De la revuelta a Kast: ¿Cómo pudo suceder? ¿Qué hacer ahora?

por Pablo Torres

La noticia de las elecciones fue el triunfo de José Antonio Kast de la ultraderecha en primera vuelta presidencial, con mayor fuerza en el sur del país, arriba 2 puntos de Gabriel Boric, de Apruebo Dignidad, que ganó en la capital y centro del país. Ambos pasaron al ballotage del 19 de diciembre, la segunda vuelta más polarizada desde la transición. Los candidatos de los viejos partidos de los 30 años, Chile Vamos y Concertación, salieron derrotados, y el populista de derechas Franco Parisi fue sorpresa en el tercer puesto con 13% de los votos, con fuerza en el norte. La alta abstención (53% del padrón electoral) sigue siendo una de las expresiones de una crisis orgánica que vive el país. El parlamento se reconfiguró, con la derecha asegurando la mitad del Senado, lo que será un bloqueo a cambios claves, lo que dejó tranquilos a los mercados. La Cámara de Diputados quedó reconfigurada en una especie de “tres tercios” empantanados (sin ninguna fuerza con quórum propio para reformas claves), con una inicial polarización política.

Estos resultados abrieron importantes discusiones en la izquierda y en sectores obreros, juveniles y populares. Cómo enfrentar a la extrema derecha de Kast es una de ellas. También ha surgido un fuerte sentimiento de ir al “mal menor”. En esta nota buscamos desarrollar cómo llegamos hasta aquí y cómo luchar por una alternativa consecuente para enfrentar a Kast. Hoy las alternativas son o un fascistizante como Kast o uno que termina proponiendo una copia del régimen contra el que millones nos levantamos. ¿Qué pasó? ¿Qué hacer? Debemos enfrentar a la derecha con la fuerza de la clase trabajadora y los sectores populares en lucha, sin confiar en Boric.

¿Cómo pasamos de la revuelta a Kast?

Hay preocupación de que Kast gane la presidencia el 19 de diciembre. Tiene la mayor probabilidad y es apoyado por la derecha y ahora por la mayoría de la gran burguesía. Sin embargo, la elección está abierta. El electorado de Parisi es difuso y está por verse la participación electoral. Pero los resultados de las elecciones muestran que hubo un giro a derecha en el clima y la situación política nacional, con muchos límites y contradicciones.

¿Cómo sucedió esto? ¿Cómo pasamos a Kast después de una rebelión popular de movilizaciones, protestas y huelgas más grandes en décadas, que estuvieron a punto de echar a Piñera del poder y cuestionó el Chile neoliberal?

Los grandes grupos económicos, el gobierno y los grandes medios hicieron una campaña de terror con el desorden público, el supuesto aumento de la inseguridad y la delincuencia, vinculando esta a la protesta social, el “narco-terrorismo” en el sur vinculándolo al pueblo-nación mapuche, la inmigración “descontrolada” para inflar el odio xenófobo y racista. El sentido común que crea la “opinión pública” nunca es espontáneo, sino dirigido.

Pero ese desplazamiento de la agenda desde los “cambios” –salud, pensiones, educación, salario, vivienda- al discurso del “orden”, atravesó un proceso que le abrió condiciones a esa instalación. La reacción a una revuelta –Kast- no es natural, así como tampoco aún –de ganar- está asegurado que imponga su programa. Hubo condiciones sociales, económicas y políticas, y luchas políticas abiertas. Qué rol y responsabilidad tuvieron los partidos –sobre todo quienes tienen peso dirigente- y la izquierda es parte clave de esa ecuación.

