Sylvia Ageloff y el asesinato de León Trotsky

de WSWS

Parte 1, Parte 2, Parte 3. Esta es la cuarta y última parte

El 20 de agosto de 1940, León Trotsky fue asesinado por el agente estalinista Ramón Mercader en la delegación Coyoacán en la Ciudad de México. El acceso de Mercader al gran revolucionario fue posible por su relación con Sylvia Ageloff, una miembro del Socialist Workers Party (SWP). En el periodo posterior al asesinato, Ageloff se presentó como una víctima inocente de la duplicidad de Mercader, una afirmación que nunca fue desafiada por el SWP.

Esta serie de artículos constituye la primera investigación sistemática de papel de Ageloff por parte del movimiento trotskista y continúa el trabajo de la investigación Seguridad y la Cuarta Internacional del Comité Internacional de la Cuarta Internacional. Se public ó en cuatro partes.

La investigación mexicana del asesinato

La investigación mexicana comenzó de lleno con las entrevistas iniciales de Ageloff y Jacson-Mornard.

El asesinato de Trotsky sigue siendo visto en México como el caso de homicidio más importante en la historia moderna del país. El Gobierno mexicano llevó a cabo la única investigación contemporánea seria del asesinato. Involucró un examen del papel del Ageloff en el complot. Sus coartadas interesadas, episodios histéricos y reclamos de inocencia no disuadieron a los investigadores mexicanos, quienes evaluaron críticamente las acciones de Ageloff con base en los hechos.

El Gobierno de Lázaro Cárdenas y la policía de la Ciudad de México concibió la investigación como una cuestión legal de máxima importancia. El asesinato a manos de agentes extranjeros de un refugiado de alto perfil —especialmente alguien tan respetado por la clase obrera como Trotsky— representaba un desafío contra la soberanía nacional de México. El Gobierno les asignó el caso a sus investigadores policiales y fiscales públicos más prominentes. Su investigación fue objetiva y profesional. Los oficiales realizaron docenas de entrevistas y emplearon métodos avanzados que todavía se les enseñan a los criminólogos mexicanos contemporáneos. Aquellos responsables de la investigación, incluyendo el afamado criminólogo mexicano Alfonso Quiroz Cuarón, demostraron un nivel de interés en el asesinato y sus participantes ausente en la respuesta del SWP. [161]

El renombrado criminólogo mexicano Alfonso Quiroz Cuarón (crédito: David North)

Los investigadores mexicanos arrancaron con las entrevistas de Ageloff y Jacson-Mornard. En el transcurso de su investigación preliminar, los fiscales comenzaron a acumular pruebas circunstanciales contundentes que, según su interpretación, desmentían la declaración de inocencia de Ageloff.

La investigación preliminar mexicana

Cuando Ageloff comenzó a dar sus respuestas, la policía y los fiscales tuvieron la oportunidad de observar su comportamiento y comprar sus explicaciones de lo acontecido con las declaraciones de Jacson-Mornard y otros testigos. Con base en la información que recabaron sobre los antecedentes de Ageloff y sus acciones, determinaron que su afirmación de que fue engañada no era creíble.

Las primeras pruebas circunstanciales que apoyaban esta conclusión incluían lo siguiente:

  • Las autoridades mexicanas creían que el papel de Ageloff en organizar la cena con Schüssler arrojaba serias sospechas sobre ella. Consideraron que Ageloff y Jacson-Mornard hicieron planes con los Schüssler para asegurarse de que Schüssler no estuviera en la residencia de Trotsky, facilitando el asesinato.
  • Ageloff admitió tener familia en Rusia. Consideraron que esto presentaba la posibilidad de que la GPU podía presionarla amenazando con emplear violencia contra ellos en Rusia.
  • Ageloff admitió que en una ocasión vio que “cuando [Mercader] se escribía con su jefe lo hacía en clave”. Ella le preguntó acerca de la clave, “y entonces Jackson hizo algunos signos en un pedazo de papel, habiéndolo roto inmediatamente”. [162] Los fiscales consideraron que evidenciar esto y no reportárselo a Trotsky indicaba su participación en la conspiración criminal.
  • Asimismo, la investigación halló, “Sylvia afirmó que Jackson jamás le permitió revisar su correspondencia, la cual se encontraba en sobres sellados, además que, cuando vinieron de Nueva York a México, Jackson nunca se separó de un maletín que traía en la mano”. [163] Que Ageloff no le informara de estos detalles a Trotsky implicaba que estuvo involucrada en la trama, pero quería una historia de fondo para presentarse como inocente.
  • Para los fiscales, el hecho de que Jacson-Mornard insistiera en la inocencia de Ageloff constituía otra prueba circunstancial de que ambos estaban colaborando. Durante una audiencia, Jacson-Mornard le dijo al juez, “habiendo leído y releído el texto de la parte relativa de dicho auto [decreto judicial]; que encuentra que todo lo que ese auto dice con relación a Sylvia, no lo convence; y que si él hubiera sido el juez, la hubiera dejado en libertad”. [164]
  • El fiscal Francisco Cabeza de Vaca dijo que la historia de Jacson-Mornard —que él y Ageloff estaban enamorados y que el asesino mató a Trotsky por interferir en su relación— eran “verdades absurdas, lo que usted ha declarado hasta ahora es inaceptable, no cabe en el cerebro de ninguna gente de razón ni en el cerebro de un niño; no podemos aceptar nosotros ni aceptará la opinión pública”. [165] Cabeza de Vaca dijo que Jacson-Mornard “debe reconocer que ese argumento es completamente deleznable, que es inaceptable, que le rechaza el sentido común, por última vez le doy la oportunidad para que usted nos diga toda la verdad”. [166]

Los trabajos de Ageloff y su acceso a dinero

La policía y los fiscales también descubrieron en su investigación que Jacson-Mornard le había encontrado una serie de trabajos en París y que le había dado miles de dólares a lo largo de su supuesta relación. Los investigadores mexicanos establecieron que Ageloff recibía tan solo $103 mensuales en su trabajo como psicóloga infantil en Nueva York y, como señaló Barrón Cruz, “obviamente, la autoridad le preguntó respecto a la procedencia de los recursos económicos para sufragar los gastos de los viajes” a Europa y México. [167]

Según Barrón Cruz, Cabeza de Vaca creía que había sido sumamente incriminatorio que, “Sylvia menciona que Jackson le había dado 3.000 dólares en Nueva York y que los depositó en un banco en Broadway, del cual no se acordaba el nombre; al respecto, Jackson la corrige y le dice que fueron 3.500 dólares”. [168] Ajustado a la inflación, los $3.000 de 1940 equivalen aproximadamente a $55.000 hoy día. La policía mexicana creía que Ageloff había gastado este dinero en visitar a Jacson-Mornard en México como un gasto relacionado a sus trabajos de espionaje.

