Representación estudiantil y social: la otra crisis de la democracia chilena ante el proceso constituyente

por Fabio Moraga

Una nueva crisis de la organización estudiantil 

Pese a que la sociedad chilena pareciera enfrascada en tratar de salvarse de la dura crisis económica y de la pandemia, sobrevivir sin recursos y sin presencia del Estado, el sistema político y las instituciones de “representación” social cada día hacen más evidente la profunda crisis que se inició el 18 de octubre de 2019. Una de estas es la FECH, otrora representante no solo de los estudiantes de la principal universidad chilena, sino de los de todo el país. Junto con ella, la crisis de legitimidad y representación ha arrastrado a la CUT, la ANEF y a todo el sindicalismo legal, sin mencionar a los partidos del sistema, el Congreso, el Poder Judicial y el Gobierno. 

            Desde 2018 la federación de estudiantes venía de vincularse preferentemente con las demandas del movimiento feminista universitario. Ese año se habían paralizado varias universidades ante el reclamo de seguridad por el acoso sexual que habían experimentado muchas estudiantes de parte de profesores y la lenta reacción de la administración universitaria. Ante ello el movimiento no solo atacó el acoso, sino que “elevó las apuestas” y levantó una “agenda de género”, basada el feminismo y los derechos de las disidencias sexuales, como banderas de lucha[1]. La candente demanda de grupos de estudiantes ganó la dirección de la organización y puso sus principios como rectores de todo el movimiento estudiantil. El problema es que junto con este hecho inédito, un peligro mayor se cernió en la centenaria organización de representación estudiantil: la constante y creciente baja participación electoral de la masa estudiantil. ¿La lograría revertir una “agenda de género? 

El 29 y 30 de abril de 2019 tres mujeres, vinculadas a organizaciones de izquierda: Millaray Huaiquimilla, de las Juventudes Comunistas, y socialdemócratas: Nicole Martínez, de Revolución Democrática y Emilia Schneider, de Comunes, ocuparon “interinamente” la dirección estudiantil con el mandato de llamar a un congreso refundacional y elecciones en seis meses, pues no obtuvieron el quórum necesario de votos para que la elección fuese válida. Scheneider, la primera presidenta transgénero marcaba un giro histórico en la organización: “Creo que hoy justamente la expresión de que el momento se puede rearticular, de que las organizaciones pueden recobrar su sentido, es el feminismo. Por eso hoy queremos vincularnos con las asambleas de mujeres, con las asambleas de disidencias sexuales y los distintos grupos organizados, porque creemos que el movimiento estudiantil y las mayorías en las calles han puesto en el centro del debate la demanda por una educación pública y no sexista”[2]. ¿Pero son estas asambleas de mujeres el movimiento estudiantil? 

Los mismos estatutos que prescribían que la organización se debía “refundar”: “Más que nada pensamos en la tremenda responsabilidad de refundar la FECH, de volver a conectarla con sus estudiantes, con sus luchas, con sus problemáticas y darle sentido a la federación como una herramienta para la comunidad, porque solo así creemos que la FECH va a volver a tener relevancia y vamos a volver a darle legitimidad a este organismo”. En agosto de 2020, un año y cuatro meses después de lo mandatado por los estatutos, sólo votaron 4.562 estudiantes, un 14,33% del universo estudiantil. Claramente la estrategia de conectar a la FECH con el feminismo, no resultó. Ni siquiera las estudiantes votaron por las propuestas de la “FECH feminista”, en un país donde, desde el año 2007, la mayoría de la matrícula universitaria son mujeres: 53,7%[3].

            El propósito refundador no se cumplió y la FECH en estos momentos no existe, ni formalmente, ni en los hechos. ¿Cómo es posible que la Federación estudiantil más antigua del continente, la más poderosa, que orilló al dictador Ibáñez a renuncia y que obligó al Pinochet a sacar a un rector nombrado por el mismo, hoy no exista? 