¿Cómo explicar este desplazamiento a la derecha? La revuelta fue desviada a lo que llamaron la “salida institucional”. La rebelión puso entre las cuerdas a Piñera y al régimen de la transición, pese a la represión implementada por el gobierno que dejó a cientos de mutilados y asesinados. Pero la rebelión no derribó al gobierno. En los “días decisivos” tras el paro nacional de 12 de noviembre de 2019, el punto más alto de la rebelión – cuando la clase trabajadora ingresó en la escena con el método de la huelga general que paralizó el país-, para desviar ese proceso y sacar a las calles de la escena, se fraguó entre cuatro paredes en el reaccionario Congreso Nacional, el “Acuerdo por la Paz” que firmaron desde la UDI pinochetista hasta el Frente Amplio. No fue un “triunfo” de la movilización como ha construido el relato de la izquierda institucional, sino un “desvío” de esta. En ese acuerdo, que negó la demanda de Asamblea Constituyente Libre y Soberana, Gabriel Boric fue la pieza clave incluso contra su propio partido, que después legitimó su acción.

El PC, sin entrar directamente en ese acuerdo, desde las burocracias sindicales junto al FA –en la CUT, Colegio de Profesores o No más AFP- desmovilizaron (antes abandonaron el programa de fuera Piñera y asamblea constituyente) y establecieron una “tregua” de hecho con el gobierno y se fueron a sus cómodos salones hasta el día de hoy. La “oposición” en el parlamento rechazó la primera acusación constitucional, y mientras consolidaban el desvío, el FA votó a favor de legislar la ley “anti-protestas” que le entregó a Piñera en bandeja nuevas herramientas de persecución y criminalización de la protesta social mientras él, su personal político, la policía y los militares sellaron su impunidad.

En pleno desvío y desmovilización de la gran mayoría social, mientras una franja grande pero minoritaria dentro de la sociedad se quedó movilizada (entre otras demandas por la libertad de los presos políticos de la revuelta), sobrevino la pandemia y Piñera pudo imponer medidas a favor de las grandes empresas mientras jugaban con la vida de la población. Millones quedaban sin ingresos, otros perdían sus empleos o eran “suspendidos” viviendo de fondos de cesantía, cientos de miles de cuentapropistas quedaron arruinados mientras el dinero del “autónomo” Banco Central fluía al “mercado”. Las grandes mayorías sobrevivieron arreglándoselas, apoyándose entre familias, surgieron cientos de ollas comunes. El rol de la “oposición” fue de comparsa de Piñera y sus ministros. No solo les votaron leyes que atacaron el trabajo (ley de suspensiones) sino que su presión “institucional” no cumplió ningún rol en luchar para que la crisis no la paguemos los trabajadores y el pueblo mientras los ricos se hicieron más ricos. En el Congreso, el PC incluso votó a favor de la ley de protección del empleo. Lo que le arrancó al parlamento los retiros de fondos de las AFP para resistir la crisis fue la ira y protesta popular, y es lo único que detonó la ayuda del IFE ampliado este año, solo arriba de la línea de pobreza, y que ahora se acaba.

Las elecciones a la Convención Constitucional de mayo de 2021 resultaron un terremoto político. La irrupción de los “independientes” fue la noticia; la derecha no obtuvo el “tercio” que había sido su símbolo en el acuerdo por la paz (la regla de dos tercios para aprobar la nueva constitución) y quedó en minoría; la vieja concertación se hundió, y la irrupción de la Lista del Pueblo, “movimientos sociales” y pueblos originarios (de los cuales habían rechazado el acuerdo por la paz del 15 de noviembre de 2019), junto al triunfo del Frente Amplio y el PC (Apruebo Dignidad) les otorgó a ese amplio sector una mayoría “simple” insospechada antes de la elección. El Frente Amplio ganó la mesa ejecutiva rápidamente y en las primeras semanas aumentaron las ilusiones populares, y el símbolo de una mujer mapuche –de centroizquierda – sentada en la Presidencia de la Convención fue la foto del país.

De inmediato la derecha, los partidos del viejo régimen, los grandes medios como El Mercurio, apoyados en la “reforma constitucional del 27 de diciembre” (que sancionó en el Congreso las reglas constitucionales del Acuerdo por la Paz) iniciaron una campaña para “someter” a la Convención a este acuerdo por completo, contra cualquier tipo de “soberanía” que un grupo de convencionales había declarado.

