Entre la globalización capitalista y las tendencias a que la pugna económica interburguesa avance hacia una guerra interimperialista abierta

por Fernando Armas

I- INTRODUCCIÓN

La precaria tregua de 15 días en medio oriente auspiciada por Pakistán (mientras continua la ofensiva del sionismo contra Hezbollah y la población civil en el sur del Líbano), no habilitan a tener expectativa de paz, sino más bien de una necesidad de ganar tiempo de los diversos bloques en pugna. Especialmente de EEUU e Israel, que ya armaron una “cumbre” con el gobierno del Líbano, dejando afuera al partido político chiita, mientras avanzan para masacrarlos. 

En las últimas horas, se anunció la extensión de la tregua por 10 días más, incluyendo a El Líbano. Todo indica que el sionismo ya hizo su “trabajo sucio”, y junto con el Imperialismo yankee se siente en mejores condiciones para negociar con Irán una “paz” según sus intereses. 

Mientras tanto, continúa la guerra interimperialista en Ucrania, entre el régimen derechista de Zelenzky emblocado con la OTAN europea, y el Imperialismo ruso invasor.

Actualmente, el mundo enfrenta el mayor número de conflictos armados desde la Segunda Guerra Mundial, con decenas de focos activos. Además de los nombrados, destacan las guerras civiles en Sudán, Myanmar, el conflicto limítrofe entre Afganistán y Pakistán, y la inestabilidad en la región del Sahel (Burkina Faso, Mali, Níger).

Además, hay una guerra global contra el planeta, contra la naturaleza, como bien desarrolla el Manifiesto Ecosocialista aprobado en el XVIII Congreso de la IVª Internacional. 

El objetivo de este artículo es, desde un abordaje con el método del marxismo, avanzar en el estudio de las causas de la guerra, intentando definir una política que ligue transicionalmente las manifestaciones por la paz de millones de seres humanos en regiones de todo el mundo, con una perspectiva política internacionalista, por un mundo sin explotadores ni explotados. Es decir, aspiramos a un texto militante, intentando superar el mero rol de comentarista de la realidad.

II – EL IMPERIALISMO DE NUESTRO TIEMPO

Las tendencias a la guerra económica/bélica entra en tensión con los negocios que se entrelazan dentro del capitalismo global. Las grandes empresas han ido perdiendo su carácter “nacional” que les dio origen, y han adquirido tanto poder global, que presionan sobre los estados/nación en función de sus negocios. Basta ver las idas y venidas en los aranceles de importación, entre virajes bruscos entre proteccionismo y apertura de mercados. Sin embargo, la globalización del capital no puede negar la historia que determinó la división del planeta en Estados/nación. Hay, pues, un fenómeno contradictorio: los negocios de las multinacionales requieren de acuerdos de paz, pero las pugnas interburguesas llevan inevitablemente a situaciones de guerra, para imponer la “paz” a la medida del ganador. Por eso vamos a un proceso de enfrentamientos, acuerdos, rupturas y acercamientos entre los diversos bloques.  Las tendencias a la guerra o a la imposición de “paces reaccionarias” se desarrollan con mucha impunidad.  Esto es producto de la inexistencia o enorme debilidad de la lucha internacional de la clase trabajadora. Todavía pesa la derrota histórica sufrida con la restauración capitalista en los ex estados obreros degenerados/burocratizados (URSS, Europa Oriental, China, Vietnam, etc.), tema que abordaremos con mayor profundidad más adelante. 

El capitalismo globalizado no niega, pues, la conformación de bloques imperialistas dentro de cuyo rango deben ser incluidas como potencias Rusia y China. En un excelente artículo de varios años atrás, un militante de “La Caldera”, Manuel Quiroga Soto, nos anticipaba: 

