Valdivia, la civilización y sus ruinas: por una historia material de la memoria

por Juan García Brun

De niño conocí, en los 70, dos formas radicalmente diferentes de destrucción. Una provenía del movimiento ciego de la naturaleza, el terremoto de Valdivia de 1960; la otra, de hombres organizados, instituciones, clases sociales, armas, intereses materiales y voluntad política en 1973. Tal vez por eso la ruina nunca me ha parecido simplemente una cosa vieja. Es, antes que nada, una pregunta. La pregunta podría formularse de esta manera: ¿en qué momento un montón de piedras deja de ser basura y comienza a ser cultura? La diferencia no reside estrictamente en el objeto. Una pared derrumbada puede ser retirada por una retroexcavadora como escombro o puede ser rodeada por una verja, iluminada, estudiada, fotografiada y declarada patrimonio de la humanidad. Entre ambas posibilidades media una operación social. La ruina no existe plenamente en el instante de la destrucción: aparece cuando una comunidad decide que algo de aquello que ha dejado de servir debe, precisamente por haber dejado de servir, permanecer. Alain Schnapp ha mostrado que incluso la palabra griega asociada a la ruina, ereipia, remitía originalmente al acto de derribar y hacer caer; para los grandes trágicos, Troya incendiada era todavía fundamentalmente devastación. La nostalgia cultural por las ruinas adquirirá mucha mayor densidad posteriormente, particularmente en la literatura latina. Georg Simmel llevaría siglos después esta intuición hacia una definición estética: la ruina aparece allí donde la obra arrancada por el hombre a la naturaleza comienza a ser recuperada por ella. La vegetación invade el muro, la humedad come la piedra, la gravedad termina lo que el constructor había combatido. Pero esa dialéctica entre naturaleza y trabajo humano no basta: es necesaria una mirada capaz de reconocer en aquella derrota material una forma.

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Marcel Claude en la Universidad de Valparaíso: volver a poner al capitalismo en discusión

por El Porteño

El jueves 3 de septiembre, en el Auditorio Principal de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad de Valparaíso, el economista y excandidato presidencial Marcel Claude ofreció una extensa conferencia convocada por el Colectivo Caupolicana, organización que planteó la actividad como parte de un esfuerzo por abrir la universidad a dirigentes sociales, trabajadores y comunidad regional. No es un aspecto secundario. En una época en que buena parte de la producción universitaria ha terminado encapsulada en circuitos académicos autorreferentes, recuperar la universidad como lugar de controversia política e intelectual y poner sus espacios a disposición de quienes se encuentran fuera de sus claustros constituye, por sí mismo, una iniciativa que merece ser saludada. Pero la importancia principal de la conferencia estuvo en otra parte: Claude habló de capitalismo. No simplemente de desigualdad, de abusos empresariales, de malas políticas públicas, de corrupción, de neoliberalismo o de las insuficiencias de determinada administración gubernamental. Su exposición intentó construir una interpretación histórica de largo alcance en la cual la crisis contemporánea aparece vinculada a la lógica misma de acumulación del capital. Ese desplazamiento del objeto de discusión resulta particularmente valioso cuando el debate político oficial ha conseguido transformar al capitalismo en el gran supuesto indiscutido de nuestra época: pueden discutirse impuestos, pensiones, regulación, crecimiento o distribución, pero el régimen social que organiza todas esas relaciones debe permanecer fuera de la discusión.

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De la insurrección a la papeleta: cómo se domestica a Trotsky

por Alejandro Valenzuela Torres

La nota publicada por La Izquierda Diario con motivo del 86º aniversario del asesinato de León Trotsky presenta una paradoja que merece ser discutida precisamente porque el texto se reclama de la tradición revolucionaria. Su problema no consiste en lo que dice acerca de Trotsky —buena parte de la reconstrucción histórica es formalmente correcta— sino en la distancia que existe entre el Trotsky evocado y la política concreta a la cual esa evocación termina sirviendo. El resultado es una operación característica de una izquierda que conserva el vocabulario de la revolución mientras desplaza progresivamente su práctica hacia el terreno electoral, parlamentario y de la construcción de una opinión pública de izquierda dentro del régimen burgués.

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Mi vida: Trotsky, la revolución y la memoria que el estalinismo quiso destruir

por El Porteño

El 20 de agosto de 1940, León Trotsky fue atacado en su casa de Coyoacán por Ramón Mercader, agente de la policía política estalinista infiltrado en su círculo inmediato. Murió al día siguiente como consecuencia del golpe de piolet recibido en la cabeza. A ochenta y seis años de aquel crimen, la lectura de Mi vida permite comprender por qué Stalin no se conformó con expulsar a Trotsky de la Unión Soviética, privarlo de la ciudadanía y borrar su nombre de la historia oficial. Necesitaba matarlo porque aquel exiliado encarnaba una continuidad viviente entre la Revolución de Octubre y la lucha contra la burocracia que había usurpado sus conquistas.

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Pierre Broué: «Trotsky y la Revolución Francesa»

Trotsky no ha dedicado ningún trabajo específico a la Revolución Francesa, y es lamentable. La estudió de cerca, conocía los trabajos de Alphonse Aulard, incluida su recopilación de Documentos para la historia de la Sociedad de Jacobinos, la Historia de Francia de Michelet, la Historia socialista de Jean Jaurès, por la que confesaba una especial admiración, y a lo largo de las vicisitudes de su vida política, no dejó de mantenerse al tanto de los trabajos científicos. Conoció la obra de Mathiez, cuya importancia apreciaba, y utilizó los primeros trabajos de divulgación que se conocieron de Georges Lefebvre. Este mérito, por supuesto, es suyo, pero también de sus colaboradores y colaboradoras –Denise Naville, por ejemplo- que le copiaron centenares de páginas en las bibliotecas parisinas cuando los libros no estaban disponibles.

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«Mi Vida» de Trotsky: Una contribución imperecedera al marxismo y a la literatura universal

por David North

Mi vida: un intento de autobiografía comienza así: “Nuestros tiempos vuelven a ser ricos en las memorias, quizá más ricos que nunca. Es porque hay tanto que contar.” La observación era acertada. La década de 1920 fue testigo de la publicación de numerosas autobiografías de políticos que habían desempeñado un papel fundamental en los acontecimientos previos, durante y después de la Primera Guerra Mundial. No solo había mucho que contar: también había mucho que justificar, explicar o sobre lo que descargar la culpa. La obra en varios tomos La crisis mundial de Winston Churchill llevó a cabo las tres tareas, con su característica grandilocuencia reaccionaria. Las memorias de otros titanes políticos de la época se desvanecieron rápidamente de la conciencia. En su mayoría, sus libros han disfrutado de una retirada tranquila y duradera en librerías de segunda mano, donde encuentran pocos compradores, y en bibliotecas públicas, donde descansan sin ser molestados. Los minoristas online han salvado, quizás, a algunos autores de memorias del olvido. Incluso La Crisis Mundial de Churchill casi ha sufrido el mismo destino, y habría sido totalmente olvidada de no ser porque la Segunda Guerra Mundial le brindó la oportunidad de celebrar sus logros en otro conjunto de memorias un millón de palabras más largas que la primera.

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León Trotsky: ¿Cómo se puede unificar Europa? (1929)

Briand considera necesario elevar el patrimonio histórico de trescientos cincuenta millones de europeos, portadores de la civilización más avanzada [1], que pese a ello no pueden vivir un solo siglo sin una docena de guerras y revoluciones. En función de la pacificación de nuestro planeta, Macdonald cruzó el Atlántico.[2] En el orden del día figuran los estados unidos de Europa, el desarme, la libertad de comercio, la paz. La diplomacia capitalista cocina en todas partes un guisa­do pacifista. Pueblos de Europa, pueblos de todo el mundo, preparad grandes cucharas para meterlas en la olla.

