por Alejandro Valenzuela
La reciente declaración de Evelyn Matthei reivindicando el Golpe del 73, su Dictadura y sus horrorosos crímenes contra el pueblo, motivó una airada respuesta de los «demócratas» quiénes han salido a reivindicar la democracia como «forma de convivencia social». Se trata de los mismos que han gobernado ocupando militarmente la Macro Zona Sur del Wallmapu, impulsado la impunidad para los crímenes de Estado y los que recientemente —como hizo el Gobierno de Boric— han planteado ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos su incompetencia para conocer de los crímenes de Estado perpetrados durante la Dictadura. Lo hicieron defendiendo la impunidad del seráfico General Cheyre (R).
El momento nos lleva a afilar el bisturí político y diseccionar este discurso «democrático» tomando como punto de partida la Declaración del Grupo de los 13 DC que condenaron el Golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973. Observaremos no solo tal declaración que adjuntamos, sino la postura pusilánime de camada de “izquierdistas” que la celebran como una joya moral o como una supuesta “luz en la oscuridad”. En realidad, son heraldos de una visión liberal del mundo, que ha intoxicado buena parte de lo que se hace llamar “izquierda” hoy. Vamos con eso:
El fetichismo democratista de la izquierda domesticada
Hay una especie peculiar de “izquierdistas” —editorialistas, académicos, influencers militantes, parlamentarios reciclados— que creen estar haciendo un acto de justicia histórica cuando sacan a relucir “la Declaración de los 13” como un emblema de dignidad democrática. Aplauden la postura de los sectores de la Democracia Cristiana que, dos días después del golpe de Pinochet, condenaron “el derrocamiento del Presidente Constitucional”.
Pero ¿qué están haciendo realmente estos izquierdistas al exaltar este documento?
Están sirviendo, conscientemente o no, a la defensa ideológica del régimen burgués. Porque no están defendiendo al proletariado, ni la revolución, ni la necesidad de una dictadura del proletariado para barrer con los restos del poder capitalista. Están defendiendo una abstracción: la democracia —esa palabra mágica, hueca, donde cabe todo y no dice nada.
La democracia como religión de reemplazo
Estos izquierdistas, que muchas veces se presentan como radicales, tienen una religión: la democracia en abstracto. Para ellos, toda lucha gira en torno a defender la democracia, incluso cuando el contenido de esa democracia es el dominio de la oligarquía, el imperialismo y el capital financiero.
Al ensalzar a los 13 como “referentes morales”, lo que hacen es reciclar una falsa idea de “pluralismo” donde hasta la DC —partido del Vaticano, de la Guerra Fría y del antiobrerismo más militante— aparece como un actor válido en la defensa del “orden democrático”.
Esto no es análisis de clase. Esto es catecismo liberal con estética de izquierda.
Los nuevos ideólogos de la conciliación de clases
¿Quiénes son estos actores “de izquierda” que nos llenan de elogios a los demócratas cristianos arrepentidos? Son los mismos que:
Creen que la política es un “debate de ideas” y no un conflicto entre clases irreconciliables. Reivindican la unidad “contra el autoritarismo”, metiendo en la misma bolsa a revolucionarios y a liberales. Llaman “fascismo” a cualquier desviación de su moral democrática pero no lo reconocen en la dictadura del capital.
Estas posiciones son incompatibles con el marxismo-leninismo. Lenin ya los denunciaba en La enfermedad infantil del izquierdismo, cuando advertía contra los que se negaban a asumir que el Estado, incluso el democrático, es una máquina de represión de una clase sobre otra. ¿Qué clase de izquierda es esta que homenajea a sus verdugos?
¿Vamos a olvidar que mientras estos 13 firmaban un documento sin consecuencias, muchos militantes obreros y revolucionarios eran ya perseguidos, desaparecidos, torturados y asesinados?
Mientras estos personajes escribían condenas abstractas al “golpe”, ¿dónde estaban sus brazos organizativos? ¿Dónde estaba la huelga general? ¿Dónde estaban los sindicatos movilizados?
No estaban. Porque no tenían ningún compromiso con la lucha real por el poder, sino con la restauración del viejo orden burgués, con maquillaje democrático.
Lo que no dicen estos izquierdistas: la democracia burguesa es la antesala del fascismo
Trotsky fue claro cuando denunció a los socialdemócratas alemanes que clamaban por la legalidad frente a Hitler: esa “legalidad” era la cuerda con la que serían ahorcados. Y lo fueron.
En La revolución traicionada, advierte:
“No hay una línea divisoria infranqueable entre la democracia burguesa y el fascismo. Son formas distintas de un mismo contenido: el dominio del capital.”
Y en La Tercera Internacional después de Lenin, expone el desastre de quienes creyeron que se podía detener al fascismo con alianzas “antitotalitarias” con los partidos burgueses.
Conclusión: el democratismo es el opio de los izquierdistas que han renunciado a la revolución
Cuando ves a un supuesto “marxista” glorificar la “Declaración de los 13” como ejemplo de dignidad, no estás frente a un revolucionario. Estás frente a un sacerdote de la democracia parlamentaria. Su lenguaje puede sonar combativo, pero su contenido es restaurador, reformista, antirrevolucionario.
