La voz de la dignidad contra el servilismo: en defensa de Cuba y la solidaridad internacionalista

por Alejandro Valenzuela Torres

La reciente declaración de la ONG ELAM-Chile, que agrupa a las y los médicos egresados de la Escuela Latinoamericana de Medicina en Cuba, es un acto de dignidad política y memoria histórica que merece ser respaldado sin reservas. En ella, se rechazan las afirmaciones vertidas por la candidata Jeannette Jara sobre la Revolución Cubana, Venezuela y la política internacional latinoamericana. Y es que no se trata solo de una diferencia de opinión: sus palabras constituyen un alineamiento explícito con el imperialismo estadounidense, con el sionismo genocida de Israel y con las más reaccionarias corrientes de la burguesía cipaya chilena.

En el contexto político actual, cuando el imperialismo redobla sus estrategias de intervención y desestabilización en el sur global, declaraciones como las de Jara no son inocuas: hacen directamente el juego a la derecha y a la ofensiva reaccionaria internacional.

El discurso del amo: Washington dicta, Jara repite

Al calificar a Cuba de “no democrática” y a Venezuela de “dictadura”, Jeannette Jara reproduce —sin matices ni reflexión crítica— el mismo discurso con el que Washington ha intentado justificar durante décadas bloqueos, golpes de Estado, invasiones y sanciones. No es casual: en lugar de cuestionar las estructuras coloniales que siguen moldeando la política mundial, Jara las legitima.

Su postura revela no solo ignorancia, sino también un profundo desprecio por la diversidad de formas democráticas que pueden existir en el mundo. Pretender que solo los modelos liberales occidentales son legítimos es borrar la rica tradición política latinoamericana, que ha buscado caminos propios de emancipación.

Peor aún, Jara silencia deliberadamente el carácter criminal del bloqueo impuesto por Estados Unidos a Cuba —más de sesenta años de asedio económico, financiero y comercial que constituyen un verdadero genocidio—, y calla frente a la inclusión arbitraria de la isla en la lista de “países patrocinadores del terrorismo”. Con ello, no solo legitima una política imperialista, sino que se ubica del lado de quienes intentan estrangular la autodeterminación de un pueblo que, pese a la agresión constante, ha sostenido con dignidad un proyecto socialista y humanista.

La Revolución Cubana: solidaridad concreta y memoria viva

El desprecio de Jara contrasta con la solidaridad concreta que Cuba ha brindado a Chile a lo largo de su historia. Durante la dictadura militar, acogió a miles de compatriotas perseguidos por el fascismo. Y en democracia, ofreció educación médica gratuita a más de 600 jóvenes chilenos de sectores populares, que jamás habrían tenido acceso a esa formación en su propio país.

La Revolución Cubana ha demostrado que el internacionalismo no es una consigna, sino una práctica política y ética: envía médicos a los rincones más olvidados del planeta, brinda apoyo solidario incluso a personas que la atacan, y sostiene una política exterior basada en la cooperación y el respeto. Esa solidaridad, vivida en carne propia por quienes estudiaron en la ELAM, es la prueba más elocuente de que el proyecto cubano no se mide con los estrechos parámetros del liberalismo occidental, sino con la vara de la justicia social y la dignidad humana.

El silencio cómplice ante el genocidio palestino

Aún más revelador es el silencio de Jara frente al genocidio que comete Israel contra el pueblo palestino. En un momento en que el mundo entero exige justicia y denuncia los crímenes de lesa humanidad del sionismo, su omisión no puede entenderse sino como complicidad. Quien no condena con claridad el apartheid israelí ni exige la ruptura de relaciones diplomáticas y comerciales con Tel Aviv, se convierte en parte del problema.

Internacionalismo o subordinación

“El que no es profundamente internacionalista no puede llamarse comunista”, recordó recientemente Lautaro Carmona, presidente del Partido Comunista. Las palabras de Jara traicionan ese principio elemental. Lo hacen porque renuncian a pensar la política exterior desde la perspectiva de los pueblos, adoptando en cambio el punto de vista de las potencias coloniales.