¿Qué se hizo en la Convención? El FA estableció alianzas y acuerdos con partidos e “independientes” de centro izquierda y con la derecha también, incluso le dieron una “vicepresidencia”. La sumisión a las reglas del acuerdo por la paz vino travestida de una declaración de apoyo a los presos políticos que señalaba que se someterían a las reglas impuestas por el parlamento, donde no podían tomar ninguna medida para resolver las cuestiones sociales y políticas de la rebelión. Los presos políticos de la revuelta y procesados fueron dejados a su suerte y al apoyo de sus familias y de miles que siguen su lucha; sesionaron con asesinatos –y ejecuciones – a luchadores mapuche y siguen sesionando con una brutal militarización en La Araucanía (respaldada por un Estado de Excepción de Piñera con el visto bueno de la “oposición” en el Congreso); como guinda de la torta establecieron los “dos tercios” tan queridos por el pinochetismo contra la “mayoría simple”, consagrándolo por “mayoría simple”… una ironía de la historia.

¿Y el fin de las AFP? ¿Y los salarios y pensiones dignos? ¿Y la salud y educación pública gratuita y de calidad, del fin de los negocios privados mientras en la salud pública millones están en listas de espera? ¿Y las demandas de las mujeres, por sus derechos reproductivos y sexuales? ¿Y el fin de la represión al mapuche, la devolución de sus tierras y su derecho a auto-determinación? Lejos de las urgencias sociales y populares, la Convención –controlada por Apruebo Dignidad y sin que otro sector les combatiera de forma consecuente – no tomó y no ha tomado ninguna medida audaz para resolver los problemas sociales de las grandes mayorías, ni en pensiones, salarios, salud, educación, vivienda, tierra.

Sumando los “fraudes” de lo que fue la Lista del Pueblo, no hay que sorprenderse por el desgaste rápido de la Convención, por la desilusión de amplios sectores que habían vivido con ilusiones ese proceso mientras se los llamaba a desmovilizarse para esperar que desde la “vía institucional” resolvieran los problemas. Todo ello fue desmoralizando a sectores de masas, aislando a los sectores más activos. Las asambleas se fueron desvaneciendo, mientras las ollas comunes nacidas al calor de la crisis se las arreglaban con una amplia solidaridad desde abajo. En las luchas que hubo este año –por los presos, huelgas laborales, etc.- el FA y el PC las dejó a su suerte, sin impulsar campañas, buscar masificar esas causas, coordinarlas, unirlas. Frente a la ofensiva contra el pueblo mapuche en el sur, hoy militarizado, no se hizo ninguna campaña para rechazar esta, y buscaron alianzas con la “oposición” que le votaba los Estados de Excepción en el sur a Piñera. La primera línea de la salud pública quedó librada a su suerte, y así resistieron el agobio, la precariedad, y también lucharon. La lucha por los retiros previsionales, con el importante paro portuario, en la medida que ni siquiera iniciaban las ayudas sociales con cuarentenas masivas, abrieron descontento, que arrancaron esas medidas del Congreso pese a la oposición patronal.

En la Convención los entuertos del “reglamento” llevaron todo al viejo lodo parlamentarista. Junto al rol de la “oposición” en el Congreso y a la pasividad total de las conducciones de las grandes organizaciones sindicales, toda esa estrategia “institucional” permitió un fortalecimiento del viejo régimen y sus instituciones, y sobre esa base, el avance de Kast hoy a las puertas de llegar a La Moneda y buscar avanzar en su agenda de reacción contra lo que significó la rebelión. Las traiciones del FA en la revuelta y su rol en la Convención es lo que abrió una relación de fuerzas favorable a que avance la extrema derecha.