“¿Cómo puede caracterizarse a estas potencias? Una parte importante de la izquierda, o el “progresismo”, ha caracterizado a Rusia y China como nuevos aliados del “Sur” del mundo, con los cuales es posible establecer relaciones de cooperación amigables, que permitan un contrapeso al peso del imperialismo yanqui. Uno de los grandes difusores de esta idea han sido los distintos gobiernos “progresistas” latinoamericanos, así como los gobiernos de Chávez y Maduro. Mi idea es que, lejos de ser nuevas potencias “del sur”, estos países están tendiendo a conformarse como dos nuevas potencias imperialistas, con un bloque parcial entre sí, que tiende a entrar en conlicto con EEUU y el bloque de potencias imperialistas europeas que este país conduce a través de la OTAN y otras instituciones. ¿En qué podemos ver esto? Por un lado, en las relaciones que Rusia y China establecen con los países con los que van tejiendo relaciones. Para el caso Argentino, Ariel Slipak ha estudiado los acuerdos con China, concluyendo que implican relaciones profundamente desiguales, donde predomina la inversión extranjera directa con fuga de capitales, pocas transferencia de tecnología, tendencia al intercambio de materias primas por productos industriales y servicios complejos, etc. Es decir características similares a la relación con EEUU y otras potencias imperialistas. El desembarco de China en Argentina se expresa entre otras cosas en la creciente penetración de empresas de ese país en Argentina, algunos ejemplos son la influencia china en Petróleo (SINOPEC), el sector bancario (el desembarco del banco estatal chino ICBC), etc. Las características neocoloniales de la relación con China son particularmente crudas en algunos de sus aspectos: existe por ejemplo una base espacial china en Argentina, concesionada por 50 años y donde sus trabajadores se rigen por las leyes chinas. Esta misma influencia se replica en numerosos países de América Latina, donde China ha incluso generado algunos emprendimientos faraónicos, como el proyecto de un Canal en Nicaragua bajo control de una empresa china con una concesión de 50 años renova- bles por otros 50. Esa misma influencia china ha crecido enormemente en África, así como en otros países de Asia. El discurso estatal chino fomenta las ilusiones sobre su rol internacional, planteando que los principios de su política exterior son la no injerencia y las relaciones pacíficas de mutuo beneficio. Si bien es cierto que China no ha peleado guerras, y que ha priorizado acercamientos económicos hacia los países dependientes sostenidos por su mayor tasa de crecimiento que EEUU, no es cierto que establezca relaciones igualitarias con los mismos, ni que lo militar no forme parte de su estrategia; China viene desarrollando fuertemente sus Fuerzas Armadas y, a su vez, tiene una asociación estrecha con Rusia, cuyo carácter es el de una potencia imperialista más centrada en la intervención militar directa, generalmente en su área de influencia conformada por las Repúblicas de la ex URSS, el Este de Europa, y Asia Central y Menor. Rusia se ha caracterizado por una estrategia de enfrentamiento militar permanente para sostener su área de influencia en la ex URSS desde los 90 en adelante, basada en un influencia militar directa y una asociación estrecha con Repúblicas separatistas pro rusas (Transinistria, separada de Moldavia; Osetia del Sur y Abjasia, separadas de Georgia; Nagorno Ka- rabaj, separada de Azerbaiján; así como las repúblicas provisionales de Lugansk y Donetsk en la actual guerra civil ucraniana) basadas en algunos casos en la población de etnia rusa trasplantada a distintas regiones durante la época soviética. Por otro lado, creemos que podemos ver el carácter imperialista de Rusia y China en las relaciones que han establecido con EEUU y como se han relacionado en una serie de conflictos internacionales. Como ya hemos visto, la crítica de Astarita a la teoría del imperialismo ponía uno de sus ejes fuertes en la ausencia de conflictos inter imperialistas en los 90 y 2000. Mi idea es que los conflictos interimperialistas están resurgiendo, principalmente en torno a la oposición entre EEUU y sus aliados y Rusia-China por el otro. Dos ejemplos principales de los últimos tiempos son la guerra en Ucrania y en Siria. En Ucrania, Rusia directamente se anexó una parte de territorio ucraniano (Crimea) y apoya las milicias del Este que se enfrentan con el nuevo gobierno central derechista surgido de la revuelta de Maidán, apoyado por el bloque de la OTAN; a su vez, en Siria, sostiene a rajatabla al gobierno de Al Assad, en abierto enfrentamiento militar con algunas de las organizacio nes rebeldes sostenidas por EEUU y la OTAN. Rusia ha recibido permiso del gobierno sirio para intervenir con su aviación en el bombardeo de posiciones del Estado Islámico. Es decir si bien los viejos y nuevos imperialismos no han chocado aún militarmente de forma directa entre sí, estos casos nos muestran diversos campos de enfrentamiento militar indirecto cuya evolución habrá que seguir en los próximos años. En principio, creo que corresponde a una profunda transformación con respecto a los años de 1989-2012 donde la hegemonía de EEUU fue absoluta, peleando guerras de intervención en Afganistán e Irak, pero sin encontrarse frente a frente con una potencia que contradiga directamente sus intereses.”

