Autodefensa y huelga general en la rebelión de 2019

por Alejandra Valderrama y Juan Valenzuela

Las jornadas revolucionarias que acontecieron el 18 y 19 de octubre de 2019 en Santiago y el 19 en el resto del país, la huelga general del 12 de noviembre de ese mismo año, las manifestaciones callejeras y choques violentos con la policía que se desarrollaron a niveles muy agudos al menos hasta noviembre de 2019; permitieron revelar, no sólo el potencial de la acción revolucionaria de masas en el terreno de la lucha física con las fuerzas represivas, sino también el comportamiento del Estado frente a este potencial. Estudiando esos enfrentamientos y sus principales consecuencias, es posible elaborar hipótesis acerca de cómo sería una victoria en este ámbito para las y los explotados y oprimidos en las luchas por venir.

No se trata de una tarea menor. Si atendemos a la clásica tesis de Clausewitz recuperada por el marxismo revolucionario –la guerra es la continuación de la política por otros medios-, se hace notorio que los objetivos políticos que se trazó el movimiento de masas en la rebelión -sacar a Piñera del gobierno y convocar a una Asamblea Constituyente para terminar con la herencia económica-social de los 30 años- era de imposible realización si en las calles de las principales ciudades no se conseguía una victoria sobre las fuerzas represivas. En este artículo queremos argumentar que eso sí era posible a condición de que la clase trabajadora desplegara todo su potencial a partir de su peso estructural.

La revuelta y la respuesta del Estado

“Estado de emergencia en Santiago: Ola de violencia azota la capital y siembra caos y destrucción”. “Violencia desatada golpea a Santiago: vándalos destruyen una veintena de estaciones del metro y queman el edificio de Enel”. Con esos titulares el diario derechista El Mercurio registraba lo acontecido la noche del 18 de octubre en el centro de la capital1.

¿Qué era lo que ocurría realmente? El inicio de una revuelta. ¿Qué es una revuelta? Como explicaba Matías Maiello por esos días, las “revueltas se componen de acciones espontáneas que liberan las energías de las masas y pueden tener importantes niveles de violencia” y tienen como una de sus características distintivas que “el movimiento de masas interviene desorganizado”2.

Esas “acciones espontáneas” habían empezado con el método de “saltar los torniquetes” en las estaciones del Metro en rechazo al alza de treinta pesos que protagonizaron los estudiantes secundarios -principalmente del centro de Santiago-, que contaron con una evidente simpatía de la mayoría de la población. Ya habían pasado varios días en los que los estudiantes secundarios ingresaban en el metro sin pagar el pasaje y burlando la seguridad. Desde temprano, ese 18 de octubre, el aire estaba recargado y las acciones se tornaron más confrontacionales. Se produjeron protestas en estaciones como Las Rejas de la Línea 1 o Los Libertadores de la Línea 3. En La Moneda, una pantalla informativa fue arrojada por manifestantes a la vía férrea y en varias estaciones fueron bloqueadas por pasajeros que se sentaban en los andenes. A las 14:51 horas, el Metro, a través de medios oficiales, informó el cierre de las líneas 1 y 2 “por desmanes causados por manifestantes que impiden contar con las condiciones mínimas de seguridad para pasajeros y trabajadores”. A las 16:53, eso se extendió a la Línea 6 y pasadas las 19:00 horas se incluyeron las líneas 4 y 4A que -de todos modos- desde más temprano estaban funcionando de manera irregular. El Mercurio al día siguiente informaba que “las consecuencias

fueron instantáneas, en especial en la Línea 1 -columna vertebral del modelo y que transporta a más de un millón de usuarios- debido a que los buses del Transantiago no pudieron resolver el caos en la superficie”3.

El transporte en la ciudad de Santiago colapsó. La alta concentración de puestos de trabajo en el comercio, oficinas, construcción y servicios en la zona central y oriente de la ciudad, empuja a que día a día, cientos de miles de personas tengan que desplazarse durante horas en metro y/o en Transantiago, en viajes funcionales desde las masivas comunas periféricas con alta composición de clase trabajadora como Puente Alto o Maipú, para luego volver a éstas al finalizar la jornada. Las enormes aglomeraciones de personas que volvían a sus casas en los principales centros urbanos de la ciudad de Santiago fueron el reguero de pólvora sobre el cual la chispa terminó de propagar la llama: en la tarde y noche de ese 18 de octubre, por toda la ciudad se produjeron fogatas y barricadas, en avenidas troncales como la Alameda, Vicuña Mackenna, Blanco Encalada, entre otras. Hubo incendios de edificios públicos y privados como Enel en Santa Rosa con Alonso Ovalle o el Banco de Chile de la Alameda con Ramón Corvalán, y garitas de Carabineros como en Plaza Maipú. Saqueos a supermercados y retail y choques inéditos con las fuerzas policiales. Se incendiaron los pórticos de la Costanera Norte y ardieron barricadas en varios puntos de las rutas 5 Sur y 78. Efectivamente, se trató de una verdadera “liberación de energía con explosiones de violencia” como señalaba el texto recién citado de Matías Maiello.

¿Cómo respondieron el gobierno y el Estado frente a la revuelta de Santiago? Decretando el estado de emergencia la madrugada del día 19 de octubre y durante la tarde de ese día, el toque de queda. Esa madrugada, tras la declaración del estado de emergencia, carros blindados del Ejército se desplegaron por toda la ciudad, coordinados por el general Javier Iturriaga. En una revista del Ejército podemos leer cómo desde su perspectiva narran los hechos de ese día:

“Debido a los acontecimientos que empezaron a surgir en la región Metropolitana, iniciándose con la evasión masiva en las líneas del Metro de Santiago e incrementando el desorden en la zona con los múltiples atentados contra la propiedad pública y privada, lo que llevó a una desestabilización en torno a la ciudadanía, creando inseguridad por las quemas del transporte público, como de infraestructuras, saqueos a supermercados, barricadas y un descontrol en las calles, el gobierno determinó decretar Estado de Excepción Constitucional de Emergencia nombrando al general de división Javier Iturriaga Del Campo, como Jefe de la Defensa Nacional (JDN) en la región Metropolitana, con el objetivo de mantener el orden público, resguardar la seguridad de la ciudadanía y volver a la normalidad la situación […]

Menos de una hora demoró la conformación del despliegue de los puestos de mando en los distintos cuarteles generales, donde se centralizaron las órdenes de las operaciones de las Fuerzas Armadas, de Orden y Seguridad, quienes bajo el mando del JDN realizaban las acciones para volver a la normalidad la situación en las calles. El Puesto de Mando (PM) es una estructura de mando y control, donde se conduce el proceso de las operaciones, es decir, la planificación”4.

