de Organización Comunista Internacionalista (Brasil)
Las movilizaciones que incendiaron Bolivia desde mayo sufrieron un duro golpe con la traición de la Central Obrera Boliviana (COB). Tras sentarse a negociar con el reaccionario gobierno de Rodrigo Paz y firmar un acuerdo, la central llamó al fin de los bloqueos y pidió la “pacificación del país”.
Desde que Paz asumió el poder en noviembre de 2025, la clase trabajadora boliviana ha demostrado toda su disposición de lucha y sacrificio para enfrentar a su propio gobierno y al imperialismo. Incluso sin una dirección revolucionaria, a partir del paquetazo impulsado por Paz (Decreto 5.503), campesinos, mineros, camioneros, profesores y trabajadores de diversas otras ramas se pusieron en movimiento ya en enero, logrando frenar el decreto. En mayo, tras la negativa del gobierno a negociar una serie de reivindicaciones económicas, nuevos bloqueos se extendieron por todo el país.
El temor y la incapacidad de la clase dominante boliviana frente a la fuerza de las manifestaciones quedaron en evidencia a partir de la negativa de Paz a declarar el estado de sitio todavía en mayo, temiendo una posible ampliación del movimiento como consecuencia de una intensificación de la represión. La medida solo fue adoptada cuando la COB se doblegó completamente.
Lo cierto es que las direcciones vacilaron desde el inicio de las protestas. La COB convocó, pero no organizó una huelga general y, cuando una parte importante del país ya se encontraba paralizada, se negó a convocar nuevos bloqueos, adhiriendo oficialmente recién el 11 de mayo.
Posteriormente, el secretario ejecutivo de la COB, Mario Argollo, decidió pasar a la clandestinidad después de que se decretara su detención bajo acusaciones de incitación pública al delito, terrorismo, entre otras. Argollo no optó, por ejemplo, por seguir el mismo camino que Evo Morales en 2024, quien solo evitó ser detenido porque se aisló en la región del Chapare, su bastión político. Morales está protegido por miles de partidarios que levantan barricadas y bloqueos, impidiendo el ingreso de las fuerzas policiales y el cumplimiento de las órdenes de detención emitidas por la justicia boliviana. Argollo actuó como si el pueblo pudiera enfrentar las amenazas por sí solo y únicamente él necesitara resguardarse en la clandestinidad.
Los sectores vinculados al partido de Morales, Evo Pueblo, levantaron inicialmente la consigna de elecciones en 90 días. El objetivo declarado del expresidente seguía la línea de la pacificación y del restablecimiento del orden institucional, aunque tuvo escasa repercusión en las calles.
El movimiento popular, que en todo momento se encontró con dirigentes que se negaron a impulsar la lucha por la caída del gobierno de Rodrigo Paz (la COB jamás levantó esa consigna), terminó utilizando una especie de “consigna democrática”: la exigencia de renuncia del presidente.
Sin una dirección capaz de llevar la lucha hasta el final, la capitulación condujo al debilitamiento de los bloqueos y al desmantelamiento de los que aún permanecían por parte de las fuerzas represivas.
Lula envía aviones de la FAB para romper la huelga
Lula, el mismo que guardó silencio cuando más de 200 trabajadores fueron despedidos por realizar una huelga en Florianópolis, no expresó ningún apoyo a los manifestantes bolivianos. En cambio, se apresuró a conversar con Rodrigo Paz.
El 19 de mayo, una aeronave KC-390 Millennium de la Fuerza Aérea Brasileña (FAB) fue enviada para “actuar durante diez días en el transporte de suministros y combustible entre las ciudades de Santa Cruz de la Sierra y La Paz”; y el día 29, otra aeronave “de la FAB transportó alimentos donados por el gobierno brasileño”. Después de descargar los primeros suministros enviados, el avión brasileño permaneció a disposición en Bolivia para realizar vuelos internos, siendo utilizado para trasladar cargas e insumos proporcionados por las propias autoridades bolivianas y otras organizaciones locales que se encontraban retenidos debido a los más de 90 puntos de bloqueo carretero existentes en el país.
Mientras los trabajadores se movilizaban en las calles exigiendo reajustes salariales, luchando contra el aumento de los combustibles y levantando una serie de otras reivindicaciones económicas, Lula se colocó del lado de su verdugo, aliándose con Rodrigo Paz y con el imperialismo norteamericano, es decir, con aquellos que calificaron a los trabajadores en lucha de “criminales y narcotraficantes” (declaración de Marco Rubio).
Esa es la actitud de un presidente que nunca fue un “izquierdista”, como el propio Lula ha afirmado. En los hechos, la alianza entre Lula y Trump, junto con la traición de la COB, ayudó a salvar al gobierno servil al imperialismo encabezado por Rodrigo Paz.
Combatir la ofensiva imperialista
La Organización Comunista Internacionalista (OCI) continúa al lado de la clase trabajadora, la juventud y los campesinos de Bolivia y del mundo. Desde el inicio de las movilizaciones nos colocamos junto a los manifestantes; participamos en la reunión de organización de solidaridad con el pueblo boliviano realizada el 28 de mayo; firmamos y recolectamos adhesiones al “Manifiesto de solidaridad con el pueblo boliviano y con Cuba: luchar contra el imperialismo”. Como señaló el compañero Antônio Battisti, impulsor de la reunión de solidaridad y del Manifiesto:
“Incluso con la traición de la dirección de la COB, la llama antiimperialista permanecerá encendida junto al pueblo trabajador boliviano.”
Frente a los ataques del imperialismo contra los pueblos del mundo, se vuelve urgente y necesario impulsar el combate bajo la forma de un frente único antiimperialista; no existe otra salida. Por encima de todo, es necesario continuar la construcción de un partido obrero independiente, capaz de conducir a la clase trabajadora al poder y poner fin al régimen de propiedad privada de los grandes medios de producción.