Texto glosado del artículo publicado en el  Colectivo Editorial “Armas de la Crítica”, en el verano 2015 – 2016 

III- LA RESTAURACIÓN CAPITALISTA COMO FENÓMENO CONTRARREVOLUCIONARIO Y REVITALIZADOR DEL CAPITALISMO COMO SISTEMA

En su excelente obra “VALOR, MERCADO MUNDIAL Y GLOBALIZACIÓN” el economista marxista Rolando Astarita relaciona ¡¡¡en el año 2004!!! la DERROTA HISTÓRICA sufrida por la clase obrera mundial con el proceso que tratamos de sintetizar en el subtítulo. Sólo agregar que desde aquel análisis que estamos glosando han pasado más de 20 años, y dicho proceso se ha potenciado: 

“La mundialización de la relación capital-trabajo es entonces un fenómeno cualitativo en la historia del capitalismo. Hechos decisivos de este giro:

 a) La entrada del capitalismo en China Hacia el fin de la década de 1970 China comienza una acelerada carrera de integración al mercado mundial. Este giro ocurre sin coerción militar directa de las potencias, y continúa al día de hoy profundizándose. Ya a comienzos de 1990 aproximadamente el 40% de la producción industrial en China estaba en manos privadas, y desde entonces el porcentaje siguió creciendo. A mediados de 2004 operaban en China unas 480 mil empresas extranjeras. En setiembre de 1997 el gobierno chino decidió avanzar en la privatización de muchas empresas estatales y el cierre de las consideradas improductivas; entre 1994 y 2002 China cerró más de tres mil empresas públicas y fueron despedidos, sólo en el período 1998-2004, unos 28 millones de trabajadores. En los últimos tiempos China entró en la OMC y anunció la legalización plena de la propiedad privada de los medios de producción. 

b) La entrada del capitalismo en el Este de Europa y la URSS A partir de 1989-1990, y en pocos años, las relaciones capitalistas se extienden en vastos territorios en los que estaba vedada la propiedad privada del capital. Entre los datos significativos, la reconversión de Polonia al capitalismo es Impulsada bajo la conducción del sindicato Solidaridad, al cual en algún momento sectores progresistas y de izquierda lo pensaron como un proyecto de socialismo obrero y democrático. Pero Lech Walesa, dirigente máximo de Solidaridad, terminó siendo uno de los más aplicados alumnos del FMI; el giro llegó al punto que en 2004 Polonia participa con Estados Unidos en la ocupación de Irak.

c) El fracaso de los nacionalismos de los No alineados El 18 de abril de 1955 se reunieron en Bandung los países de Asia y África que se habían liberado recientemente del colonialismo —entre ellos India, Egipto, Indonesia-; éste fue el punto de partida del Movimiento de No Alineados, cuna de innumerables proyectos nacionalistas de desarrollo. A partir de entonces se habló, en diversas ocasiones o períodos, del «socialismo hindú» —bajo conducción de Nehrú—, del «socialismo indonesio» —conducido por Sukamo— o del «socialismo árabe» —bajo conducción de Nasser—, entre otros. Con el correr de los años, muchos proyectos similares fueron puestos en práctica en diversos países. No es nuestra intención hacer su historia, sino señalar que, en términos generales, en 2004 nada queda de estos «socialismos particulares». India, Indonesia, Egipto, Argelia, para mencionar algunos de los casos más notorios, han aceptado el funcionamiento pleno del capitalismo. Sus gobiernos impulsan regímenes de flexibilización y precarización laboral, aperturas a la entrada de mercancías y capitales extranjeros, libertad de movimientos financieros y privatizaciones de empresas de servicios públicos. De la misma manera, los movimientos nacionalistas burgueses de América latina —como el aprismo peruano, el peronismo argentino— se convirtieron en puntas de lanza de las reformas neoliberales en la década de 1990.”

Ya destacamos  algunos casos emblemáticos, por lo que representaron en las décadas de 1960, 1970 y 1980 para los movimientos de izquierda y contestatarios, y representativos del cambio favorable para el capital que se operó a nivel mundial.

