Contra el sectarismo: una posición marxista

por Joan Claravall

Sin duda alguna el sistema capitalista está sumergido en una de las peores crisis de su historia. Las contradicciones inherentes al sistema están siendo expuestas con cada vez más claridad a los ojos de millones de oprimidos. Ante el cambio climático, la opresión de la mujer, la explotación laboral, la miseria de millones de personas, la burguesía no tiene soluciones; al contrario, lo único que ofrece es más explotación, opresión y decadencia hacia el barbarismo para la mayoría de la humanidad.

No es de extrañar entonces que los elementos más inteligentes de la burguesía estén preocupados. En una infinita cantidad de sus escritos y charlas se denota pesimismo, incluso un elemento de miedo. Tal y como los marxistas (aunque desde una perspectiva de clase opuesta), estos burgueses son capaces de honestamente ver y entender que su sistema no funciona, que la destrucción del planeta, el incremento de la desigualdad y la polarización política traen consigo la lucha de clases. Pueden vislumbrar que el período histórico en el que hemos entrado está preñado de grandes luchas y explosiones revolucionarias en todo el mundo. Temen, por tanto, que sus privilegios sean amenazados e incluso arrebatados por la masa oprimida.

Respondiendo a estos factores, ya se están dando movimientos masivos por todo el mundo. Como no podía ser de otra manera, cada lucha tiene sus características particulares, determinada por factores históricos, culturales, organizativos, etc. Sin embargo, el hilo conductor es que expresan la crisis orgánica del sistema y un deseo de romper con el status quo: Catalunya, Sudán, Chile, Colombia, Estados Unidos, entre muchos otros países y movimientos. Todo apunta a que la lucha de clases se irá expandiendo por todos los rincones del mundo e incrementando en intensidad. Así pues, es obligación de todo revolucionario serio armarse con las ideas y los métodos correctos para intervenir enérgicamente en estos movimientos y contribuir a la organización y la toma de conciencia de la clase obrera con el objetivo de tomar el poder en sus manos.

En este sentido, el marxismo es la teoría que mejor representa el legado histórico de la lucha de la clase obrera y el mejor instrumento para contribuir a la lucha por acabar con el capitalismo. Pero el marxismo genuino no sólo es ideología, también es método y táctica.

Crisis del capitalismo, crisis del reformismo

Dentro del movimiento obrero han coexistido desde hace muchos años dos tendencias principales, los reformistas y los revolucionarios. De manera general, los primeros tienen como objetivo reformar al sistema capitalista y así mejorar las condiciones de vida de la mayoría, algunos con la idea de que eso conducirá de por sí al socialismo, aunque de manera gradual y sin convulsiones, mientras que la mayoría se limita a los confines del sistema. Los segundos luchan por derrocar el sistema capitalista y construir una nueva sociedad.

Como es evidente, estas dos tendencias defienden objetivos opuestos y se encuentran en pugna constante dentro del movimiento obrero para influenciarlo y dirigirlo. De forma general, y que la historia reciente confirma, la influencia de las ideas reformistas y de los reformistas ha tendido a ser mayor que la de los revolucionarios a nivel mundial. Y esto no es de extrañar: durante décadas después de la Segunda Guerra Mundial, el sistema capitalista experimentó un crecimiento económico sin precedentes (al menos en los países imperialistas), lo que creó las condiciones materiales para hacer concesiones a la clase obrera, sobre todo en los países avanzados: estado del bienestar, mejores condiciones, acceso a más bienes de consumo para las masas, etc. Hay que apuntar que estos avances no cayeron del cielo, fueron obra de la organización y la lucha de clases. Además de este factor, es necesario añadir que la conciencia tiende a ser conservadora, en el sentido de que las masas antes probarán de mejorar su situación por el camino que parece más fácil, por el más conocido, indoloro y seguro. A través de la propia experiencia ponen a prueba su conciencia y la transforman, dándose cuenta de que sus reivindicaciones más básicas entran en contradicción con el sistema mismo y volviéndose conscientes de su propio poder al calor de la lucha. Es necesario además distinguir entre el reformismo de los dirigentes, que conduce inevitablemente a la derrota, del reformismo de las masas, que es un jalón necesario en su radicalización, que los comunistas deben acompañar, entroncando con su proceso de aprendizaje y acelerando su toma de conciencia revolucionaria.

