Cuba: ¿Estado Obrero o Estado Burgués?

por Antonio Bórmida

Las movilizaciones ocurridas entre el 11 y el 13 de julio, tanto en La Habana, como en otras ciudades de Cuba (los informes varían entre 40 y 60 ciudades), que constituyeron las protestas más importantes contra el régimen del PCC desde que está en el poder, han abierto una serie de discusiones entre organizaciones de izquierda, incluyendo a las que se consideran trotskistas.

Obviamente que todas las derechas gusanas y las burguesías imperialistas más sus lacayos, festejan lo que consideran que es el principio del fin del régimen castrista, y la liberación plena para el desenvolvimiento de la propiedad privada capitalista de Cuba. Ellos son nuestros enemigos de clase. Quieren que la restauración capitalista les permita recuperar sus propiedades y el poder político. Nosotros en cambio discutimos las vías para el restablecimiento del Estado Obrero y el desarrollo de la revolución socialista internacional.

Dado que algunas organizaciones dicen que lo más importante es defender “la revolución”, y otras dicen que lo que hay que defender son “las conquistas de la revolución”, adquiere una fundamental importancia la discusión acerca del carácter del Estado cubano en el momento actual, ya que las conquistas más importantes de la revolución se han conseguido con la instauración de un estado obrero, aunque burocráticamente deformado. Y en ese marco, está también la discusión acerca del papel que tiene el PCC: ¿Es el defensor de la “revolución” y de sus conquistas? Y otra cuestión fundamental: ¿en qué medida subsisten las conquistas de la revolución? ¿con que programa y con qué estrategia se podrían defender o volver a conquistar?

Hay corrientes del trotskismo, con muchos años de existencia, que sostienen que Cuba sigue siendo un Estado Obrero. Entre las más importantes está el Secretariado Internacional de la Cuarta Internacional (mandelista), la Corriente (o Tendencia) Marxista Internacional fundada por Ted Grant y hoy dirigida por Alan Woods y el CIT (o CWI) de Peter Taafe

El SU-CI no se ha pronunciado con una declaración oficial, pero los artículos publicados por páginas y autores reconocidos de la organización, como Viento Sur Claudio Katz, sostienen esa idea.

La CMI (o IMT), por ejemplo, publica el 12 de julio una nota titulada “Protestas en Cuba: ¡defender la revolución!”, firmada por el dirigente Jorge Martín, en la que se reproducen videos de manifestantes que, respondiendo a la convocatoria de Diaz Canel, recorrieron las calles apoyando al régimen castrista. Y la nota dice:

 “Está claro que incluso en una situación muy difícil de penuria y escasez, la revolución cubana tiene todavía una amplia base social de apoyo que, viéndola amenazada, sale a la calle a defenderla. Los que salieron también sufren las mismas condiciones, y posiblemente muchos tienen también críticas hacia la gestión del gobierno, hacia algunas decisiones que se han tomado y hacia la burocracia. Pero a la hora de la verdad saben que deben salir a defender la revolución”. 

Y agregan: “Los problemas son graves. Muy graves. Pero para plantearse cómo resolverlos, hay que entender cuáles son las causas. En primer lugar, el bloqueo. En segundo lugar, la inserción totalmente desigual de la economía planificada cubana en la economía capitalista mundial. En tercer lugar, la pandemia y su impacto económico y sanitario. Finalmente, el impacto de la gestión burocrática de la economía en términos de despilfarro, ineficiencia, desidia”.

Es decir, identifican la “defensa de la revolución cubana” con el régimen castrista, y sostienen que Cuba sigue siendo un Estado Obrero al afirmar que todavía se caracteriza por sostener una economía planificada. 

Reconocen la implementación por parte del gobierno del PCC de “Las medidas pro-capitalistas” pero estas solo “debilitan la planificación y la propiedad estatal, además de aumentar la diferenciación social y fortalecer los elementos capitalistas en la isla”.

Es decir, para la CMI Cuba sigue siendo un estado obrero con una economía basada en la planificación centralizada por parte del estado. El régimen castrista sería el defensor de la revolución y sus conquistas, es decir, niegan que tenga una política consciente de restauración capitalista y sólo es criticable su gestión por burocrática e ineficiente, y algunas medidas pro-capitalistas tomadas ante la necesidad de afrontar los problemas económicos, que a lo sumo solo serían errores de orientación del PCC.

