Argentina: tras las elecciones, sigue pendiente la necesidad de un frente único y la conformación de una nueva dirección revolucionaria

de Socialismo Revolucionario (Argentina)

1) La clara derrota del gobierno peronista en todo el país ya producido en las PASO no pudo ser revertida, a pesar de la “remontada” en algunas provincias, especialmente en Buenos Aires. La derrota es en cantidad de votos y en porcentajes, y también en su expresión estrictamente electoral, en la composición de ambas cámaras. Como acaba de decir Juan Grabois en un reportaje a Radio Mitre, la movilización del 17/11/21 es para “darle aire al gobierno” y “no hay nada para festejar”.

2) La capitalización política de esa derrota es de Juntos por el Cambio, incluidos adláteres por derecha (Milei, Espert). No sólo en términos aritméticos (sumatoria de votos), sino en cuanto a ser los únicos capaces de ser, dentro del actual régimen político, una alternativa de poder.

3) El verdadero poder, el gran capital, ya se ofrece como garante para la gobernabilidad, que avance en un acuerdo con el FMI, e iniciar un proceso de recambio político hacia 2023, dentro de la democracia burguesa.

4) El peronismo como partido gobernante atraviesa una crisis política de distintas aristas que hay que seguir y estudiar: una potencial fractura de gobernadores e intendentes que se distancien del kirchnerismo; el mismo kirchnerismo, que está debatiendo cómo operar para mantener su propia unidad; la enorme debilidad del Gobierno de Alberto; y la posibilidad de sectores “de izquierda” que aún forman parte del Frente de Todos que tomen distancia con críticas. Y la burocracia sindical, que opera en un difícil equilibrio entre su apoyo al gobierno, y tener que ofrecer algo a sus bases.

5) Esta situación compleja para la clase dominante en el plano político, tiene como telón de fondo la gravísima situación económica. A la miseria, desocupación y pobreza creciente de las masas, se suma la propia dificultad de sectores de la burguesía para reproducir el ciclo del capital, aún aquellos más dinámicos, los que forman parte del extractivismo agrario y minero. El minué que ya están bailando los bloques políticos mayoritarios respecto a cómo se negocia con el Fondo (si primero hay acuerdo en el parlamento, y luego viajamos “juntos”, o al revés, si primero va solo el gobierno a Nueva York y luego se discute en el parlamento), plantea una dilación en la cual cada quien hace su juego, pero que, desde el punto de vista de la burguesía dueña de los medios de producción y del propio FMI, plantea aún más desconfianza en el régimen político en su conjunto, y en la credibilidad de cualquier plan, presupuesto o proyecto económico. Mientras tanto, la devaluación real del peso (en términos de inflación constante y creciente), lo insostenible en el tiempo de la emisión monetaria como recurso, y la imposibilidad de aumentar la presión impositiva, sigue agravando las condiciones de vida de los trabajadores (activos y jubilados) incluidas las capas medias.

6) Si todos estos elementos nos conducen a una crisis económica y del propio régimen político, lo que limita HOY esta posibilidad es el quietismo de las masas, en cuanto a luchas en el terreno de la acción directa. Las asambleas, las movilizaciones, las huelgas son la excepción y no la regla en el actual escenario político. Como siempre, la burocracia sindical opera como bloqueo a tal posibilidad. Pero a diferencia de otros momentos políticos (2001, por ejemplo), no se están abriendo caminos alternativos (asambleas populares, rebasamiento de la burocracia, autoconvocados, etc.). Y lo más notable, es que, salvo honrosas excepciones (AMSAFE en su último plan de lucha), la mayoría de las movidas fueron contra la inseguridad, y fueron capitalizadas por la derecha.

Nuestro grupo político, que llamó a votar a la izquierda en cualquiera de sus diversas variantes tanto en las PASO como en las generales, valoriza la aceptable elección realizada en todo el país, incluida la que se canalizó a través de Soberanía Popular (Carlos Del Frade), en la provincia de Santa Fe. Nuestras críticas al adaptacionismo electoralista de sus campañas (ninguna crítica al régimen político y cero propaganda socialista revolucionaria), no nos impidió ni nos impide distinguir la importancia de que, en condiciones claramente adversas, haya más de un millón de votantes que votaron, por la positiva, contra los partidos burgueses.

Desde esta postura discrepamos con corrientes y/o militantes revolucionarios que consideraban que el rechazo al régimen tenía que incluir el “castigo” también a esa izquierda, llamando a votar en blanco o a abstenerse de votar. Si bien fue la elección con menor participación desde 1983, el crecimiento desde las PASO a las generales en 6 puntos porcentuales demuestra que se mantienen las ilusiones democráticas en el régimen (aún con apatía y desinterés), esencialmente porque nadie ve alternativas políticas por fuera de dicho régimen.

Nuestro voto a la izquierda, y la valorización del resultado antedicho (incluidas las bancas logradas), no nos impide, sino más bien nos exige ser agudamente críticos a la hora del balance exitista que, especialmente el FITU, realiza: el autobombo unilateral de que “somos tercera fuerza” y/o “logramos tantos legisladores”, es sectario y falto de una mirada de conjunto. Y además, es falso: Veamos los principales distritos del país: En Santa Fe, 7º; en Entre Ríos, 4º; en Córdoba, 5º; en CABA, 4º; en Prov. Bs.As; 4º. en Neuquén, 5º. En Salta, 6º. Y si bien es un logro la diputación de Alejandro Vilca en Jujuy, no está de más hacer un repaso de historias recientes parecidas: la Salta casi soviética (con diputados y todo, hegemonizados por el Partido Obrero), o la Mendoza que catapultó a Del Caño al estrellato. En ambos casos, en las mejores votaciones, la izquierda superó el 15%, y hoy se registra la media de todo el país: entre el 4 y el 6%. Esto nos habla de la volatilidad y precariedad del voto, de la despolitización, en términos generales y en la izquierda en particular.

7) Ante esta compleja, difícil y adversa situación se imponen dos tareas: a) intervenir construyendo estructuras de base, en el terreno del frente único, que permitan organizar “desde el pie” la necesaria resitencia al ajuste en curso y por venir. b) reagrupar al activismo disperso y desmembrado, desilusionado y expulsado de las estructuras burocráticas y sectarias de la izquierda, para conformar una nueva organización, marxista, socialista, revolucionaria, que privilegie la más amplia libertad de tendencias.

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