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En defensa de Trotski y del “Programa de Transición”. Respuesta a Mario Aguiriano y Gabriel Miasni

por David Rey

Desde hace un tiempo venimos observando una creciente atención hacia el trotskismo en el seno del Movimiento Socialista (MS), que los compañeros de la dirección vienen canalizando en publicaciones teóricas de su entorno, como Marx XXI, y el sitio web contracultura.cc.

Sabemos, concretamente, que hay un interés particular por una de las principales obras de León Trotski, El Programa de Transición – La agonía del capitalismo y las tareas de la IV Internacional, que fue escrito como documento político para el congreso fundacional de la IV Internacional, celebrado en París en septiembre de 1938, un año antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial.

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Astarita y el marxismo de la derrota: del vaciamiento del Programa de Transición a la disputa por una estrategia revolucionaria

Astarita y la sombra de Bernstein

por Gustavo Burgos

Escribo estas líneas en polémica a “Trotskismo y fuerzas productivas, respuesta a Gustavo Burgos”, en ella previsiblemente Rolando Astarita reconduce la discusión a la ciénaga de las citas y las hipótesis estadísticas, eludiendo de manera formal el centro de mi crítica en “Contra Astarita: las fuerzas productivas, el imperialismo y la revolución mundial”. En esta nota no solo refuto su concepción idealista que lo lleva a sostener que el capitalismo sigue desarrollando las fuerzas productivas, sino que — principalmente— sostengo las consecuencias políticas necesarias de tal afirmación que implican negar el carácter reaccionario del capitalismo imperialista, cuestionar la revolución permanente y a abandonar una concepción marxista de la cuestión nacional, transformando el marxismo en una polémica doctrinaria desarmada, donde las masas, la insurrección, la violencia revolucionaria, los soviets, la destrucción del Estado burgués y la conquista del poder desaparecen como problemas estratégicos vivos.

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A propósito de las «flotillas» y el pacifismo impotente: Trotsky y la guerra de clases

por El Porteño

El documento “Declaración al Congreso Contra la Guerra de Ámsterdam (1932)” se presenta como una formulación clásica —y aún vigente— de la política marxista frente a la guerra imperialista: no su condena abstracta, sino su superación revolucionaria mediante la lucha de clases. En este sentido, no es un texto “contra la guerra” en términos morales, sino un programa estratégico que identifica en la propia estructura del capitalismo —la contradicción entre fuerzas productivas y Estado nacional— la raíz material de los conflictos bélicos. La guerra no aparece como desviación, sino como continuación necesaria de la competencia imperialista por otros medios. Desde este punto de vista, la consigna central no puede ser la paz, sino la transformación de la guerra imperialista en guerra civil revolucionaria.

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Reseña — La revolución china y las tesis del camarada Stalin, de León Trotsky

por Fernando López MacKenzie

El texto de León Trotsky, fechado en 1927, es menos una crónica de la revolución china que una intervención política urgente en el corazón del debate estratégico del movimiento comunista internacional. Su eje es claro: demostrar que la línea impulsada por Iósif Stalin —basada en el “bloque de las cuatro clases” y la subordinación del Partido Comunista Chino al Kuomintang— no solo era errónea, sino que condujo directamente a la derrota sangrienta del proletariado chino.

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Reseña de «Historia del trotskismo en Chile»: volver a las fuentes para recomponer la estrategia revolucionaria

por Gustavo Burgos

En un momento histórico marcado por la derrota política del levantamiento popular de octubre de 2019 —derrota que no fue simplemente el resultado de la correlación de fuerzas inmediata, sino de la ausencia de una dirección revolucionaria capaz de transformar la irrupción de las masas en poder— la lectura de Historia del trotskismo en Chile (1931-1973) de Andrey Schelchkov, Manuel Loyola y Matías Villa se vuelve no solo pertinente, sino urgente.

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Guillermo Lora: «Historia y materialismo histórico»

I. 

EL MÉTODO MARXISTA Y LA INVESTIGACIÓN HISTÓRICA

Federico Engels escribió que «Con el hombre entramos en la historia. También los animales tienen una historia, la de su origen y desarrollo gradual hasta su estado presente. Pero los animales son objetos pasivos de la historia, en cuanto toman parte en ella, esto ocurre sin su conocimiento voluntario; los hombres, por el contrario, a medida que se alejan, más de los animales en el sentido estricto de la palabra, en mayor grado hacen su historia ellos mismos, conscientemente, tanto menor es la influencia que ejercen sobre esta historia las circunstancias imprevistas y las fuerzas incontroladas, y tanto más exactamente se corresponden el resultado histórico con los fines establecidos de antemano».

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Abraham León contra el utopismo sionista: anatomía marxista de la «cuestión judía» y autopsia del sionismo

por Gustavo Burgos

El sionismo suele ser despachado, en polémica inmediata, como “una corriente fascista” y nada más. Esa caracterización, aunque puede rozar fenómenos reales —militarización social, racismo estatal, culto de la fuerza, exterminio o expulsión como horizonte práctico—, fracasa si pretende agotar el problema. Porque el sionismo no aparece en la historia como un mero injerto ideológico exótico, ni como una anomalía moral desprendida del cielo: es una forma específica de nacionalismo burgués en la época imperialista, un proyecto de colonización de poblamiento que se organiza, desde su origen, en relación de dependencia con potencias dominantes, y que solo puede reproducirse como dispositivo de guerra permanente. Reducirlo a “fascismo” es, paradójicamente, concederle una autonomía que no tiene: se lo imagina como doctrina autosuficiente, cuando su racionalidad material se ancla en la estructura mundial del capital, en la cuestión judía irresuelta bajo el capitalismo decadente y en la necesidad estratégica de las metrópolis de sostener un enclave armado en un punto neurálgico del planeta.

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¿Cómo sería un Chile comunista?


por Alejandro Valenzuela Torres

Un Chile comunista no es un sueño utópico ni una pesadilla totalitaria, como lo pintan los liberales de izquierda y derecha, sino una solución concreta y racional a los dilemas históricos de nuestra nación: la dependencia económica, la desigualdad estructural, la mercantilización de la vida y la explotación del trabajo humano en nombre del capital. El comunismo en Chile no implicaría el surgimiento de un Estado policial, sino la destrucción del Estado burgués y su sustitución por una verdadera democracia obrera, organizada desde los lugares de trabajo, estudio y vivienda. Por cierto este Chile comunista, tampoco nada tiene que ver con los políticas liberales y capitalistas que impulsa el Partido Comunista de Chile, que de comunista solo tiene el nombre.

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Reseña de «La lucha contra el fascismo» de Trotsky y su significado frente al «antifascismo » electoral chileno

por Alejandro Valenzuela Torres

El libro La lucha contra el fascismo de León Trotsky constituye uno de los documentos más lúcidos y combativos del marxismo revolucionario del siglo XX. Su valor no se limita al diagnóstico histórico del ascenso del nazismo en Alemania: radica, sobre todo, en haber establecido las herramientas políticas, organizativas y teóricas con que la clase trabajadora puede derrotar al fascismo sin caer en las trampas del liberalismo ni del oportunismo socialdemócrata. Trotsky mostró que el fascismo no es un fenómeno “moral” ni una desviación cultural, sino la forma extrema de defensa del capital cuando éste ya no puede sostener su dominación con los métodos de la democracia parlamentaria. El fascismo aparece, por tanto, como un producto interno del régimen burgués y no como su negación externa.