La noticia del estado de sitio y el uso de las fuerzas armadas para reprimir se difundió casi instantáneamente. Pero su efecto no fue atemorizar, al revés: el 19 de octubre esta misma “liberación de energía” con expresiones de violencia se extendió a todo el país, de norte a sur, abriendo una situación prerrevolucionaria y un proceso de rebelión popular en el que afloraron múltiples métodos de la lucha de clases y en el que más tarde se reveló el potencial de la huelga general como método al mismo tiempo que los obstáculos que enfrenta. Pero el 19 de octubre, todavía primaban la revuelta y sus métodos espontáneos de enfrentamiento dirigidos en contra de

carabineros, edificios públicos e infraestructura identificados con el poder. En Valparaíso se incendiaron las instalaciones del diario El Mercurio. De esa manera, la revuelta mostró su odio en contra de uno de los medios de prensa de la derecha más conservadora, un diario que fue cómplice directo de la dictadura de Pinochet. También fueron atacadas automotoras y supermercados. En la región del Biobío los enfrentamientos principales se produjeron en las afueras de la Corte de Apelaciones, la que recibió piedrazos. La sede regional de la PDI (policía civil) “debió ser acordonada y vigilada por efectivos armados de la institución”. Se suspendieron servicios de transporte público. En la región de Coquimbo, miles y miles de personas repletaron las calles, se atacaron bancos, el Tribunal Oral en lo Penal de La Serena, la Intendencia regional y supermercados. En San Antonio fue incendiado el supermercado Tottus. En Rancagua, manifestantes quitaron la bandera chilena del monumento a Bernardo O ́Higgins en la plaza de Los Héroes y atacaron con piedras al Servicio de Impuestos Internos y la Fiscalía Local de la ciudad. En Antofagasta, los principales enfrentamientos se produjeron en el entorno del Mercado Central. En Copiapó los manifestantes intentaron romper el cerco policial que protegía la intendencia y luego atacaron sedes bancarias. En Talca fue incendiada una garita de carabineros y fueron atacadas una serie de sucursales bancarias. Los choques con la policía alcanzaron niveles muy agudos, que quizá se habían expresado en revueltas locales anteriores como la de Aysén, Magallanes, Freirina o Chiloé. Pero la masividad y extensión de la jornada del 19 de octubre superaron a todas las experiencias recientes de la lucha de clases, por eso causó pánico en la clase dominante: esos días se desarrollaron en el país verdaderas jornadas revolucionarias. El diario reaccionario El Mercurio no ocultó su estupor para referirse al segundo día de revuelta: “Inesperada jornada de fuego y destrucción afectó a numerosas ciudades del país”. Sin embargo, tuvo que reconocer que “la jornada se caracterizó por la masividad de las movilizaciones y también por la inusitada violencia en zonas en las que no suelen producirse disturbios”5. Uno de los resultados más notorios de esta jornada nacional de revueltas fue la suspensión del transporte interregional e interurbano.

Esta dinámica de revuelta perduró durante toda la rebelión con mayor o menor intensidad. La masividad de la marcha convocada para el 25 de octubre en Santiago fue tal que obligó al gobierno a retroceder en el estado de excepción y el toque de queda, aunque ésta no llegó al punto de poner en peligro la seguridad de los principales centros de decisión política ubicados en el centro de Santiago como lo es La Moneda. Carabineros se aseguró de armar un anillo de seguridad en el entorno del palacio de gobierno con el fin de evitar que las masas que ese día se convocaron, intentaran ingresar para hacer huir a Piñera.

No pretendemos acá hacer una narración detallada de los hechos. Lo que queremos resaltar es que se trató de acciones históricas de masas con una enorme riqueza de métodos de lucha y explosiones de violencia, que marcaron un antes y un después en Chile y que dejaron herido al régimen de los 30 años que profundizó la herencia económica y social de la dictadura.

Sin embargo, las revueltas tienen un límite. ¿Qué límite? Maiello -en el artículo de inicios de noviembre de ese año que estamos citando- lo explicaba así:

“…en la actualidad se expresa especialmente en su carácter “ciudadano”. Las redes y las nuevas tecnologías, que en los recientes procesos han sido muy útiles desde muchos puntos de vista, especialmente, por ejemplo, en el caso Chile alrededor de la denuncia a la represión de carabineros y el ejército, también contribuyen a la lógica de la atomización. Grandes convocatorias que se viralizan pero sin generar espacios de deliberación y organización, o favoreciendo una verticalidad que se convierte en obstáculo para la autoorganización…”6

En el caso de Chile, si bien es cierto que la continuidad, extensión y radicalidad del proceso fueron dando a luz a múltiples fenómenos colectivos que emergieron después del 18O, como la primera línea, las brigadas de salud, las asambleas territoriales y los comités de emergencia y resguardo; y también es cierto que la lucha tendió a rebasar el estadio de “presión” cuando se planteó la posibilidad de que los enfrentamientos entre la represión estatal y las masas derivaran en la caída del gobierno; eso no niega que el métodos que predominaron, fueron los métodos propios de una revuelta en el marco que se trató de una rebelión popular. En el texto que acabamos de citar se señalaba que “a diferencia de las revoluciones”, las revueltas “no adoptan como objetivo reemplazar el orden existente sino presionarlo para obtener algo”7. Los métodos de revuelta que tuvieron lugar en Chile, al no poner en peligro serio las fortalezas del poder, pese a su radicalidad, y en gran parte debido al rol de las conducciones de las organizaciones de masas y del peso de la izquierda reformista, no terminarían superando el estado de presión.

Sin embargo, es interesante tener en cuenta que “las revueltas contienen en sí la posibilidad de superación de ese estadío de acciones de resistencia o actos de presión extrema. Pueden ser momentos de un mismo proceso que abra una revolución o no. Depende de su desarrollo, especialmente, de si la clase trabajadora y el movimiento de masas pueden ir más allá en su conciencia y organización”. A nuestro modo de ver, va a ser la huelga general del 12 de noviembre el factor que va a poner sobre la mesa la fuerza de la clase trabajadora, lo que abrió la posibilidad de que la revuelta y rebelión profundizaran elementos hacia un proceso revolucionario. Esto también se tradujo en un incremento de la capacidad de combate del movimiento de masas. Eso es lo que examinaremos brevemente a continuación.

