Trastabillando, el Gobierno extiende su agonía

por Raúl Román

Cual ebrio que terminará por caerse, Piñera extiende su agonía, tratando de asirse de espejismos políticos, que por su propia desesperación levanta como fugaces experiencias que sólo aceleran su derrotero, quedando ante si, el vacío.

Ya nadie cree que Piñera pueda dar vuelta la situación política que le es hostil en todos los niveles, social, gremial y política institucional. Por lo cual plantear que ante una generalizada movilización nacional y sostenida, el gobierno tendría que ser reemplazado ya no es novedad. Esto es un convencimiento generalizado entre la población, políticos e intelectuales y la burguesía lo sabe, por lo que describir dicha situación no es ni muy difícil ni menos una tarea que nos molestemos en hacer. Lo importante es saber como la correlación de fuerzas comienza a generar un vacío en la base que sostiene el régimen que tambalea, tanto o más que a Piñera

La burguesía ante la crisis y el retiro del 10%.

La burguesía, como hemos dicho en análisis anteriores, está dividida y por lo tanto debilitada, en comparación a 5 o 10 años. No sólo en dos segmentos pro imperialistas que se juegan una opción; norteamericanos o chinos, sino que entre segmentos más pequeños que ven como son desplazados por la gran burguesía. Ejemplo de esto, es la mirada desde lo alto que tienen los grandes capitales del conflicto mapuche. Esto como botón de muestra que volveremos a tocar más adelante.

Aquí deslizaré una teoría de ninguna manera descabellada, pero que tiene visos de realidad. Este enfrentamiento entre sectores burgueses pro norteamericanos y pro chinos, no sólo es por saber con quién se hacen los negocios o a donde irá a parar las materias primas, significa también que se enfrentan dos modelos de explotación imperialistas. El norteamericano, el clásico, se ha venido desarrollando en base a la estimulación de la empresa privada y el copamiento de esta por medio del aval del estado imperado. Los últimos 30 años se fue introduciendo como socio minoritario de la empresa, luego socio mayoritario hasta imponer su marca y controlar las empresas. Transformando a la burguesía nacional en administradora y socias minoritaria.

Distinto es el modelo chinos, imperialista igual, pero al ser más agresivo, el control es más global y desde arriba. Es decir, los grandes negocios son realizados con el gobierno del país a imperar. Por lo que, no es extraño que se prefiera introducir en países donde el estado sea fuerte y maneje capital (liquidez, oro o una recurso nacional como petróleo, cobre o litio). Ejemplo de ello, es Venezuela o Bolivia. Esto no significa que la otra forma no sea utilizada, lo hace también en menor medida pero con un fuerte apoyo estatal, ejemplo la empresa Didi.

Con esto podemos divagar con las formaciones históricas, por lo que podemos comparar el capitalismo occidental, donde el EE.UU. logró su mayor desarrollo, con el capitalismo oriental donde utilizó toda su idiosincrasia que dominaba desde los tiempos del “modo de producción asiático”, para pasar y superar la forma de expansión del capitalismo occidental. Mientras occidente se extendía por medio de la empresas individuales, China lo planifica como amalgamando la forma económica del capitalismo clásico con la planificación de un imperio oriental. Esto significa que el bonapartismo como régimen político clasista de dominación y expansión, lo elevó a un nivel superior.

Todo esto es para poder explicar un hecho político fundamental que sucedió este último mes. Y comenzaremos respondiendo esta pregunta. ¿Por qué la burguesía permitió que le restarán capital a sus negocios de las AFPs?. La respuesta unidireccional de la vanguardia y los “urgenciólogos” de la política, dirían porque la presión de las masas lo impusieron. Esto responde parte de la pregunta, porque la otra lo hace la división y con ella la debilidad de la burguesía. Y esto nos lleva a otra pregunta de suma importancia ¿Por qué al verse atacada la burguesía no alineó sus fuerzas e impuso sus intereses? Aquí no sirve repetir la respuestas anteriores. Porque si las diferencias fueran internas o de índole nacional, recurren a todo su potencial publicitario, político y militar y esto se hubiese acabado. Ejemplos hay muchos.

