Karl Radek: León Trotsky, el organizador de la victoria

La historia ha preparado a nuestro partido para diferentes tareas. Por más defectuoso que sea nuestro aparato del Estado o nuestra actividad económica, todo el pasado del partido lo ha preparado psicológicamente para la creación de un nuevo orden en la economía y para un nuevo aparato estatal. La historia incluso nos ha preparado para la diplomacia. No hay casi necesidad de mencionar que la política mundial siempre ha interesado a los marxistas. Fueron las negociaciones sin fin con los mencheviques las que perfeccionaron nuestra técnica diplomática y fue durante estas viejas luchas que el camarada Chicherin[27] aprendió a elaborar notas diplomáticas. No hemos hecho más que comenzar a comprender el milagro de la economía. Nuestro aparato del Estado cruje y gime. Sin embargo, en un único terreno hemos logrado un gran éxito: en nuestro Ejército Rojo. Su creador, su voluntad central ha sido el camarada L. D. Trotsky.

El viejo general Moltke[28], el creador del ejército alemán, hablaba a menudo del peligro que acarreaba que la pluma de los diplomáticos confiscara el trabajo realizado por el sable del soldado. Los guerreros en el mundo entero —y aunque haya habido autores clásicos entre ellos— siempre opusieron la espada a la pluma. La historia de la revolución proletaria muestra cómo se puede forjar nuevamente una pluma en espada. Trotsky es uno de los mejores escritores del socialismo mundial, pero sus cualidades no le han impedido convertirse en el jefe y el organizador dirigente del primer ejército proletario. La pluma del mejor publicista de la revolución se ha forjado nuevamente en espada.

La escasez de literatura militar marxista

La literatura militar del socialismo científico apenas ayudó al camarada Trotsky en la resolución de los problemas que el partido afrontaba cuando estaba amenazado por el imperialismo mundial. Si se considera el conjunto de la literatura socialista anterior a la guerra, no se encuentran —a excepción de algunas obras poco conocidas de Engels, algunos capítulos de su Anti-Duhring, consagrados al desarrollo de la estrategia y algunos capítulos del excelente libro de Mehring[29] sobre Lessing, dedicados a la actividad militar de Federico el Grande— más que cuatro obras sobre el tema militar: el folleto de August Bebel sobre la milicia, el libro de Gaston Moch sobre la milicia, los dos volúmenes de la historia de la guerra de Schulz y el libro de Jaurès dedicado a la propaganda a favor de la idea de las milicias en Francia.

“La literatura militar del socialismo científico apenas ayudó aTrotsky en la resolución de los problemas que el partido afrontaba amenazado por el imperialismo mundial”

Exceptuando los libros de Schulz y de Jaurès, que son de un gran valor, todo lo que la literatura socialista ha publicado sobre temas militares desde la muerte de Engels ha sido de un diletantismo malo. Pero incluso las obras de Schulz y de Jaurès no aportan ninguna respuesta a las preguntas que se le plantearon a la revolución rusa. El libro de Schulz exponía el desarrollo de la estrategia y la organización militar desde siglos atrás. Era un intento de aplicación del método marxista a la investigación histórica, que se terminaba en el período napoleónico. El libro de Jaurès —lleno de un brío deslumbrante— muestra su gran familiaridad con los problemas de la organización militar pero tiene un defecto fundamental: este talentoso representante del reformismo quería hacer del ejército capitalista un instrumento de defensa nacional y eximirlo de su función de defensa de los intereses de la clase burguesa. Por tanto, no logró aprehender la tendencia del desarrollo del militarismo y llevó hasta el absurdo la idea de la democracia en la cuestión de la guerra, en la cuestión del ejército.

El origen de la concepción del Ejército Rojo

Ignoro en qué medida el camarada Trotsky se había ocupado antes de la guerra de las cuestiones del arte militar. Creo que no es de los libros de donde ha sacado su talentoso conocimiento sobre este tema, sino que recibió un impulso en esa dirección en la época en que era corresponsal de la guerra de los Balcanes, ese ensayo general de la gran guerra.

Es probable que haya profundizado este conocimiento de la técnica militar y del mecanismo del ejército durante su permanencia en Francia [durante la Primera Guerra) Mundial] desde donde enviaba sus brillantes compendios a la Kievskaia Mysl. En este trabajo se puede ver cómo llegó a comprender magníficamente el espíritu del ejército. El marxista Trotsky no veía únicamente la disciplina exterior del ejército, los cañones, la técnica. Veía los seres vivos que cargan los instrumentos de guerra, veía las oleadas de ataque.

