por Daniel Logotetti
A propósito de las elecciones legislativas en Argentina del 26 de octubre, que sorprendieron por sus resultados al darle a Milei un triunfo categórico —tanto por la cantidad de votos obtenidos como por la baja expectativa previa—, cabe realizar algunas consideraciones. Efectivamente, las encuestas daban al gobernador de la provincia de Buenos Aires como vencedor por un amplio margen, que oscilaba entre el 10 y el 15 % por encima del Presidente. Una diferencia similar se proyectaba entre el peronismo y los liberales a nivel nacional.
Sin embargo, el bloque peronista —que debía captar el voto popular— se presentó dividido, producto del enfrentamiento entre el gobernador y la ex presidenta. Este sector, de escasa perspectiva política y carente de propuestas reconocibles y acordes con la coyuntura, forma parte del nudo gordiano de la crisis argentina.
El país se debate, además, en el marco de una clara ofensiva de la administración Trump, que intenta reposicionar a los Estados Unidos en el mercado mundial frente a su desplazamiento progresivo por las potencias emergentes encabezadas por China. En ese contexto, la derecha argentina, acaudillada por Milei, expresa una tendencia continental que se repite con el surgimiento de gobiernos de ese signo político.
Las recientes luchas, como el levantamiento de masas —vulgarmente conocido como la “revuelta” de Chile— y las luchas obreras en la Argentina en resistencia a los ataques de Milei, marcan el camino para enfrentar los planes capitalistas. Los trabajadores, a quienes se acusa de ser responsables de “estar como estamos”, han sido en realidad los únicos que salieron a las calles a enfrentarse con los aparatos represivos.
La construcción de una expresión política propia y autónoma será el resultado de un proceso de duros aprendizajes, con avances, retrocesos —muchos de ellos sangrientos— y balances histórico-políticos que deberán realizarse en cada período.Sin balances no creceremos ni aprenderemos. De ese proceso surgirá el programa que permita transformar las estructuras capitalistas, verdadero obstáculo para el desarrollo social. El marxismo vivo y militante es historia y movimiento dialéctico. La clase obrera de ambos países ha demostrado su disposición a enfrentar todos y cada uno de los ajustes impulsados por los gobiernos de Milei y Boric.
La especulación sobre un partido revolucionario nos conduce a otra “cancha”, distinta de aquella en la que hoy se libra la lucha real. Las próximas batallas estarán más allá de cualquier especulación que se monte sobre la derrota de los trabajadores. Sobre esas luchas deberemos construir una organización política independiente, pero referenciada en las estructuras creadas por la propia clase.
En Chile lo vimos claramente en las asambleas, la primera línea y los agrupamientos barriales, que desde la huelga portuaria de Valparaíso en 2018 nos enseñaron —ellos sí— un camino de lucha que luego se replicó en la huelga de masas de 2019. En Argentina, las experiencias asamblearias de 2001 y, antes, las coordinadoras interfabriles surgidas durante la huelga de junio-julio de 1975, mostraron la misma tendencia.