La investigación del FBI

Los investigadores mexicanos no fueron los únicos en extraer conclusiones sobre la culpabilidad de Ageloff en el asesinato de Trotsky. El FBI llevó a cabo una investigación propia y llegó a las mismas conclusiones que los mexicanos.

En particular, el FBI consideró la transferencia de los $3.000 una prueba sumamente incriminatoria de que era una agente de la GPU.

El reporte del 5 de septiembre de 1940, “Asunto: el asesinato de Trotsky en México”

En un reporte del FBI fechado 5 de septiembre de 1940, el agente J.B. Little describió el punto de vista del agente Raymond E. Murphy, quien explicó que, en otros casos de espionaje soviético, los coconspiradores de la GPU les urgieron a sus socios que “depositaran $3.000” de su parte. “El Sr. Murphy avisó que el depósito de $3.000 de parte de estos individuos parecía ser consistente en conexión con la operación de agentes rusos, y estaba llamando la atención del Buró para que lo considerara”. [169] Ageloff alegó que los $3.000 que recibió “se los había dejado [a Jacson-Mornard] su madre cuando falleció”. [170]

Monte y Sylvia Ageloff después de su arresto

Los documentos del FBI sobre la investigación nombraban a ambos, “Mornard” y “Ageloff” como cómplices del crimen. El 29 de agosto de 1940, el FBI reportó los resultados de su tercera entrevista con ella. El informe indica que el FBI estaba presionando a Sylvia Ageloff y su familia para que confesara y dijera la verdad que los agentes sospechaban que ocultaba Ageloff. El FBI estaba interesado en descubrir el conocimiento de Ageloff sobre el funcionamiento interno de la GPU. El reporte afirma:

Se obtuvo una entrevista con Monte Ageloff, hermano de Sylvia Ageloff, y se le hizo entender que su hermana realmente estaba en líos y que las autoridades mexicanas creían que ella estaba protegiendo al asesino Jacson, y que probablemente la asignarían al Tribunal Penal como cómplice, y que, si él tenía alguna influencia sobre ella, debería persuadirla para que dijera toda la verdad. Este redactor estuvo presente en la primera entrevista entre Monte y su hermana, y lo escuchó darle a ella el consejo que el redactor le había dado a él. A pesar de este consejo, una entrevista posterior establece que ella se mantiene firme en que no tenía idea de que Jacson pretendía cometer el crimen que cometió, y que no tenía idea de quiénes fueron sus cómplices. [171]

Extracto del reporte del FBI del 29 de agosto de 1940

El reporte sugiere que la “Oficina de Nueva York” del FBI debería entrevistar a Hilda Ageloff y los Rosmer, pero no existen registros disponibles de esas entrevistas. Contradiciendo sus declaraciones de haber sido engañada, el reporte del agente del FBI concluye: “Mientras esta joven es muy hábil en iniciar ataques de histeria en el momento adecuado, ella, en mi opinión, es un tipo dura y quizás nunca revele todo lo que sabe que pueda ser útil en determinar qué hubo detrás de que Jacson asesinara a Trotsky”. [172]

La evaluación de la familia Ageloff por parte de Whittaker Chambers

Después del asesinato, el SWP solicitó la opinión de Whittaker Chambers sobre el papel de Ageloff en el crimen.

Whittaker Chambers

Chambers contaba con un íntimo conocimiento del funcionamiento de la GPU. Entre 1932 y 1938, fue líder de un grupo clandestino de espías de la GPU dentro del Gobierno estadounidense. Debido a su participación en esta red —conocida como el “Ware Group” por el nombre de su fundador Harold Ware—, Chambers tuvo acceso a información de alto nivel sobre las actividades de los agentes de la GPU en EE.UU.

Por temor ante los asesinatos estalinistas en 1937 de Ignace Reiss y su amiga y compañera estalinista Julia Stewart Poyntz, Chambers dejó el Partido Comunista aproximadamente en 1938 y se ocultó. En 1939, comenzó a proveerle información al Gobierno estadounidense.

En 1948, Chambers se volvió un nombre familiar después de que rindiera testimonio ante el Comité de Actividades Antiestadounidenses de la Cámara de Representantes y suministrara una lista de nombres de los miembros del Partido Comunista que conformaban el Ware Group. Incluía a Alger Hiss, un oficial del Departamento de Estado que negó ser espía, pero fue sentenciado por falso testimonio en 1950. Chambers se convirtió en un neoconservador prominente en el período de posguerra.

Poco después de su escisión con el Partido Comunista, Chambers tuvo una discusión secreta con un dirigente del SWP para entregarle información al movimiento trotskista. Esta discusión fue transcrita pro el SWP y conocida como el “Memorando W”. La conclusión de Chambers sobre la familia Ageloff fue la siguiente:

No es posible creer en la inocencia de las jóvenes Ageloff. Solo una idiota podría vivir con un agente de la GPU y no darse cuenta. La conducta actual de Sylvia no es decisiva en hacerlo cambiar de parecer; podría estar intentando salvarse a ella misma, o arrepentida (pero no lo suficiente para confesarles a todos), o incluso interpretando un papel. Cualquiera de estas tres posibilidades es más probable, dice, que su inocencia. La configuración de la familia Ageloff le recuerda a muchas otras similares utilizadas por la GPU: dos o tres miembros de una familia en el movimiento (sin importar cuál grupo del movimiento), mientras que otros no tienen vínculos con el movimiento, pero también sirven a la GPU. Cuando dije que el papá se dedica a bienes raíces, soltó una carcajada. Dijo que ese es el negocio tradicional. “La GPU opera en dinastías familiares”. Y especialmente familias judías en ciudades con grandes comunidades judías. Considera el rastreo sistemático de todas las fases de la familia Ageloff una de las dos mayores pistas. [173]

El SWP tomó en serio el entendimiento de Chambers respecto a la dinámica de la GPU. De lo contrario, no habría recurrido a él para preguntarle sobre el papel de Sylvia Ageloff. En respuesta, Chambers le dio al SWP una respuesta clara sobre cómo las actividades de Ageloff siguen el patrón de las actividades de la GPU. Ofreció sugerencias sobre cómo el partido podía comenzar a investigar la posibilidad de que fuera una “dinastía familiar” de la GPU, y dejó en claro que sus sospechas no disminuyeron ante el histerismo de Ageloff, opinando más bien que indicaban que estaba actuando. Lo menos posible, dijo, era que su conducta demostrara que era inocente.

A pesar de que la discusión con Chambers era confidencial y tuvo el único propósito de asistir al SWP en su propia investigación del asesinato, Joseph Hansen divulgó este valioso material al Departamento de Estado en septiembre de 1940 sin la aprobación del SWP. El FBI tomó en serio las sugerencias de Chambers y expandió su investigación. Por el contrario, el SWP respondió a la información de Chambers rehusándose a emprender una investigación de Ageloff y los lazos de su familia con la GPU.

Juez y fiscal mexicanos reciben amenazas de muerte

En la Ciudad de México, el caso criminal fue asignado al juez Raúl Carrancá y Trujillo de la Sexta Corte de Coyoacán. Bajo el derecho penal mexicano en 1940, la decisión de sentenciar o absolver al acusado recaía en un juez, no un jurado.

