No resulta habitual en la actualidad que el debate político se realice de manera ordenada entre los grupos revolucionarios. Paradojalmente, a pesar de la extrema fluidez de las comunicaciones, es muy poco el debate y el que lo hay suele estar marcado por rasgos sectarios, autoafirmativos y de aparato, que poco contribuyen al esclarecimiento de las cuestiones que se ventilan frente a la vanguardia. Abona esta situación el marcado retroceso de las corrientes revolucionarias y su adaptación si no a la democracia burguesa al menos a la opinión pública patronal.
El documento que presentamos nos fue allegado por el camarada Fernando Armas, de Rosario, Argentina con la explícita idea de abrir una discusión con nuestra revista. La respuesta en tono de polémica le corresponde a nuestro compañero Gustavo Burgos.
Marabunta: «Nos sumamos a construir una alterativa revolucionaria, ecosocialista y transfeminista en unidad con organizaciones de todo el mundo»
Vivimos tiempos de enormes cambios a nivel mundial. Los viejos acuerdos que sostenían la globalización neoliberal parecen resquebrajarse y avanzamos a un recrudecimiento de las tensiones geopolíticas. El capitalismo promete una vida de disciplinamiento al servicio de la acumulación de ganancias y saquea territorios, destruyendo los bienes comunes; perpetra genocidios como el de Palestina y muestra su costado más cruel, racista, misógino y transodiante con el avance de las ultra derechas.
Estamos ante un mundo en transición, los de arriba no pueden ocultar la crisis sistémica que atravesamos. Por eso más que nunca necesitamos construir una alternativa a este sistema, necesitamos construir nuestra revolución.
Desde el año 2013 comenzamos un acercamiento a la IV Internacional que cuenta como uno de sus principales referentes a Ernest Mandel. En 2018 nos sumamos como observadores permanentes y participamos en distintas instancias organizativas como las Escuelas Ecosocialistas, la Comisión de Mujeres, los Encuentros de Jóvenes y los debates del Comité Internacional. Como resultado de este proceso en marzo de este año nos incorporamos como sección en Argentina convencides de que más que nunca es necesario agruparnos todes quienes pensamos en transformar este sistema de raíz.
El dominio del capital en general, pero en particular en este tiempo histórico, tiene una base internacional, la propia lógica de la acumulación genera un avance sobre nuestras condiciones materiales de vida, expropiación violenta de territorios, remercantilización de servicios públicos y destruye el ambiente colocando al borde de la inviabilidad la vida humana. Como contraparte sojuzga y persigue a quienes movemos el mundo y somos quienes verdaderamente generamos los bienes y servicios que necesitamos para vivir. Los capitales tienen “libertad” para moverse de un país a otro bajo esta lógica destructiva mientras que les trabajadores padecemos expulsiones de nuestros territorios, políticas de recorte y reconversión de los servicios públicos, desempleo, transfemicidios, racismo y catástrofes climáticas.
Las ultraderechas parecen copar la escena política, presentando viejas recetas ya fracasadas como respuesta a su propia crisis. Combinan lógicas imperialistas, reforzamiento de aparatos militares, con lógicas antidemocráticas y represivas, de gobierno. Estas ultraderechas se organizan mundialmente, crean sus usinas de pensamiento y difunden por los medios masivos y las redes sociales su ideología cruel y autoritaria. A esa coordinación internacional del capital ante su propia crisis, necesitamos responder con nuestra propia coordinación internacional para encaminarnos a la superación de este capitalismo patriarcal y racista. La historia de lucha de los pueblos tiene una larga tradición de internacionalismo: desde la primer internacional hasta las luchas contra la globalización neoliberal de los años 90 y 2000, desde las luchas por la reducción de la jornada laboral a principios del siglo 20 hasta las olas feministas, desde las luchas contra la guerra de Vietnam hasta la condena del genocidio en Palestina. Infinidad de ejemplos en los que mostramos que otro mundo es posible y que su construcción depende de nosotres.
