Frustrado Golpe de agosto del 91 en la URSS: la venganza de la historia

por El Porteño

«Nerón fue también un producto de su época; pero cuando pereció se destruyeron sus estatuas, y su nombre fue borrado de todas partes. La venganza de la Historia es más terrible que la del más poderoso Secretario General.» (Leon Trotsky, «Stalin»)

Un 21 de agosto de 1991, fracasaba el intento de golpe de estado con el que el Partido «comunista» de la Unión Soviética quiso retener el poder: era el último manotazo de la camarilla de traidores que habían destruido desde adentro a lo creado por la Revolución de 1917. Fue una ironía de la Historia, que esta derrota final de la mafia de traidores a la revolución, sucediera cuando se cumplían 51 años de que terminaran de consumar su traición con la muerte del último bolchevique: León Trotsky.

En aquellos años, hacía tiempo que estos discípulos de Stalin habían reconstruido el capitalismo: siguiendo el camino que había tomado China, los tres pilares que determinan que un país ha roto el orden patronal (la propiedad estatal de las principales ramas de la industria, la planificación de la economía, y la centralización estatal del comercio exterior), habían sido reemplazados por empresas privadas, la liberación de las exportaciones e importaciones, y la producción para el mercado con el caos de la competencia que conlleva. Y como suele suceder, estos cambios trajeron un empeoramiento grave de las condiciones de vida del pueblo trabajador; lo que empujó a las calles a millones de personas alrededor tanto de la URSS como de los países subordinados de Europa del Este.

Estas luchas fueron ganando intensidad desde 1989, derribando a otras tiranías «comunistas» como la de Rumania, y cercando cada vez más a los dictadores soviéticos; quienes a su vez se dividían entre los que buscaban desviar ese descontento con reformas para no entorpecer la reconstrucción del capitalismo, y los que querían aplicar el «modelo Chino» a rajatabla: masacrar a los que luchaban (como hizo el ejército chino en la Plaza Tian An Men en 1989), reconstruir el capitalismo a culatazos, y quedarse con el poder y los negocios. Y este último sector, basado en la KGB y otras instituciones centrales de la camarilla mal llamada «comunista», intentó llevar a cabo ese plan mediante un golpe de estado, el 19 de agosto de 1991.

Pero les salió todo mal: inmediatamente enterados de la noticia, los trabajadores y el pueblo soviéticos se lanzaron a la calle a cerrar el paso a los golpistas; obligándolos a rendirse al tercer día, acelerando el final del régimen. Así como en el pasado la clase obrera y el pueblo ruso habían puesto fin a la tiranía zarista y a la tiranía del capital; ahora ponía fin a la tiranía estalinista, haciendo desaparecer de la escena política mundial, y cubierta de vergüenza, a la maquinaria política que condujo conscientemente al fracaso a muchas de las más heroicas luchas obreras; víctima de su última traición: la de restaurar el capitalismo en el primer país en el que se lo había derrotado.

Aunque el imperialismo trató de adjudicarse esa victoria, respaldado por el salto económico que significó la apertura de mercados con la restauración previa; la realidad no tardó en demostrar las consecuencias de la caída del estalinismo mundial: luchas caóticas y desesperadas estallaron en todo el mundo desde ese momento a estar parte, al no existir la orden de traidores que se dedicó a infiltrar las peleas obreras y populares para llevarlas a la derrota. Enormes movilizaciones a escala continental sacudieron continentes enteros durante décadas. Incluso donde alguno de estos levantamientos dio un traspié, no tardó en reponerse y seguir su batalla.

Hasta ahora, solo los escombros del muro en la mente de muchos revolucionarios, que insisten con ser deudos del estalinismo; ha impedido que surja un liderazgo como el bolchevique y estas luchas y revoluciones pongan en pie nuevas experiencias socialistas. Por mucho que cueste, por fuertes que sean las presiones de las modas políticas, las nostalgias y los sentimentalismos; los herederos de las enseñanzas de Trotsky seguimos entregados a la tarea de construir esas organizaciones revolucionarias a imagen y semejanza del partido bolchevique de Lenin y Trotsky.