La huelga general del 12 de noviembre como “libertad de acción” de la clase trabajadora

La jornada del 12 de noviembre puso en movimiento buena parte de la fuerza de la clase trabajadora con paralización y cortes de arterias al menos en 24 ciudades8. Hasta ese momento, la primacía había estado en las acciones ciudadanas o populares de las cuales los trabajadores se hacían parte, pero no como un “sujeto diferenciado”. Pero como ya explicamos en este libro, eso cambió el 12N.

En la ciudad de Antofagasta es donde -quizá- los enfrentamientos fueron más agudos la jornada del 12N. Los días previos se había conformado el Comité de Emergencia y Resguardo9, impulsado por una serie de sindicatos industriales de la ciudad, la Unión Portuaria del Puerto Antofagasta Terminal Internacional (ATI) y la región de Antofagasta y sindicatos de la educación como el de manipuladoras, el SIPPE y el Colegio de Profesores que además puso su sede a disposición del Comité. Este comité, se puso como primera misión coordinar a los trabajadores con los sectores más combativos de las principales poblaciones de Antofagasta como “la Bonilla” (zona norte), la Cachimba (zona centro colindante con la avenida Salvador Allende que se transforma en una troncal que conecta la ciudad de Antofagasta con importantes faenas mineras y la ciudad de Calama), la Miramar (centro-alto) y la Homero Ávila (zona sur, colindante con el barrio industrial “La Negra”) y con los estudiantes, para preparar la jornada del 12N. Se formaron varias comisiones, cada una con funciones muy determinadas: la comisión de autodefensa, encargada de proteger las manifestaciones de la represión brutal de carabineros; los “herreros” -formada por obreros de la industria- que tuvo como misión elaborar escudos; la comisión de salud y primeros auxilios -formada por trabajadores de la salud y estudiantes de la Facultad de Medicina de la Universidad Antofagasta, de la Universidad Santo Tomás y de la Universidad Pedro de Valdivia, comisión que brindaba atención a los heridos- y la de derechos humanos -con abogados y observadores. Se estableció en el centro de la ciudad: en el local del Colegio de Profesores. De esa manera, el Comité de Emergencia y Resguardo, cuando

ya fue 12N, logró dirigir la autodefensa durante el día en varios puntos de la ciudad. Durante la mañana y la tarde el centro de la ciudad fue copado con trabajadores en huelga: portuarios, industriales, funcionarios públicos, entre otros, que se unieron junto a la juventud en la “Plaza de la Revolución” (ex Sotomayor) en un acto con 25.000 personas. En las poblaciones, durante la mañana se produjeron intensos enfrentamientos con carabineros. En la salida al sur y en el barrio industrial la negra, un grupo de pobladores cortó la ruta. Eso permitió parar a varios buses que iban con mineros que acudían a su faena diaria. Los mineros se bajaron y se unieron a la manifestación. Trabajadores mineros y pobladores se encontraron y confluyeron en la jornada de lucha de ese día, aunque esta unidad no se generalizó al conjunto de los trabajadores de la minería. En la tarde, el centro de la ciudad se transformó en el principal escenario de lucha una vez que las y los pobladores bajaron desde los cerros y poblaciones periféricas. El edificio de la Intendencia, la cooperativa de Carabineros, ardieron. La policía, apremiada por los enfrentamientos, en un momento se concentró casi exclusivamente en defender las comisarías de la Plaza Bicentenario en pleno centro urbano de la Bonilla y la comisaría ubicada al lado de la Intendencia. Se trataba de evitar a toda costa un escenario en el que los trabajadores y sectores populares ingresaran en los recintos policiales y se apropiaran del armamento. Si se producía ese escenario, la noticia se hubiese propagado rápidamente a lo largo del país, lo que probablemente hubiese sido un enorme aliciente para que se extendiera la autoorganización y se mostrara el potencial de la clase trabajadora.

Lo más cualitativo de la jornada de Antofagasta es que sobre la base de la libertad de acción que posibilitó la huelga general, se conjugó la autoorganización -lograda a partir de la coordinación de sindicatos y poblaciones- con la planificación consciente de la autodefensa contra las fuerzas represivas. Queda en el terreno de las hipótesis responder qué hubiese acontecido si la CUT, la Unión Portuaria y los principales sindicatos del país hubiesen extendido la huelga general rompiendo con el pacto por la paz que se firmó unos días después, y si en Antofagasta se hubieran plegado los mineros con la huelga general fortaleciendo la lucha en las calles. En esa ciudad ¿se habría podido derrotar al menos momentáneamente a carabineros? En próximos enfrentamientos de clase será posible responder a esa pregunta. Lo más evidente del 12N tendía a superarse el estadio puramente espontáneo de la revuelta que había primado en las jornadas anteriores, porque sectores de clase trabajadora podían asumir un papel coordinador de las luchas en torno a una política que buscaba desarrollar las tendencias más revolucionarias de la situación: la convocatoria a una Asamblea Constituyente Libre y Soberana sobre las ruinas de este régimen político, lo que implicaba, por supuesto, hacer realidad el grito de las calles: ¡Fuera Piñera! consigna que por ejemplo el Comité de Emergencia y Resguardo de Antofagasta hizo propia.

Ahora bien, durante la jornada del 12N, los choques inauditos con el aparato represivo y militar estatal no fueron aislados: se dieron en diversos puntos del país. Un teniente, Alejandro Pinto, encuadrado en el Batallón Divisionario No6, narró más tarde como fue la experiencia en el Cuartel General de la VI División del Ejército ubicado en la ciudad de Iquique. El relato es bastante ilustrativo para entender que el 12N los grados de enfrentamiento habían escalado a tal punto, lo que le daba bastantes contornos de una situación revolucionaria al escenario:

“Alrededor de las siete de la tarde, los manifestantes atacaron el cuartel, intentando entrar con fuerza, generando daños severos en el edificio. Trataron de romper la puerta principal, lanzando bengalas, bombas molotov, ante lo cual mi sección se empleó en la puerta de la guardia No1 del edificio. El objetivo era impedir que los manifestantes, que en todo momento se mostraron agresivos y hostiles, ingresaran al recinto militar (…)

El otro punto importante y sensible era mantener la seguridad de las dependencias del armamento y material de guerra. Mientras transcurrían esas horas, los soldados preguntaban cosas propias de la emergencia, ya que había una cuota de incertidumbre en ellos, por el temor de no sentirse sobrepasados, pero puedo decir que hubo un buen desempeño, ya que en todo

momento se sintieron respaldados por el personal de planta que estaba con ellos, y más aún cuando comenzó a llegar el personal del cuartel, a prestar seguridad al recinto”10.