Rematamos la argumentación con un ejemplo que contrasta una derrota histórica del Imperialismo yankee en el plano militar y político, con el proceso de retauración capitalista posterior. Nuevamente, leamos a Astarita:

El giro de Vietnam y la Globalización: mundialización del capital. Tal vez el giro más emblemático, por lo que ha significado para los jóvenes contestatarios y los movimientos de izquierda de la década de 1960 y principios de la siguiente, sea el operado en Vietnam. En abril de 1975 los norteamericanos fueron derrotados y sacados de Hanoi por el Vietcong. En ese momento se descontaba que Vietnam unificado —junto a Camboya y Laos— emprendería un camino de desarrollo no capitalista. Sin embargo, ya en 1976 Vietnam había entrado a formar parte del FMI y el Banco Asiático de Desarrollo; y decidía otorgar incentivos, incluyendo la propiedad extranjera al 100%, a los inversores en industrias exportadoras, así como la exportación libre de derechos de los productos de estas plantas. En los años siguientes acentuó esta dirección. El VI Congreso del partido Comunista vietnamita, en diciembre de 1986, decidió rehabilitar las empresas privadas en la agricultura, comercio e industria, reducir el empleo público, descentralizar el crédito y permitir otorgarlo a los bancos extranjeros. En 1995 el país entró oficialmente a la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ANSEA) y hoy continúa una política de inserción en les mercados globalizados; en 2004 Vietnam se prepara para entrar en la OMC, de la cual por ahora es miembro observador. Además, desde abril de 2001 el gobierno instrumenta un plan para privatizar entre 450 y 500 empresas estatales, a la par que fomenta la empresa privada. En 2002 se liberalizaron completamente las tasas de interés. Se han fomentado también las inversiones extranjeras de empresas para ensamblado e intensivas en mano de obra. Es significativo que la mayor corporación extranjera que opera en Vietnam sea Nike, señalada en todo el mundo como ejemplo de altos niveles de explotación y bajos salarios; a fines de los noventa empleaba 43.000 trabajadores, con salarios mensuales de 50 dólares en promedio. El gobierno de Vietnam mantiene relaciones plenas y normales con el FMI, que aprueba sus «Cartas de Intención» y elogia su política económica y social.”

Esta derrota histórica de la clase trabajadora en general a escala mundial, y de la perspectiva  socialista revolucionaria en particular,  nos obliga a un balance  de sus causas, que si bien no es el objetivo de este artículo, corresponde apuntar algunas líneas de investigación: a) las revoluciones del siglo XX se dieron en países de desarrollo capitalista extremadamente atrasado, por lo cual esas victorias no lograron quebrar el dominio del capital en el mercado mundial. b) Es discutible si todas fueron revoluciones proletarias, tanto por su base de clase (en muchos casos, campesina), como por sus métodos de toma del poder (Europa del Este de la post segunda guerra mundial).  c) Salvo la revolución rusa en sus primeros años, en la que rigió el poder de la democracia obrera de los soviets, el proceso de  burocratización no se verificó sólo en la Unión Soviética, sino en la inexistencia  de dicha democracia directa, en beneficio de  aparatos estatales burocráticos, que sea a través del Ejército Rojo, sea a través de la “Larga  Marcha” maoísta,  negaron en la prácticas e incluso mediante la represión, toda oposición al monopolio burocrático del poder. d)   Esas camarillas burocráticas no lo fueron solamente en la práctica , sino que acuñaron la absurda teoría del  “socialismo patriótico, en un solo país”, negando el internacionalismo proletario y pactando con los bloques imperialistas ganadores en la segunda guerra mundial. (acuerdos de Yalta, Postdam y Teherán)

IV-  LA GUERRA COMO RECURSO DE DESTRUCCIÓN MASIVA DE FUERZAS PRODUCTIVAS PARA RECOMPONER  EL CICLO DEL CAPITALISMO

El extraordinario desarrollo de la ciencia y la técnica de las últimas décadas ha producido crecimiento de las fuerzas productivas, diversificando enormemente las formas y variantes de extracción de plusvalía (especialmente la relativa), en el mercado global. Pero justamente ese crecimiento es causal de un proceso de crisis de sobreproducción. Es decir, las mercancías de todo tipo exceden la capacidad de la humanidad para comprarlas. Es decir, la “abundancia” se limita a los dueños de los medios de producción y un porcentaje relativamente pequeño de la población mundial. La “escasez” puede ser mayor o menor según la región del planeta, pero es crecientemente global. Como queda demostrado en el capítulo anterior, todo el mundo es capitalista, y sin negar las particularidades culturales, históricas de cada región y/o país, EXISTEN LEYES UNIVERSALES. Fuera cual fuese la FORMA POLÍTICA de la dictadura de clase que ejerce la burguesía a través del Estado, el método inevitable que tiene el capitalismo como sistema para resolver sus propias crisis es la DESTRUCCIÓN DE FUERZAS PRODUCTIVAS. 

