«Nos habíamos amado tanto»: La nostálgica mirada crítica de Ettore Scola

por Gabriel Anich Sfeir

Un automóvil destartalado se detiene a frente a una villa de un barrio acomodado a las afueras de Roma. La escena inicial de este filme se repite tres veces seguidas. Esto significa que la historia que veremos a continuación será contada a través de flashbacks desde tres puntos de vista distintos. Así comienza Nos habíamos amado tanto (C’eravamo tanto amati), película estrenada en diciembre de 1974 y considerada la obra maestra de su director, Ettore Scola (1931-2016).

Scola nació en la localidad campana de Trevico, pero se trasladó a temprana edad con su familia a Roma, ciudad en la que realizará la mayor parte de su filmografía. Mientras estudiaba Derecho en La Sapienza, comenzó a dibujar historietas en las páginas de la revista de humor Marc’Aurelio, en la que aportaron futuras personalidades del cine italiano como Federico Fellini, Cesare Zavattini, Mario Bava, entre otros. En la década de 1950 comenzó su carrera como guionista, firmando junto a su amigo Ruggero Maccari los libretos de comedias de directores como Antonio Pietrangeli (Adua y sus amigas/Adua e le compagne, 1960; Fantasmas de Roma/Fantasmi a Roma, 1961) y Dino Risi (La escapada/Il sorpasso, 1962; Los monstruos/I mostri, 1963).

Su primer filme como director fue Hablemos de mujeres (Se permette parliamo di donne, 1964), consolidándose en los años venideros como uno de los portaestandartes de la commedia all’italiana, cuyo humor grotesco iba de la mano de una fuerte crítica a la realidad del país. Por citar algunos de sus títulos más importantes tenemos, por año de estreno, Celos estilo italiano (Dramma della gelosia – Tutti i particolari a cronaca, 1970); Feos, sucios y malos (Brutti, sporchi e cattivi, 1976); Un día muy particular (Una giornata particolare, 1977); La terraza (La terrazza, 1980); La noche de Varennes (Il mondo nuovo/La nuit de Varennes, 1982); y La familia (La famiglia, 1987).

Con Nos habíamos amado tanto, comedia con fuertes tintes dramáticos, Scola obtuvo la consagración internacional como cineasta, con un gran éxito de crítica y público tanto en Italia como en el extranjero. El guion corrió por parte del propio Scola junto a la dupla de guionistas conformada por Agenore Incrocci y Furio Scarpelli (Age & Scarpelli), ambos creadores de la commedia all’italiana al escribir Los desconocidos de siempre (I soliti ignoti, 1958) de Mario Monicelli, amén de una cantidad ingente de películas entre las décadas de 1950 y 1980. La banda sonora del filme es obra de Armando Trovaioli, colaborador habitual de Scola.

El argumento de C’eravamo… se extiende desde 1945 a 1974 y sigue las vidas de tres amigos: Gianni (Vittorio Gassman), abogado; Antonio (Nino Manfredi), camillero en un hospital público de Roma; y Nicola (Stefano Satta Flores), maestro de escuela en el sur del país. Se conocen durante la guerra como miembros de la Resistencia al fascismo y cada uno de ellos sigue distintos caminos con el paso del tiempo, que enmarca los cambios políticos, sociales, económicos y culturales que atraviesa Italia a lo largo de casi tres décadas. Gianni y Antonio compiten, además, por el amor de Luciana (Stefania Sandrelli), aspirante a actriz proveniente de Udine en los primeros años de la posguerra romana.

Los tres personajes principales son jóvenes idealistas deseosos de refundar Italia y construir una sociedad más justa. Pero como siempre, las esperanzas chocan contra la realidad. Gianni comienza a trabajar para Don Romolo (Aldo Fabrizi), un inescrupuloso empresario constructor ligado a la Democracia Cristiana, de modo que el abogado idealista adopta una vida conformista de trepador social. Sin embargo, no podrá encontrar la felicidad entre la ostentación de la nueva clase dirigente italiana. Como dice Romolo: “el hombre más sólo del mundo es el hombre rico”.

Pero los demás luchan por defender sus ideas, no sin sacrificios. Antonio se mantiene trabajando como camillero sin poder ascender, dadas sus simpatías comunistas. Nicola deja a su mujer e hijos en Nocera Inferiore luego de perder su trabajo por motivos “políticos” para irse a ganar la vida a Roma como intelectual y redactor de cine en una revista cultural. Luciana fracasa en su carrera de actriz mientras es cortejada por los tres amigos. Cuando ninguno de ellos logra ganar su amor, se separan para no verse más por lo menos dentro de los siguientes 20 años. Un reencuentro accidental entre este triangulo (o cuadrado, considerando a la mujer) tendrá más de amargo que de dulce.

