Centenario de la muerte de Lenin

por Joseph Kishore

Ayer fue el centenario de la muerte de Vladímir Ilích Uliánov, conocido como Lenin. Lenin fue una de las figuras más extraordinarias de la historia mundial. Fue el genio teórico y político que fundó el Partido Bolchevique y encabezó una revolución que no solo transformó Rusia y creó la Unión Soviética, sino que dio un enorme impulso a todas las luchas políticas revolucionarias del siglo veinte.

La muerte inoportuna de Lenin el 21 de enero de 1924, a la edad de 53, se produjo 10 meses después de sufrir en marzo de 1923 un accidente cerebrovascular devastador, el tercero en un poco más de un año. Si bien hubo señales en el verano e inicios del otoño de 1923 de que mejoraba, lo que generó esperanzas de que podría reanudar algún tipo de actividad política, estas se vieron frustradas por un cuarto infarto cerebral, que fue fatal.

La muerte de Lenin fue una tragedia política con consecuencias devastadoras para el futuro de la Unión Soviética y la revolución mundial. Se produjo en un momento crítico. Después del infarto de marzo, Trotsky fue objeto de una ofensiva creciente de la dirección política del Partido Bolchevique. Stalin, Zinóviev y Kámenev formaron una facción sin principios en el Politburó (el “triunvirato”). Después del establecimiento de la Oposición de Izquierda en octubre de 1923, Stalin encabezó una campaña cada vez más feroz contra Trotsky que incluyó intentos de tergiversar y falsificar las diferencias que existían entre Lenin y Trotsky antes de 1917. Estas diferencias habían quedado resueltas al calor de la revolución.

No es posible deducir con certeza qué habría ocurrido si Lenin no hubiera muerto a inicios de 1924. Sin embargo, es innegable que la muerte de Lenin dejó a Trotsky aislado, privándolo de su aliado más poderoso en la lucha contra la reacción burocrática personificada por Stalin al internacionalismo revolucionario de la Revolución de Octubre.

En los últimos años de su vida, pese al deterioro de su salud, Lenin había emprendido una lucha contra el desarrollo de la degeneración nacionalista y burocrática dentro del aparato estatal soviético y el Partido Bolchevique. A fines de diciembre de 1922, Lenin comenzó a redactar lo que pasaría a la historia como su “Último testamento”. Incluía un apartado escrito el 4 de enero de 1923 donde llamaba a la dirección del Partido Bolchevique a deponer a Stalin del cargo de secretario general.

El testamento de Lenin coincidió con los primeros pasos para establecer un bloque con Trotsky en cuestiones críticas relacionadas con la política soviética: la defensa del monopolio estatal sobre el comercio exterior, la oposición al crecimiento del chovinismo gran ruso dentro del partido y la lucha contra el burocratismo. Solo el derrame cerebral que sufrió en marzo de 1923 impidió a Lenin iniciar una lucha abierta, junto a Trotsky, en el Duodécimo Congreso del Partido Bolchevique, que tuvo lugar un mes después.

Además, la influencia y la dirección políticas de Lenin en la Internacional Comunista en esos años cruciales habrían cambiado la situación internacional a favor de la revolución mundial, socavando profundamente la reacción nacionalista dentro de la propia Unión Soviética. Si Lenin hubiera estado vivo y políticamente activo, habría librado una batalla campal contra la teoría nacionalista y antimarxista del “socialismo en un solo país”, avanzada por Stalin y Bujarin en 1924.

Tras la muerte de Lenin, el aparato estalinista en ciernes no solo momificaría su cadáver, sino también sus ideas. En su campaña contra Trotsky, Stalin y sus aliados trataron el pensamiento de Lenin de la manera más formalista, arrancando citas de su contexto de un modo que desmentía por completo la propia metodología de Lenin.

Trotsky, en un ensayo en el que estaba trabajando en el momento de su asesinato por un agente estalinista en agosto de 1940, abordó la compleja relación entre los acontecimientos objetivos, la dirección revolucionaria y los individuos, basándose en el propio papel de Lenin en la Revolución rusa. Oponiéndose a quienes argumentaban que sin Lenin, la Revolución de Octubre habría ocurrido “de la misma manera”, Trotsky replicó:

Pero no es así. Lenin representaba uno de los elementos vivos del proceso histórico. Personificaba la experiencia y la perspicacia del sector más activo del proletariado. Su oportuna aparición en el escenario de la revolución fue necesaria para movilizar a la vanguardia y darle la oportunidad de unir a la clase obrera y a las masas campesinas. La dirección política en los momentos cruciales de los virajes históricos puede llegar a ser un factor tan decisivo como lo es el papel del comandante en jefe en los momentos críticos de la guerra. [“La clase, el partido y la dirección”]

El papel de Lenin fue decisivo en la primavera de 1917 para reorientar al Partido Bolchevique hacia la conquista del poder. Con sus “Tesis de abril”, Lenin adoptó la Teoría de la Revolución Permanente de Trotsky y encauzó al partido por un nuevo rumbo político que condujo a la Revolución de Octubre.

Tras la muerte de Lenin, sus ideas y concepciones políticas fueron desarrolladas por Trotsky y la Oposición de Izquierda, mientras que la facción estalinista representaba el avance de la reacción contra el programa de la revolución socialista mundial en el que se basó la Revolución rusa. La lucha de Trotsky por mantener la continuidad histórica del bolchevismo -es decir, el auténtico internacionalismo revolucionario y el marxismo- culminó con la fundación de la Cuarta Internacional en 1938.

Este legado adquiere ahora una inmensa importancia en lo que es claramente un nuevo período de desintegración del orden burgués -de normalización del genocidio y la guerra mundial- y del resurgimiento del conflicto de clases en todo el mundo. En este nuevo período revolucionario, Lenin volverá a ser visto como una figura histórica monumental.

(Fuente: WSWS)

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