Trotsky es el autor del primer folleto que da un análisis detallado de las causas de la degeneración de la [Segunda] Internacional[30]. Aún en presencia de esta gigantesca degeneración, Trotsky no perdió su fe en el futuro del socialismo; por el contrario, se convenció profundamente que todas estas cualidades que la burguesía se esfuerza en cultivar en el proletariado con uniforme, para asegurarse su propia victoria, se volverían rápidamente contra ella y servirían de base, no sólo a la revolución, sino también a los ejércitos revolucionarios.

Uno de los documentos más notables de su comprensión de la estructura de clase del ejército y del espíritu del ejército, es el discurso que pronunció, creo, sobre la ofensiva de Kerensky[31] en julio ante el primer Congreso de los Soviets y en el Consejo de Obreros y Soldados de Petrogrado. En este discurso, Trotsky predijo la derrota de la ofensiva no solamente por la base de la técnica militar, sino partiendo de un análisis político de la situación en el ejército. “Ustedes (y se dirigía a los mencheviques y a los socialistas revolucionarios) exigen del gobierno una revisión de los objetivos de guerra. Haciendo esto dicen al ejército que los antiguos objetivos de la guerra, en nombre de los cuales el zarismo y la burguesía han exigido sacrificios inusitados, no corresponden a los intereses del campesinado y del proletariado ruso. Pero no tienen nada para reemplazar al zar y a la patria y, sin embargo, le piden al ejército derramar su sangre por esta nada. No se puede combatir por nada y vuestra aventura terminará en un desastre”.

El secreto de la grandeza de Trotsky como organizador del Ejército Rojo reside en su actitud respecto a estas cuestiones.

Todos los grandes escritores militares subrayan el significado enorme y decisivo del factor moral en la guerra. La mitad del gran libro de Clausewitz[32] está dedicada a esta cuestión y toda nuestra victoria en la guerra civil se debió al hecho que Trotsky supo aplicar su conocimiento del significado del factor moral en la guerra a nuestra realidad.

Cuando el viejo ejército zarista se descompuso, el ministro de guerra del gobierno de Kerensky, Verkhovsky, propuso la desmovilización de las tropas de mayor edad, la reducción parcial de los oficiales en la retaguardia y la reorganización del ejército por medio de la introducción de nuevos elementos jóvenes. Cuando tomamos el poder y las trincheras se vaciaron, muchos de ellos nos hicieron la misma proposición. Pero esta idea era pura utopía. Era imposible reemplazar el ejército zarista en huida por fuerzas frescas. Estas dos olas se cruzarían y se dividirían unas con otras. Había que disolver completamente el antiguo ejército; no se podía construir un nuevo ejército más que sobre el grito de alarma lanzado por la Rusia soviética a los obreros y a los campesinos, para defender las conquistas de la revolución.

Cuando en abril de 1918 los mejores oficiales zaristas que quedaban en el ejército tras nuestra victoria se reunieron para elaborar, con nuestros camaradas y algunos representantes militares de los Aliados, el plan de organización del ejército, Trotsky escuchó sus planes durante varios días en silencio —recuerdo perfectamente aquella escena—. Eran planes propuestos por gente que no comprendía la sublevación que estaba por producirse frente a ellos. Cada uno respondía a la pregunta de cómo organizar un ejército recurriendo al antiguo modelo. No habían entendido la metamorfosis que se produjo sobre el material humano en que el ejército está fundado. ¡Cómo se rieron los expertos militares ante las primeras tropas de voluntarios organizadas por el camarada Trotsky en calidad de Comisario de Guerra! El viejo Borissov, uno de los mejores escritores militares rusos, no dejaba de repetir a los comunistas con los que estaba obligado a mantenerse en contacto, que nada saldría de esta iniciativa, que el ejército sólo podía construirse sobre la base de la conscripción general y mantenerse por una disciplina de hierro. No alcanzaba a entender que las tropas de voluntarios eran los pilares sobre los que debía erigirse la estructura de conjunto, y que las masas campesinas y obreras no podrían ser ganadas nuevamente para la guerra a menos que estuvieran confrontadas a un peligro mortal. Sin creer ni por un instante que el ejército voluntario podía salvar a Rusia, Trotsky lo organizó como el aparato que necesitaba para crear el nuevo ejército.

