El populismo pequeñoburgués y el marxismo

por Rolando Astarita

En Izquierda Diario, del PTS, leemos: “El problema es la concentración de la riqueza, los fugadores seriales, sus representantes políticos y su impunidad judicial. En todo, caso los trabajadores, trabajadoras y las mayorías populares son la solución” (“El problema de la riqueza”, Fernando Rosso, 7/10/2021; aquí).  

O sea, según Rosso y el PTS, los padecimientos de los trabajadores se deben al capital concentrado, a las grandes corporaciones y grandes grupos económicos. Es la crítica al capital desde el punto de vista del populismo: el problema con el capital reside en que es demasiado grande, demasiado concentrado. Por favor, algo más a la medida familiar, y criolla. Pero además, si el problema es la concentración del capital, el programa “transformador” debería ser la “desconcentración” del capital. Es la idea dominante en el progresismo izquierdista: idealiza a la pequeña producción y la opone a la gran producción capitalista.

Pero esa oposición carece de contenido real. “En la práctica, el pequeño productor ensalzado por los románticos y los populistas no es más que un pequeño burgués que se encuentra con las mismas relaciones contradictorias que los otros miembros de la sociedad capitalista y lucha como ellos para defenderse, cosa que, por una parte, produce constantemente una pequeña minoría de grandes burgueses, y por otra arroja a la mayoría hacia las filas del proletariado”. En este respecto, lo distintivo es que el populista “no comprende el vínculo entre la pequeña producción, a la que idealiza; y el gran capital, al que rechaza” (Lenin, “Caracterización del romanticismo económico”).

Los marxistas tenemos un enfoque muy distinto al populista, ya que demostramos la necesidad e inevitabilidad, en tanto exista el capitalismo, de la concentración de la riqueza; y la necesidad, en consecuencia, de avanzar a la socialización de los medios de producción, a la abolición de la propiedad privada del capital. Es que en el capitalismo existe la contradicción entre la producción, que tiende a ser cada vez más social; y la apropiación, que está más y más concentrada. Por eso, el programa que mira hacia adelante, al futuro, es el de la socialización, que suprime esa contradicción. En oposición, el programa que busca atenuarla volviendo a la pequeña producción es reaccionario y utópico; o sea, impotente. Es que en tanto subsista la relación de propiedad capitalista, será imposible revertir el impulso tendencial a la concentración del capital, y por ende, de la riqueza.   

De la misma manera, los “fugadores seriales” son un resultado natural de la internacionalización del capital. Por eso, es otra ilusión, anclada en concepciones pequeñoburguesas reformistas, creer que el carácter global del capital se frena o revierte acabando con “la impunidad jurídica” de los “fugadores”. Frente a la internacionalización del capital financiero, y del capital en general, la solución no es el estatismo nacionalista (como controles de cambios; monopolio estatal del comercio exterior; y similares recetas de los infaltables curanderos sociales), sino el programa de la revolución socialista internacional.

Por todo esto, además, la solución no son “los trabajadores y las mayorías populares”, en general, sino la transformación socialista de la sociedad por los trabajadores y “las mayorías populares”.  

(Tomado del Blog de Rolando Astarita)

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