Pero, ¿por qué no lo hicieron? Porque las masas se hubieses volcado a las calles, responderían, otra vez, los vanguardistas. Pero al ver las masas, un adversario dividido, osaban amenazar y provocar. Por lo que, la respuesta sigue siendo fundamentalmente porque la burguesía está dividida. Esto hace que las masas desorganizadas, atomizadas en miles de grupos y grupúsculos, se sientan fuertes. Pero entonces, todavía sigue sin responderse la pregunta ¿cuál fue una de las causas basales de porque la burguesía tuvo que aceptar dicha medida?. Para nosotros, es porque la división de la gran burguesía, responde a una división estratégica, un poco quizás en pañales, de un sector de la burguesía dominante.

Supongamos que la alianza del sector de la burguesía pro China logra imponerse, este sector tendrá que tener capital para proyectar sus negocios en ese gigante asiático, para lo cual no le servirá el capital de un banco, sino que se le abren dos posibilidades;

a.- La empresa solicita un préstamo a China para ampliar sus negocios. Para lo cual, este país necesita el aval del estado chileno, que poco y nada de fondos tiene, sobre todo ahora, pero con un ahorro previsional de 180 mil millones de dólares aproximados, puede avalar a quién sea. Esto no hace ver mal que los ahorros previsionales los maneje el estado.

b.- Los préstamos de capital para una posible expansión en el mercado chino de las empresas chilenas, no sería facilitado por los norteamericanos que manejan gran parte de este negocio de las AFPs directa o indirectamente. Por lo que la expansión de la gran burguesía nacional se vería entrampado. Sobre todo en una primera etapa donde los norteamericanos seguirían en una lucha comercial profunda con el imperialismo chino.

Esta situación, es la que podría explicar el porque la gran burguesía no se aunó y respondió, como siempre responde, cooptando políticos o utilizando las FF.AA.

La profunda crisis que tiene la burguesía de “identidad pro imperialista”, hace que la proyección en el juego político se vea distorsionado, confuso y ambiguo, donde los políticos otrora ordenaditos y obedientes, se vean independientes y desordenados ante la presión social.

Los procesos económico y políticos que están desarrollándose.

El contexto mayor es un agotamiento del modelo de explotación neoliberal que el capitalismo instalo hacía la década de los ‘80. Es este proceso junto con la crisis que tiene el régimen político con la descomposición de las instituciones que marcan la debilidad que tiene la burguesía para mantener el poder absoluto. La burguesía ha perdido la iniciativa por tratar de imponer una solución al otro sector burgués y entrar en pugna.

Alguien podría señalar que estos procesos parecieran que hubiesen coincido. Y tendría toda la razón. Toda crisis social tiene un componente de casualidad histórica, donde cada uno de los procesos en su dinámica, ritmo y velocidad particular, tienden a converger en algún momento. Y se agravan por el exceso de confianza de la clase dominante ante una clase dominada débil y desorganizada, por lo cual trata de resolver sus problemas internos sometiendo al sector adversario.

Ya hemos señalado que la crisis económica mundial venía desarrollándose desde 2008 y que no había logrado alcanzar los niveles de antes de la crisis y que Chile había sorteado estos efectos por ir a a siga del acelerado crecimiento chino. Crecimiento que había comenzado a ralentizarse desde 2018 dando muestras de un baja sostenida en los requerimientos del metal rojo.

Esta merma en los ingresos del estado chileno, impulsó a un sector de la burguesía a exigirle a Bachelet que evitara la reforma tributaria o un incremento de gasto social para que el capital estatal estuviera a disposición de sus empresas. Al negarse este sector a detener esta acción, que veía imperiosa para evitar un estallido, el sector burgués opositor bajó la inversión provocando una caída en la actividad productiva. Situación que determinó que el discurso piñerista, de activar la economía, diera origen a su olvidado lema “Tiempos mejores”.

Efectos de la política de Piñera.