Nosotros, los marxistas leninistas, no reivindicamos a quienes condenan el golpe sin condenar al sistema que lo hizo inevitable. La historia no necesita adornos morales, necesita comprensión dialéctica, estrategia, y voluntad de poder.
DECLARACIÓN DEL GRUPO DE LOS 13

Pocas horas después del golpe de estado un grupo de destacados dirigentes de la DC dan a conocer públicamente su posición contraria al golpe militar encabezado por Augusto Pinochet, la que fue conocida por la historia como la declaración de los 13, uno de sus firmantes fue Renán Fuentealba Moena.
Declaración de los 13
Hoy, 13 de septiembre de 1973, los abajo firmantes, dejando constancia de que esta es la primera ocasión en que podemos reunirnos para concordar nuestros criterios y explicitar nuestra posición política, después de consumado el golpe militar de anteayer, venimos en declarar lo siguiente:
1) Condenamos categóricamente el derrocamiento del Presidente Constitucional de Chile, señorSalvador Allende, de cuyo Gobierno, por decisión de la voluntad popular y de nuestro partido, fuimos invariables opositores. Nos inclinamos respetuosos ante el sacrificio que él hizo de su vida en defensa de la Autoridad Constitucional.
2) Señalamos que nuestra oposición a su gobierno fue siempre planteada para preservar la continuidad del proceso de cambios que tuvo el honor de iniciar en nuestro país el gobierno de la Democracia Cristiana y al mismo tiempo para impedir su desviación antidemocrática. Mantenemos en todas sus partes las críticas que en dicho contexto formulamos al gobierno de la Unidad Popular y al Presidente Allende. Reiteramos, por eso mismo, que, en conformidad a nuestras convicciones personales y a las repetidas determinaciones de la Democracia Cristiana, jamás tuvimos otra actitud parlamentaria o particular que no fuera la oposición dentro del cauce democrático destinada a obtener la rectificación de los errores cometidos por el gobierno del Presidente Allende e impugnados por nosotros.
3) La falta de rectificación, que en definitiva nos llevó a la tragedia, es responsabilidad de todos, Gobierno y Oposición, porque el deber de mantener una democracia no puede ser eludido por nadie. Pero a nuestro juicio hubo quienes tuvieron mayor responsabilidad.
En primer lugar, el dogmatismo sectario de la Unidad Popular, que no fue capaz de construir un camino auténticamente democrático para el socialismo adecuado a nuestra idiosincrasia. Especial condenación merece la irresponsabilidad de la ultraizquierda.
En segundo lugar, la derecha económica que, con fría determinación, aprovechó los errores de la UP para crear un clima de tensión, de ceguera y de pasión política que, unido a lo anterior, hizo imposible un consenso mínimo al descalificar a quienes lo buscábamos con objetividad y con cordura.
4) Estos sectores extremos alienaron psicológicamente a la opinión pública e incluso a numerosos dirigentes políticos y jefes militares, creando la sensación falsa de que no había otra salida para la crisis chilena que el enfrentamiento armado o el golpe militar. Reiteramos hoy, igual que siempre, nuestra convicción profunda de que, dentro de los cauces democráticos, habríamos podido evitar en Chile la implantación de un régimen totalitario, sin necesidad de pagar el costo de vidas y los excesos inevitables en las soluciones de fuerza.
5) La Junta Militar ha manifestado su intención de restituir el poder a la voluntad del pueblo y respetar las libertades públicas. Esa intención la recogemos como positiva para la restauración democrática y la paz social y esperamos que se cumpla sin demora al tenor de las declaraciones formuladas.
6) En cuanto a nosotros, consideramos que nuestra suprema responsabilidad en esta hora, la que asumimos por encima de toda otra consideración, reside en proseguir la lucha por los principios de la Democracia Cristiana y por la restauración de la democracia chilena, fuera de la cual aquellos carecen de vigencia. Los hechos que hoy lamentamos señalan que sólo en libertad, sustentada por la mayoría del pueblo y no por minorías excluyentes, se puede aspirar a la transformación humanista y democrática de Chile que constituye nuestra meta y fortalece nuestra voluntad.
Firman:
Bernardo Leighton Guzmán, Diputado, Ex-ministro, Ex-vicepresidente de la República
Ignacio Palma Vicuña, Ex-diputado, ex-ministro, ex-presidente del senado
Renán Fuentealba Moena, Senador, ex-diputado, ex-delegado de Chile a las Naciones Unidas
Radomiro Tomic Romero, profesor universitario, ex-diputado, ex-senador, ex-embajador
Fernando Sanhueza H., Diputado, ex-presidente de la Cámara
Sergio Saavedra, diputado, ex-intendente de Santiago
Claudio Huepe G., diputado, ex-Intendente de Arauco
Andrés Aylwin Azócar, diputado
Mariano Ruiz-Esquide, diputado
Jorge Cash M., profesor, periodista
Jorge Donoso, abogado, publicista
Belisario Velasco, economista, ex-gerente de la Empresa de Comercio Agrícola
Ignacio Balbontín, sociólogo, profesor universitario
Florencio Ceballos, abogado, asesor sindical
Waldemar Carrasco, diputado
Marino Penna, diputado.
