por Alejandro Valenzuela Torres
En un nuevo acto de piratería imperialista y desafío abierto al derecho internacional, buques de guerra de la Armada israelí interceptaron la Flotilla Global Sumud (GSF) —una misión civil compuesta por más de 40 embarcaciones provenientes de distintos países— cuando se encontraba en aguas internacionales del Mediterráneo rumbo a la Franja de Gaza. Su objetivo era claro: romper el criminal bloqueo naval impuesto por Israel desde hace más de 17 años y entregar ayuda humanitaria a una población sometida a un genocidio transmitido en vivo desde hace casi dos años.
Hasta el cierre de esta nota, 13 embarcaciones han sido interceptadas y abordadas por las fuerzas sionistas: Dir Yassine, Grande Blu, Hio, Morgana, Otaria, Seulle, Spectre, Yulara, Adara, Alma, Sirius, Aurora y Huga. Estas dos últimas —Aurora y Huga— transportaban a las activistas chilenas María “Marita” Rodríguez y Lorena Delgado Varas, quienes formaban parte de la delegación internacionalista que intenta romper el asedio y entregar ayuda humanitaria al pueblo palestino. Ambas fueron detenidas ilegalmente en alta mar junto a decenas de activistas, sindicalistas y figuras políticas, entre ellas Greta Thunberg, la exalcaldesa de Barcelona Ada Colau y un parlamentario irlandés.

La Armada israelí exigió a los barcos que cambiaran de rumbo al considerar que se dirigían a una “zona de combate activa” y declaró sin pudor que no permitiría que la flotilla llegara a su destino. La GSF denunció que varias embarcaciones fueron embestidas deliberadamente, atacadas con cañones de agua y bloqueadas electrónicamentepara impedir el envío de señales de socorro. El ejército israelí también saboteó sus sistemas de comunicación y cortó las transmisiones en vivo en un intento por ocultar el abordaje ilegal.
A pesar de la represión, cerca de 30 barcos continúan su rumbo firme hacia Gaza, encontrándose a apenas 46 millas náuticas del enclave palestino. “Este no es un acto de defensa, es un acto de desesperación. Atacarán una misión civil pacífica porque el éxito de la ayuda humanitaria significa el fracaso de su asedio”, denunció la GSF en sus redes.
Guerra contra la solidaridad: sabotaje, drones y violencia estatalEl asalto no fue un hecho aislado. La semana anterior, drones israelíes ya habían atacado a la flotilla, dañando gravemente algunas embarcaciones y obligándolas a detenerse en aguas griegas para reparaciones. En paralelo, los servicios de inteligencia sionistas difundieron campañas de desprestigio, calificando la misión como un “yate para selfies”. Todo ello demuestra que Tel Aviv percibe la solidaridad internacional como una amenaza estratégica: el éxito de la GSF significaría quebrar la narrativa de “seguridad” con la que justifica el exterminio sistemático de más de 40.000 palestinos desde 2023.
La ofensiva ha generado una reacción internacional sin precedentes. El presidente colombiano Gustavo Petro expulsó a los diplomáticos israelíes y rompió el tratado de libre comercio con Tel Aviv, mientras que el gobierno turco calificó el ataque como un “acto terrorista contra civiles”. Desde Irlanda, el viceprimer ministro Simon Harris calificó la situación de “profundamente preocupante”, y el presidente Michael D. Higgins llamó a proteger a quienes participan en la operación humanitaria.
Ola mundial de solidaridad: ¡Boicoteemos al genocida!
Lejos de desmovilizar, el ataque ha desatado una ola de resistencia obrera y popular a escala global. En Italia, medio millón de personas salieron a las calles el lunes pasado convocadas por el sindicato USB bajo la consigna “¡Bloqueemos todo!”. Puertos, carreteras y estaciones de tren han sido bloqueados, y los estibadores del puerto de Génova organizaron una conferencia paneuropea que llamó a un boicot total al comercio con Israel.
La respuesta de la clase trabajadora ha sido contundente: barcos cargados con combustible y material de guerra destinados a Israel fueron detenidos en los puertos de Livorno, Tarento, Rávena y Génova gracias a la acción directa de los trabajadores portuarios y el apoyo de sectores populares. Cientos de manifestaciones espontáneas estallaron en ciudades como Roma, Nápoles, Florencia, Berlín, París, Estambul y Bruselas, mientras en el Estado español se prepara una huelga estudiantil nacional para el 2 de octubre y, el viernes, una huelga general convocada por USB y la poderosa CGIL con más de 5 millones de afiliados.
Esta oleada de lucha marca el camino a seguir: movilización masiva, huelgas, bloqueos y boicot obrero coordinadocontra el genocidio. La solidaridad no puede reducirse a declaraciones diplomáticas vacías ni a pronunciamientos retóricos; debe expresarse en la acción directa y en el poder organizado de la clase trabajadora mundial.
Chile: solidaridad activa contra el sionismo y su régimen cómplice
En Chile, la detención de María “Marita” Rodríguez y Lorena Delgado Varas debe ser entendida como un llamado urgente a transformar la solidaridad en lucha. El Estado chileno mantiene relaciones comerciales, políticas y militares con el régimen sionista, al tiempo que implementa políticas internas que replican la lógica imperialista: despidos masivos, precarización laboral, criminalización de la migración, represión social y leyes contrainsurgentes disfrazadas de “seguridad”.
La solidaridad con Palestina debe expresarse en las calles y en los centros de trabajo, uniendo las luchas por empleo, derechos sociales y libertades democráticas con la causa del pueblo palestino. El enemigo es el mismo: el imperialismo y sus agentes locales.
En vísperas del segundo aniversario del levantamiento del 7 de octubre de 2023, que sepultó la política colonial de los “dos Estados” y abrió la posibilidad histórica de la completa expulsión del sionismo, el ataque a la Flotilla Global Sumud demuestra que el régimen israelí se encuentra acorralado y teme el poder de la solidaridad internacionalista.
El camino está trazado: unificar las luchas obreras y populares a nivel global, impulsar boicots, bloqueos y huelgas, y colocar la causa palestina en el centro de la lucha contra el capitalismo imperialista. Cada puerto bloqueado, cada fábrica paralizada, cada movilización callejera es una trinchera en la batalla por la liberación.
