Argentina: naturaleza de la crisis, consumo y ciclo económico

por Rolando Astarita

En el día de ayer, 17/09, la vicejefa de Gabinete de Ministros, Todesca Bocco, en una entrevista televisiva con el periodista Antonio Laje, afirmó: “Vemos una economía con una inflación en torno al 30% y una recuperación del salario real porque lo que explica el crecimiento es el consumo privado, es decir, que se recupera la masa salarial por recuperación del salario”. Todesca Bocco es graduada en Economía en la UBA y Magíster en Administración Pública de la Universidad de Columbia, Nueva York.

Su planteo entonces es que los salarios se están recuperando; dado que está aumentando la masa salarial, se recuperará el consumo; y con este, la demanda agregada y la producción. De ahí su afirmación de que “lo que explica el crecimiento es el consumo privado”. Una idea que ha calado hondo en la izquierda  y el nacionalismo más o menos “radical”. Incluso hay personas que consideran que esta idea es distintiva de la “Economía heterodoxa”, en oposición a “la derecha neoliberal” y su obsesión con la inversión.

Consumo e inversión en Marx y Keynes

Se trata de un error, sobre el cual he llamado la atención en otras oportunidades. Empiezo despejando una confusión: del hecho de que el consumo constituye el principal ítem de la demanda agregada, no se desprende que sea la variable que lidera las recuperaciones desde la depresión. Como tampoco lleva a las recesiones, o depresiones. Es que la clave en el ciclo económico (y en el largo plazo, del desarrollo) es la inversión. Esto se debe a que fluctúa mucho más violentamente que el consumo, y por eso es responsable de la mayor parte del crecimiento del PBI en la expansión, y de la mayor parte de la caída en la contracción. De ahí su centralidad para explicar las fluctuaciones y el ciclo económico. Lo cual fue subrayado por Keynes en su artículo de 1937 (“The General Theory of Employment”, Quarterly Journal of  Economics, vol. 51, pp. 209-223), en que sintetizó su teoría. Allí sostuvo que la misma podía resumirse diciendo que “dada la psicología del público, el nivel del producto y del empleo depende del monto de la inversión” (énfasis agregado). Y que esto ocurre no porque la inversión sea el único factor del que depende el output agregado, “sino porque es usual en un sistema complejo observar como la causa causans aquel factor que es más proclive a tener una fluctuación súbita y amplia” (énfasis agregado).

En la teoría de Marx el planteo incluso es más claro, ya que el consumo de los trabajadores depende de que vendan su fuerza de trabajo al capital. Para que esto ocurra, el capitalista debe renovar, por lo menos, el ciclo productivo. Si no lo hace, no contrata obreros y estos no consumen. Es lo que ocurre en las crisis y depresiones, cuando se multiplican los cierres de empresas, se reducen plantillas y desaparecen las horas extra. En estas condiciones, ¿cómo se puede esperar que la reactivación económica venga de una recuperación del consumo obrero? Para colmo, y como ha ocurrido en estos meses en Argentina, muchos trabajadores también han visto disminuir, incluso nominalmente, sus salarios; en muchos otros casos, se perdió frente a la inflación. Repito la pregunta, ¿de dónde obtendrán los obreros el poder adquisitivo que pueda sacar a la economía del pozo en que se encuentra? ¿Qué sentido tiene esta tesis de “recuperación de la demanda aumentando salarios en la depresión”?

Pero además, y por lo que acabamos de exponer, es un error grosero decir que la masa salarial depende solo del nivel del salario. La masa salarial es igual al salario promedio × el número de obreros empleados. Por eso, aun suponiendo que el salario real pueda aumentar en algún momento de la depresión (cosa muy problemática, al menos en contextos inflacionarios), nunca podrá ser el factor decisivo de la modificación de la masa salarial.

Por otra parte, también es equivocado considerar el efecto de un eventual aumento del salario solo por el lado de la demanda. Es que el salario incide en la tasa de plusvalía; que incide en la tasa de ganancia; que es decisiva para la inversión. Por eso, las recuperaciones comienzan cuando los capitalistas empiezan a invertir en la reposición de inventarios. Y el nivel del salario influye en esa decisión del capitalista. Precisamente, este es un argumento del marxismo contra la propiedad del capital. Puede molestar, pero no hay forma de ocultar que los capitalistas no invierten cuando consideran que las condiciones para la explotación no son las adecuadas. Este chantaje de la huelga de inversiones es un arma del capital contra el trabajo, que adquiere mayor envergadura con la globalización.