En sus palabras hay un elemento que puede ser aplicable a todo el aparato estatal, desde el punto de vista de la “cuestión militar”: el punto importante y sensible era mantener la seguridad de las dependencias del armamento y material de guerra. Si en algún punto de Chile las y los trabajadores hubiesen arrebatado armamento y material de guerra a las fuerzas militares o policiales, se habría producido un salto en los niveles de enfrentamiento.

Pero además del nivel agudo que adquirió el enfrentamiento físico directo entre las masas y las fuerzas represivas el 12 de noviembre de 2019, conviene tener en cuenta otro elemento: en esa jornada se expresó el potencial de la clase trabajadora y de sus métodos. Para conceptualizar este potencial, tengamos en cuenta el concepto de posición estratégica desarrollado por el historiador John Womack tomando las argumentaciones de otro intelectual, Dunlop. Según Womack son “posiciones estratégicas” “cualesquiera que les permitieran a algunos obreros detener la producción de muchos otros, ya sea dentro de una compañía o en toda una economía.» [1]Womack enfatiza mucho que es “una idea que va más allá de las “relaciones sociales en la producción”; simplemente la idea de las relaciones industriales o materiales o técnicas de la producción”11. Su énfasis en las relaciones industrialesmateriales técnicas que por extrapolación contrapone a las relaciones sociales, es útil para evidenciar que la fuerza de la clase trabajadora no es una cuestión o estrictamente numérica o subjetiva, sino que está entrelazada con su papel determinante en el funcionamiento de la economía en tanto cadenas de producción, circulación y consumo: existen puntos de esas cadenas de los cuales depende la continuidad de los procesos económicos. Por lo mismo son las más custodiadas por las burocracias sindicales. Ahora bien, como lo mostró germinalmente la huelga del 12N, las posiciones estratégicas, además, tienen un valor en la lucha de clases abierta. El escenario en Antofagasta, sin paro portuario, hubiese sido otro. Si la huelga hubiese involucrado a los trabajadores mineros -sector central en la economía del país-, a los servicios de transporte público, a los trabajadores de las plantas que producen petróleo.

hubiese dado un salto. La pregunta es hasta dónde podría haber llegado este potencial tanto local como nacionalmente de desarrollarse y extenderse la huelga general.

de Karl Marx, escribía cómo las cosas habían cambiado

bastante desde la revolución de 1848

¿Cómo hubiese sido el enfrentamiento si los trabajadorespage6image589933440

portuarios no hubiesen desembarcado los carros blindados que utilizan la policía y el ejército para reprimir alpage6image687044544

pueblo trabajador? La lucha

Es el rol estratégico de la clase trabajadora el que puede desequilibrar la balanza en el contexto de acción

revolucionaria de masas. El argumento reformista según el cual es imposible una victoria de las masas frente al

aparato policial y militar que cuenta con medios técnicos infinitamente superiores a los utilizados por aquéllas, y

que eso hace ineludible jugar respetando las reglas del Estado capitalista, está basado en el ocultamiento del

potencial de la clase trabajadora.page6image687103584

En cierta manera, esta es una vieja discusión. Friedrich Engels, en su célebre introducción a la edición de 1895page6image687116768

de Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850

“… han cambiado muchísimas cosas, y todas a favor de las tropas. Si las grandes ciudades han crecido

considerablemente, todavía han crecido más los ejércitos. París y Berlín no se han cuadriplicado desde 1848,

pero sus guarniciones se han elevado a más del cuádruplo. Por medio de los ferrocarriles, estas guarniciones

pueden duplicarse y más que duplicarse en 24 horas, y en 48 horas convertirse en ejércitos formidables. El

armamento de estas tropas, tan enormemente acrecentadas, es hoy incomparablemente más eficaz”12.page6image688828192page6image688828480

Este texto que muchas veces se cita fuera de su contexto, fue usado para justificar una política pacifista, por fuera

de las pretensiones de Engels. Pero la experiencia revolucionaria de la clase trabajadora consiguió responder a

las interrogantes que generó esa tesis de Engels.

Trotsky en su balance de la revolución rusa de 1905, escribía

a propósito de esta problemática:

“Un alzamiento genuino de las masas inevitablemente presupone una huelga de ferrocarriles.

Antes de que el gobierno pueda comenzar a trasladar sus fuerzas armadas debe en un combate

implacable con los huelguistas tomar la línea del ferrocarril y el material rodante, organizar el

tráfico, restaurar las vías destruidas y los puentes volados. Ni los mejores rifles ni las más afiladas

bayonetas son suficientes para esto. Más aún, antes de proceder al transporte de las fuerzas

armadas el gobierno debe conocer el estado de situación en el país. Los telégrafos aceleran la

información a un ritmo aún mayoral que los ferrocarriles aceleran el transporte. Pero aquí

nuevamente un alzamiento presupone y engendra una huelga postal o telegráfica”.

Teniendo a la vista estas consideraciones teóricas podemos ver con mayor claridad el potencial que tuvo la huelga general del 12N. Por ejemplo, el paro portuario no sólo hizo perder dinero, también afectó la logística comercial. ¿Qué otras cadenas logísticas puede interrumpir la clase trabajadora con su fuerza? El entonces gerente del Puerto Caldera decía: “Entre US$15.000 y US$20.000 es el costo diario de operación de un barco que se encuentra a la gira esperando desembarcar mercadería. Las pérdidas se inician desde el primer minuto y aumentan conforme pasan los días, afectando la cadena logística no sólo desde el punto de vista económico, también en los tiempos de planificación, abastecimiento y todo el proceso productivo como tal”13. ¿Acaso esa fuerza no podía golpear la capacidad estatal de organizar la represión?

Matías Maiello, antes del 12N escribía -en el artículo que citamos- que:

“La cuestión estratégica es cómo estas explosiones de odio y lucha de clases que se expresan en las revueltas no terminan agotándose en sí mismas, a partir de reformas cosméticas que no cambian nada sustancial o canalizándose al interior de los regímenes instituidos a través de alguna variante política burguesa (sea por derecha o por izquierda), o posibilitando contragolpes y/o salidas bonapartistas, sino que despliegan su potencialidad y logran abrir el pasaje de la revuelta a la revolución. El elemento clave en este sentido es, justamente, el desarrollo de una hegemonía obrera que logre unir a los diferentes sectores en lucha”.