La IV Internacional-SU reúne a organizaciones de todo el mundo y se construye con el objetivo de establecer una sociedad democrática y socialista, basada en el principio de que la emancipación de la clase trabajadora y de todos los oprimidos “será obra de los trabajadores mismos”, primer paso hacia una futura sociedad sin clases. La búsqueda de la autoemancipación no puede ser alcanzada si no se ejercita una cultura democrática de debate y procesamiento de las diferencias al interior de la organización. Entendemos que la Internacional a la que nos sumamos permite este intercambio plural, expresar divergencias y convivir con ellas, con plena libertad de tendencias, sin dejar de buscar las síntesis posibles y necesarias.
Este espacio tiene la virtud, además, de tener una larga trayectoria de apoyo a las luchas de todo el mundo y en particular una gran tradición de colaboración con las organizaciones revolucionarias de los años 60 y 70 en América Latina, un apoyo a la revolución cubana y diálogos con organizaciones de nuestra región que provienen de otras tradiciones políticas. Es nuestra intención contribuir a la organización internacional con el aporte de las experiencias de lucha que en toda latinoamérica venimos dando contra la ofensiva del capital en sus distintas variantes. América Latina tiene una característica particular en el esquema mundial, históricamente vinculada a la provisión de materias primas, y en la actualidad se ve reforzada con el extractivismo de bienes comunes. Tiene una importancia estratégica en las disputas geopolíticas que libran las principales potencias capitalistas. Como contraparte, en nuestra región existe una vasta experiencia de levantamientos populares, ejercicios de poder desde abajo, ensayos de otros modos de vivir, lógicas comunitarias y asamblearias que deben necesariamente nutrir el socialismo desde abajo que queremos construir. En este sentido, pensamos que de la mano de estas experiencias es necesario ofrecer una salida política que supere la experiencia de los gobiernos supuestamente progresistas que terminan administrando un capitalismo cada vez menos humano.
Al mismo tiempo que ubicamos la crisis de la sociedad capitalista, reconocemos también nuestra propia crisis de alternativa. Existen enormes resistencias y luchas por todo el mundo pero en muy pocos casos logran abrir procesos revolucionarios, de transformaciones profundas en sus espacios nacionales. Urge entonces revertir esta situación a partir del reagrupamiento entre quienes coincidimos en algunas coordenadas o hipótesis estratégicas para construir esa alternativa. La necesidad de un proceso global de transformación, el énfasis en la construcción de espacios de ejercicio de la autoactividad de masas que tiendan a conformarse como organismos de doble poder, la crítica a las derivas autoritarias de las experiencias del socialismo real y a la adaptación al sistema de las socialdemocracias y reformismos, y la necesidad de que el socialismo suponga una reapropiación de las potencias para organizar la vida social por parte de les trabajadores son algunas de las coordenadas que guían la construcción de esa alternativa desde nuestras apuestas actuales.
Como señala uno de los últimos documentos aprobados por el Congreso Internacional, “(…) la autoemancipación no es sólo nuestro objetivo, sino también una estrategia para derrocar el orden establecido. Hay que construir nuevas instituciones para deliberar, para decidir democráticamente, para organizar la producción y el conjunto de la sociedad…
Estos nuevos poderes tendrán que enfrentarse a la máquina estatal capitalista, que hay que destruir. El derrocamiento del orden social, la expropiación de las y los capitalistas, chocará inevitablemente con la respuesta violenta y armada de las clases dominantes. Frente a esta violencia, las personas explotadas y oprimidas no tendrán más remedio que defenderse, se tratará de auto organizar democráticamente la violencia legítima, rechazando el virilismo y el sustitutismo.”
Alegres, alertas y combatives nos organizamos para dar las batallas necesarias hasta que todo sea como lo soñamos.
¡Arriba les pobres del mundo!
¡Viva la lucha de los pueblos contra el capitalismo racista y patriarcal!
¡Agrupémonos todes!
El Porteño: Fraternidad y ruptura, una crítica al documento internacional de Marabunta
por Gustavo Burgos
“Hay que decir la verdad a las masas, por amarga que sea. No se trata de consolarlas, sino de organizarlas para la lucha.”