Esto, por supuesto, según la teoría de Marx. Pero también Keynes, aunque desde un enfoque muy distinto, consideró que el salario influía no solo en la demanda, sino también en los costos. Es que la eficiencia marginal del capital, en su teoría, depende de la demanda esperada y del costo del capital. Por eso también keynesianos como Joan Robinson o Michal Kalecki reconocieron que el aumento del salario, dentro del capitalismo, tiene como límite superior el nivel en que no afecta, en alguna medida significativa, la rentabilidad.

La recuperación 2002-2006

Ilustramos lo anterior con la crisis argentina de 2000-2002. Contra lo que pretende la tesis de la “recuperación liderada por los aumentos de salarios”, en esa crisis la masa salarial comenzó a crecer a la parque la economía comenzó a recuperarse (aproximadamente en el segundo trimestre de 2002). O sea, no hubo primero un incremento de la demanda de bienes de consumo salariales, al que le habría seguido la inversión. Tampoco se puede decir que hacia el segundo trimestre los salarios habían recuperado terreno. La intensidad de la desocupación había desactivado las demandas obreras, a pesar del incremento de la pobreza y la indigencia. Por eso, en el arranque de la recuperación mejoraron las ganancias, no los salarios. Los mayores márgenes entre precios y costos laborales incrementaron bruscamente las ganancias, incentivando a continuar la reproducción del capital, en escala cada vez mayor. Empujada por las exportaciones y, más importante, por la sustitución de importaciones (tipo de cambio real altísimo, salarios en términos de dólar hundidos), la economía comenzó a crecer. Contribuyó a ello, además, la elevada capacidad ociosa y el congelamiento de las tarifas en servicios públicos.

Naturalmente, una vez iniciada la recuperación, se incrementó el empleo y luego aumentaron los salarios. Pero todavía  a mediados de 2006, después de cuatro años de crecimiento al 9% anual, las remuneraciones promedio, en términos reales, no habían alcanzado los valores anteriores a la devaluación de 2001. Por eso, la pobreza se mantenía elevada (véase G. Anlló, B. Kosacoff y A. Ramos, “Crisis, recuperación y nuevos dilemas. La economía argentina 2002-2007”, CEPAL. Kossacoff ed. Santiago de Chile, pp.- 7-26).

Señalemos también que entre 2002 y 2011 la inversión se mantuvo relativamente débil (no superó, en promedio, los niveles históricos de la relación inversión/PBI). Lo cual explica la precariedad estructural de ese crecimiento. Por eso, cuando se agotó el ciclo alcista de los precios de las materias primas, la economía comenzó a desinflarse y terminó estancada, y en crisis. De nuevo, la centralidad de la inversión. O, en términos de los economistas clásicos, de la reinversión productiva del excedente para el desarrollo de las fuerzas productivas.

Por último, no es necesario ser marxista (tampoco neoclásico) para admitir la centralidad de la inversión en los cambios del producto y la demanda agregada. Lo he planteado en anteriores oportunidades, siempre en crítica a economistas K (aquíaquí). No responden, pero siguen con la cantinela de “el consumo rige el ciclo”, como si fuera la quintaesencia del keynesianismo progresista. Por lo cual, termino citando a dos reconocidos keynesianos de izquierda (con cierta influencia marxista), Marglin y Bhaduri, cuando en un trabajo de 1990 decían que en el enfoque keynesiano “la demanda de inversión es la pieza central de la historia, debido a que es probablemente el elemento más variable y elusivo de la demanda agregada, y debido a su rol directo en la acumulación de capital” (citado por Sherman, The business cycle: growth and crisis under capitalism, Nueva York, 1990). ¿Serán Marglin y Bhaduri también dos escribas del neoliberalismo y de la derecha? ¿No tienen algo más inteligente para decir? ¿Y si prueban con la ciencia, en lugar de seguir engañando a la opinión pública?

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