Como ha mostrado la historia, y nos podemos remontar a la historia reciente, el reformismo lleva en sí mismo la semilla de la cobardía y la traición: Tsipras en Grecia, Sanders en EEUU, Corbyn en el Reino Unido, etc. Esto es así no porque los dirigentes reformistas sean individuos mezquinos, o si quiera débiles, sino que fluye directamente de su política. Su estrategia se basa en dialogar, negociar y presionar a los empresarios, o lo que es lo mismo, colaborar con la clase opresora en nombre de los oprimidos. En momentos donde el capitalismo puede permitirse concesiones, los reformistas son capaces de, en nombre de la clase obrera y del pueblo y apoyándose sobre el mismo, arrebatar reformas a la burguesía. Aun así, generalmente empiezan por exigir una cosa para progresivamente eliminar los aspectos que menos le gustan a los capitalistas, diluyendo de esta manera sus reivindicaciones y programa. ¿Cómo podría ser de otra manera? Quien tiene la sartén por la mano es la burguesía, y como el reformismo no va más allá de los límites del capitalismo, los reformistas aceptan las normas del juego establecidas por el sistema y los burgueses.

Ahora bien, cuando el capitalismo no puede permitirse reformas, como en la época actual, el reformismo se convierte en su última defensa. Esto es así porque acepta los límites, y por tanto las contradicciones, del sistema. Así, la propia lógica de su política les empuja a atacar a la clase obrera, ¡y lo hacen en nombre de esta! Sólo hace falta mencionar a Zapatero para entender esta cuestión. Es un reformismo no ya sin reformas, sino de contrarreformas. Es más, en momentos de auge revolucionario, el reformismo actúa de freno para las aspiraciones de las masas, llamando a la calma, a la seriedad y a la responsabilidad para reconducir el movimiento por cauces seguros: las instituciones burguesas, los despachos privados y las maniobras entre bambalinas con los empresarios. Es por todo esto que los marxistas estamos en completa oposición al reformismo. Denunciamos que es una política que en última instancia perjudica los intereses de la clase obrera y de los oprimidos, y que por tanto conduce a la perpetuación del capitalismo.

Sin embargo, esta posición de principios no es la última palabra sobre el tema. Lenin explicó incontables veces cuál debe ser la actitud de los revolucionarios hacia el reformismo. En su artículo sobre el Marxismo y el reformismo, dice:

“A diferencia de los anarquistas, los marxistas admiten la lucha por las reformas, es decir, por mejoras de la situación de los trabajadores que no lesionan el poder, dejándolo como estaba, en manos de la clase dominante. Pero, a la vez, los marxistas combaten con la mayor energía a los reformistas, los cuales circunscriben directa o indirectamente los anhelos y la actividad de la clase obrera a las reformas. El reformismo es una manera que la burguesía tiene de engañar a los obreros, que seguirán siendo esclavos asalariados, pese a algunas mejoras aisladas, mientras subsista el dominio del capital.”

En un solo párrafo Lenin describe cuál debe ser la actitud de los marxistas frente al reformismo. Es más, la tarea de todo revolucionario debe ser estar a la cabeza de cualquier reivindicación parcial para mejorar la situación material de nuestra clase. De ahí que se derive el nombre de “vanguardia” para los marxistas y revolucionarios en general. Marx y Engels ya explicaron esto en el Manifiesto Comunista:

«Los comunistas se distinguen de los demás partidos obreros sólo por esto: 1) En las luchas nacionales de los proletarios de los diferentes países, señalan y ponen en primer plano los intereses comunes de todo el proletariado, independientemente de toda nacionalidad. 2) En las diversas etapas de desarrollo por las que ha de atravesar la lucha de la clase obrera, siempre y en todas partes representan los intereses del movimiento en su conjunto.” (énfasis nuestro)

«Los comunistas son, por tanto, por un lado, prácticamente, el sector más avanzado y resuelto de los partidos obreros de todos los países, ese sector que empuja a todos los demás; por otro lado, teóricamente, tienen sobre las grandes masas del proletariado la ventaja de comprender claramente la línea de marcha, las condiciones y los resultados generales últimos del movimiento proletario».

