por Alejandro Valenzuela Torres
Se suele afirmar —como crítica a la orientación de “clase contra clase”, politica aplicada por la Internacional a partir de 1928, considerada sectaria pues planteaba que la socialdemocracia y el fascismo eran dos caras de los mismo — que la falta de unidad entre comunistas y socialdemócratas en Alemania permitió el ascenso de Hitler al poder, y que por tanto se habría debido impulsar un Frente Único entre ambos sectores del movimiento obrero.
Visto asi parece una solucion plausible, sin embargo esta posición parte por ignorar una parte fundamental de la historia: el Frente Único no solo fue propuesto y aplicado entre 1921 y 1923, sino que culminó en la derrota de la revolución alemana, el fortalecimiento del SPD y la continuidad del ascenso fascista.
Lejos de frenar al nazismo, esa táctica probablemente facilitó su consolidación. Así, en vistas de su balance no existiria razon para volver a plantearla como valida y borrar el hecho de ser objetivamente responsable politica de la derrota de 1923. La razon es otra, este balance sobrevivio mas por oportuno que por real. La crítica al “sectarismo” del Tercer Período funciono en realidad como una maniobra ideológica que transformaba al Frente Único en un mito retrospectivo, utilizado para justificar la futura política de colaboración de clases que se conocerá, mas tarde, como Frente Popular.
El Frente Único, no es lo mismo que la Unidad de Acción
Es necesario comenzar por una aclaración decisiva: la táctica del Frente Único no debe confundirse con la unidad de acción. La unidad de acción es una forma concreta de colaboración entre sectores de la clase obrera en torno a objetivos inmediatos —una huelga, la defensa contra la represión o el enfrentamiento al fascismo—, sin que ello implique coincidencia política, ni alianzas estratégicas, ni acuerdos programáticos. En cambio, el Frente Único, tal como fue formulado por la Internacional Comunista a partir de 1921, fue una política dirigida no solo a las masas influenciadas por el reformismo, sino también a sus direcciones, buscando constituir frentes políticos comunes con ellas.
Trotsky daba esta explicacion: “El frente único es una trampa… para los reformistas. Nosotros los desenmascaramos nocon palabras, sino en la práctica de la lucha. Los invitamos a combatir por una causa justa,con métodos justos. Ellos rehúsan. Así es como los ojos de las masas se abren.”
“Es necesario hacer llamados a la dirección del SPD no porque confiemos en ella, sino precisamente porque no confiamos en ella. Con esto, buscamos demostrar a los obreros socialdemócratas, en la práctica, que sus jefes sabotean la lucha.”1 📌 (Trotsky, Escritos sobre Alemania 1931–1933) La táctica no era lo que digamos una jugada maestra de ajedrez, era simple y suponia ademas que les dijeran que no.
Pero, y si las direcciones de la SPD respondian que si y que estaban dispuestas, al menos nominalmente, a compartir el poder politico, que ocurría?
Alemania la táctica de Frente Unico termina por dar a luz el primer embrión de Frente Popular de la historia
En octubre de 1923, bajo la orientación de la Internacional Comunista, el Partido Comunista Alemán (KPD) ingresó a los gobiernos regionales de Sajonia y Turingia en coalición con el ala izquierda del SPD, con el supuesto objetivo de preparar el terreno para una insurrección obrera. Esta decisión, presentada como una aplicación táctica del Frente Único y de «Gobierno Obrero», se tradujo en una participación parlamentaria compartida con los mismos dirigentes socialdemócratas que habían sofocado la revolución de 1918–19 y asesinado a sus principales líderes Rosa de Luxemburgo y Karl Liebknecht.
Entendidos originalmente como plataforma de agitación revolucionaria, estos gobiernos obreros “de coalición” fueron utilizados por la socialdemocracia para reforzar su legitimidad, frenar toda dinámica insurreccional, desarmar políticamente a las Centurias Proletarias y permitir, finalmente, la intervención militar de la Reichswehr con respaldo constitucional. El resultado fue la completa desarticulación de la tentativa revolucionaria de octubre, la consolidación del SPD como árbitro institucional del movimiento obrero, y el reforzamiento del orden burgués en el momento de mayor crisis del capitalismo alemán.