 La utilización de especialistas burgueses

Pero el genio organizativo de Trotsky y la audacia de su pensamiento se expresan más claramente aún en su valiente decisión de utilizar a los especialistas militares para crear el ejército rojo. Todo buen marxista sabe muy bien que necesitamos la ayuda de la vieja organización capitalista para construir un buen aparato económico. Lenin defendía esta proposición con gran determinación en sus discursos de abril sobre las tareas del poder soviético. Y esta idea no ha sido puesta en duda en los círculos experimentados del partido. Pero, por el contrario, la opinión que podríamos crear un instrumento para la defensa de la república, un ejército, con la ayuda de los oficiales zaristas chocaba contra una obstinada resistencia.

¿Quién podía pensar en rearmar a estos oficiales blancos que acababan de ser desarmados? Muchos camaradas planteaban de este modo la pregunta. Me acuerdo de una discusión en la redacción del Kommunist, el órgano de los llamados “comunistas de izquierda”, para quienes la cuestión de la utilización de oficiales de carrera los conducía al borde de la escisión. Y los redactores de ese periódico estaban entre los teóricos y los prácticos mejor formados del partido. Basta con citar los nombres de Bujarin[33], Ossinsky, Lomov, Iakovleva. Había mucha hostilidad aún entre nuestros camaradas militares reclutados durante la guerra para nuestra organización militar. La desconfianza de nuestros responsables militares a la utilización del saber de los antiguos oficiales no pudo disiparse más que gracias a la ardiente convicción de Trotsky, a su fe en nuestra fuerza social; su creencia que podíamos sacar beneficio de la ciencia de los expertos militares sin permitirles, por ello, que nos impusieran su política, la certeza, finalmente, que la vigilancia revolucionaria de los obreros avanzados permitiría poner fin a todo intento contrarrevolucionario que emanara de los oficiales de carrera.

La energía magnética de Trotsky

Para vencer, era necesario que el ejército estuviera dirigido por un hombre con voluntad de hierro, y que ese hombre no solamente tuviera la confianza plena del partido, sino también la capacidad de subyugar al enemigo que está obligado a servirnos por medio de esta voluntad de hierro. Pero el camarada Trotsky no sólo logró subordinar bajo su energía a los oficiales superiores del grado más elevado. Hizo más: logró ganar la confianza de los mejores elementos entre los expertos militares y convertirlos, de enemigos de la revolución soviética, en partidarios profundamente convencidos.

Fui testigo de semejante victoria de Trotsky en la época de las negociaciones de Brest-Litovsk. Los oficiales que nos habían acompañado a Brest-Litovsk guardaban una actitud más que reservada con respecto a nosotros. Desempeñaban su papel de expertos con la mayor arrogancia, convencidos de asistir a una comedia que no serviría más que para abrir una transacción comercial después de un largo tiempo, arreglada entre los bolcheviques y el gobierno alemán. Pero la forma en que Trotsky, en nombre de los principios de la revolución rusa, llevó la lucha contra el imperialismo alemán forzó a todas las personas presentes en la sala a admitir la victoria espiritual y moral de este eminente representante del proletariado ruso. La desconfianza de los expertos militares con respecto a nosotros se desvaneció a medida en que se desarrollaba el gran drama de Brest-Litovsk.

Recuerdo la noche en que el almirante Altvater —luego fallecido—, uno de los oficiales superiores del antiguo régimen, que comenzaba a ayudar a la Rusia soviética no por razones de miedo sino de conciencia, entró en mi habitación y me dijo: “Vine aquí porque ustedes me obligaron. No les he creído. Pero ahora voy a ayudarlos y haré mi trabajo como nunca antes porque tengo la profunda convicción de servir a mi patria”. Es una de las mayores victorias de Trotsky, quien fue capaz de hacer compartir a otros su convicción de que el gobierno soviético lucha realmente por el bienestar del pueblo ruso, incluso por quienes han venido de campos hostiles y por la fuerza.

” Trotsky logró ganar la confianza de los mejores elementos entre los expertos militares y convertirlos, de enemigos de la revolución soviética, en partidarios profundamente convencidos.”