Y por supuesto que se posicionan en el mismo “campo” junto al régimen castrista del PCC, al que le dan un apoyo “crítico”: “En la lucha que se abre en Cuba nos encontramos, de manera incondicional, en el campo de la defensa de la revolución cubana” … “Por lo tanto, hay que oponerse a las mismas (a las manifestaciones opositoras) y defender la revolución. Si los que animan esas protestas (y sus mentores en Washington) logran su objetivo, derrocar la revolución, los problemas económicos y sanitarios que padece la clase obrera cubana no se resolverán, sino al contrario.”

Ante esta situación concreta, en la que un movimiento de masas empieza a cuestionar al régimen castrista, la CMI borra con el codo lo que escribió con la mano en sus charlas de propaganda entre “trotskistas”: “Pero también, la Revolución Cubana y sus conquistas están amenazadas por aquellos que en la dirigencia cubana abogan por la vía China o, mejor dicho, como se dice normalmente en Cuba, por la vía vietnamita. Es decir, la restauración del capitalismo, de la dominación del capitalismo en la isla de forma plena, en la que ya se ha avanzado hasta cierto punto. Mientras, esta restauración se llevaba adelante por parte del partido comunista siguiendo en el poder, es decir, la vía China o la vía vietnamita, la restauración capitalista controlada por arriba que ya se ha empezado a realizar.

Finalmente, ante toda esta situación, decir que nosotros, la Corriente Marxista Internacional, estamos en primer lugar por la defensa incondicional de la Revolución Cubana contra estos peligros: tanto el peligro del imperialismo como el peligro de la restauración capitalista interna…” (Intervención de Jorge Martín en la charla debate: “Trotskismo y Cuba hoy”, 19 de agosto 2020, en el marco del Simposio León Trotski en la Feria Internacional del Libro del Chaco, Argentina)

La Corriente por una Internacional de Trabajadores (CIT/CWI), aunque marca el avance de la restauración también sostiene todavía el carácter obrero del Estado: “Enfrentado a la crisis económica y al estancamiento antes de la pandemia, y a la pérdida del petróleo barato que se aseguró cuando Chávez dirigía el régimen venezolano, el gobierno cubano ya había dado algunos pasos más hacia la introducción de medidas pro-capitalistas y la autorización de la propiedad privada en sectores de la economía. Los sectores de la economía permitidos en manos privadas han aumentado de 127 a 2000. Es cuestionable hasta qué punto esto se ha desarrollado realmente, y el Estado probablemente conserva el control de los sectores decisivos de la economía”. 

Al mismo tiempo omite pronunciarse en su programa por la caída revolucionaria de la camarilla burocrática del PCC, con lo cual se puede deducir que aspiran a una utópica auto-reforma de la burocracia hacia un régimen de democracia obrera, o que simplemente se trata de una típica posición oportunista.

De todas estas posiciones, en las que anida en diferentes medidas un “espíritu capitulador”, ya sea al PCC o a una parte de él, o a un ala izquierda “comunista” crítica, nos detendremos en las que expone el PTS, ya que es la más corriente más importante del centrismo en Argentina.

Hace menos de un año, otro participante en el simposio antes mencionado, Diego Sacchi, que intervino a nombre del PTS, afirmó que Cuba sigue siendo un estado obrero (burocratizado), aunque con algunas de sus conquistas “degradadas”.

Y en una nota reciente, en relación a las manifestaciones de julio, que firma con Diego Dalai (16/7), dice que: “Como vimos, el gobierno cubano viene aplicando un duro ajuste económico contra el pueblo trabajador. Junto con esto, tomó una serie de medidas para facilitar la inversión extranjera con una ambiciosa “cartera de oportunidades” con más de 500 proyectos principalmente en turismo y petróleo por 12.000 millones de dólares. Pero lo más importante, fue el anuncio del fin de la obligación de participación estatal cubana mayoritaria en las inversiones en turismo, biotecnología y comercio mayorista.

Estas medidas han degradado aún más las conquistas sociales para beneficiar a sectores de la burocracia gobernante y del Ejército, y beneficiando a pequeños sectores medios que tienen negocios relacionados con el dólar”.

Hasta acá la posición del PTS, no pasa de evaluar un avance cuantitativo de la “degradación” de las conquistas sociales. 

Por su parte, Claudia Cinatti (en artículo del 18/7) dice que una de las causas de las manifestaciones del 11 de julio fue la “unificación monetaria, un saneamiento macroeconómico a favor de la inversión capitalista, conocida como “Tarea Ordenamiento”, en el marco de la “aceleración de las medidas promercado que favorecen la restauración capitalista que definió la burocracia del PCC en su último congreso”. 