Para la GPU, el arresto de Ageloff y Jacson-Mornard presentaba un riesgo inmenso de exposición. Con el asesino en custodia de la policía mexicana, no iba a ser tan fácil silenciarlo como habían hecho con Sheldon Harte. La detención de Ageloff, una ciudadana estadounidense, complicaba aún más la situación, dado que amenazaba con exponer sus redes en EE.UU.

Juez Carrancá Trujillo

El juez Carrancá comenzó a recibir amenazas de muerte de los estalinistas, advirtiéndole que no expusiera la red de la GPU detrás del crimen. Una de estas cartas, la cual se encuentra en los archivos nacionales mexicanos, asevera:

Cualesquiera gestiones que haga usted en el proceso que se instruye a Jacques Mornard por el homicidio de Trotsky que tiendan a hacerlo declarar que es agente de la GPU y por ende aclarar una cuestión internacional de honda y gravísima tendencia, lo pagará usted muy caro. Recuerde que la acción poderosa de una organización perfecta se infiltró hasta una mansión que se creía inexpugnable. [174]

La amenaza misma era tanto una admisión de que existía un complot mayor como una confirmación de que la GPU era culpable de haberse infiltrado en “una mansión que se creía inexpugnable”. Otra amenaza decía: “Ten cuidado Raúl que muy pronto la GPU te encerrar en la cajuela”.

El fiscal Cabeza de Vaca recibió amenazas similares. Víctor Serge señaló que, “los magistrados encargados de la instrucción, Carrancá Trujillo y Francisco Cabeza de Vaca, habían sido amenazados de asesinato varias veces”. [175] El nieto de Cabeza de Vaca, Daniel Cabeza de Vaca (quien fue procurador general de México de 2005 a 2006) explicaría luego que las amenazas estaban específicamente relacionadas con su decisión de investigar a Ageloff, y que su abuelo fue “amenazado en varias ocasiones para que no recurriera la liberación de Sylvia Ageloff”. [176]

El fiscal exigió la detención de Ageloff y la acusa de asesinato

A pesar de estas amenazas, cuando concluyó la investigación preliminar, el fiscal Cabeza de Vaca presentó cargos de homicidio contra ambos, Ageloff y Mercader. Solicitó que ambos fueran encarcelados hasta que se resolviera el caso criminal.

Su presentación, escrita en un lenguaje legal prosaico característico de los procesos criminales mexicanos, desarrolló la evidencia circunstancial descubierta por la investigación y avanzó el siguiente argumento contra Ageloff:

que si bien es cierto que Sylvia no estuvo presente en el momento de la agresión a Trotsky, también es cierto que por el cúmulo de circunstancias que quedan asentadas en estas diligencias existe la convicción de que la misma no era ajena a los planes que desarrolló Jackson o Mornard, ya que estaba enterada de los atentados que con anterioridad se habían pretendido cometer en la persona del ahora occiso, y en estas circunstancias Sylvia, que según aparece de lo actuado disfrutaba de la amistad y confianza de la familia Trotsky, debió de haber obrado con suspicacia y cuidado, al darse cuenta de que podría servir de medio, como sirvió, para que su amante se introdujera en la casa… máxime que la misma Sylvia sabía que Jackson, no tenía antecedentes de marxista y mucho menos de miembro de la Cuarta Internacional… así como igualmente sabía que su repetido amante, ahora encausado, había cambiado de nombre, no tenía trabajo conocido, había hecho uso de un pasaporte falso y le había dado domicilios también falsos, haciendo suponer todo esto, que la referida Sylvia no fue leal con León Trotsky, ya que no le llegó a comunicar sus sospechas respecto de su amante, y sin que la misma encausada pueda alegar ignorancia, ya que es una persona culta y que dice ostentar un título universitario. [177]

Los abogados de Ageloff se opusieron a esta moción, pero el juez Carrancá accedió a la solicitud del fiscal, asintió que los argumentos de Cabeza de Vaca eran correctos, manifestó su incredulidad hacia el argumento de que ella pudiera ser inocente y ordenó la detención de ambos, Ageloff y Jacson-Mornard.

Esta orden no fue meramente una formalidad preventiva. Barrón Cruz escribió que, “El 31 de agosto el juez de la causa determinó ejercitar auto [orden judicial] de formal prisión contra Frank Jackson y Sylvia Ageloff, ya que encontró suficientes elementos al comprobarse el cuerpo del delito en el caso de homicidio y las formalidades jurídicas para acreditar la responsabilidad de ambos (subrayado nuestro)”. [178]

La prensa mexicana divulgó ampliamente las noticias del encarcelamiento de Ageloff. La Prensa escribió, “fue grande la sorpresa que recibieron ya que [el juez les comunicó] que había decretado la formal prisión” de Ageloff. [179]

Los abogados de Ageloff presentaron otra moción para obtener su libertad. El fiscal Cabeza de Vaca luego presentó una apelación pidiendo que permaneciera en prisión a la espera de la decisión final del juez sobre el cargo de homicidio. La respuesta de Cabeza de Vaca a los abogados de Ageloff —nuevamente en el formato extenso legal mexicano— resumió el caso mexicano contra Ageloff:

por razón del ambiente político en que actuaba el señor León Trotsky… ninguno de los simpatizadores y amigos que lo frecuentaban, escapaba de la peligrosa situación que se hallaba dicha persona, expuesta en cualquier momento a ser objeto de nuevas agresiones… en estas condiciones, los que se decían amigos del extinto tenían una excesiva suspicacia para analizarse mutuamente respecto a las seguridades que el occiso podía tener en su trato con ellos, y lógico es suponer que una actitud un tanto anormal de esos amigos, despertaba desde luego en los demás… una sospecha que no podía ser callada… Sylvia Ageloff… tuvo conocimiento de que éste [Jacques Mornard] no tenía antecedentes de marxista y mucho menos de partidario y miembro de la IV internacional, no es posible suponer que cuando el indicado se trasladó de Europa a América y cambió su nombre por el de Frank Jackson, haya quedado sin explicación de él a ella la extrañeza que en todo caso debió haber causado a Sylvia tal actitud… las falsedades de Mornard en lo que se refiere a sus actividades a las que dijo se hallaba dedicado en América, al saberlas Sylvia [debieron] haber robustecido en ésta sus sospechas respecto de cuáles serían sus verdaderos propósitos de Mornard al vivir de forma misteriosa… aún más, Sylvia se podía dejar de pedir a su amante una explicación satisfactoria al comprobar que éste no la había proporcionado en algunos casos su verdadero domicilio en esta ciudad.