Esta primera experiencia y probablemente la unica de Frente Único llevada a fondo, se tradujo en acuerdos políticos con direcciones reformistas, que no solo no acercaron la revolución, sino que engendraron —como su consecuencia lógica— formas embrionarias de Frente Popular, donde la subordinación al aparato socialdemócrata termino por anular toda perspectiva de poder obrero. Así, una táctica pensada para desenmascarar termina sirviendo para confundir a la vanguardia del proletariado, fortalecer al enemigo interno y amarrar de antemano cualquier posibilidad insurreccional.
El error no fue la unidad de acción con las bases obreras socialdemócratas, sino elevar esa necesidad puntual a una política de Frente Único, que legitimaba a Ebert, Noske y compañía como interlocutores válidos ante el proletariado. Hacer llamados públicos a esos mismos verdugos para conformar un frente político no solo fue una capitulación moral y estratégica: sembró confusión en el seno de la clase trabajadora, que en lugar de identificar al SPD como enemigo de clase, se le empezo a promover como posible aliado.
El Frente Único se plantea como una táctica que cobra sentido en un contexto muy específico: cuando la dirección revolucionaria tiene una influencia real en sectores del movimiento obrero, pero no es aún hegemónica, y el control político lo siguen ejerciendo, sin disputa, las fuerzas reformistas. A esto se suma un escenario de amenaza directa por parte de fuerzas contrarrevolucionarias en ascenso. Esta combinación de factores —una dirección revolucionaria aún minoritaria, una socialdemocracia dominante, y el peligro de reacción— no solo se presentó en Alemania en 1923. También existió en Rusia en 1917, cuando Lenin condujo al partido bolchevique frente a la intentona de Kornílov.
El intento de golpe de Kornilov,un espejo en donde mirarse
La experiencia alemana contrasta nítidamente con la actuación bolchevique durante el intento de golpe de Estado de Kornílov en 1917. En ese escenario, bajo la dirección de Lenin, los bolcheviques que no eran la direccion hegemonica del movimiento, ,organizaron una unidad de acción con todas las fuerzas dispuestas a frenar a la reacción militar, pero sin abandonar por un solo día su propaganda por la toma del poder por los soviets y el derrocamiento del Gobierno Provisional. No hubo frente político con Kerenski,al contrario, se llamaba a su derrocamiento y reemplazo por un gobierno de los soviets, es inimaginable que en ese momento de avance reaccionario, hubieran habido llamados a compartir gobierno con la burguesía liberal. Como dijo Lenin: “La defensa contra Kornílov no significa la defensa del Gobierno Provisional. Significa la defensa de la revolución contra la contrarrevolución.” Esta es la diferencia clave: en Rusia del 17 no hubo Frente Unico, Lenin llamo a la unidad de acción para la lucha inmediata, sin renunciar a la independencia política y sin detener la estrategia insurreccional.
La táctica del Frente Único aplicada en Alemania entre 1921 y 1924 no fue una herramienta para derrocar al gobierno socialdemócrata ni para frenar al fascismo. Fue, en los hechos, una política dirigida a ganar influencia entre las masas bajo dirección reformista sin orientación clara hacia la insurrección ni hacia la conquista del poder obrero. Lejos de limitarse a la base, la Internacional Comunista hizo llamados explícitos y formales a la dirección del SPD para conformar frentes políticos conjuntos, con negociaciones y resoluciones públicas que trataban al aparato socialdemócrata como interlocutor legítimo, incluso después de su papel criminal en la represión de la revolución Alemana.
Pasado ya un siglo de estos hechos, sería hora de tratar de entenderlos de otra manera
Vistos los hechos y su consecuencia historica, resulta más plausible pensar que la política de independencia frente a la socialdemocracia y su denuncia como dirección enemiga —así como la orientación final al derrocamiento de sus gobiernos— debieron haberse aplicado desde un principio, tal como lo hicieron los bolcheviques frente a la socialdemocracia rusa encarnada en Kerenski. El error fundamental del KPD y de la Internacional fue que esa línea de ruptura no solo llegó tarde (la declarada etapa «sectaria»)si no que fue precedida por un período en el que no se hizo más que confundir políticamente a la vanguardia obrera, sometiéndola a una orientación ambigua, parlamentaria y defensiva, en lugar de prepararla para la toma del poder.
Es momento de volver a revisitar nuestra expeirencia pasada, especialmente cuando pasado poco mas de un siglo de estos hechos, vuelve el miedo al fascismo y con el una receta que hace poco mas de un siglo, transformo un resfrio delicado en una gran neumonia.