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León Trotsky: «Prólogo a la edición polaca de El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo, de Lenin»

Este trabajo de Lenin que presentamos a los lectores polacos fue escrito en abril de 1920. En esa época el movimiento comunista internacional todavía no había superado la niñez; sus enfermedades eran por cierto las de la infancia.

Lenin, a la vez que condenaba el “izquierdismo” formal (el radicalismo de los gestos y la charla vacía), defendía no menos apasionadamente la verdadera intransigencia revolucionaria de la política de clase. Al hacerlo, no se aseguró (¡estaba muy lejos de su intención esa actitud!) contra el abuso de los oportunistas de todo color, que, desde que se publicó este libro hace más de doce años, lo citaron cientos y miles de veces para defender la conciliación sin principios.

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León Trotsky: ¿Qué es la Revolución Permanente?

Espero que el lector no tenga objeciones si, para finalizar este libro, intento, sin temor a la repetición, formular sucintamente mis principales conclusiones.

1. La teoría de la revolución permanente exige ahora la máxima atención de todo marxista, pues el curso de la lucha de clases e ideológica ha sacado esta cuestión, de forma definitiva, del olvido de antiguas diferencias de opinión entre los marxistas rusos, convirtiéndola en una cuestión del carácter, las conexiones internas y los métodos de la revolución internacional en general.

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La clase obrera y su expresión política: a propósito de la discusión planteada por Astarita sobre la consigna de «Partido de los Trabajadores»

por Gustavo Burgos

Saludamos la decisión del compañero Rolando Astarita de abrir un debate sobre la consigna de Partido de los Trabajadores (PT). En un contexto de disgregación política e ideológica de la izquierda argentina y latinoamericana, el debate no es accesorio ni menor. Es, en rigor, un punto de apoyo fundamental en la lucha por la reorganización revolucionaria de la clase trabajadora.

Astarita, sin embargo, parte de una premisa errada, que es preciso señalar con firmeza:  opone una cuestión estratégica —la construcción de un partido revolucionario— a una táctica transicional —la consigna de Partido de los Trabajadores. No es un problema de lógica formal, sino una equivocación de método marxista. No se trata de que el PT sustituya o diluya el programa revolucionario; se trata de que puede ser, bajo determinadas condiciones históricas y con intervención política audaz, un puente hacia él.

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Un debate impostergable: «Sobre el slogan de Partido de los Trabajadores»

por Rolando Astarita

Periódicamente, diversos partidos trotskistas levantan la consigna de “Partido de los trabajadores” (PT), concebido como una organización que reúna corrientes de izquierda del movimiento obrero. Se considera que sería un paso hacia la formación de un partido obrero socialista, marxista. Es lo que propone hoy el PTS en Argentina. Por ejemplo, Izquierda Diario del 30 de agosto, publica una charla entre Raúl Godoy, dirigente sindical del peronismo de izquierda, y Titín Moreira, del PTS, con un texto que dice:“Es necesario unificar a la clase obrera y a otros movimientos sociales, con el fin de superar las limitaciones de la acción sindical y luchar por una alternativa política propia. La idea de un Partido de los Trabajadores busca ser un punto de encuentro para diferentes sectores que comparten intereses comunes. Esto incluye a los trabajadores sindicalizados y no sindicalizados, así como a los movimientos sociales y a la juventud. Su objetivo es coordinar la lucha de estos grupos, que, si bien son importantes por separado, pueden ser mucho más fuertes si actúan de forma conjunta” (Izquierda Diario, 30 de agosto).

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Notas sobre una edición brasileña antigua de «La revolución desfigurada» de León Trotsky

Los textos clásicos son una herramienta importante en la militancia. Los cuadros tienen que lidiar con problemas prácticos como el acceso a los libros, las traducciones, el tiempo para leer y escribir, entre otros. Difundir el pensamiento de los grandes revolucionarios requiere un conocimiento profundo. En este sentido, es habitual que los militantes busquen y adquieran libros sobre los temas que impone la lucha política. En el proceso, los militantes acaban encontrándose con libros que tienen en sí mismos una historia relevante. Hay ediciones que llevan una trayectoria y conocerlas nos permite avanzar en la comprensión del pensamiento del autor, de sus promotores, del contexto en el que se publicó la obra, etc.

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Frustrado Golpe de agosto del 91 en la URSS: la venganza de la historia

por El Porteño

«Nerón fue también un producto de su época; pero cuando pereció se destruyeron sus estatuas, y su nombre fue borrado de todas partes. La venganza de la Historia es más terrible que la del más poderoso Secretario General.» (Leon Trotsky, «Stalin»)

Un 21 de agosto de 1991, fracasaba el intento de golpe de estado con el que el Partido «comunista» de la Unión Soviética quiso retener el poder: era el último manotazo de la camarilla de traidores que habían destruido desde adentro a lo creado por la Revolución de 1917. Fue una ironía de la Historia, que esta derrota final de la mafia de traidores a la revolución, sucediera cuando se cumplían 51 años de que terminaran de consumar su traición con la muerte del último bolchevique: León Trotsky.

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A 85 años del asesinato de León Trotsky: la continuidad histórica de la contrarrevolución estalinista en Chile

por Alejandro Valenzuela Torres

El 20 de agosto de 1940, un piolet estrellado en el cráneo de León Trotsky en Coyoacán, México, concretó uno de los actos más siniestros del siglo XX. No fue una simple venganza personal. Fue un acto político cuidadosamente orquestado por el aparato contrarrevolucionario de la burocracia estalinista. Fue la culminación de una campaña internacional dirigida no sólo a eliminar físicamente al último gran dirigente de la Revolución de Octubre, sino a decapitar políticamente al marxismo revolucionario.

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Narración de Jean van Heijenoort: «Lev Davidovich»

Cuando Engels se extinguió apaciblemente en Londres, cargado de años, patriarca venerado de la socialdemocracia internacional, el siglo que terminaba separó las revoluciones burguesas de las revoluciones proletarias, el jacobinismo del bolchevismo. La transformación del mundo, anunciada por Marx, iba a convertirse en la tarea inmediata y los revolucionarios conocerían vicisitudes sin igual. De hecho, los cráneos de los tres más grandes jefes revolucionarios desde Engels recibieron los golpes de la reacción. El futuro historiador no podrá dejar de ver allí uno de los signos distintivos de nuestra época. Deberá destacar también de dónde venían los golpes. El cráneo de Lenin fue perforado por una bala de la «socialista revolucionaria» Fanny Kaplan[]. El cráneo de Rosa Luxemburgo fue roto a golpes de culata de fusil por la soldadesca del «socialdemócrata» Noske. [*]

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Izquierda Diario reivindica a Mandel: una crítica marxista al análisis de la «Acumulación, desposesión y dependencia capitalista» de Esteban Mercatante

por Alejandro Valenzuela Torres

En su artículo “Acumulación, desposesión y dependencia en Ernest Mandel”, de Esteban Mercatante, de  La Izquierda Diario propone un rescate de las tesis del economista belga para comprender las formas contemporáneas del capitalismo. Destaca la idea de que la acumulación originaria, entendida por Marx como un proceso violento de expropiación fundacional del capital, no fue un episodio aislado sino una lógica permanente de reproducción capitalista. Así, procesos como las privatizaciones, la deuda externa y el extractivismo serían manifestaciones actuales de una “acumulación por desposesión”.