Demás está decir que esta gran victoria en el frente interno, esta victoria moral sobre el enemigo, no solo es el resultado de la energía de hierro de Trotsky que le ha valido el respeto universal; no solo es el resultado de la profunda fuerza moral, del alto grado de autoridad, aún entre los medios militares, que este escritor socialista y tribuno del pueblo, ubicado por la voluntad de la revolución a la cabeza del ejército, ha sido capaz de conquistar. Exigía también la abnegación de decenas de miles de nuestros camaradas en el ejército, una disciplina de hierro en nuestras propias filas, un esfuerzo y una tensión permanentes para alcanzar nuestros objetivos; también exigía ese milagro que esta masa de seres humanos que, apenas ayer, huían de los campos de batalla, retomara hoy las armas en condiciones más que difíciles para la defensa de su país. Es un hecho innegable que estos factores políticos y psicológicos de masas juegan un papel importante.

Pero la expresión más vigorosa, la más concentrada y la más impresionante de esta influencia, se encuentra en la personalidad de Trotsky. Aquí, la revolución rusa ha actuado por intermedio del cerebro, del sistema nervioso y del corazón del mayor de sus representantes. Cuando comenzó nuestra primera prueba militar, con la Legión Checa, el partido, y con él su dirigente, Trotsky, demostró cómo el principio de la campaña política —como ya lo había enseñado Lassalle[34]— podía ser aplicado a la guerra, al combate con “argumentos de acero”. Hemos concentrado sobre la guerra todas nuestras fuerzas morales y materiales. Todo el partido comprendió que era necesario. Pero también esta necesidad encontró su expresión más elevada en la personalidad de acero de Trotsky.

Después de nuestra victoria sobre Denikin[35] en marzo de 1920, Trotsky dijo a la conferencia del partido: “Hemos devastado toda Rusia para vencer a los blancos”. En estas palabras volvemos a encontrar la incomparable concentración de la voluntad necesaria para asegurar la victoria. Necesitábamos un hombre que fuera la encarnación del grito de guerra, un hombre que se convirtiera en el clarín que hiciera sonar la alarma, la voluntad exigiendo de todos y cada uno una subordinación incondicional a la gran necesidad sangrienta.

Lev Davidovich personifica la revolución

Únicamente un hombre trabajando como Trotsky, cuidándose tan poco como Trotsky, que puede hablar a los soldados como sólo Trotsky puede hacerlo, solamente un hombre así podía ser el abanderado del pueblo trabajador en armas. Ha sido todo esto, en una sola persona. Ha reflexionado sobre los consejos estratégicos dados por los expertos militares y los ha combinado con una evaluación correcta de la relación entre las fuerzas sociales; ha sabido unir en un movimiento único los avances de catorce frentes, de diez mil comunistas que informaban el cuartel general sobre lo que era en realidad el ejército y sobre la forma en que uno podía aprovecharse de él; comprendía cómo había que combinar todo esto en un único plan estratégico y un plan de organización única. Y, en el curso de este espectacular trabajo, comprendía mejor que nadie como tenía que aplicar su conocimiento del factor moral en la guerra.

Esta combinación entre el organizador, estratega militar y político está mejor caracterizado en el hecho que, durante todo el tiempo de su duro trabajo, Trotsky apreció la importancia para la guerra de Demian Bedny o del artista Moor[36]. Nuestro ejército era un ejército de campesinos, y la dictadura del proletariado, en lo que concierne al ejército, significaba la dirección de este ejército de campesinos por los obreros y los representantes de la clase obrera, y se realizaba a través de la personalidad de Trotsky y de los camaradas que cooperaban con él. Trotsky fue capaz, con la ayuda de todo el aparato del partido, de transmitir a este ejército de campesinos agotados por la guerra la profunda convicción de combatir por sus propios intereses.

Inseparablemente ligados en la historia

Trotsky trabajó con todo el partido en la obra de formación del Ejército Rojo. No hubiera podido realizar esta tarea sin el partido. Pero sin él, la creación del Ejército Rojo y sus victorias hubieran exigido mayores sacrificios aún. Nuestro partido pasará a la historia como la primera organización proletaria que ha logrado crear un gran ejército y esta página brillante de la revolución rusa permanecerá ligada siempre al nombre de León Davidovich Trotsky, cuya obra y su realización reclamarán no solamente amor sino el estudio científico de parte de la joven generación de trabajadores que se preparan para la conquista del mundo entero.

Notas.