Si la huelga general del 12 de noviembre se hubiera prolongado, planteaba la caída del gobierno de Piñera con los métodos de la lucha de clases. En esta dirección el problema de la autodefensa de masas y su preparación, ligado al desarrollo del frente único obrero para enfrentar la resistencia de los capitalistas y sus instituciones policiales, se volvía una cuestión fundamental. De haberse desarrollado una tendencia a huelgas generales combativas, se planteaba la posibilidad de afianzar una alianza de clase para la caída revolucionaria del régimen herencia del pinochetismo ( y en ese camino y lucha, su sustitución por órganos de poder de la clase trabajadora). Esta vía revolucionaria para terminar con las herencias de la dictadura fue abortada en el pacto por la paz y el desvío institucional del plebiscito, que tuvieron la complicidad del Frente Amplio y la tregua y desmovilización del PC.

El 12N lo que se planteó precisamente fue la posibilidad de que se empiece a desarrollar esta “hegemonía obrera” a partir del valor en el combate que significó la aparición de los trabajadores. Esta posibilidad fue interrumpida14.

El pacto por la paz, no sólo incluía las coordenadas del proceso constitucional. Además establecía en su primer punto un “acuerdo de principios” para restablecer el orden público y evitar todas las manifestaciones de acción revolucionaria de masas:

“Los partidos que suscriben este acuerdo vienen a garantizar su compromiso con el restablecimiento de la paz y el orden público en Chile y el total respeto de los derechos humanos y la institucionalidad democrática vigente”. Es innegable que esta cláusula -la primera del pacto- es una declaración explícita en contra de los métodos revolucionarios de la lucha de clases, sin mencionar que la represión desde ahí continuó y hasta el día de hoy.

El revolucionario ruso León Trotsky escribió para el contexto de Francia en 1934, que…

“La huelga general, como lo saben todos los marxistas, es uno de los medios de lucha más revolucionarios. La huelga general no sólo se hace posible cuando la lucha de clases se eleva por encima de todas las exigencias particulares y corporativas, se extiende a través de todos los compartimentos de profesiones y barrios, borra las fronteras entre los sindicatos y los partidos, entre la legalidad y la ilegalidad y moviliza a la mayoría del proletariado, oponiendo activamente a la burguesía y al Estado. Por encima de la huelga general no puede haber más que la insurrección armada. La historia del movimiento obrero testimonia que toda huelga general, cualesquiera sean las consignas bajo las que haya surgido, tiene una tendencia interna a transformarse en un enfrentamiento revolucionario abierto, en lucha directa por el poder”.

Es indudable, a partir de los acontecimientos expuestos, que si la huelga general del 12N se hubiese prolongado, las tendencias revolucionarias se habrían profundizado. Sobre esto volveremos al finalizar este artículo.

La primera línea y el factor moral

Como parte de los fenómenos de vanguardia que dejaron las primeras semanas de revuelta popular, encontramos a la primera línea, que tendrá dentro de sus filas a sectores de la clase trabajadora y la juventud popular, así como jóvenes y profesionales precarios. En regiones como Valparaíso, la primera línea va a estar compuesta por portuarios, cesantes, jóvenes precarizados, mujeres y familias pobres; que bajaban de los cerros para enfrentarse con la policía, siendo duramente criminalizados por El Mercurio de Valparaíso y acusados por éste de saqueo y vandalismo. La composición “popular” de los enfrentamientos lo podemos ver en poblaciones de Santiago, Valparaíso, Antofagasta y Concepción. Uno de los rubros importantes será el de la construcción, de donde provino Cristian Valdebenito, obrero asesinado el 06 de marzo en la plaza de la dignidad.

Este fenómeno perduró incluso con posteridad al “Pacto por la Paz y una Nueva Constitución” y concitó el respaldo de la mayoría de la población, indignada con los brutales casos de represión perpetrados por carabineros. Este respaldo de masas se expresó, por ejemplo, en un escenario bastante insólito: el Festival de Viña del Mar de 2020, cuando el humorista Kramer en su presentación hizo una alusión directa a la primera línea generando las ovaciones del público. Esta ovación, para quienes estuvimos en las calles durante la rebelión, no era nada sorprendente: la primera línea era vista como una protección a la hora de salir a la calle frente a una policía en claro afán de mutilar, reprimir y torturar. Sus cualidades de valentía, entrega e incluso la disposición de muchos de sus miembros a defender con su vida una lucha legítima contra el sistema, concentraron la admiración más allá de las barreras generacionales o incluso políticas al punto que el propio Partido Comunista, que prácticamente todas las luchas de la década pasada denunció cualquier intento de autodefensa frente a la policía, tuvo que dedicarle unas palabras en sus documentos preparatorios a su último congreso partidario, aunque este gesto no fue más que un “saludo a la bandera”.

Relatos que atestiguan el heroísmo de la primera línea, hay muchos. Como explicaba uno de sus miembros en un reportaje publicado por CIPER15, la primera línea: “surge por la necesidad de protegerse de la violencia de Carabineros. En realidad, todo surge por necesidad, la palabra clave es: necesidad. Desde los implementos que usamos para protegernos o atacar… Con el paso de los días nos dimos cuenta de que ayudábamos a que la manifestación pacífica se pudiera desarrollar porque conteníamos el ataque de la policía”.

Las motivaciones de la primera línea han quedado registradas en la prensa. Son las mismas motivaciones de la rebelión popular. En el reportaje citado, por ejemplo, leemos algunos testimonios:

“Yo, que salgo todos los días al trabajo y me muevo en metro y micro, veo como es la realidad de la gente, que se demora horas en llegar a la casa y lo que ganan no les alcanza para vivir. Te dicen que eres de ‘clase media’ para vivir endeudado, pero la clase media no existe porque si no te alcanza para lo básico, eres pobre. Entiendo esto porque lo veo y recién después de la primera semana empecé a moverme a la Primera Línea porque encontré una antena en la casa y pensé que me podía servir para algo y terminé siendo escudero”16.

“Nuestra abuela murió esperando que la llamaran para que se pudiera atender en el hospital, y cuando nos llamaron ya era tarde, ni siquiera revisan si la persona sigue viva. Otro de mis amigos que participa acá tiene un familiar con cáncer y han sufrido mucho con el proceso”17.