Piñera al llegar al gobierno implementó, lo que había intentado en su primer periodo, contraer el gasto público para crear un colchón de capital que utilizara la burguesía para obtener financiamiento exterior o recurrir a él cuando lo necesitara. En el primer periodo no pasó de intentarlo en educación donde se enfrentó al movimiento estudiantil, no pasando a mayores sólo por el contexto de post terremoto en que se vivía, ya que este lo obligó a incrementar el gasto social en la reconstrucción. No fue así en los político donde tuvo que variar 180° cuando cambio un gabinete de gerentes a uno de políticos, que le insuflaron el aire necesario para concluir su gobierno.

Pero, está vez no tenía el contexto de la reconstrucción ni menos el optimismo internacional de una economía en recuperación. Esta vez, tenía el visible agotamiento del neoliberalismo en el mundo; la guerra comercial EEUU-China; la desaceleración de la economía china; etc. Y en lo interno, un proceso de agotamiento neoliberal que sobrevive en base por un sobre endeudamiento creciente de la población, que comenzó a sufrir un incremento en la cesantía y una moratoria de pagos. Con una baja sostenida de ingresos nacionales por el cobre daban un contexto muy desalentador. Por lo cual,Piñera recurrió a la receta consabida de todo gobierno burgués, extraer capital necesario de la clase trabajadora, bajando la inversión, con el eufemismo de optimizar gastos y aumentando los costos de los servicios, en especial los administrados por el estado, entre otros el transantiago y el metro.

Si a esto le añadimos, un fuerte componente de confrontación política por la descomposición de las instituciones, en base a la corrupción, tenemos un ambiente explosivo. Otra vez, visto por un sector burgués y pequeño burgués, pero negado por el sector que estaba en el poder.

Este sector se ensimismo con la tarea que le había dado la burguesía y que asume como suya, ya que es parte de esta, en seguir abriendo negocios en China, para lo cual lleva a una pléyade de representantes empresariales y políticos (Frei Ruiz-Tagle, entre otros). Mientras en el interior se esfuerza en seguir congelando los salarios de los trabajadores para bajar los costos de producción e incrementar lo competitivo del producto nacional.

En este proceso estaba cuando se desata el estallido social. La situación económica y social: el endeudamiento creciente y la morosidad que la acompaña; el trabajo precario y los bajos sueldos; la cesantía; la segregación, la mala salud, las AFPs; los robos institucionales; abusos generalizados, etc., producen un cocktel explosivo.

Piñera agobiado recurre a la vieja treta de ir quemando los fusibles de su gobierno para evitar que lleguen a él. Chadwick paga los costos de la inoperancia del gobierno, pero fundamentalmente por la represión. Sustituido por una cara nueva la de Blumel, al poco tiempo manifiesta los mismos vicios. La UDI y RN desplazan a Piñera, poniendo fin temporal al bonapartismo senil, que pretendió revivir en su gobierno, y presionados por la burguesía realizan el “pacto nacional”, que no era más que un acuerdo para darle gobernabilidad por lo que le queda de su periodo.

La oposición burguesa y pequeño burguesa, asustada también, cede a las presiones de la burguesía y acuerda mantener a Piñera en el gobierno, no muy convencida que fuera lo mejor, pero de lo que si se convencieron, era de que de esta manera podía salvar su propio pellejo ante la patrones (Lucksic, Said, etc).

Pero este ebrio, si retomamos la analogía del principio, volvía a pretender asumir la conducción del proceso haciendo un juego peligroso, constituirse en la bisagra entre RN y la UDI. Para lo cual, mantuvo a Blumel y Briones, es decir Evopoli como sus delfines. Lo que le sirvió para tener una cara más jovial, pero tan hipócrita como la anterior, ante las masas, no le sirvió para aunar tras de sí, a su sector. Durante el verano no logró este aprendiz de brujo amalgamar una “hoja de ruta” del sector. Los tironeos, las amenazas y las zancadillas, expresaban que la correlación de fuerzas al interior del gobierno, no estaban a favor de Evopolis sino que de RN y la UDI, pero Piñera no daba el brazo a torcer.