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Trotsky en su análisis del fascismo

por Valerio Arcary

Los escritos de Trotsky sobre el fascismo constituyen el único análisis directo y elaborado de un Estado capitalista moderno en todo el marxismo clásico. Cualitativamente superiores a todo lo escrito por Lenin, tratan, sin embargo, de algo que ha resultado ser una forma atípica de Estado burgués del siglo XX, por históricamente importante que pueda haber sido en su momento su aparición. Para teorizar sobre la especificidad del Estado fascista en cuanto el más mortal enemigo de la clase obrera, Trotsky, desde luego, tuvo que brindar elementos de una contrateoría del Estado democrático-burgués, a fin de establecer el contraste entre ambos. Por ello, en sus escritos hay más consideraciones sobre la democracia burguesa que en los de cualquiera de sus predecesores […] En particular, mientras que en sus ensayos sobre Alemania subrayaba la imperiosa necesidad de ganar a la pequeña burguesía para una alianza con la clase obrera (a cuyo propósito citaba el ejemplo del bloque contra Kornilov en Rusia), en sus ensayos sobre el Frente Popular descartaba a la organización tradicional de la pequeña burguesía local, el Partido Radical […] El mismo cambio es evidente en sus artículos sobre la guerra civil española, aunque con algunas reservas y correcciones.1 Perry Anderson

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Una nueva introducción del Programa de Transición

por Peter Taaffe

Con profunda tristeza anunciamos el fallecimiento de Peter Taaffe, quien, tras una larga enfermedad, falleció hoy 23 de abril de 2025. Su pérdida supone un duro golpe para el movimiento obrero y el trotskismo internacional. Desde su participación activa en el movimiento revolucionario en 1960, Peter realizó una contribución indispensable, tanto teórica como práctica, en el arduo trabajo necesario para construir un partido revolucionario y una internacional. Peter fue un miembro destacado del Secretariado Internacional del Comité por una Internacional de los Trabajadores (CIT), Secretario Político del Partido Socialista en Inglaterra y Gales y, durante muchos años, su Secretario General. Ponemos a disposición de nuestros lectores este texto referido al Programa de Transición, que no es otra cosa que el de la revolución mundial y hacemos extensiva nuestras condolencias a la Sección Chilena del CIT, la organización Socialismo Revolucionario.

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Leon Trotsky: «León Sedov: hijo, amigo, luchador»

Mientras escribo estas líneas con la madre de León Sedov a mi lado, continúan llegando de distintos países los telegramas de condolencia. Y para nosotros cada telegrama suscita la misma pregunta aterradora: “¿será posible que nuestros amigos de Francia, Holanda, Inglaterra, Estados Unidos, Canadá, Sudáfrica y acá en México acepten como consumado el hecho de que Sedov ya no existe?” Cada telegrama es una nueva señal de que él murió, pero nosotros aún no lo podemos creer. Y no es sólo porque fue nuestro hijo, fiel, abnegado, amante, sino, y sobre todas las cosas, porque él, más que nadie en la tierra, se había convertido en parte de nuestra vida, entrelazado con todas sus raíces, nuestro camarada partidario, nuestro colaborador, nuestro guardián, nuestro consejero, nuestro amigo.

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Domingo sangriento de 1905: cómo una chispa provocó un incendio

por Marat Vakhitov

Hace 120 años, en un frío domingo de 1905, decenas de miles de trabajadores desarmados de San Petersburgo marcharon al Palacio de Invierno del Zar para entregar una petición. Cuando llegaron, los soldados zaristas dispararon contra la multitud, matando a cientos e hiriendo a miles.

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Testamento político de Lenin: la lucha contra la burocracia

A fines de diciembre de 1922 el ya invalido Lenin, desde cama, comenzó a dictar una carta al XIII Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética, en donde expone sus opiniónes sobre ciertas propuestas, incluyendo la de ampliar el Comité Central del partido y, de interés en vista de la subsiguiente historia, su opinión sobre ciertos miembros propuestos para puestos de liderazgo en el CC y el partido. Esta carta, a la que se ha solido llamar el «testamento» político de Lenin, se leyó a los delegados del Congreso, realizado en mayo de 1924, quienes por verlo como parte de la discusión interna del Congreso no la publicitaron en el momento. Luego, por la opinión negativa de Stalin en que en ella se expresa, la carta fue suprimida hasta después del XX Congreso del Partido Comunista de la URRS en 1956.

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La lucha de Trotski por rejuvenecer el partido Bolchevique

 por  Niklas Albin Svensson 

En 1923, la situación política de la URSS empeoró. Lenin ya no podía llevar a cabo ninguna actividad política. La NEP había proporcionado cierto alivio temporal a la devastación económica de la guerra civil, pero estaba provocando malestar en las fábricas, y varias huelgas se extendieron por todo el país. Se estaba gestando una ruptura entre los trabajadores y el Partido Bolchevique. A esto se sumó el fortalecimiento de la burocracia estatal por la NEP.

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El surrealismo como movimiento revolucionario

por Michael Löwy

También es una aspiración utópica y revolucionaria a «transformar el mundo» (Marx) y «cambiar la vida» (Rimbaud): dos consignas idénticas, según André Breton. Se trata de una aventura poética y política al mismo tiempo. Comenzó en París hace cien años, en 1924. Hoy continúa.

El surrealismo es, desde su nacimiento, un movimiento internacional. No obstante, en las páginas siguientes nos ocuparemos sobre todo del grupo surrealista de París, inicialmente en torno a André Breton, pero que prosigue su actividad tras la muerte del autor de los Manifiestos del surrealismo.

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Trotsky, en su siglo y el nuestro

por Juan Dal Maso

Un exponente particular del marxismo ruso

León Davidovich Bronstein, más conocido como León Trotsky, nació en Ianovka (Ucrania) el 7 de noviembre de 1879 y murió en México el 21 de agosto de 1940 (había sido atacado el día anterior por un sicario de Stalin). Entre ambas fechas vivió una vida intensa, ligada estrechamente a algunos de los principales eventos del siglo XX y a una reflexión constante sobre los problemas de la lucha de clases, de la teoría marxista, pero también de la literatura y el arte.

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Última entrevista a Trotsky (7 de agosto de 1940): «Problemas de la revolución obrera en EEUU»

La figura de Trotsky ha sufrido, desde su asesinato un 20 de agosto de 1940 a manos de la camarilla estalinista, los mismos embates que la concepción marxista de la historia, que su organización partidaria y la estrategia de la Dictadura del Proletariado. Y ese inclemente ataque, motorizado por los antagonismo de clase, ha pretendido primero hacer de Trotsky un burócrata enfrentado a Stalin por pugnas de poder; luego un demócrata que quería hacer el socialismo con democracia; y, finalmente, un intelectual diletante dedicado al cultivo de cactus y la crianza de conejos.

El último de los clásicos del marxismo, después Marx, Engels y Lenin, debe ser reivindicado como un irreductible revolucionario, un feroz genio militar y un teórico profundo y creativo. Sin Trotsky la primera revolución obrera de la historia —la Revolución Rusa— quizá hubiese tenido lugar, pero habría tenido una fisonomía enteramente distinta. Ni el partido bolchevique, ni la URSS, ni el Ejército Rojo ni la lucha en contra de la degeneración burocrática habrían tenido la envergadura con que nacieron a la historia.