Y agrega que “el curso de restauración capitalista” fue “emprendido desde los ’90 el Partido Comunista Cubano, inspirado en el “modelo vietnamita”. “Desde la extinción de la Unión Soviética y la crisis del “Período especial”, el régimen cubano ha adoptado como estrategia el llamado “modelo vietnamita”, es decir, medidas de apertura económica manteniendo el monopolio político estatal del Partido Comunista Cubano”.

Es decir, que para el PTS desde hace 30 años estaría en curso la restauración capitalista impulsada por el propio régimen castrista, pero ¿Cuba sigue siendo un Estado Obrero?

Sin embargo, se puede percibir un cambio en la posición de Cinatti, ya que afirma que “Junto con el bloqueo y la política imperialista hostil de Estados Unidos, esta estrategia de reintroducción gradual de relaciones capitalistas ha degradado de manera cualitativa las bases materiales del Estado obrero….”

Sin embargo, este salto de cantidad en calidad no termina de ser evaluado en consecuencia, de manera coherente, ya que, así como no se puede decir que una mujer está un poco embarazada, es decir, lo está o no lo está, tampoco se puede decir que se han degradado cualitativamente las bases materiales, y al mismo tiempo que sigue siendo un Estado Obrero. 

Pero, además de la “degradación cualitativa de las bases materiales”, hay que agregarle el giro político conscientemente adoptado por parte de la burocracia castrista. El régimen castrista siempre fue la dictadura de una burocracia pequeñoburguesa, obligada a expropiar, y a defender la propiedad nacionalizada para mantener el poder y sus beneficios particulares. Pero desde la caída de las URSS, también han cambiado de signo, ya que –aunque haya habido zig zags- hay una clara y definida orientación hacia la restauración capitalista, como la propia Cinatti reconoce.

Más adelante Cinatti-PTS describe esas “medidas pro-capitalistas”. “Entre las más importantes están las distintas reformas de la ley de inversiones extranjeras facilitando la entrada de capital imperialista; la erosión de la planificación económica (a excepción de educación, salud y defensa) y del monopolio del comercio exterior(aunque en este caso con mecanismos de control estatal); el surgimiento de un sector amplio de cuentapropistas. Y la transformación de las Fuerzas Armadas Revolucionarias prácticamente en una Sociedad Anónima que maneja un holding de las principales empresas de turismo, tiendas de divisas y otros negocios”.

“En síntesis, además del imperialismo y la burguesía cubana de Miami, las principales fuerzas de la restauración interna están en el propio Estado –en los altos escalones de la burocracia del Partido Comunista y en particular en la cúpula de las Fuerzas Armadas– y en los sectores proto-burgueses que están haciendo aún una acumulación primitiva y que probablemente se expandan a partir de la aprobación de la nueva ley de empresas (Mipymes)”.

Pero, en la descripción que hace Cinatti, las medidas pro-capitalistas adoptadas por el castrismo, están bastante minimizadas. 

Veamos en algunos datos el verdadero avance de la restauración:

“Las reformas económicas en Cuba, de apertura a las inversiones extranjeras vienen sucediéndose desde décadas atrás; en 1982 con el decreto Ley 50 se autorizó dicha inversión como un complemento de los proyectos nacionales y los que se realizaban con los países “socialistas” europeos. Posteriormente a partir del año ´89, tras la caída del muro de Berlín y la implantación del periodo especial, se incrementa progresivamente la inversión extranjera en áreas como el turismo, petróleo, níquel, telecomunicaciones, alimentos, exportación de tabaco y ron, lo que debilita el embargo norteamericano. Con vaivenes económicos, las inversiones extranjeras en Cuba ya están instaladas y se diseñan políticas para incrementarlas. En 2010 se inicia la construcción del nuevo puerto de aguas profundas en la zona de Mariel, y se decreta la nueva zona especial de desarrollo de Mariel, en la que se establecen a partir de su entrada en funcionamiento condiciones más favorables a la inversión extranjera que las vigentes en la época, entrando en competencia directa con los capitales que funcionan en la zona comercial del Canal de Panamá”. (Manifiesto Internacional n°1, abril de 2015)

“Muchos de los otros atractivos de la inversión extranjera en Cuba ya estaban recogidos en la anterior Ley No. 77 (del año 1995), como el derecho a constituir empresas de capital 100 por ciento extranjero; la protección y seguridad jurídica para no ser expropiados; la libre transferencia hacia el exterior de los dividendos y las cantidades a percibir por el cierre de la inversión; los derechos a exportar e importar sin intermediarios estatales, entre otros”. (Pérez Villanueva, octubre 2020)