Otra desilusión fue la Lista del Pueblo, que pasó cuestionando el acuerdo por la paz con un discurso contra todos los partidos y terminó disuelta rápidamente entre fraudes, escándalos y subordinación a todos los tiempos y ritmos de la “vía institucional” que fraguó el acuerdo por la paz, y junto a los movimientos sociales, bajaron toda movilización en aras de lograr la “participación” a base de puros reglamentos y maniobras estériles. Con la nueva relación de fuerzas en el Congreso, ya todos dicen que los “plebiscitos dirimentes” quedaron en papel mojado.

No es casual que Kast pasó de estar cuasi enterrado en la revuelta y fue el puntal de una minoría del rechazo, a hoy aparecer como el principal contendiente a La Moneda. La “reacción” sobre octubre no cayó del cielo.

¿Cómo enfrentar a la ultraderecha, la derecha y los grandes empresarios?

El protagonismo logrado por Kast es un fenómeno de ultra-derecha, que buscará hacer un gobierno reaccionario y avanzar contra lo que significó la rebelión. Buscará arremeter contra el movimiento de trabajadores y jubilados, dar más poder a las empresas y llevar a cabo un ajuste fiscal. Contra las disidencias y contra las mujeres. Buscará fortalecer la policía y aplicará más represión contra quienes luchen. Contra el resistente pueblo-nación mapuche aplicará más militarización que la de Piñera, recordemos que allá rige actualmente un “Estado de Excepción Constitucional” donde los milicos tienen poder de mando, aprobado dos veces por diputados y senadores, oficialistas y de “oposición”. Kast tiene detrás suyo al partido Republicano, que fue creciendo estos últimos años, y sobre todo ganó fuerza al calor del desvío institucional y la pandemia, y que en esta elección conquistó 15 diputados y 2 senadores. Entre ellos, un “nacional-libertario” de extrema derecha en la Región Metropolitana que señaló la posibilidad de quitar el derecho a sufragio a las mujeres porque supuestamente “votaban contra sus propios intereses”. Los grandes empresarios se han fortalecido – ¡y ganaron más que nunca en pandemia! – y vienen por más ataques a nuestras condiciones de vida. Esos ataques solo pueden frenarse mediante la más amplia organización y lucha.

¿Cómo enfrentamos a la ultra derecha, la derecha y los grandes empresarios? Con la estrategia de espera de la vía institucional nos tienen en un punto muerto en el cual no hemos logrado los objetivos por los que luchamos y ahora vemos amenazadas las pocas conquistas y derechos que tenemos. ¿Con que programa y métodos enfrentar a Kast y todo lo que representa? Esa es la cuestión.

Los podremos enfrentar con la más amplia unidad de las filas de los trabajadores, sindicatos, coordinadoras y movimientos sociales, de mujeres y disidencias, organizaciones sociales y territoriales, familiares y organizaciones de los presos, organizaciones de Derechos Humanos, y desarrollando ampliamente asambleas y comités de lucha, la autoorganización democrática de base para defender todos nuestros derechos elementales y para conquistar las demandas por las que millones salimos a la calle y que siguen más vigentes que nunca. Esta pelea debe ir unida a un programa que partiendo de la defensa de los derechos elementales, plantee salarios y pensiones dignas a las que no se la coma la inflación, contra la precariedad laboral, por salud y educación pública gratuita y de calidad, por vivienda digna, por tierra para el pueblo mapuche.

Un programa y una estrategia que ponga al centro las necesidades de las grandes mayorías trabajadoras y populares, no de la agenda de “orden” y “seguridad” que impone la derecha y que hoy está tomando el candidato Boric. Su giro al “centro” en esta segunda vuelta no solo está tomando políticas propias de la derecha (más policías), sino incluso enterrando la pelea por la libertad de los presos, sin casi mencionar siquiera la agenda de octubre. Ese giro a una especie de “concertacionismo 2.0” le hace más el juego a la derecha.