— León Trotsky
Con espíritu fraterno, saludamos la publicación del documento “Nos sumamos a construir» de la organización Marabunta, reciente sección argentina del Secretariado Unificado de la IV Internacional. No solo lo celebramos como gesto de intervención en un momento mundial de gran peligro y grandes posibilidades, sino que valoramos su intención explícita de abrir un debate estratégico para reorganizar el campo revolucionario.
Lo que sigue no es una descalificación, sino una crítica desde la perspectiva del marxismo revolucionario, más concretamente desde aquellos fundamentos basales reunidos en los primeros cuatro congresos de la Internacional Comunista(1919–1923), por Lenin en El Estado y la Revolución, y por Trotsky en sus textos de combate contra el estalinismo y el centrismo. Con esa vara, planteamos nuestra divergencia con la línea general del documento. No para rechazar el debate, sino para elevarlo.
I. El documento acierta en el diagnóstico, pero yerra en la estrategia
En sus primeras páginas, Marabunta presenta con honestidad el carácter de época: crisis de la globalización, ascenso del neofascismo, racismo sistémico, guerra imperialista, colapso ecológico, transfemicidios y desposesión. Reconoce también la crisis de alternativas revolucionarias, un punto fundamental.
Pero cuando llega la hora de definir cómo actuar, la estrategia revolucionaria se diluye en una suma de prácticas autoorganizadas, lógicas comunitarias, espacios de deliberación y acumulación de fuerzas “desde abajo”. El concepto de revolución se vuelve evocativo, pero no operativo. Y aquí comienza el problema.
II. La revolución no se construye: se organiza la toma del poder
En todo el documento, la palabra “poder” aparece sólo en forma secundaria o simbólica. No se plantea la insurrección como momento decisivo, ni la dictadura del proletariado como régimen de transición, ni el partido revolucionario como órgano de combate. No se menciona la necesidad de destruir el Estado burgués mediante la fuerza organizada del proletariado armado. En este punto con Lenin, debemos ser tajantes “La sustitución del Estado burgués por el proletario exige la insurrección armada y la destrucción del aparato estatal existente.” (El Estado y la Revolución, 1917)
Este principio fue reafirmado una y otra vez por los Congresos de la Internacional Comunista: sin destrucción del aparato represivo de la burguesía —y su reemplazo por un Estado de tipo soviético— no hay revolución, solo reforma. Y sin dirección revolucionaria, los organismos de base no son doble poder, sino doble impotencia.
III. Internacionalismo: ¿coordinación u organización para la insurrección?
Marabunta celebra su incorporación a la IV Internacional-SU, destacando su pluralismo y su trayectoria de apoyo a luchas diversas. Pero aquí también se presenta una ambigüedad que no puede sostenerse. El internacionalismo no es coordinación de luchas, ni intercambio de experiencias, ni solidaridad entre redes. Es la unidad política y organizativa del proletariado mundial con estrategia de poder, como afirmaba el II Congreso de la Internacional Comunista en 1920: “La Internacional Comunista no es una federación de partidos nacionales. Es el Partido Comunista Mundial.”
El SU, tal como existe hoy, no expresa esta tradición. Su énfasis en el pluralismo, la horizontalidad y la convivencia de tendencias ha derivado en un aparato desarticulado, sin programa común, sin línea de clase, y sin orientación a la toma del poder. Es, en los hechos, una internacional de corrientes democratizantes con lenguaje revolucionario.
IV. “Desde abajo”, sin dirección, es sin salida
Nos preguntamos con seriedad: ¿puede construirse un socialismo “desde abajo”, sin dirección política, sin insurrección, sin partido revolucionario? ¿Puede prefigurarse otro mundo sin destruir el actual? Trotsky ya respondía esto en los años 30: “La historia no conoce atajos. La clase obrera necesita un partido, y ese partido debe tener una política que se proponga la conquista del poder. De lo contrario, estamos ante otra variante del reformismo.”
