Según la propaganda de los libertarios ¿Los nazis eran comunistas?

por Gustavo Burgos

En El Mercurio de ayer Axel Kaiser repite el mito de que el nazismo era “socialista” o “comunista”, siguiendo el manual de propaganda de Donald Trump. Tal afirmación no puede atribuirse a ignorancia sino que a abierta estupidez. Es universalmente conocido que Hitler persiguió, encarceló y asesinó a miles de comunistas, socialistas y sindicalistas, mientras conglomerados industriales como Krupp y BMW financiaron el régimen genocida del III Reich. El Mercurio, que elogió a Hitler en 1933 por su “virilidad” contra el comunismo, hoy amplifica esta tergiversación histórica publicando esta vergonzosa columna del ultraderechista. ¿Qué sigue después, la DINA era parte del Partido Comunista?

Acusan a los comunistas, igualmente, siguiendo el libreto del “Libro Negro del Comunismo”, de haber matado a 150 (a veces dicen 100) millones de personas, sumando en ese marcador de muertes a gente caída en combate contra los nazis y a los muertos en las hambrunas ocasionadas en brutales bloqueos imperialistas.

Los fascistas de Hitler y Mussolini jamás reconocieron públicamente su condición de instrumentos del gran capital. Es más, atrevidamente hablaban a nombre del pueblo alemán e italiano. Hasta los falangistas españoles impostaban la voz de la patria. Por lo mismo, no debe sorprender que los libertarios abran sus jetas babeantes hablando de libertad, como hacen Milei y Kaiser y a renglón seguido amenacen con nuevos golpes de Estado como generosamente nos informó el medio pluralista Biobío, en entrevista con el propio Mosciatti. No nos debe llamar a asombro tales diatribas.

Los fascistas —el pueblo sabe como llamarlos y llegado el momento sabrá igualmente tratarlos como corresponde— no niegan el genocidio en el Cono Sur a partir del 73, como tampoco los sionistas lo niegan en Gaza en estos momentos. No estamos en presencia de un discurso negacionista. La cosa es más grave.

Los fascistas de hoy no solo justifican los genocidios, sino que los los propician, conocedores de que el aplastamiento físico y político de la clase trabajadora es la condición necesaria para materializar su programa de contrarrevolución. Para estos canallas todo cuestionamiento a su política de ataque a los trabajadores merece ser calificada de «totalitaria».

Axel Kaiser —el que fue humillado por Vargas Llosa, no el candidato— sostiene que nazismo es comunismo, pretendiendo ubicar a la clase explotadora que defienden en una suerte de condición de víctima de los trabajadores explotados. Para esta gente la minoría del 1% de la población que se lleva el 40% de la renta nacional es víctima de la mayoría explotada que subsiste en la miseria. Para ellos el conflicto social no tiene un origen de clase, sino que es moral.

La idea de que los comunistas son asesinos es un anticipo moral de los crímenes contrarrevolucionarios que sustentan su programa. En efecto, no se pueden atribuir los crimenes del estalinismo, una corriente que expresaba los intereses contrarrevolucionarios de la burocracia soviética, a la clase obrera. Como tampoco se puede responsabilizar a los cristianos por los miles de millones de exterminados en nombre de la Fe desde tiempos de Constantino hasta nuestros días.

Las guerras y revoluciones no son el resultado de la inmoralidad, maldad o de la torpeza de una u otra corriente de pensamiento. Las era de guerras y revoluciones que lacera a la humanidad desde tiempos inmemoriales es la ineludible consecuencia de una sociedad cimentada en la explotación del hombre por el hombre. Las guerras y revoluciones son hoy día la viva expresión social del hundimiento colosal de la sociedad burguesa que convulsiona y se descompone siguiendo el curso de la crisis de la propiedad privada de los grandes medios de producción.

Los medios de comunicación de la gran burguesía chilena: El Mercurio, Biobío, La Tercera, Canal 13, etc. están empeñados en instalar en la opinión pública la idea de que la crisis social tiene cualquier origen menos su dominación. Para ellos la delincuencia, la inmigración, las tomas de terrenos y las protestas —en una palabra «el comunismo»— son los únicos problemas que hay en la sociedad, cuando en realidad son apenas los síntomas superficiales de la explotación capitalista que ellos propician como clase.

Parafraseando a Kaiser: nazismo = capitalismo. Las guerras y los genocidios son consecuencia del mismo orden capitalista y para acabar con este orden capitalista no hay otro camino que una revolución social. Solo esa revolución les cerrará la boca.