Tuvo que llegar marzo para entender que las amenazas de nuevas manifestaciones se concretarían, pero en un contexto donde las fuerzas de gobierno no se habían puesto de acuerdo. Cuando se estaba notando que la oposición durante el año iba in creciendo, 8 de marzo y las movilizaciones estudiantiles, llega un nuevo factor, la pandemia.

La Pandemia y la deriva piñerista

En este proceso estaba cuando la pandemia azota el país y el gobierno vuelve a mostrar toda su incapacidad política. Al cabo de 5 meses y más de 10 mil muertos, una cesantía real de más de 20% y que si se une al eufemismo del empleo por cuenta propia puede fácilmente alcanzar el 30%; una cuarentena que, no obstante, servir para que no se generalizara el contagio, como única medida efectiva para combatirla, se cae a pedazos, ya que todos los días aumentan el número de personas en las calles, etc., está configurando un complejo escenario, que sólo ha sido soliviantado por la espera del 10% de las afps. Podríamos señalar que esta liquidez le va a permitir a gran parte, no toda, de la población respirar por lo menos un mes, sin esperar las cajas del gobierno o las municipalidad como única fuente de alimento; deshacerse de los acreedores o pagar las cuentas atrasadas acumuladas.

Pero esta acción es bidireccional, tanto lleva relativa tranquilidad a la población como al gobierno, que no obstante estar en desacuerdo, ve cómo esta liquidez le insufla un aire necesario para ir ganado tiempo y acercarse al termino de su periodo, que para muchos sería un “verdadero milagro” si logra terminar.

Volviendo a la analogía con la cual comenzamos el documento, Piñera al ir enfrentándose a la cada uno de estos eventos, más que tranquilidad, acelera su caída. Ya que para lograr sortear este obstáculo debe tensionar toda la estructura, que termina más desgastada y debilitada. Ejemplo de ello, fue la crisis que terminó derribando a Chadwick, luego a Mañalich, después a Blumel, donde cada uno de sus reemplazos termina siendo más débil, cambiando su rol a meros voceros sin iniciativa y durando menos tiempo o dicho de otra forma su desgaste se presenta con mayor rapidez.

Todo indica que, no obstante los cambios cosméticos, el gobierno sigue en su acelerada descomposición. Enrique París, flamante ministro y meridianamente creíble, más en la comunidad médica que entre la población, a sufrido una caída abismante. De remplazo veraz, amable e integrador, desde el principio se hizo acompañar como expresión política de evitar pagar sólo los costos políticos de la estrategia sanitaria de Piñera y traspasarla a los demás. Ahora es la cara inefable del plan “paso a paso”, estrategia de choque ideada por Larroulet, Chadwick y Piñera, para evitar que esta eventual “tranquilidad” económica que dará la liquidez del 10% a una parte donde se concentra el consumo, se desvanezca sin poder obtener réditos económicos de ella. Es decir, que al estar en cuarentena los principales mercados nacionales (Santiago y el Gran Valparaíso) no pueda tomar un impulso reactivador de la economía.

Para lograr lo anterior, el gobierno y en especial el ministro París, está asumiendo un rol minimizador de la pandemia, torciendo la realidad en cuanto a números y comparaciones que indican que cualquier vuelta a las actividades de normalidad se nos precipita un retroceso. Las otra autoridades relativizan las cuarentenas, siendo condescendiente con la masa de personas que salen todos los días a la calle. La escasez de fuerzas policiales durante la mañana demuestran una manga ancha para que las personas puedan moverse y disminuyan la presión social para que el gobierno active y organice la ayuda .

Pero esta estrategia velada que desarrolla el gobierno más parece una resignación que una planificación. Como dijimos más arriba, las cuarentenas terminarán no por decreto gubernativo, sino por desesperación de las personas ante la incapacidad del gobierno de seguir proveyendo de ayuda. Lo que provocará una nueva crisis casi con seguridad.