Las excesivas suspicacias de un leal amigo del señor Trotsky, no pudieron haber quedado calladas al ver Sylvia a su amante Mornard en la casa del occiso… es imposible suponer que si Sylvia hubiera sido leal con el extinto, no le hubiera comunicado sus sospechas respecto de las intenciones reales del indiciado. Si la propia Sylvia acepta que la actitud de Mornard se le hizo sospechosa al demostrar éste un vivo interés por la suerte de dos espías que habían sido detenidos ¿Por qué no participó a alguien esas sospechas y previno al occiso del peligro que significaba estar en contacto con alguien que no se mostraba sincero? ¿Cómo puede explicarse que aquélla hubiera continuado siendo la amante de éste?

Sólo hay una explicación lógica: Ageloff conocía las verdaderas intenciones de Mornard en relación con el atentado del 20 de actual. No hay motivo alguno para considerar a Sylvia como leal miga del occiso, pues no aparece demostrado en autos que ella haya realizado acciones que hicieran patente esa lealtad. El hecho de que ahora aparente la indiciada una gran pena por el fallecimiento de Trotsky y un profundo odio hacia su matador, no deben de manera alguna impresionar favorablemente a quien la juzga.

No cabe explicación para el hecho de que Sylvia haya podido vivir y viajar cómodamente de Estados Unidos a México con un modesto salario mensual de 124 dólares, si no es aceptando que recibía dinero de Mornard, quien la utilizó en México para la realización de los propósitos homicidas, a sabiendas Sylvia de esa situación. Para comprobar que entre Sylvia y Mornard hubo un entendimiento previo respecto de los actos que éste realizó y que motiva la detención de ambos, basta mencionar que ella vino a México:

1) en enero del presente año con el propósito de pasar una corta temporada de vacaciones y no obstante, permaneció hasta el mes de marzo, fecha que más o menos corresponda a aquella en que Mornard comenzó a visitar la casa del señor Trotsky; 2) que el día de los hechos, ambos detenidos invitaron a cenar a Schüessler seguramente con el propósito de alejarlo de la casa del occiso; 3) el hecho de que Sylvia no haya acudido con Mornard a la casa de Coyoacán el 20 del actual, ausencia que favorecía los planes de Mornard y que no se explica en razón de la amistad que en dicha casa le era dispensada a la Ageloff; y 4) el viaje preparado por ambos para el día siguiente a aquél de la agresión. [180]

A pesar de las continuas amenazas de muerte en su contra, el juez Carrancá concordó con esta presentación y se rehusó a ordenar la liberación de Ageloff.

Septiembre de 1940: el fiscal prepara cargos contra Hilda Ageloff

Según el Brooklyn Daily Eagle, el padre de Ageloff viajó personalmente a la Ciudad de México para intentar obtener la liberación de su hija. La edición del 24 de agosto de 1940 indica que Samuel Ageloff tenía “programado llegar hoy” y se “reporta que voló desde Washington”. También le escribió al presidente Cárdenas pidiéndole que interviniera para liberar a su hija.

Menos de dos semanas después, el Daily Eagle reportó que los abogados de Ageloff temían que Hilda fuera arrestada por las autoridades mexicanas como cómplice del asesinato. El número del 4 de septiembre de 1940 dice:

Los abogados defensores de la Srta. Sylvia Ageloff, una mujer de Brooklyn detenida por complicidad en el asesinato de León Trotsky, presentaron una denuncia en la Primera Corte Penal de la capital para interponer un interdicto que prevenga el arresto de su hermana Hilda, quien llegó hoy en avión desde Nueva York. Los abogados explicaron que el paso era provisional… La Srta. Hilda Ageloff sería sujeta a arresto como cómplice si su interrogatorio revelara que tuvo sospechas de Frank Jackson, el amigo de su hermana acusado de homicidio.

En noviembre, cuando Sylvia Ageloff permanecía detenida en espera del fallo del juez sobre el cargo de homicidio, Cabeza de Vaca amenazó con arrestar a Hilda y expandir la investigación de la familia Ageloff. En ese momento, Samuel Ageloff hizo declaraciones públicas urgiendo al Gobierno estadounidense a ayudar a asegurar la liberación de Sylvia.

El 19 de noviembre de 1940, el Daily Eagle publicó un artículo intitulado “Ageloff busca ayuda de EE.UU. para liberar a hija”. El artículo explicó:

Samuel Ageloff de la calle Remsen 76, cuya hija Sylvia está detenida en un hospital en la Ciudad de México bajo cargos de complicidad en el asesinato con un piolet de León Trotsky, ha solicitado a Washington que el Departamento de Estado ayude en obtener la liberación de su hija, anunció hoy Alfred F. Ritter, abogado del padre.

Diciembre de 1940: Ageloff es liberada de prisión

El caso colocó inmensas presiones sobre el Gobierno mexicano, tanto de EE.UU. como la Unión Soviética. En diciembre, aparentemente en canales diplomáticas extraoficiales, se acordó eventualmente garantizar la liberación de Ageloff sin ninguna condena.

No ha quedado exactamente claro cómo se obtuvo la liberación de Ageloff. Pero los reportes del FBI insinúan que se alcanzó un acuerdo entre altos funcionarios. El FBI, que tenía pocas dudas sobre la culpabilidad de Ageloff, consideró que era más probable que ella les compartiera su conocimiento sobre las operaciones internas de la GPU sin enfrentar la posibilidad de que sus confesiones se utilizaran para condenarla a una larga pena por homicidio. Un reporte del FBI establece que los Gobiernos de EE.UU. y México entablaron discusiones extraoficiales sobre cómo lidiar con Ageloff de la manera más apropiada:

Se entiende confidencialmente que la joven va a permanecer detenida posiblemente por una o dos semanas más, y que luego será puesta en libertad por parte del juez de la Corte en Coyoacán, y que se le permitirá regresar a EE.UU. Es posible que interrogatorios futuros de ella en EE.UU. desarrollen más el difícil cuestionamiento suyo en México (subrayado nuestro). [181]

Cabeza de Vaca continuó abogando por encarcelar a Ageloff y condenarla por homicidio, estando convencido de que estaba destapando una red de la GPU profundamente arraigada tanto en EE.UU. como México.

Pero, al final, Carrancá cedió a las presiones de alto nivel para liberarla de prisión y la declaró no culpable de homicidio. En una breve decisión escrita, Carrancá dijo que su fallo se basaba en “las siguientes declaraciones: la de los propios procesados Jacson y Ageloff, los que siempre han manifestado que la expresada Sylvia no tomó participación alguna”. [182] No ofreció ninguna otra razón para su decisión.

Esta fue una decisión política sin credibilidad desde un punto de vista jurídico. Carrancá y todos los involucrados sabían que este razonamiento prescindía de cualquier justificación lógica, dado que Jacson-Mornard estaba mintiendo en ese momento sobre todos los elementos de su papel en el asesinato. Incluso no se descubriría su verdadero nombre hasta 1950. No obstante, las presiones fueron suficientes para poner en libertad a Ageloff. Regresó a Nueva York en diciembre de 1940.

