por Jorge Martin
En los años 60 se dio un debate sobre si América Latina era feudal o capitalista durante la colonia y después. Las contribuciones centrales al debate se dieron en la revista El Gallo Ilustrado, suplemento domincal del diario mexicano El Día, que dirigió por un período el argentino Puiggrós. Rodolfo Puiggrós, primero vinculado al PCA estalinista y después peronista, argumentaba que España había exportado el feudalismo a América Latina.
Le respondió el sociólogo alemán André Gunder Frank, que defendía la tesis de que la colonia había sido capitalista por su inserción en el desarollo del capitalismo mundial.
En realidad este no era un debate meramente histórico o académico, sino que tenía que ver con la estratégia revolucionaria en América Latina. El debate estalló justamente después y como consecuencia de la revolución cubana de 1962, que abolió el capitalismo en 1960-62 rompiendo con los clásicos esquemas etapistas del estalinismo.
Los partidos comunistas de América Latina, después de la degeneración de la IC, rompieron con el enfoque de revolución permanente que había tenido la Internacional bajo Lenin y que habían aplicado creativamente en el continente el cubano Julio Antonio Mella y el peruano Jose Carlos Mariátegui en la segunda mitad de los años 20.
Los PCs estalinizados argumentaban que América Latina había sido feudal y que por lo tanto lo que requería era una revolución anti-feudal, burguesa, separada y aparte de la revolución socialista, en la que el proletariado debía aliarse a la ‘burguesía nacional progresista’ contra los sectores oligarquicos y pro-imperialistas.
La tesis de Puiggrós, que utilizaba un lenguaje marxista, venía a dar respaldo teórico a esta tesis, que había sido completamente desbaratada por la práctica de la revolución cubana, en la que la mítica ‘burguesía nacional progresista’ no había jugado ningún papel, y en la que además las dos ‘etapas’ se habían fundido en una sola en menos de 3 años.
La respuesta de Gunder Frank a Puiggrós, de que la colonia había sido capitalista, apoyaba la idea de que la única revolución pendiente y necesaria era la revolución socialista. Sin embargo la tesis de Frank tenía muchos problemas. En primer lugar, la contradicción de considerar la colonia, que se establecio en toda regla a principios del SXVI, como capitalista, cuando aún en Europa no existía el capitalismo como tal. El capitalismo requiere de la existencia de capital por un lado y de una masa de trabajadores ‘libres’ en el otro polo, le respondía Puiggrós, correctamente, algo que no existía en la colonia española.
Si el error de Puiggrós es el de sacar la conclusión mecánica de que puesto que España era feudal, por lo tanto la colonia también lo era, el error de Frank es el opuesto, el de decir que si la colonia era parte de la acumulación originaria de capital, debía ser capitalista. Ese énfasis en el aspecto de la articulación de la colonia con el sistema económico mundial llevó posteriormente a Frank (que nunca tuvo una formación marxista ni se consideró como tal) a ser un proponente destacado de la teoría del sistema-mundo.
La tesis de Frank fue posteriormente retomada por el chileno Luís Vitale, que a pesar de denominarse trotskista tenía una aproximación al tema igual de esquemática y unilateral a este problema.
Ese es, a mi parecer, el principal defecto de ambos lados en esa polémica. El método marxista consiste en analizar el fenómeno en cuestión (el modo de producción en la colonia) en toda su complejidad, desde todas sus facetas, en su evolución histórica, en sus contradicciones internas y en sus relaciones externas, y de ahi sacar una serie de conclusiones generales que luego hay que comprobar en la práctica. En lugar de eso lo que parece que tanto Puiggrós como Frank hacen es tratar de buscar datos aislados que encajen en las categorías abstractas que han dedicido a priori explican el fenómeno, exagerar algunos aspectos ignorando otros, todo en aras de justificar un punto de vista político estratégico.
En realidad, de manera irónica teniendo en cuenta su posterior evolución, la mejor contribución al debate es la que lo cierra (en la compliación de la editorial ERA) por parte de Laclau, en la que rebate ambas posturas y trata de adoptar un punto de vista dialéctico.
En este sentido, me parece muy interesante la contribución del historiador marxista mexicano Enrique Semo en su «Historia del capitalismo en México I. Los orígenes 1521-1763». Semo, que fue militante y dirigente del PCM durante muchos años se aproxima a la cuestión de manera dialéctica, describiendo los diferentes modos de producción que existían durante la colonia, su evolución temporal, sus relaciones internas y el papel que jugaban en relación a la Corona española y a la acumulación primitiva de capital.
Semo es también director de una muy interesante colección ‘México: un pueblo en la historia, siete tomos’ (de la que me he leído solo el primer tomo).