“Una nueva ley para la inversión extranjera en Cuba se aprobó el 29 de marzo de 2014 por la Asamblea Nacional. La Nueva Ley Nº 118 de Inversión Extranjera de 2014 se desprende de lo contemplado en los lineamientos. Cuando se compara con su predecesora, la nueva ley trasciende el alcance de aquella, al ofrecer incentivos contributivos más generosos (exención contributiva a los dividendos); así como al permitir la inversión en nuevas áreas (a excepción de la salud, educación y las Fuerzas Armadas), tales como la de bienes raíces, entre otras. También permite la tenencia de cuentas en moneda libremente convertible en bancos extranjeros y la importación y exportación directa (Mesa Lago, 2015: 69)”. (Maribel Aponte García, CUBA: EMPRESAS Y ECONOMÍA)

“La Zona Especial de Desarrollo Mariel, creada por Ley-Decreto Nº 313 de septiembre de 2013, acogerá proyectos de inversión extranjera. Entre los incentivos que ofrece la ZED figuran: contratos a 50 años (en vez de a 25 años), con posibilidades de extensión. La directora general de la Oficina Regulatoria de la ZEDM, Ana Teresa Igarza, aseguró en el marco de la Feria Internacional de La Habana que unos 30 países –entre los cuales se encuentran España, Italia, China, Rusia, Francia, Vietnam, Brasil, México, Holanda y Canadá, estaban dispuestas a invertir en Cuba. La funcionaria recordó que esta zona franca de 465 kilómetros cuadrados se rige por un régimen de exenciones impositivas a la fuerza de trabajo y las utilidades que permanecerá en vigor durante diez años. La normativa prevé que una vez transcurrido este plazo se impondrá un tributo del 12% sobre las utilidades. Igarza añadió que los costos de la mano de obra se decidirán a través de una negociación entre los inversionistas y una entidad empleadora estatal.” (*) 

“La ZED Mariel ha recibido alrededor de 300 solicitudes de inversión para abril-mayo 2015, provenientes de 30 países, con seis aprobadas en los sectores de alimentos, industria liviana, electrónicos, químicos y transporte (de los cuales 5 eran 100% propiedad extranjera (Pérez López, 2015: 227)”. (Maribel Aponte García, CUBA: EMPRESAS Y ECONOMÍA)

+ Durante 2014 continuó adelante la descentralización de la gestión en las empresas estatales. Este proceso es fuente de desigualdades en el seno de los trabajadores y a su vez de pérdida de la capacidad por parte del estado, de centralizar la evolución de los planes económicos”

+ Además, para 2015 ya se habían aprobado ya 498 cooperativas no agropecuarias.

+ Continuó el crecimiento del pequeño sector privado urbano, en el que actualmente se ocupa a 600 mil trabajadores y cuentapropistas. (*)

“Otro de los aspectos que resulta novedoso en el contexto de la actualización del modelo económico lo constituyen las transformaciones que se han verificado en el mercado laboral. Entre los aspectos que se destacan, se encuentra el incremento experimentado por la participación del denominado sector no estatal en la creación de nuevos empleos y, en general, la relevancia que ha adquirido en el mercado laboral nacional. Al culminar 2019, el mencionado segmento representó cerca del 33% de la ocupación total de la nación”. (Las crisis en el desarrollo económico de Cuba, Hiram Marquetti Nodarse)

El avance en el proceso de restauración se ve claramente expresado en cómo se distribuye la ocupación de la fuerza laboral, en donde el sector “no estatal” representa un 33% de la ocupación de la fuerza de trabajo total, segúnMarquetti Nodarse, pero según un informe presentado por la ministra de Trabajo y Seguridad Social, Margarita González, en el Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), las empresas estatales acumulan 1,6 millones de trabajadores (52 %), mientras las no estatales alcanzan 1,4 millones, que están empleados en cooperativas y por cuenta propia (autónomos), es decir, cerca del 42 % (EFE, La Habana, 21 abril, 2019). Sin embargo, este dato no tiene en cuenta que el Estado actúa como agencia de contratación en relación a las empresas de capital extranjero (entidad empleadora estatal). Es decir que, trabajadores que formalmente figuran como empleados del Estado, en realidad trabajan para empresas extranjeras. Por el momento no tenemos datos de cuanta cantidad de trabajadores ocupa en total este sector que representa un gran porcentaje de la actividad económica, pero sólo el sector de hotelería y turismo ocupa un 6% de la fuerza laboral.