La ciudadanía política estudiantil  

En 1998, cuando todas la universidades públicas chilenas vivían una crisis económica, la “Casa de Bello” era la única que no tenía a sus estudiantes parados, pero el presidente de la FECH, en su calidad de presidente de la CONFECH, debía acompañar las marchas y reuniones de los estudiantes de todo Chile. La Confederación de Federaciones de Estudiantes de Chile fue fundada por primera vez en 1946. Ese papel lo cumplía antes la organización estudiantil de la Universidad de Chile. La FECH del 98 venía de una refundación que se había hecho en 1996 cuando se la logró rescatar de la crisis en que dos años antes la habían hundido fundamentalmente las juventudes políticas de los partidos de la gobernante Concertación por la Democracia en pugna con organizaciones nuevas que planteaban que la FECH debía dejar de existir por su inutilidad. Hoy, muchos de estos y aquellos detentan puestos de poder en los mismos o nuevos partidos del sistema, en el Congreso Nacional o en las Universidades públicas[4].

En 1920, durante los “años dorados” del movimiento estudiantil, la Federación de Estudiantes de Chile –así se la conocía, no por la sigla actual- representaba a los estudiantes universitarios, de instituciones técnicas y a los estudiantes secundarios de liceos públicos. Los únicos que no estaban representados en la Federación, eran los estudiantes de la Universidad Católica que tenían sus propia organización paralela y que respondía a los fines confesionales y apolíticos dictados por el Vaticano para el mundo católico[5].

División de la FECH 1922

La idea que los estudiantes debían federarse tanto para defender sus derechos como para llevar a cabo sus ideales de “regeneración social”, en una época en que el Estado liberal no reconocía los derechos sociales (salud, educación, trabajo, etc.), tenía dos orígenes: uno anarquista (la izquierda radical del siglo XIX) y uno del liberalismo juvenil de la época (los jóvenes rebeldes de principios del siglo XIX). En octubre de 1906 ambas corrientes convergieron y los centros de estudiantes de las distintas facultades se reunieron en un mitin a los pies de la estatua de los hermanos Amunátegui (dos pronombres liberales del siglo XIX), a un costado de la Casa Central de la universidad y declararon fundada la organización. 

Olla del pobre, 1922

Tras esta organización estaban presentes varios principios políticos que hoy se pasan por alto o, liza y llanamente son vulnerados, por quienes han perdido el sentido original que estos tuvieron. Primero, había una democracia estudiantil que respetaba el principio democrático de derecho a voto universal. El principio, establecido durante la etapa jacobina de la Revolución Francesa, de derecho a voto de todos los ciudadanos, era aún más avanzado en la Federación estudiantil, porque no distinguía hombres de mujeres como la Constitución de 1792. También era más avanzado que la propia legislación chilena de la época que no reconocía el derecho a voto femenino. 

Aunque, debido a la legislación de la época, los estudiantes primero organizaron centros de alumnos bajo la formalidad legal “clubes” estudiantiles, a semejaza de los clubes liberales juveniles del siglo XIX (los miembros estaban inscritos en registros legales, se pasaba lista de asistencia y pagaban cuotas), pronto estos se vieron sobrepasados por la participación estudiantil, actitud que la formación de la Federación apenas contuvo. 

En tercer lugar, la idea de Federación por su origen ácrata, equilibraba dos poderes sociales y estudiantiles: el individual y el colectivo, la participación de cada estudiante en forma independiente en la toma de las decisiones del la organización y la participación del colectivo organizado en los centros de alumnos o estudiantes. 

Lo anterior significa dos importantes procesos políticos de los que en el continente, solo Chile fue su laboratorio: la “ciudadanización” de los estudiantes mediante procesos democráticos de elección de sus representantes bajo la lógica de: “un hombre = un voto”, esto es el derecho al voto universal y la construcción de organizaciones de representación que sobrepasan los meros intereses estudiantiles y se proyectan al resto de la sociedad. Durante el siglo XX ello se vio reflejado en que cada dirigente estudiantil ya sea de la directiva de la Federación o de un simple centro de estudiantes, había adquirido una experiencia de dirección social y gremial que después volcó en distintos espacios sociales[6].