Creo que Semo tuvo la fortuna de iniciar sus andanzas en el PCM en el período posterior a la ‘desestalinización’ de 1956, lo que le permitió adoptar un criterio propio sobre estos temas. La parte negativa de eso es que el rechazo al estalinismo llevó a estos sectores directamente al reformismo (que en Europa se llamó eurocomunismo), reforzado posteriormente por la caída de la URSS.
Otro autor del mismo grupo que Semo fue el antropólogo mexicano Roger Bartra, hijo de exiliados republicanos catalanes. Bartra (cuya evolución posteriormente fue también al reformismo socialdemócrata en lo político y a algunas ideas bastante peculiares acerca del problema de la conciéncia), se interesó por el debate acerca del modo de producción asiático y de su aplicación a las civilizaciones pre-hispánicas en América.
El estalinismo había prohibido la discusión sobre el modo de producción asiático en 1931. ¿La razón? Política. El modo de producción asiático (asentado sobre la ausencia de la propiedad privada de los medios de producción, pero con una opresiva burocracia estatal encima de la aldea comunal) se prestaba demasiado a paralelismo con el estado obrero burocrático de la URSS, algo que ponía nerviosa a la burocracia. Además el MPA chocaba con el etapismo estalinista y la visión mecánica del desarrollo de los modos de producción de los manuales soviéticos sancionados por Stalin. La discusión entre los cientificos soviéticos además tuvo lugar entre 1928 y 31 en el contexto de la lucha contra la oposición y los debates sobre el carácter de la revolución china y por lo tanto no convenía a la burocracia adentrarse demasiado en esos vericuetos.
Con la ‘desestalinización’ de 1956 se volvió a abrir el debate, sobretodo entre intelectuales e historiadores y fue influenciado también por la publicación por primera vez en francés de los Grundrisse en 1968, que contienen una sección acerca de las «Formaciones económicas precapitalistas» (publicada por primera vez en español en 1971) donde Marx discute acerca de las diferentes formas de transición entre el comunismo primitivo y la sociedad de clases. Ya antes de eso, las Formen habían sido publicadas parcialmente en la revista vinculada al PCF Pensée en 1964 y habían generado un amplio debate.
Volviendo a Bartra. Él conoció las Formen a través de los debates en Pensée y propuso la traducción y publicación en español del texo, que finalmente se realizó en 1966 con traducción de Wenceslao Roces directamente del alemán. En 1969, Bartra publicó en ERA una compilación de textos sobre el Modo de Producción Asiático, con una larga introducción por su parte, una colección completa de extractos de Marx y Engels sobre el tema además de ensayos de Maurice Godelier y Jean Chesnaux acerca del MPA. La colección incluía tambien un ensayo muy interesante suyo acerca de «El tributo y la tenencia de la tierra en la sociedad azteca», en la que justamente avanza la hipótesis de que el modo de producción entre los mexicas (aztecas) fuera una forma del modo de producción asiático: «el estudio conjunto del sistema de tributación y de las formas de tenencia de la tierra permite afirmar que la sociedad azteca, en los siglos xv y xvi, tenía por base un modo de producción tributario («asiático»)».
En realidad, Bartra ya había utilizado el concepto del MPA para describir la sociedad teotihuacana en un ensayo de 1965: «Ascenso y caída de Teotihuacán: una hipótesis».
En otra edición de la misma recopilación de Bartra aparece un ensayo de John V Murtra, «La estructura política inca», que apunta hacia la aplicabilidad del mismo concepto al imperio inca.
Aunque pasó casi desapercibido, los debates franceses sobre las Formen y el MPA también tuvieron un impacto temparno en el marxista colombiano Nicolás Buenaventura. Estando estudiando en Moscú en los años 1960, habiendo sido enviado por el Partido, presentó un trabajo sobre la periodización de los modos de producción en la colonia española. Al leerlo, su profesor le dijo que algunas de las ideas contenidas podían ser desarrolladas a la luz de las Formen (que habían sido publicadas en la URSS en alemán 1939-41 como parte de los Grundrisse).
A partir de ahí Buenaventura escribió un texto “Sobre el ‘modo de producción asiático” (1964) que resumía los conceptos expresados por Marx en las Formen, los debates franceses y posibles aplicaciones a América Latina (incluyendo el análisis de la sociedad chibca)
Para terminar, también en este tema Luís Vitale vino a introducir confusión, al inventarse la categoría «nueva» del «modo de producción comunal-tributario» que o bien es diferente del MPA y por lo tanto hay que explicar lo qué es y en qué se diferencia de él (cosa que Vitale no hace), o bien es otro nombre para lo mismo con lo cual es en el mejor de los casos una disquisición terminológica, o en el peor de los casos, totalmente redundante (es decir, una pérdida de tiempo).
