por Mauricio Becerra
Seguimos la cobertura de Meganoticias el día del secuestro del presidente venezolano, Nicolás Maduro. El canal de los dueños de Falabella hizo su transimisión ese día en directo desde Estación Central, en Santiago, dando voz a las narrativas más destempladas en contra del gobierno chavista. En ausencia de analistas serios por las pantallas desfilaron modelos y un destemplado conductor de matinales. Analistas detallan cómo se fabrica una opinión pública que concibe al pueblo venezolano, representado solamente por los opositores a Maduro.
El día en que el gobernante venezolano fue plagiado por militares norteamericanos, las transmisiones en directo en los canales de América Latina en vez de contar la historia desde el lugar de los hechos, trasladaron su cobertura a las calles de sus países en donde celebraban decenas de caribeños. Ya sea desde Estación Central en Santiago, el Obelisco en Buenos Aires o la Plaza Bolívar en Bogotá, los noticieros de televisión armaron una pauta que sólo dio voz a los venezolanos en el exilio en desmedro de las opiniones de quienes se quedaron dentro del país y están enfrentando la agresión de Estados Unidos.
La cobertura del canal chileno Meganoticias es la que presenta la mejor postal sobre las narrativas en torno del secuestro del mandatario venezolano, Nicolás Maduro, y cómo se construye un relato para las audiencias totalmente desfavorable al gobierno venezolano y al derecho internacional. En sus pantallas se seleccionaron sólo voces opositoras para dar cuenta del sentir de todo el pueblo venezolano, los conductores de matinales se volvieron furibundos predicadores y las opiniones de figurines de televisión fueron los condimentos con que Mega cubrió la intervención de Estados Unidos en un país latinoamericano.
Mega fue fundado en 1990 por el empresario pinochetista Ricardo Claro, la estación televisiva fue adquirida en 2012 por el grupo Bethia, matriz de inversiones de Liliana Solari, dueña además de Falabella, la isapre Colmena, empresas transportistas, vinícolas y de criadores de caballos.
Al igual que los otros medios, las noticias de Megavisión desde las 6:25 de la mañana del 3 de enero de 2026 reproducían la narrativa de la “captura”, verbo usado en los cinco titulares aparecidos en la web a lo largo del día que daban cuenta del plagio del presidente (1). En las próximas horas desfilarían por las pantallas del canal de Falabella, migrantes venezolanos celebrando en las calles de Estación Central, noticias que reforzaban el vínculo de Maduro con el narcotráfico (el Cartel de los Soles se caería al día siguiente), una funa a su reportero en las afueras del tribunal de New York, una reflexión de Kel Calderón y el habitual comentario atrabiliario y pontificador de José Antonio Neme.
A las siete con cinco minutos de la mañana de ese día, Mega inició la transmisión en vivo del secuestro desde las calles de Estación Central, en Santiago de Chile. “Venezolanos en Chile celebraron la noticia de la captura de Nicolás Maduro luego de los ataques perpetrados por Estados Unidos en Caracas en horas de la madrugada de este sábado”- decía la bajada de la noticia que mostraba aplausos registrados en los falansterios de Estación Central, mientras el conductor en el estudio decía: “estábamos a la espera de lo que iba a ocurrir.. esperar esta segunda o tercera fase”(2).
Menos de una hora después la transmisión del canal Falabella seguía transmitiendo en vivo una noticia que acontecía en Caracas, Venezuela, desde la comuna de Estación Central, en Santiago de Chile, dando cobertura a venezolanos que daban gracias a Trump por bombardear su país (3). A estas alturas de la mañana el enfoque prevaleció, presentando menos de media hora después otra noticia titulada “Revisa las celebraciones de los venezolanos que viven en Estación Central ante la captura de Nicolás Maduro y su esposa en medio de un ataque militar por parte de Estados Unidos. Todo se vivió en la pequeña Caracas”- decía la invitación a ver el despacho (4). Uno de los venezolanos residentes en Chile entrevistado dijo “que que Venezuela vuelva a ser libre, millonarios”; otra más allá decía “estamos muy felices porque Venezuela será libre. Gracias Trump”, mientras de fondo se veían personas agitando banderas de Estados Unidos y venezolanas.
La cadena no fue sólo en la televisión chilena. En Colombia NTN 24 y la red Caracol hacían lo mismo transmitiendo desde la Plaza de Bolívar de Bogotá; El Trece y TN en Argentina reproducían el mismo enfoque desde el Obelisco (5).
