Materialismo histórico desclasado: la versión de Hallpike sobre el proceso social

por Juan Sebastián Zapata-Mujica

A diferencia de la matemática donde, como ya lo dijo Hobbes hace tiempo, «la verdad y los intereses del hombre no se oponen », en la ciencia social no hay nada que no se preste a la controversia puesto que ella «compara a los hombres y entra en la consideración de sus derechos y sus beneficios», por eso « siempre que la razón  se oponga al hombre , el hombre se opondrá a la razón» Las diferencias (…) siempre que sea su aceptación lo que se ponga en tela de juicio , sin llegar a cuestionar su verdad, son de naturaleza ideológica. Marshall Sahlins Economía de la Edad de Piedra 

Recientemente, y durante un corto período de tiempo, Christopher Hallpike publicó en su perfil del portal academia.eduun breve artículo en inglés titulado In Defence of Colonialism, En defensa del colonialismo. Hallpike se formó con Evans-Pritchard y, tras hacer etnografía entre los Konso de Etiopía y los Tauade de Nueva Guinea, publicó Los fundamentos del pensamiento primitivo, editado en español por el Fondo de Cultura Económica en 1986. Este libro, y la subsecuente producción del autor, es de lectura obligatoria para los antropólogos interesados en los problemas del giro ontológico.

A continuación argumentaré por qué el pensamiento de Hallpike se asemeja a la visión de largo plazo del proceso social del materialismo histórico y por qué, tanto él como Marx, deben ser leídos con un esfuerzo consciente por ir más allá de las cuestiones de naturaleza ideológica.

El título del artículo podría ser malentendido como una apología al colonialismo como política exterior de explotación de los sujetos imperiales. Desde una perspectiva decolonial, podría ser tomado como la celebración de todo tipo de violencias que se intersectan en la vida cotidiana.

A pesar del posible malentendido del artículo, la apuesta de Hallpike no gravita sobre la bondad o maldad del colonialismo, lo que sería, en sus propias palabras, “ingenuo e ignorante” en un análisis antropológico.

La clave para hacer una lectura no moralista de Hallpike está en seguir la lógica de reconstrucción procesual que, para el caso colonialista, es resumido por el autor así:

Fue el colonialismo el que estableció las bases fundamentales del mundo moderno de las naciones independientes. Estas últimas nunca pudieron haber existido sin la etapa previa de la construcción de la nación colonial. (Traducción personal) 

En términos diáfanos, lo que el antropólogo anglocanadiense está diciendo es que el mundo moderno no habría sido posible tal y como lo conocemos, si el colonialismo no hubiera existido durante los siglos XIX y XX. En la misma medida en que la edad media no habría existido si, en el pasado la gente que primero ocupó Europa, cazadores y recolectores, no hubieran hecho lo que quiera que hicieron.

Pero Hallpike está defendiendo el colonialismo y no la guerra primitiva, podría alegar alguien. De hecho, el autor dice que el proceso revolucionario, durante el colonialismo, erradicó las condiciones que solían crear contextos de derramamientos de sangre y venganza como pasaba en Nueva Guinea cincuenta años atrás, así como en muchos otros lugares.

“Que ese proceso revolucionario implicó penurias considerables y crueldad nadie lo duda”, dice Hallpike en su artículo. Entonces, lo que el autor está defendiendo no es el sufrimiento que los imperios causaron a las poblaciones. Lo que él está defendiendo es la síntesis de la contradicción que desarrolló un nuevo tipo de sociedad.

Hallpike continúa: “Sin embargo, esa es la naturaleza de las revoluciones; al final, el colonialismo mejoró con creces la vida de los sujetos”. Las penurias y crueldades inherentes a la revolución que, finalmente, produce nuevos tipos de sociedades, suena muy familiar a las siguientes palabras escritas en el Manifiesto del Partido Comunista:

Hombres libres y esclavos, patricios y plebeyos, señores y siervos, maestros y oficiales, en una palabra: opresores y oprimidos se enfrentaron siempre, mantuvieron una lucha constante, velada unas veces y otras franca y abierta; lucha que terminó siempre con la transformación revolucionaria de toda la sociedad o el hundimiento de las clases en pugna (…) De los siervos de la Edad Media surgieron los vecinos libres de las primeras ciudades; de este estamento urbano salieron los primeros elementos de la burguesía. 

Lo que Hallpike está defendiendo, una vez más, no es el colonialismo sino la revolución. En otras palabras, Hallpike defiende el colonialismo tanto como Marx defiende la burguesía. La lectura de esta defensa del colonialismo no puede hacerse en términos morales, basándose en gustos apreciaciones personales. La lectura debe hacerse usando la lógica procesual, teniendo en cuenta a la especie humana en su conjunto, especie que nunca para de desarrollarse, más allá de las consideraciones de si esto implica o no “considerables penurias y crueldad”, como dijo Hallpike. 

