Nadie peleará por Ucrania

por Eduardo Luque

La retórica cambia. Se mezcla la amenaza para consumo interno y la desescalada. EEUU no irá mucho más lejos. Europa intenta mediar, tienen como base de partida la aplicación de los acuerdos de Minsk ll, en el formato de Normandia, esperando que EEUU se implique en esta negociación. Los garantes serán esta vez Francia y Alemania. Los dos grandes países europeos no quieren la guerra, ni pequeña ni grande. El último ejemplo lo dio Alemania cuando prometió a Ucrania una ayuda militar consistente en ¡¡¡5000 cascos!!! para las tropas.

A pesar de eso, los medios prosiguen su campaña. Se trata de demonizar al adversario. Putin ya no es líder de un gobierno sino de un régimen, como lo fue Saddam Hussein, Fidel, Chávez o Gadafi. Los medios insisten: Rusia es una dictadura, no una democracia modélica como la norteamericana, donde se asalta el Capitolio y sus presidentes mienten llevando al país de una guerra a otra. Rusia no es democrática como Reino Unido cuyo premier Tony Blair colaboró activamente en el genocidio iraquí o como el actual que ha hecho de la falsedad su carta de presentación.

Es una especie de dejà-vu de la época de Irak o de Libia. Los medios agitan de nuevo los fantasmas: supuestos ejércitos invasores acechan mientras la democracia norteamericana nos salva. Saben que la población occidental tiene una memoria corta. La denominada izquierda ya no ejerce de contrapeso intelectual como lo fue en la época del NO a la guerra; hoy se impone una visión tacticista de las relaciones internacionales. Se marcha al paso que indican los medios de comunicación puesto que el fin último es no disentir excesivamente por si eso tiene un coste electoral. Criticamos el envío de barcos de guerra en esta ocasión, pero olvidamos que el conflicto surgió hace mucho y se ha callado. Nos oponemos a la guerra pero permitimos que la OTAN se reúna en Madrid la próxima primavera. Las contradicciones se acumulan. El Imperio aprendió que el movimiento por la paz era un movimiento peligroso y, utilizando sus peones, acabó anulándolo; hoy, como gran parte de la izquierda, está sumido en contradicciones tan intensas como paralizantes.

Bruselas cometió un enorme error en 2014 cuando se produjo el golpe de Estado impulsado por EEUU. La victoria de las fuerzas de extrema derecha y grupos fascistas hizo estallar el país y propició, paralelamente, la resistencia popular al golpe en la capital y en provincias. La aparición de las repúblicas independientes tiene ahí su origen. Occidente pensó que Moscú era muy débil, que era la misma de cuando se produjo el desmembramiento de Yugoslavia. No advirtieron que eran otros tiempos. Ucrania vive desde entonces en una situación de guerra civil, con un alto el fuego precario que tiene como base los acuerdos de Minsk. Todo está paralizado hasta este momento.

Produce escalofríos escuchar tanto el presidente Biden como su Secretario de Estado Blinken. Mantienen una retórica belicista sin pruebas que sustenten sus palabras y, lo que es peor, sin objetivos definidos. Cada día suben un grado. Gritan porque de esta forma podrán presentarse como “duros”. Rusia obviamente no atacará Ucrania, no lo necesita. Biden querrá presentarse como vencedor diciendo que su actitud firme preservó al mundo de una nueva agresión de Putin. Es la única forma que tienen de ganar algo en este maremágnum que ellos mismos han creado. Tanto Lavrov como Putin lo han dicho por activa y por pasiva: Rusia no atacará Ucrania excepto en caso de una provocación directa.

Detrás, en la sombra, se ocultan las grandes compañías de armamento o gas que financian las campañas de los políticos norteamericanos. No es casual que el hijo de Biden, Hunter Biden, haya tenido importantes negocios gasísticos en el país que, tras la construcción del Nord Stream 2, puede llegar a perder. No es tampoco fruto del azar que Victoria Nuland subsecretaria de Estado con Blinken haya estado desde hace años influyendo en la política exterior de EEUU. Sus relaciones familiares y profesionales le permiten relacionarse estrechamente con grandes fundaciones financiadas por las empresas armamentísticas. En 2019 esta mujer era un elemento clave del Center for a New American Security, uno de los Thinks Tanks del pensamiento Neoconservador de EEUU, muy querido, por otra parte, por el ex presidente Obama. Este centro del pensamiento ultra-conservador está financiado, entre otras muchas, por empresas como la Northrop Grumman Aeroespace Systems, la Open Society Foundations de George Soros, la Lockheed Martin Corporations o la principal empresa vendedora de armas del mundo la BAE Systems.

