Revolución versus Reforma

por Rubén Tesare

La revolución es un hecho de violencia. Tiene urgencia por diferenciarse de su hermana apócrifa: la reforma. Deplora ese arte de la moderación que todo progreso paulatino postula como virtud. Renuncia a los entendimientos. La revolución se impone como acto de violencia, por la fuerza y con arbitrariedad. En “El Estado y la Revolución, escrito en Finlandia entre agosto- setiembre de 1917 Lenin cita a Engels : “indudablemente, no hay nada más autoritario que una revolución”.

Él mismo había sostenido en “Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática”, escrito en 1905 en Ginebra , que “ los grandes problemas en la vida de los pueblos se resuelven solamente por la fuerza”, que “las propias clases reaccionarias son generalmente las primeras en recurrir a la violencia, a la guerra civil” y que “la oposición al gobierno se efectúa derrocándolo violentamente”.

Es la lección de 1905: más vale desconfiar de los posibles acuerdos, porque sólo en el principio del desacuerdo irremediable se abre el camino de la revolución. La revolución es destructiva por necesidad. Pero no solamente por necesidad, sin esa pasión por el aniquilamiento, perdería su sustancia (otra vez el fantasma de esa hermana menor que se obstina en la voluntad tramposa de parecérsele. La reforma no destruye ni aniquila. Hay que destruir, entonces, hay que aniquilar, para que se note la diferencia)…La eliminación de toda resistencia , la exaltación destructiva hacen a la revolución. No obstante, con eso no basta. La revolución tiene que ofrecer también su programa de construcción de lo nuevo.

Lenin habla en la Tesis de abril de “ la construcción de lo nuevo” que es lo que necesariamente sigue al punto y aparte de la destrucción de lo antiguo. Así también puede decirse que la revolución es desorden, pero en ”Las tareas de la revolución” Lenin habla de “un orden verdaderamente revolucionario”.

Están entonces la violencia destructiva, sí , y el desorden , la fuerza , la apasionada arbitrariedad, pero luego, también, más serenamente, el orden revolucionario y la construcción de lo nuevo, y más allá incluso la disciplina del trabajo…”La revolución enseña , indudablemente con tal rapidez y tal profundidad, que parecen increíbles en los períodos pacíficos de desarrollo político”.

Los tiempos de la revolución son su verdadera sustancia: aquello de lo que está hecha. Sus contenidos los provee la teoría marxista, como concepción del mundo y no como falsa conciencia. Pero los contenidos son aquellos que la revolución comunica o aquellos que trasmite y en realidad son aquellos que la revolución ejecuta y lleva a cabo .

(Del cuaderno gloria azul y blanco escrito por Rubén Tesare, MUSEO DE LA REVOLUCIÓN. Martín Kohan pag.57/59)

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