Paralelamente, en la medida que avanza la restauración capitalista, se profundiza el ajuste contra los trabajadores:

“En enero de 2009 se reformó la Ley de Seguridad Social elevando la edad de jubilación a 60 años para las mujeres y 65 años para los hombres Desde octubre de 2009, los comedores obreros, otro de los subsidios a la clase obrera, fueron cerrándose y a cambio se les dio la cifra de 15 pesos diarios extra, para su almuerzo o merienda. El 10 de octubre de 2009 Lázaro Barredo, director del diario Granma del Partido Comunista Cubano, anunció que la libreta de abastecimiento habría sido borrada y las ayudas en alimentos concedidas solamente a los pensionados y personas con rentas bajas”. (*)

Bajo la presidencia de Raúl castro “se concretó el despido de 500 mil empleados estatales (a los que se les ofreció reubicación en peores condiciones, o recibieron licencias para trabajos independientes, o terminaron en el trabajo informal) y una reforma laboral que permite la ampliación de la jornada laboral, sin considerar ningún pago como horas extras, y el despido sin causa y sin derecho a indemnización. Reformas reaccionarias que muchos gobiernos burgueses hubieran querido hacer y no pudieron por la resistencia sindical de los trabajadores, mientras que en Cuba no hay derecho a huelga, y no se permite ninguna organización sindical por fuera de los sindicatos controlados férreamente por el PC”. (Declaración del Comité de Enlace Internacional PCO/CSR-ETO, julio 2021)

La naturaleza de clase del Estado

En 2008, escribíamos que, siendo Cuba ya un Estado burgués, “la restauración no está totalmente consumada, por una razón fundamental: no hay libre derecho de propiedad privada, por lo cual no hay una burguesía nacional ya consolidada como clase, con todos los derechos sobre la propiedad que ello implica. El estado es el que autoriza la instalación de empresas privadas. Y solo se autorizan explotaciones pequeñoburguesas (pequeños comedores llamados “paladares”, taxis, alojamientos para turistas, pequeñas tiendas y negocios, etc., es decir cuentapropismo, pequeñas industrias y comercios familiares). Los campesinos pueden comercializar en el mercado una parte importante de la producción, pero no pueden comprar ni vender la tierra, que en su gran mayoría sigue siendo propiedad estatal. En el plano de la inversión extranjera, se les garantiza la propiedad de sus inversiones, pero en la mayoría de los casos se trata de concesiones de explotación a un plazo definido, aunque en general sea por muchos años o renovable”.

Esta caracterización debemos corregirla, en varios sentidos.

Por un lado, la nueva Constitución aprobada en 2019, ya establece legalmente la existencia de la propiedad privada como una de las formas de propiedad permitida y reconocida por el Estado, aunque éste se reserve la potestad de autorizar la licencia para su habilitación.

La limitación del permiso del Estado para establecer una empresa privada, sólo tiene el objetivo de evitar que sea la burguesía gusana la que se vuelva a instalar, para privilegiar los parientes y amigos de la burocracia castrista. El sector privado de la economía pegará un nuevo salto con las empresas medianas, habilitadas desde este viernes 6 de agosto a la noche por un decreto-ley del Consejo de Estado, en el cual también se determinó que las Pymes podrán ser estatales, privadas o mixtas y que las micro empresas podrán tener de uno a 10 empleados, las pequeñas, de 11 a 35 personas y las medianas hasta 100 trabajadores.

Esta habilitación legal de las medianas empresas seguramente se complementará con el despido de los 1,3 millones de trabajadores “sobrantes” actualmente empleados en el Estado, que se agregarán a los 500 mil que ya despidió Raúl Castro, quien –recordemos- dijo que en el Estado sobraban 1,8 millón de trabajadores. Con ello habrá un abundante “mercado de trabajo” para bajar el salario todo lo que sea necesario, como para ofrecer buenas oportunidades a la inversión capitalista.

Por otra parte, ya en la nota publicada en abril de 2015 decíamos que: “Hasta la Ley de Herencia ha sido preparada para cuando los altos dirigentes del PCC se lancen al reparto frontal de las propiedades del estado…”

¿Cómo es la estructura económica de Cuba, entonces?: Inversiones imperialistas en los sectores más rentables de la economía cubana; un sector de empresas privadas creciente, de pequeñas y medianas empresas; cooperativas privadas agropecuarias y de servicios; la zona especial de Mariel. El capital privado ya ocupa un porcentaje muy importante de la fuerza laboral, mayor al 33%, sin contar al empleado por el capital extranjero, con el cual seguramente sobrepasa el 50%.