En esta nota que ponemos a disposición de nuestros lectores, Trotsky, a menos de 15 dias de su muerte se explaya sobre los problemas de la revolución en EEUU, en un momento en que Hitler seguía aliado con Stalin (pacto Ribbentrop-Molotov) y EEUU aún no había entrado en la Segunda Guerra Mundial. La entrevista es vital, práctica y necesaria en momentos tan convulsionados como aquellos y no puede dejar de ser oportuna en una coyuntura mundial como la que vivimos, marcada igualmente por la crisis del capital, el genocidio y la guerra imperialista.

EP

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León Trotsky: «Un repaso histórico sobre el problema del frente único»

Las consideraciones sobre la política de frente único derivan de necesidades hasta tal punto fundamentales e imperativas de la lucha clase contra clase (en el sentido marxista y no burocrático de la expresión), que es imposible leer sin rugir de indignación y de vergüenza las objeciones de la burocracia estalinista. Se puede explicar cotidianamente las ideas más sencillas a los obreros y campesinos más atrasados e ignorantes, y no experimentar al hacerlo ningún cansancio; en este caso, se trata de poner en movimiento a capas nuevas. ¡Pero qué desgracia es tener que explicar y demostrar las ideas elementales a personas cuyo cerebro ha sido laminado por el molino burocrático! ¿Qué se puede hacer con los “jefes”, que no disponen de argumentos lógicos, pero que tienen a mano, por el contrario, un repertorio de injurias internacionales? Las posiciones fundamentales del marxismo son calificadas con la ayuda de un único término: “¡contrarrevolución!”. Esta palabra está terriblemente desvalorizada en boca de quienes hasta el momento, en todo caso, no han demostrado en absoluto su capacidad para hacer la revolución. Pero ¿qué hay de las decisiones de los cuatro primeros congresos de la Internacional Comunista?20 ¿Las reconoce o no la burocracia estalinista?

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León Trotsky: «El sentido común»

La democracia y la moral «universal» no son las únicas víctimas del imperialismo. La tercera es el sentido común, «innato en todos los hombres». Esta forma inferior de la inteligencia, es necesaria en cualquier condición, y bajo ciertas circunstancias es también la adecuada. El capital fundamental del sentido común se ha forjado con las conclusiones elementales extraídas de la experiencia humana: no metas el dedo al fuego, segui de preferencia la línea recta, no molestes a los perros bravos… etc., etc.. En un medio social estable, el sentido común resulta suficiente para practicar el comercio, cuidar a los enfermos, escribir artículos, dirigir un sindicato, votar en el parlamento, fundar una familia y multiplicarse. Pero cuando el sentido común trata de escapar a sus límites naturales, para intervenir en el terreno de generalizaciones más complejas, se revéla que sólo es el conglomerado de los prejuicios de una clase social y de una época determinada. Ya la simple crisis del capitalismo lo demuestra; mas ante catástrofes como la revolución, la contrarrevolución y la guerra, el sentido común sólo es un imbécil a secas. Para conocer las conmociones catastróficas del curso «normal» de las cosas, se precisan facultades más altas de la inteligencia, cuya expresión filosófica ha sido dada, hasta ahora, por el materialismo dialéctico.

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Lenin cien años después

por Rob Sewell

El 21 de enero de 2024 se cumple el centenario de la muerte de Vladimir Ilich Ulianov, más conocido mundialmente como Lenin. Fue sin duda uno de los más grandes revolucionarios que jamás hayan existido. Con sus acciones al frente del Partido Bolchevique, este hombre extraordinario cambió literalmente el curso de la historia.

Toda la vida de Lenin estuvo dedicada a la emancipación de la clase obrera, que culminó con la victoria de la Revolución de Octubre en 1917. El significado de este acontecimiento lo expresó acertadamente Rosa Luxemburgo: «Todo cuanto un partido puede exhibir, en un momento histórico, de coraje, energía, de intuición revolucionaria y coherencia, Lenin, Trotsky y sus compañeros lo mostraron ampliamente. Todo el honor y la capacidad de acción revolucionarios, que faltó a la socialdemocracia occidental, encontró su expresión en los bolcheviques. La insurrección de octubre no representó solamente la salvación real de la Revolución rusa, sino también la rehabilitación del socialismo internacional.»

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Pierre Broué: «Trotsky y la Guerra Civil en España»

Cuando se desencadena el levantamiento de los generales, el 19 de julio de 1936, no sorprende ni a Trotsky ni a los dirigentes del POUM. El gobierno del Frente Popular, emanación de la mayoría obrero-republicana, llevado al poder por las elecciones de febrero, ni pudo ni quiso comprometerse en la lucha contra los preparativos del complot y del levantamiento, y actuó como fiador de la ”lealtad” – de un ejército que preparaba la contrarrevolución. Pero esta tentativa de contrarrevolución preventiva fracasa frente a la resistencia de los trabajadores, que improvisan en algunas horas el armamento y la resistencia armada: vencen después de encarnizados combates, los marinos en la flota de guerra, los trabajadores en todos los grandes centros de Cataluña, de Asturias – excepto Oviedo, donde se dejan engañar por los dirigentes del Frente Popular – en Levante y en, el mismo Madrid. Al mismo tiempo, los trabajadores crean las organizaciones de su combate: milicias obreras, patrullas de control, comités con diversos nombres que unen a todas las organizaciones obreras y a los que también se unen, de buena o mala gana, los restos de las organizaciones republicanas. 

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León Trotsky: «Qué hay detrás de la oferta de Stalin de llegar a un acuerdo con Hitler?»

En los últimos meses, los diarios han publicado bas- tante acerca de negociaciones secretas entre Berlín y Moscú. Se ha rumoreado que, bajo el disfraz de un tratado económico se halla en preparación un acuerdo político e incluso militar. Es difícil determinar todavía qué hay de cierto en estas informaciones. De cualquier manera, existen síntomas inconfundibles que certifican con elocuencia que se ha desarrollado y se desarrolla algún tipo de negociaciones. Sea como fuere, los resultados de esas negociaciones secretas, en este momento, no dependen solamente de la lealtad de Stalin a los principios de la democracia o de la fidelidad de Hitler a las banderas del “antimarxismo”, sino más bien de la coyuntura internacional. Un acuerdo entre Stalin y Hitler, si es que se logra -y no es imposible que ello ocurra- sólo podría sorprender a los más incura- bles imbéciles que participan en todas las variedades de “frentes” democráticos o “ligas” pacifistas.

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León Trotsky: «La organización del Ejército Rojo»

Camaradas, estamos presentes en un congreso de una importancia excepcional. Los partidos representados en esta asamblea tienen detrás de sí un gran pasado revolucionario. Sin embargo, en este momento que estamos aprendiendo, y debemos tener éxito en el aprendizaje, cómo construir nuestro propio ejército revolucionario socialista, el cual será lo contrario completo de los regimientos, ahora desmovilizados, que se mantienen unidos por la voluntad de los maestros, el cual introdujo la disciplina obligatoria en ellos. Ante nosotros está la tarea de crear un ejército organizado en el principio de la confianza y la camaradería revolucionaria de labor y orden. Esto es, sin lugar a dudas, una tarea extraordinariamente grande, compleja y difícil. Por cierto, la prensa burguesa escribe mucho acerca nuestro solamente ahora, por fin, entendió que para defender al país se necesita una fuerza armada. Eso es una tontería, por supuesto: que sabía, incluso antes de la Revolución de Octubre, que mientras la lucha de clases continúa entre los explotadores y los trabajadores, de cualquier estado revolucionario debe ser lo suficientemente fuerte como para repeler con éxito la embestida imperialista. La Revolución Rusa, sin precedentes en la fuerza, no podía, por supuesto, mantener el viejo ejército Zarista, en el que se había formado, como un punto fuerte, una disciplina de clase pesada, que estableció un vínculo de obligación entre el soldado y comandante.