Este rompimiento popular de las cuarentenas no se puede entender como irresponsabilidad general de las personas, sino que una respuesta normal ante las desesperación de gran parte de los trabajadores y pobladores de no tener que como sustentar los gastos. No es lo mismo tener una caja de alimentos, que efectivo para poder comprar alimentos y pagar las cuentas. En estos momentos las personas que reciben cajas de alimentos ven acumular sus cuentas de servicios básicos. Lo que está llevando a niveles de desesperación y tensión intrafamiliar.

La situación política y la crisis mapuche.

Tensión intrafamiliar que ante cualquier hecho tiende a subir de niveles de presión social y desbordarse en las calles, cuando se asimila como sujeto tensor a la incapacidad del estado de defender, atender y solucionar los problemas sociales.

Es en este contexto que engloba al país, que vuelve a visibilizar con fuerza el conflicto mapuche. Si bien es cierto que debemos tomar en cuenta la coyuntura, esta crisis responde a varios factores:

1.- Históricos.

Nadie puede negar que el pueblo mapuche es una nación violentada y saqueada tanto en su territorio como en su identidad. Que ha sufrido y seguirá sufriendo con la expansión capitalista ávida de materias primas y territorios que explotar. Por lo que su problema es el sistema capitalista que ha sido el usurpador de sus tierras y los ha condenado en su mayoría a la pobreza. Esto mediatizado por el Estado nacional capitalista de Chile, que ha sido el brazo ejecutor de las grandes terratenientes y la burguesía financiera exportadora que por intermedio de las forestales, quién a instalado una estructura represiva para sostener la explotación, tanto del territorio como de los trabajadores.

Por lo que es la gran burguesía quienes les han robado sus bienes, tanto o más que a los trabajadores de este país. Por lo cual, anteponer a los mapuches contra los chilenos, teniendo estos últimos el 85% de sangre mestiza, es tan absurdo como anteponer el primer apellido “González” contra el segundo “Necuñir”, o viceversa, en una persona. Son un pueblo explotado como trabajador por acción u omisión al perder sus tierras, por lo que la lucha de clases es tan activa como un trabajador en cualquier parte del país.

Mientras los trabajadores se atrincheraron en sus organizaciones gremiales y sindicales, los trabajadores y campesinos explotados de origen mapuche, se tendieron a fortalecer en sus comunidades desde los primeros tiempos del saqueo. En constante lucha contra la invasión no sólo económica sino cultural, encuentran en sus comunidades su apego a la tierra y sus tradiciones, la forma de resistencia. Pero esta no fue la única forma de “convivir” con la ocupación, otros emigraron a las ciudades asimilándose a otra cultura e identidad sintiendo la discriminación étnica y los menos se convirtieron en el puente que el estado pretendió construir, cooptando comunidades con una actividad empresarial de producción y secado de madera.

Son estas diversas realidades, que se expresan en distintas organizaciones, cada una reivindicando la tradición en su forma particular, pero cada una exigiendo reconocimiento y autonomía. Unas sobrevivientes de las lógicas anteriores donde el estado pretendió cooptación sectoriales en base a entregas de tierras focalizadas en algunos sectores, siempre tangencialmente a los intereses de las grandes forestales evitando perjudicar los intereses de los grandes capitales.

Por lo tanto, deben ser desalojados los capitalistas de la explotación indiscriminada de sus territorios, restituyendo sus tierras a las comunidades, para que las distribuyan entre los trabajadores, bajo el principio de la autodeterminación de los pueblos.

Pero estaremos con quienes distribuyan las tierras entre los trabajadores mapuches, no con quienes pretendan seguir manteniendo la explotación capitalista del hombre por el hombre. Porque ninguna reivindicación nacional puede opacar la dignidad ni menos el derecho de los trabajadores al control de los medios de producción, en beneficio de un “jefe” reivindicado por tal o cual tradición ancestral.

Justicia social y la lucha contra la explotación del ser humano, por tanto, por el socialismo no permite aceptar reivindicaciones nacionales que encapsulen la explotación de los trabajadores. Ya que los trabajadores socialistas revolucionarios no reconocemos fronteras ni nacionalidades, ni políticas ni culturales, en la búsqueda de la emancipación de la humanidad.