Estos son algunos de los protagonistas de la política norteamericana. Resultado: un autobús conducido por un mono borracho. El 19 de este mes, Biden anunciaba con aires de fatalidad que Rusia invadiría Ucrania; incluso mencionó que una “incursión menor» podría ser asumible. Blinken, un auténtico ignorante de las relaciones internacionales, anunciaba, una vez más, el peligro de los ejercicios militares entre Bielorrusia y Moscú. Ignoraba (y nadie se lo   recordó) que, según los acuerdos firmados en Viena en 2011 por la OSCE, no es obligatorio informar las maniobras militares cuando el número de efectivos sea inferior a 10.000 como es este caso. Todo da igual; en la clase dirigente norteamericana se ha instalado desde hace mucho una auténtica histeria rusofóbica como la definía el ministro ruso de exteriores Lavrov.

Mientras, Rusia hace una demostración de fuerza y saca músculo militar, se realizan ejercicios militares simultáneos en la frontera con los países Bálticos, en el Mar de Barents, Mar Negro, Mar de Omán, Crimea, se movilizan sus novísimos misiles hipersónicos y establece lazos más estrechos con Bielorrusia que ha accedido a proporcionar a la aviación una base aérea a 40km de la frontera ucraniana. En Siria los cazabombarderos rusos comienzan a patrullar las fronteras impidiendo que la aviación israelí ataque la base de Lakatia, mientras se redoblan los bombardeos contra los terroristas pro-turcos. Pronto las tropas norteamericanas que ocupan ilegalmente el norte de Siria y roban el petróleo del país se verán mucho más presionadas.

Evidentemente nadie en el despacho oval ha sido capaz de responder a una pregunta elemental: ¿por qué Rusia querría invadir Ucrania si tiene el control de Crimea? Esta pregunta sí que flota en las cancillerías europeas pero no en la española. La ministra de defensa y el ministro de exteriores, henchidos los dos de ardor guerrero, ponían a nuestro país al servicio de los intereses de EEUU y directamente en el punto de mira de los misiles rusos en caso de una escalada. Horas después de las altisonantes proclamas los dos ministros tuvieron que bajar el tono; Francia y Alemania no se mostraban tan belicosos. En un nuevo cambio de guión, Pedro Sánchez se comprometía, aunque de forma retórica, con la defensa territorial de Ucrania. La pregunta que flota en el aire y que nadie parece hacerse en el Parlamento es: ¿Por qué hemos de defender a un país que no es miembro de la OTAN? Pedro Sánchez quiere hacer méritos frente a Biden, como en el caso de Afganistán. EEUU, que ya sabemos no tiene aliados sino intereses, ni invitó a Pedro Sánchez ni lo informó. Al gobierno progresista se le acaban los argumentos; mientras las ministra de defensa y el propio presidente justificaban el envío de barcos y aviones de guerra porque éramos socios “leales de la OTAN” (vuelvo a insistir: Ucrania no es miembro aún de la OTAN) Croacia (que sí es socia) advertía que ni un solo soldado suyo participaría, ni una base militar en su territorio sería usada en un conflicto con Rusia. Este pequeño país nos da lecciones. El gobierno de coalición hace el papel de tonto útil. Aunque, siempre hay grados y la UE nos supera: ha demostrado su falta de relevancia. Josep Borrell ha ejecutado el papel del perro que aúlla a la luna, es el ujier de las grandes naciones que controlan la Unión. La «unidad» europea es sólo una entelequia.

Tras las conversaciones con Lavrov esta semana, la gira de Blinken por algunas capitales europeas no ha suscitado tantas adhesiones como se esperaba. Ucrania no cuenta en esta ecuación, es un autentico estado fallido, sin recursos naturales puesto que todos han sido malvendidos, con una sociedad fracturada en manos de una oligarquía mafiosa, donde prosperan los sectores nazis con representación parlamentaria. Sus presidentes, el anterior y el actual, son investigados o perseguidos por la justicia. La lucha por el poder se agudiza, Zelensky anuncia golpes de estado inexistentes, Poroshenko evade la justicia que no se atreve a encarcelarlo.

