«Escándalos» y «tramas ocultas» en la Lista del Pueblo: una perspectiva de clase

por Adolfo Mena

En estos días, y al calor de la convención constitucional,  ha circulado numerosa información respecto de la denominada Lista del Pueblo, sin duda por el alto número formal de participantes que aporta a dicho proceso institucional. El texto más reciente se presenta como una especie de  documento “interno” denominado “Tramas ocultas de la Lista del Pueblo”, con una serie de supuestas “revelaciones” sobre quién estaría “detrás” de este proyecto.

Lo anterior no sería sino una anécdota más en la dimensión frívola de la politica actual si no fuera porque los revolucionarios y la izquierda son convocados a conocer y opinar sobre los trabajos de estos anónimos analistas. Este documento “secreto” efectivamente ha circulado en medios de comunicación y contacto de numerosos colectivos de la izquierda chilena y ha provocado, con la costosa candidez con la que normalmente muchos se aproximan a la coyuntura, múltiples comentarios y preocupaciones, principalmente acerca de la rectitud de los procedimientos internos de la LDP (como si se tratara incluso de una organización política –que no lo es- y no de un fenómeno político) pero en ningún caso sobre su programa. Porque ni en estos ingeniosos analistas ni –lo que es más importante- en la propia LDP o sus vocerías, encontramos siquiera referencias a un Programa político.

¿Qué corresponde a los revolucionarios hacer frente a esto? 

Desde luego no cabe relativizar la emergencia de este fenómeno, pero ello implica caracterizarle adecuadamente, por una parte para dilucidar si son amigos o enemigos del pueblo y luego para determinar de qué manera su quehacer polìtico se incrusta en la lucha de clases. En términos gruesos, nos parece que la relevancia de este fenómeno politico es la autogestión o autogeneración de dirigentes, en un ambiente de movilización popular (cuestión que por cierto es común a cualquier proceso histórico de ascenso de la movilización social.) ¿Por qué entonces, desde esa perspectiva, ha de interesarnos? Desde luego su figuración electoral no ha de ser la motivación, en tanto las formas de hacer politica electoral ( y su éxito relativo) ha sido siempre tarea de la izquierda.  

Su interés central radica, a nuestro juicio, en aquello que se conecta con el empeño y  definición estratégica de los revolucionarios, la construcción de la Dirección política de la clase obrera y el pueblo en su lucha por su emancipación. 

Es en este sentido que no hay espacio para la tregua. Por ello, hacerse cargo de estas formas de análisis del fenómeno, resaltando su envergadura electoral, moralizando sobre la rectitud de sus activistas, en suma, cediendo la iniciativa en el análisis, no es el camino. Al revés, es necesario, de una buena vez, exponer la irremontable lejanía de ese proyecto o fenómeno con el de las propuestas de los revolucionarios. 

Es cierto que en este grupo que es la LDP hay personas, y tal vez corrientes, cuyo deseo es la ruptura y demolición del regimen para la instalación de un gobierno obrero y popular. Pero no es la LDP la vanguardia que convocó y cooptó a esos revolucionarios a ejecutar su praxis a su interior, sino que, al igual que en todas las organizaciones de la izquierda, habitan en seno de la LDP genuinos militantes por el socialismo, auténticos activistas, con prescidencia de su (inexistente) programa. 

Entonces, lo que hace estéril mirar con esperanza el quehacer de la LDP es que el problema jamás será –como los proponen sus analistas, un debate entre “tramas ocultas”, “transparencia politica” u otras tonterías similares. Para la clase obrera y el pueblo, la lucha de clases siempre ha de plantearle el objetivo de la destrucción del regimen capitalista, la formación del partido de la revolución chilena,  la construcción del socialismo. 

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