Palestina: los dos bandos de la región ven ahora posible una «gran guerra”

por Alastair Croke

Los acontecimientos en Oriente Próximo se han precipitado: una «década de cambio» se ha comprimido en apenas unos meses: Putin y Xi Jinping han sellado una Entente que cambiará el mundo; China ha mediado en un acuerdo entre Irán y Arabia Saudí. El presidente Raisi se reunirá con el rey Salman después del Ramadán; se han iniciado conversaciones serias de alto el fuego en Yemen. China y Rusia han persuadido a Turquía y Arabia Saudí para que rehabiliten al presidente Assad; el ministro de Exteriores sirio ha visitado Riad. Arabia Saudí ha virado hacia China; la OPEP+ ha reducido el suministro de crudo. Y en todas partes, desde el Sur Global hasta Oriente Medio, el dólar estadounidense como moneda comercial está siendo abandonado en favor de las monedas nacionales.

Se está consolidando un nuevo paradigma.

En el plano geopolítico, la hegemonía occidental en la región se ha caído del muro y yace destrozada en el suelo. Ni todos los «hombres del rey» (neoconservadores) conseguirán volver a armarla.

Y, en otro plano más elevado, un eje de voces en toda la región (el día de Al-Quds) habló con fuerza, y con una sola voz unida, de que más vale que el «huevo» israelí tenga cuidado, no sea que caiga y se rompa también.

El estamento de seguridad israelí –aunque en términos codificados– ve la perspectiva en forma coincidente. Moshe Yaalon, ex ministro de Defensa, dijo recientemente (https://twitter.com/SinaToossi/status/1644724021043363841) que los «radicales» del gobierno israelí quieren una «gran guerra»; y cuando «Israel» quiere una guerra, normalmente la consigue; y esa guerra vendrá por la cuestión palestina, sugirió

Yaalon. “Casualmente”, la Inteligencia militar israelí dice lo mismo: aumentarán las posibilidades de una “guerra real” este próximo año (https://www.haaretz.com/israel-news/2023-04-14/ty-article/.premium/israeliintel-sees-a-possible-war-in-the-coming-year-will-netanyahu-remain-cautious/00000187-7b81-d484-adeffb8521b50000).

En pocas palabras, los acontecimientos en «Israel» ya no están bajo el ‘control’ de nadie. Las fuerzas «recién» empoderadas del fanatismo sionista de los colonos y de la derecha religiosa para convertir «Israel» en la «Tierra de Israel» no están a punto de «desaparecer» de escena. No persiguen ningún proyecto geopolítico racional de la Ilustración, sino la «voluntad de Yahvé». Y eso constituye una dinámica totalmente distinta.

Los radicales judíos han esperado décadas para llegar al poder. Ahora les salen los números y se resisten a dejar escapar esta oportunidad. Estados Unidos está ejerciendo una enorme presión sobre el primer ministro Netanyahu para que abandone la «reforma» judicial, que sin embargo constituye la piedra angular de todo el edificio de la «Tierra de Israel»: un proyecto que se basa en «recuperar» toda Cisjordania de manos palestinas. Una empresa que puede sacudir la región hasta sus cimientos y desencadenar una guerra.

Es una empresa en la que, sospecha la derecha israelí, el Tribunal Supremo podría muy dar una vuelta de tureca. Y tendrían razón.

Aunque el presidente Biden necesita en este momento un «conflicto» en Oriente Próximo además de la guerra en Ucrania tanto como un tiro en la sien. El ex primer ministro Sharon fue clarividente hace unas dos décadas al prever que el poder de Estados Unidos en la región menguaría y que, en última instancia, Estados Unidos se mostraría impotente para impedir que «Israel» se «apoderara» de la Tierra bíblica de «Israel». Esa intuición probablemente se ha hecho realidad en este preciso momento.

Por supuesto, es posible que Netanyahu intente dar marcha atrás (https://www.al-monitor.com/originals/2023/04/israels-netanyahu-falls-polls-could-abandon-judicial-overhaul).

El Primer Ministro suele preferir la cautela. Pero, siendo realistas, ¿puede echarse atrás?

Es rehén de sus socios de coalición –en caso de que desee evitar la cárcel–, de los que sólo su actual formación de gobierno puede protegerle. Sin esa protección, el resultado inevitable será un proceso judicial.

No hay indicios de que otros socios de coalición estén dispuestos a asociarse con Netanyahu, ni a cualquier precio.

No es difícil comprender el origen de la intransigencia radical de los Mizrahi respecto al Tribunal Supremo. A los partidarios de un Estado judío, en lugar de un Estado «democrático» (laico) equilibrado, les salen los números. Ya les salían en el ciclo electoral de 2019. Los haredim, los nacional-religiosos y los mizrahim deberían haber tenido suficientes votos para asegurarse 61 escaños en la Knesset (una mayoría). Pero en el transcurso de cuatro campañas electorales, la «derecha» no logró materializar su mayoría (https://www.972mag.com/israeli-right-new-struggle/) ya que los miembros árabes palestinos de la Knesset entraron en el juego de formar coaliciones para impedir que la derecha (que incluye a los mizrahim) capitalizara su superioridad numérica.

La ministra Smotrich escribió entonces en un post de Facebook (https://www.facebook.com/Bezazelsmotrich/posts/1922835757870792) que, de persistir esta situación, la derecha seguiría siendo minoría para siempre.

Es el deseo de asegurar que la mayoría alcance el poder lo que está detrás de la agenda para neutralizar al Tribunal Supremo y expulsar a los partidos árabes de la Knesset

(https://www.972mag.com/israeli-right-palestinian-parties-ban/). Entonces, y sólo entonces, se podrá superar (desde este punto de vista) el establishment laico-liberal asquenazí y crear un Estado judío en la tierra bíblica de «Israel».

Si ese Estado resultara ser «democrático» podría funcionar, pero cualquier atributo democrático sería totalmente subsidiario de su «judaísmo» (https://www.haaretz.com/israel-news/2023-04-13/ty-article/.premium/for-israels-protesters-its-democracy-now-and-peace-with-the-palestinians-maybe-later/00000187-7bbe-d484-adef-fbbeceb10000).

(Tomado de Al Mayadeen)

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