Si esto vale para explicar el cierre de FATE, cómo no entender el mecanismo de la guerra a mucho mayor escala. No se trata de que un grupo de burgueses y funcionarios se reúnen en un lugar para planear tal o cual destrucción que hay que hacer. En la disputa por el mercado, existe una ley ciega, que nos enseña que entre la producción y el consumo de una mercancía hay anarquía, hay pérdidas y ganancias, cuyo carácter aleatorio se explica porque la propiedad privada de los medios de producción se contrapone contra cualquier posibilidad de planificación de la sociedad. 

Además de ser en sí mismo un enorme negocio capitalista, el armamentismo (que es inconcebible sin las guerras en concreto), permite resolver las disputas interburguesas, destruyendo fuerzas productivas, y habilitando a un nuevo ciclo de acumulación del capital. El proceso de desarrollo fenomenal de las fuerzas productivas siguiente a las 2ª Guerra Mundial sólo se puede explicar a partir de la terrible destrucción previa. 

V- EL ARMAMENTISMO Y LA GUERRA INTERIMPERIALISTA  COMO FENÓMENO DOMINANTE UNIVERSAL 

LA INVIABILIDAD DEL NACIONALISMO BURGUÉS DE LAS REGIONES CAPITALISTAS ATRASADAS PARA  SER REVOLUCIONARIO Y  ANTIMPERIALISTA  Y SU IMPOSIBILIDAD DE GANAR NINGUNA GUERRA

 LA NECESIDAD DE LA UNIDAD DE CLASE DE LOS EXPLOTADOS DEL MUNDO EN LA LUCHA POR LA PAZ: LA GUERRA ES CONTRA TODOS LOS EXPLOTADORES,  SIN  BANDERÍAS PATRIÓTICAS. 

NI PACIFISMO IDEALISTA NI PROGRESISMO  “NACIONAL Y POPULAR”

Apoyándonos en lo escrito hasta acá, está claro que la dinámica bélica en este capitalismo global es la guerra interimperialista, fuera cual fuese el territorio o el “teatro de operaciones”. Conceptos caros a nuestra historia, como la “autodeterminación nacional”, la “liberación nacional”, o tomar partido por la “nación oprimida” en contra de la “nación opresora”, padecen la inviabilidad de lo abstracto, ya que concretamente están subsumidos en el hecho incontrastable de que la dinámica concreta de las guerras en curso es interimperialista. Esas reivindicaciones “nacionales” podrán ser posibles, y recobrar viabilidad concreta, de acuerdo al desenlace de las guerras en curso. 