En este contexto y bajo los principios anteriores, creemos que se debe analizar la coyuntura;

El conflicto mapuche a retomado notoriedad debido a varios aspectos de la coyuntura: 1.- Pugna entre la burguesía local y nacional.

Este conflicto de marrás no ha permitido que las estrategias políticas lleguen a buen puerto. Mientras la burguesía local comprende que está viviendo en un polvorín y debe tender a desactivarlo, la estrategia de la gran burguesía es expandir de forma constante las áreas de explotación forestal y eléctricas, entre otras, empujando a los mapuches a zonas cada vez más inhóspitas. La burguesía local sabe o pretende saber que la solución viene de un otorgamiento de tierras a las comunidades, para lo cual debe tener un financiamiento, lo que el gobierno se niega a implementar. Esto, porque sabe que si entra en esa dinámica tarde o temprano se topará con las forestales y el gran capital. Es por ello, que tanto los gobiernos concertacionistas y de Piñera no quisieron llevarla a cabo. Agravándose la situación debido que los sectores burgueses no son monolíticos. Ya que los agricultores que se encuentran en sectores de reivindicación mapuche, buscan el apoyo político-militar del estado. Mientras los otros más alejados de dicha zona buscan acuerdos a costa del otros sector.

2.- Debilidad del gobierno.

Cabe preguntarse ¿qué tanto ha ayudado, que la debilidad del gobierno permitiera que el movimiento mapuche se viera tan fuerte?. Y la respuesta es mucho. La debilidad del gobierno ha permitido que las comunidades adopten distintas estrategias político-“militares” para visibilizar sus requerimientos. Ayudado esto por la masificación de las reivindicaciones mapuches producto del estallido social y la concepción integradora que tenía el movimiento, aunando todas las luchas de los explotados.

3.- Visión cortoplacista del gobierno al utilizar el conflicto mapuche como distractor.

No es la primera vez, y al parecer no será la última, que un gobierno burgués con su afán centralista pretenda desviar el eje político de la coyuntura. Desde octubre la manifestación social se concentra en las zonas pobladas más importantes Santiago, Valparaíso, Concepción,etc., lo cual hace que el gobierno conviva con el enemigo. Lo hemos señalado anteriormente, ante cualquier iniciativa del gobierno, las masas hacían sentir su oposición. Su latencia viene haciendo caer cada una de las iniciativas del gobierno de Piñera provocando un socavamiento profundo de las bases de sustentación del régimen.

En este contexto no es temerario pensar que uno de estos dirigentes políticos, tras el cambio de gabinete, creyera que focalizar el problema en el sur, lo alejaba del centro. En este aspecto suena coherente el asalto de civiles a las municipalidad de Victoria y Curacautín, con el beneplácito de las fuerzas policiales y en hora de toque de queda. Constituyendo un grupo jerarquizado y violento, que actúa con el beneplácito de la autoridad política y militar, ya que estaban bajo toque de queda.

Estos grupos que se enfrentan a los mapuches, con métodos orgánicos y políticos de tinte fascistas, que recurren a un lenguaje racistas, como si ellos no tuvieran sangre indígena en u país prominentemente mestizo, deja claro que el gobierno a optado en estimular a grupos burgueses y pequeños burgueses de agricultores y a lúmpenaje desclazado para poder ir constituyendo grupo de autodefensa que los pueda activar cuando los necesite y les sirva para imponer una línea política.

Por tanto, para alcanzar las reivindicaciones más sentida del pueblo mapuche, especialmente la autonomía, el estado plurinacional y la devolución de territorios, es parte integrante del conflicto social de la clase trabajadora contra la explotación capitalista neoliberal, y no tendrá solución si se separa de él.

Cambio de gabinete.

Piñera optó, el 28 de julio, por la vieja táctica que se hace con los díscolos, integrarlos al gobierno, donde pongan la cara para defender la política que critican. De esta forma Piñera cargó el gobierno con las diferencias de la UDI y RN. Descabezando el ala independiente de RN al cooptar a Desborde y dejar a un personaje de segundo orden encabezando tras una pugna interna. Y la UDI, tras unos días ufana por ubicar a Pérez como Ministro del Interior, tendió a realizar una nueva lectura. Debido al equilibrio de fuerzas al interior del gobierno la UDI tendrá que ser el soporte principal de “quizás” la última parte del periodo de gobierno. Lo que mimetizará a la UDI con Piñera con la política que este tenga, es decir sus errores. Más los que haga Pérez por su parte.