Vemos pues cómo es responsabilidad de los marxistas combinar una lucha decidida y constante para mejoras parciales mientras se combate al reformismo como tendencia política, todo sobre la base de que el principal objetivo es derrocar al capitalismo.

El sectarismo, una enfermedad mortal

Dicho todo esto, es absolutamente necesario apuntar que la lucha de clases y el marxismo son concretos. Mientras es cierto que los reformistas no defienden en última instancia a los oprimidos porque aceptan los límites del sistema, esta generalización es una abstracción. Hay momentos históricos en los que una política reformista puede girar hacia la izquierda. Esto depende de muchos factores, pero uno de ellos es clave: la presión por abajo de las masas y sus aspiraciones. Partiendo de lo concreto, y no esperando condiciones “puras” para la revolución, como ya criticó Lenin en su momento, los marxistas deben conectar con las aspiraciones y la conciencia de la clase obrera en cada momento con el objetivo de hacerlas avanzar hacia la toma de poder.

Así pues, como luchadores incansables para los intereses de la clase obrera, los marxistas no sólo deben participar en todas las luchas parciales que mejoren las condiciones de los oprimidos y conectarlas con la tarea general de acabar con el sistema, sino que además tienen la responsabilidad de presionar a los dirigentes reformistas para que cumplan su palabra y para que vayan más allá en el transcurso de la lucha de clases. En otras palabras, los marxistas debemos emplazar y exigir a los reformistas que defiendan realmente a la clase obrera y a los oprimidos, y pacientemente explicar que hay que ir más allá para conseguir reformas de calado y defenderlas. De esta manera, y como la propia experiencia reciente está demostrando (Syriza, UP), los reformistas se comprometen a los ojos de sus bases cuando no cumplen su programa de reformas, cuando se olvidan de los puntos de su programa que más necesita la clase o cuando llegan a compromisos con la burguesía para realizar retoques que no amenacen los intereses empresariales. Durante este proceso, la clase obrera pasa por la experiencia de que incluso para conseguir las mínimas reformas para defender sus condiciones de vida, es necesario ir más allá. Mediante la crítica marxista al reformismo, planteamos que la única alternativa posible, incluso para poder conseguir reformas, es la revolución socialista.

A este respecto, Lenin decía en el mismo artículo citado anteriormente:

“Cuanto mayor es la influencia de los reformistas en los obreros, tanta menos fuerza tienen éstos, tanto más dependen de la burguesía y tanto más fácil le es a esta última anular con diversas artimañas el efecto de las reformas.”

Dicho de otra manera, los marxistas deben participar activamente en las luchas por reformas, además de lo que ya se ha dicho, para combatir la influencia de los dirigentes reformistas en la clase obrera. Con un método correcto sobre la base de unos principios claros, los marxistas pueden acelerar la inevitable cobardía y traición del reformismo y así preparar el camino para la revolución. Es precisamente esto lo que el sectarismo es incapaz de comprender.

Woods, en un artículo polémico titulado Marxismo frente a sectarismo, respuesta a Luis Oviedo (PO), dice:

“Para empezar, debemos entender que, para los sectarios, la mención de cualquier político o partido burgués o pequeñoburgués en cualquier cosa que no sea un tono hosco, hostil y denunciante, es el equivalente a “sembrar ilusiones”.”

Lenin, el gran teórico, pero también hombre práctico decía:

«Si quieres ayudar a las ‘masas’ y ganarte la simpatía y el apoyo de las ‘masas’, no debes temer las dificultades o pinchazos, artimañas, insultos y persecuciones de los ‘líderes’ (quienes, siendo oportunistas y socialchovinistas, están en la mayoría de los casos directa o indirectamente relacionados con la burguesía y la policía), sino que debes trabajar absolutamente dondequiera que se encuentren las masas. Debes ser capaz de cualquier sacrificio, de superar los mayores obstáculos, para continuar la agitación y propaganda de forma sistemática, perseverante, persistente y paciente en aquellas instituciones, sociedades y asociaciones -incluso las más reaccionarias- en las que se encuentran las masas proletarias o semiproletarias» (nuestro énfasis). (Lenin, Obras completas, Vol. 31, p. 53.)