En cuanto al sector estatal de la economía en manos de las Fuerzas Armadas, según Cinatti, es “la transformación de las Fuerzas Armadas Revolucionarias prácticamente en una Sociedad Anónima que maneja un holding de las principales empresas de turismo”, y según describe Alina Bárbara López Hernández en un artículo de octubre de 2020: “En 1995 fue creado el Grupo de Administración Empresarial SA (GAESA), una empresa adscrita al Ministerio de las FAR. En poco más de un cuarto de siglo su crecimiento ha sido descomunal. Actualmente, y no pretendo ser exhaustiva, incluye: hoteles, hostales, restaurantes, cafeterías, centros recreativos, agencias de viaje, inmobiliarias, empresas de vuelos, importadoras, rentas de autos, almacenes, navieras, servicio de mensajería y paquetería, ventas mayoristas, bancos, empresas financieras, servicios de auditoría, empresas de construcción, y toda la red de tiendas minoristas en CUC, y ahora en MLC…..Siendo mucho más importante en términos económicos que varios ministerios juntos, ¿no debería GAESA rendir cuentas de su desempeño ante la Asamblea Nacional del Poder Popular como es obligatorio por ley? Lejos de ello, se sabe que las propiedades bajo control militar no se subordinan a la Contraloría General de la República ni pueden ser auditadas por este órgano. Los métodos y grupos de auditoría que utilizan son internos y no se ofrecen los resultados públicamente”.

Recordemos que no hay centralización de la actividad económica de estas empresas estatales, las cuales además son las que están asociadas al capital imperialista, y vinculadas a las importaciones y exportaciones, sin que haya monopolio estatal de esa vital actividad, como reconoce Diego Dalai (18/8/20, LID-PTS):

“Sobre la apertura de las importaciones (o descentralización del comercio exterior) hay que decir que es un nuevo golpe a una herramienta indispensable para controlar la competencia de los productos extranjeros y preservar la industria local, el monopolio del comercio exterior. Una parte de las importaciones estará regida por los intereses particulares de estas empresas y no ya por las necesidades que identifica la planificación, aunque sea burocrática…

No obstante, también hay que aclarar que los compradores, solo podrán importar productos a través de 36 empresas pertenecientes a los grupos empresariales estatales, como el Grupo de la Administración Empresarial (GAE) de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) o el Grupo Empresarial del Comercio Exterior (GECOMEX), creado en 2013. Esto es un límite a la descentralización porque el estado seguirá todavía como intermediario entre los capitales extranjeros y el sector no-estatal cubano. De cierta forma, sigue controlando el comercio exterior, aunque ya no podamos hablar estrictamente de “monopolio” dado que son las empresas las que deciden qué comprar, a quién comprar y qué precio pagar, quedando por fuera del plan”.

En consecuencia, ya hay una clase capitalista autóctona, que se está fortaleciendo con las medidas que toma el gobierno cubano. La burocracia castrista gobernante es parte de esta burguesía, son los representantes políticos directos de sus intereses, así como de los intereses de las inversiones imperialistas de las cuales son sus socios menores. La burocracia es también la administradora de las empresas del estado, que no está sujeta a ningún control público, y que sólo les paga a los trabajadores cubanos el 3% de lo que recibe de las empresas privadas extranjeras por su contratación (****). El capital imperialista tiene un peso muy importante en la estructura económica de Cuba, que como revelaron los hechos recientes, es muy dependiente del turismo y las remesas de los cubanos exiliados o emigrados. Es decir, la restauración capitalista ha transformado a Cuba en una semicolonia, en donde por ahora predomina el capital imperialista europeo y canadiense. Es por ello que un sector de la burguesía norteamericana no se quiere perder los negocios que puede hacer en la isla y presiona para que se levante el bloqueo, no importa si esos negocios los tiene que hacer con los herederos del castrismo (*****), mientras que la burguesía gusana, con gran influencia en Miami, presiona para asegurarse recuperar su antigua posición de poder y, por ello, es rabiosamente anticastrista. 

En Cuba nunca hubo una revolución socialista, sino una revolución política democrática contra la dictadura de Batista, que bajo condiciones excepcionales (como plantea Trotsky en el P de T), y como respuesta a las presiones imperialistas, se transformó en nacional y antimperialista, al verse obligada a expropiar al imperialismo y a la burguesía oligárquica nativa; y pudo hacerlo porque contaba con el respaldo de la existencia de la URSS. 

