Un árbol que no deja ver el bosque

de COR-Chile

Se acerca la segunda vuelta de las elecciones presidenciales y los dos postulantes al “comité administrativo de los negocios de toda la clase burguesa” les cuesta diferenciarse en lo fundamental. El utrarreaccionario Kast ha matizado varias de sus posturas extremas como la eliminación del ministerio de la mujer, la privatización de Codelco o la ruptura con la ONU. El frenteamplista Boric ha prometido no indultar a los presos por luchar, respaldar y reforzar a carabineros (para reprimir las manifestaciones de los viernes en Plaza Dignidad entre otras perlas), “sentarse a conversar” con las AFP’s, y un sinnúmero de gradualidades para diluir sus propuestas de campaña.

Todas las promesas reformistas del candidato que apareció flanqueado por la presidenta de la CUT se diluyen a medida que se acerca …la Concertación. Estas propuestas reformistas dirigidas hacia la clase trabajadora tales como “negociación ramal”, participación obrera en los directorios de las empresas, reducción de la jornada laboral a 40 horas, etc, han salido ahora del tintero con el mote de “revisaremos” esto, “avanzaremos” en aquello. En materias de educación, salud y gasto público en general, se compromete a disciplinarse al ajuste fiscal presupuestado para este año. Ambos candidatos prometen continuidad a la obra del gobierno de Piñera en materia de Pandemia, es decir, utilizar el aparato burocrático militar del Estado para imponer cuarentenas y estrujar la fuerza de trabajo del sector sanitario hasta el máximo de sus posibilidades. Promesas reiteradas en todas las campañas como eliminar las listas de espera, inaugurar hospitales o mejorar la integración del sistema de salud, por supuesto que deberán ocuparse en ir a aumentar las arcas de clínicas y laboratorios traspasando fondos y pacientes como lo viene haciendo el actual gobierno.

Detrás de cada candidatura hay un sinnúmero de arribistas de profesión que se transfugan apostando al ganador para luego repartirse el botín de cargos y prebendas estatales. Esto es parte de la operación política de los personeros de la concertación que llenaron de contenido aceptable para la burguesía y el capital financiero al candidato del árbol, convirtiendo su eventual gobierno en uno de la “Nueva Mayoría” 2.0, una continuidad de los “30 años” de democracia para ricos.

Es verdad que el candidato Kast mantiene sus postulados de orden y represión que no difieren de lo ejecutado por el actual gobierno mas que por su carácter explícito, prometiendo en caso de reiteración una represión más cruenta a la ejercida post 18-O, legalizar las detenciones y apremios que realizan las fuerzas lúmpenes organizadas por el Estado, disponer efectivamente de mayores atribuciones para los estados de excepción, etc. Sin embargo se ha desdibujado la épica campaña contra “el fascismo” a la que nos han convocado. Ya hemos escrito sobre el carácter del fascismo como una tendencia eminentemente pequeñoburguesa representante del capital monopolista en los países imperialistas ante la amenaza de la revolución obrera y socialista.

Abstrayéndonos de sus caracteres fundamentales, también habría que considerar el accionar de bandas armadas que se dirigen a liquidar físicamente a los trabajadores y sus organizaciones. De existir tales agrupamientos sería irrisorio plantear que se los derrota mediante una papeleta electoral o, en el mismo sentido, que utilizando ésta se logrará conjurar su aparición. Difícil de catalogar de fascismo a algunos puñados de “despojos humanos” que detrás de un computador se dedican a esparcir su descomposición en redes sociales. Lo que existe es el pinochetismo en sus diversas tendencias, como una expresión genuina de la continuidad de la dictadura del capital bajo su máscara democrática.

La dictadura de Pinochet fue la respuesta sanguinaria para imponer un proceso contrarrevolucionario que, con el auspicio del imperialismo norteamericano, se abocó a liquidar a toda una generación de activistas y militantes revolucionarios. La democracia de los 30 años ha continuado esa tarea a baja intensidad, aunque no por ello menos persistentemente. Lo que muchas tendencias rehúsan asimilar que si bien democracia y dictadura expresan –sociológicamente hablando- distintas formas de régimen, y son resultante de las relaciones de fuerzas y la lucha de clases, es que en los países semicoloniales son expresión del bonapartismo sui géneris, ese poder estatal de índole particular que se eleva por sobre las clases fundamentales, ante un poderoso proletariado y una débil burguesía autóctona subsidiaria del capital financiero, ora para garantizar el dominio imperialista apoyados con la fuerzas represivas, ora estableciendo algunas concesiones a las masas para regatear algunas migajas en beneficio de la sub-burguesía. Una u otra variante impondrán a la clase obrera tácticas distintas de intervención, pero no conllevarán en ninguno de los casos a arrastrar a la clase trabajadora detrás de alguna de las fracciones burguesas en disputa.