Pero este afán de mostrar un bloque monolítico, donde pretenda otra vez imponerse como un bonaparte senil, lo tendrá que pagar caro. Si antes era la juventud e inexperiencia de Blumel, hoy será la maniobras de políticos duchos para poder fortalecer sus posiciones al interior del comité político. Este compuesto por Pérez (UDI), Bellolio (UDI), Briones (Evopolis), Allamand (RN) y Desbordes (RN), será un aplastamiento contra las posiciones de RN. Briones, sin mayor peso político que no sea como apoyo y delfín de Piñera. Mientras Pérez, Bellolio y Chadwick será una coordinación y un puente entre la UDI y Piñera. Si a este le sumamos Larroulet, sin duda cabe preguntarse el por qué Allamand y Desbordes ingresan a este panteón?. Allamand durante los últimos 10 meses dio por terminadas sus pretensiones presidenciales, desde el momento que zigzagueó entre una posición de negociador hasta cristalizarse en la posición reaccionaria, entendió que no podía pretender erguirse como presidenciable a menos que se abstraiga del contexto coyuntural y este por sobre los problemas internos. El mejor refugio era el ministerio de RREE. Para ello, tuvo que convertirse en la piedra en el zapato de Piñera para lograrlo. Por su parte, Desbordes entendió que el fraccionalismo de RN, tarde o temprano le iba a pasar la cuenta, por lo que tras pretender convertirse en el portavoz de la derecha consciente del problema político, entendió que la mejor manera de ser imprescindible para su partido era retirarse al gobierno. Desde esta posición seguía manteniendo el apoyo de su sector y el otro lo veía con buenos ojos por compartir el destino del gobierno, esto le permitiría granjearse las simpatías posteriores.

Todo esto mientras la oposición dubitativa, se debate entre el populismo (de subirse al carro del pueblo porque de forma oportunista) y votar las ley que permite que las afps aumenten el capital que pueden invertir en las empresas nacionales. Al mismo tiempo, relativiza el impuesto del 1% a los superricos. Confundida y dubitativa en su quehacer, expresa con plena visión los temores de la burguesía ante un segundo estallido. Tiene tanto temor como el gobierno, porque sabe que si en un eventual caída de Piñera o renuncia anticipada, las masas focalizaran sus garras en la ex concertación o nueva mayoría.

Es por ello, que su principal preocupación es que la crisis se canalice por vías institucionales como las elecciones, pero por sobre todo el plebiscito, como forma de ir bajando la presión social de las masas desmovilizándolas. Es decir, instalando otra vez la reacción democrática por sobre la revolución democrática en el contexto de un régimen democrático burgués.

¿La izquierda revolucionaria con la clase trabajadora o la vanguardia?.

La cuarentena ha permitido que la izquierda revolucionaria se acerque a las masas de trabajadores cesantes y al trabajo comunitario. Acostumbrada a combatir a las fuerzas represivas en las calles, tras las multitudinarias marchas, haciendo análisis apresurados y consignas al voleo, en estas condiciones han tenido que retener sus fuerzas y teorizar las diversas alternativas a los procesos que están abiertos.

Mientras unos siguen trabajando en base al impresionismo y generando planes grandilocuentes otros abandonan las perspectivas de las masas en las calles y se centran en el plebiscito. Ambos pretenden acercar sus análisis a los procesos abiertos pero de forma tangencial, para lograr objetivos propios, no de la clase. Auto justificándose de que sus objetivos son los de la clase, manteniendo de forma declamatoria las consignas como ¡Fuera Piñera!, pero centrándose en otro objetivo. Abandonando la educación de las masas por la utilización de ellas por medio de un voto.