El documento insiste en las formas: deliberación, comunidad, autonomía, experiencias. Pero, sin dirección centralizada, esas formas no pueden confrontar al capital armado hasta los dientes con sus Estados, sus policías, sus bloques imperialistas, sus tecnologías de vigilancia y guerra.
V. Fraternidad y ruptura
Valoramos profundamente el compromiso con la lucha, la sensibilidad internacionalista, el lugar otorgado a las luchas feministas, antirracistas y ambientales. Compartimos la urgencia por reagrupar fuerzas revolucionarias. Pero creemos que ese reagrupamiento solo será efectivo si se orienta hacia la reconstrucción de una organización internacional leninista, con programa de transición, estrategia de insurrección y disciplina revolucionaria.
No queremos concluir esta crítica sin detenernos en la última frase de este texto, que habitualmente resume en este tipo de documentos lo esencial de aquello que se expone. Marabunta termina su ¿Qué hacer? de esta forma: «Frente a esta violencia, las personas explotadas y oprimidas no tendrán más remedio que defenderse, se tratará de auto organizar democráticamente la violencia legítima, rechazando el virilismo y el sustitutismo«.
Esta expresión pareciera salirse por completo de un planteamiento de clase y de no ser así merece una aclaración en tanto la idea del sujeto político de la revolución que refiere: las «personas oprimidas y explotadas», supone un abandono de una concepción de clase y su reemplazo por el viejo sujeto individual del liberalismo, a ello se suma que tal «persona» se caracteriza como «explotada» y»oprimida», categorías que en abstracto podrían atribuirse al complejo proceso social que caracteriza una revolución en un país atrasado, pero que en concreto podría entenderse como una clara disolución de la categoría de clase en el marasmo democrático, identitario y de minorías. Confieso que sustituismo está al menos conceptualmente vinculado a la crítica marxista al terrorismo individual, pero ligado al «virilismo», pareciera nuevamente alejarse de una categorización de clase, deslizándose a una concepción de minorías. La idea de que la insurrección se organice democráticamente parece, igualmente, más preocupada de los prejuicios de las capas medias ilustradas, que de las necesidades políticas de la mayoría explotada.
Intencionadamente hemos realizado esta crítica de la forma más esquemática posible, de forma de permitir la ordenación de las diferencias y darles digamos, oxígeno narrativo. Sin embargo, tal asunto no nos impide señalar una observación que podríamos llamar estética que trasunta el documento de Marabunta y que al menos desde Chile resulta necesario destacar. Se relaciona con la utilización del lenguaje y la alusión a las minorías.
Para nosotros toda la política de minorías (lenguaje inclusivo mediante), de disidencias sexuales, ambientalismo, animalismo, territorialismo, indigenismo, etc. ha servido de cobertura programática para el mayor ataque a los trabajadores en el plano económico, político y hasta militar, del que se tenga memoria desde el término de la Dictadura de Pinochet. De ahí que para importantes sectores explotados se ha ido identificando tal lenguaje como el del enemigo.
En efecto, el Gobierno de Boric –por ponerlo en categorías pugilísticas– ha devenido en campeón latinoamericano en política de minorías representando aquella, la mascarada de la única minoría que a estos posmodernos y deconstruidos les preocupa cautelar: la propia burguesía. Ello se revela en que su Gobierno se ha dedicado precisamente a atacar a toda minoría, a desmontar la legislación ambiental, a pulverizar las libertades individuales, criminalizar la protesta social, ocupar militarmente el Wallmapu, términos de una política contrainsurgente y contrarrevolucionaria. Curiosamente, un programa que ha materializado en los hechos algo muy similar a lo que intenta el esperpéntico Javier Milei en la Argentina.
Por eso publicamos esta respuesta la que entendemos como una invitación a confrontar ideas a la altura de la época. La claridad estratégica no divide, organiza. El enemigo ya está unido. La revolución exige que lo estemos también nosotros. Agradecemos a Marabunta su intervención y su disposición a abrir este diálogo. Fraternales en el combate, pero implacables en las ideas, sostenemos: no hay comunismo sin programa, no hay poder sin partido, no hay victoria sin insurrección.