El fenomenal desarrollo de la ciencia y la técnica aplicadas a la guerra han acumulado un armamentismo (en cantidad y calidad) nunca antes visto. Con el argumento de que es “disuasivo”, las potencias imperialistas (EEUU, Rusia, China, Europa) y también otros países capitalistas con aspiraciones de ser potencias (Irán, India, Pakistán, Japón, Israel) se vienen armando hasta los dientes, tanto en lo convencional como en lo atómico. Esta carrera no tiene fin, salvo la destrucción de la especie humana y de todo el planeta. Puesta la agresión bélica en escena, el resultado de la guerra está predeterminado militarmente por el desarrollo del más fuerte. Esto ya ha sido demostrado empíricamente en Ucrania (sin la intervención de la OTAN, Kiev hubiera caído en una semana), pero también en Medio Oriente: es el sionismo y el imperialismo norteamericano quienes están imponiendo una “paz” a su medida, sobre los cadáveres de palestinos, de Hamas y de Hezbollah, además de los miles de civiles en el Líbano. Y ese es el camino al que va Irán, como antes Irak, Libia y Siria. La capitulación del chavismo colaborando con el Imperialismo yankee a través del Gobierno de los Rodríguez y Diosdado Cabello, no puede ser interpretado tan sólo como una “traición”, sino como un acuerdo de sobrevivencia del régimen que le garantiza a EEUU el petróleo y el control de las masas venezolanas manteniendo la represión contra cualquier disidente. Mientras tanto, la flota norteamericana sigue exterminando lanchas en el Pacífico con la excusa del narcotráfico. La única posibilidad para, militarmente, equiparar fuerzas, es que haya una intervención “a la manera de la OTAN” de imperialismos poderosos, como China y Rusia. No basta con lo diplomático, ni con el tibio apoyo logístico y de inteligencia. Es decir: la posibilidad de victoria por sí sola, de una nación de desarrollo capitalista más débil contra cualquier bloque imperialista es NULA. Vietnam como argumento es falaz, ya que corresponde a otro tiempo histórico, como hemos fundamentado más arriba. Por este carácter interimperialista de las guerras de nuestro tiempo debemos reiterar que no hay “campos progresivos”, y por lo tanto, impulsamos en general el derrotismo revolucionario, privilegiando la unidad internacionalista de clase por sobre la pertenencia a cualquier patria. Esto implica que avalamos la deserción, y por supuesto, la confraternización con los soldados y tropas “enemigas” contra los mandos de los países en pugna. Sabemos que esto es muy difícil, porque son guerras con pocos soldados, casi sin tropa. Los seres humanos de élite que manejan aviones, programan drones, o en último caso, ponen el cuerpo, son oficiales de alto rango muy asimilados a los objetivos trazados. Pero la orientación tiene mucha importancia, como herramienta de delimitación política con quienes se subordinan a alguno de los campos imperialistas, y como forma práctica de trabajo internacionalista sobre la legión de migrantes y/o exiliados de los países sometidos usados como escenarios de guerra por los bloques imperialistas.  La guerra en Ucrania es un ejemplo de lo que puntualizamos. Pero también lo es en guerras menos “famosas”, como las que citamos en la introducción de este artículo. El camino que hoy aparece como más viable, es que, especialmente en los propios países imperialistas responsables de la guerra (por ejemplo EEUU, Europa, Rusia), se genere un masivo movimiento antibélico, como las recientes manifestaciones en EEUU. Debemos ser los socialistas revolucionarios los que expliquemos pacientemente las causas de las guerras, combatiendo argumentalmente al pacifismo idealista e impotente. Además, debemos ligar la lucha contra el armamentismo y la guerra a la pelea por las reivindicaciones inmediatas: salarios, ocupación, vivienda, educación, salud. El creciente presupuesto para gastos militares en cualquier país (¡también en Argentina, según el discurso de Milei!) es dinero quitado a esos derechos de la población.

Desde luego, para poder generar estas masivas movilizaciones antibélicas hay que lograr la libertad de todos los presos políticos y la más amplia vigencia de las libertades democráticas, para que sean las masas las que tomen en sus manos la lucha contra la guerra. Esto vale para las “democracias occidentales” (¡¡¡EEUU!!!), pero también para regímenes como el de Irán, Venezuela, Rusia, China, Cuba, y las dos Coreas, entre otros. Hay que combatir el lugar común de una parte de la izquierda que acusa a los críticos a esos regímenes como “funcionales al Imperialismo yankee, al sionismo, o al “capitalismo de occidente”. 

Lenin, explicando el concepto de Imperialismo como fase superior del capitalismo, nos hablaba de “época de crisis, guerras y revoluciones”. Más allá de las actualizaciones que este tiempo histórico requiere del propio legado de Lenin, es evidente la vigencia que sigue teniendo ese mensaje. 

Y si las crisis capitalistas y sus guerras consecuentes no generan revoluciones (en el sentido concreto de la expropiación del capital y la organización de la sociedad bajo bases socialistas), es porque (derrotas mediante) la clase trabajadora, cuyas transformaciones objetivas y subjetivas debemos estudiar, atraviesa un período histórico no revolucionario. Justamente por eso hace falta un trabajo preparatorio, internacionalista, de construcción de los cuadros y del partido. Y para empezar, mínimamente, hay que tratar de enfrentar la realidad cara a cara, no mentir, no repetir dogmas obsoletos, ni agregar confusión a la ya reinante.