Sobre héroes y tumbas

por Osvaldo Costa

La estatua de Baquedano ubicada en la plaza de la dignidad, corporizan la disputa política en curso en Chile. El gobierno mostrando su incapacidad de gobernar, e intentando escamotear la discusión sobre los temas reales que sacuden la sociedad, termina por sacar la estatua, prometiendo reponerla. Develando por la negativa el problema, ¿Por qué se ve obligado a sacarla? Porque las masas porfiadamente mantienen la ocupación de los viernes de la plaza de la dignidad, poniendo en cuestión un símbolo de la historia oficial.

¿Quién es Baquedano? Era un militar conservador nacido en 1823, participo primero, a los 16 años en la guerra contra la Confederación Perú – Boliviana de 1836, y como general en la Guerra del Pacifico de 1879. Guerra caracterizada por la invasión,  saqueo, asesinatos de civiles y violación de mujeres.

​Luego de que Diego Portales instaurara un régimen autoritario, dictatorial y represivo, se producen dos intentos de desmontar este régimen, dos amagos de revoluciones contra Manuel Montt en el año 1851 y en 1859, Baquedano participa de esos procesos aplastándolas. 

En 1869 participa en la llamada “Pacificación de la Araucanía”, un conflicto de ocupación y usurpación contra el pueblo mapuche extraordinariamente sangrienta, donde aplica los mismos métodos usados en la campaña contra Perú y Bolivia.

En 1891 se produce una guerra civil que termina con Balmaceda suicidándose, y Baquedano instalándose en el poder.

En resumen se trata de un militar conservador, al que Encina en su Historia de Chile lo describe como: «Tartamudo y de una extraña pobreza de ideas, hacía el efecto de un ser elemental». Que en realidad tenía una cualidad que sería una constante: su lealtad al poder político constituido, es decir a la oligarquía de la época. Y que fue uno de los genocidas del pueblo mapuche, que de héroe, no tiene nada.

Corresponde en realidad a una construcción histórica hecha a la medida de la oligarquía de la época. La falsificación histórica llega al punto que, según Rafael Gumucio (el viejo) la famosa estatua de Baquedano, en la Plaza Italia, en realidad corresponde al general Foch, general francés de la Primera Guerra Mundial.

Pero volviendo a la actualidad, la disputa en torno a la Plaza Dignidad, y a la estatua, es una manifestación del conflicto que atraviesa el país. Un pueblo que hastiado de la sobreexplotación que sufre cada día, comenzó a movilizarse tras sus derechos, y un gobierno que permanece atrincherado en sus posiciones neoliberales. En el curso de este conflicto, las instituciones que parecían tan inamovibles como una estatua, se descomponen, pero por la carencia de un plan, una estrategia, de una dirección de las masas, se mantienen ejerciendo el poder.

La remoción de la estatua de Baquedano –si en realidad es de él- y la promesa de Piñera de reinstalarla luego de restaurarla, es un perfecto símil de lo que ocurre en Chile, el gobierno incapaz de satisfacer las necesidades de las masas, e incapaz de derrotarlas, ejecuta una maniobra, la Convención Constitucional, donde intentará reformar su régimen, no cambiarlo, reformarlo, para luego volver a ponerlo en su lugar.

Nos oponemos firmemente a esta maniobra, pero ello no implica abandonar la lucha incluso en el terreno adverso de la Convención Constitucional, apoyamos a los candidatos que levantan las propuestas del pueblo trabajador. En primer lugar la lucha por transformar la convención en una Asamblea Constituyente, primer paso para avanzar hacia un gobierno de los trabajadores.

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