Estos días, desde diversos sectores han salido a rechazar a Kast. Los trabajadores portuarios, el Colegio de Profesores. Se han organizado reuniones y asambleas de coordinadoras y organizaciones feministas, de mujeres y de las disidencias sexuales, asambleas estudiantiles. Burocracias sindicales como la Federación de Trabajadores del Cobre –que no movieron un dedo en la revuelta- llaman a votar a Boric para derrotar a Kast, pero no convocan ni asambleas de deliberación en las minas, ni un plan de lucha o acción. Lo mismo las burocracias de la CUT, que siguen en una tregua escandalosa hasta ahora y han sido responsables de la pasividad y desmovilización que han permitido a la derecha reaccionaria levantar la cabeza después que estaban en el suelo. Hoy no llaman a enfrentar a la derecha de Kast con autoorganización, asambleas de deliberación, programa de necesidades obreras y populares y un plan de lucha, sino “comandos por Boric” sin ninguna crítica a este y sin lucha ni organización.

Ahí mismo se cuela la extorsión anti-democrática de la “segunda vuelta”, pues se trata de un mecanismo del régimen para obligar a votar por dos candidatos sin considerar que la gran mayoría del electorado no fue a votar -la abstención sigue siendo mayoritaria-, en el marco de un régimen “presidencialista” impuesto por Pinochet que ningún sector ha cuestionado.

Solo una política independiente a la estrategia institucional de Boric y Apruebo Dignidad puede avanzar consecuentemente a enfrentar a Kast y quienes lo sostienen.

Hay que exigirle a las conducciones sindicales que dirige FA y el PC que rompan la vergonzosa tregua y salgan de su comodidad, que convoquen a asambleas y un plan de lucha para enfrentar seriamente a la extrema derecha, la derecha y los empresarios, sin confianza en Boric. Los gritos de “enfrentar al fascismo” sin asambleas, sin organización de base, sin amplia discusión política y sin un programa claro para defender las conquistas y avanzar con las demandas de octubre irresueltas, desgastan las energías esperando que la “vía institucional” resuelva algo.

Desde La Izquierda Diario estamos impulsando una amplia campaña para enfrentar a Kast, la derecha y los grandes empresarios, y desde el PTR estamos participando de asambleas e impulsando esta política. Estamos dispuestos a impulsar todo tipo de acuerdos concretos para revitalizar la autoorganización en todos los lugares donde podamos, y desde allí luchamos para exigirle a las conducciones que dejen su comodidad e impulsen esta pelea. Si Kast pierde, no significa que se evaporará, pues ya se ha fortalecido y aunque su bancada sea una pequeña minoría reaccionaria dura, ha radicalizado a la derecha, y desde el Senado y Diputados, junto al conservadurismo concertacionista y probablemente sectores del “progresismo neoliberal”, bloquearán cualquier cambio real.

¿Y qué hace Boric y Apruebo Dignidad para enfrentarlos? Acuerdos con los dirigentes de la concertación; rechaza liberar a todos los presos de la revuelta; discurso de “orden”; iguala la violencia del Estado y de los grupos mapuche; ficha como asesores a ex miembros de seguridad del aparato concertacionista; ficha asesores económicos a “neoliberales progresistas”. Todo eso significa, considerando un Senado dominado por la derecha, un bacheletismo 2.0 que no llevará a nada nuevo. Su estrategia de cambios “graduales” ahora será junto a “orden y seguridad”.

El PC, que obtuvo su mejor resultado en décadas con una bancada de 12 diputados y 2 senadores, se ha subordinado a esta política derechista, con sus figuras aprobando el rechazo de Boric a la libertad de los presos de la revuelta, y no convoca a enfrentar a la extrema derecha desarrollando la organización amplia en todos los lugares para discutir un programa de defensa de los derechos y por la conquista de las necesidades obreras y populares y un plan de lucha para llevarlo a cabo. Por eso, la lucha contra Kast, la extrema derecha, la derecha y las grandes patronales, debe ser sin confianza en Boric y Apruebo Dignidad.