Desde 1922 la dirección de la Federación fue ganada por sectores ácratas más ortodoxos que se confrontaron más fuertemente con el gobierno del liberal Arturo Alessandri y que trataron de impulsar una reforma universitaria al estilo del movimiento argentino. La incapacidad de adaptar el moviendo continental a las necesidades y realidades institucionales locales, hizo fracasar el movimiento. La organización entró en una espiral de crisis. Ya desde 1920, ante la disyuntiva de apoyar o no la candidatura de Alessandri, algunos centros de estudiantes se habían separado de la Federación. Ese 1922 el mismo fundador de la organización, José Ducci Kallens, ahora un maduro médico liberal, se prestó para dividir la organización. Le FECH anarquista se separó de la Federación alessandrista y ambas se disputaron codo a codo los centros de estudiantes que las conformaban. En 1923 el joven médico Juan Gandulfo escribió una fuerte crítica a la conducción del organismo y a la crisis ideológica que experimentaba tratándolos de “vulgares conservadores que, tratando de vivir el presente, se han vuelto a hurgar estérilmente en el pasado”. Había en la ácida crítica mucho más sobre todo respecto a las discusiones que se empezaron a producir en el seno del Directorio: “Un fumista refería, parodiando al deformado de marras, que un estudiante de medicina opinaba que los huesos del cráneo le deformaban el cerebro imprimiéndole circunvoluciones y que pensaba trepanarse la cabeza y sacarse los parietales, el frontal y el occipital para que la masa encefálica se le desarrollara ampliamente. Y daba fuerza a su teoría argumentando que el había nacido con la mollera abierta y que la vida social y cierto empleo municipal se la había obturado y le habían petrificado el cráneo”[7].

– La Federación no estuvo para el proceso constituyente de 1925

Acto de promulgación de la Constitución de 1925

La profunda crisis implicó la paulatina disolución de la Federación como núcleo máximo de representación estudiantil en el que se elaboraban políticas juveniles y estudiantiles de alcance nacional e incluso internacional. En éstas se trabajaba más que por lograr el control de una organización social para la política de los partidos, por la implementación de políticas sociales que habían partido del asistencialismo pero que lograron cada vez más una verdadera difusión del conocimiento en la sociedad en un país donde las políticas del Estado no alcanzaban al conjunto de la sociedad. 

En 1925 la organización desapareció del mapa social y político chileno cuando más se la necesitaba: ad portas del debate para redactar una nueva constitución. El Estado desechó todas las propuestas constitucionales que venían de la sociedad: del gremio de profesores y de los sindicatos de obreros que habían realizado una “constituyente chica”, y que elaboraron propuestas constitucionales para que la clase política las tomara en cuenta en el momento de redactar la carta final. solo un puñado de ex dirigentes estudiantiles participó junto a los obreros, el grueso del movimiento se disolvió en medio de rencillas partidarias.  

Lo que vino después a nivel nacional, fue una seguidilla de golpes militares con tintes progresistas pero que desembocaron en la “dictadura de Ibáñez” (1927-1931), un gobierno electo “democráticamente”, pero que se enfiló hacia el fascismo con medidas represivas, cientos de deportados y exiliados y la imposición de la Constitución de 1925, aprobada sin legitimidad social, sin la anuencia de la ciudadanía y aprobada con un escaso margen de votación. 

Pero la organización estudiantil universitaria ha experimentado muchas palingenesias durante sus 115 años de historia. En 1930, en plena “dictadura de Ibáñez”, una nueva generación estudiantil trató infructuosamente de refundar la organización. Sólo lo logró al año siguiente, cuando los efectos de la crisis económica mundial de 1929 llegaron a Chile. Entonces miles de obreros del salitre inundaron las calles de las ciudades sin tener trabajo, techo o comida. Los empleados y las clases medias hicieron filas junto a los obreros hambreados y a los indigentes para recibir un plato de comida en las llamadas “ollas del pobre”, antecedente de las actuales ollas comunes, y que se hicieron normales durante la dictadura militar en la década de 1980.