El problema del título que Hallpike eligió es que es pendenciero y provocativo, algo que no facilita una lectura distanciada. Por un lado, es proclive a ser malentendido porque, puede llamar la atención de aquellos que frontalmente condenan el colonialismo por su maldad. Por otro lado, y aquí está el problema para mí, la gente que va a ser atraída, lo será en un sentido negativo y escandalizado, llegando al texto con una predisposición a pensar que el artículo es una apología moral al imperialismo y al colonialismo más que un análisis histórico.

Hallpike ha escrito por años contra la corrección política, lo que hace entendible el tono del título. La batalla en la que Hallpike está inmerso sería la misma que libró Marx: una batalla por la ciencia, contra la censura y la argumentación basada en emociones.

Es por esa razón que estoy diciendo que la Defensa del colonialismo de Hallpike no es moralista sino histórico-materialista en tanto está basada en la identificación de las condiciones que hicieron posible el desarrollo de sociedades a través de contradicciones en la Historia.

Existen al menos dos razones por las que Hallpike hace énfasis en el colonialismo. La primera es que éste fue un episodio muy particular: 

porque el contraste entre el desarrollo científico, tecnológico, cultural y político y aquel de las sociedades tribales dominadas fue el más extremo de todos los tiempos. La consecuencia fue global. (Traducción personal)

La segunda razón es que, finalizando este periodo revolucionario, la humanidad entró en un nuevo episodio que involucró nuevas y más complejas formas de vivir que están directamente relacionadas con el desarrollo de la ciencia, el conocimiento e incluso de la moral que, ahora, permite a la gente preocuparse por la crueldad del colonialismo.

Hallpike argumenta que el colonialismo fue la única forma para las sociedades tribales de tener un lugar en el mundo moderno. ¿Significa esto que todas las sociedades no modernas que existen actualmente tendrán que sufrir el colonialismo? Según Hallpike, a partir de 1945 las cosas empezaron a cambiar debido a los efectos del colonialismo, que combinando sociedades tribales y modernas produjo formas de comunicación más efectivas y respetuosas.

Esto, por supuesto, no significa que el mundo moderno sea el fin de la Historia, y que la humanidad no pueda hacer algo mejor, como sentenció Fukuyama en 1992. No. El desarrollo de la Historia (de sus individuos y sociedades), las revoluciones y los cambios drásticos irán y vendrán como las olas del mar. En consecuencia, la destrucción de formas de vida pasadas y la emergencia de nuevos retos empujarán a la gente a rechazar la forma en que nosotros lo estamos haciendo ahora.

En el prefacio a la Contribución de la Crítica de la Economía Política, Marx escribió:

Ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecen nuevas y más elevadas relaciones de producción antes de que las condiciones materiales para su existencia hayan madurado dentro de la propia sociedad antigua. Por eso, la humanidad se propone siempre únicamente los objetivos que puede alcanzar, porque, mirando mejor, se encontrará siempre que estos objetivos sólo surgen cuando ya se dan o, por lo menos, se están gestando, las condiciones materiales para su realización. A grandes rasgos, podemos designar como otras tantas épocas de progreso en la formación económica de la sociedad el modo de producción asiático, el antiguo, el feudal y el moderno burgués. Las relaciones burguesas de producción son la última forma antagónica del proceso social de producción; antagónica, no en el sentido de un antagonismo individual, sino de un antagonismo que proviene de las condiciones sociales de vida de los individuos. Pero las fuerzas productivas que se desarrollan en la sociedad burguesa brindan, al mismo tiempo, las condiciones materiales para la solución de este antagonismo. Con esta formación social se cierra, por lo tanto, la prehistoria de la sociedad humana.

Aquí la diferencia entre Hallpike y Marx toma forma. El enfoque sobre el desarrollo de la Historia de Hallpike, particularmente sobre el caso del periodo colonialista, no está enfocado en el desarrollo de los modos de producción. Es por eso que argumento que la reconstrucción del proceso de Hallpike es desclasado, porque él se interesa en mostrar el proceso social en abstracto a través de un episodio concreto de la Historia, nada más. Marx, por su parte, está interesado en explicar cómo el capitalismo evolucionó del feudalismo.

El aspecto común entre ambos autores es que ellos se remontan al pasado para reconstruir el proceso que trajo a la humanidad hasta el presente. Esto no significa, todos lo sabemos, que el camino del futuro esté trazado. El desarrollo de la humanidad constantemente abre futuros posibles previamente inimaginables.

Mientras el núcleo del trabajo de Hallpike es sobre el desarrollo cognitivo en sociedades primitivas, el de Marx es sobre el valor de la actividad humana. Ninguno de ellos debe ser leído emocionalmente o desde puntos de vista morales, una lectura feraz estaría dada por la necesidad de incrementar la comprensión de qué somos los seres humanos. 

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