Diciembre de 1940: Sylvia Ageloff se rehúsa a suministrar evidencia contra Jacson-Mornard

De vuelta en la ciudad de Nueva York, los reporteros le preguntaron a Hilda Ageloff si Sylvia o algún otro familiar estaba preparado para rendir testimonio contra Jacson-Mornard, cuyo juicio en la Ciudad de México continuaba. La respuesta de Hilda en nombre de su hermana fue: “Por lo que a nosotros concierne, el caso está cerrado”. [183]

Esta reacción tan solo les servía a los estalinistas. Un simpatizante de Trotsky habría urgido que se expusiera el verdadero papel de Jacson-Mornard. En ese instante, la GPU insistía en que no se habían involucrado en el asesinato de Trotsky y la prensa estalinista internacional divulgó la afirmación de Jacson-Mornard de que él era un trotskista disgustado, con el propósito de desacreditar el movimiento trotskista. Si Silvia Ageloff era solo una víctima inocente, nadie hubiera estado en una mejor posición para asistir en la investigación y exponer los lazos de Jacson-Mornard con la GPU.

Pero, para los Ageloff, el caso estaba cerrado. Al rehusarse a ofrecer información al SWP o a las autoridades, Hilda y Sylvia estaban ayudándole al asesino de Trotsky y protegiendo a la GPU.

Diciembre de 1940: el comunicado de prensa de Sylvia Ageloff

Después de su regreso a la ciudad de Nueva York en diciembre de 1940, Sylvia Ageloff emitió un comunicado de prensa a través de la oficina de bienes raíces de su papá. Afirmó:

Quiero aprovechar la oportunidad para poner en orden algunos de los reportes embrollados que aparecen en los periódicos. Nunca le presenté a Jacson a León Trotsky. La evidencia acumulada establece claramente este hecho y puede corroborarlo cualquiera que se moleste en hacerlo.

Es más, la evidencia y el testimonio establecen de manera contundente, como lo declaró el propio juez en su veredicto, que yo fui la víctima de una cadena de circunstancias de la que era completamente ignorante y sobre la cual no tenía ningún control.

Era una admiradora y amiga personal del Sr. y la Sra. Trotsky. No tengo afiliaciones políticas.

Mi mayor deseo ahora es intentar dejar atrás todo lo que ha sucedido. Quiero volver a recuperar la vida de un ciudadano normal. Lo siento, pero estoy demasiado enferma para dar entrevistas. [184]

Sylvia mentía a través de los dientes. Esta declaración no tenía ni una pizca de verdad.

Sylvia y Hilda Ageloff llegan a Newark, diciembre de 1940

No había nada “embrollado” en los reportes de los periódicos que se refirieron al hecho de que la policía y los fiscales mexicanos la sometieron al cargo del homicidio de Trotsky y la acusaron de ser agente de la GPU.

De hecho, sí presentó a Trotsky a su futuro asesino. Ageloff coordinó para que Jacson-Mornard y Trotsky se vieran cara a cara en agosto de 1940, una semana antes del ataque, cuando ella lo introdujo en la residencia sin previo anuncio, sorprendiendo a Sedova, quien pensaba que había planeado ver solo a Sylvia. Como resultado de la discusión con Trotsky en esa fecha, Jacson-Mornard redactó el “artículo” que Trotsky estaba revisando cuando el piolet atravesó su cráneo.

Además, Ageloff presentó falsamente a Jacson-Mornard a los Trotsky como su “marido” en los días previos al asesinato. Sedova declararía posteriormente que el asesino fue “recibido por nosotros ante todo como el esposo de Sylvia”. La mentira de Ageloff reforzó la buena fe de Jacson-Mornard y le permitió entrar en el complejo el día del ataque. Asimismo, esta mentira del matrimonio iba a convertirse en un elemento fundamental de los motivos falsos expresados por el asesinato, es decir, de que Trotsky se oponía a su “matrimonio” con Ageloff.

Más allá de los eventos que precedieron inmediatamente el asesinato, la declaración de Ageloff de que no le presentó a Jacson-Mornard a Trotsky era una cubierta flagrante del papel que cumplió durante los dos años de colaboración.

En cada etapa, Ageloff fue el eslabón decisivo, permitiendo la integración cada vez mayor de Jacson-Mornard en el movimiento trotskista y, en última instancia, en la casa de Trotsky. En el verano de 1938, lo presentó a los dirigentes del movimiento trotskista internacional y lo llevó a la conferencia constituyente de la Cuarta Internacional, donde ella le presentó a los delegados. Ageloff le presentó a sus amigos en el SWP en Nueva York en 1939, a los Rosmer en la Ciudad de México a inicios de 1940, lo llevó dentro de los muros del complejo por primera vez en marzo y, se puede asumir legítimamente, le presentó a los dirigentes del SWP que viajaron a la Ciudad de México en junio. Le ayudó a eludir a los oficiales migratorios estadounidenses cuando viajó para reunirse con sus supervisores de la GPU en Nueva York ese mes y le ayudó a no ser detectado cuando reingresó a México para matar a Trotsky.

La siguiente afirmación de Ageloff —que el juez Carrancá afirmó que la evidencia presentada durante el juicio penal en México “estableció de manera contundente” que ella fue “la víctima de una cadena de circunstancias de la que era completamente ignorante y sobre la cual no tenía ningún control”— también fue una mentira.

El texto de la decisión del juez Carrancá está ahora disponible al público y no hace ninguna declaración como tal. La afirmación de Ageloff de que el proceso criminal concluyó que ella era “completamente ignorante” de las verdaderas intenciones de Jacson-Mornard fue desmentidas por su propio testimonio, en el que reconoció en que hubo varias ocasiones en que, en efecto, el comportamiento sospechoso de Jacson-Mornard la alarmó. Cuando estaba bajo arresto, su alegato no es que había sido “completamente ignorante”, sino que pasó por alto las inconsistencias de su historia porque el amor la había cegado. De regreso en EE.UU. y fuera de la jurisdicción de las autoridades mexicanas que le seguían la pista, Ageloff fue capaz de protegerse alejándose aún más de la verdad.

La afirmación de Ageloff de haber sido meramente “una admiradora y amiga personal del Sr. y la Sra. Trotsky” pero sin “afiliaciones políticas” fue otra mentira para presentarse como una “boba de la suerte”. Todos los involucrados en la investigación, incluidas las autoridades mexicanas, el FBI y el SWP, sabían que Ageloff había participado en la política socialista desde 1934, que estuvo presente en la conferencia fundacional de la Cuarta Internacional y era miembro del SWP. Pero el SWP nunca desafió estas mentiras y Ageloff pudo desvanecer de la atención pública.

