Revolución o capitulación: el fondo del debate entre Rodríguez Gelfenstein y Borón

por José Leiva

Tal vez la polémica surgida entre Sergio Rodríguez y Atilio Borón, sobre si había que votar o no por Gabriel Boric en las elecciones presidenciales de Chile, las que éste finalmente ganó, sea el inicio de una discusión de mayor profundidad, entre revolucionarios. Este debate puede servir enormemente para la construcción de un proyecto revolucionario, que se instale en el espacio político no solo de Chile sino de toda la región. 

Sergio Rodríguez en esencia, planteó que no votaría por el mal menor, cuestión en la que tiene razón, porque es justamente lo que venimos haciendo en Chile desde el fin de la dictadura. Su opción es esperar a que surja una alternativa verdaderamente popular, nuevos liderazgos que lleven al pueblo chileno y mapuche a estadios superiores de lucha. En su análisis toma elementos de cierta regularidad histórica para argumentar su postura. También es evidente que hay una experiencia personal que refuerza esa actitud. 

Contrariamente, Atilio Borón piensa que los que no votarían o que iban a votar nulo, solo favorecerían la victoria de José Antonio Kast, un ultraderechista, cuyo padre fue miembro del Partido Nazi y del ejército de Hitler. Con ello, retornaría el pinochetismo al poder, esta vez por la vía electoral. A partir de ese argumento, Borón se vale de una cita a Gramsci para denostar a Rodríguez, y con ello a todos quienes no votarían por Boric, comparándolos con Poncio Pilatos, quien, según la leyenda, “se lavó las manos” al no asumir una postura frente a la crucifixión de Jesús. 

Sergio Rodríguez, respondió defendiendo la justeza de su decisión, a partir de una posición de moral y ética revolucionaria, sustentada en su propia historia. 

Lo cierto, es que en la postura de Atilio Borón hay más faltas que certezas. Para criticar la opinión de Rodríguez, recurrió además de Gramsci, a Max Weber y al director de la Revista Punto Final, Manuel Cabieses, quien a pesar de reconocer que una vez más se votará por el mal menor, ha llamado a hacerlo para evitar el advenimiento del fascismo. Coincide con Borón al no contemplar una alternativa asistémica. De Gramsci tomó un artículo de febrero de 1917, situándolo en el contexto actual. Se sabe que en 1917 se vivía el apogeo de la Primera Guerra Mundial y en Europa había gran efervescencia revolucionaria, por lo que el planteamiento de Gramsci era muy justo en ese contexto, donde los pueblos se jugaban la vida y su destino. 

En el contexto actual de Chile, los porfiados hechos de los últimos 30 años, demuestran que Kast y Boric, representan más de lo mismo. Lo que se juega, no es la vida y el destino del pueblo chileno. Se trata de dos caras de la misma moneda: el capitalismo. 

Respecto de Max Weber, a quien también apela Borón, es considerado el padre de la sociología moderna, es decir, la doctrina burguesa de los procesos y el orden social, lo que hace más lamentable aún, utilizarlo para realizar una crítica revolucionaria. 

Pero yendo al problema de fondo, es claro que vivimos una coyuntura compleja que todo revolucionario debe estudiar para encontrar caminos viables para la lucha de los pueblos. Para este análisis no es necesario estudiar a Marx, Engels o Lenin, porque hoy ya es posible tener una concepción científica de la sociedad y sus procesos. No obstante a lo anterior, es claro que con el marxismo es más fácil, ya que fueron Marx, Engels y Lenin quienes primero esbozaron esta concepción científica. 

Haciendo un paralelo, es lo mismo que para entender el universo e investigarlo no es necesario conocer la teoría de la relatividad de Einstein. Hoy con el desarrollo tecnológico se puede llegar a esas mismas o mejores conclusiones. En cualquier caso, no partir por las primeras fuentes es alargar los procesos del conocimiento y es más fácil caer en errores. Es muy probable que Borón no recurrió a Marx, Engels o Lenin para refutar a Rodríguez, porque claramente se pisaría la cola. 

En general, se puede decir que estamos en una crisis del sistema capitalista desde 2008. Definir en toda su profundidad y no quedarnos en lo general para entender esta crisis, es de vital importancia para establecer un proyecto y estrategia revolucionaria. Con justa razón Fidel en su concepto de revolución, situaba en primer lugar, “el sentido del momento histórico”. 