Para realizar su labor de proteger a los manifestantes de la acción represiva de carabineros, la primera línea hizo avanzar el método de las barricadas para frenar el avance de las Fuerzas Especiales, profundizando una experiencia de una franja de masas con la autodefensa. Ya no eran sólo encapuchados arrojando piedras y quemando basura. Los materiales de las barricadas eran provistos por líneas de retaguardia, los denominados “mineros”, que permitían levantar aquéllas con un material más sólido que el acostumbrado en anteriores luchas. Una división de tareas en los grupos de avance entre quienes “atacaban” con hondas y los “escuderos”, que estaban al frente para proteger de balazos y perdigones con escudos hechos de antenas u otros materiales, permitió un uso más óptimo de la autodefensa callejera. Un punto importante que tendrá este sistema de autodefensa será la confluencia con las brigadas de salud, compuesta por trabajadores, técnicos y estudiantes del área de la salud que se organizaron para curar heridas y atender a quienes eran golpeados por Fuerzas Especiales, recibiendo también los gases y golpes de la policía.

Ahora bien, más allá de los desarrollos técnicos, la fuente de su fortaleza estaba por un lado, en el enorme repudio –nacional e internacional- a la policía, odiada por el pueblo. Por el otro, en un “factor moral”: son los enormes objetivos que se proponían sus miembros es lo que alimentó una disposición al enfrentamiento. Esto fue observado por Federico Cavada Cabach, un escritor ligado a la Marina. En sus palabras:

“Quizás muchos de estos jóvenes combatientes no tengan siquiera claro por qué, pero están convencidos de que el capitalismo y el modelo neoliberal son la raíz de todos los males de la sociedad y deben ser derrotados para que construyamos un nuevo Chile. Es una lucha mítica en la que hay que vencer. El modelo debe caer, porque solo eso nos permitirá ser felices para siempre (…) En mi opinión, la Primera Línea no caerá mientras tenga respaldo ciudadano (…) el

país está enfrentando un momento muy difícil, en el que una fracción de la población está empleando la fuerza para tratar de imponer su voluntad. Podemos llamarlo guerra, estallido, revolución o como se quiera, pero la violencia está presente y estimo que analizar esta situación, en base a conceptos propios de la guerra, es un ejercicio útil para cualquier hombre de armas”18.

El autor le atribuye una conciencia “mítica” e irracional a la juventud de la primera línea. Pero acierta en decir que su fortaleza está en la legitimidad de masas de la autodefensa, uniendo a sectores de la clase trabajadora con el amplio repudio popular al régimen político, o lo que fue bajo la consigna “no son 30 pesos son 30 años”. Este factor legitimador de la protesta es lo que Cavada, desde una perspectiva reaccionaria, pone como alerta.

Ahora bien, quienes han escrito sobre la primera línea destacan un rasgo común entre los grupos que lo componen: su ausencia de coordinación y centralización. Esto, que académicos alejados de la lucha revolucionaria, antropólogos y sociólogos analizan cómo virtud de la primera línea va a ser en realidad una debilidad.

Para apostar a pasar de una lucha defensiva a una lucha ofensiva que aspire a la derrota del aparato estatal represivo requería generalizar y profundizar las experiencias de coordinación: articular la autodefensa con organismos de auto organización obreros y populares para planificar los enfrentamientos callejeros con objetivos concretos que permitan darle concreción a los fines de la lucha. Para esto, también, era necesario prolongar la huelga general y la extensión a los batallones estratégicos, precondición para darle a la clase trabajadora la libertad de acción necesaria para emprender este camino. Pero como sabemos, los principales sindicatos (dirigidos por burocracias sindicales) eligieron el camino de la tregua y no el de la profundización de la lucha de clases.

La reacción represiva

No es casual que después de la firma del pacto de paz del 15 de noviembre, uno de los objetivos del gobierno y la derecha, será la implementación de una agenda represiva que apunta directamente a los métodos de acción revolucionaria que se desarrollaron durante la rebelión: tanto contra las barricadas y lucha callejera, como contra la huelga general. La militante de la UDI, Jacqueline Van Rysselberghe en una entrevista publicada el 14 de febrero del 2020, declaraba que «no es posible redactar una nueva Constitución, ni siquiera ir a votar al plebiscito, con los niveles de violencia que vemos hoy”. Para ella, estamos perdidos “si empezamos a tratar a esta primera línea como héroes”19.

Es precisamente con el objetivo de reaccionar contra los métodos revolucionarios de la lucha de clases que el gobierno ideó la denominada “agenda de seguridad pública” con su “ley anti saqueos y anti barricadas” (proyecto votado no solo por la UDI y la Concertación, sino también por sectores del Frente Amplio), con el proyecto de ley anti encapuchados, la formación de un equipo especial de abogados para la interposición de querellas criminales contra manifestantes, la modernización del sistema de inteligencia y el proyecto de ley “que permite a las Fuerzas Armadas colaborar en la protección de infraestructura crítica del país”, que todavía no ha sido aprobado.

Además de estas leyes, conviene tener a la vista el empleo de los métodos de inteligencia empleados por el gobierno y las policías. El caso del policía infiltrado en la población Lo Hermida de Peñalolén, Giovany Arévalo

Álvarez, es bastante decidor. Según un artículo publicado en octubre de 2020 por CIPER20, este carabinero que fue descubierto como tal por una pobladora que lo vio con un uniforme en la televisión abierta:

“…no ocultaba sus deseos de atacar a Carabineros. Planificaba fórmulas para sorprenderlos desprevenidos. Y, a través de mensajes en Whatsapp, trataba de convencer a los integrantes de una organización social de la población Lo Hermida (Peñalolén) para que participaran. Su cantera de ideas era su supuesta experiencia previa en la “primera línea”. Uno de sus planes más atrevidos fue realizar un ataque sorpresa a la subcomisaría de la Población Lo Hermida, en Peñalolén”.

¿Qué función desean las policías y el gobierno que puedan cumplir estas maniobras de inteligencia estatal? Separar a la vanguardia de las amplias franjas de masas que la apoyan criminalizando a los sectores de vanguardia.

Detengámonos ahora el objetivo que se esconde tras el proyecto de ley que apunta al uso de las fuerzas armadas para el resguardo de la infraestructura crítica. En el Boletín N° 13.088-02 de la cámara de diputados leemos que el concepto “infraestructura crítica” incluye

“la infraestructura energética, redes y sistemas de telecomunicaciones, infraestructura de servicios sanitarios, hospitales, centros de abastecimiento, puertos y aeropuertos. La protección incluye los bienes inmuebles, equipos y sistemas que sean necesarios para elfuncionamiento de la infraestructura crítica”21.