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León Trotsky: «Sobre el llamado testamento de Lenin»

La época de postguerra trajo consigo una gran difusión de la biografía psicológica1. A menudo los maestros de este arte arrancan de cuajo las raíces que unen a su personaje con su ambiente social. La fuerza motriz fundamental de la historia es atribuida a una abstracción: la personalidad. El comportamiento del animal político –como brillantemente definió Aristóteles al hombre– es reducido a pasiones e instintos personales.

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León Trotsky: «Las características del desarrollo de Rusia»

El Capítulo primero de la célebre «Historia de la Revolución Rusa» de Trotsky —que se presenta en este enlace— es una definición general sobre el carácter de la mundial de la revolución socialista, dominada por la dialéctica permanente que permite entender por qué el país más atrasado de Europa ya se encontraba maduro para protagonizar su propia revolución obrera.

Esta cuestión no es en absoluto de interés erudito, sino que marca hasta el día de hoy el centro del debate político en Chile y América Latina. Durante el siglo XX los Frentes Populares y la propia Unidad Popular, descansaron en la premisa de que en nuestro país no estaban las «condiciones» para la toma del poder por los trabajadores. Hoy día mismo, se sigue sosteniendo idéntica monserga que plantea reducir el accionar de la clase trabajadora a la acumulación de fuerza electoral bajo el amparo de la burguesía liberal. Lo que hoy se conoce con cacofonías como antifascismo o antineoliberalismo, la base teórica del gobierno que hoy está instalado en La Moneda.

Así, en el Prólogo de esta obra nos encontramos con varias consideraciones previas sobre la misma: “El rasgo característico más indiscutible de las revoluciones es la intervención directa de las masas en los acontecimientos históricos (…). La historia de las revoluciones es para nosotros, por encima de todo, la historia de la irrupción violenta de las masas en el gobierno de sus propios destinos”. A continuación, sin embargo, precisa: “Las masas no van a la revolución con un plan preconcebido de la sociedad nueva, sino con un sentimiento claro de la imposibilidad de seguir soportando la sociedad vieja”.

Es entonces cuando se puede plantear abiertamente la lucha directa por el poder, tarea en la que se resume definitivamente toda revolución.

El Porteño

El rasgo fundamental y más constante de la historia de Rusia es el carácter rezagado de su desarrollo, con el atraso económico, el primitivismo de las formas sociales y el bajo nivel de cultura que son su obligada consecuencia.

La población de aquellas estepas gigantescas, abiertas a los vientos inclementes del Oriente y a los invasores asiáticos, nació condenada por la naturaleza misma a un gran rezagamiento. La lucha con los pueblos nómadas se prolonga hasta fines del siglo XVII. La lucha con los vientos que arrastran en invierno los hielos y en verano la sequía aún se sigue librando hoy en día. La agricultura -base de todo el desarrollo del país- progresaba de un modo extensivo: en el norte eran talados y quemados los bosques, en el sur se roturaban las estepas vírgenes; Rusia fue tomando posesión de la naturaleza no en profundidad, sino en extensión.

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El joven Trotsky: de la pasión por los libros a la Revolución

por Jazmín Jiménez

“Los sucesos de mi vida personal están de tal manera insertos en la trama de los hechos históricos, que es casi imposible arrancarlos de ella”. León Trotsky

El día que junto a Lenin dirigió la toma del Palacio de Invierno en 1917, León Trotsky cumplía 38 años. Parecía reafirmarse esa definición que el gran revolucionario ruso hizo en su autobiografía Mi Vida, al punto que la fecha de su natalicio se insertaba “en la trama de los hechos históricos” y los parias del mundo llegaban al poder en Rusia conducidos por el Partido Bolchevique. Sin embargo, el mismo Trotsky se encargó de afirmar: “El día de mi nacimiento coincide con el de la Revolución de Octubre. Los míticos y los discípulos de Pitágoras pueden sacar las conclusiones que quieran. No me di cuenta de esta curiosa coincidencia hasta tres años después de los días de Octubre.”

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León Trotsky: ¿Qué es el nacionalsocialismo?

Los espíritus ingenuos piensan que el título de rey reside en el rey mismo, en su capa de armiño y en su corona, en su carne y en sus huesos. En realidad, el título de rey es una interrelación entre individuos. El rey es rey sólo porque los intereses y prejuicios de millones de personas se reflejan a través de su persona. Cuando el flujo del desarrollo barre esas interrelaciones, el rey parece ser solamente un hombre gastado, con un labio inferior flácido. Aquel que en otro tiempo se llamó Alfonso XIII podría hablarnos sobre esto de sus frescas impresiones.

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La Teoría de la Revolución Permanente de Trotsky

por Rolando Astarita

En varias oportunidades me han preguntado qué opino sobre la teoría de la Revolución permanente (TRP) de Trotsky. Mi respuesta es que, si bien reivindico la orientación estratégica de esta teoría, opuesta a las políticas stalinistas y socialdemócratas de subordinación del movimiento obrero a las burguesías “progresistas”, soy crítico de la idea, central en la TRP, de que “la revolución democrática” (autodeterminación nacional, eliminación de relaciones precapitalistas, libertades democráticas) “sólo puede triunfar por medio de la dictadura del proletariado” (tesis 4 de la TRP; véase Trotsky, 1930-1973, p. 168).

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La Joven Guardia de Bolcheviques-Leninistas en Rusia honra a Trotsky en el aniversario de su asesinato

El 21 de agosto, la Molodaia Gvardia Bolshevikov-Leninitsev ( Joven Guardia de Bolcheviques-Leninistas, YGBL) celebró reuniones en San Petersburgo y en la ciudad siberiana occidental de Chelyabinsk para conmemorar el 82 aniversario del asesinato de León Trotsky, el colíder, junto con Vladimir Lenin, de la Revolución rusa de 1917. Trotsky fue atacado por un agente estalinista el 20 de agosto de 1940 en su residencia de Coyoacán, México. Murió al día siguiente.

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León Trotsky: «¿Puede reemplazar la democracia parlamentaria a los soviets?»

«Si el poder soviético enfrenta dificultades crecientes, si la crisis de dirección de la dictadura se agrava constantemente, si no se puede desechar el peligro del bonapartismo: ¿no seria mejor tomar el camino de la democracia?» Esta pregunta aparece planteada a boca de jarro o constituye el substrato de gran cantidad de artículos dedicados a los acontecimientos recientes de la república soviética.

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En memoria de León Trotsky

por Alan Woods

Lev Davidovich Bronstein Trotsky fue, junto con Lenin, uno de los dos grandes marxistas del siglo XX. Dedicó toda su vida a la causa de la clase obrera y del socialismo internacional. ¡Y qué vida! Desde su más temprana juventud -cuando trabajaba por la noche elaborando volantes ilegales para las huelgas, lo que le acarrearía su primer encarcelamiento y el destierro siberiano- hasta agosto de 1940, cuando fue asesinado por un agente de Stalin, trabajó duro e incesantemente por la causa del movimiento revolucionario. Para conmemorar el 72º aniversario de su asesinato, publicamos un largo trabajo biográfico sobre Trotsky escrito por Alan Woods en el año 2000, que mantiene plena su vigencia y actualidad.