[27] CHICHERIN, Giorgi (1872-1936): Diplomático de carrera, se exilió tras el fracaso de la revolución de 1905. Inicialmente menchevique, su oposición a la Primera Guerra Mundial lo acercó a los bolcheviques, a los que se unió en 1917. Sustituyó a Trotsky como comisario de Asuntos Exteriores tras la firma del tratado de Brest-Litovsk en 1918, puesto que ocupó hasta 1930.

[28] MOLTKE, Helmuth von (1800-1895): Militar alemán  reorganizó el ejército nacional bajo el Gobierno de Bismarck.

[29] MEHRING, Franz (1846-1919): Militante de la socialdemocracia alemana desde 1891, teórico marxista y defensor de la dialéctica materialista. Cofundador, junto con Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, de la Liga Espartaquista y del KPD. Radek menciona aquí al rey de Prusia, Federico el Grande (1712-1786) y al escritor Gotthold Lessing (1729-1781).

[30] Radek se refiere al libro de Trotsky, La guerra y la InternacionaL (1914). Existe edición de la FUNDACIÓN EDERICO ENGELS

[31] KERENSKI, A.F. (1881-1970): Dirigente eserista (social-revolucionario). Tras la Revolución de Febrero de 1917 se convirtió en el principal representante de los conciliadores pequeñoburgueses en el Gobierno Provisional. Ocupó el cargo de ministro de Justicia, después ministro de la Guerra y de Marina, y, desde julio, Jefe del Gobierno. Comandante en jefe de las Fuerzas Armadas tras el golpe fallido de Kornílov. Huyó de Rusia tras la Revolución de Octubre y acabó exiliado en EEUU.

[32] CLAUSEWITZ, Carl Philipp Gottlieb von (1780-1831): Militar prusiano, uno de los más influyentes historiadores y teóricos de la ciencia militar moderna. Conocido principalmente por su tratado De la guerra, en el que aborda a lo largo de ocho volúmenes un análisis sobre los conflictos armados, abarcando comentarios sobre táctica, estrategia e incluso filosofía. Sus obras influyeron de forma decisiva en el desarrollo de la ciencia militar occidental.

[33] BUJARIN, Nicolai (1888-1938): Bolchevique desde 1906. Detenido en dos ocasiones, emigra al extranjero. Internacionalista durante la Primera Guerra Mundial, es arrestado en Suecia y se va a EEUU, donde edita Novy Mir y colabora con Trotsky. Volvió a Rusia tras la revolución de febrero de 1917. Miembro del CC desde agosto de 1917 hasta 1928. Director de Pravda tras la revolución de Octubre. Se opuso a la firma del tratado de Brest-Litovsk y encabezó a los comunistas de izquierda, editando su periódico. En 1923-27 formó un bloque político con Stalin, defendiendo la teoría del socialismo en un solo país y el enriquecimiento del Kulak, y en política exterior el Comité Anglo-Ruso y la subordinación del PC de China al Kuomintang. En 1928, Stalin rompe su coalición con Bujarin y el resto del ala derecha (Bujarin, Rykov, Tomski y otros) y lo rebaja a suplente del CC. En abril de 1929 fue reemplazado como director de Pravda y presidente de la Tercera Internacional (en la que había sustituido a Zinóviev). En noviembre de 1929 fue eliminado del buró político. Después de capitular ante Stalin, en 1933 se puso al frente  de Izvestia. Juzgado y fusilado por los esbirros de Stalin tras el último de los juicios públicos de Moscú, en marzo de 1938.

[34] LASALLE, Ferdinand (1825-1864): Defensor de un socialismo pequeñoburgués que posteriormente tendría gran influencia en la socialdemocracia alemana. En 1863 fundó la Asociación General de Trabajadores Alemanes, que en el congreso de Gotha (1875) se unificó con el Partido Socialdemócrata. Mantuvo posiciones oportunistas respecto a cuestiones teóricas y políticas fundamentales. 

[35] DENIKIN, Antón (1872-1947): General zarista y uno de los dirigentes contrarrevolucionarios en el sur de Rusia durante la guerra civil. En el otoño de 1919, sus tropas casi ocuparon Tula. Tras la derrota de los blancos, se exilió en Francia.

[36] Pridvorov, Efim llamado Demian Bedny (1883-1945) fue el poeta popular de la guerra civil. Karl Moor (1853-1932), nacido en Suiza, su dibujante.

(Tomado de la Revista Oktubre)

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