En el intertanto, un país cambia radicalmente de faz. Italia sale en ruinas de la guerra para entrar al bloque occidental de la Guerra Fría. Cae la Monarquía y es proclamada la República. Comienza una etapa de prosperidad económica, el boom o milagro italiano, con el decidido apoyo de EE.UU. a través del Plan Marshall. La Democracia Cristiana gobernará de manera hegemónica por más de 40 años, teniendo por principales opositores a comunistas y socialistas, si bien la izquierda girará hacia el centro en las décadas venideras. Se instalan modas americanas, la industria del lujo y la televisión en los hogares. Una sociedad agraria y fuertemente católica migra en masa a las ciudades y se torna progresivamente secular. Muestra de ello es el referéndum celebrado en 1974 (mismo año de estreno de C’eravamo…) en que la mayoría del electorado apoyó mantener la vigencia de la ley que introdujo el divorcio vincular, adoptada cuatro años antes.

El paso del tiempo y su impacto en las personas ha sido un tema abordado no pocas veces en el cine italiano. El propio Scola retoma los anhelos y frustraciones generacionales en La terrazza (1980), así como la evolución de una familia romana en La famiglia (1987). Asimismo, Bernardo Bertolucci retrata las primeras décadas del siglo XX y los conflictos entre patrones y jornaleros en Novecento (1976); y Marco Tullio Giordana hace lo propio con la Italia de los 60 a los 2000 en La mejor juventud (La meglio gioventù, 2003).

Volviendo al filme en comento, Scola nos presenta las historias de C’eravamo… por medio de flashbacksy discursos de los personajes hacia la audiencia (breaking the fourth wall). Pero destaca la fotografía (a cargo de Claudio Cirillo), claramente inspirada de la Nouvelle Vague francesa: la primera mitad de la película, esto es, desde el fin de la guerra hasta la división de nuestros protagonistas a mediados de la década de 1950, es rodada en blanco y negro, para simbolizar el pasado ya perdido. Ya separados, la imagen cambia al color para pasar a la Italia contemporánea que cambió a los otrora mejores amigos. La eterna ciudad de Roma es el escenario de una amistad puesta a duras pruebas.

Pero de estas décadas de sueños sin cumplir, el cine italiano alcanza la cúspide y ello es homenajeado en C’eravamo… Antonio va a recoger a un paciente cerca de la Fontana di Trevi en 1960 justo cuando se está rodando la célebre escena de La Dolce Vita de Fellini, quien junto a Marcello Mastroianni aprovechan de hacer un cameo en el filme de su amigo Scola. Por otra parte, el personaje de Nicola es decididamente cinéfilo y, de hecho, es cesado en su cargo de profesor de secundaria al proyectar y defender frente a sus reaccionarios superiores Ladrón de bicicletas (Ladri di biciclette, 1948) de Vittorio De Sica.

Durante un paseo nocturno con Antonio y Luciana, Nicola describe con dramatismo en la escalinata de la Piazza di Spagna la inolvidable escena de la escalera de Odesa de El acorazado Potemkin (1925) de Eisenstein. Sus conocimientos sobre el séptimo arte le llevan al programa de concursos en televisión conducido por el italoamericano Mike Bongiorno. Justo antes del reencuentro entre amigos, Nicola asiste a un acto público en que el mismo De Sica relata una anécdota de su obra maestra neorrealista. El filme está dedicado al realizador, entre otras, de Milagro en Milán (Miracolo a Milano, 1951) y Umberto D. (1952), fallecido un mes antes del estreno de C’eravamo

El personaje de Luciana recuerda al de Adriana, fracasada y abusada actriz provinciana en Roma, en Yo la conocía bien (Io la conoscevo bene, 1965) de Pietrangeli y coescrita por Scola, también interpretada por Sandrelli. Son proyectadas además escenas de El eclipse (L’Eclisse, 1962) de Michelangelo Antonioni, parte de su trilogía de la incomunicación, para ilustrar los conflictos familiares que debe enfrentar el ahora acaudalado Gianni, sobre todo con su mujer Elide (Giovanna Ralli), hija de Don Romolo.

La tesis central de C’eravamo… son las expectativas de una generación frente al presente histórico que protagoniza y cómo son defraudadas por la irresistible fuerza del tiempo. En el momento del reencuentro del triangulo de amigos, un apesadumbrado Gianni sentencia: “El futuro pasa y ni nos dimos cuenta”, a lo que Nicola responde: “Vivir como se nos antoja cuesta poco, porque se paga con una cosa que no existe: la felicidad”.

Antonio acusa a ambos de ser “individualistas intelectuales frágiles”. El amor y la amistad son de por sí frágiles, siempre acechadas por las tentaciones de la riqueza material y las envidias de nuestros cercanos. Scola nos demuestra que el mundo cambia, pero cambia a las personas que lo quieren cambiar, debiendo éstas luchar por preservar ese preciado bien que asegura la plenitud de la vida misma: la felicidad.

Inevitablemente, el pasado sólo puede ser contemplado con nostalgia.

*‘C’eravamo tanto amati’ fue galardonada con el Premio César de la Academia del Cine Francés a Mejor Película Extranjera en 1977 y fue incluida en la lista ‘100 film italiani da salvare’ organizada por el Festival de Cine de Venecia en 2008. Está disponible en YouTube.

(Tomado de Cine y Literatura)

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