Al expropiar y pasar la economía al control del Estado, se impuso la planificación económica centralizada desde el Estado. Es decir, se constituyó un Estado Obrero, deformado burocráticamente desde el comienzo, dado el carácter pequeñoburgués de su dirección. Un Estado Obrero que tuvo un carácter transitorio, ni capitalista ni socialista. Siendo su dirección una corriente pequeñoburguesa, que se constituyó en burocracia estatal, e instauró un régimen bonapartista, con estrecha dependencia de la burocracia stalinista de la URSS. La burocracia castrista se subordinó a la línea stalinista de coexistencia pacífica con reparto de áreas de influencia, violada en algunos procesos de liberación nacional en colonias africanas, en donde el castrismo intervino siguiendo las políticas de Moscú.

Por lo tanto, esa transición estuvo desde un principio limitada al estado nacional cubano, y por ello quedó estancada mientras era sostenida y subsidiada por la URSS, pero era imposible que se desarrollara hacia el socialismo, porque no puede haber socialismo en un solo país. Si no lo hubo en la URSS, menos en una pequeña isla. 

Nosotros, siguiendo a Trotsky decimos que la caracterización de la naturaleza de clase de un Estado depende del carácter de clase de las relaciones de producción determinantes: “la naturaleza de clase del estado es determinada no por sus formas políticas, sino por su contenido social, es decir, por el carácter de las formas de propiedad y las relaciones productivas que dicho estado guarda y defiende” (**).

Es decir, la existencia de un Estado Obrero depende de la existencia de la economía planificada centralizada por el Estado. Como ha planteado Trotsky repetidamente en diversos artículos, la expropiación de la burguesía es solo una condición necesaria para establecer una economía planificada. Es allí donde la principal contradicción del capitalismo se anula, no sólo por la apropiación social del sobre-trabajo para iniciar la acumulación socialista, sino porque la asignación de los recursos de esa acumulación se hace en función de un plan elaborado en base a las necesidades sociales y no sobre la base de la anarquía del mercado capitalista. Por lo tanto, no se trata tanto de medir que porcentaje de los medios de producción siguen en manos del Estado o no, sino que se trata de determinar si la economía funciona según las reglas de la economía planificada o bajo las leyes del mercado capitalista. Si la economía no funciona según una planificación estatal centralizada, funciona según las normas capitalistas. No hay otra posibilidad. Una economía mixta, es una economía capitalista. Las empresas mixtas, que funcionan con capital imperialista y fuerza de trabajo contratada al Estado, obviamente son empresas capitalistas, que se rigen según su propio plan de producción e invierten o dejan de invertir según la tasa de ganancia que obtengan de la explotación capitalista de los trabajadores cubanos, que luego son sometidos a la exacción adicional de la burocracia estatal. Ya solo con la existencia de estas empresas de capital imperialista dominando un sector muy importante y amplio de la producción, es obvio que no puede haber ninguna planificación estatal, al mismo tiempo que, por las mismas razones cae también el monopolio estatal del comercio exterior, que es la barrera protectora del Estado Obrero en relación al mercado mundial capitalista.

En síntesis, hace tiempo que la planificación económica centralizada no existe más, y que la economía se rige según las leyes capitalistas, por el peso de las inversiones imperialistas y la apertura de sectores económicos a la pequeña (y ahora mediana) propiedad privada.

¿Qué programa para Cuba?

Según Cinatti-PTS: “Algunas corrientes que se reclaman trotskistas consideran que la restauración es un proceso terminado, y que por lo tanto se trata de luchar contra una “dictadura capitalista” como cualquier otra. Desde una lógica prácticamente liberal, de “revolución democrática”, ignoran que el imperialismo es una fuerza organizadora de la reacción y niegan que haya aún conquistas que defender, entre otras que aún no se haya recompuesto una clase burguesa local”.

Aún desde la perspectiva de considerar a Cuba un Estado Obrero, el programa que levanta Cinatti-PTS omite (***) plantear la cuestión del derrocamiento de la burocracia castrista, un concepto fundamental planteado en el programa de transición para la revolución política:

“Es imposible realizar este programa sin el derrocamiento de la burocracia que se mantiene por la violencia y la falsificación. Sólo el levantamiento revolucionario victorioso de las masas oprimidas puede regenerar el régimen soviético y asegurar la marcha adelante hacia el socialismo. Sólo el partido de la IV Internacional es capaz de dirigir a las masas soviéticas a la insurrección”

.  