Si Piñera está introduciendo el concepto de “infraestructura estratégica” o “crítica” es porque busca evitar que la lucha de clases impacte en puntos estratégicos. A propósito del potencial de las posiciones estratégicas que Piñera busca clausurar, Matías Maiello escribía algo sobre el proceso de 2003 que tumbó a Sánchez de Lozada en Bolivia y que puede ayudar a entender la preocupación del gobierno:

“la planta de Senkata de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), situada en el Distrito 8 de El Alto, es un punto estratégico. De ella depende el abastecimiento de nafta y gas licuado de todo el departamento de La Paz en el que se concentra el centro político y una parte considerable de la población y la actividad económica del país. No casualmente, en la “guerra del gas”, el gobierno de Sánchez de Lozada buscó con todas sus fuerzas (policía y ejército) romper el aislamiento de La Paz y reabrir el abastecimiento de combustible desbloqueando la planta de Senkata. Esta ofensiva realizada el 11 y 12 de octubre de aquel año tuvo que enfrentar la enorme resistencia del pueblo alteño, junto con los mineros de Huanuni y los campesinos. A pesar de la represión que dejó un saldo de al menos 26 muertos, el operativo militar fue derrotado, el levantamiento de características insurreccionales se profundizó y se extendió a los barrios populares de La Paz. Pocos días después Sánchez de Lozada caería”22.

Mientras se desarrollaba la rebelión chilena, en Bolivia se producía la resistencia contra el golpe de Estado dirigido por Añez, que terminó con el gobierno de Evo Morales. Miles de trabajadores, campesinos y sectores de los pueblos originarios, bloquearon los accesos de YPFB, haciendo incluso pozos en la ruta con el fin de evitar el paso. Por esa razón, el 19 de noviembre de ese año, el entonces gobierno decidió reprimir.

“Al día siguiente miles de personas llegaron desde distintos puntos de El Alto hasta Senkata donde se desarrolló un masivo cabildo abierto, al que arribó una columna de manifestantes que venía desde Potosí, y los representantes de las 20 provincias de La Paz. Este cabildo votó por aclamación la renuncia de la autoproclamada presidenta Áñez y un llamado a todo el país a luchar contra el golpe. El jueves 21, una multitud se movilizó desde Senkata hasta La Paz cargando a sus muertos, a la que el ejército y la policía se encargaron de reprimir mostrando el desprecio racista de la dictadura. Mientras tanto, topadoras avanzaban contra los bloqueos en la zona de Senkata para liberar el camino que lleva a la planta de combustibles, a la vez que otros distritos se iban sumando a los bloqueos en El Alto y se radicalizaron las medidas”23.

Maiello indicaba que este hecho constituye “una importante lección de estrategia”. Escribe que “una de las encrucijadas que atraviesa a muchos procesos actuales es cómo superar el estadio de acciones de resistencia o actos de presión extrema. Uno de los grandes escollos en este camino es que la clase trabajadora que controla las “posiciones estratégicas” que hacen funcionar la sociedad (el transporte, las grandes industrias y servicios) se encuentra dividida y encorsetada por diferentes burocracias que, salvo excepciones puntuales, le impiden echar mano a esta fuerza capaz de quebrar en forma decisiva el orden burgués, e interviene diluida en “el pueblo” en general”.

En Chile se ha expresaron ambas cuestiones: tanto el potencial de las posiciones estratégicas como el límite que le imprimen las burocracias sindicales. Hasta ahora, el 12 de noviembre ha sido quizá el punto más alto de la lucha: es cuando comenzó a aparecer la fuerza de la clase trabajadora. Al mismo tiempo, también, como dijimos, se empezó a formar la vanguardia de la primera línea. Pero las burocracias sindicales -con la CUT a la cabeza-, producto de la tregua que decidieron con el gobierno, impidieron que estos procesos desarrollaran todo su potencial.

Una lección de estrategia

Si la primera línea se ubica como un factor moral de la autodefensa de masas, debemos señalar que ésta se encontró frente a un aparato estatal blindado con armas de guerra para enfrentar la protesta del pueblo trabajador y que ha continuado su labor represiva con leyes e inteligencia, como explicamos en el apartado anterior. Si surgen nuevas luchas revolucionarias en Chile, a estas acciones estatales se sumará la acción de bandas civiles fascistas, como ocurrió en el Chile de 1970 con grupos como Patria y Libertad. En cierto modo, ya vemos un germen de estas bandas en grupos como las

A propósito de fenómenos de este tipo, Trotsky escribía que…

“juntas de vigilancia” ligadas a terratenientes y empresarios que sepage12image593463504

enfrentan al pueblo mapuche en el sur. En palabras de una de sus artífices, Gloria Naveillán, estas juntaspage12image593476048

“nacieron para hacer frente al robo de animales y a la delincuencia rural, pero han tenido que derivar a temaspage12image593489040

relacionados con terrorismo”24.page12image593493424

“…en todos los casos, sin excepción, es la reacción capitalista la que comienza primero a

formar organizaciones de lucha especiales, que coexisten paralelamente con la policía y el

ejército del estado burgués. Esto se explica por el hecho de que la burguesía es más

previsora y despiadada que el proletariado. Bajo la presión de las contracciones de clase

ya no descansa totalmente en su propio Estado, puesto que este tiene todavía las manos

atadas, en cierta medida, por normas democráticas”25.

Para liquidar a un aparato represivo de este tipo y enfrentar a esos grupos fascistas que entrarán en la escena; se requiere armar a los trabajadores y a los sectores populares, en una perspectiva insurreccional de masas y golpear las posiciones estratégicas del estado capitalista -lo que sólo puede hacer la clase trabajadora si se erige como sujeto hegemónico del proceso revolucionario. En Chile, el camino de la huelga general, abría la posibilidad que surgieran órganos de coordinación y autoorganización de masas que unieran a la clase trabajadora con el pueblo pobre.