Abril de 1943: la GPU asesina al fiscal Cabeza de Vaca

Francisco Cabeza de Vaca, el fiscal en el caso de Ageloff, no tuvo tanta suerte. En abril de 1943, Jacson-Mornard fue sentenciado a 20 años en prisión, ajustado a la fecha del crimen. Poco después de que finalizara la audiencia en que fue condenado Jacson-Mornard, Cabeza de Vaca salió a la calle en el centro de Coyoacán y, según su familia, fue asesinado. El nieto de Cabeza de Vaca, Daniel Cabeza de Vaca, un prominente abogado del Gobierno que fue procurador general de México en 2005 y 2006, escribió en la introducción del análisis de Barrón Cruz sobre la investigación:

De entre todos los que intervinieron en el juicio del homicidio de León Trotsky, poco o nada se había hablado públicamente de Francisco Cabeza de Vaca Acosta. Hoy se le hace un reconocimiento bien merecido…

Cuando éramos niños—mis hermanos, primos y yo—, mi abuela nos platicaba con gran emoción acerca de nuestro abuelo. En especial, nos decía que debíamos honrar la herencia de amor a la justicia que nos había legado un hombre que había muerto por ese amor. Como si relatara una anécdota pero con los ojos enrojecidos, nos contaba que mi abuelo había sido amenazado para no proseguir con la investigación que hubiera demostrado mucho antes lo que después quedó probado y reconocido, y que ahora es historia: la verdadera identidad del homicida y la responsabilidad de la Dirección Política Estatal (GPU) soviética en el homicidio de Trotsky.

Mi abuela se refería al homicidio de Trotsky como una conspiración, y decía que esos mismos asesinos habían matado a mi abuelo. Nos contaba como mi abuelo se despidió de ella; le dijo que los mismos asesinos de Trotsky le habían inyectado algo en la pierna cuando salía de un restaurante en el centro de Coyoacán, que lo habían envenenado y no existían antídotos; le entregó las copias del expediente y luego murió. Después se conocieron esos artefactos y el veneno que usaban los asesinos al servicio de Stalin.

En ese tiempo las únicas pruebas que tenía mi abuela eran las copias de la investigación que secretamente la había entregado mi abuelo al morir, y el hecho de que ella, a los 30 años de edad y con seis hijos, había tenido que abandonar su casa en Coyoacán para refugiarse con su familia en la ciudad de León, Guanajuato. [185]

Daniel Cabeza de Vaca añadió:

desde el inicio de su compleja labor como responsable de la investigación del homicidio de Trotsky, tuvo la firme convicción de que Ramón no había actuado en solitario, sino con entrenamiento y apoyo de una compleja cobertura.

Tristemente él, mi entrañable abuelo, luego de ser amenazado en varias ocasiones para que no recurriera la liberación de Sylvia Ageloff —la postrera novia de Ramón que facilitó el acercamiento fatal a Trotsky— falleció en circunstancias sospechosas, justamente el mismo día en que se publicó la sentencia condenatoria contra Ramón, horas después de ser aparentemente punzado con una extraña sustancia…

Por todo ello, bien podría tratarse lo de Sylvia, la de una historia similar o paralela a la de Robert Sheldon Harte, quien fue exculpado en su momento por el propio Trotsky, por su participación en el primer atentando contra su vida, junto con David Alfaro Siqueiros y su cuñado Luis Arenal y otros; siendo que Robert, al igual que Sylvia, había gozado de la cercanía y confianza de Trotsky y su familia.

Al tiempo se probó, paradójicamente, que Robert sí había actuado por órdenes de Leonid A. Eitington, jefe de la agencia de espionaje soviética (NKVD) en España, quien había sido remoto amante de Caridad [del Río, madre de Mercader] y luego jefe de Sylvia y de Ramón. [186]

El nieto del fiscal concluye, “En este sentido, la apertura de información y los recientes hallazgos encontrados deben servir para proponer hipótesis novedosas sobre el verdadero papel que jugó Sylvia, así como de distintas personas que se relacionaron con ella”. [187]

Diciembre de 1950: Ageloff testifica ante el Comité de Actividades Antiestadounidenses de la Cámara de Representantes

Diez años después del asesinato, en diciembre de 1950, Hilda Ageloff, Sylvia Ageloff y Rubi Weil fueron citadas y aparecieron frente al Comité de Actividades Antiestadounidenses de la Cámara de Representantes (HUAC, por sus siglas en inglés). La audiencia llevaba el asunto de “Aspectos estadounidenses del asesinato de León Trotsky”, y las tres mujeres fueron llamadas para rendir testimonio de su conocimiento sobre el papel de la GPU en la preparación del asesinato. [188]

El HUAC no se había interesado en el asesinato de Trotsky desde el punto de vista de castigar a los responsables por matar a su adversario revolucionario. Para 1950, los investigadores del Gobierno estadounidense estaban muy conscientes del traslape, en cuanto a funcionarios cruciales, entre la operación de la GPU para asesinar a Trotsky y el espionaje atómico durante y después de la Segunda Guerra Mundial. La única razón por la que el HUAC citó a Sylvia Ageloff como testigo fue porque tenía razón para creer, o bien, sabía con certeza, que ella poseía informaciones importantes sobre el espionaje soviético en Estados Unidos.

La audiencia en diciembre, la última de las cuatro audiencias que investigaron los “Aspectos estadounidenses del asesinato de León Trotsky”, se produjo después de que el HUAC llevara a cabo tres otras audiencias sobre la participación del Partido Comunista de EE.UU. en una trama fallida para lavar dinero y enviarlo a México para garantizar la liberación de Jacson-Mornard de la prisión mexicana. Aparte de las hermanas Ageloff y Weil, ocho sospechosos más de ser agentes de la GPU testificaron públicamente como parte de la investigación.

Seis meses antes de la audiencia, en junio de 1950, la editorial Harper and Brothers publicó el segundo libro de Louis Budenz, Men Without Faces(Hombres sin rostro), el cual señalaba a la existencia de una red más amplia de la GPU. Budenz dijo que una agente de la GPU que llamó “Helen” estaba trabajando dentro del SWP, y describió cómo había reclutado a Ruby Weil para que fuera agente de la GPU, enviándola a Europa, donde ella y Sylvia Ageloff conocerían a Mornard-Jacson.

Tres semanas antes de la audiencia de diciembre de 1950 con los Ageloff, el HUAC incluyó en sus registros una declaración jurada de Budenz. La declaración incluía detalles específicos de los agentes de la GPU con los que había trabajado para infiltrarse en le movimiento trotskista y organizar el asesinato de Trotsky. Por primera vez, Budenz dijo el nombre verdadero de “Helen”. Era Sylvia Franklin (de soltera Callen), la secretaria de James P. Cannon. También mencionó que, cuando pertenecía al Partido Comunista, tenía a “un número de agentes para el grupo estalinista incrustados en el campo trotskista”. [189]

Budenz explicó que estaba preparado para nombrar públicamente a muchos agentes de la GPU más de ser necesario. “También hubo una gran cantidad de personas, además de los mencionados, que presenté” al cabecilla de la GPU, el Dr. Gregory Rabinowitz, escribió. [190] La última oración de su declaración jurada dice: “Si se llegaran a necesitar más detalles sobre este caso trotskista, y hay varios que no he abordado, siempre estoy listo a prestar tal servicio al Congreso, en la medida posible”. [191]

Fue en este contexto que Sylvia Ageloff rindió testimonio ante el HUAC. La audiencia en sí, realizada el 4 de diciembre de 1950, duró tan solo 75 minutos, de las 11 a.m. a las 12:15 p.m. Fue precedida por entrevistas iguales entre los citados a testificar y los investigadores del Gobierno estadounidense. Como reconoció Ruby Weil, antes de declarar en la audiencia, “ya le había dicho esta historia varias veces a la gente del Gobierno”. [192]

La transcripción del testimonio de Sylvia Ageloff es de apenas seis páginas. La trataron con una cortesía que los congresistas y los abogados de sus equipos guardaban para los exagentes vueltos informantes. De manera cordial, decidieron no mencionar que Ageloff había sido arrestada y acusada del asesinato de Trotsky en México.

