Los mil días de Piñera

por Osvaldo Costa

El jueves 11 se cumplen 3 años de gobierno de Piñera, en un clima de polarización social y violencia estructural claramente perfilada al enfrentamiento entre clases. En un contexto en el que las instituciones políticas –de poder- están en crisis y deslegitimadas ante el conjunto de la sociedad. Con un sistema de salud ad portas del colapso por el incremento de los casos de Covid, producto de las desatinadas políticas sanitarias desarrolladas por el gobierno de Piñera. No menos importante, es el tema de la carencia de vivienda que conlleva violentos desalojos de tomas de terrenos, producto –una vez más- de la incapacidad de Piñera de dar respuesta ha dicho urgente problema. Esto acompañado, como si fueran poco, de los escándalos en carabineros que se hacen recurrentes, ahora por televisión salen audios que muestran los nexos entre los uniformados y narcotraficantes, completando el desastre el ejército se permite una muestra pública de su deliberación planteando que los manifestantes en plaza dignidad son “antipatriotas”

Decir que el gobierno de Piñera está agotado, hablar sobre su incapacidad, o sobre su carácter reaccionario es ya un tema de suyo conocido. En realidad lo único digno de análisis de este gobierno que tiene el triste mérito de ser considerado unánimemente como el peor gobierno post dictatorial del que se tenga memoria, es su increíble capacidad de sobrevivencia.

Las razones para que el gobierno continúe funcionando, aunque políticamente su corazón se detuvo en octubre del 2019, son múltiples.

La primera es que la gran burguesía nacional no tenía, ni tiene, alternativa. Descartar a Piñera en una etapa política donde las masas están tan exasperadas, que cuando no están movilizadas están acumulando rabia, significa que cualquier reemplazo será cualitativamente más débil que él. Y esto en un contexto donde la capacidad represiva del régimen está seriamente afectada y muy cuestionada, por el debilitamiento de las instituciones armadas, al punto que el ejército rehúsa públicamente estar en guerra con el pueblo. Deja implícito que un reemplazo deberá gobernar haciendo concesiones a las masas, y esas concesiones afectaran las ganancias de la burguesía. Esto obliga a la burguesía a apoyarlo y mantenerlo en el poder.

Esta es la explicación de fondo de por qué el bloque burgués “opositor”, se ha transformado de hecho en un bloque oficialista, aunque desplieguen y mantengan una retórica opositora. 

La segunda gran razón para que Piñera continúe gobernando, está en la debilidad de las masas trabajadoras, su carencia de una dirección política independiente del poder burgués, esta carencia impide efectivamente que se desarrolle un plan de lucha y movilización por las necesidades de las masas, que termine por tumbar al gobierno, con la gran herramienta de los trabajadores, el paro nacional.

La tercera razón es la histórica capacidad de maniobra de los aparatos políticos parlamentarios, que pese a estar convertidos en unas piltrafas, supieron levantar la trampa constituyente, en el momento en que habían sólo dos opciones, o planteaban el cambio de la constitución, o caía el gobierno. Jugaron la carta del “Acuerdo por la Paz” y una nueva constitución, que pese a ser muy resistida por las masas, finalmente cuajó en la convención constitucional, una herramienta finamente diseñada, con mecanismos que esterilizarían la participación de las masas en ella, y que de no conseguir aquello, les otorgaba la posibilidad de vetar a la mayoría con el mecanismo del veto de un tercio de los convencionales.

El cuarto factor es extra político, la pandemia, que surgió providencialmente para el régimen, paralizando la movilización de las masas, y que fue y continúa siendo utilizado como un eficaz mecanismo de control social.

Sin embargo Piñera no se resigna a jugar a la defensiva, y aprovechando el prolongado reflujo de las movilizaciones, ha comenzado una ofensiva en toda la línea, en el terreno en el que aún conserva fuerza.

En el parlamento, ha conseguido que toda la bancada “opositora” apoye sus propuestas, primero fueron las leyes antibarricadas, más recientemente la militarización de la Araucanía, luego la extensión del estado de excepción, y pretende proseguir con la reforma previsional hecha a la medida de las AFPs, continuando con la ratificación del TTP11, para seguir con la reforma al sistema de salud que transforma FONASA en una ISAPRE, para terminar con una reforma tributaria al servicio de los grandes empresarios. Se trata de un conjunto de leyes que buscan reforzar el modelo neoliberal imperante, y que debe implementar ANTES de que se constituya la convención constituyente, para dejar esta, atada de pies y manos.

Resulta urgente que el pueblo trabajador que comienza a ser intoxicado con las múltiples campañas electorales en curso (gobernadores, alcaldes, concejales y convencionales), se percate de lo que se trama entre el gobierno, el oficialismo y la oposición, es decir la burguesía en contra de la clase trabajadora. Se trata ni más ni menos de dejar definido antes de la instalación de la convención un marco del cual resultará muy difícil salir.

El gobierno de Piñera es una bestia herida de muerte, pero en su agonía aún puede causar mucho daño. La única alternativa para el pueblo es retomar la movilización, y salir a golpear como un sólo puño contra los planes de la gran burguesía y sus lacayos del parlamento. 

PLAN DE LUCHA TRAS EL PROGRAMA DE LAS MASAS TRABAJADORAS

FUERA PIÑERA

POR UNA ASAMBLEA CONSTITUYENTE LIBRE Y SOBERANA

POR UN GOBIERNO DE LOS TRABAJADORES Y EL PUEBLO

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