Chile sabe bien lo que significa una “transición democrática” patrocinada por el imperialismo: en 1973, la intervención directa de Estados Unidos abrió paso al terrorismo de Estado, a la dictadura y al saqueo. Hoy, repetir esa fórmula en Venezuela o en cualquier otro país latinoamericano no traerá libertad ni democracia, sino destrucción.

No en nuestro nombre

El comunicado de ELAM-Chile nos recuerda que la solidaridad no se negocia y que la historia tiene memoria. No se puede aspirar a gobernar un país “a costa de la sangre de pueblos hermanos”, como bien señala la declaración.

Frente a la subordinación vergonzante de Jeannette Jara, reafirmamos que Cuba no está sola: su ejemplo sigue siendo faro para todos los pueblos que luchan por su independencia. Defenderla hoy no es un gesto romántico, sino un deber político e histórico. Porque cada ataque a la Revolución Cubana es, en última instancia, un ataque a la posibilidad misma de un mundo distinto.

Y en ese combate entre nación oprimida e imperialismo, desde El Porteño nos alineamos sin vacilaciones con el primer territorio libre de América.

Este es el texto aludido de ELAM-CHILE:

La ONG de Desarrollo ELAM- CHILE, agrupación que reúne a los egresados de la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM- Cuba), expresa su rechazo y profunda preocupación frente a las reiteradas declaraciones de la candidata Jeannette Jara sobre asuntos de política internacional.

Lamentamos que sus opiniones se sustenten en afirmaciones injuriosas y carentes de rigor, haciendo alusión a supuestos informes de violaciones a los derechos humanos elaborados por agencias financiadas por Estados Unidos.

Al descalificar a Cuba como “no democrática” desconoce la pluralidad de formas que puede asumir la democracia en el mundo y, sobre todo, reproduce un discurso subordinado a los intereses de Washington.

Más grave aún, minimiza el impacto del bloqueo económico, financiero y comercial impuesto por Estados Unidos por más de 60 años, el cual constituye un verdadero acto de genocidio contra el pueblo cubano. Nada dice sobre la urgencia de exigir su fin ni sobre la eliminación de Cuba de la arbitraria lista de “países patrocinadores del terrorismo”, que solo intensifica las restricciones de dicho bloqueo.

Sus afirmaciones respecto a que Venezuela es una “dictadura” y su anuncio de que “cuando sea presidenta impulsaré una transición democrática” representan un abierto alineamiento con la agenda intervencionista de Estados Unidos.

La historia reciente demuestra que ninguna “transición democrática” patrocinada por el imperialismo ha llevado paz, democracia o desarrollo a los pueblos, sino que ha significado violencia, saqueo de recursos y sufrimiento. Chile mismo vivió en carne propia las consecuencias del golpe de Estado contra el presidente Salvador Allende, impulsado por la injerencia norteamericana.

Cuba, durante la dictadura chilena, acogió a miles de compatriotas perseguidos por el fascismo, y posteriormente formó a más de 600 médicas y médicos chilenos a través del proyecto ELAM, brindando oportunidades a jóvenes de sectores populares que difícilmente habrían accedido a la educación médica en Chile. Inclusive, Cuba ha sido solidaria con personas de derecha que han tenido alguna necesidad de salud y la encontraron en esta pequeña isla bloqueada y asediada.

Quienes estudiamos en Cuba vivimos en primera persona la solidaridad de su pueblo: compartimos sus alegrías y dificultades. Tenemos muy claro que no es una sociedad perfecta, pero sí un pueblo digno, que busca la justicia social y la cooperación internacional sin mancillar la dignidad de nadie.

Resulta igualmente preocupante el silencio frente al genocidio contra el pueblo palestino y la ausencia de una condena clara al Estado de Israel, responsable de crímenes de lesa humanidad que exigen la ruptura inmediata de relaciones diplomáticas y comerciales con aquel estado.

El presidente del Partido Comunista de Chile, Lautaro Carmona, expresó recientemente en un acto público: “No se puede ser comunista sin ser profundamente internacionalista”.

Las opiniones de Jeannette Jara se alejan de ese principio elemental y carecen de un análisis serio en materia de política internacional.

Invitamos a la candidata a no sumarse al coro de voces que legitiman la desestabilización y la injerencia extranjera contra procesos de cambio en América Latina y el mundo. No se puede alcanzar la presidencia de un país a costa de la sangre de pueblos hermanos.