Para prepararnos para nuevos ascensos de la lucha de clases debe existir un partido revolucionario que se

construya a partir de las experiencias de vanguardia como la primera línea, buscando que se desarrollen ligadas

a las organizaciones obreras. Un partido que defienda a la clase trabajadora frente a la ola represiva y de

criminalización que orquesta el gobierno. Que ponga en primer orden la lucha por la libertad de todos los presos

políticos de la rebelión y combata en su política y programa, las trampas del proceso constitucional que buscan

reoxigenar las instituciones de los “30 años”, señalando la vía para la caída revolucionaria del régimen herencia

del pinochetismo, posibilidad que tuvimos el 12 noviembre de 2019. Un partido con una estrategia revolucionaria

y que se prepare para ser un factor de articulación entre huelga general, el frente único obrero, autoorganización

y autodefensa, desarrollando y superando la experiencia germinal que por ejemplo se dio en Antofagasta con el

Comité de Emergencia y Resguardo.page13image594164016

Mientras hoy se debate sobre una “reforma general” de la policía cabe preguntarse ¿cómo podremos derrotar apage13image594176656

Sólo la fuerza revolucionaria de la clase trabajadora con su propia defensa podrá hacerlo: disolver por la fuerza carabineros y disgregar el aparato estatal. En resumen: conformar organismos de doble poder basados en la auto organización y defensa que se propusieran ser la base de un nuevo Estado de los trabajadores.

Construir un proyecto político de izquierda revolucionaria exige no eludir estas problemáticas. En la década de 1970 vimos como la tesis de la “vía chilena al socialismo” partía de la ilusión de que las fuerzas armadas y carabineros eran lo suficientemente profesionales y democráticas como para no ingresar en los planes contrarrevolucionarios de la burguesía: una ilusión que se destrozó cruelmente con el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973. No podemos repetir esa ilusión después de la experiencia de la rebelión.

A propósito de estas temáticas, Trotsky escribía para Alemania:

instituciones como esta?

“La esperanza de los partidos reformistas de la II y la III Internacional, y también de los
sindicatos, de que los organismos del Estado democrático los iban a defender de las
bandas fascistas, demostró siempre y en todas partes ser una ilusión. Cuando se dan
crisis serias, la policía invariablemente adopta respecto a las bandas
contrarrevolucionarias una amistosa neutralidad, cuando no colabora con ellas
directamente. Sin embargo, la extrema vitalidad de las ilusiones democráticas hace que
los obreros tarden mucho en encarar la organización de sus propios destacamentos de

lucha. El nombre “autodefensa” corresponde plenamente a sus intenciones, por lo menospage14image589966256

contra el proletariado para impedirle hacer una revolución socialista”26.page14image590036432

en la primera etapa, porque el ataque invariablemente proviene de las bandaspage14image589970048

contrarrevolucionarias. El capital monopolista que las respalda libra una guerra preventivapage14image590006736

Con este trabajo, hemos querido contribuir a la reflexión sobre las tareas de autodefensa que afrontará laclase trabajadora y los sectores populares. No podemos tardar en abrir esta discusión.page14image590059072

El Mercurio, 19 de octubre de 2019
2 Maiello, Matías; “Revuelta y revolución en el siglo XXI”, en revista Ideas de Izquierda, edición digital del 3 de noviembre de 2019, disponible en: https://www.laizquierdadiario.com/Revuelta-y- revolucion-en-el-siglo-XXIpage1image584813728

El Mercurio, 19 de octubre de 2019
4 “Puesto de mando: Coordinación simultánea”, en el “Especial estado de emergencia” de la revista Armas y Servicios, edición de septiembre-octubre de 2019, disponible en: https://www.ejercito.cl/descargas/desktop/MTIwpage2image589768032

El Mercurio, 20 de octubre de 2019
6 Maiello, Matías; “Revuelta y revolución en el siglo XXI”, en revista Ideas de Izquierda, edición digital del 3 de noviembre de 2019, disponible en: https://www.laizquierdadiario.com/Revuelta-y- revolucion-en-el-siglo-XXIpage3image590848768

7 Ídem
8 Torres, Pablo; Muñoz, Gabriel; “El sujeto peligroso: la oculta nueva clase trabajadora chilena y su potencialidad revolucionaria” en este mismo libro.
9 Ver: “Notas sobre el Comité de Emergencia y Resguardo en Antofagasta: una experiencia de coordinación y auto organización en el Chile de la rebelión”, en este mismo libro.page4image591793168

13 : https://portalportuario.cl/christopher-aliste-puertos-chilenos-la-relevancia-de-una-ubicacion- estrategica/
14 Puelma, Fabián; “Los días decisivos de la rebelión de octubre”, en este mismo libro.page7image689238640page7image689238928page7image689239216

: https://www.ciperchile.cl/2020/10/15/carabinero-infiltrado-en-lo-hermida-fue-descubierto- porque-protagonizo-programa-de-canal-13-con-su-identidad-real/
21 Texto disponible en www.camara.cl
22 Maiello, Matías; “Bolivia: lucha de clases y posiciones estratégicas”, en revista Ideas Socialistas, disponible en: https://www.laizquierdadiario.cl/Bolivia-lucha-de-clases-y-posiciones-estrategicaspage11image687564720page11image687565008

10 https://www.ejercito.cl/descargas/desktop/MTE5
11 [1] Womack, John; Posición estratégica y fuerza obrera, p. 50
12 : https://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/francia/francia1.htmpage6image589953344

15 Claude, Magdalena, “Retrato de un clan de la primera línea”. Consultado en: https://www.ciperchile.cl/2020/01/06/retrato-de-un-clan-de-la-primera-linea/
16 Ídem.
17 Ídem.page9image591371632

18 Cavada Cabach, Federico; “La guerra mítica de la primera línea contra el modelo”, disponible en: https://revistamarina.cl/articulo/la-guerra-mitica-de-la-primera-linea-contra-el-modelopage10image593698704

19 empezamos-a-tratar-a-esta-primera-linea

23 Ídem.
24 Sepúlveda, Nicolás; “El informe reservado de Carabineros sobre los grupos de autodefensa de agricultores en la zona mapuche”, disponible en: https://www.ciperchile.cl/2020/08/05/el-informe- reservado-de-carabineros-sobre-los-grupos-de-autodefensa-de-agricultores-en-la-zona- mapuche/page12image593455344

Trotsky, León; “Sobre la cuestión de la autodefensa obrera”, disponible en:

Consultado en: https://www.tele13radio.cl/podcast/fm/jacqueline-van-rysselberghe-si-

Trotsky, León; “Sobre la cuestión de la autodefensa obrera”; disponible en:

26 https://ceip.org.ar/Sobre-la-cuestion-de-la-autodefensa-obrera

https://ceip.org.ar/Sobre-la-cuestion-de-la-autodefensa-obrera

(Tomado de Izquierda Diario)

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