Profitan de un discurso revolucionario, pero su accionar tiende a sostener el régimen democrático burgués. Este accionar político siempre se ha conocido con la caracterización de centristas. Pero, ¿qué errores se comenten con esta política?.

Esto compañeros hacen un análisis superficial, por sobre la realidad de las masas, porque son propicios al impresionismo social, propio de un sector social que siendo ajenos o tendiendo a separarse de sus orígenes por mientras se educa, luego pretende con un falso criterio de autoridad intelectual imponer el camino a quién vive a diario ganándose la vida en un empleo inestable y precario. Olvidando que la clase trabajadora permanece aletargada por mucho tiempo, pero cuando despierta no pretende esperar años por lo que se moviliza, sino que exige soluciones rápidas y efectivas porque su condición es desesperada. Estos antecedente son olvidados y/o relativizados por el sector centrista. Este cree que las masas con todas las deficiencias de conciencia social, organización y línea política, tienen la posibilidad de esperar los grandes cambios, como si fueran cosméticos para ella y no de la profundidad real, que consiste en empleo, vivienda, jubilaciones, deudas y posibles remates, calidad de vida, etc.

Esta actitud los hace propensos a la excitación o la depresión política según la coyuntura, cuyo eje culpable es la lucha o la apatía de la clase trabajadora, nunca la estrategia política aplicada. Por lo que siempre tienden a ubicarse en un seguidismo constante de la vanguardia, no importando si es ecologista, mapuche, animalista o política, no obstante lo justas que sean.

Expresando con ello, no las ansias de lucha, educación y construcción política de la clase, sino de un instrumento de legitimación partidaria que pretende sustituir la conciencia de la clase trabajadora, convirtiéndose en su dirección. ¡Vieja y arrogante pretensión!. Este accionar es típico de una pequeña burguesía intelectual que el último siglo a transferido a la “pequeña burguesía ideológica” surgida de la clases trabajadora que pudo acceder a profesiones liberales o estudios universitarios.

No compañeros, la clase trabajadora no tiene tiempo para esperar el resultado de un plebiscito o de una elección. Esto no debe ser el eje de una política revolucionaria. Sólo tiene que ser una plataforma más para la propaganda revolucionaria, nunca el centro, ni menos el objetivo de una organización que pretende ser revolucionaria.

Se avanza en la conciencia de clase y las exigencias político sociales y económicas muchos más con la caída de Piñera, que con la victoria en el plebiscito o levantando candidatos en un contexto de una elección burguesa. Es decir, se está ¿o por la revolución democrática o la reacción democrática?

La caída de Piñera y la crisis del régimen, dejará a la defensiva a la burguesía y con la iniciativa a la clase trabajadora, a la cual la izquierda revolucionaria tiene que ser capaz de convencerla de que debe rebasar los límites de la revolución democrática, dándole un cariz socialista a sus pretensiones. Esa tarea se realiza con iniciativa, organización y educación, no con seguidismo a vanguardias que en tiempos de crisis, surgen como hongos en el bosque.

En cambio, con la victoria en el plebiscito sólo se canalizarán las pretensiones populares al interior del régimen democrático burgués, concluyendo la movilización social y derivándolas en marchas sectoriales de diversos candidatos, que por muy de izquierda que sean, estarán actuando en los límites de la reacción democrática, es decir, en el régimen político que es la continuación de la dictadura de la burguesía.

Sin duda, compañeros la tarea de ¡Fuera Piñera! es esencial para la clase trabajadora. Debemos promoverla y expresarla con claridad, porque sería una acción profunda desestabilizadora en contra del capitalismo y una derrota definitiva del neoliberalismo. Es más, con la profundización de la crisis que se generaría con la caída de Piñera, el plebiscito estaría demás porque las masas impondrían por “decreto” la Asamblea Constituyente.

¡Por un ingreso mínimo nacional de $500000 por mientras que dure la crisis socio-económica! ¡Por un impuesto del 10% a los superricos!
¡Por un aumento de impuesto a las empresas!
¡Por la nacionalización de los recursos naturales (agua, mar, cobre, litio y hierro)!

¡Fuera Piñera!

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