Si bien, a esas horas el shock provocado por el ataque norteamericano mantenía las ciudades venezolanas vacías, las voces de los residentes locales que a través de redes sociales comenzaron a dar cuenta de lo sucedido no tuvieron espacio en los grandes medios del continente. La preferencia por los venezolanos en el exilio y la omisión del relato de venezolanos defendiendo su país ha sido una tónica repetida durante décadas por las cadenas de televisión. Se fabrica así una opinión pública que concibe al pueblo venezolano, representado solamente por los opositores a Maduro, un colectivo que en su totalidad estaría en contra del ‘régimen’ y con espacio abierto a reproducir su narrativa del conflicto. La gran mayoría, quienes viven en Venezuela y cuentan desde otra perspectiva la versión de los hechos, no tienen espacio alguno en los medios masivos.
La periodista australiana Caitlin Johnstone nos invita a reflexionar respecto de la selección de apenas algunas personas para que representen la opinión de todo un pueblo. Así comenta que “el truco favorito de quienes apoyan el cambio de régimen es fingir que la gente del país objetivo es un monolito ideológico. Todos los iraníes odian a su gobierno, todos los venezolanos quieren liberarse de Maduro, etc.”.
Invitando a la reflexión, la periodista agrega que “nunca has estado en un país donde todos tengan la misma actitud hacia su gobierno. Yo tampoco. Sería extraño y anormal. Los humanos no somos así. Pero siempre que los belicistas intentan defender el intervencionismo estadounidense para un cambio de régimen en una nación determinada, de repente, ‘la gente’ de esa nación tiene exactamente la misma opinión política, y saben cuál es, y presumen de hablar por todos” (6).
FISURAS EN EL RELATO
De igual modo, por las pantallas de Mega se colaron fisuras de la narrativa cuando hacían la transmisión desde New York el lunes 5 de enero, el día de la formalización del secuestrado presidente venezolano. En un despacho en directo, un periodista convocado a hablar porque que estaba al interior de la corte de justicia destacó el carácter tranquilo y la serenidad de Maduro, mientras había más de un centenar de manifestantes a su favor alrededor apoyando al gobernante. Ante el quiebre de la narrativa en directo, el canal decidió acusarlos de agresores, debido a que no se ajustaban al relato de ‘la dictadura chavista’. De esta forma, titularon: “Agreden a corresponsal de Meganoticias en Nueva York: Supuestos adherentes de Maduro intentaron quitarle sus equipos”. En la nota explicaron que el corresponsal de Meganoticias en Nueva York, Edinson Oportus, “fue agredido por supuestos adherentes a Nicolás Maduro, quienes intentaron quitarle sus equipos”.
En el despacho, Oportus insiste en mostrar las imágenes de quienes estaban a favor del secuestro de Maduro, en cuanto la cámara que lo acompañaba daba cuenta del rechazo de ciudadanos norteamericanos a la extracción del presidente latinoamericano. Así exigía a su cámara “muestra otro sector”, mientras las imágenes daban cuenta de pancartas en apoyo al mandatario venezolano. Luego el corresponsal acusó que los manifestantes no hablaban español y eran “personas pagadas para poder hacer este tipo de protestas”(7).
Un día después, cuando la acusación del Cartel de los Soles, un supuesto esquema del gobierno venezolano para traficar drogas, se esfumó de la acusación penal en contra de Maduro, Meganoticias Mundo entrevistó en directo al ex-agente del FBI, Daniel Brunner, quien si bien aún repetía sobre las “capas” de poder que controlaban dicha organización fenecida en el relato hace ya varios días, reconoció que “la detención de Maduro por parte de EEUU. No tenía nada que ver con las drogas, eso para mí es falso… Esto tiene que ver con el petróleo y las minas”(8).
La falta de analistas serios que expliquen la intervención norteamericana fue llenada por Mega con una noticia que daba cuenta de la opinión de la influencer Kel Calderón frente al secuestro del presidente venezolano (9).
LA DESTEMPLANZA DE JOSÉ ANTONIO NEME
El broche de oro en la cobertura de Mega lo dio José Antonio Neme, quien pasadas las 14 horas del día del secuestro en directo desde el estudio, mientras mostraban la primera foto difundida por Estados Unidos del presidente secuestrado, se arrogó el derecho de “hablar por todos los venezolanos que no están viendo a esta ahora, los demás no nos importa. Termina en esa imagen como lo que es, un delincuente, un delincuente de la peor calara.. es responsable de 8 millones de personas abandonaran el país, torturas en el Helicoide, violaciones de DD.HH.”(10).
Alan MacLeod, del Grupo de Estudio de Medios de la Universidad de Glasgow, se ha dedicado a analizar cómo es representado el gobierno del país caribeño en los medios masivos norteamericanos. A partir de la premisa de Noam Chomsky, quien sostiene que la representación de los países extranjeros en las noticias de Estados Unidos se relaciona con su distancia o proximidad de Washington, analizó la cobertura de las elecciones venezolanas de 2018, evaluando tanto el contenido de las noticias como entrevistando a los periodistas (11).
