Piñera muere en la más completa impunidad: todos los partidos del régimen desde el Partido Republicano al Partido Comunista, le rinden honores

por El Porteño

Ha muerto Sebastián Piñera. Por supuesto, los partidos de la Derecha le han rendido lacónicos homenajes destacando su patriotismo y ese tipo de cosas con que los patrones suelen congratularse. El PPD y el PS han seguido el mismo derrotero, con menos adjetivos. En el Frente Amplio Convergencia Social y Revolución Democrática expresan condolencias y respeto. Igual cosa hacen la Democracia Cristiana y el Partido Comunista. El primer partido lo hace más allá de las «democráticas diferencias» mientras que el Partido Comunista lo hace más allá de «públicas diferencias». En bloque, todos los partidos del régimen se han unido a coro a rendir respeto y homenaje democrático en los términos expresados por el Presidente Boric quien le rinde homenaje «como demócrata de la primera hora», mientras la Ministro de Interior Carolina Tohá señaló que Piñera tendrá «todos los honores y reconocimientos republicanos que se merece».

Que un sujeto responsable e imputado judicialmente de masivas y sistemáticas violaciones a los DDHH, un hombre que sometió al país a reiterados Estados de Excepción, toques de queda, un gobernante que dispuso el terror que significaron más de 40 muertos, más de 450 mutilados oculares, miles de presos políticos y decenas de miles y millones de gaseados y apaleados, sea considerado unánimemente por todo el arco político como un demócrata, no puede ser un error. Estamos en presencia de un juicio político mayúsculo que solo puede impugnarse con un criterio de clase como hemos indicado.

No se equivocan los DC ni los PC —ni Daniel Jadue— cuando indican que lo único que los separaba de Piñera eran «diferencias». Porque diferencias se tienen entre quienes sostienen los mismos intereses de clase, confluyendo en la defensa de la institucionalidad. «Diferencias» dentro de un marco común institucional y no antagonismos de clase. En efecto, ninguna de las fuerzas políticas del régimen mienten, lo que hacen en primer lugar es proclamar una pretendida victoria política contra las masas a las que se les quiere hacer creer que vivimos bajo un régimen en que el poder se encuentra radicado en la nación y que el mismo se ejerce a través de las elecciones periódicas. En estricto rigor, no mienten tampoco los sirvientes del capital cuando catalogan a Piñera como «demócrata», lo era, efectivamente, como lo han sido en nuestro país al menos todos los que han sido el resultado de la votación popular. Desde Aylwin, pasando por Frei, el napoleónico Lagos, Bachelet y el esperpéntico Boric, son efectivamente demócratas, pero demócratas burgueses, del capital. Ese es el sentido de los pomposos funerales de Estado, los días de duelo y las peroratas sobre la democracia.

Desde la revista El Porteño no solo repudiamos estas expresiones, y al contrario aprovechamos este momento para reiterar que la muerte de Piñera no borra su carácter de enemigo de clase y ni impide caracterizar a sus dos gobiernos como fenomenales ataques a la inmensa mayoría trabajadora de este país. Planteamos esto porque por encima de sus particularidades como empresario y especulador financiero, desde un punto de vista político los gobiernos de Piñera son expresivos de la verdadera naturaleza de la clase de la democracia representativa que sustenta nuestro orden constitucional.

No tenemos nada que celebrar, adicionalmente, su muerte no tuvo nada que ver con el avance de la lucha popular, ni el ejercicio de formas superiores de movilización. Piñera debió enfrentar la justicia emanada de las organizaciones populares que sabrían perfectamente como hacerse cargo de tamaño criminal. Tal ajusticiamiento no tuvo lugar y —se ha repetido en diversos foros y espacios— Piñera murió en la impunidad y canonizado por el régimen, elevado a la condición de santo civil, de patriota y republicano.

Si algo nos plantea la muerte de Piñera y la gigantesca maniobra política en curso, es la enorme capacidad del régimen de regenerarse con la perspectiva de reflotar las ilusiones democráticas del pueblo. La muerte es un hecho enteramente accidental, pero los discursos y la ceremonia impulsada lejos de toda improvisación pretenden fortalecer la institucionalidad y al propio Gobierno, que ve un haz de luz para autoafirmar su proyecto bonapartista. Desde las filas de los trabajadores y el pueblo hemos de señalar con claridad que no tenemos intereses transversales comunes con los explotadores, que no nos representa la república democrática de los patrones y que si algo debemos lamentar es no haber tenido la fuerza en su momento para potenciar el levantamiento popular de Octubre de 2019 como una auténtica revolución que llevara al poder a los trabajadores.

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