En julio de 1931, ante la crisis generalizada, el dictador abandonó el país dejándolo sometido al caos social y político. Los estudiantes, que se habían tomado la Casa Central de la Universidad de Chile cinco días antes, salieron a la calle y reemplazaron a los Carabineros en la conducción del tránsito. Ningún miembro de la institución, creada por el “Paco Ibáñez”, se atrevió a enfrentarse a la furia popular que veía en ellos el símbolo del abuso y la represión. La organización, que había renacido al calor del movimiento democratizador y que ahora solo representaba a los estudiantes de la Universidad de Chile, en 1931 dejó fundado el mito: la posteridad reconocería que los estudiantes habían derrotado a Ibáñez. 

Hoy, como ayer: ausencia

Al igual que en 1922, la crisis actual fue profundizaba por la gestión de la primera presidenta transgénero de la FECH. Al igual que la Federación de 1923-1925, se encajonó a la organización en una orientación ideológica cerrada y que representaba a solo un sector del abanico político y social estudiantil. Lo anterior ocurrió no solo en 1922, también en 1994 y ha demostrado que cada vez que esto ocurre, la organización estudiantil desaparece, sus bases no se sienten representadas y abandonan su interés y se suman al apoliciticismo. Aunque esto era un proceso que llevaba ya varios años, la “FECH feminista” echó la “última paletada”. 

La FECH y el movimiento estudiantil, al contrario de la sociedad chilena, que se ha politizado profundamente desde el 18 de octubre de 2019 y lo seguirá haciendo a medida que se despliegue el proceso constituyente, ha marchado a la estrechez política y está experimentando la crisis subsecuente. 

Tocará a otros jóvenes y a otra generación estudiantil, ponerse en el papel que los estudiantes han cumplido en momentos insignes de la historia y refundar la centenaria organización. Pero hoy, tal como en 1925, la FECH no estará cuando más se la necesita: en el proceso político más importante desde fundada la nación en 1810: la Asamblea Constituyente. 


[1] Felipe Betancour, “Líderes de las tomas feministas: «Esta lucha será a nivel nacional en educación», Publimetro, 9 de mayo de 2018. https://www.publimetro.cl/cl/noticias/2018/05/09/lideres-las-tomas-feministas-esta-sera-la-lucha-nivel-nacional-educacion.html

[2] Christopher Jerez Pinto, “Emilia Schneider, primera presidenta trans de la FECh: “El feminismo y las disidencias sexuales cobrarán un rol central en mi gestión”, El Desconcierto, 2 de mayo de 2019. https://www.eldesconcierto.cl/2019/05/02/emilia-schneider-primera-presidenta-trans-de-la-fech-el-feminismo-y-las-disidencias-sexuales-cobraran-un-rol-central-en-mi-gestion/

[3] Paula Yévenes y Camila Mardones, “Solo ocho universidades tienen más mujeres que hombres como docentes”, La Tercera, 27 de mayo de 2018. https://www.latercera.com/nacional/noticia/solo-ocho-universidades-tienen-mas-mujeres-hombres-docentes/181458/

[4] Fabio Moraga valle, “Crisis y recomposición del movimiento estudiantil chileno, 1990-2001”, en: Renate Marsiske, Movimientos Estudiantiles en la Historia de América Latina, vol. III, CESU-UNAM. 2006. 

[5] Fabio Moraga Valle, Muchachos casi silvestres. La Federación de Estudiantes y el movimiento estudiantil chileno, 1906-1936, Santiago, Universidad de Chile, 2007. 

[6] Fabio Moraga Valle, “La Federación de estudiantes, semillero de líderes de la nación”, Anales de la Universidad de Chile, Santiago, dic. 2004,153-171

[7] Juan Gandulfo, “El momento estudiantil”, Claridad Nº 85, abril de 1923.

(el autor es Doctor en Historia

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