Si nos fijásemos únicamente en las proclamas de los líderes occidentales estaríamos frente a una situación dantesca. Los aliados de Ucrania se aprestan a apoyar militarmente al país pero ¡¡de qué forma!! Hace pocos días ex oficiales ucranianos criticaban en la prensa que el material militar vendido por el Reino Unido (varios cientos de misiles antitanques y otro material) con créditos de Londres caducaba este mismo año. Alguien en Ucrania y Londres se ha hecho de oro con esa operación. Estas armas tan sofisticadas y sobretodo tan caras son hoy mismo obsoletas. EEUU y Reino Unido ya han anunciado que no entrarán en guerra por Ucrania. Incluso el Secretario del Consejo Nacional de Seguridad y Defensa de Ucrania aseguraba a la BBC: “las tropas rusas no están aumentando en la frontera como se está demostrando” se reconoce que no hay peligro de invasión. Macron en la cuerda floja (se acerca la primera vuelta electoral) ha descubierto que un conflicto con Rusia podría acarrear gravísimos problemas económicos al país en un momento de debilidad política. Alemania por otra parte ve que el corte del gas ruso provocaría una enorme escasez que el gas licuado norteamericano no podrá solventar. Las reservas de gas  de este país según anunciaba el Ministro de Economía durarían para unos 17,7 días contando que no se recibía gas desde el 21 de diciembre. En el conjunto de la Unión las reservas superan escasamente el 40%. El canciller bávaro, uno de los landers más ricos del país, abogaba abiertamente por un acuerdo pacífico; la ministra de Exteriores alemana Annalena Baerbock ha recibido un duro tirón de orejas de la gran industria para que modere sus declaraciones rusofóbicas. Tanto Francia como Alemania saben que la expulsión de los bancos rusos del sistema SWIF generarían enormes problemas a la economía europea y que las sanciones, como reconoce el propio ministro de economía galo, no tendrían especiales implicaciones negativas para Moscú: hace muchos años que EEUU viene sancionando a Rusia. Este país, como protección, ha desarrollado su propia plataforma de intercambios bancarios especialmente con China e Irán. El martes pasado los diarios alemanes, citando fuentes del gobierno federal, informaban que los países de la UE no estaban considerando separar a los bancos rusos del sistema de pagos global. Occidente no apretará ese botón nuclear financiero. Alemania y Francia no ignoran que el retraso en la puesta en marcha del Nord Stream 2 queda compensado con el incremento extraordinario de los precios del gas. La economía rusa ajusta su presupuesto con un precio del petróleo a 40$ el barril; durante todo el año pasado no bajó nunca de los 70$.

Boris Johnson en horas muy, pero que muy bajas, intenta recrear en la sociedad inglesa, la imagen de la potencia que ya no es. Hace proclamas, grita por los pasillos esperando que las voces tapen los ecos de su nefasta gestión política con el Brexit y la Pandemia. En Reino Unido solo hay delirios de grandeza. Las capacidades militares del país no asustan a nadie y menos a los militares rusos que saben de sus enormes debilidades.

Lavrov prorrogó el tiempo de respuesta exigido a EEUU en una semana porque sabe que la posición de los países europeos es determinante. La dimisión del jefe de la armada alemana revela que la defensa militar de Ucrania no está contemplada en los planes del ejército. Por otra parte Berlín ha prohibido que vuelos cargados de armas procedentes del Reino Unido con destino Kiev, sobrevuelen territorio alemán. Igualmente impide que armamento pesado fabricado en la RDA y vendido a Lituania sea transferido a la frontera ucraniana. Hace meses que Francia y Alemania están sumamente intranquilas por el desarrollo de la situación. Hay un escepticismo generalizado, cada vez mayor, respecto a la administración Biden. EEUU sin un apoyo europeo decidido difícilmente podrá llevar la escalada mucho más allá.

Ya es evidente que se producirá una alianza estratégica entre China y Rusia. Están por confirmar los rumores  de un acuerdo de protección mutua de estos dos países firmado en el marco de los juegos olímpicos de Pekín. Es el mayor error que ha podido cometer la presidencia de EEUU tanto la republicana como la demócrata. Mientras Irán mira atentamente esta relación, se fortalecen sus relaciones con Pekín y Moscú, la visita del primer ministro iraní a Rusia pretende crear un nuevo eje político-económico en Oriente Medio fuera del control de EEUU y sus aliados regionales. Las maniobras militares que realizan los tres países en cuestión tienen ese objetivo.

Blinken finalmente se ha comprometido a entregar un documento como respuesta a los planteamientos de Lavrov. Nadie en este momento sabe si esa respuesta será satisfactoria, aunque con toda seguridad veremos una nueva colección de gritos histéricos que no hará cambiar la situación. EEUU quiere ganar un poco de tiempo extra para presionar aún más a sus socios europeos y mantener un poco más la tensión. Biden necesita aparecer como hombre fuerte si quiere aspirar a un segundo mandato. Un cambio de gobierno en Ucrania podría allanar las cosas. La vuelta del ex -presidente Poroshenko (que no fue detenido cuando entró en el país) y que enfrenta acusaciones de traición por comprar carbón a las repúblicas independizadas, será una variante a considerar. Por otro lado la aplicación de los acuerdos de Minsk que implicaría una gran autonomía para las Repúblicas Independizadas y el control definitivo y reconocido de Crimea como parte de Rusia es otra de las posibilidades si se le suma el compromiso de mantener el “estatus quo” actual de Ucrania y Georgia frente a la OTAN.

No habrá una ‘invasión rusa’ de Ucrania, no es necesario. En caso de que Donbass sea atacado veremos una guerra en la distancia. Por otra parte, Washington sólo consigue con estas reacciones histéricas que Moscú se aproxime aún más a China, Irán, Cuba, Nicaragua o Venezuela. La posibilidad de instalar bases para los submarinos rusos en patrullaje continuo frente a las costas norteamericanas es cada vez más plausible aunque llevará un tiempo. De nuevo la espera. Los encuentros se suceden. No nos dejemos engañar por los gritos y las voces.

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