En dicho proceso electoral, Nicolás Maduro ganó con el 68% de los votos, lo que fue presentado por los medios de Estados Unidos como una farsa. The Independent dijo que se trataba de la “coronación de un dictador”; New York Timesdescribió una desilusión general entre los votantes ante una contienda amañada; The Huffington Post las calificó como «una farsa que consolida la autocracia en la nación de la OPEP, sumida en la crisis» y CNN destacó la protesta internacional y exigencias de suspensión del proceso (11).
Las 27 entrevistas hechas a periodistas por MacLeod en el curso de la investigación, permiten ahondar en por qué los redactores llegaron a esos titulares y da cuenta de cómo los periodistas tienen un pensamiento de grupo negativo respecto del gobierno venezolano, preponderancia en darle voz a los opositores y que cualquier desviación de la narrativa que estigmatiza al gobierno de Maduro era inmediatamente objeto cartas de reclamo dirigidas al profesional y sus editores de parte de grupos de presión.
Bart Jones, ex corresponsal de Los Angeles Times en Venezuela, reconoció que operaba «un pensamiento de grupo» entre los periodistas que cubrían el país latinoamericano. «Había un ambiente de ‘Chávez es un tipo malo’, ¿sabes? Y necesitamos presentarnos plenamente y casi ponernos del lado de la resistencia, los disidentes».
Dan Beeton, del Center for Economic Policy Research, un think tank liberal, reconoció que cualquier mención positiva al gobierno venezolano era rápidamente atacada. «Es el marco. Si eres periodista y escribes algo que no se considera suficientemente negativo contra el gobierno venezolano, recibirás críticas. Hay resistencia, quizás del gobierno estadounidense, pero existen numerosos centros de investigación de derecha, los exiliados venezolanos tienen sus propias organizaciones y grupos de presión, y sus defensores en el Congreso estadounidense… Nos han cuestionado repetidamente cada vez que decimos algo al respecto, sobre si recibimos financiación del gobierno venezolano. Se asume que si alguien dice algo que contradice la opinión general, debe estar en manos del gobierno venezolano»(11).
MacLeod concluyó que era «evidente que la teoría del modelo propagandístico de legitimar y deslegitimar las elecciones extranjeras sigue vigente», lo que se preocupó de demostrar en Venezuela. También dio cuenta de que «los periodistas son preseleccionados por su conformidad, su adhesión a los valores corporativos y su asimilación de las normas que rigen lo que se publica y lo que no se dice. Esto conduce a una hegemonía de pensamiento en la redacción»(11).
En todos los canales de televisión chilena no hay periodista alguno que se desmarque de la narrativa en contra del gobierno venezolano.
NOTAS:
(1) Donald Trump confirma la captura de Nicolás Maduro y su esposa en medio de ataque a Venezuela. Meganoticias, 3 de enero de 2026 (06:25 hrs.)
(2) Así reaccionaron los venezolanos en Chile tras la captura de Nicolás Maduro por parte de EEUU. Meganoticias, 3 de enero de 2026 (07:05 hrs.).
(3) Venezolanos celebran en Chile captura de Maduro: «Gracias al gobierno de Trump por la libertad que nos están brindando». Meganoticias, 3 de enero de 2026 (07:51 hrs.).
(4) Con bocinazos, banderas y gritos de «libertad»: Venezolanos en Estación Central celebran la captura de Nicolás Maduro. Meganoticias, 3 de enero de 2026 (08:08 hrs.).
(5) Ver por ejemplo:
NTN 24: Miles de venezolanos se congregan en Plaza de Bolívar de Bogotá para celebrar la captura de Maduro. 3 de enero de 2026 https://youtu.be/lcweXiGxfao
TN: Miles de venezolanos festejaron en el Obelisco la captura de Nicolás Maduro. 3 de enero de 2026.
(6) https://x.com/caitoz/status/2010804721154760715
(7) Agreden a corresponsal de Meganoticias en Nueva York: Supuestos adherentes de Maduro intentaron quitarle sus equipos. Meganoticias, 5 de enero de 2026 (13:34 hrs.).
(8) Ex-agente del FBI asegura que detención de Maduro fue por el petróleo venezolano: «No tenía nada que ver con las drogas». Meganoticias, 6 de enero de 2026 (20:44 hrs.)
(9) No quedó indiferente: La reflexión de Kel Calderón tras la captura de Nicolás Maduro en Venezuela. Meganoticias, 7 de enero de 2026 (10:12 hrs.)
(10) «Un delincuente de la peor calaña»: Neme se refiere a la primera foto de la captura de Nicolás Maduro por EEUU. Meganoticias, 3 de enero de 2026 (14:16 hrs.)
(11) MacLeod, A. Manufacturing Consent for the 2018 Elections in Venezuela and Colombia. Media Theory, 2(2), 2018. pp. 138–153.
https://journalcontent.mediatheoryjournal.org/index.php/mt/article/view/945