En la cita anterior, Lenin menciona un aspecto muy importante: la paciencia. Esto se deriva de su absoluta confianza en el marxismo y en la clase obrera, en la tarea histórica objetiva que debe realizar la clase obrera para acabar con toda opresión. Y esto, combinado con un infatigable sacrificio y una tremenda dedicación de los bolcheviques, le condujo a decir en su libro sobre La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo:

“Negarse a trabajar en los sindicatos reaccionarios significa dejar a las masas de trabajadores insuficientemente desarrolladas o atrasadas bajo la influencia de los líderes reaccionarios, los agentes de la burguesía, los aristócratas obreros o los «trabajadores que se han vuelto completamente burgueses».

Más claro no se puede decir. Pero Lenin no se inventaba nada nuevo, Marx ya explicó en otras palabras la misma idea: en una carta a Engels, dijo que él siempre fue «suave en las formas, pero audaz en el contenido». Hay que recordar que Marx y Engels fueron los principales dirigentes que construyeron la Primera Internacional, compuesta por todo tipo de tendencias políticas. De todo esto fluye cómo debe plantearse la crítica al reformismo.

Unidas Podemos y los revolucionarios

Como ya se ha apuntado, es necesario exponer la contradicción de los dirigentes reformistas entre sus palabras y sus hechos, lo que prometen y al final no cumplen. Sin una correcta orientación y método, el reformismo sale reforzado. En este sentido, organizaciones como el Frente Obrero son un claro ejemplo de cómo no se debe actuar.

Ciertamente, Unidas Podemos ha ido girando a la derecha y ha caído en el cretinismo parlamentario en los últimos años, mucho más preocupado por sus actividades dentro de las instituciones que fuera, y celebrando el “diálogo social” como la mejor maravilla nunca inventada. En este proceso, se ha ido integrando al régimen del 78. Por supuesto, la dirección de UP es inadecuada para dirigir un proceso de transformación social y necesitamos una dirección revolucionaria que esté a la altura de lo que necesitamos. Ahora bien, ¿esto justifica tildar públicamente a UP de “vende obreros”, de “traidores”, de realizar escraches en mítines, de rechazar cualquiera de sus iniciativas, por muy tímidas que sean? ¿Justifica que el Frente Obrero dedique la mayor parte de sus ataques a UP? Estos métodos sectarios de FO de enfocar la crítica a la actual dirección de UP, lejos de debilitarla políticamente, la fortalecen.

Así, el pasado 14 de enero un miembro de FO interrumpió a gritos a la ministra de trabajo y máximo referente actual de UP, Yolanda Díaz, en un acto en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, reprochándole el acuerdo de la reforma laboral con la patronal.

Este tipo de acciones son completamente incorrectas en su metodología y contenido de clase. En primer lugar porque priman la «acción individual» de una persona audaz frente a una acción de masas. Lo primero representa una actitud típicamente individual, pequeñoburguesa, hacia la lucha política; frente a lo segundo, que es lo que caracteriza a otra proletaria. De tener sentido una acción como esa había de haberse hecho como una protesta genuina de trabajadores completamente identificados de la empresa o sector al que pertenecieran, y frente a las puertas del edificio, y con una condición fundamental: haber organizado esa protesta ANTES en la sede de la CEOE, de la patronal. Al no hacer eso, esta acción hizo aparecer a FO atacando sólo a UP y no haciendo nada contra el enemigo de clase que es el principal beneficiario de la reforma laboral, apareciendo así alineado con éste ante mucha gente, independientemente de sus intenciones.

Nos guste o no, UP continúa siendo un referente de masas a la izquierda del PSOE, y, aunque haya perdido apoyo por todo el país, mantiene una cierta base e influencia en la izquierda y en el movimiento obrero. En otras palabras, todavía juega un papel en la política del Estado español, y por consecuencia, juega un papel de dirección. Por eso, en la medida que todavía despierta ilusiones en una capa numerosa, no se avanza nada en su descrédito criticándola con insultos o utilizando métodos gamberriles que generan rechazo en la base y los votantes de UP, sino con la crítica política de exponer lo que defienden con palabras y, en cambio, practican con los hechos. Así pues, el tipo de actividades y denuncias estridentes, que son el centro de la actividad del Frente Obrero, son la expresión política del sectarismo que tanto denunció y al cual se opuso Lenin toda su vida.