Fue justamente la política de vaciar las calles para llevarlas a un cambio dentro de las instituciones del régimen con una Convención subordinada a los viejos poderes la que fortaleció a la derecha. Pero la alternativa no es simplemente apostar por un nuevo estallido. Las revueltas sin estrategia, sin fortalecer las alianzas entre la juventud combativa, la clase trabajadora y los sectores populares y sin que se despliegue la fuerza de las y los trabajadores (como con el método de la huelga general, que el 12 de noviembre del 2019 aunque fue parcial, hizo tambalear al gobierno), lleva a un camino estéril y por sí mismas son impotentes para derrotar a los grandes poderes capitalistas y del Estado.

El amplio arco de sectores que repudian a Kast y las primeras asambleas que se están realizando para enfrentarlo pueden ser un punto de apoyo para luchar contra la ofensiva de la derecha de conjunto. De lo que se trata justamente es desplegar la fuerza de la clase trabajadora, la juventud, el movimiento de mujeres, las organizaciones del pueblo mapuche y sectores populares organizados. No limitarlos a comandos subordinados a Apruebo Dignidad, sino enfrentar a Kast luchando por demandas urgentes como aumento de salarios, pensiones, salud, educación, vivienda, devolución de tierras al pueblo mapuche, con un plan de acción y un pliego único de demandas.

Prepararse hacia mayores choques de la lucha de clases

La polarización que se expresa en estas elecciones no solo es una consecuencia del escenario pos rebelión 2019, también es un preanuncio de los eventos más agudos de la lucha de clases que seguramente se desarrollarán en el país, a partir de los ajustes que está preparando la clase patronal.

Un congreso con una especie de “empate de fuerzas” no permitirá imponer ningún cambio profundo de los que se reclamaron en el levantamiento.

Si gana Kast por el contrario, más allá de sus objetivos, estará condicionado por la relación de fuerzas de la lucha de clases: la rebelión popular fue desviada y la política de AD le abrió el camino a Kast, pero no ha sido derrotada las fuerzas de la revuelta. En el propio parlamento no tendrá mayoría para implementar su programa, y las condiciones económicas e internacionales no son auspiciosas. Tampoco Kast representa un fenómeno “fascista” como se le llama livianamente –un “miedo” paralizante que levantan sectores de izquierda para justificar un voto acrítico-, pues no estamos hablando del despliegue –aún- de destacamentos de combate de sectores fachos para aplastar un ascenso obrero y de la izquierda revolucionaria. La “moderación” de su programa por un lado (no bajar impuestos sino gradualmente, no cerrar la Convención ni el Ministerio de la Mujer) y la renuncia de J. Káiser a los republicanos, muestra que ya está condicionado por cierta relación de fuerzas sociales y políticas.

Kast se propone reforzar los rasgos «bonapartistas» y represivos, poniendo como uno de sus ejes un programa de «orden» y mano dura a las y los luchadores. Incluyendo la criminalización de las y los presos de la revuelta y reforzando la impunidad de los represores. Pero las organizaciones de la clase trabajadora, del movimiento de mujeres, estudiantil, de DD.HH, del pueblo mapuche y territoriales no han sido derrotadas, y debemos prepararnos desde ya para enfrentar esta ofensiva. Tenemos la fuerza, pero si sigue limitada a las maniobras institucionales, será insuficiente para derrotar los ataques.

Chile transita en un momento donde no están resueltas las cuestiones sociales de las grandes mayorías, y están en el horizonte el estancamiento económico más inflación; la crisis orgánica irresuelta en el país continuará. Vamos a mayores choques de lucha de clases. De ganar Boric, no solo el parlamento cerrará cualquier cambio, sino que su moderación llevará probablemente a mayores crisis con su base.

El método y el programa para enfrentar a Kast, la derecha y la gran patronal pasa por la organización democrática de la lucha más amplia, de la unidad de los trabajadores con los movimientos, de un plan de acción y un programa para resolver las necesidades de las mayorías trabajadoras y populares, sin confianza en Boric y Apruebo Dignidad.

(Tomado de Izquierda Diario)

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