Ageloff declaró que su viaje de 1938 a Europa fue “solo un viaje de placer”. [193] Cuando conoció a Jacson-Mornard, afirmó, “en primer lugar, no le dije que yo era una trotskista”. [194] Ageloff le dijo al comité que no tenía “información de primera mano” sobre cómo obtuvo acceso el asesino a la casa de Trotsky. [195] Dijo que no tenía ninguna indicación de que Jacson-Mornard fuera un agente de la GPU. [196]

Un abogado del comité le preguntó: “¿Sentiste de alguna manera que te habían involucrado involuntaria o inconscientemente en esto?”. Ella respondió: “Estuve involucrada en la medida en que, supongo, si no lo hubiera conocido nunca, creo que nunca hubiera podido entrar en la casa del todo. Sin embargo, debería decir, que conste que nunca lo llevé dentro de la casa… La Sra. Trotsky confirmó eso”. [197] Cuando le preguntaron, “¿Trabajaste para León Trotsky en la Ciudad de México?”, replicó: “No. Fui a visitarlo. Estuve ahí una sola vez y exactamente por media hora”. [198] El testimonio de Hilda Ageloff correspondió a la versión expresada por Sylvia.

El HUAC sabía que estas declaraciones eran falsas, y Ageloff evidentemente no estaba preocupada de ser acusada de falso testimonio bajo juramento. El juicio mexicano y la investigación simultánea del FBI establecieron que Ageloff de hecho le presentó a Jacson-Mornard a todos sus amigos en el movimiento trotskista, visitó la casa de Trotsky múltiples veces, no solo una, entre enero y marzo de 1940 y entre el 9 y 20 de agosto. Además, en efecto, llevó a Jacson-Mornard a la residencia a fines de marzo, antes de regresar a Estados Unidos, y nuevamente cuando regresó a la Ciudad de México en agosto.

Cabe notar que, durante su testimonio, Ageloff utilizó dos veces el término peyorativo “Trotskyite”, un término utilizado por los estalinistas. Debido a su asociación con asesinatos masivos e incriminaciones falsas, era un término que aquellos vinculados al movimiento trotskista jamás utilizarían.

Después de finalizar su testimonio, el HUAC publicó un resumen oficial de éste:

En referencia al testimonio de las hermanas Ageloff, se indica que, como resultado de que otras fuentes mencionaran sus nombres en conexión con esta cuestión, han sufrido dificultades. El comité quisiera declarar en su defensa que han cooperado plenamente con el comité y le han entregado información valiosa durante esta investigación en particular, a pesar del riesgo personal involucrado en hacerlo. [199]

Las “otras fuentes” que menciona el resumen fueron los otros agentes de la GPU que entrevistó el Gobierno durante su investigación. Los registros muestran que esto incluyó al antiguo reclutador de la GPU, Louis Budenz, y varios agentes de la GPU involucrados en el intento de sacar a Jacson-Mornard de la prisión en la Ciudad de México. También, lo más probable es que incluyera a algunos de los agentes que Budenz señaló. Si el comité habló con Whittaker Chambers, lo que era probable tomando en cuenta su colaboración consistente con el HUAC, les habría dado su opinión que Sylvia Ageloff era una agente. Estas fuentes habían “mencionado” los nombres de las hermanas Ageloff “en conexión con esta cuestión”. En otras palabras, varios agentes de la GPU le dijeron al HUAC que Sylvia Ageloff era una agente de la GPU involucrada en el asesinato de Trotsky.

El resumen también recalcó que Ageloff había “cooperado plenamente” y “entregado información valiosa” al comité. La información les habría sido valiosa únicamente en la medida en que avanzara el propósito manifiesto de la investigación del comité, que era descubrir a los agentes de la GPU involucrados en organizar el asesinato de Trotsky. Su testimonio del 4 de diciembre de 1950 no era valioso para el Gobierno porque era tan solo una repetición de su conocida afirmación de haberse enamorado de Jacson-Mornard, quien seguía encarcelado en México. La información valiosa debió haberla compartido en privado e incluido los nombres de agentes de la GPU que conocía.

El resumen del comité también hace referencia al “riesgo personal” para las hermanas debido a su colaboración con el Gobierno estadounidense. Esto no pudo haber sido una referencia al SWP, que nunca mostró interés en desenmascarar a los agentes estalinistas en su entorno ni publicó ningún reporte sobre la audiencia en la prensa partidaria. La única explicación razonable es que el HUAC se estaba refiriendo al “riesgo personal” para las hermanas Ageloff representado por la GPU.

En los años que siguieron al testimonio de Ageloff, el Gobierno utilizó la información que obtuvo en estas investigaciones iniciales para enjuiciar a agentes de la GPU involucrados en actividades “antitrotskistas” en las décadas de 1930 y 1940. El Gobierno estadounidense se interesó en estos agentes cuando cambiaron del espionaje antitrotskista al espionaje militar y atómico después del asesinato de Trotsky. Jack Soble fue arrestado en 1957, Mark Zborowski en 1958 y el hermano de Soble, Robert Soblen, en 1960. La secretaria de James P. Cannon, Sylvia Franklin (soltera Callen), y el miembro del SWP, Floyd Cleveland Miller, fueron nombrados como coconspiradores no imputados en el juicio de Soblen.

Cuando ocurrieron estos juicios, solo habían pasado 20 años desde el asesinato de Trotsky. A pesar de que el procesamiento y los veredictos culpables confirmaron que varios miembros de alto rango en el movimiento trotskista habían sido agentes de la GPU, los juicios y sus resultados no fueron reportados en la prensa del Socialist Workers Party. El FBI emprendió investigaciones, pero el SWP no lo hizo.

Veintiséis años después, el FBI y J. Edgar Hoover continuaban monitoreando de cerca la discusión sobre la complicidad de Ageloff. El 17 de octubre de 1966, Hoover recibió una carta de un individuo cuyo nombre está tachado en los archivos del FBI que se hicieron públicos posteriormente. Este individuo menciona el libro Mind of An Assassin [La mente de un asesino] de Isaac Don Levine y pregunta:

¿Podrías quizás informarme por qué el Gobierno mexicano nunca solicitó la extradición y el juicio en ese país de las dos jóvenes estadounidenses que fueron fundamentales en posibilitar que el asesino condenado consiguiera entrar en la casa de León Trotsky en la Ciudad de México? El libro no menciona esto. ¿En qué medida son imputables estas cómplices de homicidio aquí o en México?

