Apple TV: «Quién le teme a Virginia Woolf», el amor como algo inhumano

por Juan García Brun

En marzo la plataforma Apple TV incorporó a su parrilla una de las grandes películas del canon clásico de los 60, «Quién le teme a Virginia Woolf», 1966, dirigida por Mike Nichols basada en la obra teatral homónima de Edward Albee. Una obra que ha ido creciendo con el paso del tiempo, diríase en la misma proporción que la memoria de Richard Burton (George) y Elizabeth Taylor (Martha) se desdibuja, dejando a los personajes, al guión, a la producción en su conjunto, navegar con autonomía. Filmada en un deliberado y necesario blanco y negro, la agobiante historia narrada en tiempo real, teatraliza —porque esta película es una obra de teatro llevada a la pantalla— el fin de una era, la tragedia y decadencia de la intelectualidad norteamericana y , por supuesto, el desamor.

Un año antes del lanzamiento de esta película, Truman Capote había publicado A sangre fría, obra que rompe la fronteras entre ficción y no ficción, una narración objetivista, inhumana al decir de Borges, como los hechos a los que refiere. Esto no es una simple coincidencia, porque ¿Quién le teme a Virginia Woolf? lleva precisamente al cine —aquí se separa de la obra de teatro— la escandalosa relación material, real, de no ficción, entre Taylor y Burton, dos semidioses del cine cuya imagen popular era la de Marco Antonio (Richard Burton) y Cleopatra (Elizabeth Taylor). Al filmarse esta película los actores estaban casados, para divorciarse en 1974 y volverse a casar en 1975.

La trascendencia del filme es por lo mismo, contribuir a este proceso de ruptura de las fronteras entre la ficción y la no ficción que hasta el día de hoy representa uno de los rasgos distintivos de la ¿gran? literatura contemporánea. Todo Knausagard,  La literatura nazi en América de Bolaño, Shiki Nagaoka: una nariz de ficción de Bellatin, HHhH de Binet y quizá la obra completa de Carrere, pienso en El adversario, El reino y la recientemente editada Yoga, impostan la crónica periodística e incorporan de esta forma al lector/espectador a la narración, completando una historia cuyo desarrollo episódico solo es aproximado mediante la obra.

En mi opinión es este fenómeno de apropiación narrativa el que vive especialmente y de forma virginal en «Quién le teme a Virginia Woolf». 

Aproximándonos al texto, la pregunta que da título a la obra es un manifiesto en sí mismo. Virginia Woolf en los 60 aún no era rescatada y redimida por el movimiento feminista como la conocemos hoy. Era aún una imagen aristocrática, de cuarto propio, una representación tangible de la enfermedad, del dolor y la impotencia, del refinamiento intelectual anglosajón que el título propone desafiar, banalizar con una perspectiva nuevamente de apropiación. La obra, por lo mismo, desafía el canon literario vanguardista y moderno poniendo las contradicciones del matrimonio Burton(George)/Taylor (Martha) como una manifestación del fin de una época.

La historia transcurre en un campus universitario, de noche al fin de una fiesta en la casa del rector y se desarrolla como una interminable y odiosa borrachera. En las primeras escenas vemos caminar ebria y comer con las manos una pata corta de pollo fría a Taylor/Martha. Reciben al matrimonio joven de un nuevo profesor universitario. Las recriminaciones y mutuas humillaciones entre los anfitriones escalan de forma escandalosa y alcanzan a agredir a las visitas. La casa se observa caótica. Beben alcohol y fuman. La vida de conjunto es una farsa, un sinsentido que se sostiene en el exceso y la vanidad: cada línea del guión refiere simultáneamente a los actores y a los personajes. Es difícil no creer que de verdad todos están borrachos.

El maltrato y un inexplicable amor mutuo sostiene a la pareja. Un amor romántico y por lo mismo imposible. Una tormenta desgarradora cimentada en una ilusión, una ilusión esperpéntica, sin remedio, sin mayor soporte que la del engaño mutuo. Porque tal engaño es el de un hijo fantasmal o la de la historia de George o ambas, en una supuesta novela (ficción) que refiere a un hijo que ha matado a sus padres que son ellos mismos: hijos, padres y amantes.

Terminada la fiesta de posguerra de los 50 y derrotados en bahía Cochinos, EE.UU. inicia recién su incursión en Vietnam. Sabemos que la historia no es tan aterradora como inevitable y entendemos entonces que sí, que la frustración domina el horizonte del espectador, de los personajes, de los actores y que la tragedia humana empequeñece hasta la insignificancia la figura victoriana de Virginia Woolf, a quien nadie, nadie en absoluto, puede temer.

(En la foto de portada se ve al director Nichols, con Taylor y Burton durante la filmación).

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