Nosotros nos encontramos entre esas corrientes que nos “reclamamos” trotskistas y que consideramos que la restauración en Cuba es un hecho consumado. Pero no hacemos un análisis abstracto sino histórico concreto del proceso que se ha desarrollado en Cuba. Cuba es un estado burgués, pero no es como cualquier otro, porque fue un Estado Obrero deformado, en el que se ha restaurado el capitalismo. Por eso nuestro programa no es el de la “revolución democrática”, sino que tiene en cuenta esta dinámica histórica, que todavía es relativamente reciente. Aunque nuestro programa levante consignas democráticas, es un programa para la revolución socialista que no puede sino tomar muy en cuenta el desarrollo del proceso histórico, y las actuales condiciones concretas. Por eso nuestro programa plantea:

“Aumento de salarios que cubra el costo real de la canasta familiar; eliminar la desocupación con el reparto de las horas de trabajo; libertad para organizar sindicatos y partidos obreros independientes del Estado; Libertad irrestricta a los detenidos por las manifestaciones del 11J; Libertad de huelga, de manifestación y de prensa; control de precios y de la producción por comisiones de obreros elegidos en asambleas de base; por la formación de comités de soldados que elijan a los oficiales; control obrero y popular de las empresas estatales en manos de las FAR  (Fuerzas Armadas); por la reimplantación del monopolio del comercio exterior; por granjas colectivas estatales para el campo; mayor inversión para la producción agrícola, en el sistema sanitario y en la producción de energía, a costa de las inversiones extranjeras; que sea la clase trabajadora la que decida democráticamente que concesiones se hacen al capital extranjero y bajo qué condiciones; 

¡Abajo el bloqueo imperialista! ¡Abajo la restauración capitalista!; Por el derrocamiento de la camarilla burocrático-burguesa del PC y las FAR; Por un Estado Obrero basado en organizaciones elegidas democráticamente de tipo soviético en las empresas y toda Cuba, coordinadas y centralizadas por los propios trabajadores.

La única perspectiva posible para el pueblo cubano es tomar el camino de la revolución socialista, pero NO de la que le “vendieron” los Castro, o la del “socialismo del siglo XXI” con la que Chávez engañó al pueblo venezolano, sino la de Lenin y Trotsky, impulsando la lucha revolucionaria en el plano internacional como hacía -aunque con una estrategia equivocada- el Che Guevara. Como puede verse con claridad, aislado en un solo país no se puede mantener ni la economía planificada, ni siquiera mantener las conquistas de la revolución. El socialismo solo puede triunfar a escala internacional. 

Por eso la lucha de los trabajadores y el pueblo pobre cubano debe tener como perspectiva conquistar la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas de la América Latina.

Esta lucha solo será posible mediante la construcción de un Partido de Trabajadores Revolucionario, parte integrante de una Internacional Obrera Revolucionaria, construida sobre la base de los principios fundacionales de la IV Internacional”. (Declaración del Comité de Enlace Internacional CSR-ETO/PCO, 23/7/21)

El autor es militante del Partido de la Causa Obrera (Argentina)

(*) Manifiesto Internacional n°1, abril de 2015)

(**) ¿Ni un estado obrero ni un estado burgués? (León Trotsky, 25/11/37)

(***) Cuba: causas y consecuencias del 11 de julio, Claudia Cinatti, en Ideas de Izquierda, 18/7/21.

(****) “Para aquellos trabajadores empleados por las empresas extranjeras –la hotelera, por ejemplo- la agencia empleadora es el Estado, por tanto, el salario que paga la empresa en dólares lo cobra el Estado, y el trabajador recibe sólo el 3% del monto. Así, por ejemplo, un trabajador de cualificación media de la industria hotelera cobraría 420 dólares al mes, pero al final el Estado cubano le paga 260 pesos, 13 dólares aproximadamente”. (Fernando López D’Alesandro, 25/7/21, Sin Permiso)

(*****) “La Cámara de Comercio de EE.UU., probablemente la institución empresarial políticamente más activa en EE.UU., ha defendido durante muchos años la reanudación de las relaciones comerciales normales con Cuba. Thomas J. Donohue, que fue durante mucho tiempo su director y que se jubiló a principios de este año, visitó Cuba en muchas ocasiones y se reunió con los dirigentes del gobierno. Las grandes empresas agrícolas también están interesadas en hacer negocios con Cuba, al igual que los intereses agrícolas y empresariales del Sur, el Suroeste y los estados montañosos (Arizona, Colorado, Montana, Nevada, Nuevo México, Utah, Wyoming, Idaho), representados tanto por políticos republicanos como demócratas”. (Samuel Farber, 1/8/21, Sin Permiso). 

“…se mantienen las exportaciones agrícolas a Cuba, que superan los 5000 millones de dólares desde que el presidente George W. Bush las autorizó en 2001.” (Jorge I. Domínguez, 24/6/17, Sin Permiso)

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