capital imperialista que habían minado los cimientos del capitalismo en la isla. Pero la declaración sin embargo era significativa. El viejo aparato del estado había sido destruido, y la creación de las milicias significaba el pueblo en armas.

La revolución cubana había empezado con unos objetivos democrático nacionales, anti-imperialistas, pero se había topado con la realidad de que esos objetivos (la reforma agraria, la soberanía nacional, la rebaja de los alquileres y las tarifas, la alfabetización), no cabían dentro de los estrechos limites del capitalismo en una isla dominada por el capital estadounidense.

A medida que la revolución avanzaba en sus propios objetivos democrático nacionales, aquellos elementos burgueses que la habían apoyado o tolerado inicialmente se iban distanciando.

Finalmente, las premisas de la revolución permanente (en la época del imperialismo no es posible resolver los problemas de la revolución democrático nacional en un país atrasado sin abolir el capitalismo, y que la burguesía nacional en estos países no puede jugar ningún papel progresista), se comprobaron en la práctica. Es más, se llevaron a la práctica por parte de una dirigencia que no tenía originalmente ninguna intención de abolir el capitalismo, sino que llegó a la misma simplemente aplicando fielmente su propio programa nacional y democrático. Y de paso, en contra de la opinión de los estalinistas del PSP que seguían aferrado a su etapismo menchevique.

Aquella declaración, ante la masa de obreros armados, despertó enorme entusiasmo. El mismo pueblo que antes estaba permeado por la propaganda anti-comunista respondió: «Si Fidel es comunista, que me pongan en la lista».

Sin embargo, también en esa jornada podemos ver reflejada una de las características de la revolución cubana que representan una limitación importante. El caracter socialista de la revolución se anunció por parte de Fidel, y las masas aclamaron. No había habido una discusión previa, un documento que lo propusiera y explicara los motivos. De hecho, conversando con la amiga y camarada Celia Hart sobre esta cuestión (en la diferíamos), ella me dijo que ni siquiera su papá, Armando Hart, sabía lo que Fidel iba a decir aquél día.

Las masas aclamaron la proclamación, y la hicieron suya con enorme entusiasmo. Pero no tenían ningún canal organizado para influir en la dirección de la revolución, no había congreso nacional de consejos obreros y campesinos, el M26J tenía una estructura que se correspondía a la disciplina militar de la guerra de guerrillas, el partido comunista no se iba a crear hasta 1965 (y no tuvo su primer congreso hasta 1975). Estaba la dirección revolucionaria arriba y las grandes masas revolucionarias abajo.

Es decir, la revolución cubana, al tiempo que abolía el capitalismo, adolecía del gérmen de la deformación burocrática, que se consolidó a principios de los años 70, con la derrota del intento de extender la revolución por el mundo y la dependencia inevitable de la URSS, que no era ya la de Lenin y Trotsky.

Al día siguiente, aquellos «obreros y campesinos, hombres y mujeres humildes de la patria» que habían jurado el 16 de julio «defender hasta la última gota de sangre esta Revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes,» se enfrentaron en Playa Girón, fusil en mano, a una fuerza expedicionaria contra-revolucionaria financiada y organizada por los EEUU. La potencia imperialista más poderosa del planeta salió derrotada.

Sobre esa base, la de la revolución socialista, la abolición del régimen capitalista de explotación del hombre por el hombre, la revolución cubana logró todas sus conquistas, que no son pocas, en el terreno de la salud, la educación, la vivienda, la dignidad y la soberanía nacional.

A más de 60 años de ese hito histórico, la revolución cubana se enfrenta a enormes dificultades. Todas ellas se derivan del aislamiento de la revolución en un país atrasado, insertado de manera totalmente subordinada en el mercado mundial y a 90 millas del imperialismo ianqui que no ha cesado en su empeño por destruirla. También la ausencia de democracia obrera y el burocratismo en el estado y la economía son consecuencia indirecta de este aislamiento.

La pandemía golpeó duramente a Cuba, privandola de diferentes maneras de sus principales fuentes de ingresos, particularmente el turismo. Eso se ha agravado por el recrudecimiento de las sanciones y el bloqueo que han dificultado la llegada de remesas.

Las reformas económicas de los últimos años han creado una capa pequeño burguesa de cuenta propistas, pequeños empresarios, MIPYMES y otros que empiezan a querer pelear por una parcela del poder político. Los reflejos burocráticos del aparato del estado a la hora de defenderse provocan en ocasiones el efecto contario.

La Tarea Ordenamiento representó un intento de utilizar el látigo del mercado para aumentar la productividad del trabajo, algo muy peligroso ya que abre el camino a reforzar las tendencias restauracionistas que ya existen. La alternativa, el control obrero, la participación efectiva de los trabajadores en la gestión de la economía y el estado, ni siquiera se considera. Haría que la burocracia fuera redundante.

Así pues, este 16 de abril, celebramos la gesta de la revolución cubana, al tiempo que nos comprometemos a defender su caracter socialista (la expropiación de los medios de producción) ante la amenaza de la agresión imperialista, pero también de la burocracia que por acción u omisión empuja también en dirección a la restauración capitalista, un desenlace que destruiría todas las conquistas de la revolución (que aún y debilitadas, siguen existiendo).