Woods, en el mismo artículo citado arriba, dice:

“El problema es que, a pesar de las denuncias y los gritos, las masas no siguen a los grupos ultraizquierdistas, sino que se mantienen tozudamente fieles a sus organizaciones tradicionales. No serán convencidos por denuncias e insultos. Por el contrario, este método les conducirá al rechazo, les empujará hacía los brazos de los lideres reformistas y desacreditará a los marxistas, quienes aparecerán en los ojos de las masas como sectarios que destruyen y dificultan la lucha.”

En otras palabras, el obrero medio que vota y apoya a UP, e incluso al PSOE, no sólo lo hace en las circunstancias actuales como un voto de rechazo a la derecha, sino porque percibe que, dado el panorama político, estas organizaciones son las únicas que encuentra a mano para tratar de que defiendan sus intereses como persona de clase obrera. Una pequeña organización que rebuzne contra estas organizaciones sobre la base del infantilismo será rechazada con desdén por la masa de la clase, que por encima de todo plantea las tareas políticas de manera práctica.

En lugar de resaltar sólo los aspectos negativos de UP, y olvidar o ignorar que pese a todo mantienen un cierto apoyo social, lo que se debería hacer es exigirles que cumplan su programa y compromisos, por muy limitados que sean, para que queden expuestos ante sus bases si no lo hacen. Para el FO, es mucho más fácil, y vistoso, realizar estridentes denuncias y organizar escraches como una manera de promocionarse públicamente en las redes sociales y conseguir notoriedad, lo cual es, en realidad, el único objetivo por el que organiza este tipo de acciones.

Aquí hace falta detenerse un momento. Lenin, como dirigente de la Tercera Internacional, defendió implacablemente sus ideas ante el sectarismo de algunas secciones de la Internacional porque quería educar en los principios y métodos del marxismo revolucionario a estos compañeros. Basta leer, por ejemplo, su folleto que ya mencionamos: La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo. Veía en ellos una desviación infantil en su programa y métodos, pero que a la vez partía de una base con la cual, con paciencia y sobre la base de los acontecimientos, se podía trabajar para erradicar su sectarismo.

No podemos afirmar lo mismo sobre el FO. Más bien, esta organización que reivindica el régimen burocrático establecido por Stalin en la antigua URSS, así como en otros países de la antigua Europa del Este (como Albania), es una muestra de todo lo que no representa y defiende el comunismo genuino. En primer lugar, sus posiciones sobre la cuestión nacional son abiertamente reaccionarias, defendiendo una cosa en su programa para luego agitar y lanzar consignas parecidas o iguales a la derecha. Así pues, no es coincidencia que durante la crisis de Ceuta de junio del 2021 lanzaran la misma consigna de “soberanía nacional”, y convocaran una manifestación a la misma hora en el mismo sitio, que la fascista Falange Española. Defienden el patriotismo español, lo que significa estar en los hechos del lado del imperialismo español, abandonando así por completo el principio marxista de la unión voluntaria del proletariado mundial como base para luchar contra el imperialismo y acabar con el capitalismo mundial.

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Cartel de FO convocando el acto en la embajada

de Marruecos el mismo día y hora que Falange

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Cartel de Falange convocando su protesta

en la embajada de Marruecos

Una consecuencia de esto se hace sentir en la posición de su principal dirigente, Roberto Vaquero, sobre los inmigrantes, donde plantea que hay “controlar la inmigración” y “que no puede venir todo el mundo, que tiene que venir la gente ordenada”. Defiende, desde el nacionalismo español, que los inmigrantes deben “integrarse” a la “cultura” española. Planteamientos que difieren muy poco de los postulados de Vox. La posición marxista, partiendo de un análisis de clase, es que la clase obrera no tiene patria, que lo que nos une es nuestra posición social y papel en la producción y que la crisis migratoria es consecuencia del imperialismo y del capitalismo, por lo que la alternativa sólo puede ser la revolución socialista internacional y no medidas represivas que nada resuelven y que se utilizan para dividir y enfrentar a los trabajadores nativos de los inmigrantes. Nada que ver con la posición de Vaquero basada en un idealismo reaccionario.