Es importante considerar la existencia de la convención constitucional (CC) como un ensayo de la democracia burguesa ampliada, un intento de la burguesía para desviar el proceso que abrió el 18 de Octubre del 2019 y, al mismo tiempo, intentar «modernizar» el aparato de Estado. Es posible que el alcance de las reformas estén aún comprometidas en función de los resultados presidenciales. Sin embargo, esto será sólo una diferencia de grado. La CC convertida en una suerte de congreso ad hoc será parte de la experiencia de las masas con la democracia burguesa. Es preciso tener en cuenta que el nacimiento de esta CC fue una transacción de “paz y orden público” por nueva constitución. Eso significó el acuerdo del 15N, que catapultó al podio de “estadista” de la burguesía al candidato estudiantil, cuya coalición se dedicó a consensuar leyes represivas como la de antibarricadas. Y este acuerdo fundamental fue para conjurar la tendencia a la huelga general que expresaran la clase trabajadora y las masas el 12N cuya continuidad podía plantear el derrocamiento efectivo del gobierno de Piñera.

La represión estatal continuó sistemáticamente luego de la semiinsurrección espontánea del 18-O y del mismo 15N, y tuvo su continuidad directa coartando y reprimiendo los procesos de lucha y organización con el accionar reaccionario del aparato de Estado ante la pandemia. Accionar represivo que fue exigido y festinado por muchas organizaciones políticas, sindicales y sociales, que exigían cuarentenas estatales como solución a un mal del propio capitalismo. No se puede “disputar la orientación” de un aparato de Estado cuyo carácter de clase es capitalista. Los trabajadores no pueden apropiarse del aparato estatal y ponerlo a trabajar para sus propios fines, es preciso destruir dicho aparato imponiendo la dictadura de la clase revolucionaria sobre la burguesía.

Pero al mismo tiempo que actuó esta labor represiva, la clase dominante utilizó el mecanismo de las elecciones generales como forma de atenuar, diluir y desviar los procesos de masas. Se sucedieron elección tras elección buscando imponer la masividad pasiva de mayorías nacionales para diluir, al tiempo que estatizar, los movimiento sociales de carácter heterogéneo, sin que pueda haberse desarrollado el movimiento obrero fortaleciendo su organización atacando al poder burgués donde reside que es en la producción.

Sin embargo este escenario que en apariencia es reacción en toda línea, podemos parafrasear a Trotsky cuando planteaba para otra situación: Bajo la envoltura de la reacción oficial están ocurriendo profundos procesos entre las masas, que acumulan experiencia y se hacen receptivas a nuevas perspectivas políticas.” Y si bien las luchas de masas, de los trabajadores y la juventud, pueden haber retrocedido coyunturalmente por luchas no dadas, consideramos que no han sido derrotadas y apostaremos a que sus sectores avanzados saquen las lecciones adecuadas de la situación y preparen el porvenir.

Un gran frente único por… Boric

Sin extendernos en este punto, vamos a constatar que existe un gran frente único que impulsa la candidatura de Boric que va desde Ricardo Lagos pasando por la burocracia sindical, “el joven rebelde” Chanfreu hasta la mayoría de la izquierda trotskista.

En el caso de la izquierda revolucionaria encontraremos campañas por omisión de “vota contra Kast” hasta la expresión que posicionarse por Boric es luchar por la independencia política de case. La repetición abstracta de fórmulas como la del frente único, se encuentran vaciadas de contenido, al plantearse como objetivo un fracasado destino electoral o un frente único contra el fascismo. Ignorando que si bien las coaliciones y opciones electorales burguesas influencian al movimiento obrero, distinto es traspasar fórmulas políticas que iban dirigidas hacia partidos que organizaban a millones de trabajadores tanto en sus orgánicas como en poderosos sindicatos, clubes, mutuales, etc. El objetivo de ganar a la clase obrera para la revolución, de poner en pie y regenerar su dirección revolucionaria era la base que guiaba esta orientación. Hoy ponerse tras de Boric no significa otra cosa que apoyar al orgulloso candidato del Acuerdo del 15N que tanto dicen repeler.

El desarrollo de un programa revolucionario que lucha por la independencia de clase debe hacerse carne en la clase trabajadora que es la que tiene que llevarlo a cabo. No se trata de imponer ultimatismos a los trabajadores y los sectores en lucha que optan por una candidatura, sin embargo, el puente de diálogo que pueda expresar “una adaptación pedagógica a las capas más atrasadas del proletariado no debe transformarse en una adaptación política”. Adaptación política que se expresa en la deformación estatista del programa de transición.

El frente único es necesario para militar de cara a la clase obrera, para recuperar sus sindicatos unificarlos y discutir sus tareas, levantando oposiciones sindicales revolucionarias, impulsando sus luchas, reagrupamientos y planteando un programa que apunte a que la clase obrera avance en conciencia y organización para dar una salida a la crisis.

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