por El Porteño
El Estado y la Revolución (1917) de Lenin es uno de los textos más lúcidos y demoledores en la historia del pensamiento marxista. Fue escrito en vísperas de la Revolución de Octubre, con la claridad estratégica de un dirigente bolchevique que no escribía para un congreso académico, sino para preparar al proletariado para la toma del poder. En este texto, Lenin restituye la teoría marxista del Estado, la cual había sido deformada o directamente ocultada por el oportunismo de la Segunda Internacional. La tesis central es que el Estado no es una entidad neutral, ni un árbitro entre clases, sino una máquina de opresión de una clase sobre otra —y, en la sociedad capitalista, un instrumento de dominación de la burguesía sobre el proletariado.
¿Por qué el activismo chileno necesita leer este texto?
Porque en Chile, y en América Latina en general, la izquierda ha vivido durante décadas bajo el hechizo de una ideología democratista que oculta la realidad del Estado como órgano de clase. El Estado y la Revolución no solo rompe con la visión socialdemócrata y parlamentaria que domina desde el allendismo, sino que denuncia su esencia: la creencia en la posibilidad de transformar el capitalismo desde dentro de sus propias instituciones. Lenin polemiza con los kautskistas —antecesores de los «progresismos» actuales— que postulan una evolución pacífica del capitalismo hacia el socialismo mediante reformas. Para Lenin, esta posición no solo es utópica sino reaccionaria.
El allendismo, aunque nacido de aspiraciones sinceras de emancipación popular, representó la máxima expresión de esa ilusión democratizante. Su confianza en la legalidad burguesa, en las Fuerzas Armadas como garantes de la Constitución, y en la vía parlamentaria al socialismo, condujo directamente al golpe militar de 1973. La tragedia no fue simplemente un «accidente», sino el resultado lógico de una concepción reformista y juridicista que ignoraba el contenido de clase del Estado.
Lenin, al revivir a Marx y Engels, insiste en que la liberación proletaria requiere destruir el aparato estatal burgués y sustituirlo por un poder de nuevo tipo: el Estado de los soviets, una dictadura del proletariado que, lejos de ser una caricatura autoritaria, es la forma más democrática para las masas explotadas, pues rompe con el profesionalismo burgués y se basa en la participación directa de las masas.
Cada levantamiento popular conjurado por la ilusión democrática
Chile ha sido testigo de múltiples estallidos sociales —2006, 2011, 2019— que, aunque radicales en su impulso inicial, han terminado neutralizados. ¿Por qué? Porque la ideología dominante incluso entre sectores «radicales» sigue siendo la fe en la institucionalidad. Se lucha por nuevas constituciones, por reformas legales, por «garantías democráticas», sin enfrentar la raíz: el carácter burgués del Estado y del Derecho.
Lenin explica que el Derecho, como el Estado, es una forma de dominación de clase. Pretender que una nueva Constitución podrá emancipar al pueblo sin desmantelar el aparato represivo y administrativo del capital es seguir vendiendo ilusiones. La democracia parlamentaria es la forma más flexible de la dictadura del capital. Así, lo que se presenta como «neutralidad del Derecho» no es más que la institucionalización de la explotación. Lenin no deja lugar a ambigüedades: “el Estado es el producto y la manifestación del carácter irreconciliable de las contradicciones de clase”.
Conclusión
El Estado y la Revolución es un manual de guerra revolucionaria, no un tratado filosófico. Su lectura es urgente para el activismo chileno si se quiere superar el ciclo de frustración política y traición. No basta con más «participación», más «cabildos», o más «diálogos ciudadanos». Hay que reaprender lo que enseñaron Marx y Lenin: que el Estado es enemigo del pueblo trabajador, y que sin su destrucción no hay socialismo posible.
📘 Puedes descargar El Estado y la Revolución de Lenin en PDF desde aquí:
Fundación Federico Engels – El Estado y la Revolución (PDF)
Y una copia directa aquí :