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A 82 años de su asesinato ¡Memoria eterna a León Trotsky!

de POR-Massas

León Trotsky sufrió un atentado el 20 de agosto de 1940 en su casa de Coyoacán, México. Fue llevado al hospital, pero no resistió, muriendo al día siguiente. El verdugo fue Ramón Mercader del Río, un agente infiltrado de la policía política, el NKVD; el autor intelectual fue Josef Stalin. Mercader logró infiltrarse en el entorno restringido de su víctima mediante un plan urdido desde Moscú. Sedujo a una militante que era hermana de uno de los secretarios de Trotsky, utilizando nombres falsos, Jacques Monard y Frank Jackson. También se acercó a Alfred Rosmer, un militante que había roto con la Cuarta Internacional, pero con el que Trotsky mantenía lazos de amistad. Frecuentando este círculo, Mercader sirvió inicialmente como informante.

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Ernest Mandel: «El verdadero testamento de León Trotsky»

Aquellos que no legan nada a la posteridad no corren el riesgo de ver disputarse su herencia. Tan sólo una herencia importante atrae a los falsificadores de testamentos, tanto en las novelas policíacas como en la vida política. El hecho de que durante estos últimos meses los más diversos órganos, desde el Libertaire, anarquista, hasta el vulgar periódico sensacionalista France-Dimanche, hayan presentado documentos burdamente falsificados como si fueran probable o indudablemente el testamento de León Trotsky, significa, ante todo, un testimonio del inmenso capital político que hoy representa la herencia del viejo dirigente revolucionario asesinado.

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León Trotsky: «El arte de la insurrección»

Al igual que la guerra, la gente no hace por gusto la revolución. Sin embargo, la diferencia radica en que, en una guerra, el papel decisivo es el de la coacción; en una revolución no hay otra coacción que la de las circunstancias. La revolución se produce cuando no queda ya otro camino. La insurrección, elevándose por encima de la revolución como una cresta en la cadena montañosa de los acontecimientos, no puede ser provocada artificialmente, lo mismo que la revolución en su conjunto. Las masas atacan y retroceden antes de decidirse a dar el último asalto. 

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Trotsky se fugó de Siberia en un trineo y lo contó en un libro: aquí, el prólogo de Leonardo Padura

por Leonardo Padura

En 1905, León Trotsky participa de una revolución que será sofocada por el poder zarista y es deportado a Siberia. Tiene 27 años y su destino está más allá del Círculo Polar Ártico. Pero en una de las paradas, el prisionero iniciará la fuga. Las condiciones son extremas: es la estepa siberiana y las temperaturas están por debajo de los 25 grados. Hay pueblos desconocidos, lenguas desconocidas, otras costumbres. Teme todo el tiempo que lo capturen y su cochero no deja de beber.

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León Trotsky: ¡Viva el Primero de Mayo! ¡Viva el comunismo! A los trabajadores de todos los países

¡Camaradas!
Hace justo ahora 30 años que fue proclamada la fiesta del 1o de Mayo. En 1890 en el Congreso Socialista Internacional de París, en el momento en que nacía la Segunda Internacional, los obreros de todos los países decidieron festejar el 1o de Mayo como el día de la movilización de las fuerzas proletarias, como el día de la lucha, como el día de la fraternidad universal y de la propaganda socialista. La jornada de trabajo de 8 horas, la acción contra la guerra, la supresión de los ejércitos permanentes, tales eran las consignas de la fiesta del 1o de Mayo hace ahora 30 años.

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Trotsky, las democracias capitalistas y la autodeterminación nacional

por Rolando Astarita

A partir de los debates sobre la invasión rusa a Ucrania se planteó el tema de la viabilidad del derecho a la autodeterminación nacional. Es que organizaciones de izquierda, en especial muchas trotskistas, sostienen que la demanda de la autonomía nacional es irrealizable, en tanto subsista el capitalismo. Para ello se inspiran en escritos de Trotsky en los que este planteó que las pequeñas naciones, dada la descomposición del capitalismo monopolista, inevitablemente son marionetas de las potencias (véase, por ejemplo, “Balance de los eventos fineses”, de 1940). Esta afirmación se inscribía en su idea más general de que las reivindicaciones democráticas “serias”, en la época del monopolio, solo se pueden efectivizar enlazando con la revolución socialista. En lo que sigue examinamos críticamente esta tesis.  

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Acerca de la nota del PTR: «Autodefensa y huelga general en la rebelión de 2019» 

por Antonio Bórmida

En las novelas policiales se dice que el asesino vuelve a la escena del crimen. A veces solo para satisfacer su morbo. Otras, para modificar en la escena alguna prueba que lo pueda incriminar. Quizás este último sea el caso del PTR al publicar esta nota, en la que transcurridos dos años intenta elaborar un relato, para hacer creer a los lectores que su política frente al levantamiento de octubre fue “revolucionaria”. 

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Stalin: la muerte de un contrarrevolucionario

por Alan Woods

“La revolución acaba con la mentira social. La revolución es la verdad. Comienza llamando a las cosas por su nombre […] Pero la revolución en sí misma no es un proceso integral y armonioso. Está lleno de contradicciones […] La propia revolución crea un nuevo estrato dominante que busca consolidar su posición privilegiada y es propenso a verse, no como un instrumento histórico transitorio, sino como la conclusión y la coronación de la historia”.

(Trotsky. La revolución desfigurada: la escuela falsificación estalinista)

Hace cincuenta años que el mundo escuchó la noticia de la muerte de Stalin. Durante décadas, la maquinaria estalinista de propaganda alentó continuamente el mito de Stalin, lo presentó como “el Lenin actual”, quien, supuestamente, había dirigido el Partido Bolchevique junto a Lenin. Pero todo esto, simplemente, era algo fabricado con la intención de justificar la usurpación del poder por un tirano que destruyó el partido de Lenin, liquidó las conquistas políticas de Octubre y destruyó la Internacional Comunista.

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Alan Woods: «La última lucha de Lenin»

En el último periodo activo de su vida, Lenin estuvo absorbido principalmente por los problemas de la economía soviética bajo la Nueva Política Económica. En 1921, bajo la presión de los millones de pequeños propietarios campesinos, el Estado obrero se había visto obligado a desviarse de la senda de la planificación e industrialización socialista con el fin de conseguir grano para los hambrientos trabajadores de las ciudades. La vieja práctica de la Guerra Civil de requisar el grano tuvo que ser abandonada para aplacar a los campesinos, cuyo apoyo era necesario para que el estado obrero no sucumbiera ante la reacción. Se restableció un mercado libre de cereales y se hicieron concesiones a los campesinos y pequeños comerciantes mientras que las principales palancas del poder económico (bancos e industrias pesadas nacionalizadas y el monopolio estatal del comercio exterior) siguieron en manos del Estado obrero.

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León Trotsky: «Formación de las Fuerzas Armadas rojas»

Una comparación se ha impuesto en el curso de los debates: la analogía existente entre la construcción del Ejército Rojo y la del ejército ruso durante el primer período de la Gran Guerra Septentrional. Justamente hace poco tuve ocasión de leer algunos libros dedicados a ese período, y la similitud no dejó de sorprenderme. Es dable observarla mediante la comparación de las primeras fases de un proceso parecido. Pedro el Grande renovó íntegramente el ejército, o poco menos. También nosotros. En el enfoque mismo de la construcción se intentaron algunas racionalizaciones y se ensayaron algunas tentativas para organizar de manera inteligente el ejército, sin seguir tan solo la tradición. He ahí una primera semejanza. No siempre el éxito coronó aquellas tentativas, y por una y otra parte se cometieron graves errores. 