Significado de la crisis sistémica de carácter terminal 

En primer lugar, el sistema productivo hace rato que llegó a niveles de sobreproducción, con mercados agotados, que paralizan la circulación del capital. Es abominable, que en la actualidad existan las condiciones para producir alimentos para 12 mil millones de seres humanos (somos 6 mil millones), y paradojalmente 811 millones de personas sufren hambre en el mundo (FAO); 24 mil mueren diariamente por la misma causa (Naciones Unidas) y 2 millones 700 mil niños fallecen de hambre anualmente (UNICEF). Existe una capacidad productiva para abastecer de todo lo necesario a la población mundial: alimentación, vivienda, salud, tecnología y educación, pero hacerlo implicaría que no habría ganancias para los privados. El sistema capitalista basado en la explotación del “hombre por el hombre”, a través de la apropiación de una parte de lo producido por el trabajador, requiere del valor de cambio para su existencia, del intercambio de mercancías como motor de la circulación. Satisfacer las necesidades de toda la población significaría dejar de producir la plusvalía descubierta por Carlos Marx, lo que produciría el derrumbe del sistema. Solo un nuevo orden social basado en la propiedad social, eliminaría el valor de cambio como ente ordenador de la sociedad, y con ello, sería posible la liberación de toda la sociedad. 

En segundo lugar, y debido a lo anterior, todo el andamiaje jurídico, ideológico y de relaciones sociales del capitalismo, comienza a desmoronarse. Así vemos que se cuestiona a todas las instituciones históricas como la religión, el matrimonio, la moral, la democracia, el orden jurídico, las relaciones de género, las del ser humano con el medio ambiente. Y así, podríamos describir un sinfín de cuestionamientos a hechos o situaciones que históricamente encontrábamos normales, pero que hoy ya no son aceptables. 

En tercer lugar, si esto no se resuelve nos conducirá a una solución de fuerza que implica una guerra nuclear y la barbarie puede llegar más fácilmente por aquellos que perpetúan el sistema, acomodándolo en base a falsas dicotomías como democracia y fascismo. 

Sergio Rodríguez, desde una postura moral intuye (digo intuye porque no lo argumenta claramente de otra forma), la necesidad de una opción popular real y ésta no puede ser otra que la revolucionaria. 

Toda sociedad, hoy en día, requiere de un orden social refrendado en una Constitución. Lo que es necesario aclarar es si la Constitución precede al nuevo sistema político económico o este a la Constitución. Esto ya lo plantearon y demostraron en su tiempo Marx, Engels y Lenin: el sistema jurídico se construye sobre la base material o, en otras palabras, primero se establece el modo productivo, con sus relaciones, y sobre éstos el orden jurídico. Con mayor razón cuando, en general, el modo productivo vigente entra en una crisis generalizada. 

Kast puede ser muy nazi, pero se debe a la gran burguesía y al gran capital. No puede amenazar la circulación del capital, en un mundo globalizado con doctrinas dictatoriales por mucho que lo desee. 

El proteccionismo con todos sus modelos (el fascismo y el Estado de bienestar son sus variantes), que surge producto de la crisis del capitalismo, no es solución en el mundo de hoy. Todos los intentos de controlar los mercados han fracasado. El neoliberalismo como modelo del capitalismo, no puede ser reemplazado por uno proteccionista como el fascismo. Trump y Bolsonaro son las muestras más claras de ello. Biden ante el avance de China, Rusia y la India, intenta replicar políticas que le criticó a Trump, que de igual forma lo llevarán al fracaso. La ofensiva ultraderechista en el mundo es el remedo de lo que fue el movimiento nazi hitleriano en Alemania y del fascismo de Mussolini en Italia en los años 30 del siglo pasado. Hoy el problema no es el capital que quiere expandirse fuera de sus fronteras, ya está en todo el mundo. Sólo le queda expandirse fuera del planeta. 

El derrumbe de la Unión Soviética y del campo socialista, provocó una total pérdida de credibilidad en el socialismo, que perdura hasta hoy en gran parte de los movimientos populares del mundo. El gran mérito de Hugo Chávez es haberlo rescatado en los peores momentos del movimiento revolucionario. A pesar de los esfuerzos hechos por los 

venezolanos, aun no adquiere el grado de cientificidad y masividad que se merece. El arma teórica de los pueblos en su lucha por liberarse es la teoría de Marx, Engels y Lenin. Desconocerla o no tomarla en su real magnitud, es renunciar a una lucha irreconciliable contra el sistema capitalista. La lucha teórica, o la batalla de ideas como decía Fidel, es inseparable de la lucha económica y política. Tal vez la más importante. Con justa razón Lenin insistía “que sin teoría revolucionaria no puede existir movimiento o práctica revolucionaria”. 