Hoover respondió personalmente el 20 de octubre de 1996:

Con respecto a su interrogante, la cuestión a la que se refiere no fue una violación dentro de la jurisdicción investigativa del FBI, y por ende no puedo comentarle a su gusto. Dado que el asesinato de León Trotsky ocurrió en México, cualquier enjuiciamiento de los individuos involucrados tendría que ser iniciado por las autoridades de ese país.

En esta respuesta, Hoover se reservó el hecho de que Sylvia Ageloff había sido procesada por las autoridades en México y que los fiscales querían presentar cargos contra Hilda Ageloff también. La omisión de Hoover parece haber querido ocultarle al que consultó cómo se aseguró la liberación de las hermanas Ageloff.

El destino de Ramón Mercader y Sylvia Ageloff

Ramón Mercader fue liberado de prisión en México en mayo de 1960. Fue puesto bajo custodia de diplomáticos checos y transportado a la Unión Soviética a través de Cuba, donde el asesino fue recibido como un héroe en el aeropuerto de La Habana por el líder guerrillero pequeñoburgués y virulento antitrotskista Che Guevara.

Eduardo Ceniceros, abogado de Mercader, diciembre de 1976 (crédito: David North)

En enero de 1977, el Comité Internacional de la Cuarta Internacional publicó información, basada en una investigación realizada en México por David North y Alex Mitchell (el entonces editor del News Line, publicado por el Workers Revolutionary Party británico), que establecía a partir de la correspondencia entre Mercader y su abogado Eduardo Ceniceros que Mercader se encontraba en vacaciones en la Unión Soviética, específicamente en la región ucraniana de Donetsk.

Carta de Mercader a Ceniceros, diciembre de 1976 (crédito: David North)

Mientras vivía en la Unión Soviética, la burocracia estalinista lo galardonó con el máximo honor del país, la Orden de Lenin, y le otorgó un cómodo apartamento donde se mantuvo en contacto regularmente con los líderes exiliados del Partido Comunista de España. Viajó frecuentemente entre la Unión Soviética y Cuba, donde era un invitado de honor y conocido personal de Fidel Castro. Falleció en Cuba en 1978 a la edad de 65.

Ramón Mercader (segundo desde la izquierda) y Ramón Castro

Sylvia Ageloff tuvo una vida acomodada en la Ciudad de Nueva York y falleció en 1995 a los 86 años, sobreviviendo a los eventos en Coyoacán por más de medio siglo.

En 2011, su amiga cercana Lillian Pollak fue entrevista en su apartamento en el Upper West Side de Manhattan. Sylvia Ageloff “vivía muy cerca de aquí”, dijo, “en un hermoso apartamento”. [200] Varios parientes lejanos de las hermanas Ageloff dijeron que nunca habían escuchado nada acerca de las hermanas a través de su propia familia y que la única información que pudieron averiguar de sus vidas provino de obituarios públicos. [201] Según el FBI, Sylvia administró un jardín de niños en un suburbio de Nueva York y, después de suministrarle “información valiosa” al Gobierno de EE.UU. sobre la GPU, nunca enfrentó inconvenientes sobre su papel en el asesinato de Trotsky.

Conclusión

Con base en toda la información disponible en este momento, es posible reemplazar el mito de la “pobrecita Sylvia” por una descripción precisa de su papel en la catástrofe política del 20 de agosto de 1940. La imagen fabricada finalmente se ve reemplazada por la persona real.

¿Quién era Sylvia Ageloff? La evidencia apunta contundentemente a la conclusión de que era una agente de la GPU que desempeñó un papel decisivo en el asesinato de León Trotsky.

Concluido

***

Notas:

[Las fuentes originales que no se muestran están disponibles en la primera parte , segunda parte o tercera parte]

[161] La revelación pública del verdadero nombre de Mercader en 1949 o 1950 fue el resultado de la investigación realizada por el investigador mexicano Alfonso Quiroz Cuarón.

[162] Barrón Cruz, pág. 59.

[163] Ibid., pág. 76.

[164] Ibid., pág. 83.

[165] Ibid., pág. 60.

[166] Ibid., pág. 61.

[167] Ibid., pág. 54.

[168] Ibid., pág. 76.

[169] Reporte del FBI del 5 de septiembre de 1940 FBI, “Asunto: El asesinato de Trotsky en México”, enviado por JB Little a HH Clegg.

[170] New York Times, 22 de agosto de 1940, “Trotsky Dies of His Wounds; Asks Revolution Go Forward”.

[171] Memorando del FBI del 29 de agosto de 1940, asunto: “Asesinato de León Trotsky”.

[172] Ibid. En una entrevista con David North en 1977, como parte de la investigación Seguridad y la Cuarta Internacional, el agente M.R. Griffin del FBI, quien estaba involucrado activamente en la investigación de los estalinistas sobre el asesinato, dijo que creía que Ageloff era una agente de la GPU.

[173] The Gelfand Case, Volume I (Detroit: Labor Publications, 1985), pág. 15.

[174] Luri, págs. 259–60.

[175] Ibid., pág. 280.

[176] Barrón Cruz, pág. xix.

[177] Ibid., pág. 67.

[178] Ibid., pág. 77.

[179] Ibid., pág. 82.

[180] Ibid., págs. 83–85.

[181] Memorando del FBI del 29 de agosto de 1940, asunto: “Asesinato de León Trotsky”.

[182] Barrón Cruz, pág. 179.

[183] Luri, pág. 272.

[184] Eric Gurevitch, “Thinking with Sylvia Ageloff,” Hypocrite Reader, agosto de 2015. Disponible aquí.

[185] Barrón Cruz, págs. xiv–xv.

[186] Ibid., págs. xix–xx.

[187] Ibid.

[188] Ruth Ageloff was also subpoenaed, but according to a committee staff attorney, she was ill. The committee decided not to require she submit evidence on the record and under oath.

[189] Ibid., pág. vi.

[190] Ibid., pág. ix.

[191] Ibid.

[192] Aspectos estadounidenses del asesinato de León Trotsky, Comité de Actividades Antiestadounidenses de la Cámara de Representantes de EE.UU., 1950, pág. 3.416.

[193] Ibid., pág. 3.402.

[194] Ibid., pág. 3.403.

[195] Ibid., pág. 3.404.

[196] Ibid.

[197] Ibid, pág. 3.406.

[198] Ibid.

[199] Ibid., pág. xiv.

[200] Ver nota 51. Disponible aquí, págs. 15–16.

[201] Entrevista de Eric London con Amy Feld, 17 de agosto de 2020; entrevista de Eric London con Eric M. Gurevitch, 17 de agosto de 2020

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