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Trotsky, el arte y la revolución

por Mario Goloboff

El grupo de revolucionarios que encabezó la toma del poder en Rusia en 1917 valoraba especialmente el arte y la literatura y el pensamiento teórico sobre las mismas, y les asignaba funciones importantes en la construcción de la nueva sociedad. Por sus lecturas, por su formación cultural, estética y literaria, por sus relaciones con el mundo artístico, León Trotsky tenía, como en casi todos los dominios de la realidad que quería transformar, ideas propias, originales y bien personales sobre arte y literatura. Tanta importancia daba a la materia que, para él, uno de los escollos fundamentales en el campo ideológico lo constituía un saber, escuela o movimiento que venía del campo específico de las letras y al que consideraba, más que a cualquier otra teoría filosófica o económica burguesa, enemigo fundamental en el terreno de las ideas: el formalismo. Escribía en los tempranos ’20: “Dejando de lado el débil eco de los sistemas ideológicos prerrevolucionarios, la única teoría que en Rusia se ha opuesto al marxismo es la teoría formalista del arte”.

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León Trotsky: «La inevitabilidad del socialismo»

“Conforme disminuye progresivamente el número de magnates capitalistas [dice Marx] que usurpan y monopolizan este proceso de transformación, crece la masa de la miseria, de la opresión, de la esclavización, de la degeneración, de la explotación; pero crece también la rebeldía de la clase obrera, cada vez más numerosa y más disciplinada, más unida y más organizada por el mecanismo del mismo proceso capitalista de producción. […] La centralización de los medios de producción y la socialización del trabajo llegan a un punto en que se hacen incompatibles con su envoltura capitalista. Ésta salta hecha añicos. Ha sonado la hora final de la propiedad privada capitalista. Los expropiadores son expropiados.”29 Es la revolución socialista. Para Marx, el problema de reconstruir la sociedad no surgía de alguna prescripción motivada por sus predilecciones personales; era una consecuencia, una necesidad histórica rigurosa, de la creciente madurez de las fuerzas productivas, por una parte, y de la ulterior imposibilidad de fomentar esas fuerzas bajo el imperio de la ley del valor por un otra parte.

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Reflexiones marxistas sobre dialéctica y ajedrez

por David García

Para mis tíos Eugenio y Víctor, que me enseñaron a jugar.

El materialismo dialéctico es una filosofía revolucionaria que afirma que toda la realidad, en sus infinitos niveles, se encuentra en constante cambio, desarrollo y movimiento. Es una filosofía general del movimiento de la realidad en su conjunto: la naturaleza, la sociedad y el pensamiento.  Cada nivel de la realidad contiene sus propias leyes de movimiento específicas, pero que en condiciones determinadas pueden transformarse, en otro tipo de fenómeno. Sostiene que el movimiento se da a través de la tensión de fuerzas opuestas y a través de etapas sucesivas y progresivas. La realidad es siempre concreta o es una síntesis específica de múltiples determinaciones.

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León Trotsky y el antifascismo: «El frente único defensivo (carta a un obrero socialdemócrata)»

Este folleto se dirige a los obreros socialdemócratas, aunque el autor pertenezca personalmente a otro partido. Los desacuerdos entre el comunismo y la socialdemocracia han llegado muy lejos. Yo los considero irreconciliables. Sin embargo, el curso de los acontecimientos plantea con frecuencia ante la clase obrera tareas que exigen imperiosamente la acción común de los dos partidos. ¿Es posible una acción semejante? Perfectamente posible, como atestiguan la teoría y la experiencia histórica: todo depende de las condiciones y el carácter de las tareas citadas. Ahora es mucho más fácil emprender una acción conjunta, cuando para el proletariado no se trata de iniciar la ofensiva por lograr nuevos objetivos, sino de defender las posiciones ya conquistadas.

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Una discusión marxista sobre el significado de la URSS

por Rolando Astarita

El análisis y caracterización de la naturaleza de la URSS tiene importancia para el debate sobre la transición al socialismo, esto es, el programa para la emancipación de la clase obrera, así como para la crítica ideológica y política del capitalismo. A grandes rasgos podemos decir que hubo cuatro interpretaciones principales de qué fue la URSS:

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Trilla y Trotsky, una historia del comunismo español

por Jorge Martin

El libro de Trotsky Terrorismo y comunismo (una respuesta a los ataques de Kautsky a la revolución rusa, escrito en 1920) fue traducida por Gabriel León Trilla, fundador del primer PCE en 1920. Esta es la edición que posteriomrnete Júcar republicaría en 1977. Eso no tiene nada de extraño, ya que en aquél momento Trotsky era una figura dirigente de la Internacioinal Comunista y todavía el estalinismo no se había apoderado de la URSS y reescrito la historia. La traducción la hizo probablemente del francés o del inglés, ya que en aquél entonces todavía no hablaba ruso. 

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León Trotsky: «La inflación en la Unión Soviética»

La historia del sistema monetario soviético es, al mismo tiempo que la de las dificultades económicas, la de los éxitos y de los fracasos, la de los zigzags del pensamiento burocrático.

La restauración del rublo en 1922-24, en conexión con el paso a la NEP, está indisolublemente ligada a la restauración de las “normas del derecho burgués” en el terreno del reparto de los artículos de consumo. Cuando el Gobierno se inclinaba en favor del cultivador, el chervonets fue objeto de sus atenciones. Por el contrario, todas las esclusas de la inflación fueron abiertas durante el primer periodo quinquenal. De 700 millones de rublos a comienzos de 1925, la suma total de las emisiones pasó, a comienzos de 1928, a la cifra relativamente modesta de 1.700 millones que casi igualó a la circulación de papel moneda del Imperio en vísperas de la guerra, pero evidentemente sin la antigua base metálica. Más tarde, la curva de la inflación da de año en año estos saltos febriles: 2.000, 2.800, 4.300, 5.500, 8.400. La última cifra, 8.400 millones de rublos, se alcanzó al comenzar el año de 1933. En este punto comienzan años de reflexión y de retirada: 6.690, 7.700, 7.900 (1935).

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Prefacio a la edición en turco de León Trotsky y el desarrollo del marxismo

por David North

El siguiente es el prefacio escrito por David North a una nueva traducción al turco del ensayo de North León Trotsky y el desarrollo del marxismo, escrito en 1982 para conmemorar el quinto aniversario del asesinato político de Tom Henehan. North es el director del Panel Editorial Internacional del World Socialist Web Site y director nacional del Partido Socialista por la Igualdad (EE.UU.).

El ensayo está disponible en inglés en Mehring Books. También están disponibles en Mehring Books los comentarios de David North para conmemorar el vigésimo aniversario del asesinato de Henehan, ‘Un homenaje a Tom Henehan: 1951-1977‘.

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Pierre Broué: España 1931-1939, la revolución perdida

Advertencia

La historia de los primeros arios de la revolución española, a partir de la caída de la monarquía, ha estado enmascarada por la guerra civil, y ésta, a su vez, Por la Segunda Guerra Mundial, de la que constituye el prólogo y la repetición general.

Tras haber dedicado, junto con Émile Témime, una obra a La Revolución y la guerra de España, de la cual pensamos que, a pesar de la publicación de otras obras de calidad, no ha perdido vigencia desde su primera edición, hemos aceptado con alegría la propuesta de Marc Ferro de hacer para la colección ”Questions d’Histoire” una puesta al día sobre la revolución propiamente dicha a partir de 1931.

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