Con Hugo Chávez, a la vez se instaló el progresismo para enfrentar la ferocidad imperialista, progresismo que llegó a confundirse o transformarse en sinónimo de socialismo. Chávez entendió “el sentido del momento histórico”, cuando impulsó la Revolución Bolivariana. Con ello, logró romper el hegemonismo del imperio en América Latina. Surgen los gobiernos de Néstor Kirchner, Lula, Rafael Correa, Daniel Ortega, Evo Morales y Tabaré Vásquez, entre otros progresistas. Lo hacen en el apogeo de la economía neoliberal. El alto precio de los recursos naturales, principalmente del petróleo, permite realizar transformaciones sociales a favor de los pueblos, y por ello, ganaron gran popularidad. Éste fenómeno, ya lo explicó Marx a los obreros de la Primera Internacional: que, ante los vaivenes cíclicos de la economía capitalista, las formas y objetivos de la lucha cambian. Cuando la economía va en ascenso, existe la posibilidad de realizar transformaciones en favor del pueblo, porque los capitalistas ¨chorrean” una parte ínfima de sus ganancias. Con ello, el capital logra la “paz social”, que le permite continuar explotando a los trabajadores, consiguiendo una tasa de ganancia igualmente sideral. En esos momentos explicaba Marx, la lucha económica o reivindicativa debe ocupar el lugar principal. 

Sin embargo, cuando la economía capitalista entra en crisis, y ya ni siquiera existen las condiciones para mantener los salarios de los trabajadores, los capitalistas adoptan medidas proteccionistas. Marx plantea que, en vez de mantener una guerra de guerrillas desgastante, y en mayor grado inútil, lo correcto es lanzarse a la lucha política por cambiar las relaciones de producción existentes (capitalistas), por unas más justas (socialistas). 

El progresismo es la mejor alternativa cuando la economía capitalista va en ascenso, y por ello, políticamente es correcto para los pueblos. Desde 2008, el capitalismo entró en una crisis de la cual no logra salir y sigue profundizándose, por el avance y fortalecimiento de las economías china y rusa. Ambas economías, no frenan sus fuerzas productivas, por el contrario, las estimulan. Esto le ha permitido a China superar a Estados Unidos, prácticamente en todos los ámbitos, desatando la desesperación del imperialismo, que ha impulsado una guerra comercial, que puede llegar a desembocar en un enfrentamiento bélico nuclear. En este escenario, solo la lucha revolucionaria de los pueblos puede evitar una real catástrofe mundial. 

Pensar hoy, que el progresismo es la mejor alternativa ante los embates del capitalismo más reaccionario, constituye una ilusión, además de una postura claudicante. El capitalismo 

tiene sus leyes y regularidades y no depende de las buenas o malas intenciones de tal o cual gobernante. Es tratar de retrotraer la historia, no entender el momento histórico. El hecho que no exista hoy una alternativa revolucionaria, no es culpa de los pueblos, porque los factores objetivos están dados. Los subjetivos (la teoría revolucionaria) no. Los únicos responsables son los mismos portadores y conocedores de la teoría revolucionaria. 

Es cierto, que son necesarias etapas, crear condiciones para superar el capitalismo, pero cada fase debe ser conducida revolucionariamente. Sin la independencia económica del imperialismo y sus instituciones, jamás se logrará avanzar hacia una sociedad más justa. Para ello, hay que industrializar y lograr alianzas económicas regionales que protejan nuestras economías mediante la solidaridad internacional. Hay muchos otros aspectos esenciales de abordar, los cuales solo serán posibles con una actitud revolucionaria. Boric es la antítesis de todo ello. Como señala Sergio Rodríguez, mantendrá incólume el modelo neoliberal y no tardará en reprimir la protesta social y al pueblo mapuche. A lo anterior, se suma el hecho que ha sido aliado del imperialismo yanqui en sus continuos embates injerencistas contra Venezuela, Cuba y Nicaragua, y es más que probable que en su gobierno continúe en la misma senda. 

Históricamente las clases dominantes se han escudado en falsas construcciones ideológicas, como lo hizo la Iglesia Católica en el medioevo, que en nombre de dios invadió países y masacró a pueblos enteros en nuestro continente. Hoy el imperialismo utiliza la falacia de la democracia representativa y los derechos humanos para atacar e incluso asesinar a presidentes y dirigentes políticos de aquellas naciones que impulsan proyectos independientes del imperio. 

En este sentido, Sergio Rodríguez mantiene una sólida actitud ética con su historia personal. Por el contrario, Atilio Borón a pesar de todos sus pergaminos en el conocimiento de la teoría revolucionaria, que ha reflejado en escritos de defensa del marxismo, ha caído en posturas más de conveniencia que de principios. El pragmatismo es la filosofía del neoliberalismo. 

José Leiva 

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