por Gustavo Burgos
La reciente declaración publicada en Diario Financiero del holding multinacional Cencosud emitida en medio de una brutal ola de despidos que afecta a miles de trabajadores en Chile, no es un hecho aislado ni accidental: es la expresión más descarnada de la ofensiva del capital contra las condiciones de vida de la clase trabajadora. Detrás de sus frases cuidadosamente redactadas sobre “mercados dinámicos”, «colaboradores» y “transformación necesaria” se esconde un plan deliberado: expulsar a trabajadores con años de experiencia, mejores salarios y derechos conquistados, para reemplazarlos por máquinas y mano de obra precaria, barata y sin antigüedad.
La verdad es otra: los despidos no responden a ninguna “necesidad de la empresa” en el sentido legal del término. El artículo 161 del Código del Trabajo, invocado alusivamente para justificar estos despidos, exige la existencia de circunstancias objetivas que alteren sustancialmente las condiciones del mercado o la estructura interna de la empresa. Ninguno de estos supuestos concurre en este caso. Los indicadores económicos, el plan de expansión y el propio comunicado de Cencosud demuestran que la compañía goza de buena salud y que los despidos son, en realidad, un acto arbitrario y discriminatorio.
En efecto, desde la Coordinadora de Sindicatos de Cencosud se ha denunciado que más de mil personas han sido despedidas solo en la última semana en filiales como Jumbo, Santa Isabel, Easy y Paris. Solo en las dos primeras, más de 600 trabajadores fueron echados en cuestión de días. Y los despidos no cesan.
Este ataque descaradamente coincide con el proceso de expansión regional de Cencosud, que incluye la compra de la cadena Carrefour en Argentina y su consolidación en mercados como Colombia y Estados Unidos. No se trata, por tanto, de una empresa en crisis ni de un giro adverso en el mercado. Todo lo contrario: el conglomerado de Horst Paulmann está en plena expansión y busca aumentar aún más sus multimillonarias ganancias a costa del sudor, la seguridad y el sustento de miles de familias trabajadoras.
El comunicado de la empresa es un compendio de cinismo patronal. “Agradecemos el valioso aporte de quienes han sido parte de nuestra organización”, señalan, al mismo tiempo que los arrojan a la cesantía en un contexto económico en el que la reinserción laboral —particularmente para personas mayores— es casi imposible. La patronal no solo no muestra arrepentimiento, sino que pretende disfrazar su ofensiva como una medida “necesaria” para “fortalecer la sostenibilidad” de la compañía. Con este mismo cinismo intentan limpiar su imagen obligando a los empleados a vender productos de la Teletón.
El trasfondo real de esta política patronal es claro: expulsar a trabajadores antiguos con mayores salarios y reemplazarlos por mano de obra más barata, precarizada y sin derechos. Esta práctica no solo vulnera el espíritu del artículo 161, sino que también constituye una forma abierta de discriminación laboral, al perjudicar deliberadamente a trabajadores por su edad, antigüedad o nivel de remuneración.
En estas condiciones, los sindicatos tienen el derecho —y la obligación— de exigir la reincorporación inmediata de todos los despedidos, llevando el conflicto a los tribunales laborales y, sobre todo, al terreno de la movilización.
Lo ocurrido en Cencosud no es un caso aislado, sino un anticipo de lo que se avecina. El capital, en su voracidad por sostener tasas de ganancia crecientes en medio de la crisis estructural del sistema, redoblará los ataques contra los derechos laborales. Hoy es Cencosud; mañana serán otras grandes corporaciones.
Por eso, este ataque debe ser repudiado con fuerza por el conjunto del movimiento sindical, las organizaciones de trabajadores y todos los activistas combativos. No hay diálogo posible con quienes hacen de la miseria ajena su modelo de negocios. La única respuesta eficaz es la organización, la solidaridad de clase y la lucha en las calles por la defensa irrestricta de cada puesto de trabajo.