La situación no mejora en lo que concierne a la lucha por la liberación de la mujer. Con un reduccionismo mecanicista crudo, y contra los “progres”, denuncian de manera estridente al movimiento feminista. Son orgánicamente incapaces de saber separar a la dirección de la base del movimiento, a las ideas confusas que dominan dentro del feminismo, del potencial revolucionario que representa que miles de mujeres luchen por mejorar sus condiciones de vida y que se hayan despertado políticamente. Son incapaces de apoyarse sobre los elementos progresistas del movimiento que contribuyen a la lucha de clases, y plantear un programa de clase y la necesidad de acabar con el capitalismo para acabar con la opresión de la mujer, criticando a la vez los elementos reaccionarios interclasistas.

De igual manera adoptan una posición reaccionaria sobre la lucha por los derechos de las personas trans. Abandonando (o sin siquiera conocer) el principio comunista de defensa de todos los oprimidos ante el Capital y la opresión, el FO adopta una posición biológica mecánica que le hace mimetizarse con el campo de la reacción en este tema. Su eslogan “el sexo biológico existe, la miseria de los trabajadores también” muestra por un lado su total incomprensión del método de la dialéctica materialista ante esta cuestión y un reduccionismo “obrerista” sin tapujos. La posición comunista ante la opresión del colectivo trans es la defensa de sus derechos, reivindicando más recursos e inversiones en el asesoramiento y transición, partiendo de que el sexo biológico existe pero que la concepción subjetiva de género para las personas que no se identifica con su sexo biológico está íntimamente relacionada dialécticamente con la sociedad, su cultura, su historia.FOtrans.png

Volviendo a nuestra crítica a las medias tintas y al abandono de las mejores posiciones que antes defendía UP, hace falta combinar un tono «respetuoso en las formas, pero duro en su contenido», además de ser firme en los principios. Por encima de todo hay que exigirles que cumplan su programa, por muy limitado que sea, de manera que queden comprometidos a los ojos de la clase obrera si no lo hacen, que es precisamente lo que está ocurriendo. Sólo de esta manera los reformistas se ven presionados por su flanco izquierdo, y sólo de esta manera la vanguardia es capaz de conectar con la conciencia concreta de la masa de nuestra clase para contribuir a su avance. Con estridencias, denuncias estériles y escraches, el reformismo puede salir del paso desacreditando el método y la forma de la crítica para desactivarla.

Conclusiones

Si el objetivo es realmente defender a los trabajadores y derrocar al capitalismo, es absolutamente esencial que los comunistas sepan plantear las ideas y métodos del marxismo correctamente dentro del movimiento obrero.

Comprendiendo que las masas aprenden a través de su propia experiencia, la clase obrera en su conjunto no llega a conclusiones revolucionarias de manera inmediata. Deben pasar por la escuela de la lucha de clases y sacar sus propias conclusiones. Esto quiere decir que los comunistas no sólo confían plenamente en la clase obrera por su posición social y papel político en la revolución, sino que también son pacientes. El eslogan interno que lanzó Lenin durante el auge revolucionario después de la caída del Zar fue “trabajar pacientemente”.

Así pues, la orientación y el método correcto en la actual situación de decadencia capitalista es más importante que nunca, por más difícil que parezca, por más dificultades que surjan y por más ataques que se reciban. El camino fácil puede producir frutos a corto plazo, pero nunca será la fórmula para acabar con el capitalismo. Lo que hace falta es una correcta combinación de dos cosas: una implacable defensa de ideas y principios, y una extrema flexibilidad en la táctica y las cuestiones organizativas. Las masas obreras pasarán por la dura escuela de la lucha de clases, donde pondrán a prueba organización tras organización en búsqueda de una salida a la crisis del sistema. La tarea de los marxistas es luchar por mejorar sus condiciones de vida inmediatas con el objetivo de hacer avanzar su conciencia de clase y así preparar el derrocamiento del capitalismo.

(Tomado de Lucha de Clases)

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